Habiendo pasado el Imperio a manos de Arcadio y Honorio, nominalmente era como si éstos tuvieran el poder, pero la dirección del Imperio la ejercía en el






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Notas
1 Sobre las circunstancias bajo las que Rufino proyectó casar a su hija con el emperador Arcadio véase n. 5.

2 El comes Orientis tenía a su cargo no todo el territorio orienta], sino las 15 provincias que integraban la diócesis de Oriente, sobre la que ejercía la función desempeñada en las demás diócesis por los vicarios.

3 En realidad tío abuelo de Arcadio: cf. PLRE I, pág. 288.

4 La secuencia narrativa del relato de Zósimo sitúa la ejecución de Luciano entre la muerte de Teodosio (17 de enero del 395) y el matrimonio de Arcadio (27 de abril del 395); según 0. Seeck, «Libanius ... », cit., el suceso debe ubicarse en el 393 (año para el que consta una visita de Rufino a Antioquia), ya que de admitir la fecha sugerida por Zósimo deben comprimirse en 3 meses la negativa de Luciano a Euquerio, la protesta de éste y consiguiente observación del Emperador acerca de Rufino, el viaje de Rufino a Antioquía para ejecutar a Luciano, el regreso de Rufino a Constantinopla, sus intrigas para emparentar con Arcadio, las contramaniobras de Eutropio y el matrimonio del Emperador. El veredicto de Seeck ha encontrado bastante aceptación (referencias bibliográficas en E. Demougeot, De Punité..., cit., pág. 127, y A. D. M. Cameron, Claudian.... cit., pág. 80), sin ser admitido, no obstante, por aquella parte de la crítica cuya interpretación del suceso favorece la datación sugerida por Zósimo: así E. Demougeot, ibid., y A. D. M. Cameron, ibid., págs. 64 y 80 81, para quienes la ejecución de Luciano evidencia la posición de precariedad en que a la muerte de Teodosio se vio Rufino.

5 La doncella con quien casó Arcadio era Eudoxia, hija del magister militum franco Baudón. El presente capítulo consigna la existencia de una fuerte facción antirrufiniana en Constantinopla: no es casual, en efecto, que el Emperador contrajese matrimonio con una persona allegada a la casa de Prómoto, pues Prómoto había sido enemigo de Rufino (cf. Zósimo, IV 51). La boda se celebró el 27 de abril del 395 (Chron. Pasch. s.a., 395).

6 Se trata de María, cuya boda con Honorio debió tener lugar a finales del invierno del 398 (cf. E. Demougeot, De Punité..., cit., pág. 183; F. Paschoud, ed. cit., V, n. 4), después de los sucesos narrados en los próximos capítulos.

7 Noticia posiblemente errónea, pues en primavera del 385 Estilicón marchó a Oriente al frente del ejército romano (véase capítulo 7, 1 2), y no resulta lógico que en los tres meses transcurridos entre la muerte de Teodosio y esta marcha se procediese a otro envío más  y en pleno invierno  de tropa; quizás Zósimo está aludiendo confusamente a los federados godos que participaron en Frígido, quienes tras la batalla fueron despachados  pero no por Estilicón sino por Teodosio  a Oriente (cf. F. Paschoud, ed. cit., V, n. 5). A la muerte de Teodosio, y durante algunos meses, Estilicón ostentó el mando sobre todo el ejército romano; pero debe especificarse que, al menos durante los primeros años del reinado de Honorio, la posición de Estilicón no se cimentaba en el apoyo del ejército, sino que tenía una base esencialmente áulica, es decir, era fruto de sus privilegiadas relaciones con la dinastía teodosiana (cf. E. Demougeot, De Vunité..., cit., pág. 137).

8 Bajo el efecto de la disputa surgida en torno a Estilicón y de la propaganda orquestada alrededor de su figura, las fuentes antiguas ofrecen versiones divergentes del testamento de Teodosio. No obstante, Zósimo parece estar en lo cierto al presentar las supuestas disposiciones testamentarias en que Teodosio encomendaba a Estilicón la tutela de sus dos hijos como algo forjado por el propio Estilicón a fin de justificar su ingerencia en los asuntos de Oriente (ello es coherente con lo que asevera el mismo Zósimo, IV 57, 4, y 59, 1, mientras que la afirmación de V 34, 6, se debe a la influencia de Olimpiodoro, cf`. n. 61): véase A. D. E. Cameron, «Theodosius...», cit., págs. 267 80; J. Matthews, Western..., cit., págs. 257 58; F. PASCHOUD, ed. cit., V, n. 5.

9 Abundantes falsificaciones, confusiones y errores distorsionan el relato que en este y los siguientes capítulos ofrece Zósimo del enfrentamiento entre Alarico y el Imperio de Oriente. Dicho enfrentamiento se desarrolló en dos etapas, la primera de las cuales se inicia en los primeros meses del 395 y finaliza en septiembre del mismo año, mientras la segunda abarca desde finales del 395 o principios del 396 hasta la segunda mitad del 397. Para más detalles véase J. M. Candau, La historia.... cit.

10 Resultan inciertos el valor y la credibilidad asignables a las acusaciones que hace Zósimo contra Antíoco y Geroncio, personajes muy mal conocidos (cf. F. Paschoud, ed. cit., V, n. 6). En todo caso, la acometida con motivo de la cual lanza Zósimo sus acusaciones se sitúa en la segunda etapa de la invasión de Grecia por Alarico.

11 Las fuentes literarias (Claudiano, 5, 191; Jerónimo, epist. 50 16; Filostorgio, XII 2) afirman, frente a Zósimo, que también Atenas sufrió los efectos de la invasión goda (durante la segunda acometida). Es posible, sin embargo, que la ciudad no fuese completamente devastada, pues la arqueología (cf. F. Paschoud, ed. cit., V, n. 9; G. Fowdwn, OP. Cit., págs. 53 54) indica que la reducida zona comprendida en el interior del muro construido cuando la invasión hérula del 267 no sufrió los daños infligidos a edificios situados en otras zonas. Evidentemente son también falsos los motivos aducidos por Zósimo para justificar la preservación de parte de la ciudad; probablemente cuando Alarico llegó ante el muro interior los atenienses ofrecieron un rescate (los «regalos» de Zósimo), se alcanzó un acuerdo («emisarios», «propuestas» y «juramentos») y por último Alarico visitó el interior del recinto (cf. E. Demougeot, De Punité... cit., págs. 166 67; F. PASCHOUD, ibid.).

12 Meseta situada en el Peloponeso, entre Arcadia y la Élide.

13 La muerte de Rufino ocurrió el 27 de noviembre del 395 (SÓCRA­TES, VI l). Respecto a la autoría, Claudiano, 5, 274 77, y Filostorgio, XI 3, coinciden a grandes rasgos con Zósimo; la historiografía moderna (así E. Demougeot, De Punité..., cit., págs. 154 56; A. D. E. Cameron, Claudian..., cit., pág  91; G. Albert, Goten..., cit., Pág. 107; H. Wolfram, op. cit., pág. 148) acepta este punto de vista, aunque matizándolo con el añadido  presente en el mismo Zósimo, V 8, 1  de que el partido antirrufiniano de Constantinopla debió tener parte en la intriga (resulta significativo que la muerte de Rufino abra un breve período de armonía entre los gobiernos de Oriente y Occidente, cf. E. Demougeot, ¡bid., pág. 169; A. D. E. Cameron, ibid., pág. 168). Tras la muerte de Rufino se inicia, con el paso de las Termópilas, la segunda etapa de la invasión de Grecia por Alarico, que Zósimo narra en los capítulos 5 y 6.

14 Cod. Theod. IX 42, 14 (del 13 de febrero del 396) dispone la confiscación de los bienes de Rufino, sin conceder restitución ninguna a cuantos, habiendo sido expoliados por el difunto prefecto, no reclamaron en vida de aquél; para juzgar esta medida debe tenerse en cuenta que las supuestas víctimas de Rufino extrajeron a menudo importantes beneficios a cambio de sus aportaciones: véase capítulo 2, 1. La avaricia de Eutropio constituye, por otra parte, un motivo recurrente en las fuentes antiguas; posiblemente hay que ver en ello la traducción a rasgo biográfico de un dato concerniente a la política fiscal, pues bajo Eutropio el Imperio Orienta], agotado por las guerras civiles de Teodosio y sus subsidios a las tropas bárbaras así como por los gastos que suponía la defensa contra godos y hunos, hubo de recurrir a medidas impositivas que contrariaban los intereses de la clase alta (cf. cap. 13, 1; E. Demougeot, De Punité..., cit., págs. 192 94; A. D. E. Cameron, Claudian..., cit., págs. 129 30),

15 Zósimo debe referirse a la iglesia principal de Constantinopla, Santa Sofía, cuyo nombre es omitido posiblemente por razones estilísticas su resonancia cristiana desentonarían (rechazo de expresiones que por do clásico preceptuado por la tradición historiográfica a que con el colorido pertenece nuestro autor, véase A. M. Cameron y A. D. E. Cameron, op. cit.).

16 Ciudad situada en la costa Siria, frente a Chipre.

17 Los autores clásicos (ya desde Heródoto, III 26, 1) llaman «Oasis» o «Gran Oasis» al actual oasis de el Khargah (Libia), depresión situada en el antiguo curso del Nilo y que se extiende a lo largo de unos 150 Km. de Norte a Sur y 40 de Este a Oeste.

18 No conocemos con exactitud el curso de los acontecimientos que desembocaron en exilio de Timasio, acaecido hacia el 396 (cf. F. Paschoud, ed. cit., V, n. 17; PLRE I, pág. 914). De Sozómeno, VIII 7, 2, y Asterio De Amasea, hom. 4 224c, parece desprenderse que Timasio murió al intentar huir de Oasis. G. Dagron, OP. cit., págs. 203 204, inserta el proceso de Timasio, como el de Abundancio, en el contexto de la pugna mantenida por Eutropio contra la clase senatorial (cf. n. 14), mientras que G. Albert, «Stilicho », cit., pág. 628, los contempla como un paso más en el conjunto de medidas concernientes a política militar que inició este dignatario.

19 Epíteto de Némesis.

20 Actual Saida (Líbano).

21 El destierro de Abundancio (sobre cuyo posible sentido consúltese n. 18) ocurrió en el 396. De Claudiano, 18, 152 70, parece desprenderse que fue anterior al de Timasio. Dicho pasaje insiste en que Abundancio había promocionado a Eutropio cuando éste inició su carrera y en que el antiguo protector fue la primera víctima del nuevo regente: resulta así verosímil que Claudiano haya antepuesto el destierro de Abundancio a fin de subrayar la perversidad de Eutropio. JERÓNIMO, epist. 60 16, señala como lugar del destierro Pitiunte, lo que parece confirmado por Asterio, hom. 4 224c; quizás Pitiunte fuese cambiado tras la caída de Eutropio por Sidón (cf. F. Paschoud, ed. cit., V, n. 21).

22 En la segunda mitad del 397, el Imperio Orienta] firma la paz con Alarico, solucionando así un problema que embarazaba sus movimientos y condicionaba su política frente a Occidente; hacia la misma época se fechan otros dos acontecimientos conectados con el fin de la concordia entre ambas partes imperii desde la muerte de Rufino y tratados en este mismo capítulo: el apoyo de Constantinopla a la revuelta de Gildón y la declaración de Estilicón como hostis publicus en Oriente. Sobre la cronología relativa de estos episodios consúltese E. Demougeot, De Punité..., cit., págs. 172 73, y La formation... De l´avénement..., cit., págs. 166 67; F. PASCHOUD, ed. cit., V, n. 22.

23 La revuelta de Gildón fue presentada por el Gobierno occidental como un intento de usurpación, a pesar de que Gildón pretendiese justificar su actitud aduciendo, con la aquiescencia del Gobierno oriental, depender de Arcadio (cf. E. Demougeot, De Punité... cit., págs. 175 79; A. D. E. Cameron, Claudian..., cit., págs. 93 94). El Gobierno de Roma contestó mediante un senatus consultum que declaraba a Gildón hostis publicus (cf. Símaco, epist. 4 5; Claudiano, 21, 325 32): en ello se ha visto una maniobra tendente a preservar al Senado de la impopularidad derivada de una guerra con África, que significaba corte del suministro de trigo africano a Roma (Estilicón, en efecto, gobernaba con el beneplácito de los senadores romanos, con quienes mantenía una tácita alianza basada en el apoyo mutuo), sin embargo para A. D. E. Cameron, ibid., pág. 231, y J. Matthews, Western.... cit., págs. 268 70, el senatus consultum apuntaba justamente al fin opuesto: con él Estilicón pretendió hacer recaer la responsabilidad del conflicto sobre el Senado. La declaración de Estilicón como hostis publicus en Oriente parece ser una medida con la que Eutropio respondió a su rival del Oeste situándose en el mismo plano (O. Seeck, Geschichte..., cit., V, 286; F. Paschoud, ed. cit., V, n. 22); no es seguro, sin embargo, que la cronología permita tal hipótesis (cf. E. Demougeot, La formation... De Pavénement..., cit., págs. 166 67). Debe precisarse que por la misma época el Senado de Constantinopla vuelve a aparecer al menos en una ocasión asociado a Arcadio con motivo de una decisión importante: véase capítulo 20, 1.

24 La impopularidad y los riesgos derivados del conflicto con Gildón amenazaban la posición de Estilicón en la Corte, y a fin de consolidar su poder el regente adelantó la boda de su hija María con el emperador Honorio, que se celebró a finales del invierno del 397 98; poco antes (E. Demougeot, De Punité..., cit., pág. 183) o poco después (F. Paschoud , ed. cit., V, n. 24) partió a territorio africano un cuerpo expedicionario integrado, según Orosio, VII 36, 6, por 5.000 hombres y mandado por Masqueldelo (en las fuentes latinas Mascizel o Mascezel). Según E. Demougeot, ibid., págs. 180 83, el envío de tan reducida expedición se explica por el deseo de localizar prontamente el conflicto y tomar cuanto antes medidas contra Gildón; Estilicón proyectaba marchar a África con mayores tropas en un momento posterior, tras haber consolidado su posición en la Corte mediante la boda de su hija María. O. Seeck, Geschichte..., cit., V, págs. 287 88, y F. Paschoud, ed. cit., V, n. 24, suponen que Masqueldelo debía, una vez llegado a África, reclutar fueras complementarias. Respecto a las tropas de Gildón, Orosio, ibid., habla de 70.000 hombres.

25 Cabe preguntar cómo Gildón, cuyas fuerzas eran muy superiores, hubo de retirarse sin que prácticamente se produjese combate. O. Seeck, Geschichte..., cit., V, pág. 287 y E. Demougeot, De Punité ... cit., pág. 185, hablan de defección, idea que H. J. Diesner, «Gildos ... », cit., desarrolla de la siguiente manera: frente a la hipótesis según la cual la revuelta de Gildón fue un movimiento de importante densidad política, nutrido ideológicamente por el donatismo y dotado de amplio sostén popular (visión resucitada recientemente por C. Gebbia, Op. Cit., págs. 125 29), Diesner subraya la precariedad del pacto entre Gildón y los donatistas; las confiscaciones y rapiñas de aquél le habían valido, además, la hostilidad de gran parte de la población romana de África, y el apoyo tributado a la revuelta por las tribus autóctonas africanas era frágil y poco seguro; en estas condiciones. la llamada a la deserción encontró amplio eco en las tropas rebeldes. La inesperada rapidez del desenlace determinó que Eutropio no llegara siquiera a considerar la posibilidad de enviar ayuda a los rebeldes (cf`. A. D. E. Cameron, Claudian.... cit., pág. 95). Respecto a la muerte de Gildón, la versión de Zósimo reaparece, entre otros autores, en JORDANES, Rom. 320, pero otra rama de la tradición sigue la versión de Orosio, VII 36, 11, según la cual el caudillo africano escapó con vida del combate para ser estrangulado a los pocos días, siendo esta última versión la más verosímil (cf`. F. Paschoud, ed. cit., V, n. 25).

26 El Gobierno occidental no se pronunció abiertamente contra los dirigentes orientales hasta que en otoño del 398 Arcadio proclamó a Eutropio cónsul para el año siguiente. Eutropio recibió el consulado como recompensa por sus empresas militares, pues en el 398 dirigió personalmente una expedición contra los invasores hunos de Asia Menor (cf. n. 126 al libro IV), logrando acabar con las devastaciones que se prolongaban desde hacía tres años. Mediante el desempeño de su jefatura militar Entropio  que mandó a los ostrogodos establecidos por Teodosio en Frigia tras la guerra del 386 (véase Zósimo, IV 39, 5) así como a las fuerzas devueltas por Estilicón en el 395­ robusteció su posición, que hasta entonces descansaba exclusivamente sobre el favor imperial, al granjearse el prestigio y los apoyos subsiguientes a una empresa bélica afortunada; inició además la independización militar del Este respecto al Oeste. Ambos logros dificultaban los proyectos de intervención en el Oriente que alimentaba Estilicón (sobre todo ello véase G. Albert, «Stilicho ... », cit.).
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