Resumen : El Observatorio de Política Exterior Argentina (opea) opera como un seguimiento semanal de la Política Exterior Argentina (pea) a través de una serie de medios gráficos de comunicación, tales como: Clarín, La Nación y Página 12;






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títuloResumen : El Observatorio de Política Exterior Argentina (opea) opera como un seguimiento semanal de la Política Exterior Argentina (pea) a través de una serie de medios gráficos de comunicación, tales como: Clarín, La Nación y Página 12;
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Mesa Redonda para el X Congreso Nacional y III Congreso Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 3 al 6 de septiembre de 2012.”
Título de la Mesa: El Observatorio de Política Exterior Argentina por dentro. El contenido de la agenda y el rol de los medios de comunicación.
Coordinadora de la mesa:

Dra. María del Pilar Bueno; CONICET / Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UNR. mbueno@conicet.gov.ar
Participantes:

Lic. María Elena Sarraude; Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UNR; helenas18@hotmail.com

María Julia Francés; Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UNR; mariajuliafrances@yahoo.com.ar

Lara Soledad Zero; Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UNR; lara_ger@hotmail.com

Dra. María del Pilar Bueno; CONICET / Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UNR. mbueno@conicet.gov.ar

Área temática sugerida: Relaciones Internacionales
Resumen:
El Observatorio de Política Exterior Argentina (OPEA) opera como un seguimiento semanal de la Política Exterior Argentina (PEA) a través de una serie de medios gráficos de comunicación, tales como: Clarín, La Nación y Página 12; así como de los informes de prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
El OPEA se realiza a partir de una iniciativa conjunta de nuestra Escuela de Relaciones Internacionales con la Graduación en Relaciones Internacionales de la Universidade Estadual Paulista “Júlio de Mesquita Filho”, Brasil; el Programa de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República de Montevideo, Uruguay y la Secretaría de Información y Comunicación para el Desarrollo", Presidencia de la República (SICOM), Paraguay.
Surgen del seguimiento semanal, una suerte de relaciones bilaterales constantes y relevantes para la PEA que se dan tanto a nivel subregional como regional e internacional. Asimismo, quedan de manifiesto los temas de agenda que son prioritarios para la Argentina por su propia iniciativa, tanto como otros tópicos que incurren por la propia dinámica del sistema internacional.
La Mesa propone una exposición de algunos de los temas más salientes de la agenda argentina, como por ejemplo la Cuestión Malvinas. En la ponencia de Lara Soledad Zero, se lo analiza primeramente en tanto tópico constante en la agenda de la PEA –a pesar de sus variantes gubernamentales-. En segundo lugar, refiere al rol clave de la temática en los informes del propio OPEA, en el sentido de cómo es recogido por los medios de comunicación. Como tercera materia, se rescata la diferencia existente entre lo que se entiende por la “cuestión Malvinas” como factor estructural y constante en el reclamo argentino y aquellos asuntos derivados o asociados que son coyunturales y cambiantes. Finalmente se identifican los subtópicos de la agenda Malvinas para la actual administración de Cristina Fernández de Kirchner.
Una segunda ponencia realizada por María Elena Sarraude y María Julia Francés, establece como objetivo general analizar cuáles fueron los ejes temáticos de las noticias difundidas por los principales medios de comunicación argentinos en relación con la política exterior de su país a lo largo del primer semestre del año 2012. Para dar cuenta de las principales informaciones en esta materia, se utilizan los tres medios gráficos y la fuente oficial de las que se vale el OPEA.
A partir de las noticias recopiladas, resulta que el tratamiento de la cuestión Malvinas, el comercio exterior y el conflicto por la nacionalización de las acciones de la española Repsol-YPF son los grandes ejes temáticos relacionados con la política exterior que ocuparon a los medios durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en el semestre estudiado. Ellos vertebran gran parte de la crónica sobre las relaciones bilaterales, regionales y multilaterales del país.
Finalmente, en la ponencia de María del Pilar Bueno se propone un análisis de la política exterior actual, en el período que se extiende entre 2003 y 2012. El trabajo se estructura a través de las denominadas variables persistentes de la PEA y su vinculación con los dos ejes del Observatorio, es decir las relaciones bilaterales y los temas de agenda. A partir de un recorrido de algunos de los vínculos más relevantes y los asuntos que predominaron en la agenda política argentina se reflexiona sobre la sujeción de la política exterior a los condicionantes internos.


Título de la Ponencia: “Argentina: entre la decepción y la esperanza. Un breve análisis de la política exterior 2003-2012".
Apellido y Nombre: Dra. María del Pilar Bueno
Resumen:


El observatorio es sólo una instancia de seguimiento de noticias semanales de periódicos nacionales de alto impacto, es decir, no implica postura ni análisis por parte del grupo redactor. Es por eso que esta ponencia tiene la pretensión de otorgar algunas líneas de análisis de la PEA a partir de la información relevada en los informes realizados en el Observatorio, así como a través de otras fuentes primarias y secundarias. El período que se estudia, en este caso, abarca las presidencias del Frente para la Victoria, es decir los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y de Cristina Fernández (2007-2011 y 2011…).

Introducción
Esta ponencia se enmarca en un panel de los integrantes del Observatorio de Política Exterior Argentina (OPEA). El OPEA opera como un seguimiento semanal de la Política Exterior Argentina (PEA) a través de una serie de medios gráficos de comunicación, tales como: Clarín, La Nación y Página 12; así como de los informes de prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto. Se trata de una iniciativa conjunta de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario con la Graduación en Relaciones Internacionales de la Universidade Estadual Paulista “Júlio de Mesquita Filho”, Brasil; el Programa de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República de Montevideo, Uruguay y la Secretaría de Información y Comunicación para el Desarrollo", Presidencia de la República (SICOM), Paraguay.
El observatorio es sólo una instancia de seguimiento de noticias semanales de periódicos nacionales de alto impacto, es decir, no implica postura ni análisis por parte del grupo redactor. Es por eso que esta ponencia tiene la pretensión de otorgar algunas líneas de análisis de la PEA a partir de la información relevada en los informes realizados en el Observatorio, así como a través de otras fuentes primarias y secundarias. El período que se estudia, en este caso, abarca las presidencias del Frente para la Victoria, es decir los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y de Cristina Fernández (2007-2011 y 2011…).
Néstor Kirchner arribó a la presidencia en un momento de convulsión social, económica y política con motivo del proceso de renegociación del default que se inició en la gestión provisional de Eduardo Duhalde. Hasta las elecciones legislativas de 2005 la agenda política doméstica y externa estuvieron restringidas al proceso mencionado y por ende la PEA se vio menoscabada. Sin embargo, luego de esta fecha la política exterior continuó teniendo una lógica de sujeción a las urgencias de la política doméstica. Si bien se esperaba que este hecho cambiara en la primera gestión de Cristina Fernández, tanto como producto de la recuperación de los indicadores económicos y sociales post default, así como producto del estilo político de la mandataria; esto no fue así y hasta nuestros días tanto la agenda de la PEA como su orientación continúan sometidos a una gran variabilidad. Esto no menoscaba la existencia de ciertos factores o variables persistentes de la PEA que analizamos y vinculamos su existencia con el carácter inconstante de la política exterior.
La ponencia se organiza estructuralmente de una forma similar a la que utilizan los informes del Observatorio, es decir, a través de relaciones bilaterales y temas de agenda. A partir de algunas referencias teóricas que consideramos esenciales a la hora de estudiar la PE, realizamos una presentación de los períodos bajo estudio, haciendo hincapié en algunos puntos de debate transversales a la PEA. Luego en una segunda parte abordamos las relaciones bilaterales que nos parecen más interesantes por distintos motivos que se justifican al momento de examinar la relación, para posteriormente relevar temas de la agenda política.


  1. Encuadre teórico e histórico del análisis de la Política Exterior del kirchnerismo


Comprendemos a la PE en el sentido que apunta Christopher Hill es decir como “la forma en la que una sociedad se define a sí misma frente al mundo exterior”. Por consiguiente, la política exterior proyecta los valores que la sociedad en cuestión considera universales, reforzando la cultura nacional (Hill, 2003: 5-9). Es así que afirmamos que se trata de un proceso de cimentación social y por ende, para comprenderla, es necesario reflexionar sobre sus protagonistas, comprendiendo sus intereses y creencias, los cuales modelan la política exterior (Bueno, 2010).
Esta forma de ver a la PE en términos de exteriorización de una sociedad y sus valores, requiere asumir la relevancia del denominado factor interméstico (Manning, 1977), puesto que suponer una división tajante entre el plano doméstico y externo de tal política resulta no sólo improductivo sino que irreal. Tal como establece James Rosenau, los cambios en el sistema deben analizarse a partir de la comprensión de una frontera cada vez más porosa y flexible que separa lo interno de lo externo (Rosenau, 1997). Avanzando aún más en la vinculación interno-doméstica, coincidimos con Marcelo Lasagna (1996) en que la política doméstica es un factor explicativo aunque no exclusivo de la conducta externa de un Estado.
Consecuentemente, la distinción entre políticas se vuelve un instrumento para el análisis, donde sus contenidos son cada vez más intercambiables. No obstante, el hecho de afirmar aquí que la PEA estuvo sujeta a las prioridades domésticas durante el período bajo estudio se vincula a reconocer la existencia de asuntos que pertenecen a una agenda nacional y otros que resultan de las prioridades que derrama un Sistema Internacional cada vez más globalizado. Identificar hasta donde los asuntos son netamente domésticos o ciertamente externos es imposible y a eso nos referimos con la presunción del factor interméstico.
El Frente para la Victoria llegó al sillón de Rivadavia de una manera inesperada y construyó poder con inusual velocidad y eficacia. A partir de la escasa legitimidad que había obtenido en las urnas, Néstor Kirchner ancló parte de su gobierno en un cuidadoso observatorio de la opinión pública, donde las encuestas tuvieron un rol preponderante. Como consecuencia, las variables domésticas tuvieron un rol preponderante en el marco de un proceso de resurgimiento de indicadores económicos positivos, acompañados del proceso negociación de la deuda y de la recomposición social.
Kirchner había sido un hombre de Duhalde, y en parte así alcanzó la Presidencia nacional, aunque luego las rivalidades entre ambos se hicieron manifiestas generando importantes cambios en el Gabinete de Ministros. Al asumir Kirchner la Presidencia, el país no era el que Duhalde tomó en enero de 2002, algunas negociaciones estaban avanzadas y las bases del modelo económico fueron continuadas incluso en la persona del ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien abandonó la Casa Rosada cuando la salida del default ya estaba finalizada.
Desde el discurso inaugural, el presidente marcó las bases de lo que sería la política exterior de su gobierno, caracterizado por lograr el lugar que le correspondía a la Argentina en el mundo, y “pensar el mundo en argentino”. Asimismo, planteó una suerte de agenda de prioridades donde la profundización de la integración latinoamericana, sobre todo mercosuriana, resultaba un aspecto central. En dicho marco, la seguridad vista desde la perspectiva humana, aludiendo a la pobreza, al medio ambiente, al desempleo y otras áreas en un sentido amplio, fueron algunos de los elementos señalados en sus discursos primigenios y documentos de sus ministros de confianza (Bielsa, Lavagna, Rosatti, 2005). La lectura realizada por Kirchner y la frase enunciada respecto a pensar el mundo en argentino, mostraron la imperiosa necesidad de mirar hacia adentro y resolver las prioridades de la propia agenda antes de dar solución a los asuntos que eran prioritarios en la agenda internacional. Esto fue así por la planificación gubernamental y porque el mundo se lo permitió en tanto Kirchner arreglara las cuentas que había dejado el default.
Si bien fue el candidato apoyado por Duhalde para su sucesión, Kirchner era un gobernador de una provincia del sur argentino. Una figura política poco conocida en las provincias centrales y fundamentalmente en Buenos Aires. Con todo, Cristina Fernández era una interlocutora con mayor reverberación en los medios masivos, puesto que como legisladora nacional había desempañado un rol relevante en muchas de las sesiones más álgidas del Congreso desde el noventa. No obstante, hasta 2007 sus estilos políticos parecían muy distintos y la campaña electoral del mismo año pretendió mostrar que había llegado la hora de diversificar la agenda externa y profundizar la trayectoria cada vez más economicista de la PEA.
“El cambio recién comienza” fue el slogan de una campaña electoral marcada por modificaciones discursivas en el marco de una misma lógica con el gobierno de su antecesor. Sin embargo, tras asumir el poder, las continuidades fueron el factor dominante por sobre cambios que nunca vinieron. Más bien profundizaciones de un modelo que a poco asumido su rol, se encontró con los embates de la resolución de 125 y una lucha interna con el sector agropecuario. Es por eso que traspasada la primera gestión de la mandataria y en el curso de la segunda, se ven fundamentalmente continuidades en el período 2003-2012 y un estilo político que no sólo no se aleja del de su predecesor, sino que lo ahonda y perfecciona. El estilo que Cristina no inauguró pero sí pulió está dado por una constante retórica confrontacionista que tal vez sea el lado más peronista de su gestión. Se trata de un modelo marcado por las dicotomías y los juegos de suma cero.
En todo esto, la PEA luego de 30 años de democracia sigue prisionera de sus viejos dilemas, fundamentalmente el debate acerca de la inserción internacional. Diversos analistas argentinos (Escudé, 1984; Russell, 1994, 2010; Bologna, 1991, 2001; Paradiso, 1993; Puig, 1975; Simonoff, 1999; Miranda, 2007, 2010) han abordado este aspecto de la PEA, pero tal como asume Zubelzú (2011): “la inserción es utilizada por un mismo académico en un sentido estático (una posición/un lugar adquirido en una estructura internacional jerárquica y determinada –sea privilegiando la dimensión político-estratégica o político-ideológica o la económico-comercial) y en un sentido dinámico (como proceso con vaivenes, sometido a variaciones de condicionalidades externas, resultado de negociaciones, alianzas y adhesiones a marcos integrativos regionales o internacionales). Con esto afirmamos con la autora que reconociendo la preocupación constante de un grupo de analistas argentinos por la cuestión de la inserción, es necesario afirmar en primer lugar que no todos ellos se refieren a la misma cosa y en segundo lugar, que muchos de ellos relacionan este concepto con el de aislamiento internacional.
Tomando a uno de estos autores, Roberto Russell vemos como previo al default planteaba (2003): “Tampoco eluden estos años una curiosa constante de la política exterior argentina: la búsqueda permanente de la “reinserción” en el mundo que expresa en lo más profundo, la crisis de identidad internacional que vivimos desde hace varias décadas y las dificultades de las clases dirigentes argentinas para entender cómo funciona el mundo y el papel que le corresponde al país en el orden internacional”. Este diagnóstico no se ve tan modificado en los tiempos recientes, puesto que en 2010 planteó que la Argentina sufría un ensimismamiento de su elite y que por ende la política exterior se encontraba asfixiada por los condicionantes de la política interna.
Lejos de lo que podría pensarse, este debate no se encuentra únicamente radicado en la mente de los analistas, puesto que el propio Kirchner afirmó en el discurso de la Asamblea Legislativa de 2005: “Nuestra inserción en el mundo no debe estar signada por lo puramente financiero y, por ende, especulativo, que termina jugando a favor de la renta financiera y afecta la competitividad externa. Para nosotros, inserción en el mundo debe ser comercio exterior e inversión extranjera productiva directa.” Por ende, si Néstor Kirchner interpretó a la política exterior como una política gobernada por asuntos económico – comerciales, podría decirse que tuvo un rotundo éxito, o al menos hubo una concordancia entre el discurso y plano de las acciones puesto que tal como hemos afirmado, la PEA ha profundizado su costado economicista como variable persistente (Bueno, 2010), en continuación de la tradición de Puig (1975) y Ferrari (1981).
Gustavo Ferrari plantea la existencia de constantes en la PEA, donde menciona: el pacifismo; el aislamiento; la evasión por medio del derecho; el moralismo; el enfrentamiento con los Estados Unidos a favor del europeísmo, y el desmembramiento territorial (Ferrari, 1981). Con respecto a las mismas, existen debates extensos acerca de su permanencia a lo largo del tiempo y sus posibles modificaciones en virtud de condicionantes tanto domésticos como externos. Juan Carlos Puig analiza este fenómeno en función del concepto de tendencias profundas y significativas de la PEA. El autor identificó una serie de elementos que en su opinión se desarrollaron hasta el primer gobierno de Perón, tales como: la relación con Gran Bretaña; la oposición con los Estados Unidos; el aislamiento de la región de América Latina, y la política territorial recesiva (Puig, 1975). Esto significa que de los cuatro aspectos ensayados por Puig, Ferrari toma tales y propone dos adicionales. Asimismo, es importante marcar la vinculación existente entre estos elementos y no su estanquidad. Con lo cual y reeditando estas categorías a las cuales denominamos variables persistentes de la PEA mencionamos: el juridicismo; la tensión en la relación con los Estados Unidos; el europeísmo; el alto perfil en las relaciones subregionales, el economicismo y la búsqueda de la reinserción en el Sistema Internacional (Bueno, 2010).
En primer lugar hacemos referencia al juridicismo en la PEA. Esta es quizás una de las improntas más marcadas de tal política desde la formación del Estado argentino, la cual ha permanecido aún luego de la desarticulación del denominado modelo fundacional (se percibe fuertemente desde la incorporación y defensa de la fórmula de arbitraje y la Doctrina Drago) y durante todo el período hasta la actualidad. Algunos ejemplos han sido: la recurrencia en los argumentos basados en el Derecho Internacional en distintos foros; la aplicación en la búsqueda de soluciones a los conflictos territoriales tales como el Canal de Beagle y Hielos Continentales; la posición argentina frente al caso cubano ante la OEA durante el frondicismo, y las disputas por el aprovechamiento hidroeléctrico de los cursos de agua de la región fundamentalmente con Brasil, entre muchos otros. Incluso la política hacia Malvinas, exceptuando el período signado por la guerra en 1982, ha estado fuertemente estigmatizada por esta variable persistente.
En cuanto a la tensión con los Estados Unidos, y tal como Ferrari, consideramos acertado asociarlo al europeísmo. La Argentina del modelo fundacional se apreciaba como la representante de Europa y particularmente de Gran Bretaña en la región. Esta impresión no era unilateral, puesto que tal como asume el autor mencionado, hubo un aliento por parte de Europa a la rivalidad con los Estados Unidos que se hizo manifiesta desde la Primera Conferencia de Washington de 1890 (Ferrari, 1981). Con lo cual, el panamericanismo estuvo fuertemente ligado a la disputa entre la Argentina y los Estados Unidos con ciertas posibilidades de éxito de la primera hasta la concreción del segundo conflicto bélico. Desde mediados del siglo XX, y como resultado del rol que los Estados Unidos desempeñaron en la guerra, las posibilidades que la Argentina tuvo para resultar vencedora en cualquier debate, fueron cada vez más limitadas. El sostenimiento de la postura neutral por parte de la Argentina y el consiguiente boicot generado hasta luego de finalizada la guerra, denotan tales afirmaciones1. De tal modo, la autonomía se manifestó en acciones concretas como la tercera posición, así como en votaciones en la ONU o en OEA que en algunos casos contrastaron con los intereses norteamericanos. Incluso, muchas veces se considera que durante los gobiernos de facto de la segunda mitad del siglo XX, la adscripción al mundo occidental y capitalista fue irrestricta rompiendo con tal variable persistente. Sin embargo, el rechazo por parte de la Argentina al embargo cerealero emprendido contra la Unión Soviética a principios de la década del ochenta, representa otro ejemplo de tal tendencia.
Si bien reconocemos casos en los cuales ciertas variables fueron modificadas circunstancialmente, no consideramos que esto contradiga su catalogación como persistentes. Un ejemplo en tal sentido esta dado por las llamadas “relaciones carnales” llevadas adelante durante la administración de Carlos Menem con los Estados Unidos, y la búsqueda de las siguientes gestiones anclada en sostener una posición cauta hacia dicho país en la equidistancia entre una enemistad demasiado costosa y el alineamiento automático.
En cuanto al alto perfil en las relaciones con los países de la subregión, podemos afirmar primeramente la relevancia de considerar que América Latina -y Sudamérica especialmente- no son las mismas que a mediados del siglo XX y que la Argentina tampoco lo es. Nos referimos en particular a la pérdida del protagonismo que ésta tuvo en la región y en la subregión a manos de Brasil. Esto ha redundado en la perseverancia en la búsqueda de sostener un rol protagónico que en muchos casos no fue más que discursivo, con el contraste de una realidad cambiante que la Argentina en ocasiones pareció no percibir. El ensayo de Russell (2010) frente al Bicentenario se dedica, entre otras afirmaciones, a demostrar cómo la mayoría de los gobiernos desde los padres fundadores hasta la actualidad, han denostado el vínculo con América Latina planteando que Argentina es “un accidente geográfico” en la región. Se reconoce sin embargo, que algunos gobiernos peronistas y radicales han mostrado otra postura. A partir de la asunción de Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil ha profundizado su liderazgo regional, dejando a la Argentina en una situación de precariedad como actor en el escenario latinoamericano. Mientras tanto la respuesta de la Argentina ha estado a tono con su política exterior, la búsqueda de protagonismo subregional a través de acciones especificas sin la construcción de una política latinoamericanista.
Al referirse al aislacionismo como constante, Ferrari hacía referencia al principio de no intervención como una forma de corroborar la oposición a la solidaridad hemisférica por parte de la Argentina. A este respecto, contrariamos la postura del autor, puesto que no vemos la no intervención como desinterés por parte de la Argentina a involucrarse en los asuntos latinoamericanos ni a la reticencia al panamericanismo en tal sentido, sino como principios autonómicos frente a los Estados Unidos en consonancia con la variable de tensión explicitada. En consecuencia sostenemos más bien, la búsqueda por construir un espacio latinoamericano donde el actor hegemónico quedara excluido y la Argentina tuviera primacía, allí es donde en algunos ejemplos como la Doctrina Drago de 1902 queda impresa la vinculación entre todas las variables mencionadas hasta aquí.
Hemos hecho referencia al economicismo como variable persistente de la PEA. En este sentido, asumimos que si bien ni Ferrari ni Puig hacen alusión a tal tendencia, la misma ha sido parte de la política exterior desde el modelo fundacional agroexportador que caracterizó la relación especial con Gran Bretaña. Incluso tal variable se vio fuertemente profundizada en la década menemista como queda impreso en el cambio de denominación del Ministerio de Relaciones Exteriores que asumió al comercio internacional como una de las áreas más relevantes. Esto ha significado en la práctica, el condicionamiento de la política económica sobre la política exterior en sus distintas dimensiones. Se asevera que ha sido una variable persistente puesto que al desarticularse el modelo agroexportador, hubo diversos intentos de generar nuevos modelos de política que también se encontraron profundamente arraigados con una visión economicista como fue por el modelo de iniciativa por sustitución de importaciones cepalino y el desarrollismo. Al referirnos a la profundización de tal aspecto en el período de estudio afirmamos que la política exterior fue pormenorizada y subordinada a la política económica. Esto conllevó que la prioridad en la inserción argentina en el mundo, estuvo dada por la materia económica-comercial. Este disciplinamiento de la política exterior al economicismo, estuvo incluso a tono con la orientación que la administración Menem detentó en su visión de la PEA, el realismo periférico. La misma -acuñada por Carlos Escudé- sostenía que las cuestiones de índole económico-comerciales eran las únicas materias en las cuales era posible disentir con la potencia hegemónica. (Escudé, 1992)
Finalmente hacemos referencia nuevamente a la búsqueda de la reinserción. En este sentido sostenemos que desde el desmoronamiento del modelo fundacional, las distintas gestiones sucedidas tanto democráticamente electas como provenientes de gobiernos de facto, han hecho alusión discursiva y han protagonizado acciones consistentes con intentar reinsertar al país en el Sistema Internacional. El modelo fundacional basó tal inserción en el lazo especial o preferente con Gran Bretaña en el siglo XIX y durante el primer cuarto del XX. De allí en más es posible rastrear en los discursos presidenciales la recurrencia a la búsqueda de la reinserción. A manera de ejemplo podemos mencionar que la política exterior durante la gestión de Menem tuvo como principal centro reinsertar a la Argentina en el mundo desarrollado, tal como lo estableció no sólo el presidente sino sus ministros en los foros internacionales y también en el escenario doméstico (Cavallo, 1996). Ricardo Alfonsín, en ocasión de la apertura de la Asamblea Legislativa en el año 1983 se refirió a la relevancia del voto: “En un contexto internacional cada vez más interdependiente, el sufragio garantiza la inserción de la Argentina en el mundo como nación independiente, mientras que la violencia de uno u otro signo impide la inserción del país en el mundo o lo convierte en teatro de operaciones donde los actores pierden su propia iniciativa y el Estado en consecuencia, pierde su independencia, arriesgando que el gobierno emergente de esa lucha no sería ya decidido por la población sino por el acuerdo o desacuerdo en la mesa de negociaciones de las superpotencias”2. La percepción de Alfonsín de la inserción basada en una lógica de prácticas democráticas denota que no sólo los analistas, sino las gestiones del siglo XX han comprendido distintas cuestiones por inserción argentina en el mundo.
En la segunda parte de este trabajo proponemos aplicar las variables persistentes a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, intentando comprobar hasta qué punto las variables continúan en vigencia y cómo se vincula esto con la constante referencia a lo pendulante, imprevisible y cambiante de la PEA.

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