Impacto de los jóvenes cristianos en el mundo actual






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Impacto de los jóvenes cristianos en el mundo actual
Parece que cada generación piensa que la siguiente generación está perdida y llena de malas costumbres. Recuerdo la consternación de mi padre cuando supo que yo quería llevar el pelo largo y usar pantalones de campana cuando era joven. Tal vez no sea una emoción tan diferente a la que sentí cuando mi hija perforó su nariz. Los modos de vestirse y adornarse, las formas de hablar, las actitudes y los estilos de relacionarse, cambian de generación en generación, y la generación madura siente que el mundo se está perdiendo.
Como cristianos, esta tensión nos afecta más porque sentimos el deseo y la responsabilidad de preservar la fe. Nos preguntamos, ¿si la nueva generación cambia la música, la moda, el hablar, el estilo de adoración y los tabúes, van a destruir por completo la fe? ¿Cómo pueden llamarse cristianos si no se parecen a nosotros? Y lo peor, sospechamos que tampoco piensan como nosotros. Que la iglesia de la cual ellos serán los líderes, sea una iglesia pura y apasionada que impacte el mundo con el evangelio de Jesucristo. El presente artículo trata sobre la forma de pensar de los jóvenes evangélicos. Entre febrero y junio de 2005 conduje una investigación sobre las actitudes, creencias y prácticas de un grupo de jóvenes evangélicos en San José, Costa Rica. Por medio de varias entrevistas,

yo como pastor y educador experimentado en Latinoamérica, pero novato en Costa Rica, podía aprender acerca del mundo y del pensamiento de la nueva generación costarricense. De tal modo les ofrezco una percepción más actualizada del misterioso mundo juvenil, atreves que siempre sigue cada día mas destruyendo las drogas mas jóvenes que un día pudieron ser jóvenes del futuro y los que mas se pierden los que no tienen apoyo a realizar sus propias decisiones y si las toman las toman a la ligera y también si están sin Dios pero hoy en adelante nosotros seremos unos jóvenes mas para que el futuro en Dios siempre cambien siguiendo los pasos a Jesús que es el que solo nos puede ayudar en todo cuidado con el enemigo siempre nos quiere ver destruidos por que no quiere que seamos jóvenes con poder de Dios que el día de mañana seremos unos jóvenes con el gozo de Dios siempre y cuando no nos dejemos llevar del enemigo que solo nos quiere ver destruidos, los cristianos nos preocupamos por la moralidad sexual, especialmente de los jóvenes. No resulta tan difícil recordar las presiones y las tentaciones sexuales que nosotros experimentamos en la juventud. Tampoco son incomprensibles las enormes presiones y tentaciones a las que son sometidos los jóvenes actuales por parte de los medios de comunicación masivos y la cultura popular.
Dios Bendiga La obra con los jóvenes

J. N. Darby

El Cristiano y el Mundo
«No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él» (1 Jn 2:15). «¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios» (Stg 4:4).

¿QUÉ ES EL MUNDO?

¿Qué es el mundo? He aquí una pregunta de suma importancia, que forzosamente se presenta al atento examen de todo creyente serio y reflexivo. ¿Qué es este mundo, del cual la Palabra le exhorta a conservarse sin mancha? (Stg 1:27).

La Escritura usa la palabra mundo en tres sentidos diferentes. En primer lugar significa, literalmente, el orden, el sistema, la organización de la vida humana; luego, la tierra en sí misma es llamada el mundo, porque constituye la escena en la cual se desarrolla aquel sistema; por fin, llamamos mundo al conjunto de los individuos que viven conforme a este sistema. Se puede, pues, distinguir entre la escena del mundo, las personas del mundo, o el sistema del mundo.

Cuando leemos en la Palabra que «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Ti 1:15), bien podemos entender que Él vino a la escena de este mundo, y que entonces se halló, inevitablemente, en contacto con el sistema del mundo, que tanto le odiaba. Él decía de sus discípulos: «No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo» (Jn 17:16), es decir, que ellos no formaban parte de aquel sistema, en el cual, por lo contrario, los demás hombres encontraban su razón de vida y se complacían. Cualquiera que sea amigo de este sistema, es enemigo de Dios (Stg 4:4). La característica de tal sistema es gobernarse a sí mismo, sin dependencia alguna de Dios.

Consideremos, como ejemplo, la organización militar: cuando un hombre es llamado a filas, lo halla todo organizado en vista de sus necesidades: el habilitado para ello provee su sueldo, el encargado del vestuario le proporciona el uniforme, otro le facilita las armas y el equipo, etc.; desde su llamada a filas, el soldado se halla sometido a esta organización, de manera que no puede emprender nada por iniciativa propia. La organización de ese sistema es tan minuciosa y metódica, que ha sido calificado, a veces, de manera muy significativa, de pequeño mundo. Sin embargo, no es más que una pálida imagen de aquel inmenso sistema llamado el mundo que rige todas las necesidades del hombre, así como el ejercicio de sus facultades.

EL MUNDO PROVEE A TODAS LAS NECESIDADES DEL HOMBRE NATURAL

El hombre necesita vivir en sociedad; por eso el mundo no dejó de organizar su sistema social, y se ha esmerado en hacerlo de un modo completo y perfecto. La posición social es el todo para el hombre; no ahorra ningún esfuerzo para alcanzarla y conservarla a toda costa, ni hay gasto que le parezca excesivo. Consideremos, hermanos, aquella inmensa escala social, la sociedad, con sus miríadas de criaturas humanas, de las cuales se esfuerzan para ascender a los más altos puestos, mientras que otras hacen lo posible para mantenerse en la posición adquirida. ¡Qué atractivo y terrible poder tiene aquel sistema social para absorber el espíritu y el corazón de los hombres!

Además, el hombre necesita un gobierno o poder político para la protección de su vida, su hacienda, sus derechos, a lo cual el mundo provee plenamente.

Y ¡así organización más completa corresponde también a lo que llamamos el mundo de los negocios! Las ocupaciones, en este mundo, forman un destacado conjunto de los más notables. Los hombres que sólo están dotados de fuerza física hallan ocupaciones además de sus capacidades; los espíritus inventivos pueden dar libre curso a su genio; los de formación artística se manifiestan en el mundo de la escultura, de la pintura, de la música o de la poesía; los sabios trabajan para resolver sus problemas; los escritores componen sus libros; y hasta las codicias y el lujo de unos, proporcionan a otros sus medios de subsistencia.

EL HOMBRE ES RELIGIOSO POR NATURALEZA

El hombre es una criatura tan compleja que necesita de numerosas y diversas cosas para su satisfacción; le hace falta algo de negocios, de política, de sociedad, de estudios, y, por fin, hasta un poco de religión. El hombre es por naturaleza religioso. La palabra religión, que nosotros usamos a menudo, no se halla mencionada más que cuatro veces en la Biblia. Notemos que religión no significa piedad, pues los adoradores de los ídolos son religiosos. La religión es parte integrante de la naturaleza del hombre, lo mismo que su inteligencia o su memoria; por consiguiente, el sistema del mundo que provee, de manera tan completa, a cuanto al hombre atañe, no puede por menos que ofrecer un alimento a esta inclinación religiosa de su naturaleza. Así, al que sea sensible a suaves impresiones, o que tenga afición a lo bello, el mundo le prestará armoniosa música, o imponentes ceremonias, o ritos religiosos. Al que sea de carácter independiente y comunicativo, el liberalismo le permitirá dar rienda suelta a sus sentimientos. Si, por el contrario, uno es de carácter callado, reservado o reflexivo, hallará satisfacción en una severa ortodoxia. Si otro es concienzudo, haciendo poco caso de sí mismo, y cree indispensable hacer penitencia de un modo o de otro, también podrá satisfacer sus aspiraciones en aquel sistema del mundo, etc... Existen, pues, creencias, doctrinas y sectas adaptadas a cada variedad de carácter, a toda forma de sentimiento religioso, en la carne.

EL MUNDO ES UN ORDEN DE COSAS COMPLETO

¿Puede haber sistema más admirable y completo? Nada deja de lado. La satisfacción y el pretendido gozo que contiene son suficientes para que aquella gran multitud movediza de la humanidad se halle siempre en actividad y goce de un relativo contentamiento. Los corazones se aprestan siempre a buscar lo que les pueda satisfacer, los espíritus se hallan atareados; si alguna cosa viene a faltar, inmediatamente se recurre a otra. La aflicción y aun la muerte no se dejan de lado en la organización del sistema de este mundo; se provee a los funerales, a los vestidos de luto, se hacen las visitas de pésame, se dispensan palabras de simpatía, nada se olvida; de tal manera que, en poco tiempo, el mundo es capaz de elevarse por encima de sus duelos, y de volver de nuevo a su acostumbrada esfera de ocupación.

Pero hoy día, por la gracia de Dios, algunos muy pocos por cierto de los que están en el mundo, han comprendido que cuanto hay en él, negocios, política, educación, gobierno, ciencias, invenciones, ferrocarriles, telégrafos, organizaciones sociales, instituciones de beneficencia, reformas, religión, etc., son parte integrante del sistema de este mundo, de un sistema que va completándose cada día. Lo que se llama progreso del siglo no es otra cosa sino el desenvolvimiento de aquel elemento mundano.

Ahora bien, la relación Actual de Cristo con semejante mundo debe ser también la nuestra. La posición que Cristo ocupa en el cielo, y la que no ocupa en la tierra nos indican, suficientemente, cuál debe ser la nuestra.

SATANÁS ES EL DIOS DE ESTE MUNDO

A los que pregunten los motivos por los cuales tal actitud debe caracterizarnos, contestamos: ¿No sabéis que Satanás es «el dios de este mundo», «el príncipe de la potestad del aire», el director de aquel monstruoso sistema? Es su energía, su genio inspirador, y su príncipe. Cuando Jesucristo estuvo en la tierra, el diablo fue a ofrecerle «todos los reinos de la tierra y su gloria», por cuanto decía «A mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos» (Lc 4:6-7). Estos versículos descorren el velo, y aparece a plena luz el verdadero objeto de todo culto religioso del hombre. La Escritura habla de Satanás como de alguien que era «lleno de sabiduría, y acabado de hermosura» (Ez 28:12), y que se disfraza de «ángel de luz» (2 Co 11:14). ¿Cómo extrañarse, pues, de que los hombres, tanto los indiferentes como los más reflexivos, sean engañados y seducidos? ¡Cuán pocos son los que tienen los ojos abiertos para discernir, por la Palabra de Dios y la unción del Espíritu Santo, el verdadero carácter del mundo! Algunos hay que creen haber escapado al lazo de la mundanalidad porque abandonaron lo que llamamos los placeres mundanos y se hicieron miembros de determinadas iglesias, o de asociaciones religiosas; pero se dan cuenta de que siguen permaneciendo en el sistema del mundo de igual modo que antes. Sólo que Satanás, príncipe de este mundo, les haca pasar de un departamento a otro, a fin de adormecer sus conciencias inquietas, haciéndoles sentir más satisfechos de sí mismos.

¿CUÁL ES EL REMEDIO?

Siendo pues las cosas así, se nos presenta esta cuestión: ¿Cuál es el remedio? ¿Qué harán los que andan por el camino ancho y que hasta hoy vivieron de conformidad al sistema del mundo, para librarse de su influencia? ¿Cómo podrán discernir lo que es del mundo y lo que es de Dios? Dice el apóstol: «todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios» (Ro 8:14). Normalmente, la vida cristiana ha de ser gobernada por Cristo, tal como el cuerpo de un hombre se halla dirigido por su cabeza; cuando se está sano, no se mueven la mano ni el pie, a no ser que lo mande la cabeza. Es precisamente en el mismo sentido que Cristo es la cabeza del cristiano (1 Co 11:3), el cual se halla entonces sometido a Él en todas las cosas, sean de poca o de mucha importancia. Así es como el cristiano hiere la mundanalidad en su propia raíz: la voluntad propia del hombre es el principio fundamental sobre el cual se halla edificado todo el sistema del mundo, mientras que la base de la vida cristiana no puede ser otra que la dependencia de Dios y la obediencia a Su voluntad.

EL GRAN OBJETIVO DE SATANÁS

El gran objetivo de Satanás es establecer para el hombre un sistema que sustituya enteramente la dirección del Espíritu Santo; ello será su obra maestra de los tiempos del fin, y la característica prominente de la gran apostasía que se acerca rápidamente. Entonces, Satanás se manifestará abiertamente y en su misma persona, como dios de este mundo, lo que, de momento, está aún escondido en misterio.

Queridos hermanos, es tiempo ya que los cristianos despertemos del sueño espiritual y examinemos si de una manera o de otra no nos hemos asociado a un sistema que madura rápidamente para el juicio.

Pero, dirán algunos, ¿cómo podemos nosotros impedir este estado de cosas? ¿No nos hallamos sujetos a ellas, aun a pesar nuestro, por nuestro comercio, nuestras profesiones, como miembros de la sociedad? ¡No podemos abandonar nuestras ocupaciones diarias! Claro, es una necesidad que cada uno admite, pero debemos notar que el hecho que cada uno la admita prueba que no es de Dios: «Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe» (1 Jn 5:4), La fe no repara en las circunstancias exteriores, en lo que es posible o en lo que sea imposible; la fe no considera lo que se ve, sino que confía en Dios. Alrededor nuestro, muchas personas nos pueden aconsejar acerca de lo que conviene hacer o evitar en la sociedad humana, pues lo que conviene al mundo es su regla y medida. Puede ser que ellas vean trazado claramente el camino que siguen, y que éste sea perfectamente razonable y satisfactorio; mas ello no tiene ningún valor para el cristiano que anda por la fe: éste bien sabe que lo que se considera universalmente como el buen camino será, al contrario, el camino de perdición, pues es el camino ancho (Lc 16:15; Mt 7:13).

¿DEBE EL CRISTIANO PARTICIPAR EN POLÍTICA?

Por ejemplo, muchos estiman que un buen ciudadano, un cristiano, debe interesarse por el gobierno de su país, y debe votar, contribuyendo así a llevar al poder hombres honorables. Pero Dios habla muy diferentemente. Repetidas veces en su Palabra, y de diversas maneras, Él me dice que como hijo suyo, no soy ciudadano de ningún país ni miembro de sociedad alguna: «Nuestra ciudadanía está en los cielos» (Fil 3:20): Desde entonces no tenemos otro quehacer que las cosas celestiales. «En la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo» (Gá 6:14). Si las cosas terrenales absorben mis pensamientos y mi corazón, me constituyo en «enemigo de la cruz de Cristo» (Fil 3:18). «No os conforméis a este siglo» (Ro 12:2).

NUESTRA CONDUCTA FRENTE A LAS AUTORIDADES

¿Qué tenemos entonces que ver con las autoridades? Pues sujetarnos a ellas, ya que Dios las ordenó; cuando imponen sus tributos, satisfacerlos, y hacer rogativas por los reyes y por todos los que están en eminencia (1 Ti 2:1). Resulta, pues, que lo único que un cristiano puede realizar en política, es someterse a las potestades superiores, «no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia» (Ro 13:5). Sin duda alguna, en Cristo, él (el cristiano) es heredero de todo, incluso de la tierra en la cual el sistema mundano opera hoy en día; pero lo mismo que Abraham en el país de Canaán, Dios no le da siquiera donde poner el pie. Como herencia actual suya: «El justo por su fe vivirá» (Hab 2:4).

Si pues el verdadero hijo de Dios deja de tomar posición definida en cosas de política, no es tanto que crea malo el adherirse a una opinión, sino que ha dado su voto y su adhesión a Aquel que está en los cielos, y que Dios ha ensalzado como Rey de los reyes y Señor de los señores. Además, las cosas terrenales perdieron todo interés para él, porque ha hallado cosas de mucho mayor valor y atractivo. También ve que el mundo es impío en su espíritu y en su esencia, y que sus reformas y progresos más preciados van apartando progresivamente de Dios el corazón del hombre. Desea dar testimonio de Dios y de su verdad, anunciando el juicio venidero en el día de la aparición de Cristo, cuando los hombres se congratularán creyendo estar en paz y seguridad; y espera que, por él, algunos aprenderán a librarse de los lazos en los cuales Satanás quiere aprisionar la humanidad entera.

A CONTRACORRIENTE

Nosotros que somos salvos, hemos de estar en un lugar aparte, como quienes han tomado posición con Cristo rechazado, ante el mundo que le ha crucificado; manifestados como hombres de una raza celestial: «irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo» (Fil 2:15). Esta es la misión ¡y cuán elevada! de los hijos de Dios. Pero cuesta mucho el vivir de esta manera. Tenemos que mantenernos cual roca solitaria en medio del ímpetu de un río caudaloso, ya que todo cuanto nos rodea está moviéndose, está bullendo; todo tiende a hacernos vacilar, una continua e implacable presión se ejerce sobre nosotros. Nos hallamos luchando en medio de una interminable oposición, la cual, tarde o temprano, nos arrastraría, sino pudiéramos contar con la firmeza de la ROCA.

Cuando vamos poniendo en práctica las palabras de Dios, entonces es cuando se levanta la tormenta contra nosotros. Ser miembro de lo que se llama una iglesia es cosa fácil; también lo es el hacer como todos los demás; el ser hombre honrado y buen ciudadano no ocasiona ninguna persecución. Uno puede reunir todas estas cualidades y, sin embargo, seguir la corriente mundana. Pero resplandecer como luminares por Dios en el mundo es cosa que provoca la enemistad; por doquiera que se ve al verdadero Cristo, se le odia. Si le ven a Él en mí, me odiarán por este motivo; por lo contrario, si gozo de buena reputación, si nadie se me opone, ¿qué significa eso para mí, como cristiano? Muy sencillo: no siendo manifestada la vida de Jesús en mi cuerpo mortal, no se puede ver a Cristo en mí.

UNA POSICIÓN CLARA

Así van las cosas: cuando un alma ha llegado realmente al conocimiento de Dios, o más bien a ser conocida de Él, se siente atraída hacia las cosas celestiales por su unión con Cristo, no tiene ningún deseo de participar en el sistema u orden de cosas del mundo y bien puede pensar: ¿sería posible que yo retornara a tan débiles y miserables principios? Un hombre que ha venido a ser hijo de Dios, que tiene la vida, la vida eterna en Cristo, que es identificado con la Cabeza Glorificada (verdad que le ha sido revelada por la Palabra y el Espíritu), ¿podría, acaso, tener intereses en el mundo, habiendo conocido a Dios? Si vemos, por ejemplo, a un niño comiendo una fruta medio podrida y ácida en un huerto, mientras tiene a su lado un árbol cargado de las más sabrosas frutas, deduciremos forzosamente de ello que aquel niño no sabe lo que es una buena fruta, ni las conoce. Del mismo modo, si el corazón del hombre se apega a cualquiera de los componentes del orden de cosas de este mundo, nos preguntaremos: ¿cabe pensar que haya conocido a Dios?

Es por eso que las palabras de Dios no se nos presentan como mandamientos formales, tales como: No votarás, No recibirás honra de parte de este siglo malo, Sufrirás el oprobio todos los días de tu vida, etc., etc. Al contrario, nos son presentados de tal modo que el discípulo amante, cuyo corazón egoísta, siendo sometido a Cristo, sólo anhela conocer los pensamientos de su Señor, y pueda descubrir el secreto de los mismos. Viviendo así, reflejará con mayor fidelidad la persona de Cristo morando en él, como creyente librado de este presente siglo malo.

Ya no son los antiguos mandamientos de la ley mosaica: harás, no harás. Sin embargo, la voluntad de Dios puede discernirse perfecta, clara y fácilmente con tal que el ojo esté sencillo. Dios cuida maravillosamente de que un corazón que le ama pueda enterarse sin dificultad de ella, mientras que un corazón falto de sinceridad busca inevitablemente disculpas y escapatorias para caminar en una senda de maldad. Puede hallarse una aplicación de esta verdad en un familia. Imaginémonos a un hijo cariñoso, apegado a sus padres, obediente, que haga lo posible para conocer los propósitos y la conducta de su padre: tendrá el sentimiento de sus deberes, y todo le será fácil y natural. Pensemos ahora en otro hijo que se halla en las mismas condiciones, goza de los mismos privilegios y conoce bien los pensamientos e intentos de su padre o al menos tendría que conocerlos, pero se pone a obrar a su antojo y declara a su padre, al ser reprendido: «Yo no lo sabía, nunca me dijiste que no debía ir a tal o cual lugar».

¿DEBEMOS SALIR DEL MUNDO?

Antes de terminar, quisiera insistir sobre otro punto. Por cierto, no podemos evitar el contacto con el orden de cosas del mundo, pero aquel contacto no debe transformarse nunca en comunión: «¿Qué concordia Cristo con Belial?» (2 Co 6:15). «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal» (Jn 17:15). Jesús, que no era de este mundo, padeció en él, y vivió como extranjero: el aislamiento y la tribulación fueron para Él cosas vividas y sentidas, y será lo mismo para nosotros en la medida en la cual seguiremos fielmente sus pasos. ¿No es triste ver, hermanos y hermanas, que entre nosotros haya algunos que busquen su satisfacción y bienestar en el impío sistema del mundo, encontrándose en él como en casa propia? ¿Tendríamos casa propia en esta tierra donde Cristo no está? No olvidemos de que somos viajeros sin domicilio, peregrinos fatigados y verdaderos extranjeros, si en verdad somos de Cristo.

Mientras estemos en el mundo, no podemos sustraernos a su contacto. Pero, ¿no ocurre a veces que tenemos contacto con él en numerosos asuntos para los cuales no hay la menor necesidad de ello? No lo tendríamos, sin duda alguna, si llevásemos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús.

Numerosas son las tretas y engaños por los cuales el Enemigo seduce hasta el corazón de los hijos de Dios: Reuniones religiosas, obras de caridad, sociedades fraternales o cofradías, cosas en las cuales la carne puede complacerse y que se sustituyen a la vida que tenemos en la fe del Hijo del Dios (Gá 2:20). Los creyentes de los tiempos antiguos que recibieron el testimonio (conservado hasta nosotros) de haber agradado a Dios, fueron despreciados (He 11:36-37). Otros vinieron a ser «la escoria del mundo, el deshecho de todos hasta ahora» (1 Co 4:13). Tenían su ciudadanía en los cielos; mas nosotros ¡preferimos ser gente honrada y considerada por este mundo! Es que nos conformamos demasiado al sistema u orden de cosas del mundo; cuyo resultado es que no puede haber conflicto entre él y nosotros, y que somos súbditos desleales de Cristo, quienes evitan cuando no huyen el oprobio de la Cruz.

Sin embargo, la Palabra de Dios permanece sin alteración: «Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2 Ti 3:12).

Amados hermanos, ya conocemos la senda estrecha. ¡Ojalá seamos de los que la siguen!

Tenemos ya nuestros pasaportes. Estamos sellados con el Espíritu Santo y esperamos al mismo Señor que, con aclamación, voz de arcángel y toque de la trompeta de Dios, vendrá a arrebatarnos a su encuentro, en las nubes, para que estemos siempre con Él (1 Ts 4:16-17). ¡Qué bendita esperanza!

 «Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén» (Gá 1:3-5).

Texto: Tito 2.6-8

Propósito:

Mostrar a los jóvenes cristianos que es lo que Dios quiere para ellos, en medio de este mundo hostil y peligroso.

Introducción:

Pablo tenía mucho interés, en que los jóvenes den un buen testimonio, por eso aconsejaba a Tito, por eso aconsejaba a Tito que debe cuidarse de este mundo; pero él lo presento como un “verdadero hijo en la fe” (Tito 1.4) Hoy han surgido muchos movimientos “juveniles” que quieren modificar el mensaje de Cristo para traer personas a la iglesia y eso es peligroso no se puede evangelizar usando medios mundanos por ejemplo “Conciertos pop” “música subliminal” “celebraciones tradicionales” y “modas” etc. Estas enseñanzas van en contra del mensaje de Cristo por que el verdadero cristiano no pertenece al mundo. (Mateo 6.8)

(I)                 Pablo aconseja a Tito que enseñe a los jóvenes que sean “prudentes”

(Tito 2.6) La palabra prudente significa: Tener dominio propio, desarrollar el discernimiento espiritual, y conocer los deseos y apetitos carnales y tener cuidados de ellos, eso es ser prudentes. Jesús aconsejo que deberíamos de ser como la serpiente “de ser prudentes” ¿por qué? Porque la serpiente así domas no se deja atrapar. (Mateo 10.16)

 

 

(II)               Pablo aconseja a Tito a que se presente como “ejemplo” (v.7) La palabra ejemplo significa “tupos” en griego que significa (impresión, molde, patrón, modelo). Jesús se presento como modelo para sus discípulos cuando se ciñe la toalla en su cintura y lava los pies a sus discípulos (Mateo 13.15) No te parece que ese es un buen ejemplo de Cristo para nosotros los jóvenes. Pablo aconsejo a Timoteo a que se presente como ejemplo a los creyentes: (en palabra, conducta, fe, pureza y amor) (1Timoteo 4.12) ¿Cómo te estás presentando tu frente a la iglesia o frente a la sociedad?

 

(III)             El resultado del consejo de Pablo es: Que los jóvenes sepan dar un buen testimonio (v.8) Entonces para aquellos que se oponen al cristianismo sean avergonzados al ver nuestra buena conducta. Pedro hace mención que ninguno padezca como homicida o ladrón o malhechor, eso sería un mal testimonio para un joven cristiano (1 Pedro 4.15). Más bien al contrario debemos sufrir por causa de Cristo. Pablo hace recordar a Tito que hay muchos que dicen que conocen a Cristo pero con sus “obras malas” dan mucho que decir y eso avergüenza a la iglesia de Cristo (Tito 1.15-16) ¿Cuál es tu testimonio? ¿el mundo se está avergonzando de ti al no ver malas obras y no tenga nada de que acusarte? (reflexiona) (v.8)  Nosotros los cristianos vivimos una vida rígida bajo los principios bíblicos y una vida bajo su misión a la palabra de Dios, no que digan que predicamos una cosa y vivimos como hipócritas, hablamos que Dios es Santo y vivimos en pecado (1 Pedro 3.17)

 

(IV)            CONCLUSIÓN:

 

El apóstol Pablo tenía toda la razón de dar estos consejos a sus discípulos “Timoteo y Tito” Porque ellos eran de su confianza a tal punto que dijo de Tito “verdadero hijo en la común fe” (Tito 1.4) Pienso que hoy en día muchos jóvenes están desorientados en su “verdadera identidad” puesto que quieren hacer la obra confiando en su carne y no han entregado su corazón a Cristo y como consiguiente no han nacido de nuevo y dan un pésimo testimonio ante la sociedad. ¿Cómo te encuentras tú? ¿Te has examinado? ¿Estás en la verdadera fe?

 

 

 

 

Ministerio apostólico y profético DCN 

COMO REALIZAR UN PROGRAMA PARA JOVENES
1. Oriente el programa hacia las personas
* El grupo juvenil nunca debe ser visto como una masa homogénea. Como dice el refrán popular «Cada cabeza es un mundo», es decir, cada joven tiene su propio grado de madurez.
* No incluya a todos los jóvenes en el mismo «saco». Puede ser que algunos ya hayan experimentado una genuina conversión, pero otros aún no habrán vivido esta experiencia, por eso es importante la diferenciación individual en este sentido.
* Cada joven vive una realidad muy propia. Unos tienen hogares sólidos en relaciones, metas y principios, otros por el contrario, viven con familias disfuncionales con las cuales se les dificulta desarrollar su vida integralmente, habrá quienes estén en el camino del Señor por convicción pero también otros que lo harán por costumbre. Sin embargo, Dios anhela a todos.
* Cada joven vive en un contexto particular que debe ser tomado en cuenta a la hora de estructurar un programa, por eso se debe adecuar el programa al área, ya sea rural o urbana, marginal o solvente.
* El programa debe atender las necesidades de los muchachos, y a la vez, ayudarlos a prevenir conductas de riesgo, con el fin de cooperar a que el propósito de Dios se lleve a cabo en sus vidas. Si se descuida esto no habrá eficacia en el cumplimiento del servicio encomendado por Dios.
* Trabaje por amor y vocación hacia el grupo juvenil. Recuerde que ahí van a convergir toda clase de jóvenes y adolescentes; algunos serán fáciles de motivo de alegría, regocijo y ternura pero otros le significarán un gran reto y en ocasiones, hasta motivo de frustración. Por tanto, su amor y vocación deben ser tan genuinos que le permitan integrar a todos por igual en el grupo y crear un ambiente acogedor y restaurador de relaciones.
2. Considere que el programa es una herramienta dentro del proceso
* Antes de elaborar un programa pregúntese: ¿cuál es el propósito para el grupo?, ¿qué nos une o nos convoca en un interés común?, ¿es un grupo de orientación deportiva, recreativa, ecológica, de bien social, instructiva o de formación bíblica? Es importante considerar el objetivo general para luego integrarlo con los objetivos específicos y alcanzar la meta del grupo.
* No tiene sentido contar con una visión con objetivos claros, si luego no elaboramos un programa que integre, promueva y facilite los resultados esperados.
* Todo programa debe orientarse desde dos ópticas: la prevención (o la acción apropiada ante los factores de riesgo) y la intervención (la acción apropiada ante las conductas problema).
* Todo programa debe ser elaborado considerando las necesidades, las características y el contexto del grupo que atendemos, y a la vez, el propósito de Dios para la vida de cada chico.
* Participe a los jóvenes en el desarrollo del programa, así tiene más posibilidades de ser objetivo y pertinente y a la vez, da participación real al grupo.
* Los programas deben estar expuestos a la evaluación permanente de aquellas personas a quienes se les está aplicando.
* Lo primordial del programa debe ser que el joven conozca la voluntad de Dios y la incorpore a su vida en forma práctica y disciplinada.
3. No pase por alto los elementos que son fundamentales en el programa juvenil
* Formación en el área intelectual
* Ponga bases firmes. El joven en esta etapa tiene gran cantidad de dudas e inquietudes, quiere comprobar que los criterios que aprendió de otras fuentes son veraces o no. Pero, para que pueda hacer este proceso de evaluación, necesita que se le provea de una sólida enseñanza bíblica a partir de sus inquietudes.
* Use contenidos adecuados para su edad. No olvide llevar enseñanza sobre los temas que perturban a los muchachos, o que se refieren a su problemática particular. Déles Palabra y muéstreles los principios cristianos que le darán las pautas para resolver sus dudas y problemas. Además, forme una biblioteca (tal vez por medio de donantes) que el joven pueda consultar con libros cristianos actualizados.
* Enséñelos a investigar y a descubrir las verdades bíblicas por ellos mismos. No les dé todo hecho, más bien, permítales obtener sus propias conclusiones. No se obtiene ningún beneficio haciendo que dependan de usted, pero sí guiándolos hacia Cristo y a su Palabra. Usted no va estar siempre a su lado para decirle qué hacer, por eso es necesario que sepan encontrar en la Biblia las respuestas a sus diferentes inquietudes.
* Involúcrelos en el proceso de aprendizaje. Los dramas, dinámicas, estudios de casos, etcétera, son excelentes vehículos para fortalecer la participación en el aprendizaje. Cuando los involucramos en el proceso, hay un grado mayor de aprendizaje y un aumento en las probabilidades de que se comprometa en obediencia.
* Preste interés y apoyo a su educación. Anímelo a continuar sus estudios seculares, a desarrollar sus habilidades y capacidades y a buscar y pesar diferentes alternativas de estudio. Usted será su mejor ejemplo de esfuerzo y logro de metas, por tanto, enséñele por medio de su ejemplo cómo usar nuestra profesión u ocupación para glorificar a Dios.
* Use las experiencias prácticas para ilustrar una verdad. Las experiencias humanas pueden ser recursos de aprendizaje muy valiosos al tratar temas un tanto difíciles, como el embarazo en adolescentes, las drogas, la violencia, la pornografía etcétera. Por tanto, busque entre la congregación personas que puedan contarles sus experiencias y formas de superación de conflictos. De esta forma el testimonio será real para los jóvenes y más factible de que le presten atención.
* Permita y estimule el diálogo. Esto es posible únicamente cuando el joven siente que su líder es digno de confianza. Entonces, si realmente se desea ayudar es menester permitirles que se nos acerquen y que sean ellos mismos. Para ello, se les debe recibir sin hacer juicios, condenarlos ni olvidar que buscamos edificarlos y orientarlos con todo nuestro apoyo hacia un estilo de vida digo del Reino.
* Exponga a los jóvenes a varios puntos de vista. Las mesas redondas y otras técnicas de grupos similares para tratar temas variados estimulan y ejercitan el juicio de los jóvenes. Puede así invitar a personas cristianas calificadas que ofrezcan, desde la perspectiva bíblica, respuestas claras y concretas acerca de los temas que inquietan a los jóvenes.
* Recomiende a los jóvenes buena literatura. Es triste escuchar a la gente hablar de lo que no sabe con la prepotencia que da la ignorancia. Esto lo rechaza el joven pues él vive en un mundo muy informado y si usted es igual, le hace perder credibilidad. Manténgase actualizado.
* Formación del área afectiva
* Más que un maestro, el joven busca un amigo en quien confiar. Este punto nos muestra la gran responsabilidad que conlleva ser el líder o maestro de los jóvenes. Esta persona debe ser una persona que ame a los jóvenes, con un corazón joven (aunque no necesariamente de corta edad), maduro y experimentado en la vivencia del evangelio.
* El joven busca un modelo a quien imitar. Muestre e inspire la fe, el amor, el servicio, la santidad y el vivir en el Espíritu por medio de la manifestación del fruto del Espíritu en su vida, de forma práctica. Dé ejemplo de perdón, de paciencia y tolerancia, así como de una real santidad. No sea puritano, sino santo. Los jóvenes son capaces de acercarse a un santo que lo demuestra, no así del que lo proclama a voces.
* Dedique tiempo para estar con los jóvenes. Reserve tiempo para compartir con los jóvenes. El trabajo con los jóvenes involucra caminar con ellos, es la pastoral del acompañamiento. Ellos necesitan contar con usted y estar con usted, por eso, necesita desarrollar su afectividad tanto en su compañía como en la del grupo.
* Establezca un buen modelo de relaciones cristianas. Promueva el compañerismo, el altruismo y el respeto en el grupo juvenil. No fomente las «argollas» o pequeños grupos de privilegiados, ni muestre preferencias, pues esto desanima a aquellos jóvenes con más necesidad de afecto y aceptación. Impulse un clima de comunión e igualdad.
* Acepte y ame al joven genuinamente. Esto hará que usted se gane el «derecho» de exhortarlo, corregirlo, orientarlo y enseñarlo para que Cristo sea formado en él.
* Dé a cada joven atención personalizada. Atienda sus necesidades de consuelo, consejo, apoyo y otras más. Sólo si conoce al joven podrá realmente ayudarlo, ya que él necesita ser parte del grupo, pero a la vez requiere que usted lo atienda personalmente.
* Observe sus talentos y habilidades y ayúdelo a valorarlas y a usarlas para el Señor. Busque los medios para que pueda desarrollar sus dones y talentos y abra espacios para que aprenda a canalizarlos en servicio del prójimo, para la gloria de Dios.
* Formación del área física
* Promueva el conocimiento físico general del joven. Enséñeles acerca de su desarrollo sexual, anatómico, emocional e intelectual y use diferentes medios para comunicarse con ellos, como foros, películas, charlas, etcétera
* De valor al esparcimiento y recreación. Establezca dentro del programa anual un tiempo para juegos, recreación, campamentos, lunadas, etcétera. Anímelos para que practiquen un deporte, pues de esta manera podrán canalizar sanamente la energía que tienen acumulada y podrán lidiar mejor con su problemática sexual.
* Ayúdelos a ampliar el círculo social. Promueva reuniones de jóvenes con otras iglesias para que conozcan más jóvenes cristianos. Recordemos que es en esta edad que los jóvenes buscan pareja para casarse y si el círculo es muy reducido, se les condena a la soledad, como ocurre en iglesias donde hay una gran cantidad de jóvenes de edades avanzadas aún solteros.
* Promueva en el joven el servicio social. Tenga en su programa actividades de ayuda a la comunidad y a los hermanos necesitados de la iglesia, de manera que ellos puedan cultivar el altruismo y practicar el amor al prójimo. Esto les ayudará a comprender a otros y a desarrollar la empatía con los necesitados.
* Desarrolle con ellos un buen programa de evangelización. Los jóvenes sienten una imperiosa necesidad de participar en este tipo de trabajo y además, tienen las energías, el coraje y el tiempo. Haga de ellos una fuerza evangelizadora para su iglesia y su comunidad.
* Estimule el trabajo en equipo. Trabaje en equipo con ellos e involúcrelos plenamente en la programación y desarrollo del modelo con conciertos de oración, festivales deportivos y de evangelización, noches de talentos, grupos de mimo, de teatro, coros, rondallas, etcétera.
* Formación en el Área Espiritual
* Trabaje para que cada joven tenga un encuentro personal con Cristo. Puede que se llame cristiano» porque sus padres los son o porque necesita un grupo con el cual identificarse. El objetivo debe ser que él se encuentre con Cristo primera mente y no edificar sobre otro fundamento que no sea Cristo.
* Provea un programa de discipulado. Pablo hizo de Timoteo un discípulo de Cristo: invirtió en él tiempo, esperanza, energía y por eso podía decirle con propiedad «ninguno tenga en poco tu juventud sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza». No podemos demandar lo que no hemos dado.
* Ponga bases firmes. Tengamos como objetivo que cada joven, durante su primer año en el grupo juvenil, siga un plan de estudio de la Biblia que le permita conocer e incorporar a su propia manera de ser, pensar y sentir los principios fundamentales de la fe cristiana. De esta forma podrá ser un fiel seguidor de Cristo por convicción personal.
* Expóngalo a la presencia transformadora de Dios. Asigne tiempo para orar, alabar y ministrar a Dios juntos, en un ambiente donde se propicie un legítimo encuentro con Dios, no un espectáculo. Cada joven debe gozar la presencia transformadora de Dios y si buscamos únicamente la experiencia sin formación bíblica, esta experiencia será superficial y pasajera. Cuando ambos objetivos se combinan se hará una necesidad buscar su presencia.
* Dé énfasis al aprendizaje de la Palabra. Esto es posible lograrlo con actividades de grupo que promuevan la lectura de la Biblia, como concursos bíblicos, lecturas programadas, competencias de memorización de versículos, etcétera.
* Muéstrele al joven que Dios está vivo y es real. Combine momentos de intercesión y testimonio pues ellos necesitan crecer en experiencias reales con Dios y convencerse de que actúa en medio de ellos.
* Sea un líder que intercede por sus jóvenes. Ore por ellos, en forma privada y pública, en grupo o individualmente, según sea la necesidad. Ellos sentirán su amor y la seguridad de que no están solos luchando con las pruebas, tentaciones y dificultades que tienen.
* Dé valor y lugar a la manifestación de los dones. Cada joven está dotado por Dios de dones espirituales y talentos naturales para su servicio, tanto en la iglesia como en su grupo juvenil. Propicie que ellos los descubran, los desarrollen y los pongan al servicio del Señor.
4. Algunas recomendaciones para ajustar el programa para trabajar con jóvenes no cristianos.
* Inicie el grupo en un lugar neutral; la plaza de deportes, un parque, un mall, un lugar de comida rápida, su casa o la casa de otro joven o cualquier otro lugar que no sea dentro de la iglesia. Estos jóvenes no van a responder a la liturgia, tradición y normas de las iglesias, por tanto, debe trabajarse con ellos en su propio contexto.
* Tenga un formato muy informal para realizar las reuniones pero recuerde que ser informal no significa ser improvisador. La creatividad para no caer en la liturgia tradicional de la iglesia es indispensable en estos casos, pero si se tiene claro el objetivo de cada reunión, se cumplirá espontáneamente.
* Al inicio del grupo, concéntrese en lograr objetivos funcionales para el grupo como: compañerismo, fraternidad, comunión, comunicación, respeto, aceptación, y todos aquellos asuntos que permitan formar un grupo. Es decir, cree un espacio en el cual los jóvenes se sien tan cómodos y deseen participar por su propia voluntad.
* Permítase el lujo de cambiar el orden de la reunión según se vaya creando el ambiente, y el grupo muestre aceptación a los objetivos planteados, para crear buenas relaciones interpersonales. En esta fase necesita crear el grupo, establecer relaciones afectivas estrechas y ganarse la confianza, el cariño y el respeto de los miembros del grupo; únicamente así podrá liderar legítimamente.
* No emplee términos como «varón», «hermanito», «siervito», «santo», etcétera. Los jóvenes que todavía no son cristianos no tienen idea del contenido real de esas palabras; además, como normalmente las empleamos como muletillas, les vaciamos el contenido teológico que realmente tienen.
* Llame a cada joven por su nombre y hable con ellos con su mismo lenguaje, de esta forma ellos le sentirán parte de su grupo pero luego, cuando haya avanza do un poco en la enseñanza cristiana, modifique aquellos términos que real mente son contrarios a los principios del evangelio, no con imposición sino creando convicción en ellos.
* Inicie su plan de formación trabajando en valores e ilustrando estos con ejemplos claros y concretos de la vida real. No empiece con estudios sistemáticos de la Palabra de Dios que vayan más bien a confundir e incluso a atemorizar al no creyente. Use uno o dos versículos por sesión para ilustrar el valor que se desea enseñar. Déles «comida blanda» y poco a poco podrá llevarlos a comer «comida sólida».
* No predique ni se ponga en el plano de sabelotodo. El diálogo franco y participativo y el corazón humilde del líder son la mejor forma de ganar la atención del muchacho.
* Acepte la apariencia del joven tal y como llegue al grupo, no pretenda que deje sus hábitos y costumbres en la segunda sesión. Recuerde que los accesorios son una forma de identificación con ciertas corrientes del momento. Acepte y respete el «paquete» tal cual viene. Sólo la gracia de Dios, el poder del Espíritu Santo y el amor que se le muestre irá haciendo el cambio de vida.
* Una vez que el grupo se integre y consolide desarrolle poco a poco los principios anteriores, con tacto, paciencia y mucha perseverancia, orando a Dios para que le dé la sabiduría necesaria para adaptar lo que se requiera.
Conclusión
Se han de desarrollar programas que alcancen la meta de ver a cada joven convertirse en verdadero discípulo de Cristo «hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del hijo de Dios, y alcancemos la edad adulta, que corresponde a la plena madurez de Cristo.» Efesios 4.13.

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