Entrevista a hijo de uno de los negociadores. Mientras Gobernación recomendaba diálogo, Sedena una salida militar






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títuloEntrevista a hijo de uno de los negociadores. Mientras Gobernación recomendaba diálogo, Sedena una salida militar
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fecha de publicación18.07.2015
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Se acabaron los desayunos escolares
Héctor cursa el primer año de primaria, pero no es un estudiante sobresaliente porque la taza de café y la tortilla que todos los días desayuna no le ayudan a que “las letras le entren en la cabeza”.
Habitante de la comunidad de Guadalupe Victoria, en el municipio de Xochistlahuaca, Guerrero, Héctor dejó de tomar leche y comer las manzanas que le daban en el comedor comunitario porque a pesar de que en esta localidad de indígenas amuzgos más del 60 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza extrema, los programas de apoyo alimentario se suspendieron.
Hace un año dejó de recibir los desayunos escolares que de lunes a viernes le entregaban en la escuela y que representaban la única manera de consumir una ración de leche al día, alimento que en su casa no es posible comprar porque el precio de un litro es superior a los ingresos diarios de su hogar.
Con la apariencia de un niño de cinco años a pesar de que tiene siete, Héctor tampoco acude al comedor comunitario, porque al igual que los desayunos escolares, los insumos que enviaba el DIF estatal para la preparación de los alimentos dejaron de llegar.
Sin desayunos escolares y sin comedor comunitario, desde hace más de un año la dieta del menor se redujo a los alimentos que se pueden comprar con los 20 pesos que cada semana ingresan a su hogar: tortilla, frijol, arroz y, de vez en cuando sopa.
Hace un par de años murió su abuelo y sin el ingreso por su trabajo como peón en el campo, su abuela, María Teresa, comenzó a vender pollo casa por casa, actividad por la que obtenía una ganancia diaria de 10 pesos, pero que abandonó porque desde hace unos meses sus dolores de espalda y de rodilla le impiden caminar.
Actualmente el único sustento es Maribel, su madre. En esta comunidad en la que la actividad económica principal es el campo, la única fuente de empleo posible para las mujeres es la confección de telares.
No obstante, debido a que la mayoría de la población femenina se dedica a esta actividad, el precio de los mismos es bajo, al igual que la ganancia que cada uno deja para las familias.
Cada telar que Maribel confecciona a lo largo de la semana y vende en el tianguis del pueblo los domingos, tiene un precio de alrededor de 150 pesos de los cuales 130 los vuelve a invertir en la pieza que venderá la semana siguiente. Maribel reconoce que el problema de esta comunidad no es la disponibilidad de alimentos, pues en el pueblo existen tiendas en donde se venden productos básicos. Incluso, dice, hay una tienda comunitaria en donde los productos son más económicos.

El problema, asegura, es que no hay fuentes de trabajo que les permitan a las familias contar con recursos para comprar los productos que ahí se ofertan; mientras que por los empleos que existen pagan salarios tan bajos que aún con ese ingreso, la capacidad de las familias para comprar alimentos es mínima.
Maribel señala que mientras no regresen los programas alimentarios del gobierno, su hijo no podrá consumir alimentos diferentes a los que ella puede proporcionarles, mismos que hasta ahora no han logrado evitar que la piel de su abdomen se le pegue a los huesos.
La despensa de Rufina
En la despensa de Rufina hay sólo un puño de azúcar, medio kilo de arroz, una tortilla dura, un limón seco y una botella con unas cuantas gotas de aceite, recuerdo de lo que queda del apoyo que cada dos meses recibe del programa Oportunidades.
Tiene cuatro hijas y en lo que va de la semana su esposo, un trabajador del campo, no ha conseguido trabajo un solo día de la semana.
Los 15 pesos diarios que una mujer del centro de Xochistlahuaca le paga por tejer un telar es el único ingreso que esta semana ha entrado a su casa, por lo que media olla de nixtamal y un poco de arroz es lo único que hay para comer hoy. Rufina y su familia forman parte de los más de 21 millones de personas que, de acuerdo con el Coneval, viven en pobreza alimentaria, pues la incertidumbre de no saber si habrá para comer al día siguiente ha estado presente en su vida desde hace más de dos décadas.
Con 40 años de edad, esta mujer indígena amuzga explica que el único ingreso fijo que recibe es el apoyo del programa Oportunidades; no obstante, ante la falta de trabajo para ella y su esposo, éste es insuficiente. Cada dos meses recibe alrededor de mil 500 pesos que se acaban mucho antes de que reciba el siguiente apoyo, lo que deja en la incertidumbre a su familia.
Dice que alrededor de 900 pesos lo destina a la compra de frijol, arroz, maíz, jabón, café y azúcar; no obstante, las reservas que puede comprar con ese dinero se le agotan poco después de que concluye el primer mes porque son siete los que se alimentan con los apoyos que entregan para dos personas. El resto de los recursos lo destina a la compra de útiles escolares.
Habitante de una choza de adobe y con hijas que se encuentran por debajo de la talla y el peso indicado para sus edades, Rufina debería recibir apoyos económicos por sus cinco hijas; no obstante, ella se enfrenta al obstáculo que la mayoría de los programas sociales registran: sólo puede afiliar a los hijos que cuenta con acta de nacimiento, el resto de los niños se quedan fuera de éstos aún cuando lo necesiten.
Su esposo y ella tratan de completar el gasto, pero al igual que en las grandes ciudades, sus edades son un obstáculo para conseguir algún empleo.


Los empleadores del municipio de Xochistlahuaca prefieren contratar a los jóvenes que desertan de las escuelas para contribuir al ingreso familiar porque son considerados más productivos que los hombres que, como el esposo de Rufina, ya superan los 40 años de edad.
Las mujeres, por su parte, se decidan al tejido de bordados, actividad que aunque para muchas familias representa el único ingreso posible, no representa una posibilidad para mejorar la calidad de vida de las personas.
La mayoría de las mujeres tejen telares y, ante la sobreoferta de éstos, los precios a los que los pueden vender no supera los 150 pesos, de los cuales una cantidad importante se vuelve a invertir en la compra de los hilos que se requieren para seguir produciéndolos.
Rufina dice que siente coraje, porque ella y su esposo son personas con ganas de trabajar; no obstante, nadie los voltea a ver porque hay personas más jóvenes dispuestas a hacer el mismo trabajo que ellos por la misma paga que, en el municipio de Xochistlahuaca, no sobrepasa los 200 pesos semanales.
Prepararse para ser madre
Mauricia tiene 12 años de edad pero se conduce como toda una ama de casa. Cursa el quinto año de primaria y ya sabe encender el fogón, hacer tortillas, preparar la comida, lavar la ropa y, cuando su madre no está en casa, es la responsable de cuidar a Fidelio, su hermano de poco más de un año.

A los ocho años su madre le enseñó a cocinar y, desde entonces, todos los días después de llegar de la escuela, prepara los alimentos que su familia consume a la hora de la comida.
Vive con sus padres y sus tres hermanos en un pequeño cuarto de paredes de adobe y techo de lámina de cartón en el que se amontonan dos catres: uno para ella y sus hermanas Lucía de 10 años, y Valeria de 8, y otro para sus padres y su hermano Fidelio, el menor.
Apenas está entrando a la pubertad y ya conoce los trucos que las mujeres de esta comunidad enclavada en la Costa Chica de Guerrero han utilizado por décadas para hacer que la comida alcance para toda la familia, pues de acuerdo con el INEGI, en las zonas rurales éstas se encuentran conformadas por cinco integrantes, en promedio.
Por ello coloca hojas de hierbasanta -una hierba que crece por montones en este lugar- a los frijoles, para hacer que el caldo de éstos espese y adquiera un sabor menos insípido.
También hace a mano tortillas gruesas y grandes, pues al igual que la mayoría de los más de 31 mil habitantes de Xochistlahuaca, su familia consume una gran cantidad de tortilla para llenar el estómago.
El que a sus 12 años Mauricia ya realice las actividades de una ama de casa es parte de una tradición que reproduce el círculo de la pobreza, pero que está muy arraigada en esta comunidad: a las mujeres se les enseña a realizar los quehaceres del hogar desde niñas, porque ante la falta de oportunidades de educación y trabajo, la edad promedio para contraer matrimonio y comenzar a tener hijos son los 16 años.
Actualmente el promedio de escolaridad en mujeres de localidades indígenas es de 4.5 años, según cifras oficiales; mientras que el promedio de hijos nacidos vivos para este sector es de 2.5, superior al promedio nacional que, de acuerdo con el INEGI, es de 1.7.
El caso de su madre, Isaura, es un ejemplo de ello: cuando tenía 10 años de edad, su padre la sacó de la escuela para que su madre, otra indígena que tampoco concluyó la primaria y se casó siendo apenas una adolescente, le enseñara a hacer la comida y cuidar a sus hermanos.
Seis años después su padre, un campesino que nunca acudió a la escuela, la casó con un joven de la localidad, también menor de edad, lo que redujo el número de bocas que alimentar en su casa paterna.
A sus 28 años edad, Isaura ya tiene cuatro hijos que ha dado a luz en intervalos de dos años, en promedio: Mauricia de 12, Lucía de 10, Valeria de 8, y Fidelio de poco más de uno.
Isaura dice que le gustaría que Mauricia y sus hermanas concluyeran al menos la primaria, pues resultaron ser muy buenas estudiantes.
No obstante, reconoce que lo más seguro es que en unos cuantos años, su esposo la case con algún habitante de la localidad. Entonces, indica, su lugar será ocupado por Lucía, quien ya sabe lavar la ropa, ayuda a hacer las tortillas y comienza a ser entrenada en el cuidado de su hermano Fidelio, para cuando dé a luz a sus propios hijos.
Niños de 2 kilos
Son las nueve de la mañana y Tranquilina, una de las parteras más socorridas de la comunidad de Guadalupe Victoria, pesa a un bebé que nació hace escasas 12 horas. 2.5 kilos indica la báscula que aún tiene pegado el logo de la fundación Vamos México, la organización civil fundada por Marta Sahagún, la ex primera dama.
Con 46 años de experiencia, la partera declara que este niño está sano, pues se encuentra por encima del peso promedio que registran los niños que nacen en esta comunidad en donde de acuerdo a cifras oficiales, cerca del 64 por ciento de su población ha padecido hambre o tiene un limitado acceso a los alimentos.
Para Tranquilina, un niño con dos kilos de peso es un niño sano, porque los bebés que ha ayudado a nacer registran ese peso en promedio. El que lleguen al mundo delgados y pequeños no es raro para ella, tampoco lo es que sus madres acudan a consultarla más de una vez durante el embarazo por malestares relacionados con una deficiente alimentación.
Tranquilina no sabe que el peso promedio de los recién nacidos de esta localidad guerrerense es, al menos, 500 gramos menor al promedio mínimo recomendado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, que es de 2.5 kilos.
Tampoco sabe los males por los que la mayoría de las mujeres y habitantes presentan síntomas relacionados con la desnutrición.
Dice que al igual que la mayoría de sus consultas por dolores de cabeza, el cansancio y la debilidad son padecimientos que ella cataloga como “antojo” y que cura recomendándole al enfermo que consuma la comida que le apetece o que ella determina después de examinarlo, la cual generalmente es carne de res, de cerdo o de chivo.
La desnutrición en esta comunidad de indígenas amuzgos ha generado problemas de salud que cada vez son más comunes.
Algunos niños no pueden hablar, otros presentan protuberancias en los huesos y otros más tienen problemas de la vista.
Un ejemplo es Isaías Gómez. Tiene tres años pero parece un bebé de menos de dos, sus padres no saben si puede hablar, porque a pesar de sus intentos por enseñarle a pronunciar algunas palabras básicas en amuzgo, nunca ha emitido alguna de ellas.
Desde hace más de dos años, cuando comenzó a caminar, se hace entender a través de señas que su madre y su abuela tratan de interpretar.
Su madre, Micaela, tiene 23 años y es madre de Albina y María de Carmen, de 10 y 6 años de edad, respectivamente.
A pesar de la mudez del menor, no ha sido revisado por un médico, pues a decir de su madre, llevarlo con uno implicaría gastar alrededor de 300 pesos, cantidad superior a los ingresos que su familia recibe en una semana.
Micaela indica que llevar al menor a un médico significaría gastar en el pasaje, pero también en un traductor, pues los médicos de la región solamente hablan español.
Ante la imposibilidad de llevar a Isaías a un médico, Micaela indica que esperará hasta que el menor ingrese a la escuela a fin de que ahí le enseñen a hablar.
YUCATAN: Buscan darle voz al pueblo maya con una Ley: Chimal Kuk

La Verdad
El presidente de la Comisión Para el Respeto y Preservación de la Cultura Maya del Congreso del Estado, Francisco Javier Chimal Kuk, afirmó que pese a las leyes que se ha hecho a favor del pueblo maya, éste sigue sin ser escuchados en temas tan esenciales como si están de acuerdo o no en obras públicas en sus propias comunidades.

El problema de México y sus pueblos indígenas no es de leyes, sino que no se aplican las leyes- afirmó.
Por ello, es que como integrante de la bancada panistas en el Congreso local pugnará en este Segundo Periodo de Sesiones por una ley que promueva la participación de los pueblos indígenas mediante la opinión de aprobación o no para obras en sus comunidades.
-Muchas veces se da el caso que las autoridades llegan a las comunidades para instalar una obra pero no le han preguntado al pueblo si realmente se necesita. Eso es lo que queremos evitar, que la gente siga sometida a órdenes o indicaciones de gente que no sabe sus necesidades- dijo.
Para Chimal Kuk, la ley de preservación de la cultura que se aprobó en la Legislatura pasada es buena, por que promueve que haya intérpretes en los juzgados para apoyar a los indígenas, que se conserven los usos y costumbres de esa parte de la población yucateca, pero hay un gran vacío en cuanto a la participación de los miembros de la comunidad.

-A nadie se le pregunta cuales son los problemas de las comunidades, cómo los resuelven o si tienen interés en aprobar o no una obra, por eso, con el objeto de dar una mejor y más justa atención a la población indígena de nuestro estado, impulsaremos la normatividad que regule la Consulta para los Pueblos Indígenas- sentenció.
Dijo que el ejemplo de la participación de los indígenas mayas sería en la participación en los Programas Operativos Anuales en las comunidades.

Si una carretera va a pasar por una comunidad hay que preguntarle si están de acuerdo. Ciertamente va a traer beneficios, pero hay que ver si los perjuicios no serán mayores en sus tierras y poblaciones- explicó.
El diputado panista Chimal Kuk también es secretario en la Comisión de Salud y Seguridad Social y vocal en la Comisión de Justicia y Seguridad Pública.
YUCATAN: ¿Quién conoce al ejido...? Vídeo homenaje

Los jóvenes ejidatarios ¿Aún están interesados y sueñan con la tierra para cultivarla tal como fueron sus padres y abuelos?

Tomas Vera Pren, antes de su muerte, nos compartió sus experiencias sobre el tema ejidal y hoy se lo presentamos a través de esta dirección electrónica: http://search.mywebsearch.com/mywebsearch/video.jhtml?searchfor=el+ejido%2C+jose+alberto+vitorin&id=Z1xdm041YYmx&ts=1358654967199&n=77DE8857&ptnrS=Z1xdm041YYmx&ss=sub&st=hp&ptb=9D470E19-95D6-4CD3-A600-C08E9E27CFD0&tpr=sbt&si=CNy3wdO5yKwCFcfv7Qodwy3yrg

Bernardo Caamal Itzá
Peto. Tomás Vera Pren, a unos meses previo a su muerte, nos concedió en su momento una entrevista en donde nos compartió la importancia del ejido mexicano, el modelo en que está organizado y de su relación con los proyectos productivos.
Al hablar en relación a los jóvenes yucatecos, resaltó, es de interés que miren de nuevo al campo y sobre todo que no vendan sus tierras, porque “aun la crisis no ha concluido y el hecho de tener la seguridad de la tierra, hay una oportunidad para regresar para cultivarla o por lo menos generar los propios alimentos”

Aunque actualmente nos vendan la idea de que en la ciudad existen muchas oportunidades para emplearse, basta mirar en el entorno para saber que no es cierto, lo que es cierto es que no las hay, sólo existen los contratos y que al final, no arraigan sino que sólo se aprovechan la juventud de los trabajadores y lo peor, mal pagados, puntualizó.
Comentarios de este tipo, asombra a propios y extraños, y por otro, asombra la versatilidad de Tomás, sin embargo, su sencillez fue palpable en los trabajos que realizó con los campesinos peninsulares, sin perder de vista el debate especializado en los foros internacionales donde participó.
Trabajó incansablemente en varios proyectos y colectivos, lo relacionado al ejido henequenero, milpero, citrícola y en la apicultura con el tema de los “No a los transgénicos” participando activamente en varios foros campesinos organizados en Mérida, Tekax, Peto, Maxcanú y Hopelchén (Campeche).
La política, la economía, el desarrollo, las redes y los sistemas de comunicación, el ejido henequenero, la apicultura y la producción maicera, fueron temas de su interés; de ellos se inspiró para escribir numerosos artículos, mientras que sus trabajos, han sido fuente de consulta y reconocidos por otros especialistas en el ramo. La “Crónica de una legislación abortada”, uno de sus numerosos artículos escritos, bosqueja la forma en que Tomás percibe al mundo y en sus intervenciones, recalcaba “señores, tienen que conocer y participar, el mundo está cambiando y apóyense a través de sus hijos”
Como profesional, supo trabajar con varias instituciones y cultivar su preciado círculo de amigos, lo cual fue integrado por un selecto grupo de investigadores dispuestos a apoyarse mutuamente, de tal forma que los foros y tertulias que organizó, siempre fueron muy valiosas y formativas. Tomás, siempre estuvo pendiente de sus amigos, sus recomendaciones llegaban siempre en el momento necesario.
Por tanto en esta ocasión, a través del vídeo le hacemos un sencillo homenaje a Tomás Vera Pren, a quien siempre creyó en la tierra y de quienes la trabajan y, en este documental él nos habla en relación al ejido y por otro, se resaltan ejemplos de experiencias sobre el mismo tema tal como lo observado durante el intercambio de experiencias realizado en Ixmilquilpan, Hidalgo, por el Consejo Municipal de Desarrollo Rural Sustentable de Peto en el año 2006.
En éstos momentos de crisis económica, política, social y cultural, vale la pena entonces conocer a las leyes que ampara al ejido y de igual forma de las recientes modificaciones a la ley mexicana, como es el caso del artículo primero que apuntala los derechos, y la relación que tiene con las declaraciones internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la declaración de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en torno a los derechos de los pueblos indígenas.
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