El imaginario femenino de la mujer en los siglos XVI-XVII a través de los textos literarios






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fecha de publicación10.06.2015
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EL IMAGINARIO FEMENINO DE LA MUJER EN LOS SIGLOS XVI-XVII A TRAVÉS DE LOS TEXTOS LITERARIOS.
La época del Renacimiento mantiene la estructura familiar como base del entramado social que tenía una tradición de tantos siglos. Nasa se innova a este respecto. Si acaso, algunos apuntes de mayor libertad de la mujer en la cumbre social, pero poco más.

De este modo para la mujer no había más que dos destinos honorables: el de casada, o bien el de aquel otro matrimonio, el del amor a lo divino, la monja. Fuera de eso, no quedaban nada más que migajas, miradas con desprecio: las solteras se convertían en solteronas, si perdían su virginidad pasaban a ser madres solteras y finalmente rameras.

La familia era un reino en miniatura, un reino que se reproducía, los padres no solo mandaban plenamente sus hijos, sino que también, sino que también decidían quienes iban a ser los padres de sus nietos. Existe por tanto un rechazo rotundo a la formación espontánea de la familia. En el cuadro titulado el matrimonio Arnolfini de Jan van Eyck observamos la firmeza y gravedad en el pater familiae; sumisión, fecundidad y fidelidad en su dulce esposa.

También tenemos que tener en cuenta que la virginidad se pedía de la mujer pero no del hombre; lo cual tendría otra consecuencia en la vida matrimonial, donde a la esposa se le exigía fidelidad, mientras el esposo no tendría que dar cuenta de su conducta erótica extraconyugal. Esto es, prohibición para la mujer y libertad para el hombre.

De la perfecta casada ¿qué se esperaba de ella? ¿Cómo la veían los moralistas del tiempo? ¿cómo la quería y esperaba que fuese su marido? Pues bien: la querían perfecta y de ahí que fray Luis de León titulase su obrita dedicada a la mujer de la casa: la perfecta casada.

¿En qué consistía esa perfección? En primer lugar, sus relaciones con el marido; en segundo término, la crianza y educación de sus hijos. Después venía el gobierno de la casa, como autoridad indiscutible del servicio doméstico y en último lugar, el velar por la economía doméstica.

Dicho todo esto las cualidades de la perfecta casada: ser complaciente con el marido, siempre fiel y con buen semblante, entre sumiso y enamorado; con carácter firme ante los hijos, más bien severa que tierna y bondadosa, a fin de enderezarles en sus principios; vigilante con el servicio, para que cumpliera con sus obligaciones, y diligente en el gobierno de la hacienda.

Las propiedades de la mujer casada son que tenga gravedad para salir fuera, cordura para gobernar la casa, paciencia para sufrir el marido, amor para criar los hijos, afabilidad con los vecinos, diligencia para guardar la hacienda, cumplida en cosas de honra, amiga de honesta compañía y muy enemiga de liviandades de moza.” fray Antonio de Guevara, Epístolas familiares.

Además de la casada, también estaba como hemos dicho anteriormente la soltera, penoso, duro e injusto destino. La voz de alarma surgía cuando alguna virgen de la casa había dejado de serlo. Pero si la cosa seguía adelante, solo había un remedio para impedir la deshonra familiar: el abandono de la criatura, por supuesto a altas horas de la noche. Y así surge el expósito.
La monja, sería otra alternativa, pues bien, de todo ese poderío, con el prestigio social que conllevaba, participaba la y no poco la monja; por supuesto, en el grado menor que traía consigo todo lo relacionado con su sexo. En teoría, al menos que traía consigo todo lo relacionado con su sexo. En teoría al menos, la monja era colocada en el grado supremo de la mujer, por encima de la casada, por cuanto que también se había desposado, y en su caso con el Señor; claro que, de hecho, una monja cualquiera nada contaba frente a las damas de la nobleza o de la Corte. Mencionar también la monja desesperada, recordemos el pasaje del libro del secretario de cartas latinas de Carlos V, por título: Diálogo de Mercurio y Carón. El alma de la monja desesperada se acerca a la barca de Caronte, y este es su lamento:
ÁNIMA: ¡Desventurada de mí!

CARÓN: Pues decidme qué avéis.

ÁNIMA: Yo soy la desdichada que, no gozando de otro mundo, vengo agora a penar en estotro.

CARÓN: Tú te tuviste la culpa.

ÁNIMA: Siendo doncella, mis padres y hermanos me metieron monja contra mi voluntad.

CARÓN: ¿Contra tu voluntad?

ÁNIMA: Sí por cierto. Bien es verdad que yo dixe que era contenta, ero díxelo de vergüenza y después de entrada nunca tuve un día bueno, y assí, maldiciendo a mis padres y hermanos y todo mi linaje, nunca hazía sino decir: ¡O padre! ¿Por qué me engendraste? Y tú madre, ¿para qué me pariste, por qué me criaste, por qué me diste a mamar leche de tus tetas? ¿No valiera más que tú, padre, nunca me engendraras y que tú, madre, nunca me parieras ni criaras? ¿No valiera más que el mismo día que nací me ahogárades y feneciera, que no me criárades para que biva malaventuraza todos los amargos días de mi vida? Y vosotros, hermanos y hermanas, ¿qué crueldad fue esta que, por tener más de lo que avéis menester para mantener vuestros deleites y vuestra sobervia y locura, consistáis y queráis que yo, vuestra natural hermana, biba aquí encerrada y desventurada, [viéndome] y deseándome?
Monjas desesperadas, monjas infieles y, en ocasiones, monjas fugitivas. Aquella sociedad de las apariencias y de la nueva burguesía.
Por otro lado no olvidemos hablar de las marginadas, aquellas marginadas en el mundo del trabajo. La criada, un ser infeliz, con paga escasa o nula, o aplazada con promesas no siempre cumplidas. La esclava, asombroso, verdaderamente, por no decir altamente penoso, que en una sociedad tan anclada en la religión cristiana se admitiese, sin el menor reparo, la existencia de la esclavitud, también la ramera, la mancebía como una solución tan penosa como inevitable para no pocas pobres mujeres, que se ven empujadas por las miseria. Otras eran las conversas, moriscas y gitanas, por último mencionar a la bruja que es un personaje rodeado de misterio, cuyo solo nombre parece ya turbar con un no se qué de fuerza incontrolable: la bruja. Claro que al momento surge la gran duda, la gran pregunta: pero cómo, ¿es que hubo alguna vez brujas? Entendámonos, brujas con un tremendo poder, como súbditas fieles del demonio, con el que tenían pactos estrechísimos.
Jules Michelet, en su obra La bruja. Una biografía de mil años fundamentada en las actas judiciales de la Inquisición no s comenta:
A las brujas-nos dice, ya en las primeras páginas de su libro- se las encuentra, necesariamente, en lugares siniestros, aislados, malditos, entre ruinas y escombros. ¿Dónde había de vivir, si no en las landas salvajes las infortunadas, de tal forma perseguidas, malditas, proscritas? La novia del Diablo, la envenenadora que curaba, hizo mucho bien según Paracelso, el gran médico del Renacimiento…”
En La Celestina de Fernando de Rojas vemos aquel conjuro, tal que permite un pacto con los poderes infernales. Ya no se pide: se exige. Recordemos el famoso conjuro del Auto III de la Celestina, recogido por Fernando de Rojas:

CELESTINA: Conjúrote, triste, señor de la profundidad infernal, emperador de la corte dañada, capitán soberbio de los condenados ángeles, señor de los sulfúreos fuegos que los hirvientes volcanes manan, gobernador de los tormentos y atormentadores de las almas pecadoras, administrador de todas las cosas negras de los infiernos, con todas sus lagunas y sombras infernales y litigioso caos. Yo, Celestina, tu más conocida cliente, te conjuro por la virtud y fuerza de estas bermejas letras, por la sangre de aquella nocturna ave con que están escritas, por la gravedad de estos nombres y signos que en este papel se contienen, por el áspero veneno de las víboras de que este aceite fue hecho, con el cual unto este hilado, a que vengas sin tardanza a obedecer mi voluntad y en ello te envuelvas y con ello estés sin irte ni un momento, hasta que Melibea lo compre y con ello de tal manera quede enredada, que cuanto más lo mirare, tanto más su corazón se ablande a conceder mi petición, y se lo abras y lastimes del crudo y fuerte amor de Calisto; tanto que, despedida toda honestidad, se descubra a mí y me premie mis pasos y mensajes; y esto hecho, pide y demanda de mí a tu voluntad. Si no lo haces con rapidez me tendrás por capital enemiga; heriré con luz tus cárceles tristes y oscuras; acusaré cruelmente tus continuas mentiras; apremiaré con mis ásperas palabras tu horrible nombre. Y otra y otra vez te conjuro; y así confiando en mi mucho poder, parto para allá con mi hilado, donde creo te llevo ya envuelto.

I. El papel de la mujer en el Renacimiento español (a propósito de La perfecta casada de Fray Luís de León)
Vi por orden de los señores del Consejo de su Magestad, el libro de la Perfecta Casada, que compuso el muy Reverendo doctísimo Padre Maestro Fray Luys de León, de la orden de Sant Agustín, y me parece que no tiene cosa contra la fe, ni contra las buenas costumbres, sino mucha y muy buena doctrina para los casados; y así es digno que se imprima, para que todos gozen dél. Fecha en nuestro Collegio de la Compañía de Iesus, en Madrid, a veynte de Abril, 1583. Francisco Porto Carrero.” Fray Luís de León: La perfecta casada


  1. La perfecta casada y su género literario:


Es un comentario exegético tsopológico, es decir, un comentario que se hace a un texto bíblico, extrayendo y explicando su sentido moral y sus consecuencias para la “institución y corrección de las almas”, o bien un comentario que se centra en las dimensiones didácticas morales del texto bíblico. En este contexto es preciso destacar que la Biblia es una constante en la vida académica de Fray Luís de León y es el fundamento de la obra literaria del agustino [afirmaciones, basándome en el análisis de Javier San José Lara en la introducción de La Perfecta Casada]


  1. La perfecta casada. Síntesis del contenido didáctico e ideológico:


Fray Luís de León considera el estado de la mujer como cualquier otro oficio: la visión del estado de casada como oficio tiene que verse en contextos de un mundo sacralizado y jerarquizado. En éste, cada uno tiene un lugar, un oficio, es decir, unas determinadas tareas con las que tiene que cumplir (¡voluntariament!)
Este lugar material le está dado por Dios, y es –como todos los seres y las cosas- parte de una cadena, de la armonía establecida entre todos los seres y las cosas-. Parte de una cadena, de la armonía establecida entre todos los seres y cosas que existen en el mundo, creado por Dios.

No cumplir con sus tareas, por consiguiente, significa destruir esta armonía y obras contra la voluntad divina.
Fray Luís de León enuncia claramente este concepto cuando dice: “y la cruz que cada uno ha de llevar y por donde ha de llegar a juntarse con Cristo, propiamente es la obligación y la carga que cada uno tiene por razón del estado en bive, y quien cumple con ella, cumple con Dios y sale con su intento, y que honrado e illustre, y como por el trabajo de la cruz, alcanza el descanso merecido. Mas al revés, quien no cumple esto, aunque trabaje mucho en cumplir con los oficios que él se toma por su voluntad, pierde el trabajo y las gracias” (p.75/76)
Así, la cuestión de cumplir con su trabajo/ oficio/ tareas es más que una simple cuestión social o laboral es religiosa y moral, la de no oponerse a la providencia divina y un orden establecido por Dios. Todo incumplimiento, más o menos consciente, lleva inevitablemente al ámbito del pecado.

3. Deberes de la mujer casada:

A. “Engendrar en el corazón/ del marido una gran confianza”

No hay honestidad ( ésta se presupone) significa: guardar y aumentar la ganancia del marido.

  1. No ser costosa, gastadora

  2. Ser hacendosa, diligente ( el trabajo social es independiente de la clase social, del estado)


B. Ser madrugadora “que ganó por la mano al lucero” (función ejemplar para la familia/ criados)
C. Ser verdadera. Seguir trabajando en algunas horas de la noche: hilar, tejer. En todo eso se refleja la ideología ortodoxa y moral que el trabajo (en cuanto a contrario del ocio) es el remedio más eficaz contra el vicio.
D. Ser Limosnera. No tacaña y no dejar entrar en casa los falsos mendigos (“celestinas”)
E. Fray Luís de León, sin embargo, llama a las mujeres (“muchas”) “parlera”, “ventanera”, “visitadora”, “callejera”, “chismosa”, “jugadora”, “amiga de fiestas”, “enemiga de su rincón”, “de su casa olvidada y de las casa agenas curiosa”, “pesquisidora de quanto pasa, y aun de lo que pasa inventara” y “dada del todo a la risa y a la conversación” (p.128)
F. Critica muchos adornos (vestidos, joyas) y “afeytes” (maquillaje)
En resumen Fray Luís de León nos presenta el matrimonio como institución social y sacramento religioso (reproducción de la raza humana y glorificación de Dios, de claro carácter dicotómico, integrado por dos elementos complementarios de funciones muy determinadas y mayoritariamente opuestas: el marido y la mujer.

El marido asume la función pública, es decir, es responsable de la ganancia y de la representación de la familia hacia fuera, es lazo entre el ámbito exterior de la sociedad y el ámbito interior doméstico familiar.

La mujer tiene una función meramente privada que abarca todo lo familiar y doméstico. Es responsable de la administración de la casa en cuanto a mantenimiento y aumento de los bienes familiares. Además tiene que ocuparse de la crianza de los hijos y esforzarse en dar ejemplo a todos los miembros familiares incluidos los criados.

Representa lo que se llamaría el alma de la familia, ya que es responsable de la paz y de la armonía familiar. Por lo demás, en esta dicotomía se distingue una clara jerarquización de la estructura familiar: es el marido que manda y la mujer que sufre/ obedece, aunque lo haga con dignidad.

El agustino advierte claramente: “Y pues la muger, […] se dio al hombre para alivio de sus trabajos, y para reposo y dulzura y regalo; la misma razón y naturaleza pide, que sea tratada del dulce y regaladamente” (103/104) Por consiguiente, el hombre le debe un comportamiento digno y amable a la mujer por su ayuda, igual que la mujer se lo debe porque él le facilita la suministración con lo necesario. Sin embargo, la mujer de un marido, bruto y malhumorado tiene que aguantarse- e intentar mejorarlo-, y Fray Luís de León, evidentemente, no contempla en ningún momento la opción por la separación.
4. Visión Moralista-Hecho real:
4.1. Las fuentes y su valor documentario real:
Ahora tenemos que tener precaución ya que el agustino nos presenta en su obra:

  1. textos literarios

  2. tratados moralistas y religiosos

  3. documentos jurídicos


a/ b: aparecen estilizaciones, exageraciones y omisiones. Si analizamos el texto podemos ver un abuso de lo moral para explicar lo religioso.

c: en partes incompletos; en partes guarda silencio en cuanto a muchos aspectos legales referentes a la mujer. Por tanto está manipulando el texto para justificar a una sociedad que no tiene en cuenta los derechos de la mujer.
-Situación Jurídica: familia de tipo patriarcal (superioridad jurídica del padre: patria potestad)
4.2. Problemática del adulterio:
Sanción de forma indiscriminada en función del sexo. Mujer: acto sexual episódico (adulterio)

-Existen dos posibilidades de castigo:
a. mujer/ amante sorprendidos in Fraganti delicto. Era posible matar a los dos en el mismo acto [buscar testigo después y hasta encontrarlo, dejarlos en el mismo lugar]
b. En caso de sospecha/ certeza: llevar el caso ante un tribunal, si son culpables, se le entrega al marido que los podía ejecutar o perdonarlos.
La iglesia rechazaba esta práctica y también a nivel social los tribunales tenían dificultad (exteriorización de la deshonra).

Pero en caso de matar sólo a la mujer fuera de las “vías legales”- Crimen. Sería la pena de muerte para el marido (asesino).

El hombre: sólo adulterio, cuando se trataba de una relación extramatrimonial que tiene carácter permanente:


  1. Mantenimiento público de una barragana (concubina). Sanción: pérdida de hasta una quinta parte de su patrimonio.

  2. Abandono de mujer/ casa para vivir con la barragana. Sanción: confiscación de la mitad de sus bienes.

[en este caso hay que aclarar que, de cierta forma, esto no era ningún castigo, ya que la separación entre mujer/ esposo significaba en general, el siguiente reparto: mitad esposa/ mitad esposo ( a partir del siglo XVI)]
4.3. Educación:
Dos corrientes:

  1. La profeminista: se aboga por la educación de la mujer y no se ve ninguna diferencia entre la habilidad intelectual de las mujeres y la de los hombres. (por ejemplo Juan Luís Vives, Antonio de Guevara, Erasmo)

  2. La antifeminista: postura defendida por numerosos moralistas, entre ellos Juan de la Cerda, Gaspar de Astete y el doctor Huarte de San Juan: éste último trató de dar un fundamento biológico a la opinión difundida de que las mujeres eran mentalmente discapacitadas, en concreto, que no sirviesen para la instrucción intelectual. [teoría de los cuatro humores. Mujeres: frías y humedas = emocional y no racional. Hombres: calientes y secos = racionales]


5. La mujer renacentista: ¿apéndice varonil o cuerpo consciente?
Es relativamente difícil; en fin, encontrar una respuesta satisfactoria en cuanto al papel de la mujer renacentista en la sociedad de su época (aún sólo refiriéndonos a las representantes de las clases acomodadas del entorno urbano); nos vemos enfrentados con una imagen en algún grado polifacético y contradictorio en la mayoría de los casos. Y por eso, seguramente, más auténtica que el intento sintetizador de una visión demasiado global y compacta de un hecho evidentemente más complejo-que hace imposible llegar a conclusiones de tipo “la mujer sufre su opresión en todos los ámbitos de la sociedad”. Por lo tanto, nos limitamos a resaltar una contradicción decisiva que se ha podido destilar a lo largo de este trabajo.

Es cierto que la mujer, a nivel jurídico, político y religioso, tiene adscrito claramente, el papel de la parte dominada. Sólo hay que acordarse de lo dicho respecto a su estatus jurídico (imbecillitas sem fragillitas como fundamento principal de su consideración en el plano jurídico) para darse cuenta de su integración en la parte irresponsable y discapacitada dentro de una estructura social, política jerarquizada. A nivel jurídico, pues, tiene aproximadamente el mismo marco jurídico que los niños o demenciales a los que tampoco se considera plenamente responsables por sus acciones y delitos.

En cuanto al nivel religioso-moral, se puede afirmar que la postura de Fray Luís de León parece con variaciones más estrictas o más “liberales” representar el temor de lo que se consideraba el lugar oportuno para una mujer casada (y más aún si era soltera) la casa, y, de este modo, el aislamiento del exterior.

No volveremos a enumerar las múltiples razones (morales y socio-económicas) para esta clausura doméstica. Basta subrayar que, por lo que a los niveles jurídicos, político y religioso se refiere, detectamos una clara marginación de la mujer que, por otro lado, no es de extrañar desde una sociedad cuya estructura socio-jerárquica se basaba fundamentalmente en la exclusión ( y, por lo tanto, marginación social) de la mayoría de sus miembros del poder político.

A este respecto, por lo tanto, sería correcto llamar la mujer “apéndice” económico, jurídico y espiritual del sector varonil. Sin embargo, y aquí entra en juego la contradicción, hemos destacado ya el papel representativo del estatus familiar que progresivamente iba asumiendo la mujer a partir del Renacimiento. Con este papel sólo se podía cumplir en el exterior de una sociedad en la que cada vez más importaba el espacio público como plataforma de las manifestaciones públicas del mérito privado (económico-espiritual-intelectual) cualidad imprescindible para ascender en una estructura funcional de “paso” de lo privado (posición económica) a lo público (posición política). En este contexto podemos ver también la importancia de la mujer-doncella en el mercado matrimonial con su base estratégico-política, que mencionamos anteriormente, y el consiguiente aumento de influjo que pudieron obtener determinadas mujeres por el tamaño decisivo de su dote dentro de la economía familiar, tanto que incluso determinados moralistas sospecharon un peligro para la estrategia social a causa de la costumbre de la dote.

Por tanto es imprescindible que las mujeres de ciertos estados y en ciertos entornos topográficos, actúen contra las normas (morales) para satisfacer otras (socioeconómicas).

Podemos, pues, concluir con Mariló Vigil que “se suele correr el riesgo de desviarse de una regla de conducta por conformarse con otra. Blake y Davis afirman que los sistemas sociales complejos imponen a sus miembros tales exigencias que hay momentos en que los mismos no pueden conformarse, aún cuando así lo deseen.

Pensamos que esta misma contradicción de unas normas con otras nos hacen imposible la determinación exacta de un papel específico y único de la mujer renacentista.

Queda por decir que nos parece demasiado idealista la lectura de “la fuga al exterior de las mujeres idealistas y barrocas” como posible resistencia contra la opresión por parte de los hombres. Con intención de “arrinconarlas” en el ámbito doméstico.

Más bien se integra ese comportamiento “convencional” es decir, (al igual que dentro de unas normas establecidas por la sociedad) con demasiada facilidad en dicha estructura social de “doble filo”: (o de transición) por un lado nos encontramos con toda una ideología feudal arraigada en el honor del linaje, representado por la honestidad de sus representantes femeninas. Y por eso así mismo, nos encontramos con la noción de la mujer enclaustrada (para facilitar el control de esta honestidad).

Por otro lado, la mujer se convierte progresivamente en el escaparate (en todos los sentidos, tanto materiales como espirituales) de la nueva entidad económica de carácter doméstico: la familia. Será por esta función de clara ideología de base burguesa, ya que se trata de hacer público el mérito privado del representante masculino (el padre/marido) de la familia para posibilitar su ascenso político-social-que las mujeres no sólo verán poca oposición –por parte de determinados ámbitos de la sociedad- contra su comportamiento exteriorizador, sino que incluso se verán obligadas a “salir de casa” (no olvidemos, sin embargo, que será el marido beneficiario de la exteriorización de su mérito mediante la esposa, pues, esta función femenina de escaparate va acompañada de una expulsión casi total de otro ámbito público-imprescindible para la adquisición de un “valor propio” dentro de unas estructuras de claro carácter mercantil o precapitalista: el mercado de trabajo.

De este modo, la mujer –de unos estratos/ entornos más, de otros menos- seguirá cumpliendo su papel de compañera dentro de unas estructuras de jerarquización tanto horizontal (mujeres-hombres) como vertical (ámbito eclesiástico-nobiliario/ ámbito no eclesiástico –nobiliario y progresivamente ámbito poseedor de mérito-bienes/ ámbito carente de mérito-bienes).

II. La mujer en el siglo XVII a través del teatro del siglo de oro.
Es un siglo de crisis, epidemias, guerras, enfrentamientos entre lo teórico y lo práctico. Es el siglo en que nadie quiere ser él mismo. El pueblo evita la realidad. Su teatro va a contribuir a esto. Nos encontramos con dos prototipos: nobles y mujeres marginadas (mujeres nobles). Al igual que en el renacimiento, todas ellas tenían las mismas inquietudes y necesidades pero cada una se integraba de diferente forma en aquella sociedad bajo la potestad asfixiante del varón. Seguían cuatro estados: doncella, casada, viuda y monja.


  • Doncella: modesta, obediente y recatada (desde los 10 a los 20 años) los conocimientos de las mujeres son pocos y se muestran temedoras a la ociosidad. Las criadas tendrán dos funciones: doncella que atiende personalmente a las señoras y las fregonas que limpian y hacen las tareas de la casa.

  • Viuda: si se quedaban viudas y no se quedaban con la hacienda del marido, no tenían dinero y tendrán que trabajar.

  • Monjas y beatas: formaban un grupo numeroso, ser monja era una alternativa al matrimonio.


En esta época aparece con frecuencia la expresión “hacer ventana” tarea erótica de la mujer, se quedaban en la ventana para conseguir marido o para coquetear con los hombres. Ahora, no se resigna a estar todo el día en la casa, sale y ya se le apunta como deshonesta. A pesar de eso la mujer sale, se va a decidir incluso a trabajar en el teatro, sobre todo en el último cuarto del siglo XVI, aprovechando aquel auge del mismo con el nacimiento de las compañías teatrales, donde se produce a su vez una explotación de la mujer y de su cuerpo, ahora los teatros se llenan de hombres, muchas veces la mujer se vestirá de hombre o con pocas ropas. Debemos destacar también La galera que será la cárcel de las mujeres, donde van todas aquellas que cometen delitos.
El corral de comedias como lugar social:
El teatro comercial comienza en 1580, tendrá en 1600 una rehabilitación y llegaremos hasta 1680. Es lo que llamamos el siglo de oro en España. El público es el de masas de todas las categorías sociales, y ahora surgen nuevos lugares frente a los salones de teatro cortesano. Nacen los nuevos corrales de comedia que aprovechan la infraestructura ya fabricadas.

Las mujeres como público, se levantaban muy temprano “para coger un buen sitio”. Ahora aparece el término de cazuela el lugar que ocupaba la mujer en el teatro, y por cuestión de galantería, los hombres, les dejaban los mejores sitios y no se mezclaban. La cazuela estaba a un nivel intermedio enfrente del escenario. Después se hacen varios reajustes en estos teatros, la cazuela se divide en cazuela alta y cazuela baja, la alta se reserva a los nobles y pudientes, pasando las mujeres a la parte inferior de la cazuela “teniendo que hacer gradas a las mujeres para que los mosqueteros no les molesten” “las mujeres no se estaban quietas y los que vendían los refrescos servían para hacer de celestinas con los pretendientes”. Era la sociedad de las apariencias y todos/ as querían aparentar más.

Según Alvar Ebersale existían dos públicos: uno para los primeros y segundos bancos y el otro para los desvanes. Si este profesor acepta esa ubicación, no sabemos por qué escribe, que los espectadores del patio, terribles mosqueteros que asistían de pie no dejaban de molestar a las mujeres ¿dónde metemos a éstos con lo dicho anteriormente?. La respuesta a esta cuestión es bastante lógica, estamos de acuerdo con que la cazuela acogía al público femenino de todas las clases sociales, bien, pues precisamente delante de ella había una zona delantera donde estarían aquellos terribles mosqueteros que no dejaban de coquetear con ellas. De aquí, la expresión “tomar la delantera”, ¿qué significa en español moderno “tomar la delantera”? anticiparse en algo a otro, en aquella época adquiere otro significado, con el fin de “tomar la delantera” , la gente se anticipaba mucho antes e iban antes de que empezase la comedia. Las mujeres también querían “tomar la delantera” en la cazuela. Según unos versos de Lope de Vega: “Las mujeres que ahora estáis sin comer/ por tomar la delantera (…)”. Ramiro de Navarra en su novela, Los Peligros de Madrid, publicada en 1646 nos cuenta que un señor que va a la corte antes del alba por la calle del príncipe, se encontró a unas damas con sus calderillas y les preguntó que por qué caminaban tan temprano por la calle y ellas le contestaron “porque vamos a tomar la delantera de la cazuela, porque hoy se estrena comedia nueva”. Una prueba también de la afición por el teatro.

“Para que no hubiese mezclas” de sexos, en los templos y teatros había separación con unas cortinas. Hubo incluso intentos para que las mujeres no asistiesen al teatro y así no hubiese mezclas. Felipe II manda a la ciudad de Granada una Real Cédula diciendo “que los hombres y las mujeres estuviesen separados y se debía prohibir la entrada a frailes, todo controlado por un alguacil.” También sabemos que los hombres se disfrazan de mujeres para meterse en la cazuela, nos lo avalan las ordenanzas de 1608 “que no se consienta que hombre alguno/ estuviese en la grada de las mujeres/ ni que mujer alguna entrase en la tarima de los hombres/ ni en su vestuario.” Hay textos que nos confirman que en 1670 se había fijado en la puerta de la cazuela un cartel donde se prohibía el acceso a los hombres. Para contrarrestar con lo anterior, otra prueba de los problemas en el corral de comedias por la mezcla de sexos una permisión que tuvo lugar en este mismo año e incluso conllevaba una al alguacil por su incumplimiento: “había dado permiso para que las mujeres entraran al patio donde se ubican los hombres y el alguacil que se absténgase a hacerlo con una multa de 50 ducados”. En el 1675, desde los corrales de Sevilla hasta Logroño había quien se lamentaba que las mujeres entraran por la misma puerta que entraran los hombres.

También se prohíbe que traigan sillas de sus casas para sentarse en el teatro. Hay un entremés de Calderón, la melancólica:
Luisa: Poco a poco hemos llegado/ al corral de las comedias

Manuela: ¡Ay, lee el cartel por tu vida!

Luisa: (lee) Aquí Rosa representa/ hoy la Puerta con dos casas, / de un ingenio de Vallecas, con grada para mujeres.

Manuela: mi Luisa, entremos a verla/ pues dan grada; que me agrada/ démonos prisa para tomar la delantera/ no guisarme en la cazuela.
Vemos teatro dentro del teatro, la primera aburrida dice que se encuentra mal, la segunda le aconseja dar una vuelta, llegan así al teatro y ven un cartel. Como vemos es un texto que se ajusta con la realidad social. La afición por el teatro y la prisa por “tomar la delantera” para “no guisarme en la cazuela” “pues dan grada” dan asiento para poder ver la representación.

Para concluir la idea del corral de comedias como espacio social y la afición por el teatro de la época decir que en el Mesón de la Fruta de Toledo, donde se representaba La ruleta de la fortuna, en una escena en la que agredían a una señora, el público salta de sus asientos a defenderla. Hasta que punto vemos una sociedad que sentía el teatro como su propia vida, su propia realidad vital, en una sociedad en la que la mujer seguía bajo la presión del varón, la separación de sexos y jugaba un segundo plano frente al hombre que al fin y al cabo era su protector.

BIBLIOGRAFÍA


  • ARELLANO, I. y GRANJA, A. de la (eds.): Mira de Amescua: un teatro en la penumbra (Coloquio celebrado en Granada en diciembre de 1990, publicado en RILCE [revista de la Universidad de Navarra], 7, 2, 1991)




  • FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Casadas, monjas, rameras y brujas, Espasa, Madrid, 2002




  • GRANJA, A. de la. Hacia una bibliografía general del teatro breve del Siglo de Oro. Primera parte: Estudios I. 37, 1987, pp. 227-246.




  • LEÓN, Fray Luís, La Perfecta Casada, Cátedra, Madrid, 1996




  • KING, Margaret L. Mujeres renacentistas. La búsqueda de un espacio, Alianza Editorial, Madrid, 1993




  • ROJAS, F. La Celestina, Cátedra, Madrid, 1986




  • VIGIL, Mariló, La vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII, Siglo XXI, Madrid, 1986

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