Año 3 No. 115 Miami 17 de febrero de 2011. Comentarios y correspondencia






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TIEMPO NUEVO 
por Addhemar Sierralta

Año 3 No. 115 Miami 17 de febrero de 2011.

COMENTARIOS Y CORRESPONDENCIA



Agradeceremos sus comentarios y correspondencia a aldy103@hotmail.com o a aldy103@gmail.com y les recordamos que pueden leer artículos de TIEMPO NUEVO en www.agenciaperu.net , en especial los “links” Columnistas y Yo Periodista.

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Los artículos de opinión e información firmados son de exclusiva responsabilidad del autor.

HOY :


  • HOMOSEXUALES : RESPETOS GUARDAN RESPETOS.




  • SOLO CADA UNO PUEDE CAMBIAR AL PERÚ.




  • SESENTA O SETENTA AÑOS EN EL SIGLO XXI.

  • LA LIBERTAD Y LOS ÁRABES. Por Mario Vargas Llosa (Perú).




  • CUBA : LA GRAN ESTAFA. Por Pedro Lastra (Venezuela).




  • METALES DE TRISTEZA (Cuento). Segunda Parte. Por Mireya Sierralta (Perú).


HOMOSEXUALES : RESPETOS GUARDAN RESPETOS
Hace pocos días, en el atrio de la Catedral de Lima, un grupo de decenas de homosexuales –tanto hombres como mujeres- tuvieron la “feliz idea” de abrazarse y besarse apasionadamente o amorosamente delante de la gente, entre los que se encontraban también niños y niñas. Su actitud, que buscaba una reacción de las autoridades como ocurrió al querer dispersarlos la policía (con cierto exceso) para cumplir con la reglamentación de impedir manifestaciones de todo tipo en nuestra Plaza Mayor. Asimismo al hacerlo en la zona de la Catedral se translucía un reto abierto o desafío hacia la Iglesia Católica que critica tales manifestaciones y “escándalos homosexuales” y está en contra de sus planteamientos.

Los homosexuales –que son una minoría- tratan de señalar una supuesta discriminación o incomprensión de la sociedad a sus gustos. Luego de tal manifestación el fin de semana, en el llamado Parque del Amor, celebraron “bodas gay”, que no existen en nuestra legislación y fueron “amadrinadas” o apoyadas por Susana Villarán, Alcalde de Lima, quien asumió un punto de vista que nadie le ha dado al respecto.

Hace décadas otra minoría, la de los fumadores, trataba de imponer su gusto a toda la sociedad y al final se sabe que estaban errados. Hoy se trata que la sociedad natural y normal acepte todos los supuestos “derechos” de otra minoría, la homosexual, que al margen sea o no considerada –la homosexualidad- como enfermedad, tendencia, o simplemente aberración, está tocando los derechos reales de la mayoría de la sociedad. Es pertinente que se considere un derecho civil de unión de pareja, sea o no homosexual, para reconocer aspectos vinculados con herencias, seguros, pensiones, etc., pero es a todas luces anormal el querer reconocer matrimonios entre homosexuales y adopciones de parejas “gay”.

Ojo que decir anormal no significa ninguna locura o demencia, ni tampoco delito, sino que el término de normal, como lo señaló entre otros Gauss. Es lo que matemáticamente o estadísticamente constituye la mayoría de un conjunto. Por lo tanto un grupo minoritario –los homosexuales- constituyen estadísticamente hablando que son considerados fuera de la curva normal “gaussiana”.

Por otro lado nadie está en contra que se den, de hecho, gustos, actos o parejas homosexuales. Ello sería, nuevamente hablando en términos científicos, ir contra las leyes de probabilidades. Lo que si es incorrecto es que se quiera imponer, a la sociedad en su conjunto, la aceptación de comportamientos que afectan el desarrollo psicosocial de los niños y de las familias, por más que se trate de influir con ejemplos –que por excepción los debe haber- de “padres o madres homosexuales” que les dan cariño y tratan mejor a sus hijos adoptivos que las parejas heterosexuales.

Es reprobable también hacer apología del homosexualismo en programas de televisión y otros medios de comunicación. Simplemente la voracidad por el “rating” y el mostrarlos como objetos de burla es denigrante y debe pensarse que entre los fines del periodismo está el educar y el orientar.

Los homosexuales deben ganarse el respeto con sus actos. Creo, particularmente, que la unión legal debe darse, pero que los homosexuales no hagan exhibicionismo ni escándalo. Tales parejas pueden vivir correctamente y así se ganarán el respeto que como seres humanos merecen.

Reitero que la normalidad en la naturaleza es macho y hembra, hombre y mujer, y la finalidad de la unión de ambos es la procreación de la especie y la formación de una familia que con amor forme a los descendientes. Hay factores genéticos y psicológicos que avalan esto y por ello estimo que no debe darse paso a matrimonios ni adopciones de “gays”. También los principios religiosos –recordar en la Biblia Sodoma y Gomorra- y cómo se inició la humanidad apoyan estos argumentos que son parte de la mayoría de los peruanos. Y el pecado lo cometen homosexuales y heterosexuales por igual, pero debemos evitarlos en ambos casos.

SOLO CADA UNO PUEDE CAMBIAR AL PERÚ
Muchas veces he escuchado la expresión: “creen, en el extranjero, que en el Perú aún usamos plumas y que somos unos subdesarrollados o casi salvajes”. Y de inmediato la réplica es la siguiente : “no se percatan que somos civilizados y estamos por entrar en el primer mundo”.

Algunos se solidarizarán con la segunda afirmación, lo contrario –dirían- sería antipatriota y desconocer nuestros antecedentes de una civilización de las mejores del orbe. Ahora bien, veamos algunos detalles que nos caracterizan –hoy- a diferencia de los llamados países civilizados o del primer mundo.

En nuestro “país de las maravillas” es común que ocurra lo siguiente:


  • La gente orina o hace sus necesidades en las calles.

  • Los “ciudadanos” arrojan la basura de sus casas a las vías públicas y también cualquier tipo de desperdicio mientras transitan (papeles, botellas, envolturas, etc.).

  • Los “propietarios” de mascotas, sean perros o gatos, no los tienen registrados ni vacunados y los dejan deambular por calles y plazas.

  • Los choferes de vehículos públicos y privados –muchos de ellos- manejan sin brevete y lo que es más grave cometiendo infracciones o beodos.

  • Los “micros”, “combis”, “buses”,”taxis” y “mototaxis” se apoderan de las vías de tránsito cuadrándose en doble o triple fila; se la pasan haciendo carreras entre ellos para ganar pasajeros, se detienen para recibirlos o bajarlos en cualquier lugar intempestivamente y no respetan la vida de sus ocupantes y de los transeúntes, además de tener sus vehículos en pésimo estado.

  • La autoridad de tránsito no sanciona ni exige adecuadamente, a los que manejan los vehículos de servicio público, los pagos de las ingentes papeletas, ya sea por su ineficacia o por las “coimas” de los malos policías. Lo cierto es que siguen choferes de servicio público manejando con decenas de papeletas o infracciones graves. Dan la impresión de tenerles miedo a los choferes.

  • Los peatones cruzan las vías públicas por donde les viene en gana. Para ellos no cuentan los semáforos, policías o la señalización.

  • En ciertos lugares, a vista y paciencia de las autoridades, los pobladores que “desesperados por la ‘injusticia’ e ineficacia de las mismas autoridades” toman, por cuenta propia, las sanciones a los delincuentes que van desde el darle latigazos, hacerlos correr desnudos, atarlos a postes y golpearlos y hasta quemarlos vivos. Como “Fuenteovejuna” terminan matando a los susodichos maleantes.

  • Las autoridades judiciales permiten que los criminales y delincuentes entren y salgan de las prisiones como ratón por alacena. La mayoría reincidentes se ríen de sus delitos porque no existe una sanción para ello.

  • Ni hablar de quienes abusan de mujeres y niños, ya sea con violencia familiar que imponen la ley de la selva en sus hogares y la policía y justicia se muestra incapaz de detener estos abusos.

  • Los profesores que tienen que ser evaluados son los primeros en robar las pruebas que les van a tomar. Qué tal ejemplo para sus alumnos.


No quisiera seguir con una inmensa lista, que sería interminable, de lo que caracteriza al “vivo criollo”, al “serrano acriollado”, al “blanquito prepotente”, al “político con inmunidad”, etc. Todo ello, cada vez que estoy en el Perú, me permite reflexionar que la culpa no es de los políticos ni de ninguna autoridad sino de nosotros mismos. Si simplemente cada uno asumiera su rol de ciudadano, de padre o madre, de hijo, de vecino, de jefe, de empleado, de profesional, de ciudadano consciente de ellos mismos y de su familia, de su comunidad y de su país para hacer las cosas con corrección, respetar la ley y a los seres humanos, adoptar principios y valores positivos, estoy seguro que tendríamos un mejor lugar para vivir.

De nuestra actitud depende que “nos quitemos las plumas” y podamos tomar la ruta del desarrollo como seres humanos de un primer mundo que solo lo conquistaremos cada uno de nosotros.

 

SESENTA O SETENTA AÑOS EN EL SIGLO XXI
Estas reflexiones, que compartimos con ustedes, son pertinentes para quienes frisamos la edad sobre la que un autor anónimo comenta.

 

Si miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene alrededor de sesenta años.  

Es una generación que ha pateado fuera del idioma lapalabra "sexagenario" o "septuagenario", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales el hecho de envejecer.

Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del siglo veinte para dar identidad a una masa de niños desbordados en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.

Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria.  

Son hombres y mujeres independientes  que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura  le dio durante  décadas  al concepto del trabajo. 

Lejos de las tristes oficinas de J.C. Onetti o Roberto Arlt, esta gente buscó y encontró hace mucho la  actividad que más le gustaba y se ganó la vida con eso.

Supuestamente debe de ser por esto que se sienten plenos...algunos ni sueñan con jubilarse.

Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante.

Esta mujer pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo y en determinado momento de su juventud en el que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad.

Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras, otras eligieron tener hijos, otras fueron periodistas, atletas, o crearon su propio "YO S.A.".  Pero cada una hizo su voluntad.

Reconozcamos que no fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.  

Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo;  la gente de sesenta maneja la “compu” como si lo hubiera hecho toda la vida.  Se escribe, y se ve, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar con sus amigos y les escriben en “e-mail” sus ideas y vivencias.

Por lo general están satisfechas de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. 

Raramente se deshacen en un llanto sentimental. 

A diferencia de los jóvenes; ellos conocen y ponderan todos los riesgos.  Nadie se pone a llorar cuando pierde: Sólo reflexiona y toma nota, a lo sumo.

La gente grande comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada.  Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo...

Ellos no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas sueñan con tener la figura tuneada de una vedette. En lugar de eso saben de la importancia de una Mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.

Hoy la gente de 60 ó 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE, antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, por que la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben.

La gente de 60 ó 70 de hoy, celebra el sol cada mañana  y sonríe para sí misma muy a menudo...Quizás, por alguna razón secreta que sólo saben los de sesenta en el siglo XXI. ANÓNIMO.

 
LA LIBERTAD Y LOS ÁRABES

Por Mario Vargas Llosa (Perú).

Deseamos compartir esta nota de Mario Vargas Llosa, publicada el 13 de este mes en su columna Piedra de Toque, debido a su actualidad.

El movimiento popular que ha sacudido a países como Túnez, Egipto, Yemen y cuyas réplicas han llegado hasta Argelia, Marruecos y Jordania es el más rotundo desmentido a quienes, como Thomas Carlyle, creen que “La historia del mundo es la biografía de los grandes hombres”. Ningún caudillo, grupo o partido político puede atribuirse ese sísmico levantamiento social que ha decapitado ya las satrapías tunecina de Ben Ali y la egipcia de Hosni Mubarak, tiene al borde del desplome a la yemení de Ali Abdalá Saleh y provoca escalofríos en los gobiernos de los países donde la onda convulsiva ha llegado más débilmente como Siria, Jordania, Argelia, Marruecos y Arabia Saudí.

Es obvio que nadie podía prever lo que ha ocurrido en las sociedades autoritarias árabes y que el mundo entero y, en especial, los analistas, la prensa, las cancillerías y ‘think tanks’ políticos occidentales se han visto tan sorprendidos por la explosión sociopolítica árabe como lo estuvieron con la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética y sus satélites. No es arbitrario acercar ambos acontecimientos: los dos tienen una trascendencia semejante para las respectivas regiones y lanzan precipitaciones y secuelas políticas para el resto del mundo. ¿Qué mejor prueba que la historia no está escrita y que ella puede tomar de pronto direcciones imprevistas que escapan a todas las teorías que pretenden sujetarla dentro de cauces lógicos?

Dicho esto, no es imposible discernir alguna racionalidad en ese contagioso movimiento de protesta que se inicia, como en una historia fantástica, con la autoinmolación por el fuego de un pobre y desesperado tunecino de provincia llamado Mohamed Bonazizi y, con la rapidez del fuego, se extiende por todo el Medio Oriente. Los países donde ello ha ocurrido padecían dictaduras de decenas de años, corruptas hasta el tuétano, cuyos gobernantes, parientes cercanos y clientelas oligárquicas habían acumulado inmensas fortunas, bien seguras en el extranjero, mientras la pobreza y el desempleo, así como la falta de educación y salud mantenían a enormes sectores de la población en niveles de mera subsistencia y a veces en la hambruna. La corrupción generalizada y un sistema de favoritismo y privilegio cerraban a la mayoría de la población todos los canales de ascenso económico y social.

Ahora bien, este estado de cosas, que ha sido el de innumerables países a lo largo de la historia, jamás hubiera provocado el alzamiento sin un hecho determinante de los tiempos modernos: la globalización. La revolución de la información ha ido agujereando por doquier los rígidos sistemas de censura que las satrapías árabes habían instalado a fin de tener a los pueblos que explotaban y saqueaban en la ignorancia y el oscurantismo tradicionales. Pero ahora es muy difícil, casi imposible, para un gobierno someter a la sociedad entera a las tinieblas mediáticas a fin de manipularla y engañarla como antaño. La telefonía móvil, la Internet, los blogs, el Facebook, el Twitter, las cadenas internacionales de televisión y demás resortes de la tecnología audiovisual han llevado a todos los rincones del mundo la realidad de nuestro tiempo y forzado unas comparaciones que, por supuesto, han mostrado a las masas árabes el anacronismo y barbarie de los regímenes que padecían y la distancia que los separa de los países modernos. Y esos mismos instrumentos de la nueva tecnología han permitido que los manifestantes coordinaran acciones y pudieran introducir cierto orden en lo que en un primer momento pudo parecer una caótica explosión de descontento anárquico. No ha sido así. Uno de los rasgos más sorprendentes de la rebeldía árabe han sido los esfuerzos de los manifestantes por atajar el vandalismo y salir al frente, como en Egipto, de los matones enviados por el régimen a cometer tropelías para desprestigiar el alzamiento e intimidar a la prensa.

La lentitud (para no decir la cobardía) con que los países occidentales –sobre todo los de Europa- han reaccionado, vacilando primero ante lo que ocurría y luego con vacuas declaraciones de buenas intenciones a favor de una solución negociada del conflicto, en vez de apoyar a los rebeldes, tiene que haber causado terrible decepción a los millones de manifestantes que se lanzaron a las calles en los países árabes pidiendo “libertad” y “democracia” y descubrieron que los países libres los miraban con recelo y, a veces, pánico. Y comprobar, entre otras cosas, que los partidos políticos de Mubarak y Ben Ali ¡eran miembros activos de la Internacional Socialista! Vaya manera de promocionar la social democracia y los derechos humanos en el Medio Oriente.

La equivocación garrafal de Occidente ha sido ver en el movimiento emancipador de los árabes un caballo de Troya gracias al cual el integrismo islámico podía apoderarse de toda la región y el modelo iraní –una satrapía de fanáticos religiosos– se extendería por todo el Medio Oriente. La verdad es que el estallido popular no estuvo dirigido por los integristas y que, hasta ahora, al menos, estos no lideran el movimiento emancipador ni pretenden hacerlo.

Ellos parecen mucho más conscientes que las cancillerías occidentales de que lo que moviliza a los jóvenes de ambos sexos tunecinos, egipcios, yemeníes y los demás no son la sharia y el deseo de que unos clérigos fanáticos vengan a reemplazar a los dictadorzuelos cleptómanos de los que quieren sacudirse. Habría que ser ciegos o muy prejuiciados para no advertir que el motor secreto de este movimiento es un instinto de libertad y de modernización.

Desde luego que no sabemos aún la deriva que tomará esta rebelión y, por supuesto, no se puede descartar que, en la confusión que todavía prevalece, el integrismo o el Ejército traten de sacar partido. Pero, lo que sí sabemos es que, en su origen y primer desarrollo, este movimiento ha sido civil, no religioso, y claramente inspirado en ideales democráticos de libertad política, libertad de prensa, elecciones libres, lucha contra la corrupción, justicia social, oportunidades para trabajar y mejorar. El Occidente liberal y democrático debería celebrar este hecho como una extraordinaria confirmación de la vigencia universal de los valores que representa la cultura de la libertad y volcar todo su apoyo hacia los pueblos árabes en este momento de su lucha contra los tiranos. No solo sería un acto de justicia sino también una manera de asegurar la amistad y la colaboración con un futuro Medio Oriente libre y democrático.

Porque esta es ahora una posibilidad real. Hasta antes de esta rebelión popular, a muchos nos parecía difícil. Lo ocurrido en Irán, y, en cierta forma, en Iraq, justificaba cierto pesimismo respecto de la opción democrática en el mundo árabe. Pero lo ocurrido estas últimas semanas debería haber barrido esas reticencias y temores, inspirados en prejuicios culturales y racistas. La libertad no es un valor que solo los países cultos y evolucionados aprecian en todo lo que significa. Masas desinformadas, discriminadas y explotadas pueden también, por caminos tortuosos a menudo, descubrir que la libertad no es un ente retórico desprovisto de sustancia, sino una llave maestra muy concreta para salir del horror, un instrumento para construir una sociedad donde hombres y mujeres puedan vivir sin miedo, dentro de la legalidad y con oportunidades de progreso. Ha ocurrido en el Asia, en América Latina, en los países que vivieron sometidos a la férula de la Unión Soviética. Y ahora –por fin– está empezando a ocurrir también en los países árabes con una fuerza y heroísmo extraordinarios. Nuestra obligación es mostrarles nuestra solidaridad activa, porque la transformación del Medio Oriente en una tierra de libertad no solo beneficiará a millones de árabes sino al mundo entero en general (incluido, por supuesto, Israel, aunque el gobierno extremista de Netanyahu sea incapaz de entenderlo).
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