Hay house, inc. Carlsbad, California • New York City






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Primer descubrimiento: Hay un campo de energía que conecta toda la creación.

Segundo descubrimiento: Este campo asume el papel de un contenedor, un puente y un espejo de las creencias que tenemos en nuestro interior.

Tercer descubrimiento: El campo no es local y es holográfico. Cada parte de sí está conectada con las demás, y cada parte refleja la totalidad en una escala menor.

Cuarto descubrimiento: Nos comunicamos con el campo a través del lenguaje de las emociones.

Es nuestro poder reconocer y aplicar estas realidades que determinan todo, desde nuestra sanación hasta el éxito de nuestras relaciones y carreras. A fin de cuentas, nuestra supervivencia como especie puede estar conectada directamente con nuestra habilidad y nuestra voluntad de compartir prácticas que afirmen la vida proveniente de una visión del mundo cuántica y unificada.

Para hacerle justicia a los enormes conceptos implicados en La Matriz Divina, la he escrito en tres partes, cada una de las cuales cubre una de las implicaciones claves del campo. En vez de crear una conclusión formal al final de cada parte, he resaltado los conceptos importantes como un resumen lineal, anotando la idea "Clave" designada por un número (Clave 1, Clave 2, y así sucesivamente). Para una referencia rápida, al final del capítulo 8 se encuentra una lista de las 20 Claves.

Una breve descripción de cada sección le ayudará a navegar a lo largo del material y a encontrar información útil para todo propósito, desde referencias importantes hasta inspiraciones profundas.

En la Primera parte: "El descubrimiento de la Matriz Divina: El misterio que conecta todas las cosas", se explora el sentido perdurable de la condición humana que hemos unificado por un campo de energía que conecta todas las cosas. En el Capítulo 1, describo el único experimento realizado por científicos hace más de cien años en la búsqueda de dicho campo unificado. En esta sección también comparto las investigaciones del siglo XX que llevaron a los avances en física cuántica, que forzaron a los científicos a repasar el experimento original, que nos decía que todo estaba separado. Esto incluye tres experimentos representativos, que nos demuestran los últimos documentos científicos, de un campo de energía previamente sin reconocer. En resumen, estos descubrimientos demuestran lo siguiente:

  1. El ADN de los humanos tiene un efecto directo sobre la materia de la cual está hecho nuestro mundo.

  2. Las emociones humanas tienen efecto directo sobre el ADN que afecta la materia de la cual está hecho nuestro mundo.

  3. La relación entre las emociones y el ADN trasciende los límites del tiempo y el espacio. Los efectos son los mismos independientemente de la distancia.

Al final de la Primera parte, puede quedar un poco de duda en cuanto a la existencia de la Matriz Divina. Ya sea que la describamos desde una perspectiva espiritual o científica, es claro que hay algo más ahí fuera, un campo de energía que conecta todas las cosas que hacemos, así como todo lo que somos y experimentamos. Las preguntas lógicas serían entonces: " ¿Qué hacemos con esta información" y "¿Cómo usamos la Matriz Divina en nuestras vidas?"

En la Segunda parte: "El puente entre la imaginación y la realidad: Cómo funciona la Matriz Divina," exploramos lo que significa vivir en un universo en donde además de sólo estar conectados (sin límites de espacio), todo está conectado de forma holográfica. El sutil poder de estos principios es quizá uno de los descubrimientos más grandes de la física del siglo XX, y al mismo tiempo, es bastante posible que sea el menos comprendido y más descuidado. Esta sección no es técnica (intencionalmente) y está diseñada para ser una guía útil ante el misterio de experiencias que todos compartimos, pero que raramente reconocemos en su plena capacidad como para que lleguemos a aprender de ellas.

Cuando observamos nuestras vidas desde el punto de vista de que todo está en todas partes todo el tiempo, las implicaciones son tan vastas que son difíciles de comprender para muchas personas. Esto ocurre precisamente debido a nuestra conexión universal que hemos empoderado para apoyar, compartir y participar en las alegrías y en las tragedias de todas partes, a toda hora. ¿Cómo podemos hacer uso de dicho poder?

La respuesta comienza con nuestra comprensión de que en verdad no existen "aquí" y "allá," ni "entonces" y "ahora." Desde la perspectiva de la vida como un holograma conectado universalmente, aquí ya es allá, y entonces siempre ha sido ahora. Las tradiciones espirituales antiguas nos recuerdan que en cada momento del día, podemos optar por afirmar o negar nuestras vidas. Cada segundo optamos por nutrirnos de forma que apoyemos o neguemos nuestras vidas; respiramos profundamente y afirmamos nuestras vidas con el aliento, o respiramos de forma superficial, negándola; y pensamos y hablamos respecto a los demás de manera que los honramos o los deshonramos.

A través del poder de nuestra conciencia no local y holográfica, todas estas opciones, en apariencia insignificantes, tienen consecuencias que se extienden más allá de los lugares y los momentos de nuestras vidas. Nuestras opciones individuales se combinan para convertirse en nuestra realidad colectiva, esto es lo que hace que estos descubrimientos sean tanto emocionantes como temibles. A través de esta comprensión, vemos:

  • Por qué nuestros buenos deseos, pensamientos y oraciones ya han llegado a su destino

  • Que no estamos limitados por nuestros cuerpos o por las "leyes" de la física

  • Cómo podemos apoyar a nuestros seres queridos en cualquier lugar, desde el campo de batalla hasta la sala de juntas, sin siquiera salir de nuestra casa

  • Que tenemos el potencial de sanar de forma instantánea

  • Que es posible ver a través del tiempo y del espacio sin abrir nuestros ojos

En la Tercera parte: "Mensajes de la Matriz Divina: Vivir, amar y sanar en la conciencia cuántica," ahondamos directamente en los aspectos prácticos de lo que significa vivir en un campo unificado de energía, y cómo afecta esto los eventos de nuestras vidas. Con ejemplos de sincronismos y coincidencias, poderosos actos de sanación intencionada y lo que nuestras relaciones más íntimas nos están enseñando, esta sección sirve como modelo para reconocer lo que otras experiencias similares pueden significar en nuestras propias vidas.

A través de una serie de historias de casos reales, comparto el poder, la ironía y la claridad de cómo eventos aparentemente insignificantes de nuestras vidas, en realidad somos "nosotros" manifestando nuestras verdaderas y más profundas creencias. Entre los ejemplos usados para describir esta relación, incluyo un caso de cómo nuestras mascotas pueden mostrarnos con sus cuerpos las condiciones físicas que hemos pasado por alto o estamos todavía desarrollando en nuestro propio cuerpo.

La Matriz Divina es el resultado de más de veinte años de investigaciones, así como de mi propia jornada para lograr encontrarle sentido al mayor secreto de nuestras tradiciones más antiguas, místicas y amadas. Si siempre ha anhelado encontrar respuestas a las preguntas: "¿En verdad estamos conectados?, y silo estamos, ¿qué tan profunda es esa conexión?" y " ¿Qué tanto poder tenemos en realidad para cambiar nuestro mundo?" este libro será entonces de su agrado.

La Matriz Divina ha sido escrito para aquellos de ustedes cuyas vidas han conectado la realidad del pasado con la esperanza de nuestro futuro. Es a ustedes a quienes se les pide que perdonen y encuentren la compasión en un mundo que se está recuperando de las cicatrices del dolor, el juicio y el miedo. La clave para sobrevivir nuestro tiempo en la historia, es crear una nueva forma de pensar mientras que estamos viviendo en las condiciones que amenazan nuestra existencia.

A fin de cuentas, podemos descubrir que nuestra habilidad de entender y aplicar las "reglas" de la Matriz Divina contiene la clave para nuestra sanación más profunda, nuestra alegría más grande y nuestra supervivencia como especie.

Gregg Braden

Santa Fe, Nuevo México

PRIMERA PARTE

DESCUBRIENDO LA MATRIZ DIVINA:

EL MISTERIO QUE CONECTA TODAS LAS COSAS

CAPITULO UNO

P: ¿QUÉ HAY EN EL ESPACIO INTERMEDIO?

R: LA MATRIZ DIVINA

"La ciencia no puede resolver el grandioso misterio de la naturaleza. La razón es, que en el último análisis, nosotros somos... parte del misterio que estamos tratando de resolver"

Max Planck (1858-1947), físico

"Cuando nos comprendemos, comprendemos nuestra conciencia, también comprendemos el universo y la separación desaparece."

Amit Goswami, físico

Hay un lugar en donde comienzan todas las cosas, un sitio de pura energía que simplemente "es". En esta incubadora cuántica de la realidad, todas las cosas son posibles. Desde nuestros éxitos, abundancia y sanación, hasta nuestros fracasos, carencias y enfermedades..., todo, desde nuestro mayor temor hasta nuestro deseo más profundo, comienza en esta "sopa"de potencial.

Como forjadores de la realidad en los aspectos de imaginación, expectativa, juicio, pasión y oración, impulsamos cada posibilidad para que sea real. En nuestras creencias respecto a lo que somos, lo que tenemos y lo que no tenemos, y lo que debemos y no debemos ser, le damos vida a nuestras mayores alegrías así como a nuestros momentos más oscuros.

La clave para dominar este lugar de energía pura es reconocer que existe, comprender cómo funciona y, finalmente, hablar el lenguaje que este lugar reconoce. Todas las cosas están disponibles para nosotros, como arquitectos de la realidad de este lugar en donde el mundo comienza: el espacio puro de la Matriz Divina.

Clave 1: La Matriz Divina es el contenedor que sostiene el universo, el puente entre

todas las cosas, y el espejo que nos muestra lo que hemos creado.




Lo último que esperaba encontrar una tarde de octubre, mientras iba de excursión por un remoto cañón del área de las Cuatro Esquinas al noroeste de Nuevo Mexico, era un indio americano guardián de sabiduría que iba caminando hacia mí en el mismo sendero. Ahí estaba, parado en la cima de la pequeña cuesta que nos separaba mientras nuestros caminos convergían.

No estoy seguro de cuánto tiempo llevaba él ahí. Para cuando lo vi, sólo me esperaba; me observaba mientras yo daba pasos atentos entre las piedras sueltas del sendero. El sol creó un resplandor que proyectó una intensa sombra sobre su cuerpo. Cuando levanté mi mano para bloquear la luz del sol de mis ojos, pude ver algunos mechones de su cabello, que llegaba a la altura de los hombros, volando sobre su rostro.

Parecía tan sorprendido de verme como yo a él. El viento transportó el sonido de su voz hacia mí mientras puso las manos de cada lado de su boca y gritó:

"Hola" respondí. "No esperaba ver a nadie más aquí a esta hora del día." Acercándome un poco más, le pregunté: " ¿Cuánto tiempo lleva observándome?"

"No mucho," respondió. "Vengo aquí a escuchar en esas cuevas las voces de mis ancestros," dijo, mientras señalaba con un brazo hacia el otro lado del cañón.

El sendero que seguíamos serpenteaba a través de una serie de sitios arqueológicos, construidos unos 11 siglos antes, por un clan misterioso. Nadie sabe de dónde vinieron ni quiénes eran. Sin la evidencia de la evolución de sus habilidades, las personas a quienes los nativos modernos llaman simplemente "los antiguos," llegaron un día en la historia y trajeron la tecnología más avanzada que sería vista en América del Norte por los siguientes mil años.

Desde los edificios de cuatro pisos y las kivas (estructuras redondas para ceremonias) perfectas, construidas en piedra que yacen enterradas, hasta los vastos sistemas de irrigación y las sofistica- das cosechas que alimentaban al pueblo, pareciera que este lugar hubiera aparecido un día de la nada. Y luego, aquellos que lo construyeron se fueron de repente, simplemente se esfumaron.

Los antiguos dejaron unas pocas claves muy valiosas que nos dicen quienes eran. Con la excepción del arte en las rocas de las paredes del cañón, jamás se encontraron registros escritos. No hay cementerios, lugares de cremación, ni armas de guerra. Sin embargo, ahí está la evidencia de su existencia: cientos de moradas en un cañón de 17 kilómetros de largo por 1.6 kilómetros de ancho, en el remoto rincón de un cañón desolado en el noroeste de Nuevo México.

A menudo voy a caminar a ese lugar, me sumerjo en la extraña belleza de su desolación y su pasado. Esa tarde de octubre, tanto el guardián de sabiduría como yo, llegamos a esas alturas del desierto el mismo día y por la misma razón.

Mientras intercambiábamos nuestras creencias respecto a los secretos que se encerraban en ese lugar, mi nuevo amigo compartió conmigo una historia.

HACE MUCHO TIEMPO...

"Hace mucho tiempo, nuestro mundo era muy distinto a como es hoy en día," comenzó a relatar el guardián de sabiduría. "Había menos gente y vivíamos más cerca de la tierra. La gente conocía el lenguaje de la lluvia, de las cosechas y del Gran Creador. Sabían cómo hablar con las estrellas y con los seres del cielo. Comprendían que la vida era sagrada y que era producto del matrimonio entre la Madre Tierra y el Padre Cielo. En esa época había equilibrio y la gente era feliz."

Al oír la calmada voz del hombre hacer eco contra el risco de arenisca que nos rodeaba, sentí que algo muy antiguo brotaba de mi interior. De repente, su voz se entristeció.

"Luego, algo ocurrió," dijo. "Nadie en verdad sabe por qué, pero comenzaron a olvidar quiénes eran. Con el olvido, comenzaron a sentirse separados, separados de la tierra, de los demás, y hasta de su creador. Se perdieron y deambularon por la vida sin dirección ni conexión. En su separación, creían que tenían que pelear para sobrevivir en este mundo, y defenderse contra las mismas fuerzas que les habían dado la vida, en la que habían aprendido a vivir en armonía y confianza. Muy pronto, usaron toda su energía para protegerse del mundo que los rodeaba, en vez de hacer las paces con su mundo interior."

De inmediato, la historia de aquel hombre resonó conmigo. Mientras escuchaba lo que decía, ¡me parecía que estaba describiendo a los humanos de hoy en día! Con las pocas excepciones de algunas culturas aisladas y concentraciones remotas de tradiciones que aún quedan, nuestra civilización ciertamente coloca su enfoque más en el mundo a nuestro alrededor y menos en el mundo en nuestro interior.

Gastamos cientos de millones de dólares cada año para defendernos de enfermedades e intentar controlar a la naturaleza. Al hacerlo, quizá nos desviamos aún más de nuestro equilibrio con el mundo natural de lo que ya estábamos. El guardián de sabiduría había logrado llamar mi atención, la pregunta ahora era: ¿adonde quería llegar con su historia?

"Aunque habían olvidado quiénes eran, en algún punto de su interior permanecía el don de sus ancestros," continuó. "Todavía les quedaba un recuerdo que vivía con ellos. En sus sueños sabían que poseían el poder de sanar sus cuerpos, de atraer la lluvia cuando fuera necesario y de hablar con sus ancestros. Sabían que de alguna manera podían encontrar de nuevo su lugar en el mundo de la naturaleza.

"Mientras intentaban recordar quiénes eran, comenzaron a construir cosas fuera de sus cuerpos para recordarles quiénes eran en su interior. Con el paso del tiempo, incluso construyeron máquinas para curar a las personas, crearon químicos para hacer crecer sus cosechas, y extendieron cables para comunicarse a través de largas distancias. Cuanto más se desviaban de su poder interior, más se enredaban sus vidas externas con las cosas que creían que los harían felices."

Mientras lo escuchaba, vi los inconfundibles paralelos entre las personas de las que él hablaba y nuestra civilización actual. Estamos inmersos en sentimientos de impotencia en cuanto a ayudarnos a nosotros mismos y hacer de nuestro mundo algo mejor. Con frecuencia nos sentimos inútiles ante los deslices de nuestros seres queridos, cuando quedan sujetos al dolor y a las adicciones. Pensamos que somos impotentes para aliviar el dolor de las terribles enfermedades, que ningún ser viviente debería tener que soportar. Sólo nos queda esperar que llegue la paz para que nuestros seres queridos se liberen del terror de las guerras en otros países. Y en conjunto, nos sentimos insignificantes ante la presencia de una creciente amenaza nuclear, mientras el mundo se alinea según las divisiones de religiones, razas y fronteras.

Parece que cuanto más nos alejamos de nuestra relación natural con la tierra, con nuestros cuerpos, con nuestros semejantes y con Dios, más vacíos nos volvemos. En esa vacuidad, nos esforzamos por llenar nuestro vacío interior con "cosas." Cuando miramos el mundo desde esta perspectiva, no podemos hacer otra cosa más que pensar en un dilema similar representado en la película de ciencia-ficción llamada Contacto. El consejero científico del presidente (interpretado por Matthew McConaughey) explora la pregunta fundamental que enfrenta toda sociedad tecnológica. Durante una entrevista de televisión, él pregunta si somos una mejor sociedad como consecuencia de nuestra tecnología; si eso nos ha unido o nos ha separado aún más. La pregunta no llega a ser respondida en la película, y este tema podría ser el móvil de todo un libro. Sin embargo, es un buen punto que el consejero se haga la pregunta de qué tanto de nuestro poder estamos entregando en aras de nuestras diversiones.

Cuando sentimos que los juegos de video, las películas, las relaciones virtuales y las comunicaciones sin voz, son parte de nuestras necesidades y se han convertido en sustitutos de la vida real y del contacto cara a cara, puede ser una señal de una sociedad en apuros. Aunque los equipos electrónicos y las actividades recre- ativas parecen hacer la vida más interesante, también pueden ser advertencias de lo mucho que nos estamos desviando de nuestro poder de llevar una vida enriquecedora, sana y significativa.

Además, cuando nos enfocamos más en evitar enfermedades que en llevar una vida sana, en mantenemos alejados de las guerras en vez de cómo cooperar de forma pacífica, y en cómo crear nuevas armas en vez de cómo vivir en un mundo en donde los conflictos armados serían obsoletos, es claro que el sendero en el que nos encontramos es el de la supervivencia. En dicha modalidad, nadie es verdaderamente feliz, en realidad nadie "gana." Cuando nos descubrimos viviendo de esta manera, lo obvio que debemos hacer es buscar otro camino. Y esto es precisamente de lo que trata este libro y la razón por la cual comparto con ustedes esta historia.

"¿Cómo termina la historia?" le pregunté al guardián de sabiduría. "¿Lograron esas personas encontrar su poder y recordar quiénes eran?"

Para ese momento, el sol había desaparecido tras los muros del cañón, y por primera vez pude ver en verdad con quién había estado hablando. El hombre de tez bronceada por el sol, estaba de pie al frente mío con una amplia sonrisa al escuchar mi pregunta. Se quedó callado por un momento y luego susurró: "Nadie lo sabe porque la historia no ha terminado. Aquellos que se perdieron son nuestros ancestros, y nosotros somos los que estamos escribiendo el final. ¿Usted qué cree...?"

Después de eso, solamente volví a verlo un par de ocasiones en varios lugares de esta tierra y de las comunidades que ambos amamos. No obstante, pienso en él con frecuencia. Cuando veo cómo se están desarrollando los eventos del mundo, recuerdo su historia y me pregunto si completaremos el final en esta vida. ¿Seremos usted y yo quienes recordaremos?

Las implicaciones de la historia que el hombre del cañón compartió conmigo son muy vastas. La sabiduría convencional de la historia es que las herramientas de las civilizaciones pasadas, sin importar su antigüedad, fueron de alguna manera menos avanzadas que nuestra tecnología moderna. Aunque es cierto que estas personas pueden no haber usado la ciencia "moderna" para resolver sus problemas, es posible que hayan tenido algo incluso mejor.

En conversaciones con historiadores y arqueólogos, cuyo sustento está basado en interpretar el pasado, este tema es, por lo general, fuente de emociones apasionadas y acaloradas. "Si ellos eran tan avanzados, ¿en dónde está la evidencia de su tecnología?" preguntan los expertos. "¿En dónde están sus tostadoras, microondas y equipos de reproducción de video?" Me parece muy interesante que para interpretar el desarrollo de una civilización, todo gire en torno a las cosas que construyeron esos individuos. ¿Qué hay de las ideas tras sus obras? Aunque hasta donde sé, es cierto que jamás se han encontrado una televisión ni una cámara digital en las zonas arqueológicas del suroeste de los Estados Unidos (de hecho, en ningún otro lugar), la pregunta es ¿por qué?

¿Es posible que cuando vemos los residuos de civilizaciones avanzadas, como las de Egipto, Perú o el desierto en el suroeste de los Estados Unidos, estamos en verdad siendo testigos de los restos de una tecnología tan avanzada que no necesitaron de tostadoras ni equipos de reproducción de video? Quizá superaron la necesidad de un mundo externo enredado y complejo. Quizá poseían el conocimiento sobre ellos mismos que les brindó la tecnología interna para vivir de manera distinta, conocimiento que hemos olvidado. Esa sabiduría puede haberles proporcionado todo lo que necesitaban para sustentar sus vidas y sanarse de una manera que nosotros apenas estamos comenzando a comprender.

Si esto es cierto, entonces quizá no tenemos que ver más allá de la naturaleza para comprender quiénes somos y cuál es nuestro verdadero papel en la vida. Y quizá algunas de nuestras visiones más profundas y poderosas ya están disponibles en los misteriosos descubrimientos del mundo cuántico. Durante el siglo pasado, los físicos descubrieron que la materia de la cual estaban compuestos nuestros cuerpos y el universo, no sigue siempre las leyes claras y ordenadas que han sido consideradas como sagradas desde hace casi tres siglos por la física. De hecho, en las escalas más minúsculas de nuestro mundo, las mismas partículas de las que estamos hechos, rompen las reglas que dicen que estamos separados mutuamente y limitados en nuestra existencia. Al nivel de las partículas, todo parece estar conectado y ser infinito.

Estos descubrimientos sugieren que hay algo en el interior de cada uno de nosotros que no está limitado por el tiempo, el espacio ni la muerte.

Lo esencial de estos descubrimientos es que parecemos vivir en un universo "no local" en donde todo está conectado siempre.

Dean Radin, científico de renombre del Instituto de Ciencias Noéticas, ha sido un pionero al explorar exclusivamente lo que significa que vivamos en dicho mundo. La "no localidad," nos explica, "significa que hay formas en que las cosas que aparecen separadas, de hecho, no lo están."1 Hay aspectos de nosotros, sugiere Radin, que se extienden más allá del aquí y del ahora y nos permiten extendernos a través del tiempo y del espacio. En otras palabras, el "nosotros" que vive en nuestros seres físicos no está limitado por la piel y el cabello que definen nuestros cuerpos.

Sea lo que sea que decidamos llamar a ese "algo" misterioso, todos lo tenemos; y el nuestro se entremezcla con el de todos los demás como parte del campo de energía que impregna todas las cosas. Se cree que este campo es la red cuántica que conecta todo el universo, así como el patrón infinitamente microscópico y energético para todo, desde sanar nuestro cuerpo hasta forjar la paz del mundo; reconocer nuestro verdadero poder significa que debemos comprender qué es este campo y cómo funciona.

Si los antiguos en el cañón al norte de Nuevo México, o para el caso, en cualquier parte del mundo, comprendieron cómo funcionaba esta parte olvidada de nosotros, entonces tiene muchísimo sentido que honremos los conocimientos de nuestros ancestros y encontremos un lugar para su sabiduría en nuestros tiempos.

¿ESTAMOS CONECTADOS? ¿REALMENTE CONECTADOS?

La ciencia moderna está a punto de encontrar evidencias de uno de los misterios más grandes de todos los tiempos. Es posible que no lo escuche en las noticias vespertinas ni lo lea en la portada de USA Today o del periódico Tlxe Wall Street Journal. No obstante, casi 70 años de investigaciones en el área de la ciencia conocida como la "nueva física" está señalando una conclusión de la cual no podemos escapar.

Clave 2: Todo en nuestro mundo está conectado con todo lo demás.

¡Así es en realidad! Estas son las noticias que cambian todo y que estremecen por completo las bases de la ciencia tal como la conocemos hoy en día.

"Bueno, está bien" dice usted, "esto ya lo hemos escuchado antes. ¿Qué hace que esta conclusión sea distinta? ¿Qué significa en verdad que estemos tan conectados?" Estas son muy buenas preguntas y las respuestas podrían sorprenderlo. La diferencia entre los nuevos descubrimientos y lo que hemos creído previamente es que en el pasado, sencillamente, nos habían dicho que esta conexión existe.

Por medio de frases técnicas como "dependencia sensible de las condiciones iniciales" (o el "efecto mariposa"), y de teorías que sugieren que lo que hacemos "aquí" tiene un efecto "allá," podíamos observar vagamente el papel de la conexión en nuestras vidas. Los nuevos experimentos, sin embargo, nos llevan un paso más adelante.

Además de decirnos que estamos conectados con todo, las investigaciones ahora demuestran que esta conexión existe debido a nosotros. Nuestra conexión nos brinda el poder de barajar las cartas a nuestro favor cuando se trata de los resultados de nuestras vidas. En todos los aspectos, desde encontrar el romance y sanar a nuestros seres queridos, hasta el logro de nuestras aspiraciones más profundas, somos una parte integral de todo lo que experimentamos cada día.

El hecho de que los descubrimientos demuestran que podemos usar nuestra conexión de forma consciente, abre las puertas a nada menos que nuestra oportunidad de tener acceso al mismo poder que dirige todo el universo. Por medio de la unicidad que reside en su interior, en el mío y en el de todos los seres humanos del planeta, tenemos una línea directa con la misma fuerza que crea todas las cosas, ¡desde los átomos y las estrellas, hasta el ADN de la vida!

Sin embargo, hay un pequeño truco. Nuestro poder para hacer esto está dormido hasta que lo despertemos. La clave para despertar tan fascinante poder, es realizar un pequeño giro en la forma como nos vemos en el mundo. Así como los iniciados del poeta Logue descubrieron que podían volar después de recibir un pequeño empujón en el acantilado (como nos dice el poema en la página 5), con un pequeño giro en la percepción, podemos tener acceso a la fuerza más poderosa del universo con el fin de enfrentar las situaciones en apariencia más imposibles. Esto ocurre cuando nos permitimos ver nuestro papel en el mundo de una manera nueva.

En razón de que el universo parece como un lugar muy grande, casi demasiado vasto como para siquiera pensar en él, podemos comenzar a vernos de forma distinta en nuestras vidas diarias. El "pequeño giro" que necesitamos es vernos como
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