Psicosis y mundos posibles






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Como puede comprobarse, los elementos de la tabla 1 coinciden en parte con los síntomas primarios que K. Schneider elaboró para conceptualizar la esquizofrenia. Básicamente se trata de aquellos que se relacionan con el objeto voz y el objeto escópico. De hecho, como también resaltó Maleval en su estudio, la preponderancia en la sintomatología de las psicosis corresponde precisamente a estos objetos, es decir, a la voz y a la mirada. En efecto, las voces que injurian, ordenan o comentan actos del paciente, por un lado, y las miradas que vigilan y espían, por otro, constituyen los fenómenos clínicos más específicos de las psicosis, tanto en la paranoia como en la esquizofrenia.

La propuesta de Maleval resulta interesante en tanto articula la presencia de una serie de fenómenos psicopatológicos de las psicosis con los efectos de la falta de asunción de la castración simbólica. Sin embargo, el listado resulta insuficiente; ello es así en tanto da cuenta de fenómenos que pertecen al momento más paranoico de la psicosis, es decir, el momento en el que la vivencia de persecución ocupa el lugar nuclear de la enfermedad. No obstante, la clínica demuestra que existe un momento o estadio posterior al paranoico: el parafrénico. Este se da cuando el sujeto psicótico consigue superar el momento persecutorio y, en cierta manera, identificarse con el objeto perseguidor. Es así como los delirios de persecución se transforman en delirios de grandeza. A ello corresponden aquellos casos en los que el sujeto psicótico manifiesta ideas de grandeza mediante su identificación con algún ser todopoderoso.

Ahondando un poco en esto, algunos sujetos manifiestan una particular modalidad de esta transición. Así, un paciente atendido por nosotros manifestó, en un momento de su delirio, que la figura de Dios le podía llegar a ser insoportable ya que era quien le había castigado por su conducta homosexual. Sin embargo, este mismo Dios podía ocupar otro lugar, muy distinto al primero: Dios como protector, como ser que con su inmenso poder le protegía de todos los peligros que le podían acechar. Esta transición tenía unos correlatos afectivos muy claros: La angustia era el afecto acompañante a la existencia del Dios juzgador (como el Dios del Antiguo Testamento); por el contrario, la eutimia era el estado afectivo inherente a la existencia del Dios protector.

No es por casualidad que los establecimientos psiquiátricos de pacientes crónicos alberguen sujetos que prácticamente no requieren medicación ni presentan crisis a lo largo de muchos años. Se trata de sujetos en estado parafrénico. Estos pacientes se presentan identificados con grandes personajes o bien como pertenecientes a importantes linajes. Así, una paciente que atendía el comedor de los médicos de guardia de un establecimiento psiquiátrico manifestaba ser la novia del Rey de España. Otro paciente, ya citado anteriormente, tenía la certeza de ser la reencarnación de Sócrates, certeza harto elocuente si se tiene en cuenta que dicho paciente siempre había tenido enormes dificultades para aprobar la asignatura de filosofía. A partir de la instauración del delirio de grandeza, cambió su vida de manera radical pasando a estudiar de manera exhaustiva la filosofía de Platón y de los presocráticos. Además, el mundo debería enfrentarse a una guerra total entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal; y en este conflicto él iba a tener un papel decisivo.


  1. FORMALIZACION DE LOS MUNDOS POSIBLES EN LAS PSICOSIS



A partir de las consideraciones precedentes se puede, o al menos eso creo, intentar realizar una formalización de los mundos posibles / imposibles en las psicosis. Para ello puede resultar útil la utilización de un cuadro de doble entrada. Por un lado, los distintos momentos evolutivos de la psicosis 1; por otro, los elementos que dotan de semanticidad los discursos (tal como fue mencionado antes).

Recordando cuáles son aquellos elementos se tiene que la semanticidad de un discurso viene determinada en primer lugar, por el significado de las palabras. Quiere ello decir que si un sujeto utiliza las palabras de manera totalmente arbitraria, ya sea otorgándoles un nuevo significado o bien inventando palabras totalmente nuevas y desconocidas por el interlocutor, es claro que su mensaje resultará difícil de comprender o totalmente incomprensible. Es lo que ocurre con bastantes sujetos esquizofrénicos.

En segundo lugar, las características del mundo posible en el que se desarrolla el discurso. Es claro que este mundo constituye un marco común para los interlocutores, sin embargo, si ello no se cumple y, además, uno de ellos no da las referencias proposicionales del mundo al que hace referencia el efecto de incomprensibilidad es más que probable.

En tercer lugar, las leyes reguladoras. Estas pueden ser de diversos tipos, como ya ha sido señalado anteriormente. Así, por ejemplo, las leyes físicas que, también en cierta manera, son definidoras del mundo en cuestión regulan las contingencias de todo un conjunto de hechos. De este modo, por la ley de la gravitación universal se tiene que un objeto que se encuentra a una cierta distancia de la tierra cae al suelo por la acción de la gravedad. Es claro que ésta tiene distinta magnitud en cada planeta, pero no es menos cierto que su sentido es el mismo en todas partes: el objeto cae por la acción de la atracción ejercida. Ahora bien, si las cosas sucediesen de manera inversa: un objeto que en vez de caer al suelo se elevara por la acción de la gravedad, nos encontraríamos ante una transgresión de la ley de la gravitación que disminuiría considerablemente la semanticidad del discurso.

Finalmente, las normas formales del discurso, esto es, las normas morfosintácticas, las normas semánticas y las normas pragmáticas. Todas ellas regulan el uso de las palabras. Así, por ejemplo, todo hablante sabe, aunque no hay estudiado gramática, que después de un verbo atributivo no puede colocarse un sintagma con función de objeto directo. De este modo, una frase como “estoy pared” no resultaría admisible en un contexto normalizado ya que “pared” no puede colocarse como objeto directo de “estoy”. Una frase admisible sería: “Estoy pintando la pared” o bien “Estoy en Barcelona”. En la primera frase, “pared” hace la función de objeto directo en tanto recibe la acción de pintar. Es también obvio que un uso transgresor de estas reglas tiene unos efectos que disminuyen la semanticidad del discurso y, en consecuencia, su comprensibilidad.

Con el objeto de obviar el problema de las diferencias terminológicas planteadas por los diversos autores basaré la propuesta de formalización a partir de tres estadios: 1. El estadio inicial. 2. El estadio paranoico. 3. El estadio parafrénico.

I. ESTADIO INICIAL
Una atenta escucha de la clínica de las psicosis permite comprobar que en sus inicios éstas suelen presentar un movimiento de progresiva entropía que comienza por un debilitamiento en el nivel del significado de las palabras para acabar, en algunos casos, en el más absoluto caos. El trabajo del delirio consistirá, precisamente, en intentar poner orden, mejor aún, restablecer el orden, con la particularidad de que éste será nuevo. El nuevo mundo contendrá las respuestas a las preguntas fundamentales pero, con cierta frecuencia, ello se producirá a costa de la instauración de una nueva semántica, unas nuevas leyes reguladoras y unas nuevas normas formales.

En cierto modo se puede afirmar que las cosas suceden de modo similar al Guernica de Picasso. En efecto, las palabras sufrirán un proceso de dislocación y recombinación hasta dar con algún cuadro que recomponga el puzzle previo al estallido. Pero, conviene recordarlo, ya nada volverá a ser como antes.
Recurriendo al cuadro de doble entrada, propuesto más arriba, se tiene que en los estadios iniciales de las psicosis, en los períodos de incubación, los pacientes muestran un estado en el que las palabras dejan de significar lo que significaban y todo el universo entero resulta enigmático y amenazador. “Falta algo, pero no consigo nombrarlo, no puedo llamar por el nombre a lo que en realidad falta”, manifestaba la paciente Ana Rau, de Blankenburg.

En estos estadios iniciales, por tanto, es la semántica la que se altera de manera predominante. Por tanto, este período muestra una falla en S (significado. “Ya nada despierta en mí la asociación – escribió Artaud en una carta de 1932 – citada por Maleval 1. Esa inercia afectiva que siento que en cualquier resistiría, me desespera. No pienso nada, no siento nada. Querría pensar o sentir algo, no me viene nada. Sólo siento esta coagulación física de mis impresiones, me siento cogido, helado, el cerco se estrecha, y vago como era se convierte en un dolor caracterizado alrededor del cráneo”.

Esta situación se puede comprobar en bastantes sujetos. Expondré algunos casos.
Caso Federico:
Se trata de un paciente cuya psicosis esquizofrénica se desencadenó a la edad de 18 años, cuando cumplía su servicio militar. La segunda crisis se produjo años después, y se produjo mientras se encontraba trabajando como empleado de una gasolinera. De manera súbita, el paciente empezó a perder el control de las palabras, éstas se convirtieron en enigmas imposibles de resolver. Nada tenía significado, sólo se trataba de sonidos que aparecían de manera caótica en su mente. Desorden, caos, confusión. En este contexto, el paciente intentó realizar diversas maniobras con las que “fijar” los significados de las palabras. Fue así como escribió lo siguiente:
“ HECHOS
Hasta el 11 de septiembre mi cuerpo iba notando el poco tiempo de sueño que tenía. En el trabajo aguantaba como podía, sin mostrarme nervioso, fumando, arreglando el almacén, leyendo, haciendo crucigramas, etc, pero de todo esto y en las últimas semanas el ritmo de orden en el que yo hacía las cosas se fue estropeando. Tenía una gran rigidez de músculos, contaba con un escaso margen de tiempo libre, nunca tenía tiempo para acudir al banco, al médico. Me mostraba irritable, apenas distinguía el día de la noche, y los libros los tomaba como referencia para decir alguna cosa.
EL SISTEMA DEL KAOS
En un principio, al entrar en el trabajo, tenía algunas dificultades para concentrarme en lo que hacía debido a que el día anterior tuve un extraño ataque de acidez que me hizo vomitar casi toda la noche.
Casa -----------------------Trabajo

Estar dispuesto

Afrontar lo que sucediera

Gasto transporte

En esta figura se observa un sistema y unas consecuencias de este sistema. En los primeros días funcionaba de manera algo mecánica y algo torpe en el proceso de trabajo, sin embargo, lo hacía bien. En lo del transporte no tenía que gastar mucho, eran las piernas las que me llevaban. La cosa se complicó cuando pensé por mi mismo al decir “casa” mi lugar de trabajo. Y me lo dije a mi mismo cuando todo parecía ir bien y me sentía a gusto. Luego se complicó más cuando traté de comprender el sistema que controlaban los surtidores y de aquí pasó al kaos de mi conducta normal”.

El texto seguía así:
(palabra) = buscar significado
= ya está definido el significado para incluirlo en el texto

 = implica que....
 = si y sólo si

.......

.......

....... = cerrar sistema




.... = comprender, expandir


  • = flujo


Estos y otros tantos signos esclarecen en parte mi forma de pensar y de conectar ideas”.
Y, más adelante:

“ A: trabajas? Estudias? Religión?
  
dinero gastos persona
  
coche aprender vida

La siguiente esquematización indaga, es decir, se cuestiona a 3 bandas sobre la relación “dinero, salud, amor” pero esta vez en forma efectiva, o sea, causal y lógica.
El conjunto A contiene las palabras en interrogante y conectadas entre sí mediante las conjunciones “y” y “o”. Debajo de cada una de ellas, bajo el signo de “implicación” da la respuesta lógica al contestar con un “si” a una de las 3 palabras que no scuestionamos. La palabra respuesta da solución a la palabra pregunta y de ahí extraemos (bajo el signo de implicación) otra palabra respuesta relacionada con la primera respuesta y así sucesivamente.


Observando la relación vertical de estas palabras nos encontramos con una paradoja a 3 bandas. De las 3 columnas podemos aplicar relaciones entre ellas y deduciremos así una palabra que su significado englobe a una o varias palabras. Así, si tenemos en cuenta que “trabajar” implica “dinero” implica “coche” (también “casa” o “futuro prometedor”) e implica finalmente “gasto” entonces si nos preguntamos: ¿por qué? Contestaríamos “autorrealización personal”.

El texto del paciente va desarrollándose a lo largo de un recorrido que constituye, a la vez, una narración de su crisis y un intento de poner orden. Sin embargo, se puede comprobar cómo de las palabras se ve obligado a pasar a los símbolos lógicos (signos de implicación) y a los símbolos de la química. La semanticidad se resquebraja y la única alternativa que el paciente encuentra es la de recurrir a la simbología de la ciencia, aunque, como era de esperar, con un resultado decepcionante.



En esta figura (unos pistones) se describe la armonía de cada uno cuando nos sentimos acorralados. El centro es nuestra alma anquilosada en un cuerpo tiene a escapar por las paredes de los pistones. Equivale a decir que si nos sentimos presionados por lo que fuera tendemos a quedarnos quieto. ...Llegado a encontrar el significado de lo anteriormente escrito sobre el vacío y el kaos, estas figuras representan la culminación de nuestros pensamientos más íntimos”.

Finalmente:
“Basándonos también en la idea de que todo cuanto nos rodea está relacionado de alguna manera podremos conseguir una relación de ideas que, cuantos más elementos tenga, mayor será nuestro conocimiento. Ejemplo: casa--------------trabajo
Esto implica dinero. Casa y trabajo están relacionados con un concepto abstracto: el dinero – hemos abierto el sistema lo que al hacer una implicación hemos dado una palabra relacionada con lo que produce la relación primera”.

Como puede comprobarse, el paciente realiza en estos escritos un trabajo titánico con el objeto de establecer la conexión de las cosas partiendo de la premisa según la cual todo está relacionado con todo. Se establece así una especie de red semántica que requiere, no obstante, de unos principios ordenadores, de ahí la presencia de símbolos lógicos, de símbolos químicos (orbitales), etc. Sin embargo, el esfuerzo del paciente resultó inútil en la medida que no consiguió sistematizar un delirio, una respuesta satisfactoria y estabilizadora a sus inquietudes y tormentos.

CASO Oswaldo.:
Se trata de un sujeto que acudió a la consulta cuando tenía 23 años. Refirió que tenía grandes dificultades en llevar a cabo sus estudios universitarios. Ello le había llevado a abandonar sus estudios de periodismo unos meses antes y a empezar los de historia del arte. Sin embargo, a pesar del cambio sus problemas seguían estando presentes.

Su estado psíquico estaba marcado por un profundo tormento que giraba alrededor de las palabras. En efecto, cualquier palabra podía constituir un problema irresoluble para él. Su vida cotidiana se caracterizaba por la lectura de diversos textos y de diversas materias: antropología, sociología, arte, matemáticas, química, física, literatura, ensayo, psicología, etc. En su mochila solía llevar cinco o seis libros así como algunas libretas en las que iba anotando sus impresiones y sus preguntas: “Mi problema es entender cuál es el problema. Un pez que se muerde la cola. Hace cinco años que aquello del saber enciclopédico es inútil”.

Hoy lo he pasado fatal, en la facultad. Mi cerebro iba más rápido que mis acciones. Intento engañarme a mi mismo para justificar y buscar explicaciones a cómo me encuentro y a lo que hago. Soy más bien patético intentando parecer de buen humor en mi trato con los demás cuando se ve de lejos que estoy pasando la procesión por dentro”.

Finalmente:
“Tengo los sentidos alterados. Es curioso pero creo que cada momento que pasamos de nuestra vida los sentidos los tenemos conectados pero la modulación es siempre variable. Me gustaría saber si sintetizador frecuencial, ecualizador y otras palabras del mundo de la electrónica si tienen raíz griega o raíz latina. Grandes pueblos creadores de ideas y de palabras, estos romanos y estos griegos. La tecnología parece que ha evolucionado mucho pero precisa encontrar palabras...? Qué realidad? La del oyente? ¿La del hablante? La del lector, del librero o del editor; de la peluquera, del dentista o la del mecánico? ¿De la realidad física exterior o de la realidad psicológica del interior? ¿Del contexto del espacio o de la era, de la época?”


Como puede comprobarse, este paciente está escasamente sujetado por el lenguaje, de ahí que su recorrido por la vida sea como la de un barco a la deriva: de un significante a otro, de un trabajo a otro, de una facultad a otra. Sin rumbo ni destino, a la búsqueda del sentido que, quizás, ya nunca volverá. Alguien dijo que la psicosis es tanto una salvación como una tiranía del significante. En este caso resulta claro que se trata más de lo segundo.


Estos dos ejemplos clínicos ilustran, de manera harto elocuente, los avatares de los psicóticos en aquellas situaciones en las que su mente va a la deriva, momento en el que las palabras dejan de significar lo que significaban y resulta imprescindible recurrir a diversos procedimientos para poder poner orden. De ahí la tendencia de estos pacientes a escribir de manera espontánea. La escritura es una manera de fijar el sentido o, por lo menos, de intentarlo. En el primer caso, el paciente escribió largos textos utilizando símbolos lógicos y símbolos químicos. La lógica y la ciencia como garantías del orden, de la precisión. En el segundo caso, los escritos constituyen una deriva en medio de un ideal feroz de saber enciclopédico. Saberlo todo, comprenderlo todo. Fijar, conectar los autores más diversos: Marcuse, Eco, Benjamin. Agítese antes de usarlo, se podría añadir. Pero, para su desgracia, el resultado de esta agitación no fue el orden del delirio, ni tampoco la remisión clínica, que sí tuvo lugar en el primer caso.
La semanticidad de los discursos de estos pacientes permite llevar a cabo la siguiente formalización:


  1. El problema fundamental radica en el significado de las palabras. Estas ya no significan, simplemente aparecen con una cierta autonomización del significante. Es el sonido el que manda.

  2. Las características de los mundos de estos pacientes estriban básicamente en tratarse de universos enigmáticos en los que se presupone la existencia de un saber que todo lo enlaza pero que no se acierta de poder definir. No hay, por el contrario, perseguidores ni seres todopoderosos que manejan a los mortales. No hay, tampoco, ojos que, al modo de un Gran Hermano, todo lo vigilan. Se trata, más bien, de mundos inciertos, vagos, muy borrosos.

  3. En lo que se refiere a las leyes que rigen esos mundos se puede afirmar que no se vislumbran las típicas transgresiones del tiempo y del espacio de los esquizofrénicos y de los parafrénicos.

  4. Finalmente, las normas que regulan los discursos tampoco están transgredidas. En efecto, ni la sintaxis ni la semántica presentan alteraciones que den lugar a dislocaciones intra ni interfrasísticas.


En resumen, el mundo resultante es un mundo incierto, semánticamente alterado y que respeta las leyes lógicas y las normas discursivas.

II. ESTADIO PARANOICO
Si el delirio es el intento de encontrar una respuesta a las extrañas vivencias presentes en los primeros períodos de la psicosis, el estadio paranoico constituye el paradigma por excelencia de ello. En efecto, para el paranoico, lo extraño angustiante e incomprensible de los períodos anteriores deja lugar a la penosa familiaridad de los perseguidores. Ahora las cosas están claras, el mal tiene nombres y apellidos, de ahí la peligrosidad del paranoico. A partir de la instauración de la certeza delirante, un rigor implacable conducirá al paranoico a remediar con gran energía el escándalo de su situación.

La certeza del delirio comporta un cambio de posición: de perseguido se convertirá en perseguidor, de ser objeto de la vigilancia pasará a ser un incansable vigilante. La tarea se llevará a cabo con tal grado de pasión que muchos paranoicos acaban pagando con su propia vida el rigor de su certeza. Y es por esta misma razón que muchos paranoicos rechazan con todas sus energías ser etiquetados de enfermos mentales en las peritaciones forenses.

Dos conocidos casos de la literatura ilustran perfectamente este estado.

Caso III: El caso Wagner
Ernst Wagner, maestro de escuela nacido en 1874 en la localidad de Eglosheim, Alemania, se hizo tristemente famoso a raíz de unos horribles crímenes cometidos en la madrugada del 3 al 4 de septiembre de 1913, en Degerloch y en Muhlhausen. Los actos del plan criminal (Alvarez, 1999) fueron calculados a lo largo de cuatro años. En primer lugar, asesinó a sus cuatro hijos y a su esposa, después se dirigió al pueblo de Mühlhausen y disparó contra todos los hombres que encontró en el pueblo. Además, prendió fuego a todas las granjas de animales. Su objetivo final era suicidarse una vez hubiese acabado su venganza pero la intervención de algunos vecinos imposibilitó este último acto. Cuando Wagner interrogado por el juez declaró los motivos de su acto: continuos remordimientos y alusiones relativos a una serie de delitos de zoofilia cometidos doce años antes. Poco tiempo después fue internado en la Clínica Real de Tubinga donde fue tratado por el psiquiatra Robert Gaupp. Los informes periciales de Gaupp determinaron el sobreseimiento del proceso penal y la declaración de que Wagner era no responsable de sus actos criminales. Tiempo después, Wagner fue ingresado de por vida en el manicomio de Winnental.

Todo el delirio de Wagner partía de una certeza puntual: su zoofilia. En efecto, durante su estancia en la localidad de Mühlhausen, Wagner llevó a cabo prácticas sexuales con los animales de las granjas. El mismo llegó a escribir, en su autobiografía, que ya al día siguiente de haber cometido los actos zoofílicos comenzaron las autorreferencias y los comentarios dirigidos contra él. Wagner escribió: “La cosa llegó a tal extremo que, en cuanto se reunían dos, yo era el tercero del cual se hablaba. La verdad es que el aire debió de espesarse tanto con mi nombre que hasta hubiera podido ensacarlo”. Debe tenerse muy en cuenta que las alusiones y difamaciones procedían únicamente de los hombres; por esta razón, Wagner sólo se lamentó de las muertes de personas de sexo femenino.
Una vez más, los escritos del propio Wagner constituyen una referencia precisa de su mundo delirante. El siguiente fragmento1 corresponde a una parte del expediente del interrogatorio al que fue sometido, concretamente, se trata de la descripción de los hechos y de los motivos que lo llevaron a cometer los crímenes:
“Lo que me llevó a perpetrar los crímenes es, como ya he dicho antes y repito ahora, la difamación de la que tanto yo como mi familia fuimos víctimas a raíz de los delitos sexuales que cometí durante la primera etapa de mi estancia en Mühlhausen. Hasta ahora me he negado siempre a especificar con qué tipo de animales cometí aquellos actos y a dar más detalles sobre todo este asunto, y seguiré negándome a hacerlo. Tampoco precisaré nunca cuáles son los indicios que demuestran que la gente estaba al tanto de mis delitos. Yo suponía que algunos lo sabían. Quiénes eran en concreto es algo que no pienso decir. Creo haber oído alusiones muy precisas que demuestran la existencia de sospechas sobre mi conducta, aunque no se conocieran detalles. Quiero decir que nadie podía probarme nada porque no había ningún testigo directo, lo cual dificultaba mucho la tarea. Pero la gente tenía sospechas y las divulgaba. Y cuando usted me dice que según las encuestas realizadas en Mühlhausen nadie abrigaba la menor sospecha contra mí, y menos aún había hablado sobre mi persona en este sentido, no me queda más remedio que llevarme las manos a la cabeza”.
Wagner fue diagnosticado de paranoia por Robert Gaupp, el psiquiatra que llevó a cabo la peritación y que le declaró irresponsable de los delitos cometidos. La lectura de su autobiografía permite concluir que se trataba de un hombre de rígida moral, excepción hecha de sus prácticas sexuales. Como maestro de escuela era muy exigente y sentía un gran menosprecio por la vida humana. Así, en cierto momento llegó a escribir: “En todas partes habría que proceder a un gran saneamiento de la humanidad. Y así como en las ciudades viejas se derriban las casas y barrios que amenazan ruina, así como en los campos se arranca la mala hierba, así también hay que eliminar radicalmente toda la escoria del género humano”.

Por tanto, su mundo se centraba en una idea hostil hacia la vida y hacia los humanos. Wagner odiaba el sistema educativo alemán, menospreciaba a sus alumnos y se consideraba a si mismo un fanático de la verdad. Sin embargo, hasta ahí su mundo pivotaba totalmente sobre el mundo real, ahora bien, a partir del momento en que se instaló la certeza sobre el conocimiento que los demás tenían de sus prácticas zoofílicas se produjo una ruptura que dio lugar a la creación de un mundo alternativo: el de su delirio.

No obstante, conviene resaltarlo, su mundo posible sólo difería del anterior, del real, en un punto preciso: la certeza de la difusión de sus perversiones sexuales. Dicha certeza se mantuvo constante hasta que su psiquiatra le advirtió su error. Por tanto, el mundo posible de Wagner era, en términos de Eco, un mundo construído y no simplemente nombrado ya que en él se respetan tanto los postulados de significación como las leyes físicas y las normas que rigen los discursos. Un mundo posible, el de la paranoia, que, precisamente por su acabalgamiento sobre el mundo real, resulta, en más de una ocasión, convincente y susceptible de ganar adeptos.

CASO IV: El caso Arasais/Hildegart
EL caso Arasais/Hildegart constituye una de las páginas más célebres de la psiquiatría forense española. “Arasais” es un neologismo constituído por “Ara” contracción de Aurora, y que significa altar, y, “sais”, que significa diosa de la verdad. Este fue el nombre que Aurora Rodríguez, nombre real de la paciente, eligió para ingresar en una sociedad secreta política. Hildegart fue la hija que Aurora concibió según un plan metódicamente elaborado siguiendo una lógica totalmente delirante. En la madrugada del 9 de junio de 1933, Hildegart fue asesinada por su madre mientras dormía.

La historia de estas dos mujeres, madre e hija, constituye el relato dramático de, como señaló Eduardo de Guzmán (1977) en el prólogo del libro La rebeldía sexual de la juventud – escrito por Hildegart – una variante moderna del mito de Pigmalión. Según la mitología griega, Pigmalión esculpió una figura femenina tan bella y perfecta que acabó enamorándose locamente de ella. Quería, deseaba, necesitaba que la estatua de la mujer correspondiera a su amor; su pasión llegó a tal extremo que en un momento de ofuscación, Pigmalión la destruyó al advertir que su obra, no obstante ser tan perfecta, tenía la imperfección de la falta de vida.

De manera similar, Aurora Rodríguez concibió a Hildegart según el siguiente ideal delirante: Hildegart, que significa jardín de sabiduría, debía redimir a las mujeres del mundo. Aurora Rodríguez consideraba absolutamente inaceptables las condiciones sociales de las mujeres, de hecho, para ella el mundo era injusto y era preciso llevar a cabo una obra que estableciera un nuevo orden, utópico y anarquista. Para ello se planteó dos posibilidades: O ensayar una colonia anarquista o engendrar una criatura en las más óptimas condiciones eugénicas con arreglo a su criterio meramente personal.

Eligió la segunda opción, pero, para ello, evitó a toda costa que la procreación de su hija – tenía la certeza de que nacería una niña – se llevara a cabo con el concurso del goce sexual. Practicó el acto sexual con un hombre perteneciente al círculo de sus amistades, aunque ello lo realizó con asco y repugnancia. Una vez convencida de su embarazo rompió toda relación con el padre biológico, negándole cualquier derecho sobre la hija.

Hildegart no solamente fue deseada como simple prolongación de Aurora, sino que debía mostrarse totalmente carente de impulsos, deseos, o ambiciones propias. En todo momento debía actuar tal como su madre había previsto, con “obediencia de cadáver” (Guzmán, 1977). Arasais intentó por todos los medios posibles adueñarse de la mente de su hija, convertirla en un simple robot que cumpliera a raja tabla todas sus órdenes y deseos. Por su parte, Hildegart soportó pacientemente esta situación hasta los 18 años, período en el que empezó a mostrar su propia rebeldía, enfrentándose con su madre.

A lo largo de todos aquellos años, Aurora vivió una vida llena de certezas: si un operario acudía a arreglar el teléfono ello indicaba claramente que era espiada. Una certeza, sin embargo, iba a tener unos efectos trágicos: Aurora pensaba que había personas interesadas en apartar a su hija de la misión que ella le había encomendado. El Servicio de Inteligencia Británico estaría detrás de ello.

El día antes del asesinato, Hildegart recibió un ejemplar de una revista británica, The Adelphi, en la cual el sexólogo Havelock-Ellis publicaba un artículo titulado “La Virgen Roja”, dedicado a Hildegart, con quien mantenía una relación epistolar desde hacía tiempo. Arasas interpretó que el propio Havellock-Ellis estaba implicado en el complot para separar a madre e hija. La madrugada siguiente, mientras Hildegart dormía, Arasais le disparó un tiro en la cabeza.

Aurora Rodríguez fue juzgada y declarada no imputable debido al padecimiento de una psicosis paranoica aunque, como suele suceder en estos casos, ella se mostró indignada ante la atribución de un desequilibrio mental que le supuso la eximente completa. Fue internada en el Hospital Psiquiátrico de Ciempozuelos y falleció unos años después a causa de una dolencia cancerosa.
El caso Wagner y el caso Arasais/Hildegart constituyen dos ejemplos paradigmáticos de mundos posibles paranoicos. Como ya se ha indicado anteriormente, las características de estos dos mundos posibles se superponen casi de manera exacta con las características del mundo real: se respetan los postulados de significado, así como las leyes físicas y, en general, las normas que rigen los discursos; sin embargo, hay un punto de ruptura que marca una diferencia profunda: el de la certeza en la interpretación. En efecto, dado cualquier contexto comunicacional, el receptor de la conducta ha de interpretar un acto de conducta de otro, el interlocutor (Castilla del Pino, 1978). En primer lugar, ha de denotar, es decir, ha de constatar el acto y el género de acto que es; pero, además, ha de preguntarse acerca de qué significa ese acto, cuál es el propósito del sujeto al realizar el acto, cuál es su intención. Es lo que se conoce como connotación.

La connotación se rige por una regla fundamental: toda connotación es hipotética. Quiere esto decir que toda connotación nunca es evidenciable ya que la intención verdadera del otro siempre es un supuesto. Castilla del Pino lo expresó en los siguientes términos: “La regla básica de la connotación es la regla de la incompletud e incertidumbre del significado” (1978, pag: 342). Por tanto, todo juicio de atribución al acto de conducta de otro es el resultado de una conjetura, jamás se puede acceder a la verdad absoluta. Y ésta es una de las reglas básicas que rigen los discursos. Cuando atribuimos intenciones, propósitos o estados emocionales, estamos inevitablemente limitados de manera que, decidamos lo que decidamos, el resultado siempre será incierto.

A partir de estas consideraciones podemos comprobar que los mundos posibles de Wagner y Arasais se caracterizan precisamente por su certeza, por el rechazo sistemático de la incertidumbre. Así, Wagner tenía la certeza de que sus actos zoofílicos eran conocidos por los habitantes de Mühlhausen y ello le llevó a realizar una terrible venganza; y Aurora Rodríguez tenía la certeza de que su hija debía llevar a cabo la redención de las mujeres del mundo y de que sus enemigos estaban dispuestos a todo para evitarlo.
La formalización de estos mundos podría plantearse así:


MUNDO POSIBLE

POSTULADOS SIGNIFICADO

CARACT. MUNDO

LEYES FISICAS

REGLAS DE DISCURSO


PARANOIA

+

+

+

+/- (Certeza)



Es decir, que el paranoico respeta los postulados de significado, así como las características del mundo real y sus leyes físicas. Sin embargo, las reglas de discurso presentan una transgresión en el principio de incertidumbre: la certeza.

III. EL ESTADIO PARAFRENICO
Si el paranoico se caracteriza por ser aquel que identifica en el campo del Otro el origen de todos los males y, en consecuencia, debe tomar las medidas oportunas para defenderse, el parafrénico, en cambio, experimenta un sentimiento de comunión con el Padre, con un ser todopoderoso, de ahí que sea la megalomanía el elemento de mayor peso específico en este estadio. En efecto, el sujeto psicótico pasa de ser un perseguido a convertirse en un gran personaje, dotado de enormes facultades y poderes, alguien que tiene una misión especial que cumplir, un elegido de Dios. Sin embargo, este nuevo equilibrio, ese momento de pacificación del delirio, paga un peaje en términos de credibilidad ante sus interlocutores. En este sentido se puede afirmar que si el paranoico no tiene amigos porque desconfía de todos, el parafrénico no los tiene porque ha perdido toda credibilidad.

Una característica del fenómeno parafrénico que ha sido señalada por diversos autores (De Waelhens, 1972) es la diplopia. Se trata de lo siguiente: el enfermo se identifica plenamente con el personaje de su delirio, pero esta identificación no le impide en absoluto estar también fuera, es decir, allí mismo donde se le ve.

Esta diplopia es la que se puede observar aún – aunque no por mucho tiempo – en algunos establecimientos psiquiátricos. En efecto, en los pabellones de pacientes crónicos, es decir, psicóticos antiguos, es relativamente frecuente constatar la presencia de sujetos que manifiestan, por un lado, extraordinarios delirios megalomaníacos, acompañados o no de contenidos alucinatorios; y, por otro, mantienen un cierto grado de vínculo social hasta el punto de realizar diversas tareas en el hospital psiquiátrico. En general, se trata de sujetos muy estabilizados, con escasas reagudizaciones y que, en general, requieren dosis bajas de fármacos antipsicóticos. Su mundo, sin embargo, suele desafiar las leyes físicas y, en ocasiones, manifiesta una transgresión tanto de los postulados de significado como de las reglas que rigen los discursos.

Los dos casos siguientes ilustran este estadio.
CASO V: R.G.
Se trata de un paciente de 32 a. que fue ingresado en un hospital psiquiátrico por haber presentado una crisis delirante centrada en los seres extraterrestres. Perteneciente a un estrato social humilde, estudió hasta los catorce años. Posteriormente trabajó en trabajos eventuales. La familia informó que aguantaba poco “porque ya estaba mal”. Requirió varios ingresos psiquiátricos que tuvieron una duración entre uno y tres meses. Durante estos años agredió en diversas ocasiones a su madre. Su evolución clínica siguió el esquema descrito anteriormente: un período inicial de confusión derivada de la dislocación significante, seguido de un período paranoico caracterizado por un delirio de persecución y, finalmente, un estadio parafrénico centrado en su relación con los seres extraterrestres. Esta relación tenía un carácter protector, así, en un momento de su ingreso dijo lo siguiente: “Me dijo el Vito-sat-Oru, que es un meteorito Vito-Sat, que saldría de aquí el día quince. Me lo dijo estando con él. Vi dos ovnis detrás del Tibidabo”. En una entrevista mantenida con él durante su ingreso expresó lo siguiente:

  • T: ¿Desde cuándo le interesan a Vd. todas estas cosas (de ovnis)?

  • P: Cambié a los diecinueve años, cambié de tema porque hacía culturismo de pesas y cuando vi que no me salían los músculos de las revistas esas lo tiré y me cambié a la magia.

  • T: ¿Qué busca Vd. en todo eso?

  • P: Pues que aparezcan personas y desaparecen así por el carbono catorce.

  • T: ¿El carbono catorce?

  • P: El carbono catorce es el que utilizan las astronaves de la misteriosa quinta fuerza. La misteriosa quinta fuerza, bueno, desaparecen por la máquina cinco, el ovni, el platillo volante y luego la quinta esencia que es la sangre. Esto lo dicen en un libro de vampiros, que compré hace tiempo.

  • T: ¿Qué significa esto de la quinta esencia?

  • P: Significa la vida que tiene la sangre dentro. La quinta esencia es la sangre de los vampiros; yo no he visto vampiros pero sí he visto vudú. Lo vi en una casa de Sentmenat, que está detrás del Panadés.

  • T: ¿Sentmenat está detrás del Panadés?

  • P: Está detrás del Panadés, la carretera que va hacia allí. Yo la cogí rodeando la casa por la carretera y allí había un tostén.

  • T: Qué es un tostén?

  • P: Es un tronco con figura humana. Allí hubo vudú. Y yo creía que había una serpiente y todo porque para haber vudú parece que había una serpiente, que era invisible. La serpiente me picó en la mano.


La entrevista fue derivando hacia temas relacionados con naves espaciales, extraterrestres y elementos mágicos relacionados con números. Si bien su discurso resulta difícil de comprender no lo es menos el hecho de que sus contenidos no manifiestan elementos persecutorios. El paciente iba edificando un mundo posible en el que su lugar era determinado por su relación con los ovnis y los extraterrestres. En este sentido, aunque el diagnóstico según el DSM IV sea el de Esquizofrenia Paranoide, desde el punto de vista que nos interesa cabe establecer el de período parafrénico. En efecto, su mundo posible ha dejado de ser persecutorio y ahora su situación es la de un sujeto que vive una pacificación de sus vivencias de influencia. Sin embargo, ello no ha podido desarrollarse sin una merma simbólica ya que las palabras han dejado de significar lo que significaban y han pasado a ocupar lugares fácilmente intercambiables.

Por tanto, en este caso se asiste a una dislocación de los postulados de significado así como a una seria transgresión de las leyes físicas, del tiempo y del espacio. Finalmente, las reglas regidoras del discurso también están alteradas tanto en su nivel semántico como en su nivel de certeza en la enunciación.

CASO VI: J.G.
Se trata de un paciente de 33 años cuya enfermedad psiquiátrica se inició a los 18 años en forma de un brote agudo cuando estaba realizando su servicio militar. Poco tiempo después empezó a presentar ideas delirantes sobre temáticas religiosas y místicas. Fue ingresado en una unidad de agudos de un hospital general permaneciendo allí tres meses. Después de ser dado de alta no siguió controles ambulatorios. Una nueva descompensación se manifestó a través de una fuga de domicilio siendo recogido por la policía. Fue ingresado nuevamente manifestando un delirio místico y afirmando que había estado ingresado en el más allá.

Durante el ingreso refirió alucinaciones auditivas, de contenido místico, según las cuales “Dios me habla y me dice que puedo eliminar el mal del mundo”. Posteriormente: “Yo viajé de Madrid a Tarragona con el Rey Juan Carlos, bueno, no le vi pero tuve la sensación de que estaba allí”. El fragmento de la entrevista mantenida con él ilustra su posición en la psicosis:


  • T: ¿Qué buscaba en Madrid?

  • P: Ver al Rey y decirle algo que Dios me había dicho para él. Y, efectivamente, fui a Madrid, fui al Palacio de la Zarzuela y allí no me dejaron entrar y le dí lo que Dios me había dado para él: unos versículos de la Biblia, de Isaías y de Timoteo; simplemente eso.

  • T: Cómo se lo dio Dios a Vd?

  • P: En revelación y fue el día tres de noviembre.

  • T: ¿Cómo fue esa revelación?

  • P: En revelación, para el Rey. ¿No entiende eso de la revelaación?

  • T: Intente explicármelo.

  • P: Yo estaba de vigilia aquella noche. Entonces vino una voz a mi ser y me habló de Isaías, 59-21, no estoy seguro; y me dio esto para el Rey Juan Carlos. Yo estaba enb oración y en ayuno, estaba solo en casa y mis padres no estaban, ni mis tíos, y me dio Dios esta palabra para el Rey. Oí la voz, interiormente, como un silbido, algo muy dulce; no puedo explicarlo en palabras, y, entonces, fui al Palacio de la Zarzuela y le di este mensaje al Rey Juan Carlos, que decía: Tu puedes sufrir penalidades como las sufrió Jesucristo”. Y, luego, lo de Isaías: “Les dejaré a tu descendencia y a los hijos de tu descendencia...”. No me acuerdo ahora bien de las palabras. Y se lo di al Rey.

  • T: ¿Para qué se lo dio al Rey?

  • P: Porque Dios me había hablado que era para el Rey. Es igual que el día veintitrés de febrero del ochenta y uno. Dios me dio un pasaje que decía que el pueblo de España se iba a rebelar para con el Rey, por España y entonces yo también le di una pasaje del Antiguo Testamento al Rey, estando en Sant Boi.

  • T: ¿Cómo se lo pudo dar si estaba en Sant Boi?

  • P: En una carta, poniendo capítulo tal, versículo tal, del pasaje tal de Reyes o Crónicas. Y se lo mandé en una carta diciéndole que iba a haber un desastre, de rebelión. Eso fue en el ochenta y uno. Y luego, el día seis de enero del ochenta también dios me habló de esta forma: “No esté triste tu corazón porque esta vez no vas a fracasar, porque tuya es la victoria”. Esto se lo envié al Rey por teléfono, un telegrama por teléfono. Se lo di También al Rey. Y esa fecha también ocurrió algo especial, el seis de enero del ochenta.

  • T: ¿Cómo es que Dios le hace estas revelaciones?




  • P: Pues porque soy un elegido de Dios. El me lo ha confirmado en varias ocasiones. El me eligió antes a mi que yo a El.



Este fragmento, perteneciente a la entrevista con uno de los pacientes del pabellón de crónicos de un hospital psiquiátrico, ilustra de manera clara un caso de psicosis en estadio parafrénico. El paciente presentaba una estabilización de varios años, no precisando más que una pequeña dosis de neuroléptico. El paciente mostraba esa diplopia de la que hacía referencia De Waelhens: identificado con el alto personaje de su delirio, pero estando también fuera, conectando sin problemas con nosotros.

El mundo posible de este paciente presenta, como ya ocurría en el caso anterior, unas características que le distancian del mundo real; no obstante, aquí no parecen darse alteraciones en los postulados de significado. Las leyes físicas, sin embargo, si están transgredidas en la medida que plantea la transmisión de mensajes a través de revelaciones. Finalmente, en lo que atañe a las reglas discursivas también aparece un elemento enunciativo particular: la certeza.
La formalización de este mundo parafrénico puede plantearse así:


MUNDO POSIBLE

POSTULADOS DE SIGNIFICADO

CARACTE. DE MUNDO

LEYES FISICAS

REGLAS DE DISCURSO

PARAFRENICO


+ / -

-

-

+/-


Es decir, que el mundo posible parafrénico suele presentar transgresiones importantes en los postulados de significado, sus características de mundo también se distancian considerablemente del mundo real apareciendo elementos imposibles para el mundo real. Por otro lado, las leyes físicas son transgredidas en tanto la temporalidad transcurre de otra manera: pasado y futuro se confunden, nacimiento y muerte pueden llegar a coincidir, etc. Finalmente, las reglas de discurso suelen transgredirse no sólo en el punto de certeza ya aludido sino también en todo lo que se refiere a los mecanismos que dotan de coherencia los discursos. De ahí su inaccesibilidad y frecuente incomprensibilidad.

  1. CONCLUSIONES



La teoría de los mundos posibles proporciona elementos sumamente útiles para dar cuenta de los fenómenos clínicos que acontecen en las psicosis. La existencia de distintos estadios o momentos en la evolución de aquellas comporta la creación o construcción de diferentes mundos posibles que, en mayor o menor grado, resultan inaccesibles para los habitantes del mundo denominado real, es decir, del mundo de la normalidad cotidiana. El psicótico, en su denodado esfuerzo por salir del caos del momento del desencadenamiento, recurre a diversos elementos con los que alcanzar la paz de su alma, la pacificación o estabilización, en términos clínicos. Sin embargo, en esta empresa, el paranoico y el esquizofrénico/parafrénico muestran diferencias importantes.

En el paranoico no se encuentran, a diferencia del esquizofrénico/parafrénico, transgresiones en el nivel de las verdades analíticas ni tampoco en el nivel de las verdades lógicas. Un paranoico no pondrá en cuestión las consecuencias que se derivan de los postulados de significado. Su mundo posible no negará la validez de proposiciones como: “Ningún soltero está casado” o “Ningún calvo tiene cabello”. En cambio, para un esquizofrénico estos postulados pueden no significar nada. Se diría que la patología del esquizofrénico se sitúa en un nivel semiótico más profundo: sintáctico y semántico; por el contrario, en el paranoico se sitúa en un nivel pragmático. El mundo posible del paranoico lo es a partir de la contingencia de las circunstancias. Para el esquizofrénico, un “soltero” podrá estar “casado”, para el paranoico el problema se situará en lo que uno u otro (soltero o casado) puedan hacer con su pareja. El paranoico construye su verdad, el esquizofrénico la nombra. El paranoico elabora sus decires presuponiendo pragmáticamente que su verdad es un secreto a voces pero ello devendrá con un total respeto por la sintaxis y la semántica, en consecuencia, su mundo nos resulta más convincente, como el día a día no cesa de corroborar.

RESUMEN:

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