Diócesis de San Juan de los Lagos






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FISCAL:

Entonces ¿Porqué traicionó a Jesús?

JUDAS:

¡Yo no sabía que lo iban a matar!

JUEZ: (Dando un golpe en la mesa)

No es necesario que grite. Contrólese por favor.

(Dirigiéndose al fiscal le dice):

Prosiga Sr. Fiscal.

FISCAL:

Sí, usted traicionó a Jesús, lo entregó a las autoridades judías con un beso hipócrita en la mejilla y a cambio de unas cuantas monedas.

JUDAS:

Ya se lo dije ¡yo no sabía que iban a matarlo!. Me engañaron, me engañaron.

FISCAL:

¿Qué papel tuvo usted en el grupo de los 12?

JUDAS:

Yo fui el tesorero del grupo. Llevé el libro de cuentas y lo llevé muy bien. Nadie jamás se quejó de mí. Solo al final, cuando los gastos comenzaron a ser más que las entradas...

FISCAL:

Entonces ¿Porqué se disgustó con Jesús?

JUDAS:

Bueno, poco a poco me empecé a sentir mal en el grupo. Por un lado los compañeros empezaban a desconfiar de mí, y por otro, mis opiniones ya no eran aceptadas. Pedro y Juan se volvieron, se volvieron los amigos de confianza del Maestro. Además ya no me gustaba cómo pensaba Jesús, a mi juicio le faltaba decisión.

FISCAL:

¿Fue por eso que usted entregó a Jesús.

JUDAS: (Gimiendo)

Yo no sabía que lo iban a matar. Me engañaron los sacerdotes y fariseos; me dijeron que querían hablar a solas con el Maestro, que yo les arreglara la cita. Eso fue lo que hice. Ese fue el trato.

FISCAL:

Pero usted recibió dinero por arreglar la cita ¿no es cierto?

JUDAS:

Bueno, ellos me ofrecieron dinero por arreglar la cita. Yo no quería aceptar, pero luego... yo tenía algunas deudas, me exigían que las pagara y no sabía que hacer... ese dinero me cayó de maravilla. Pero como ya le dije, me engañaron.

FISCAL:

Eso es todo Sr. Juez.

JUEZ: (Dirigiéndose al defensor)

Tiene la palabra Abogado Defensor.

DEFENSOR:

¿Porqué decidió entrar en el grupo de los apóstoles de Jesús?

JUDAS:

Jesús me invitó y yo acepté con agrado. Me gustaba lo que hacía y lo que decía.

DEFENSOR:

Sin embargo, posteriormente, usted cambió de opinión sobre Jesús ¿No es cierto?.

JUDAS:

Así es. El maestro comenzó a descuidarse de algunas cosas. Una vez, por ejemplo, permitió a una mujer regalarle un perfume costosísimo, uno de esos importados del extranjero. Con el dinero que costó ese perfume, hubiera podido comer bien durante varios días. Fue un derroche innecesario.

DEFENSOR:

¿Es todo?

JUDAS:

No. Teníamos otras diferencias. Por ejemplo, yo siempre pensé que los problemas de nuestro pueblo se resolverían con la expulsión de los romanos, en cambio, Jesús pensaba que primero era necesario ajustar cuentas con las autoridades judías.

DEFENSOR:

Me parece que es suficiente.

(Dirigiendo se al jurado) Señores, este hombre es inocente. Solo tuvo algunas pequeñas diferencias con el Maestro, es un hombre mediocre incapaz de hacer mal o de tratar de matar a alguien... además fue engañado por los sacerdotes y los fariseos... ¿Quién de nosotros no ha recibido dinero de no muy clara procedencia, por ciertas noticias, ciertos comentarios, por denunciar o firmar un papel, por dar un voto o por guardar silencia ante alguna injusticia o atropello?... Acaso en la fábrica, en el trabajo ¿No subimos de puesto, de escalafón pisando a los demás, haciéndoles a un lado, perjudicándolos y luego decimos: "Es que no sabíamos que lo iban a correr"... Aún dentro del mismo movimiento, de la organización popular, del sindicato, de la comunidad cristiana...; si no hacemos caso, si nuestras ideas son aceptadas, si somos importantes, la cosa marcha, pero en el momento que somos cuestionados, que otros son mas importantes que nosotros, entonces aquello no funciona y entonces, o no vamos o empezamos a desprestigiar al grupo... ¿Esto no es traicionar a Cristo, traicionar a nuestros amigos, a nuestros compañeros de trabajo, de grupo?... Para usar una expresión del mismo Cristo...: ¡Quién se sienta libre de culpa, que tire la primera piedra"!

Eso es todo Sr. Juez.

JUEZ: (Dirigiéndose al público)

Si alguien del jurado quiere hacerle alguna pregunta al acusado, pude hacerla.

(Se invita a los presentes a hacer preguntas. Se hace una pausa)

Suficiente. Ahora el pueblo debe decidir en cuanto a la culpabilidad o inocencia de Judas Iscariote. Tomando en cuenta lo que acaban de escuchar, sin hacer caso de lo que antes pensaban de este acusado, ni a la opinión mundial. Levanten la mano... (Se repite la votación como otras veces).

A. El prisionero Judas Iscariote por voto popular y democrático, ha sido declarado culpable por esta corte del pueblo, y por consiguiente está condenado a la muerte de la crucifixión. Llévenselo (los guardias lo apresan y se lo llevan).

B. El prisionero Judas Iscariote por voto popular y democrático, ha sido declarado inocente por esta corte del pueblo, y por consiguiente será puesto en libertad desde este momento. Queda Usted en libertad. (Judas Iscariote sale).

Escena 5ª. JUICIO AL CAPITÁN BENJAMÍN.

JUEZ:

Finalmente, vamos a escuchar el testimonio de una persona menos conocida que los demás, pero que tuvo un papel importante durante las últimas horas de la vida de Cristo. Me refiero al Capitán de la Guardia que arrestó a Cristo en el Huerto de Getsemaní. Llamen al Capitán Benjamín.

GUARDIA:

¡Llamen al Capitán Benjamín! (Entra vestido de policía o de militar).

JUEZ:

Tiene la palabra el Sr. Fiscal.

FISCAL:

Gracias Sr. Juez. (Dirigiéndose al capitán) Capitán Benjamín, Usted se dirigió al llamado Huerto de los Olivos, en las afueras de Jerusalén acompañado de un buen número de guardias para tomar preso al mencionado ciudadano. ¿Es correcto?

CAPITÁN:

Porque Judas Iscariote nos había dicho, e incluso el nos llevó personalmente al lugar.

FISCAL:

¿Usted considera que la muerte de Jesús se debe en parte a la acción de usted y de los guardias que estaban bajo su mando?

CAPITÁN:

De ningún modo. Un militar, o un policía, tiene una profesión donde la primera y última regla es la OBEDIENCIA. El cuestionar las órdenes de nuestros superiores es algo completamente inaudito para nosotros.

FISCAL: (En tono recriminatorio)

¿Incluso cuando se le pide hacer un acto criminal que va contra su conciencia?

CAPITÁN:

Los militares y la policía no tenemos conciencia mientras estamos con el uniforme. Solo cuando estamos en la casa o vestidos de civil.

FISCAL:

¿Se trata de una obediencia ciega, entonces?

CAPITÁN:

Exactamente.

FISCAL:

Entonces, si sus superiores le ordenan abrir fuego contra un grupo _por ejemplo- de estudiantes desarmados, para herirlos y posiblemente matarlos, ¿usted obedecería sin pensarlo dos veces?

CAPITÁN:

Ahora sí, Cuando ingresé a la fuerza Policial, mi conciencia me molestaba cuando tenía que golpear o torturar a personas inocentes, pero ahora ya me saqué esos temores.

FISCAL:

O sea que usted Capitán Benjamín, ha logrado silenciar su conciencia... por lo menos cuando está de uniforme.

CAPITÁN:

Así es. Cuando arresté a Cristo, y cuando más tarde participé en torturarlo, me sentía feliz al pensar que yo

Estaba obedeciendo al pié de la letra las órdenes que había recibido. Por su puesto sí sospeché que Jesús, no era tan culpable como las autoridades judías decían, pero eso no tuvo que ver con el asunto.

FISCAL:

Gracias, Capitán Benjamín.

(Dirigiéndose al jurado dice): Señores, ustedes Señores, ustedes lo han escuchado y estarán de acuerdo conmigo en que es culpable. El ha sido cómplice de un asesinato. Porque silenciar la conciencia frente a la injusticia, es de alguna manera participar en ella. No es válido quererse justificar en la obediencia a los superiores.

(Dirigiéndose al Juez): Es todo Sr. Juez.

JUEZ.

Su turno Señor Defensor

DEFENSOR:

Gracias Sr. Juez (Dirigiéndose a Benjamín)... Capitán, me imagino que usted hizo estudios y recibió adiestramiento militar para ocupar el puesto que hoy desempeña ¿no es verdad?.

CAPITÁN:

¡Cierto Señor! Yo asistí por largos años a la Escuela Militar del Imperio Romano. Cursos duros y difíciles ejercicios de combate, simulacros, en fin, no era fácil llegar al final. Muchos se quedaron en el camino.

DEFENSOR:

¿Cuál era la principal característica de la educación militar?

CAPITÁN:

Desde luego la obediencia. Cada día había que obedecer un horario rígido, órdenes y órdenes. Al principio fue difícil, había que ir venciendo la voluntad propia... Al final, éramos totalmente dependientes, el superior era el que mandaba en nuestras vidas, nosotros obedecíamos.

DEFENSOR:

¿Es en base a esta obediencia ciega que usted tomó preso a Cristo?

CAPITÁN:

¡Sí!. Así como tomé preso a Cristo que era inocente, en muchas ocasiones tomé preso a varios inocentes. Yo no podía tener la capacidad de decir si eran inocentes o no. Yo cumplí órdenes. La organización política era así, yo no hice las leyes, ni dictaminé los reglamentos de la Escuela Militar. Soy producto de la organización social, y me enorgullezco de ser uno de los mejores capitanes del Impero Romano.

DEFENSOR: (Dirigiéndose al Jurado)

Señores no podemos culpar a este hombre de que haya cumplido con su deber, El obedeció órdenes. No era su problema si Cristo era inocente o no: él tenía que tomarlo preso y lo hizo; para eso era capitán, militar, hombre sin conciencia, producto de las leyes de la organización política... Acaso hoy día ¿juzgamos al ejército que desaloja campesinos que muriéndose se hambre invaden tierras ociosas e improductivas o desalojan a los colonos de una barriada porque están en un terreno de un funcionario público?. ¿O juzgamos a la policía que acomete furiosa contra una pacífica manifestación de protesta por la alza de los pasajes y transportes colectivos?... ¿Acaso hay muchos en la Iglesia que levanten su voz contra la represión a los obreros contra las masacres a los campesinos, por la desaparición de los presos políticos?... ¿Acaso nosotros no pedimos obediencia absoluta a nuestros hijos, que ellos no opinen, que obedezcan?... ¿Acaso no somos producto de la sociedad de consumo, que nos impone modas, artículos, costumbres, diversiones y televisión que nos dicen que es lo que tenemos que comprar?... ¡Sí!, nosotros en nuestra vida diaria no tenemos capacidad de decidir... ¿Cuántos vamos a culpar a este hombre de que fue educado para no decidir?... ¡Gracias Sr. Juez!

JUEZ:

Si alguien del Jurado quiere hacer aluna pregunta puede hacerla ahora.

(se invita a los presentes a hacer preguntas. Se hace una pausa)

Por última vez, entonces invito al Jurado del pueblo a manifestar su decisión en la manera acostumbrada. Levanten la mano (Se repite la votación como en las veces anteriores).

(Sale Benjamín libre o apresado según haya sido la votación)

JUEZ: (Dirigiéndose al Jurado).

Compañeros, compañeras: A todos ustedes ha correspondido hoy día el papel de Jurado. Ustedes no ya, -ni el fiscal- han juzgado a Poncio Pilatos, a Herodes, a Judas Iscariote, al Sumo Sacerdote y al Capitán Benjamín.

El juzgar la culpabilidad o la inocencia de personajes históricos, no es quizá tan fácil como muchos de ustedes pueden haber pensado.

Si lo que dijo antes Judas Iscariote: -"la mayor parte de la población del mundo es culpable de recibir sobornos"- es cierto, cuánta más culpabilidad existe, por ejemplo en torno al crimen del Capitán Benjamín de callar y silenciar una conciencia... ¿Quién de nosotros no lo ha hecho y no lo está haciendo cada día?

Si hay algo en común entre todos los prisioneros que has aparecido ente ustedes hoy día, y nosotros aquí presentes es precisamente eso: que nuestra vida consiste muchas veces en silenciar lo más precioso de nuestro ser, lo que más nos distingue de los animales brutos y del resto de la creación.

Señores del Jurado, no podemos irnos tranquilamente a nuestra casa y a nuestros quehaceres pensando solamente en que los personajes que aquí se presentaron fueron culpables de la muerte de Jesús. Es claro que sí tuvieron mucha culpa, pero: ¿Dónde estaban los apóstoles? ¿Y todas aquellas personas a las que Jesús ayudó? ¿Dónde se metieron cuando él fue tomado preso y juzgado? El pueblo que lo clamaba y lo seguía por los milagros que hacía ¿dónde quedó? ¿Qué no dijo Jesús, el que no está conmigo está contra mí?

De igual forma, hoy día somos testigos de muchas injusticias, de la pobreza en la que viven muchos de nuestros hermanos, del abuso de gente poderosa que se aprovecha de sus puestos, de sus influencias, del poder y de su dinero para oprimir.

¡Descubre a Cristo vivo en ti… Conócelo, ámalo y síguelo!
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