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La magia mata

ILONA ANDREWS

TRADUCIDO INTEGRAMENTE POR MÓNICA

FECHA DE FINALIZACIÓN 07/11/2011

PRÓLOGO




EL TIMBRE DEL TELÉFONO ME DESPERTÓ DE MI SUEÑO. Me froté los ojos antes de abrirlos y salí de la cama. Por alguna razón, alguien había movido el suelo a varios pies más bajos de lo que esperaba, y me caí con un ruido sordo, estremeciéndome.

Ay.

Una cabeza rubia apareció por mi lado de la cama, y una voz masculina conocida me preguntó: -¿Estás bien ahí abajo?

Curran. El Señor de las Bestias estaba en mi cama. No, espera un minuto. Yo no tenía una cama, porque mi tía la loca había destruido mi apartamento. Estaba emparejada al Señor de las Bestias, lo que significaba que estaba en la Fortaleza, en las habitaciones de Curran, y en su cama. Nuestra cama. Que tenía un metro veinte de altura. De acuerdo.

-¿Kate?

-Estoy bien.

-¿Te gustaría que mandase instalar una barandilla infantil en tu lado de la cama?

Lo hice callar y cogí el teléfono. -¿Sí?

-Buenos días, consorte-, dijo una voz femenina.

¿Consorte? Eso era nuevo. Por lo general, los cambiaformas me llamaban Alfa o Señora, y compañera de vez en cuando. Ser llamada compañera estaba en algún lugar entre el consumo de leche agria y una citología en mi lista de cosas que odiaba, por lo que la mayoría de la gente había aprendido a evitar llamármelo.

-El asistente del director Parker en la línea. Dice que es urgente.

Julie. -Pásamelo.

Julie era mi hija de acogida. Hacía nueve meses me había "contratado" para encontrar a su madre desaparecida. Sin embargo, lo que encontramos fue su cuerpo devorado por unos demonios celtas del mar, que habían decidido aparecer en el centro de Atlanta y resucitar a un aspirante a dios. A los demonios no les fue bien. Tampoco le fue bien Julie, y yo la había acogido de la misma forma en la que Greg, mi tutor, ya fallecido, me había acogido a mi años atrás, cuando mi padre había muerto.

La gente a mi alrededor moría, por lo general de forma horrible y sangrienta, así que envié a Julie al mejor internado que había podido encontrar. El problema era que Julie odiaba la escuela con la ardiente pasión de miles de soles. Se había escapado tres veces en los últimos seis meses. La última vez que el subdirector Parker llamó, una chica en el vestuario de la escuela había acusado a Julie de ser prostituta durante los dos años que había pasado en la calle. Mi hija se había ofendido y decidió demostrarlo mediante la aplicación de una silla a la cabeza la parte infractora. Le dije que fuera a por la barriga la próxima vez, que dejaba menos pruebas.

Si Parker estaba llamando, Julie estaba en problemas otra vez, y ya que estaba llamando a las seis de la mañana, tenían que ser problemas con P mayúscula. Julie rara vez hacía nada a medias.

La habitación a mi alrededor estaba sumida en la oscuridad. Estábamos en el último piso de la Fortaleza. A mi izquierda una ventana ofrecía una visión de las tierras de la Manada, un interminable cielo oscuro, aún sin tocar por el alba, y debajo de él un oscuro bosque en la noche. A lo lejos la ciudad medio en ruinas manchaba el horizonte. La magia estaba en su apogeo, teníamos la suerte de que no hubiera inutilizado las líneas de teléfono, en la distancia las lámparas feéricas de potencia industrial brillaban como pequeñas estrellas azules entre los edificios derruidos. Una salvaguarda blindaba la ventana, y cuando la luz de la luna la golpeó de frente, toda la escena se iluminó con un brillante plata pálido, como si se ocultara detrás de una cortina de gasa transparente. La voz femenina habló de nuevo en la línea. -¿Consorte?

-¿Sí?

-Él me ha puesto en espera.

-¿Así que llama porque es urgente y luego me pone en espera?

-Sí.

Imbécil.

-¿Debo colgar?-, Preguntó.

-No, está bien. Esperaré.

El pulso del mundo dio un vuelco. La protección de la ventana desapareció. Algo zumbó y la lámpara de pie a la izquierda parpadeó y cobró vida, iluminando la mesilla de noche con un resplandor amarillo cálido. Estiré la mano y la apagué.

A lo lejos, las estrellas azules de luz feérica le hicieron un guiño a la existencia. En un suspiro, la ciudad estaba a oscuras. Un brillante destello blanco surgió entre las ruinas, floreciendo en una explosión de luz y fuego. Un momento después un trueno retumbó en la noche. Probablemente era la explosión de un transformador después de que la ola de magia desapareciera. Un débil resplandor rojo iluminaba el horizonte. Se podría pensar que era la salida del sol, pero la última vez que lo había comprobado, el sol salía por el este, no por el suroeste. Miré la luz roja. Sí, Atlanta se estaba quemando. De nuevo.

La magia había desaparecido del mundo y la tecnología una vez más había ganado la partida. La gente lo llamaba resonancia post-cambío. La magia iba y venía a su antojo, inundando el mundo como un tsunami, arrastrando monstruos extraños en nuestra realidad, los motores se paraban, Las armas de fuego se encasquillaban, comiéndose edificios altos, y haciéndolos desaparecer sin previo aviso. Nadie sabía cuándo llegaría o cuánto tiempo duraría cada ola. Con el tiempo la magia iba a ganar esta guerra, pero por ahora la tecnología estaba dando una gran pelea, y nos habíamos quedamos atrapados en medio del caos, luchando por reconstruir un mundo casi en ruinas de acuerdo con las nuevas reglas.

El teléfono hizo clic y la voz de barítono de Parker llenó mis oídos. -Buenos días, Srta. Daniels. Estoy llamando para informarla de que Julie ha dejado nuestras instalaciones.

Otra vez no.

Los brazos de Curran se cerraron alrededor de mí y me apretaron contra él. Me apoyé en él. -¿Cómo?

-Ella se envían por correo.

-¿Disculpe?

Parker se aclaró la garganta. -Como ustedes saben, todos los estudiantes están obligados a realizar dos horas de servicio diario a la escuela. Julie trabajaba en la sala de correo. Pensamos que era la mejor ubicación, porque ella necesita vigilancia constante y allí no tenía ninguna oportunidad de salir del edificio. Al parecer, consiguió un gran cajón, falsificó una etiqueta de envío, y se envió por correo a sí misma dentro de él.

Curran se rió en mi oído.

Me volví y golpeé la cabeza contra su pecho un par de veces. Era lo más parecido a una superficie dura.

-Hemos encontrado la caja cerca de la línea ley.

Bueno, al menos era lo suficientemente inteligente como para salir del cajón antes de entrar en la línea ley. Con mi suerte, terminaría siendo enviada al Cabo de Hornos.

-Volverá aquí-, le dije. -La llevaré de vuelta en un par de días.

Parker pronunció las palabras con mucho cuidado. –Eso no va a ser necesario.

-¿Qué quieres decir con que no va a ser necesario?

Suspiró. - Srta. Daniels, somos educadores, no guardias de una prisión. En el último año escolar Julie se ha escapado tres veces. Es una niña muy inteligente, muy creativa, y es dolorosamente obvio que no quiere estar aquí. Solo encadenarla a nuestra pared la mantendrá en nuestras instalaciones, y no estoy convencido de que incluso eso fuera a funcionar. Hablé con ella después de su travesura anterior, y soy de la opinión de que va a continuar haciéndolo. Ella no quiere ser parte de esta escuela. Mantenerla aquí contra su voluntad requiere un gasto importante de nuestros recursos, y no podemos darnos el lujo de ser considerados responsable de cualquier lesión en que Julie pueda incurrir en estos intentos de fuga. Le devolveremos el resto de su matrícula. Lo siento mucho.

Si pudiera alcanzarlo a través del teléfono, lo habría estrangulado. Pensándolo bien, si tuviera ese tipo de poder psíquico, podría arrancar Julie desde cualquiera que fuese el lugar donde estaba y la haría caer en el centro de la habitación. Ella estaría pidiendo volver a la escuela en cuanto acabase con ella.

Parker se aclaró la garganta otra vez. -Tengo una lista de alternativas de las instituciones educativas que puedo recomendarle…

-Eso no va a ser necesario-. Colgué. Ya tenía una lista de instituciones educativas alternativas. La había reunido después de la primera fuga de Julie. Lo había estropeado todo.

Una amplia sonrisa dividía la cara de Curran.

-No es gracioso.

-Es muy divertido. Además, es mejor así.

Cogí mis pantalones de la silla y me los puse. -Echaron a mi hija de su escuela. ¿Cómo diablos puede ser mejor así?

-¿A dónde vas?

-Voy a buscar a Julie y luego voy a encerrar su culo hasta que se olvide que aspecto tiene el sol, y luego voy a ir a la escuela y romperles las piernas.

Curran se echó a reír.

-No es gracioso.

-Tampoco es culpa de ellos. Trataron de ayudarla y le quitaron libertad de movimiento. Ella odia la maldita escuela. No debiste llevarla allí en el primer lugar.

-Bueno, gracias, Su Pilosidad, por esta crítica de las mis decisiones parentales.

-No es una crítica, es un hecho. ¿Sabes dónde está tu hija en este momento? No. Sabes donde no esta: no está en la escuela y no está aquí.

Herví de indignación. -Que yo recuerde, tú no supiste dónde estaba tu jefe de seguridad y toda su gente fueron durante casi una semana-. Me puse mi cuello de cisne.

-Sabía exactamente donde estaban. Estaban contigo. Podría haber arreglado esa situación, pero algún aspirante a luchador de cantera metió la nariz en mi desorden y convirtió un error en un desastre.

Recogí mi espada. -No, yo salvé el día. Simplemente no quieren admitirlo.

Curran se inclinó hacia delante. -Kate.

El sonido de mi nombre en su voz me detuvo a media vuelta. No sabía cómo diablos lo hacía, pero cuando decía mi nombre, interrumpía todas mis distracciones y hacía una pausa, como si me hubiera cerrado con él y me besó.

Curran me frotó los hombros. -Baja la espada un segundo.

Muy bien. Puse a Asesina de nuevo en la mesilla de noche y crucé los brazos.

-¿Qué hay de malo en mantener a Julie aquí? ¿Con nosotros? Ella tiene una habitación y una amiga. La nieta de Doolittle realmente le gusta.

-Maddie.

-Sí, Maddie. Hay mil quinientos cambiaformas en la Manada. Una niña más no va a romper nada.

-No se trata de eso.

-¿Entonces qué es?

-La gente a mi alrededor muere, Curran. Caen como moscas. He pasado por la vida dejando una estela de cadáveres detrás de mí. Mi madre está muerta, mi padrastro está muerto, mi tutor está muerto, mi tía, muerta, porque yo la maté, y cuando mi verdadero padre me encuentre, va a mover cielo y tierra para matarme. No quiero que Julie viva dando tumbos de un violento enfrentamiento a otro, siempre preocupada por gente que no sobrevivirá. Tú y yo nunca tendremos normalidad, pero si se quedase en esa escuela, ella podría tenerla.

Curran se encogió de hombros. -Las únicas personas normales son las afectadas por toda la mierda que sucede a su alrededor. Julie no quiere lo normal. Probablemente no podría tratar con ella. Va a escapar de la escuela y correr derecha hacia el fuego para demostrarse a sí misma que puede soportar el calor. Eso va a suceder de una manera u otra. Mantenerla a distancia sólo asegurará que no estará preparada para valerse por si misma.

Me apoyé en la mesilla de noche. -Sólo quiero que esté a salvo. No quiero que nada malo le suceda.

Curran me atrajo. -Podemos mantenerla a salvo aquí. Puede ir a una de nuestras escuelas, o podemos llevarla a algún lugar de la ciudad. Es tuya, pero ahora que estamos emparejados también es mía, lo que la convierte en la tutelada del Señor de las Bestias y su compañera. Confía en mí, nadie querrá mearse fuera del tiesto. Además, contamos con trescientos cambiaformas en la Fortaleza, en cualquier momento, cada uno de ellos va a matar a cualquier cosa que la amenace. No se puede estar más seguro que eso.

Él tenía razón. No podría haberme quedado con Julie antes, cuando vivía en un apartamento frío y en mal estado que era atacado cada vez que me encontraba en él con uno de mis casos. Trabajaba para la Orden de los Caballeros de la Ayuda Misericordioso en aquel entonces, y exigían hasta la última gota de mi tiempo. Julie hubiera estado sola la mayor parte del día, sin que me ocupase de ella y me asegurarse de que ella comía y estaba a salvo. Las cosas eran ahora diferentes. Ahora Julie podía quedarse aquí, en un torreón lleno de maniacos homicidas a los que les crecían dientes del tamaño de navajas y estallaban en un violento frenesí cuando se sentían amenazados.

De alguna manera no creía que eso me hiciera sentir mejor.

-Tienes que manejarla de una manera u otra-, dijo Curran. -Si quieres sostener tu posición.

Estaba en lo cierto. Sabía que tenía razón, pero todavía no me gustaba. -¿Estamos a unos cien kilómetros de Macon?

Él asintió con la cabeza. -Más o menos.

-Se mantendrá fuera de la línea ley y llevará acónito.

-¿Por qué?-. Curran frunció el ceño.

-Debido a que la última vez que se escapó, Derek la recogió en la línea ley y la trajo aquí, en un Jeep de la Manada. Incluso se detuvieron a tomar un poco de pollo frito y helados. Fue un gran momento para ella, así que le dije que si usaba ese truco otra vez, no se acercaría a la Fortaleza. No iría a buscarla, enviar a alguien que la iba a encontrar y la mandaría directa a la escuela. No vendrá a la Fortaleza, no nos llamará ni a mí ni a Derek, no chismorreará con Maddie, no pasara por un peaje de doscientos dólares. Quiere evitar ser capturada, por lo que está caminando a casa.

Curran sonrió. -Está decidida, voy a concederle eso.

-¿Podrías enviar a un rastreador para velar por ella, pero manteniéndose fuera de la vista?

-¿Qué estás pensando?

-Dejar que camine. Cien kilómetros sobre terreno accidentado, le llevaría un par de días. -Cuando era una niña, Voron, mi padrastro, me llevaba a los bosques con nada más que una cantinplora y un cuchillo. Julie no era yo. Pero era una chica inteligente, buena en la calle. No tenía ninguna duda de que pudiera llegar a la Fortaleza por su cuenta. Aún así, más valía prevenir que curar.

-Dos pájaros de un tiro: se tratará de un buen castigo por huir y cuando llegue aquí y la encerremos en su habitación, sentirá como si se lo mereciese.

-Voy a enviar a algunos lobos. La van a encontrar y van a mantenerla a salvo.

Lo besé en los labios y recogí la espada. -Gracias. Y diles que no se recreen con pollo frito, si tienen que recogerla.

Curran negó con la cabeza. -No puedo prometer eso. No soy un completo cabrón.

CAPÍTULO 1




MI OFICINA OCUPABA UN EDIFICIO PEQUEÑO, robusto, en Jeremías street, en la parte noreste de la ciudad. Jeremías street solía llamarse North Arcadia street, hasta que un día un predicador del Sur salió en medio de la intersección de North Arcadia y Ponce de León y empezó a gritar sobre el fuego del infierno y la condenación. Se hacía llamar el segundo Jeremías y exigía que los transeúntes se arrepintieran y dejaran su adoración de los ídolos. Cuando la multitud le hizo caso, se desató una lluvia de meteoritos que destruyó dos manzanas de la ciudad. Cuando al final un francotirador de la policía le disparó con una ballesta, la calle era una ruina humeante. Ya que tuvieron que reconstruirla desde los cimientos, el nombre a la calle fue cambiado por el del hombre que la había destruido. Contenía una lección en alguna parte, pero ahora mismo no tenía ganas de buscarla.

Una vez había sido, técnicamente, parte de Decatur, ahora sólo era parte del lío enorme de las afueras de Atlanta, Jeremías street no estaba tan ocupada como Ponce de León, pero las tiendas y un taller de reparación de camiones hacían que hubiera una gran cantidad de tráfico más allá de mi local. Dejé mi Jeep encendido en la calle, me bajé, abrí la cadena que aseguraba mi garaje, y lo metí dentro.

Mi oficina debía de haber sido una casa en algún momento. La puerta del garaje llevaba a una cocina pequeña pero funcional, que a su vez llevaba a la gran sala principal, donde esperaba mi escritorio. En la pared del fondo había una escalera de madera que ofrecía acceso a la buhardilla a la segunda planta completada con un catre. Varias salas más pequeñas se ramificaban de la habitación principal. Las usaba para almacenar mis plantas y equipos, actualmente cubiertos de polvo.

Deposité el bolso en mi escritorio y miré el contestador automático. Un gran cero rojo me devolvió la mirada desde la pantalla digital. No había mensajes. Impactante.

Me acerqué a la ventana y levanté las cortinas. La luz de la mañana inundó el cuarto, seccionada por las barras de metal grueso que aseguraban el vidrio. Abrí la puerta a la posibilidad de cualquier cliente potencial que pasara por allí. Era una puerta enorme, gruesa y reforzada con acero. Tenía la sensación de que si alguien disparaba un cañón en ella, la bala de cañón rebotaría y rodaría por la calle.

Volví a la cocina, puse la cafetera en marcha, regresé a mi escritorio, y aterricé en mi silla. Un fajo de facturas estaba delante de mí. Las miré mal, pero se negaron a huir chillando.

Suspiré, saqué mi cuchillo lanzamiento, y abrí los sobres marrones baratos. Factura de electricidad. La cuenta del agua. Cargo del aire encantado de las luces feéricas. Recogida de basuras con una nota amenazando con causar un daño irreparable a mi persona, a menos que pagase la cuenta. Un sobre recogida de basuras con el cheque devuelto. La compañía insistía en escribir mal mi nombre llamándome Donovan, a pesar de las correcciones repetidas, y cuando les envié el pago, no pudieron encontrar mi cuenta. A pesar de que el número de cuenta estaba en el maldito cheque.

Habíamos pasado por esto dos veces. Tenía la sensación de que si entraba a su oficina y tallaba mi nombre en la pared con mi espada, aún se las arreglarían para hacerlo mal.

Me eché hacia atrás. Estar en la oficina me puso en un humor amargo. Nunca había tenido mi propio negocio antes. Había trabajado para el Gremio de Mercenario, que se encargaba de la magia de materiales peligrosos, tomando el dinero, y sin hacer preguntas. Luego trabajé para la Orden de los Caballeros de la Ayuda Misericordiosa, que entregaban ayuda violenta a su propia manera. La Orden y yo habíamos separado nuestros caminos, y ahora era la propietaria de Investigaciones Cutting Edge. El negocio había abierto sus puertas hacía un mes. Yo tenía una reputación sólida calle y conexiones decentes. Puse un anuncio en un periódico, hice correr la voz en la calle, y hasta ahora nadie me había contratado para hacer ninguna maldita cosa.

Me estaba volviendo loca. Tenía a la Manada respaldándome para financiar el negocio, y afrontar mis facturas de los servicios públicos durante un año. Me hicieron el préstamo no porque fuera una combatiente eficiente y cualificada, o porque en algún momento hubiera sido Amiga de la Manada. Me lo habían dado porque estaba emparejada a Curran, lo que me hacía la mujer alfa de la manada. En lo que Cutting Edge respectaba se estaba convirtiendo en una de esas empresas mascota que hombres ricos daban a sus esposas para mantenerlas ocupadas. Quería tener éxito, maldita sea. Quería ser rentable y mantenerme a mí misma. Si las cosas seguían yendo de esta manera, me vería obligada a subir y bajar por la calle gritando: "Matamos cosas por dinero". Tal vez alguien se apiadase y me tirase alguna calderilla.

Sonó el teléfono. Lo miré fijamente. Nunca se sabe. Podría ser un truco.

El teléfono sonó de nuevo. Lo cogi. -Cutting Edge.

-Kate-. Una voz seca vibraba con urgencia.

Mucho tiempo sin matar. -Hola, Ghastek-. ¿Qué querría el maestro principal de los muertos de Atlanta de mí?

Cuando una víctima del patógeno Immortuus moría, su mente y su ego morían con él, dejando la cáscara de su cuerpo, superfuerte, superrápido, letal, y regido sólo por la sed de sangre. Los Maestros de los Muertos se apoderaban de ese cascarón vacío y controlaban a los vampiros como con un mando a distancia. Dictaban cada movimiento del vampiro, veían a través de sus ojos, escuchaban a través de sus oídos, y hablaban a través de su boca. En las manos de un navegador excepcional, un vampiro era la materia de las pesadillas humanas. Ghastek, al igual que el noventa por ciento de los pilotos de vampiros, trabajaba para la Nación, un híbrido entre un culto, una empresa, y un centro de investigación. Odiaba a la Nación con pasión y a Roland, el hombre que los dirigía, aun más.

Lamentablemente, los mendigos no pueden elegir. Si Ghastek llamaba, era porque quería un favor, lo que significaría que él me lo debería. Tener al mejor maestro de los muertos en la ciudad de deuda conmigo sería muy útil en mi línea de trabajo. -¿Qué puedo hacer por ti?

-Un vampiro suelto se dirige en tu dirección.

Por todos los demonios. Sin un navegador, el hambre insaciable llevaba a los chupasangres a la masacre. Un vampiro suelto mataría a todo lo que se encontrase. Podría matar a una docena de personas en medio minuto.

-¿Qué necesitas?

-Estoy a menos de doce millas a sus espaldas. Necesito que lo demores, hasta que llegue.

-¿Por qué dirección?

-Noroeste. Y Kate, trate de no dañarla. Ella es valiosa…

Solté el teléfono y salí precipitadamente, estrellándome contra el aire casi dolorosamente frío. La gente llenaba la calle, trabajadores, compradores, transeúntes al azar corriendo a casa. Alimentos para ser sacrificados. Aspiré una bocanada de frío y grité, -¡Vampiro! ¡Vampiro suelto! ¡Corred!

Por una fracción de segundo no pasó nada, y entonces la gente se dispersó como el pececito antes de un tiburón. En un suspiro estaba sola.

La puerta del garaje que estaba enrollada al lado del edificio, el candado abierto. Perfecto.

Dos segundos para el garaje.

Un segundo para dar un tirón en la puerta y cerrarla.

Tres segundos más para arrastrar la cadena a un árbol viejo.

Demasiado lento. Até de la cadena alrededor del tronco y trabajé en el otro extremo haciendo nudo corredizo con el candado.

Necesitaba sangre para el cebo. Montones y montones de sangre.

Había una yunta de bueyes a la vuelta de la esquina. Corrí hacia ellos, con el cuchillo de lanzar cuchillos. El conductor, un hombre hispano mayor, me miró fijamente. Su mano tomó un rifle tendido en el asiento de al lado.

-¡Fuera! ¡Vampiro suelto!

Salió de la carreta. Hice un corte poco profundo a lo largo del hombro del buey y pasé las manos por él. Sangre caliente y roja empapó mis dedos.

El buey bramaba con los ojos locos de dolor, y tiró del otro animal con él, el carro sonó atronador detrás de ellos.

Agarré el lazo de la cadena.

Una forma demacrada saltó de la azotea. Los tendones nudosos de sus músculos destacaban bajo la piel tanto como los ligamentos y las venas. El vampiro cayó sobre el pavimento a cuatro patas, se deslizó, sus largas garras falciformes rasparon el asfalto con un chirrido, y se volvió. Ojos rubí me miraron desde una cara horrible. Enormes mandíbulas se abrían, mostrando colmillos afilados, sus huesos blancos destacaban en contra de su boca negra.

Lo saludé con las manos, enviando gotas de sangre a través del aire.

El vampiro cargo.

Voló por encima del suelo a una velocidad sobrenatural, directamente hacia mí, tirado por el embriagador aroma de la sangre.

Esperé, los latidos de mi corazón sonaban increíblemente fuerte en mis oídos. Solo tendría una oportunidad.

El vampiro dio un salto abarcando los pocos metros entre nosotros. Voló con los brazos extendidos, sus garras estaban hechas para la matanza.

Lancé el lazo de la cadena hacia arriba, sobre su cabeza.

Su cuerpo me golpeó. El impacto me hizo tambalearme. Me caí al suelo y rodé a posición vertical. El vampiro se abalanzó sobre mí. La cadena se tensó en su garganta, tirando del no-muerto al pavimento. La sanguijuela cayó y se retorció sacudiéndose en el extremo de la cadena como un gato salvaje atrapado en un collar de la perrera unido a un poste.

Di varios pasos hacia atrás y tomé una bocanada de aire.

El vampiro se dio la vuelta y se lanzó en mi dirección. El árbol se sacudió y gimió. El lazo de la cadena se estaba clavando alrededor de su cuello, el no-muertos desgarraba su propia carne con las garras. La sangre brotó de debajo de la cadena. O bien se acercaba al árbol o la cadena le cortaría la garganta.

La sanguijuela se lanzó de nuevo hacia mí, rompiendo la cadena tensa, y cayó al suelo abortando el salto en el aire. Se recogió y se sentó. La inteligencia inundó sus ojos de color rojo ardiente. Las mandíbulas enormes se abrieron y la voz desquiciada de Ghastek salió.

-¿Una cadena?

-No hay de qué-.Ya era hora que decidiera hacer acto de presencia. -Corté un buey para conseguir que se fijase en mí. Es necesario compensar al propietario-. El buey era el sustento de su propietario. No había razón para que se le perjudicase porque la Nación no podía sujetar a sus muertos con una correa adecuada.

-Por supuesto.

Podías apostar tu culo, por supuesto. Un gran buey era costoso. Un vampiro, especialmente una tan antigua como esta, era como treinta veces más caro.

El vampiro se puso en cuclillas en la nieve. -¿Cómo te las arreglas para ponerle una cadena?

-Tengo locas habilidades-. Quería dejarme caer contra algo, pero mostrar algún tipo de debilidad frente a Ghastek no era buena idea. También podría burlarme de un lobo rabioso con un asado de cerdo. Mi cara estaba caliente, mis manos frías. Tenía un regusto amargo en la boca. El subidón de adrenalina se había consumido.

-¿Qué diablos ha pasado?- Le pregunté.

-Una de las oficiales de Rowena se desmayó-, dijo Ghastek. Ella está embarazada. A veces sucede. Ni que decir tiene, que ahora tiene prohibida la navegación.

Los oficiales, maestros de los muertos en formación, eran perfectamente conscientes de que si su control sobre los no-muertos se deslizaba, el vampiro convertiría a la ciudad en un matadero. Tenían los nervios como los pilotos de combate anteriores al Cambio. No se desmayaban. Había más que eso, pero el tono de Ghastek dejaba muy claro que obtener más información necesitaría a un equipo de abogados y un instrumento de tortura medieval.

Daba igual. Cuanto menos me relacionase con la Nación, mejor. -¿Ha matado a alguien?

-No ha habido víctimas

Mi pulso finalmente se desaceleró.

A varias manzanas de distancia, a mi derecha, un Humvee giró a la calle a una velocidad vertiginosa. Blindado como un tanque, llevaba una M240B, una ametralladora de tamaño medio, montada en el techo. Era de la Unidad de Primera Respuesta de PAD. El PAD, una parte de los mejores de Atlanta, trataba específicamente de las cuestiones relacionadas con la magia. La Unidad de Respuesta era, en principio, una versión del SWAT. Ellos disparaban primero y reorganizaban los sangrientos restos después.

-La caballería-, le dije.

El vampiro hizo una mueca, imitando la expresión de Ghastek. -Por supuesto. Los machotes se han vestido para matar a un vampiro y no han llegado a disparar su gran arma. Kate, ¿te importaría acercarte? De lo contrario podría matarla de todos modos.

Tienes que estar bromeando. Puse mi cuerpo de escudo del vampiro. -Me lo debes.

-De hecho-. Elevó la sanguijuela a mi lado, agitando sus patas delanteras. -No hay necesidad de preocupación. El asunto está bajo control.

Un todoterreno negro dobló la esquina a la calle de la izquierda. Los dos vehículos se detuvieron chirriando delante de mí y del vampiro. El Humvee vomitado cuatro policías en la armadura de la División de actividad paranormal.

El más alto de los cuatro policías apuntó con una escopeta y preguntó: -¿Qué diablos crees que estás haciendo? ¡Podría haber matado a la mitad de la ciudad!

La puerta de la camioneta se abrió y salió Ghastek. Delgado y sombrío, llevaba un traje perfectamente planchado gris con rayas apenas visible. Tres miembros de la Nación salieron de la camioneta detrás de él, un hombre y dos mujeres: una delgada morena y una mujer de pelo rojo que parecía tener apenas la edad suficiente para llevar un traje. Los tres iban meticulosamente arreglados y se verían como en casa en una sala de juntas de alta presión.

-No hay necesidad de exagerar-. Ghastek dirigió al vampiro. -No hubo pérdida de vidas.

-No gracias a ti-. Mostró el policía alto sin dar señales de bajar la escopeta.

-Ella es completamente segura-, dijo Ghastek. -Permítanme que te lo demuestre-. El vampiro se levantó de sus cuartos traseros e hizo una reverencia.

La PAD al completo se puso morada de ira.

Fui marcha atrás hacia mi oficina, antes de que recordasen que estaba allí y me arrastrasen a ese lío.

-¿Ves? Tengo un control completo del no-muerto-. Ghastek inclinó de nuevo la cabeza. Su boca se aflojó. Por un segundo se mantuvo en posición vertical, su cuerpo completamente inmóvil, y luego sus piernas cedieron. Se tambaleó una vez y se estrelló en la nieve sucia.

Los ojos del vampiro estallaron en un rojo brillante asesino. Abrió la boca, revelando sus colmillos de marfil.

La PAD comenzó a disparar.
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