Unidad 9: ciudadanía global y democracia






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títuloUnidad 9: ciudadanía global y democracia
fecha de publicación13.07.2015
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UNIDAD 9: CIUDADANÍA GLOBAL Y DEMOCRACIA
1. globalización
El término globalización se utiliza para caracterizar el tiempo en que vivimos. Originariamente, la globalización alude a un fenómeno económico: la expansión planetaria del sistema de producción capitalista. Con la caída del muro de Berlín, en 1989, y el desmantelamiento del bloque comunista, la economía de mercado, basada en el principio de libre competencia, se extiende por todo el planeta. Francis Fukuyama (1952), autor norteamericano de origen japonés, llegó a declarar que esto suponía "el fin de la historia". Según su teoría, las democracias liberales y el sistema de producción capitalista habrían demostrado una superioridad incontestable sobre el resto de modelos políticos y económicos. La historia, entendida como lucha de ideologías y clases, habría llegado a su final. La expansión del modelo democrático-liberal capitalista por todo el planeta así lo confirmaría.

Los acontecimientos posteriores, sobre todo desde el 11 de septiembre de 2001, con el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, parecen refutar la visión de Fukuyama. Al tiempo que la globalización económica se ha impuesto, se han multiplicado las reacciones en contra. Los atentados pusieron de manifiesto que no todo el mundo acepta la mundialización del sistema democrático-capitalista.

Podemos poner algunos ejemplos. El presidente iraní Mahmud Ahmadinejad en carta escrita en 2006 y dirigida al entonces presidente de EEUU, George W. Bush, afirma: “El liberalismo y la democracia occidental no han podido satisfacer los ideales de la humanidad. Hoy los dos conceptos han fracasado. Los visionarios ya pueden oír el estruendo del estallido y la caída de la ideología y el pensamiento de los sistemas democráticos liberales. En lugar de la democracia, la voluntad de Dios prevalecerá sobre todas las cosas”.

Otro ejemplo: ¿Qué sentido tiene la realización de unas elecciones democráticas (20 de agosto de 2009) en un país como Afganistán? Un país que lleva 30 años de guerra; que es el país nº 171 en la lista de los menos desarrollados, (el último es el 173); en el que la corrupción forma parte de su cultura, es decir, en los países occidentales hay también desmanes económicos y corrupciones pero no afectan a la vida cotidiana de los ciudadanos y a la satisfacción de sus necesidades básicas (luz, agua, alimentos, educación, sanidad …), esa misma corrupción supone en Afganistán acceder o no a esos bienes básicos porque la corrupción pertenece al sistema de supervivencia; donde el 42% de la población vive en la pobreza absoluta; con el 45% de los distritos amenazados por las armas y los talibanes en cuyos distritos ni se abrieron las urnas. Por otro lado para que unas elecciones sean creíbles deben contar con algún tipo de registro oficial pero en Afganistán no hay censo. El registro electoral se realiza mediante la inscripción voluntaria de las personas que pueden y desean votar. Los hombres presentan sus carnets pero las mujeres no siempre pueden pues no está bien visto que salgan solas de sus hogares. Normalmente debe ser el marido o pariente masculino quien declare el número de mujeres mayores de edad a su cargo. Dato que nadie discute ni comprueba. Pero se dice que casi ningún pastún, la etnia mayoritaria, aceptaría declarar el número de mujeres a su cargo por considerarlo una grave intromisión en su intimidad. Por todo esto algunos analistas han llamado a estas elecciones “ficción democrática”, “elecciones simbólicas o pedagógicas” pues el cambio que permitiría una mentalidad verdaderamente democrática llevaría generaciones y generaciones, como siglos llevó, efectivamente, en el mundo occidental, pasar de las monarquías absolutas que surgen en los siglos XV y XVI hasta las modernas democracias del siglo XX.

Lo cierto es que la globalización ha dado lugar a un desarrollo planetario sin barreras, donde todo está próximo, accesible, y comunicado. Consecuentemente las interdependencias y solidaridades se han acrecentado y las políticas nacionales han perdido importancia frente a las internacionales lo cual ha producido un alejamiento de los ciudadanos respecto a las principales instituciones que toman decisiones en su nombre. Las ideas de democracia y ciudadanía se han visto lógicamente afectadas por el fenómeno de la globalización que ha traído una serie de riesgos y de oportunidades que caracterizan nuestro tiempo. Suele decirse que como consumidores es fabulosa pero como ciudadanos nos anestesia.
1.1. Sentidos de la globalización

a) Desde un punto de vista económico, por globalización entendemos la tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse según el modelo capitalista de libre mercado, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales. De esta forma se produce una interdependencia económica creciente entre todos los países del mundo provocada por el aumento de las transacciones entre países, de capitales, mercancías, bienes y servicios y de personas y trabajadores, si bien, no en la misma medida:


  • Capitales: la globalización supone la libre circulación de capitales, lo cual constituye la base del capitalismo financiero, a través fundamentalmente de las transacciones en Bolsa y gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación, especialmente Internet.




  • Mercancías, bienes y servicios: la globalización supone la circulación condicionada de mercancías, bienes y servicios, de acuerdo con las políticas económicas y arancelarias de las grandes potencias. En este caso hay libertad relativa de movimiento ya que los países desarrollados ponen trabas a que los países en vías de desarrollo exporten sus mercancías y compitan con las suyas.




  • Personas y trabajadores: la globalización supone la circulación restringida de personas y trabajadores, según las condiciones de salida de los países de origen y las políticas de inmigración de los países receptores. Personas y trabajadores gozan de una liberad muy restringida de movimiento debido a las leyes de inmigración que pretenden controlar los flujos migratorios mundiales.


El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC) son las organizaciones económicas más importantes, cuyas actuaciones han sido decisivas en la expansión planetaria de la economía de libre mercado y la globalización.
b) Desde un punto de vista político y cultural, la globalización se caracteriza por el intento de extender el modelo occidental de las democracias representativas al resto del mundo. Para muchos ciudadanos esto representa un objetivo legítimo, pero para otros significa una intromisión políticamente inaceptable. Estas perspectivas opuestas dan lugar a dos grandes posiciones, a favor o en contra de la globalización.
1.2. Posiciones a favor y en contra de la globalización
a) Los partidarios de la globalización consideran:


  • Desde un punto de vista político y cultural, la globalización de los valores democráticos, sobre la base de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es un objetivo política y moralmente irrenunciable. Tales valores y derechos no serían exclusivos de una cultura determinada, sino que representarían un patrimonio común de la humanidad y, por tanto, un criterio universal de legitimación del poder político.

  • Desde un punto de vista económico, la economía de libre mercado favorecería el intercambio comercial y cultural entre los pueblos, lo que históricamente puede jugar un papel esencial en la resolución pacífica de los conflictos.


b) Los detractores de la globalización consideran:


  • Desde un punto de vista político y cultural tras los alegatos a favor de la democracia y de los derechos humanos se esconde el interés de las grandes potencias occidentales y de las corporaciones transnacionales por controlar política, económica y militarmente el planeta: los grandes intereses económicos condicionan, cuando no determinan de hecho, las políticas de los Estados y así, por ejemplo, la denuncia de aquellos regímenes políticos que conculcan los derechos y libertades de los seres humanos se subordina intereses económicos.

  • Desde un punto de vista económico, la defensa del libre mercado quedaría contradicha por las políticas económicas de los Estados más poderosos, que subvencionan a determinados sectores productivos de sus países contra la competencia de los países subdesarrollados, cuyos productores no pueden hacer frente a las tasas con que los países del Primer Mundo protegen sus mercados.


A su vez entre los detractores de la globalización circulan dos posiciones que para distinguirse utilizan términos diferentes: los partidarios de la antiglobalización y los partidarios de altermundialización,


  • Por una parte, el término antiglobalización designa aquellos movimientos contrarios a la globalización económica y contrarios también a la extensión de los principios y valores propios de la cultura occidental. Dentro de estos movimientos se incluyen grupos con objetivos que difieren notablemente: grupos anarquistas, organizaciones radicales de extrema izquierda y de extrema derecha y diversos fundamentalismos de origen religioso. Unos defienden políticas revolucionarias contra el sistema capitalista, otros pretenden la preservación de determinados modos de vida contra las influencias culturales externas desde posiciones nacionalistas, indigenistas o fundamentalistas.




  • Por otra parte, el término altermundialización surgió para definir la posición de aquellos que, estando en contra de la globalización capitalista, se manifiestan a favor de la extensión planetaria o mundialización de los derechos humanos y, en particular, de los derechos de tercera generación (preservación del medio ambiente, desarrollo económico, acceso a las nuevas tecnologías). La frase "otro mundo es posible" se ha convertido en el lema de estos movimientos. El uso del término "mundialización" señalaría una diferencia de marcado carácter ético frente a la "globalización", definida simplemente como la tendencia de los mercados a extenderse a lo largo y ancho del planeta.


Según esta postura el neoliberalismo globalizador reduce todos los valores al precio del mercado: el mundo se "economiza" por la fuerza. Una visión ingenua de la globalización puede inducir a la falsa idea de que este proceso contribuye a generar diversidad en todo el mundo y a ampliar la comunicación entre sus habitantes, lo cual es falso. En realidad se da el proceso contrario. Cada vez hay menos variedades de manzanas; casi todos los filmes y series que se proyectan en el cine y la televisión son estadounidenses; el neoliberalismo es presentado como la única elección política. Cuando sólo cuenta el provecho económico, la verdadera diversidad no es rentable lo rentable es la producción estandarizada y sólo sobreviven los grandes monopolios. Cuanto más se habla de libertad de información, más los medios se encuentran en manos de los grandes poderes económicos que imponen a todos los habitantes del planeta un modo único de pensar y de vivir, un modo supeditado a la mercancía y el mercado. Frente a esta descarada privatización del mundo, los partidarios de la mundialización quieren que sea el desarrollo verdaderamente humano lo que se extienda, abogan por una mundialización solidaria que ponga fin a los estragos causados por una globalización depredadora.
2. Tecnologías de la comunicación y sociedad del espectáculo
Durante el siglo XX aparecieron o se consolidaron medios de comunicación audiovisual que han ejercido una enorme influencia en nuestra vida, entre ellos destacan la televisión e Internet (el cine ha jugado una función cultural y política indudable, propagando ideas y modos de entender la existencia, modas de todo tipo e incluso gestos, pero no ha ejercido tanta influencia como la televisión). El imperio de la imagen que caracteriza el mundo contemporáneo encuentra en ellos su máxima expresión.

La influencia de las nuevas tecnologías de la comunicación ha sido decisiva en cualquiera de los sentidos en los que cabe entender el fenómeno de la globalización. Reparemos, por lo pronto, en estos tres:


  • En un sentido económico, las tecnologías de la comunicación trascienden las barreras físicas, espaciales y temporales, que condicionan la producción e intercambio de mercancías, recursos, bienes y servicios. Gracias a ellas la economía funciona como un sistema global, es decir, un sistema que funciona como una unidad en tiempo real a escala planetaria. Gracias a esta simultaneidad de las comunicaciones, las transacciones financieras se han multiplicado de manera espectacular, superando ampliamente la circulación de mercancías o bienes tangibles.




  • En un sentido político, las decisiones, las acciones y las consecuencias de las mismas son conocidas sin apenas dilación. Los acontecimientos políticos ya no están circunscritos a las fronteras nacionales de los Estados. Todo está interrelacionado lo que produce en los ciudadanos una sensación de inestabilidad política, incertidumbre social y temor que a su vez facilita su manipulación.




  • En un sentido cultural, los nuevos medios de comunicación han generado relaciones entre personas y grupos pertenecientes a distintos órdenes sociales y culturales, permitiendo nuevas formas de interacción social. Incluso a un nivel afectivo las relaciones humanas se han visto profundamente modificadas. Mantenemos relaciones que no llegan a cristalizar en acción y contacto personal pero en las que ponemos nuestro tiempo y recursos y forman, por tanto, parte de nuestra vida.


De entre los medios que han propiciado esta situación, no cabe duda de que Internet ha jugado un importante papel. Inicialmente concebido como un sistema para uso militar, la extensión social de "la red" ha revolucionado el modo de entender las relaciones humanas. Y no sólo entre sus usuarios. El hecho de "tener o no tener" Internet (sólo el 0,4% de la población en África tiene acceso), de manejarse en la red o desconocerla, incluso el hecho de aparecer o no en ella (a través de los "buscadores", por ejemplo), es un claro signo de reconocimiento social. En este sentido, la tecnología determina la imagen que tenemos de nosotros mismos, de los demás seres humanos y de la realidad, y en consecuencia del modo como nos desenvolvemos en ella.

Gran parte de lo que antes se vivía directamente, o simplemente no se vivía en absoluto por razones de espacio-tiempo, podemos vivirlo ahora a través de la televisión o de Internet en tiempo real. Por eso nuestra sociedad ha sido llamada la sociedad del espectáculo, la sociedad de la imagen comprendida como mero aparecer, porque sólo es real lo que aparece en los medios de comunicación de masas.

Entre ellos, la televisión sigue ocupando un lugar privilegiado. En lo que respecta a la transmisión de información, los formatos televisivos son pequeños receptáculos temporales en los que se introduce una cantidad ingente de imágenes. Con frecuencia se pasa de una noticia de "interés general" sobre las víctimas de una catástrofe natural, por ejemplo, al último desfile de moda o al acontecimiento deportivo de la semana. La información resulta cada vez más indistinguible del entretenimiento y de la mera distracción. Esta acumulación indiscriminada de imágenes e "informaciones" aliena al espectador que cuanto más contempla, menos ve, ya que cada vez resulta más difícil establecer una conexión entre "estímulo" y "acción", es decir entre la información que recibimos y lo que hacemos con ella; una separación que políticamente resulta muy relevante.

Podríamos decir que a los estímulos recibidos hay que darles salida en forma de reacción o acción. Ahora bien, la cantidad de estímulos e informaciones que recibimos se ha ampliado tanto que sobrepasa de forma terrible nuestras posibilidades acción, por eso mismo se ha desligado por completo de la misma. Ya no somos capaces de traducir la cantidad ingente de información recibida en acción. Esta situación no va a cambiar dada la lógica implacable del mercado de los medios que luchan denodadamente por la atención del público. Y éste, acostumbrado a sensaciones cada vez más fuertes y ávido de ellas, pide una dosis renovada y cada vez más elevada de estímulos.

Esta separación entre estímulo y acción afecta a la idea misma de democracia porque afecta a nuestra actividad como ciudadanos supuestamente comprometidos con la gestión política de nuestra comunidad local, nacional o global. Vemos y oímos pero no actuamos.
3. Democracia, tecnologías de la comunicación y globalización
Pueden distinguirse dos usos posibles de las nuevas tecnologías de la comunicación en relación con la democracia:
a) Un uso político positivo de los medios de comunicación al servicio de la democracia que se corresponde con la idea de un ciudadano activo y participativo. Para los partidarios de la democracia representativa, las nuevas tecnologías permitirían que los ciudadanos pudieran ser consultados por sus representantes políticos. Para los partidarios de la democracia directa se podría consultar directamente a los ciudadanos, que participarían en la toma de decisiones, sin necesidad de delegar su voluntad en otros.

Sin embargo, contra la confianza desmedida en las posibilidades de este uso de las tecnologías de la comunicación, se ha argumentado que la utilización indiscriminada de los medios pondría en grave riesgo la dimensión deliberativa o reflexiva que debe caracterizar las actuaciones en la esfera pública. El sentido social y comunitario de la política se vería gravemente afectado por una utilización meramente cuantitativa y estadística de los medios electrónicos. La deliberación exige, en efecto, espacio y tiempo; un lugar y, sobre todo, un tiempo para la toma de decisiones, que permita sopesar las ventajas e inconvenientes de cada alternativa y contrastar, mediante el uso de argumentos, las diversas posiciones en juego.
b) Un uso político negativo de los medios de comunicación. Ello sucede cuando los medios de comunicación se ponen al servicio de determinados intereses o poderes con la intención de condicionar la voluntad de los ciudadanos. La información se transforma entonces en manipulación y propaganda.

El pensador norteamericano Noam Chomsky (1928) describe muy gráficamente este uso de los medios de comunicación en las sociedades democráticas cuando afirma que la propaganda es a la democracia lo que la violencia al estado totalitario. Chomsky explica que en una sociedad verdaderamente democrática deben darse dos condiciones. Primera, que los ciudadanos tengan a su alcance los recursos para participar de manera significativa en la gestión de sus asuntos. Segunda, que los medios de información sean libres e imparciales. Pero podemos encontrar una idea alternativa de democracia, la llamada democracia formal. En ella, aunque formal y legalmente lo parezca, en realidad no se permite que los ciudadanos se hagan cargo de sus propios asuntos, para ello los medios de información deben estar fuerte y rígidamente controlados. En lo que conocemos como estado totalitario, el control de los ciudadanos resulta fácil. Es cuestión simplemente de utilizar la violencia contra los individuos. Si se apartan del camino trazado, se les golpea sin piedad. Pero, claro, si la sociedad ha acabado siendo más libre y democrática, ya no se puede actuar así, por tanto hay que utilizar otra estrategia: las técnicas de propaganda.

En este tipo de democracia, que es la que predomina según Chomsky, encontramos un uso restringido de la información y un modelo elitista y burocratizado de la política. El presupuesto de este modelo se basa en la creencia de que los intereses comunes no pueden estar en manos de los ciudadanos y solo una clase especializada de hombres y mujeres responsables lo bastante inteligentes, puede comprenderlos y resolver los problemas que de ellos se derivan, son las élites económico-políticas.

No cabe duda, en cualquier caso, de que los medios de comunicación desempeñan una función muy importante, y a veces decisiva, en el desarrollo de las complejas sociedades actuales. Fijémonos en que a menudo se apela a una opinión pública que es indiscernible de la opinión publicada en los medios.

Con todo, el hecho de que distintos medios de comunicación transmitan de muy diversa manera una misma "noticia" puede entenderse como una demostración del pluralismo que caracteriza a las sociedades democráticas. Si las sociedades democráticas se basan en el reconocimiento del pluralismo político, será también propio de ellas un pluralismo mediático que permita al ciudadano cotejar distintas versiones de un mismo hecho.

Por otro lado también habría que distinguir dicho pluralismo, consustancial a la democracia, de un relativismo extremo que invalidaría todo esfuerzo crítico por alcanzar una versión "fiable" de los hechos.
4. Globalización y Estado
Según los críticos de la globalización, ésta se caracteriza por la subordinación de la política a la economía. En efecto, los intereses económicos de las grandes corporaciones transnacionales (o multinacionales) condicionan las decisiones políticas hasta el punto de que, en muchos casos, la política parece estar al servicio exclusivo de tales intereses.

Lo cierto es que la globalización ha generado una profunda crisis en nuestra concepción del Estado. Recordemos que entre las atribuciones fundamentales del Estado están las siguientes:


  • Poseer una jurisdicción absoluta sobre su territorio

  • Disponer del monopolio legítimo de la violencia

  • Actuar como garante de la soberanía ciudadana, que legitima sus leyes e instituciones


Actualmente, la dependencia entre los Estados y los múltiples factores que condicionan las políticas nacionales ha dado lugar a una noción más amplia y flexible de soberanía. Por un lado, debemos tener en cuenta la existencia de entidades supranacionales, como la Unión Europea o la ONU, y también, cómo no, de organizaciones económicas como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, cuyas actuaciones son decisivas en la expansión planetaria de la economía de libre mercado y la globalización. Por otro, asistimos a un proceso de descentralización del Estado (en el caso de España, según el modelo de las Comunidades Autónomas). Ambos fenómenos han producido importantes cambios en el modo de entender y ejercer el poder.

Por otra parte, la sociedad civil juega un papel cada vez más importante en la configuración de las políticas nacionales y supranacionales. Además del papel que desempeñan la opinión pública y los medios de comunicación (el "cuarto poder" de las sociedades democráticas), hay que destacar la emergencia y consolidación de las Organizaciones No Gubernamentales.

En este sentido, asistimos al proceso de constitución de una sociedad mundial, si bien las formas institucionales que han de articular estas múltiples instancias de acción son aún muy incipientes.

En el plano ideológico, podemos destacar dos concepciones sobre el papel que debería jugar el Estado en el nuevo orden mundial: la concepción neoliberal y la concepción socialdemócrata.


  • La concepción neoliberal del Estado, de acuerdo con la tradición liberal precedente, defiende los derechos y libertades de los individuos y la existencia de un Estado mínimo no intervencionista en el plano económico ni proteccionista en el plano social. Esta doctrina se basa en la economía de libre mercado y en un cierto conservadurismo moral, e incluso, religioso de sus defensores, los denominados neoconservadores (neocons).




  • La concepción socialdemócrata del Estado defiende la intervención del Estado en aquellos aspectos de la vida social que trascienden el interés privado de los individuos. El Estado debe intervenir en el mercado, y además de ser el garante de los derechos y libertades de los ciudadanos, debe aplicar políticas sociales en beneficio de los más desfavorecidos y en aras de la preservación de los intereses públicos.


Sin embargo, al tiempo que se han acortado las distancias y se ha generado un sentimiento de identidad y dependencia globales, de interconexión de las sociedades humanas, de pérdida de las distancias físicas y simbólicas a través de los medios de transporte y de comunicación y de interdependencia entre los diversos Estados y pueblos de la Tierra, han aumentado las reivindicaciones por parte de quienes se consideran víctimas de la globalización, ya se trate de minorías étnicas o de colectivos políticos y religiosos. Esta reacción contra lo global ha dado lugar a una controversia política acerca de si es o no posible una ciudadanía global.
5. Ciudadanía global: Globalización y civilización
El politólogo norteamericano Samuel P. Huntington (1927) pronunció una famosa conferencia en 1993, que posteriormente dio lugar a un controvertido libro, con el título de “¿Choque de civilizaciones?" Huntington sostiene la tesis de que la civilización constituye el orden máximo al que remitir las identidades culturales. En ese sentido, las diferencias culturales entre las distintas civilizaciones del planeta no pueden ser conciliadas en una unidad de orden superior. De ahí el diagnóstico de un choque de civilizaciones, que hace evidentemente inviable la idea de una ciudadanía global.

Una civilización es la máxima entidad cultural. Ciudades, regiones, grupos étnicos, nacionalidades, grupos religiosos, son también entidades culturales pero el nivel de heterogeneidad cultural que pueden alcanzar es menor que el de una civilización. La cultura de una ciudad del sur de España puede ser distinta de la de una ciudad del norte de España, pero ambas tendrán en común una cultura española que las distingue de las ciudades alemanas. Las comunidades europeas compartirán, a su vez, rasgos culturales que las diferencien de las comunidades árabes o chinas. Pero árabes, chinos y occidentales no son ya, sin embargo, parte de ninguna entidad cultural más amplia. Constituyen civilizaciones. Una civilización es, pues, la más elevada agrupación cultural de gentes y el más amplio nivel de identidad cultural que poseen los pueblos. Una civilización se define por elementos objetivos comunes, como son el lenguaje, la historia, la religión, las costumbres y las instituciones, y también, a su vez, por la autoidentificación subjetiva de un pueblo.

Samuel P. Huntington afirmó que las luchas más importantes se librarían entre las distintas civilizaciones que definen culturalmente a los seres humanos, entre las que se cuentan, afirma, la occidental, la confuciana, la japonesa, la islámica, la hindú, la eslavo-ortodoxa, la latinoamericana y, posiblemente, la africana.

La tesis de Huntington ha sido objeto de agrias controversias. Su idea de un "choque de civilizaciones" fue formulada con un tono casi profético y ha dado lugar a una fuerte controversia política. Por ejemplo se ha utilizado para criticar o, por el contrario, justificar, las políticas intervencionistas de los Estados occidentales en aras de la defensa de un orden internacional basado en los valores democráticos, el derecho que se arroga occidente de tutelar los procesos políticos mundiales en aras de la evitación de conflictos, sin tratar o tratando, según los casos, de imponer su modelo cultural más allá de sus fronteras.

En sentido contrario a la visión de Huntington, quienes defienden la posibilidad de un encuentro entre culturas, una alianza de civilizaciones, consideran que los seres humanos son capaces de trascender los límites establecidos por sus propias culturas. El respeto a los Derechos Humanos y la defensa de los valores democráticos constituye el horizonte transcultural al que apelan los partidarios de una ciudadanía global.

También los defensores del choque de civilizaciones y los críticos de la idea de ciudadanía global respetan los Derechos Humanos y los principios y valores democráticos en que se inspiran pero defienden que tales derechos sólo tienen sentido en el interior de la civilización que los ha producido. Sin embargo, para los partidarios de la alianza de civilizaciones, esta defensa "relativa" es contraria a la idea misma de los Derechos Humanos, que fueron promulgados universalmente y sin restricción.




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