Gabriel garcía márquez obra periodística I






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Ramon Vinyes i Claet, Barcelona, Rafael Dalmau editor, 1972, p. 81); en su diario íntimo de exiliado, en los años 40, Vinyes nunca dejaba de recordar, cada 24 de junio, esa pérdida definitiva.
si bien éste -según recuerda el escritor- le dio algunos consejos valiosos sobre los manuscritos que tuvo el tiempo de enseñarle y someter a su juicio. (32)

(32) Recuerda García Márquez que en sus manuscritos de entonces se refería a ciudades y lugares reales con sus nombres reales, y que Vinyes le advirtió que debía buscar nombres distintos que dieran una dimensión mítica a ese universo.
La corres­pondencia que entre su regreso a Barcelona y su muerte acaecida el 5 de mayo de 1952, mantuvo Vinyes con Germán Vargas, demuestra el interés que le merécía la labor literaria de García Márquez. (33)
(33) Don Jose Vinyes Sabatés conserva ocho cartas de Ramón Vinyes a Germán Vargas, que éste devolvió más tare a la familia del sabio catalán. Es divertido entresacar de una carta del 31 de marzo de 1951 esta alusión a García Márquez: «Sigue Gabito en Barranquilla?... Con respecto a Gabito supongo que sá desorbitado como siempre. ¿Colabora todavía en El Heraldo?».
El regreso de Alvaro Cepeda Samudio, con su flamante título de periodista obtenido en una universidad norteamericana y su intacta vitalidad, (34)
(34) El 17 de julio de 1950, escribía Germán Vargas a. Ramón Vinyes: •Álvaro comienza ya a amoldarse de nuevo al ambiente, y tiene una ventaja extraordinaria: que vino exactamente igual a como se fue. En su casa me decían que en los Estados Unidos no les habían modelado (?) al muchacho, que había venido lo mismo. A mí me parece, y así se lo dije, que eso era lo mejor de Alvaro y que demostraba tener perso­nalidad. Creo que Ud. estará de acuerdo conmigo.» Las cartas de Germán Vargas a Ramón Vinyes se conservan en Barcelona.
también tuvo que significar mucho: aportaba Cepeda un cono­cimiento vivo de la última narrativa yanqui -tan fundamental para los del grupo-, sus conocimientos e ideas sobre el cine, sus a veces agresivos conceptos sobre lo que debía ser un periodismo moderno.

Un hecho esencial de ese intenso año 1950 es la creación del semanario Crónica cuyo primer número salió el 29 de abril. La historia de ese tabloide barranquillero resulta difícil de evocar en la medida que hasta ahora no ha aparecido ninguna colección completa. No la posee ninguna biblioteca pública de Colombia. (35)
(35) Conozco algunos ejemplares, todos incompletos, que me fueron prestados en 1975 por Alfonso Fuenmayor (n.- 1, n." 6, n. 30, n." 38, n.,43, n.° 46), y en 1978 por Juan B. Fernández Renowitzky (n.° 11). Poseo además, desde julio de 1979, los seis primeros números completos y un recorte del n." 8, que Germán Vargas había mandado a Ramón Vinyes, y que el hermano de éste me regaló.
Esa revista de muy modesta presentación combinaba temerariamente la literatura y el deporte -cuando el público le escaseaba para aquélla y le sobraba para éste- pero la ambición de sus colaboradores era hacer, ante todo, buen periodismo. (36)
(36) En un editorial dice Alfonso Fuenmayor: «Otros (detractores), indiscutiblemente más románticos, dicen: "vean ustedes unos literatos haciendo un semanario en el que hasta ahora no ha salido un solo verso. Parece mentira... En mis tiempos, literatura y versos eran una misma cosa." Sin que nos halague excesiva­mente el mote de literatos, nosotros nos hemos propuesto aquí hacer una cosa en cierto modo distinta de la literatura: queremos hacer periodismo» (Carta al lector, en Crónica, n." 5, 27 de mayo de 1950, Barran­quilla, p. 2).
Alfonso Fuenmayor era director de Crónica, y su jefe de redacción era García Márquez. En ael nutrido comité figuraban todos los miembros del grupo y algunos colaboradores más, pero es evidente que, salvo la asidua participación de Germán Vargas, el tra­bajo lo asumían Alfonso Fuenmayor y García Márquez. Este, además de las tareas normales de un jefe de redacción, se dedicaba a traducir (del francés) o a condensar cuentos policiales extranjeros, hacía algunos dibujos (37)
(37) Esos dibujos son interesantes. García Márquez, si bien admite ser su autor, no les concede ninguna importancia, afirmando que eran dibujos copiados en las revistas extranjeras que pirateaba Crónica, lo cual sería muy difícil de averiguar. El comité artístico de la revista lo integraban Alejandro Obregón, Orlando Rivera «Figuritas» y Orlando Melo. Obregón vivía entonces en Europa y, fuera de la ilustración del cuento Divertimento, de julio Mario Santodomingo, en el n° 4, es probable que no colaboró en Crónica. Melo era sienpre el autor de las pocas portadas que conozco. «Figuritas», siempre en lo que conozco de la revista, asumió la ilustración en un 80 %.
para ilustrar artículos de tipo magazine (generalmente pirateados en revistas norteamericanas, y algunas veces en publicaciones europeas), y se encargaba del armado del semanario. Pese a la pobreza de los medios de que se disponía, Crónica ¡le ó muy pronto a ofrecer un specto decoroso, eliminando con notable rapidez los defectos de presentación que aquejaban al primer número. La pequeña revista significó indudablemente otro paso positivo en la formación periodística de García Márquez, al par que su trabajo sobre los cuentos policiales significaba otra forma de aprendizaje literario. Lo más llama­tivo, hoy en día, en los sumarios de Crónica (38)
(38) Aunque no existe colección de la revista, es posible conocer sus sumarios ya que del n." 1 al n." 47, es decir a lo largo de casi un año, los fue publicando El Heraldo en un pequeño pasquín publicitario que salía en primera página, cada viernes. Del n." 48 en adelante el diario se limitó a anunciar que «mañana circula Crónica, su mejor week-end».
lo constituyen los textos literarios extranjeros y colombianos que fueron apareciendo semana tras semana a partir del primer número. Los cuentos extranjeros informan sobre lo que eran los gustos literarios del grupo, o mejor dicho confirman las preferencias que venían manifes­tándose de unos años para entonces en las notas de Ramón Vinyes, de Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas y, con mínima frecuencia, de Juan B. Fernández Re­nowitzky. El cuento nacional, en Crónica, lo representaban sobre todo los escrito­res del grupo: José Félix Fuenmayor, García Márquez y Alvaro Cepeda Samudio publicaron respectivamente siete, seis y cuatro cuentos en Crónica. Otro intelectual barranquillero, Julio Mario Santodomingo, hoy dueño de una de las principales fortunas de América Latina, y entonces cercano al grupo (formaba parte del comité de redacción del semanario), contribuyó también con un interesante cuento en el No. 4. Sin lugar a dudas, esas contribuciones literarias locales hicieron de Crónica la mejor publicación del momento en Colombia (incluso teniendo en cuenta la existencia de Crítica, que dirigía Jorge Zalamea), y una de las mejores que jamás haya tenido el país. Ese estupendo nivel no impidió que fuera decayendo el interés que sus promotores sentían por la revista. El último cuento de García Márquez apareció en diciembre de 1950, y entonces hacía tiempo que habían dejado de co­laborar Alvaro Cepeda y José Félix Fuenmayor. El nivel de los sumarios había empezado a deteriorarse en septiembre; de diciembre de 1950 en adelante, hasta la definitiva desaparición de la revista (aparentemente en junio de 1951), esos sumarios no presentan sino muy contados elementos de interés: todos literarios y de origen extranjero. El mismo García Márquez abandonó, en una fecha imprescindible, la efatura de redacción, aunque continuó ayudando por un tiempo a Alfonso Fuen­mayor. (39)
(39) Los números 43 y 46, ambos de marzo de 1951, no lo mencionan como jefe de redacción, lo cual se explica en la medida que ya García Márquez se encontraba en Cartagena, pero el n." 43 contiene unos dibujos que son inconfundiblemente de él. Alfonso Fuenmayor recuerda que renunció sin informarlo -ello debió de producirse unas semanas antes del regreso a Cartagena- pero que siguió colaborando. Esos dibujos podían haber sido hechos meses antes, para acompañar un material que tuvo que permanecer engavetado bastante tiempo. El 5 de enero de 1951, en una carta de Ramón Vinyes a Germán Vargas, respuesta a otra de éste (que se perdió), dice el sabio catalán: «Siento el vuelco de Crónica que Ud. anuncia. No lo encuentro raro... A mí me parecía que Crónica tenía razón de existencia en los cuentos de Alvaro y Gabito, pero no es así. Qué le vamos a hacer».
Pero lo cierto es que el brillante y modesto tabloide, con su muy costeña falta de solemnidad, había marcado ya una etapa capital de las letras de la región, del país y del continente, y había representado un muy original experimento perio­dístico.

La decadencia de Crónica, que se precipitó hacia enero de 1951, algo debe tener que ver con el alejamiento de García Márquez, un alejamiento no solamente de las actividades de la revista sino también de Barranquilla. En febrero de 1951, sin dejar de colaborar en El Heraldo, García Márquez regresó a Cartagena. Es el momento en que sus padres y hermanos se mudan de Sucre a Cartagena, (40)
(40) Dato suministrado por Ligia García Márquez.
pasando por una difícil situación económica. García Márquez obtiene del director de El Heraldo un préstamo para ayudar a su padre (para comprar muebles, cree recordar Alfonso Fuenmayor) e irá restituyendo el dinero prestado con «jirafas» y editoriales. En El Heraldo del 10 de febrero de 1951 una nota anónima señala su partida; el redactor, mal informado, afirma que García Márquez regresa a Bogotá a continuar la carrera de Derecho. El lugar de destino es erróneo, pero no lo es la finalidad indicada.

García Márquez tenía la intención de terminar sus estudios, (41)
(41) El 13 de marzo de 1951, escribe Germán Vargas a Vinves: »Nos reunimos hace unas cuantas noches en Salgar para festejar a Marriaga; asistimos los mismos de siempre y desde luego Bob recitó los fáciles versos sobre El Castillo Viejo, yo canté vallenatos, en vista de que Gabito, quien ahora anda por Cartagena dizqué terminando estudios, no pudo hacerlo.» (Bob: el pianista Roberto Prieto Sánchez, miembro del grupo.)
sólo que al llegar a la Universidad de Cartagena a matricularse, se enteró de que tenía que repetir el tercer año por haber perdido tres materias en el curso 1949. Prefirió alejarse para siempre de las aulas universitarias. Desde Cartagena fue mandando a El Heraldo «jirafas» y editoriales, hasta que canceló su deuda: entonces, a ?rincipios de julio de 1951, suspendió su colaboración en el diario. Barranquillero. (42)
(42) Una carta de Germán Vargas a Ramón Vinves, del 18 de junio de 1951, no se refiere a los edito­riales: «Gabito en Cartagena; según carta que recibí recientemente de él piensa venirse de nuevo a Barran­quilla; sigue haciendo «jirafas» un poco standarizadas ya por lo cotidianas.» Pero tanto Alfonso Fuenmayor como García Márquez recuerdan que éste escribía también editoriales. Algunos, en ese período que va de febrero a julio de 1951, presentan rasgos que pueden ser de García Márquez, pero nunca con bastante abundancia (siempre juegan las reglas del género) como para atribuirle uno solo con mediana certidumbre.
Son pocos los datos que se pueden conseguir sobre las actividades de García Márquez en Cartagena a lo largo del año que va de febrero de 1951 a febrero de 1952. Según recuerdan algunos de sus familiares y él mismo, figuró en la nómina de los empleados ocasionales que, en Cartagena, colaboraron en la realización del censo de población de 1951. Su padre había obtenido que los contrataran a él y a su hermano Gustavo, pero el desorden administrativo era tal que su única actividad consistió en cobrar un sueldo indudablemente útil para el presupuesto familiar, pero nada merecido porque ni él ni su hermano jamás trabajaron efectivamente en el censo. Recuerda también que volvió a colaborar en El Universal para ganar dinero, pero lo cierto es que su firma no volvió a aparecer en las páginas del diario carta­genero; se limitaría, por consiguiente, a un anónimo trabajo de redacción (al menos en los primeros meses, esa discreción se justificaba por su no interrumpida colabo­ración en El Heraldo de Barranquilla).

En ese año transicional vivido en Cartagena se sitúa otra aventura de alguna importancia en la trayectoria periodística de García Márquez; fue otro experimento, mucho más breve y modesto que el de Crónica, tan original en ciertos aspectos pero aún más difícil de conocer a cabalidad. Del 18 al 23 de septiembre de 1951 salieron entre dos y seis (más probablemente dos) entregas de un periodiquito lla­mado Comprimido, del que García Márquez era director -y quizás el único redac­tor-. De Comprimido parece que no subsiste ningún ejemplar. Sabemos de su existencia por algunos documentos que detenta el veterano periodista cartagenero Antonio J. Olier (43)
(43) Agradezco los datos del investigador norteamericano Harley D. Oberhelman, del ingeniero Raimundo Pinaud, residente en Cartagena, y de don Antonio J. Olier. Además de los elementos que se citarán más abajo en el texto, Antonio J. Olier posee copia de la autorización de publicar expedida a García Márquez y a Guillermo Dávila, gerente y financista de Comprimido, el 18 de septiembre de 1951, bajo membrete de la Gobernación de Bolívar y con el número 2.486. Detenta igualmente copia del recibo (por la suma de 28 pesos, «valor de la edición del primer número de Comprimido»,) entregado a Guillermo Dávila por Gastón Valencia, dueño de la imprenta y editorial ABC, de Cartagena.
Una nota anónima salida el 20 de septiembre en el Diario de la Costa, de Cartagena, da la siguiente descripción de Comprimido:
De interés para el comerciante debe ser Comprimido porque es un vehículo de propaganda que lo pone en contacto diario con el público que lo lee ávidamente.

Nos place saludar al nuevo colega que consta de ocho páginas en una dimensión de 24 pulgadas y aplaudimos la iniciativa del colega Dávila Peñaloza, su gerente propietario.
Otra nota anónima (presumiblemente de Clemente Manuel Zabala) aparecida en la sección “Comentarios” de El Universal del día 19, daba alguna idea del con­ tenido de la pequeña publicación:
Comenzó a circular ayer en Cartagena uno de los periódicos más pequeños del mundo, ge­renciado por Guillermo Dávila y dirigido por Gabriel García Márquez. Se trata de Compri­mido, que circulará todas las tardes y cuyos redactores se han propuesto hacer con él un novedoso tipo de periodismo, en el cual las noticias tendrán la brevedad y la elocuencia de una píldora cargada de la más interesante actualidad.

Comprimido, cuya distribución es gratuita, estará al margen de las actividades políticas y su finalidad es, de manera exclusiva, facilitar a la opinión pública una información rápida de los acontecimientos del día, en forma amena y sencilla.
Con estos dos testimonios se obtiene una idea aproximada de lo que fue Com­primido. La segunda nota citada, primera en aparecer, la de El Universal, tiene además la ventaja de reproducir (es imposible saber si parcial o totalmente) el edi­torial del primer número, evidentemente de García Márquez. Este es el texto reproducido en El Universal:
Comprimido no es el periódico más pequeño del mundo, pero aspira a serlo con la misma laboriosa tenacidad con que otros aspiran a ser los más grandes. Nuestra filosofía consiste en aprovechar en beneficio propio las calamidades que se confabulan contra el periodismo mo­derno. La carestía del papel, la escasez de anuncios y de lectores, favorecen nuestro progreso puesto que. nos colocan en la circunstancia de reducir cada vez más nuestras proporciones. Esta iniciativa -como los préstamos con interés- tiene el privilegio de prosperar a costa de su propia quiebra.

Al iniciar nuestras labores, saludamos a la prensa nacional, al comercio, a la sociedad en general y nos comprometemos a cumplir, en las medidas de nuestras fuerzas, con esta diaria aventura cuya clave consiste en dirigir todas las tardes un telegrama urgente a la opinión pública.
Además de los textos citados en nota, Antonio J. Olier conserva una hoja me­canografiada que tuvo que ser el editorial del último número de Comprimido. No sabemos si realmente llegó a circular. Con todas las reservas del caso, por no tra­tarse de un documento en letra de imprenta, se reproduce este texto que, de todos modos, corresponde perfectamente al estilo periodístico de García Márquez:
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