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2 de diciembre de 2009

La Mujer en el Comic

Les dejo este interesante y extenso post, a cargo de nuestro buen amigo Eduardo Franco.



El pintor belga René Magritte tiene una obra llamada La ilusión de las imágenes. En esta pintura se nos muestra una pipa perfecta, pero una frase en francés nos advierte «Esto no es una pipa».

Tras pasar un par de minutos contemplándola, el observador se da cuenta: ciertamente no es una pipa lo que está mirando, sino la imagen de una pipa. Una representación muy perfecta de la realidad, pero no la realidad misma.

A la hora de estudiar la imagen de la mujer en el cómic, hemos de hacer caso a la advertencia de Magritte. Lo que vamos a ver en las viñetas no es a la mujer en sí, sino una representación -a veces muy acertada, a veces muy utópica- de la mujer. Tendremos que preguntarnos quién ha creado esa imagen, en qué contexto, y a qué público se dirige. Y son justamente esas preguntas las que, aunque de forma escueta, queremos responder aquí, ciñéndonos a un espacio y a un tiempo determinados: los EE UU durante la primera mitad del siglo XX.


Una sociedad en continuo cambio

Hoy día resulta difícil imaginar el impacto que la sociedad estadounidense debió causar a los visitantes europeos de principios del siglo XX. Vivimos en una época en la que damos por hecho que las familias sean pequeñas, de cuatro o cinco individuos lo más, donde la publicidad inunda nuestras vidas, y donde las ciudades son enormes colmenas de asfalto y cemento. Pero a principios del siglo XX, EE UU era uno de los pocos países con éstas características, o que le valió ser considerado uno de los países más modernos y avanzados de su tiempo.

Desde el fin de la Guerra de Secesión en el XIX, con la victoria del norte industrial, la transformación del país en una gran potencia industrial fue inevitable. La necesidad de mano de obra en las ciudades permitió que las mujeres, sobre todo a partir del siglo XX, pudiesen salir del hogar para conseguir trabajos remunerados.

Pero será sobre todo con la I Guerra Mundial que la mujer comience a mostrar importantes cambios en su rol tradicional. El aumento de la producción bélica - primero para venderla a Gran Bretaña y sus aliados, luego para uso propio - y la movilización de los hombres, provoca que la mujer comience a ocupar puestos que hasta entonces le habían estado vedados. La mujer blanca ocupa el puesto del hombre, y la mujer negra el puesto que las mujeres blancas dejan libres.

Y aunque una vez terminada la guerra las mujeres deben devolver sus empleos a los hombres que vuelven del frente, se ha conseguido demostrar que pueden hacer el mismo trabajo que un varón. Este reconocimiento acabará por otorgarles el derecho al voto pocos años después, en 1920.

Los cambios no son sólo laborales. Las familias urbanas tienen menor número e hijos que las de campo, y al ser la sociedad estadounidense eminentemente urbana, tenemos que contar también con el descenso de la natalidad que ya desde el siglo XIX se venía produciendo, pero que se hace patente sobre todo después de la I Guerra Mundial. El rol de la mujer empieza a variar, pues a la menor cantidad de hijos ha de sumarse que el papel de educadora lo va a asumir progresivamente el estado.

También la forma de ser de la mujer varía. La procreación, como ya hemos visto, no es el eje del matrimonio, lo que lleva en los años 20 a romper con la tradición victoriana, y se busca un nuevo modelo de feminidad. Por lo tanto, valores como la delicadeza, la timidez y la sumisión dejan lugar a la belleza, el vigor y la sociabilidad.

A pesar de la depresión económica que se inicia en 1929, las mujeres siguen dando pasos hacia adelante. Son muchas las que tienen ahora la oportunidad de desarrollar estudios secundarios y de mejorar su formación. Esta mejor preparación quedará patente con la entrada de EE UU en la II Guerra Mundial a finales de 1941, cuando la mujer tenga que volver a las fábricas, a las oficinas, e incluso entre en el ejército - desempeñando cargos administrativos, eso sí – para reemplazar la mano de obra movilizada hacia el frente.



Tira de Winnie Winkle, una de las primeras tiras con una mujer como protagónico.

Pero a pesar de todos estos cambios, la mujer en EE UU dista mucho de alcanzar la igualdad y la independencia. Su sueldo, para empezar, va a ser menor que el de un varón. Además, su puesto de trabajo nunca dejará de ser provisional en tiempo de guerra, y algunas empresas incluso obligan a las mujeres a firmar contratos que incluyen una cláusula de despido en caso de que la guerra acabe y el antiguo ocupante del puesto de trabajo quiera reincorporarse.

A pesar de unos nuevos valores de belleza, de feminidad, e incluso de sexualidad más libre, la mujer no deja de estar sometida al hombre. Debe ser bella y sociable para gustar al varón, por lo que la homosexualidad femenina o la soltería son duramente criticadas. A la mujer que no encuentra un hombre, y más ahora que se la incita a disfrutar de su sexualidad, se la tacha de irracional, enfermiza, marimacho o simplemente frígida.

No es de extrañar que una vez acabe la II Guerra Mundial, la mujer sea incitada a recuperar el papel de esposa, madre y compañera. Todos estos cambios, los positivos, pero sobre todo los negativos, van a ser fielmente reflejados en los cómics estadounidenses a lo largo de su primer medio siglo de existencia. ¿Pero con qué intención es utilizada la imagen de la mujer? ¿Quiénes son y qué pretenden los autores?

La importancia de la imagen

Los cómics comienzan siendo un truco de los periódicos para conseguir mayores ventas. Y como a principios de siglo son los hombres los que compran la prensa, es a ellos a quienes van dirigidos los cómics. Incluso si se pretende que un cómic sea leído por niños o amas de casa, deberá gustar previamente al padre/marido, que es quien elige el periódico que se compra.

Al hablar de cómics hemos de tener presente que nos referimos a un producto destinado a las masas, lo que contribuirá a la consolidación de una narrativa estereotipada, con personajes fijos y tramas muy predecibles.

No debe de extrañarnos entonces que la imagen de la mujer que aparece en los primeros años del cómic sea anecdótica. Se hace hincapié en los estereotipos que el lector ya conoce, pero no se llega más allá.

Sin embargo, a lo largo de los años 10 la mujer gana importancia. Por un lado, muchas mujeres comienzan a tener recursos propios, fruto de su trabajo, y pueden permitirse elegir qué periódico comprar. Por otro lado, el estallido de la I Guerra Mundial hará que la propaganda bélica muestre a una nueva mujer, capaz de trabajar igual que un hombre, tan valiente y tan fuerte como para poder mantener en pie al país.

Puesto que la imagen de la mujer está cambiando, y como hay un nuevo público de lectoras al que dirigirse, los cómics de la prensa empiezan a incluir protagonistas femeninas a principios de los años 20. Desde temas clásicos, como la moda, que se muestra en series como Winnie Winkle de Martin Branner, hasta las primeras protagonistas que trabajan fuera del hogar como la oficinista Tillie the Toiler de Russell Channing. También aparecen personajes entrañables, que alcanzan cifras millonarias de lectoras, como es el caso de Little Orphan Annie – Anita la huerfanita-, cuyas aventuras inicia Harold Gray en 1924, y que aún hoy día se siguen publicando.





Sin embargo, estos cómics están hechos por hombres, y dan una visión masculina y edulcorada de la realidad. Aunque el público femenino puede elegir, lo que se le ofrece es una serie de estereotipos nuevos que obvian los temas más controvertidos, como los métodos anticonceptivos que usan la mayoría de las mujeres en la época, el maltrato doméstico, o el libre uso de la sexualidad.

Tras la crisis del 29 aparece un nuevo género de cómic: la aventura. Tarzán, Buck Rogers, Príncipe Valiente, Flash Gordon, Terry y los Piratas… son héroes masculinos que van a entretener durante unos minutos a los estadounidenses de sus problemas cotidianos. Todos van a tener una compañera femenina junto a la que vivirán fascinantes y exóticas aventuras que encandilarán a varias generaciones de lectores.



Al ir recuperándose la economía, y sobre todo desde las movilizaciones de guerra a partir de los últimos días de 1941, la mujer vuelve a elegir qué leer. Aparecen entonces toda una serie de heroínas a imitación de los héroes masculinos, que tienen un éxito doble, ya que atraen tanto al lector masculino - son mujeres bellas y, a veces, poco vestidas - como al lector femenino, que se identifica más con personajes de su mismo sexo. Curiosamente, durante la guerra, e igual que en otros sectores, las mujeres comenzaron a trabajar en los cómics, debido a la falta de dibujantes masculinos.

Nace así el mito de que los cómics destinados a la mujer alcanzan, durante los años 40, un auge sin precedentes. Cuando se habla de la igualdad que consigue la mujer durante la guerra, se pone como ejemplo la cantidad de heroínas que había en los cómics. En el epígrafe de Conclusiones, no obstante, daremos cifras que desmientan esta idea.

Al finalizar la guerra, y al volver las mujeres a sus hogares, se intenta recuperar a la chica dulce y hogareña, y desechar la imagen fuerte y valiente que la propaganda - y los cómics fueron, qué duda cabe, una propaganda excelente - nuevamente había mostrado durante el conflicto.

Arquetipos y estereotipos

Vamos a repasar los roles y las conductas que adoptan las mujeres en los cómics. Nos ha parecido interesante comentar qué géneros había, y cómo se retrataba en ellos a la mujer.

* Family Strips:

Consisten en mostrar a una familia cotidiana, y hacer reír al lector con las cosas que les ocurren a sus miembros. Suele ser un humor cotidiano y realista. Este estilo de narrar historias se da principalmente en la prensa, comenzando a hacerse popular en la década de los años 10, y manteniendo el tirón hasta hoy día.

En 1955 se publica un estudio llamado Male and Female Relations in the American Comic Strip (Relaciones entre hombres y mujeres en las tiras de prensa americanas), dirigido por Gerhart Saenger. Este estudio se realiza a partir de cómics publicados en periódicos de Nueva York de 1950, y mostraba unos resultados sorprendentes: El 96% de los hombres solteros que aparecen en los cómics consultados son más altos que las mujeres que les acompañan, pero sólo el 50% de los hombres casados son más altos que sus esposas. La mayoría de los personajes solteros muestran una fuerza inusitada, a veces sobrehumana, mientras que los personajes casados son normales o débiles.

A esto se puede sumar otro estudio, esta vez de Francis E. Barcus llamado The World of Sunday Comics (El mundo de los comics dominicales) , que analiza la distribución de la población mundial si nos atenemos a lo que vemos en los cómics: El 72% de los seres humanos son varones. Los hombres llegan a la vejez con mayor facilidad que las mujeres. Es más probable que un hombre permanezca soltero a que lo haga una mujer. Una vez casado, un hombre pierde todas sus ambiciones, mientras que la mujer se vuelve más dominante y ambiciosa.

Es indudable que existe una fuerte simbología que muestra al hombre como un ser independiente y fuerte, mientras que la mujer es más dada al matrimonio. Matrimonio que, por cierto, quita iniciativa y fuerza al hombre, otorgándosela a la mujer.



* Girl Strips:

Aparecen a finales de la I Guerra Mundial, y van a tener difusión tanto en la prensa como en los comic books. Muestran a mujeres, solteras o casadas, y los pequeños problemas cotidianos que tienen que afrontar. Suelen estar escritas en clave de humor.

Aunque son muy similares a las family strips, las girl strips tienen el aliciente de mostrar a mujeres trabajadoras. Son un modelo de conducta y de aspiraciones para las lectoras. Sin embargo, vemos que los trabajos que desempeñan son bastante conservadores: amas de casa, estudiantes, enfermeras, oficinistas, secretarias, enfermeras o modelos.



* Pornografía:

La pornografía, sobre todo en los cómics, es teóricamente imposible de producir en EE UU durante la primera mitad de siglo. Vender un cómic pornográfico es granjearse la enemistad de los miembros más respetables de la comunidad, por lo que los vendedores no querrán ese tipo de material en sus tiendas, y las editoriales no lo producirán a sabiendas de que no podrán venderlos.

No obstante, a partir de los años 20 surgen las Tijuana Bibles (Biblias de Tijuana), pequeños cómics pornográficos que muestran a personajes famosos de la época - reales o de ficción - manteniendo relaciones sexuales. Nunca se ha sabido quienes eran los autores, ni quien las editaba, ni siquiera dónde se vendían. A lo mejor en una barbería, o en un garaje, o alguien que conocía a alguien te podía vender una.

Se calcula que pudieron publicarse un millar de historias diferentes entre 1920 y 1960. Acabarán desapareciendo debido a la aparición de revistas con material erótico a finales de los años 1950, como Playboy.



Las Biblias de Tijuana son bastante curiosas a la hora de mostrar la sexualidad. Están hechas para un público masculino, así que podemos presuponer que van a mostrarnos el abanico de gustos de la época. Encontramos, por ejemplo, que las mujeres atadas y sumisas son bastante frecuentes, algo que también encontraremos más adelante en los cómics de aventuras. La homosexualidad entre hombres es una forma de ridiculización. La homosexualidad entre mujeres está bien vista, y se presupone que la mujer es tan erótica que incluso ellas mismas no pueden resistirse.

* Aventuras:

Los cómics de aventuras aparecen a raíz de la Gran Depresión, como ya indicamos. Podían tener un marco histórico y realista (Príncipe Valiente, Terry y los Piratas), de ciencia ficción (Flash Gordon) o exótico (El Hombre Enmascarado, Tarzán). A partir de 1938 aparecen también los superhéroes (Superman, Capitán América), con sus coloridos uniformes, mezcla de ciencia ficción y realismo.

Al principio, los personajes femeninos no protagonizan las historias, simplemente aparecen como villanas o acompañantes.





Catwoman, por ser mujer independiente, también le toca ser villana en los cómics
Las villanas son atractivas y profundamente sensuales. Diseñadas para despertar el interés del lector masculino, tienen una estética donde las cadenas, el látigo y el cuero juegan un papel muy relevante. Se insinúa un cierto tono sadomasoquista, aunque sin llegar al extremo de las Biblias de Tijuana. Las villanas no dudan en usar cualquier engaño para conseguir al héroe, aunque para ello deban drogarlo o embrujarlo.

La acompañante del héroe suele ser su novia, o al menos aspira a serlo. Salvo excepciones, como en Príncipe Valiente o Terry y los Piratas, suele ser mostrada como el sexo débil. Aunque es igual de bella que las villanas, la novia se diferencia de ésta por su bondad y por su buen corazón. Al contrario que sus rivales, juega limpio e intenta conquistar a su hombre con cariño y con insistencia, nunca con “malas artes”. Curiosamente, esta candidez y bondad, despiertan el interés de multitud de villanos, que querrán conseguir a la chica para ellos mismos.

Generalmente, la novia es un personaje soso, mientras que la villana resulta profundamente atractiva, justamente por no seguir las normas de conducta de su época. Una mujer “decente” - según los cánones de la época - no viste con trajes de cuero tan escotados, ni se insinúa de forma tan libidinosa. Y justamente por tener una conducta tan excepcional, el lector y el propio héroe van a sentirse fuertemente atraídos hacia las villanas.

Resulta curioso que al héroe sí se le permita tener algún que otro escarceo romántico con alguna villana, mientras que la heroína nunca cede ante las insinuaciones de los villanos. La infidelidad masculina es excusable, la femenina no.

Las heroínas aparecen principalmente a partir de la II Guerra Mundial, y permiten ver a una mujer que compite en igualdad con los hombres. Fuertes, valientes, bellas y patriotas, acaban rompiendo con el estereotipo de débiles y enamoradizas que las mujeres arrastran desde sus primeras apariciones en el cómic.



Suelen ser, eso sí, versiones feminizadas del héroe: Wonder Woman es en cierta medida Superman, aunque siempre sus historias siempre han sido criticadas por que en la mayoría de sus historias presentan a Wonder Woman en imágenes consideradas bondage, algo que va en contra de la idea original de su creador, y que incluso el aceptaba fuera publicado.



Miss América es el Capitán América en mujer, y Miss Marvel un remedo femenino del Capitán Marvel. La mujer no tiene una identidad propia en el cómic, sino que mayormente imita al hombre al realizar un trabajo que hasta hacía muy poco era eminentemente masculino.

Al ser la mujer fuerte, el novio se vuelve débil. La pareja de Wonder Woman, un militar llamado Steven Trevor, necesita continuamente ser rescatado por su heroína. Otras supe heroínas simplemente no tienen pareja, lo que llevaría a algunas voces conservadoras a preguntarse si no sería que realizaban un trabajo de hombres justamente porque eran lesbianas.

* Romance:

Surgen después de la II Guerra Mundial, y hay diferentes lecturas sobre su mensaje. Roger Sabin (1996) va a defender la idea de que estos cómics rompen con la mujer pasiva que se enamora platónicamente, o que acepta casarse con cualquier hombre que le de amor. No negamos estos argumentos, pero es evidente que se encasilló al cómic femenino en el plano romántico, mientras que el cómic masculino tocó muchos más géneros: el terror, la ciencia-ficción, la aventura, la guerra.

Se intentó - y en gran medida se logró – crear cómics diferenciados para el hombre y la mujer, mostrándose el mundo masculino y femenino de formas muy diferentes en cada tipo de publicación.






Conclusiones

La idea de que la mujer ha tenido un peso cada vez mayor en la sociedad estadounidense desde la I Guerra Mundial es, a todos los efectos, un mito. Los millones de cómics que se leían mostraban a la mujer en un papel tradicional, con apenas cambios, y los lectores y lectoras lo aceptaron sin problemas.

El derecho a voto de poco sirvió para traer la igualdad, cuando las publicaciones, los salarios, y hasta los puestos de trabajo eran bien distintos si se trataba de un hombre o de una mujer.

Incluso durante la II Guerra Mundial, cuando se supone que el papel y la imagen de la mujer tuvieron un auge sin igual, los cómics de superhéroes para chicas de una editorial importante como era Timely Comics no pasaban de ser el 12% de los superhéroes que se editaban.

Por ello, como bien dijera Anne Higonnet, cuanto más es representada la imagen de la mujer, más problemática se revela esa imagen. Solamente a finales del siglo XX comenzaron los historiadores del cómic a afrontar las contradicciones que había entre la manera de representar a la mujer, y la manera en que la mujer se veía a sí misma.

Eduardo Franco

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