Relacionar el pensamiento de hume con el marco histórico, sociocultural y filosófico de su época






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TEMA 6: HUME


  1. RELACIONAR EL PENSAMIENTO DE HUME CON EL MARCO HISTÓRICO, SOCIOCULTURAL Y FILOSÓFICO DE SU ÉPOCA.


David Hume es un filósofo escocés que nace en 1711 y muere en 1776.

Respecto del marco histórico debemos decir que Hume vive en la Europa del Antiguo Régimen que abarca hasta la Revolución Francesa de 1789. Todos los Estados de la Europa Continental están organizados políticamente de manera similar: las monarquías son absolutas, la Iglesia católica ocupa un lugar importante con gran implicación política y la economía sigue siendo feudal aunque transformándose poco a poco en una economía capitalista. En cambio en Gran Bretaña, la monarquía había evolucionado hacia un sistema parlamentario, se había consolidado el sistema bipartidista (los tories y los whigs) y se había desarrollado el sistema moderno de un Gabinete de Gobierno formado por ministros.

Respecto al marco social, el grupo social más influyente de la sociedad durante el siglo XVIII era la aristocracia que en toda Europa gozaba de privilegios y ocupaba los cargos de poder en el gobierno, la Iglesia y el ejército. La situación de las clases populares, es su mayoría campesinos, era lamentable ya que pervivía una estructura feudal. Sin embargo, de nuevo, la situación en Gran Bretaña era diferente porque allí las relaciones agrarias ya no eran feudales. La aristocracia había llevado a cabo una revolución agraria, alquilaba sus tierras a la burguesía rural y obtenía de ellas grandes beneficios.

Durante la vida de Hume, Gran Bretaña se convierte en la primera potencia mundial, esto se debe a su hegemonía comercial y a que el Estado británico supo crear una administración más eficaz. Poco a poco se fue convirtiendo en una gran nación dedicada al comercio, especialmente colonial, cuyas estructuras agrarias se habían trasformado y donde comenzaban a aparecer los primeros elementos de desarrollo industrial y del capitalismo. Esto hacía que el Estado protegiese la propiedad privada, se preocupase de facilitar préstamos y orientase convenientemente la política exterior con vistas al comercio. Mientras, la Europa continental se había quedado atrás, con una política fiscal y financiera anticuada, grandes gastos militares y una burocracia poco eficaz.

Respecto al contexto cultural destaca por un lado la ciencia británica con el gran físico Isaac Newton (1643-1727) que influyó notablemente en Hume. Junto a él destacan otros grandes científicos como John Dalton, Edmund Halley, James Watt, y Joseph Priestley.

Por otro lado debemos mencionar que estamos en el siglo de la Ilustración. Hume comparte con este movimiento su aprecio por la razón, la libertad y la tolerancia así como su deseo de desarrollar un pensamiento filosófico al margen de Dios. Entre los ilustrados ingleses mención especial merece el economista Adam Smith a quien se considera el fundador de la economía moderna.

Respecto al marco filosófico, la filosofía británica del siglo XVIII era eminentemente práctica y empirista. El Empirismo y el Racionalismo, al que se opone, son las dos corrientes filosóficas de la modernidad y David Hume es uno de los principales representantes del primero. El empirismo afirma que la experiencia es el origen y límite del conocimiento, no existen ideas innatas, no es posible un conocimiento de validez universal y necesaria, lo que determina el valor del conocimiento y la ciencia es su utilidad y las ciencias empíricas son el modelo de saber. Es en la experiencia donde intenta Hume fundamentar la política y la moral y no en conceptos abstractos como Dios, Ley Natural, Yo, como había hecho la filosofía racionalista.
PRINCIPALES LÍNEAS DEL PENSAMIENTO DE HUME


  1. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO:


El objetivo de la filosofía de Hume fue fundamentar en la experiencia todo el conocimiento humano, señalando los límites dentro de los cuales debe moverse la razón si no quiere caer en el error.

Para poder establecer el origen y los límites del conocimiento humano, Hume comienza por determinar sus elementos constitutivos: percepciones, impresiones e ideas.

Hume llama percepciones a todos los contenidos de la mente. Las percepciones pueden ser de dos tipos:

Impresiones: son los datos de los sentidos, sensaciones (visuales, auditivas, olfativas...) y emociones (ira, miedo alegría, hastío...). Las impresiones se caracterizan por ser inmediatas, vivaces e intensas.

Ideas: son las representaciones mentales de las impresiones, son, por tanto, mediatas, débiles y poco vivaces.

Tanto las impresiones como las ideas, pueden ser simples y complejas, siendo las complejas, combinaciones de impresiones e ideas simples, respectivamente.

Las combinaciones que el entendimiento humano lleva a cabo para formar ideas complejas a partir de ideas simples, no son arbitrarias sino que obedecen a unas leyes de asociación en virtud de las cuales unas ideas nos hacen pensar inmediatamente en otras. Esas leyes explican, por tanto, el modo como el ser humano organiza sus ideas y debe quedar claro que esa organización procede de nuestra propia estructura mental y no de la realidad. Esas las leyes son:


  • Ley de semejanza: tendemos a asociar ideas semejantes en algún aspecto.

  • Ley de contigüidad espacio-temporal: tendemos a asociar ideas contiguas en el espacio, el tiempo o ambos.

  • Ley de causalidad: tendemos a establecer una relación causa-efecto entre ideas contiguas espaciotemporalmente.


Según lo que acabamos de decir, todo conocimiento es una impresión (un dato de la experiencia) o es la representación mental de una impresión (una idea). Esto significa que el origen último de todos nuestros conocimientos está en la experiencia y, por tanto, no existen ideas innatas.

Esto significa también que el criterio de verdad para saber si una idea es o no verdadera consiste en averiguar si en el origen de esa idea hay o no alguna impresión que la origine. Si no la hay, habrá que concluir que estamos ante una ficción de la mente que el entendimiento ha producido merced a su capacidad de formar ideas nuevas por asociación de otras.

Con el criterio de verdad que acabamos de describir Hume hace una dura crítica a algunos de las ideas básicas de la filosofía y la ciencia siguiendo siempre la misma estrategia: preguntar qué impresión está en el origen de la idea en cuestión, si no hay ninguna podemos pensar que tal idea es una ficción de la mente.

Empezamos con la crítica a la idea de substancia extensa o materia. Por substancia extensa o materia entendemos una realidad que existe en sí misma, de forma independiente y que es el soporte de lo que observamos. Pues bien, si buscamos la impresión particular y concreta de la que deriva la idea de substancia material no la encontraremos, lo único que encontraremos será un conjunto de impresiones de color, figura, movimiento...etc., en definitiva, un conjunto de cualidades que nuestra imaginación unifica colocando debajo ese algo a lo que llamamos materia, pero cuya existencia es imposible demostrar.

Critica a la idea de substancia pensante o yo: Hume busca la impresión o experiencia concreta de la que procede la idea del "yo". Esa experiencia debe mantenerse invariable a lo largo de nuestra vida y debe estar presente de forma constante pues yo soy, siempre y en todo momento, el mismo "yo". Pues bien, en realidad no existe ninguna experiencia de ese tipo. Todo lo que captamos empíricamente de nosotros mismos es una sucesión de estados psíquicos (sensaciones, emociones, sentimientos, deseos, estados de ánimo...) que se suceden unos a otros, pero nunca se dan todos a un tiempo de manera que podamos decir "esto que percibo en este preciso instante es mi yo". La idea del "yo" surge al asociar todo aquel flujo de estados psíquicos unificándolos en ese supuesto substrato, al que llamamos "yo", pero que exista realmente el "yo" no es demostrable, y mucho menos puede fundamentarse todo el conocimiento humano en una idea semejante como hizo Descartes.

Critica a la idea de substancia infinita o Dios: Puesto que no puede señalarse la impresión de la que deriva esta idea, hemos de concluir que la existencia de Dios no es demostrable racionalmente.

Crítica al concepto de causa. Concepto clave en la historia de la filosofía y también en la ciencia, pues ésta intenta establecer relaciones causales entre los fenómenos. Hume busca la impresión de la que procede nuestra idea de causa y nos dice que si somos estrictos y nos atenemos exclusivamente a los datos empíricos lo único que observamos es la sucesión de dos fenómenos que invariablemente se vienen siguiendo el uno al otro. Pero no vemos ninguna fuerza extraña que saliendo del primer fenómeno provoque la aparición del segundo. Somos nosotros los que llevados por la costumbre de ver en sucesión espaciotemporal esos dos fenómenos terminamos por suponer que entre ellos existe esa fuerza invisible que llamamos relación de causalidad. Es solamente la costumbre de ver que, hasta ahora, al fenómeno que llamamos causa, siempre le ha seguido ese otro que llamamos efecto lo que nos lleva a establecer una ley necesaria, suponiendo que la naturaleza obrará en el futuro como lo hizo en el pasado. Pero dado que es sólo una suposición debemos concluir que las relaciones causales son sólo probables y que por tanto, las leyes científicas tienen un valor hipotético, siempre están sujetas a revisión y la ciencia debe asumir una actitud de permanente investigación.

Para concluir digamos que las ideas de materia, yo, Dios y causa son meras creencias, pero creencias fundamentales para los seres humanos sin las cuales no podaríamos desarrollar nuestras actividades cotidianas. Al tiempo vemos cómo el pensamiento de Hume desemboca en el escepticismo que niega la posibilidad de un conocimiento objetivo y seguro de la realidad.
Una vez establecidos los elementos del conocimiento, Hume distingue dos tipos de conocimiento que puede alcanzar el entendimiento humano: el conocimiento de relaciones entre ideas y el conocimiento sobre cuestiones de hecho.

Las relaciones de ideas corresponden a lo que llamamos ciencias formales, matemáticas y lógica, que operan sobre contenidos ideales expresados mediante símbolos sin hacer referencia a cosas materiales que existan realmente. La validez de una proposición matemática depende de su coherencia con respecto al resto de proposiciones matemáticas pero no de la experiencia, puesto que en ella no se afirman hechos sino relaciones entre entidades ideales. Son llamadas ciencias exactas porque proporcionan un conocimiento cierto basado en la intuición y la deducción.

Las cuestiones de hecho corresponden con lo que llamamos ciencias empíricas (física, química, biología, medicina, sociología...), ciencias cuya verdad depende de la experiencia. Aquí ya no cabe un conocimiento puramente racional, basado en la intuición y la deducción sino que debemos basarnos en la experiencia. En este tipo de ciencias no podemos alcanzar el grado de certeza que en las anteriores. La razón es que las ciencias empíricas buscan relaciones causales entre fenómenos y Hume, en su crítica de la idea de causa, ha demostrado que nuestras inferencias causales son sólo probables.


  1. ETICA:


Hume afirma que nuestras ideas morales, como el resto de ideas, tienen su fundamento en la experiencia, por tanto los seres humanos no poseemos ideas innatas acerca del bien y el mal. Con esto Hume se opone a toda la tradición filosófica para la que los principios morales están inscritos en la propia naturaleza humana (Santo Tomás).

Por otro lado, Hume sostiene un emotivismo moral oponiéndose al intelectualismo moral que basa la ética en la razón (Platón y Aristóteles). Para el filósofo, nuestra conducta moral no puede estar determinada racionalmente porque la razón es incapaz de mover al ser humano. Lo que nos impulsa a actuar y es el fundamento de nuestras decisiones morales es la emoción, el sentimiento y el deseo.

Hume razona del siguiente modo: la razón sólo es capaz de dos tipos de conocimientos, los que se refieren a relaciones de ideas y los que se refieren a cuestiones de hecho y las cuestiones morales no son ni lo uno ni lo otro así que no proceden de la razón sino del sentimiento.

En primer lugar, Hume afirma que las cuestiones morales no son relaciones de ideas ya que un juicio moral no se deduce como un teorema matemático. En segundo lugar, la moralidad no es un hecho particular y concreto que esté presente en nuestra conducta. Esto podemos verlo con un ejemplo: el hecho físico de matar es el mismo en un asesinato, un homicidio involuntario y en una ejecución que cumpla con una sentencia judicial. Sin embargo estos tres hechos reciben valoraciones morales muy diferentes. Además los seres inanimados pueden estar entre sí en la misma relación en la que estamos los humanos y no por ello son juzgados como morales o inmorales.

Y es que no es la razón la que establece nuestras valoraciones morales sino el sentimiento: llamamos virtud a aquello que nos produce un sentimiento placentero de aprobación y vicio a lo contrario. La bondad y la maldad no son cualidades de las acciones humanas mismas sino que surgen cuando esas acciones son analizadas por un ser que posee sensibilidad moral.

Con esto ha quedado eliminada la posibilidad de que nuestros juicios morales dependan de categorías racionales, objetivas y universales. Esto nos abocaría al relativismo moral y a la falta de acuerdo, pero Hume sostiene, en este punto, un utilitarismo moral al afirmar que los seres humanos sentimos que es bueno aquello que resulta útil para la sociedad. Y consideramos bueno lo que beneficia a la sociedad porque nos damos cuenta de que nuestros intereses privados están mejor protegidos cuando se encuadran en el bien colectivo. Este filósofo nos dice que en el ser humano hay un cierto sentimiento se simpatía hacia la humanidad que le hace desear la felicidad de los demás pero que en el fondo no es más que el deseo egoísta de su propia felicidad.


  1. POLÍTICA:


Según Hume el Estado, las leyes y las instituciones políticas derivan su legitimidad de la utilidad que reportan a la sociedad. El hecho de que las obedezcamos y nos sometamos a la autoridad del gobernante se debe a que somos conscientes de que nuestros intereses privados se satisfacen mejor pactando con los otros seres humanos. Por tanto, la autoridad del gobernante, las leyes e instituciones no expresan valores eternos e inamovibles, por el contrario, deben adaptarse constantemente a las nuevas situaciones históricas y cesa la obligación de obediencia cuando desaparezca el beneficio que reportan.

Hume basa sus propuestas políticas en la experiencia y se aleja de consideraciones descriptivas acerca de lo que debe ser la sociedad ideal (del tipo de las realizadas por Platón y San Agustín), así como de toda consideración basada en "principios" eternos y abstractos. Si Hume reflexiona sobre lo que podría mejorar esta o aquella forma de organización social, lo hace exclusivamente desde el análisis de las ventajas y la utilidad concreta que podrían reportar determinadas medidas.


  1. EL PROBLEMA DE DIOS:


Hume ha mostrado que la idea de sustancia infinita o Dios no se ha originado a partir de ninguna impresión previa, por tanto, la demostración de la existencia de Dios es racionalmente imposible. No obstante es inevitable que los seres humanos sigamos creyendo en él. Pero lo que sí podemos evitar, una vez asumida la imposibilidad de aquella prueba, es el fanatismo y la intolerancia.

Hume es un representante del deísmo ilustrado. El deísmo admite la existencia de un Ser Supremo creador del mundo, pero no se trata de un Dios personal y providente sino de un Dios que sólo interviene para crear el mundo y darle unas leyes de acuerdo con las que funciona. Una vez realizado el acto de creación, no se ocupa del mundo y tampoco pide a los hombres que le rindan culto, de modo que los hombres quedan libres para actuar de acuerdo con su propia razón, sin ninguna interferencia divina.





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