1. Posturas tradicionales acerca del ser humano






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CONCEPCIONES FILOSÓFICAS

SOBRE EL SER HUMANO
1.- Posturas tradicionales acerca del ser humano
La historia de la filosofía se ha ocupado desde sus inicios de uno de los temas que aún hoy son objeto de debate: la existencia del alma. Cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo era ya una de las ideas centrales de Platón que, influido por el pitagorismo y por las religiones órficas, afirmó no sólo que el alma existe sino también que puede alcanzar la inmortalidad si logra conducirse sabiamente en la vida. De hecho, esta idea de Platón será incorporada al cristianismo por los llamados padres de la iglesia, como San Agustín. La disputa cuerpo-alma es por tanto una de las más antiguas de la filosofía. Sin embargo, precisamente para evitar las connotaciones religiosas que fue adquiriendo la palabra alma, en nuestros días se tiende a hablar más del problema mente-cerebro. Con esta terminología más precisa y científica se pretende analizar hasta qué punto nuestra mente puede explicarse o no en función de la reacciones físicas, químicas y eléctricas de nuestro cerebro. Esta es la pregunta central: ¿Es nuestra mente únicamente el producto de nuestro cerebro? Veamos algunas de las respuestas más importantes que se han ofrecido hasta ahora.
1.1.- Dualismo

Se trata de una teoría con una larga tradición en filosofía y viene a defender la independencia de la mente respecto al cerebro. Filósofos como Platón, Aristóteles o Descartes son sus representantes clásicos. Más cercanos en el tiempo, J.C. Eccles y

Karl Popper también han defendido el dualismo: la conciencia no sólo no se puede explicar cerebralmente sino que la mente es sustancialmente distinta del cerebro y en cierta manera controla y supervisa la actividad neuronal. Es la conciencia, y no el cerebro, la que nos otorga una identidad personal y una voluntad, imprescindibles para poder hablar de la libertad humana.
1.1.1.- Platón:

Platón considera la ser humano como un compuesto por dos elementos dispares, que enlazan con su concepción dualista de la realidad. Al igual que diferencia el mundo sensible (accesible por los sentidos, pero mera copia de la verdera realidad) y el inteligible (sólo accesible por la razón y que constituye la verdadera realidad), también diferencia en el hombre cuerpo y alma.

Según Platón, el hombre está compuesto de un cuerpo material, finito y mortal y un alma espiritual, superior e inmortal (y preexistente). Explica la relación cuerpo-alma con la metáfora de la cárcel que el cuerpo supone para el alma; para ello recurre al mito del carro alado: El alma es superior al cuerpo y busca el retorno al mundo inteligible por medio del conocimiento; es la que ha de guiar al ser humano (el auriga) y constituye su esencia; el cuerpo simboliza los deseos y pasiones (los caballos) que alejan al alma de su objetivo y no le permiten alcanzar la purificación. Como explica el mito, el alma es previa al cuerpo e inmortal; y su deseo es lograr la purificación que le permitirá desvincularse para siempre del cuerpo, de modo que admite las doctrinas órficas y pitagóricas de la trasmigración.

Platón, además, diferencia una naturaleza tripartita del alma, haciendo corresponder cada parte con una virtud y con una función social:




1.1.2.- Aristóteles

Aristóteles fue discípulo de Platón, pero mantuvo respecto al ser humano una postura muy diferente y más acorde con su propia concepción de la naturaleza no dualista. En consecuencia, mantiene que el ser humano es un compuesto hilemórfico (hyle: forma, morphe: materia), que forma una unidad sustancial inseparable. De este modo, el alma es la forma y el cuerpo es la materia. Conforme a esta concepción unitaria, Aristóteles no admite (al menos claramente) la inmortalidad, y menos aun la preexistencia del alma.

Ambas realidades son una unidad, entendiendo el alma como el principio de vida, lo que conlleva que toda criatura viviente la posea, aunque diferenciando funciones según el ser.

1.1.3.- Descartes:

En la Edad Moderna, el racionalista Descartes mantuvo un dualismo psicofísico radical. Sostiene que cuerpo y alma son dos sustancias diferentes con capacidades y funciones dispares. El alma, espiritual e inmortal, es la sustancia pensante (primera gran certeza a la que llego por medio del razonamiento); su atributo es el pensamiento, que abarca entendimiento y voluntad, y sus modos son la ideas; además, es libre. El cuerpo material es la sustancia extensa, caracterizada por la extensión y con un funcionamiento puramente mecánico y, por tanto, sometido al rígido determinismo que rige para el resto de la naturaleza.

La unión entre estas dos sustancias tan dispares planteó un serio problema tanto a Descartes como a sus sucesores. El francés lo resolvió alegando que tal unión se producía a través e la glándula pineal, situada en el cerebro (en esta época arrancaban los primeros estudios de anatomía cerebral). Sin embargo, esta solución dejó problemas sin resolver (conocidos como “aporías”): ¿cómo puede algo inextenso, como el alma, alojarse en una glándula física de pequeño tamaño? ¿puede el alma inextensa afectar al cuerpo y viceversa? ¿cómo se produce tal relación? ¿cómo es posible que las pasiones, surgidas en el cuerpo, lleguen afectar al alma? A raíz de estos problemas se fue desarrollando el Racionalismo posterior.
1.1.4.- Dualismo interaccionista: Eccles y Popper

El neurólogo J. Eccles y el filósofo K. R. Popper defienden un dualismo de mente y cerebro, como dos realidades que interaccionan. Esto se debe a que creen que el cerebro no es una estructura lo bastante compleja como para explicar los fenómenos relacionados con la conciencia, por lo que hay que admitir la existencia de la mente como instancia independiente, no material ni orgánica, que ejerce la función de interpretación y control de los procesos neuronales.

El fundamento de esta tesis es la teoría de los tres mundos de K. R. Popper


Mundo 1

Realidad física

Objetos naturales (orgánicos o inorgánicos) y artificiales

Mundo 2

Estados mentales

Percepciones, sentimientos, estados de conciencia, recuerdos

Mundo 3

Productos culturales

Mitos, teorías científicas, herramientas, instituciones sociales, obras de arte.


Por consiguiente, mente y cerebro son dos entidades distintas (la una perteneciente al Mundo 2 y la otra al Mundo 1) pero entre ambas existen interacciones:
1) Las experiencias de la mente autoconsciente están en relación con los procesos neuronales que tienen lugar en las áreas asociativas del córtex cerebral pero no son idénticas a ellos como afirma la teoría de la identidad mente-cerebro.

2) Las informaciones procedentes de los órganos sensoriales son transmitidas al cerebro, pero sólo en la mente se transforman en las experiencias perceptivas, que son distintas a los procesos cerebrales.

3) La mente autoconsciente es capaz de actuar sobre los procesos cerebrales desencadenando procesos neuronales: recordar algo, hacer un cálculo mental, buscar la frase apropiada para expresar una idea, etc.

En definitiva, la mente autoconsciente selecciona las informaciones procedentes de multitud de centros cerebrales y los integra en un todo unitario, ejerciendo una función superior de interpretación y control de los procesos neuronales. La unidad de la experiencia consciente es producto de la mente y no de los procesos cerebrales.
1.2.- Monismo o materialismo
Con respecto al problema de si existe o no un alma o mente inmaterial distinta cualitativamente del cuerpo, la cultura occidental ha sido básicamente dualista. No obstante, ha habido filósofos o pensadores importantes que han negado tal distinción. El ser humano, al igual que toda la realidad, es de carácter material. Si existe el alma ha de ser, pues, también material. Todo es explicable en términos de materia o energía. Por tanto, no hay dos sustancias (cuerpo-alma, mente-cerebro), sino solo una de carácter material, en la que se encuentran todas las reacciones, pensamientos, deseos, sentimientos. Vamos a repasar a algunos de los que defendieron esta postura y cómo se defiende hoy. Una corriente psicológica clásica que defiende el materialismo es el conductismo (Watson, Skinner): nuestro comportamiento se puede explicar por el esquema estímulo-respuesta, sin necesidad de apelar a procesos internos que sencillamente no existen. En la actualidad esta tesis está formulada de una manera científica en las neurociencias. Cuanto más sabemos del cerebro mejor podemos explicar los fenómenos psíquicos. Esto ha llevado a autores como Paul y Patricia Churchland a formular el materialismo eliminativo, según el cual deberíamos dejar de utilizar todos los términos relacionados con la mente. Un materialismo más complejo es el defendido por Antonio Damasio.
1.2.1.- El hedonismo epicureista: Epicuro y Lucrecia:

Epicuro de Samos, filósofo griego del siglo III a.c. A nivel ontológico defendió la teoría física atomista de Demócrito. Sin embargo, el objetivo fundamental de su filosofía era ético: alcanzar la felicidad. Para ello el individuo ha de perseguir los placeres y evitar, en lo posible, el dolor. Los miedos y, en concreto el miedo a la muerte, son causas de dolor en el ser humano. Es pues necesario eliminar esos miedos para alcanzar la felicidad. En opinión de Epicuro, no hemos de temer a la muerte ya que ella no es nada para nosotros. La muerte no es más que descompisición o disgregación de los átomos que están unidos. La muerte es, pues, ausencia de sensación. Después de la muerte no hay nada. El alma compuesta de átomos no sobrevive a la muerte del cuerpo. La ética hedonista (buscar la felicidad a través del placer) de Epicuro tuvo muchos seguidores, como Lucrecio, poeta y filósofo epicúreo del siglo I a.c. y aún hoy día tiene muchos defensores.
1.2.2.- El materialismo empirista: Hobbes.

Hobbes sostenía un materialismo mecanicista. Según él todo es material, tanto las cosas naturales como las artificiales e incluso las espirituales. Y la materia se encuentra regida por las leyes del movimiento. Incluso puede verse en Hobbes a un pensador que intentó hacer de la Física del Movimiento de Galileo la ley de toda realidad, siendo que para él no hay otra cosa más que cuerpos en movimiento. Pero su mecanicismo, si bien se inspira en Descartes y Galileo, no respondía a una base ideal, como era el caso de éstos, sino más bien a la concepción antigua del choque ciego, al atomismo griego.

En el pensamiento de Hobbes no hay lugar para el dualismo antropológico cartesiano. El hombre es sólo cuerpo. Y este cuerpo, como todos los demás, está sujeto al movimiento, que en su caso es generado por las pasiones, las acciones, los pensamientos. El movimiento tiene lugar de acuerdo a leyes causales y, por lo tanto, no cabe hablar de libertad. Aprobamos lo que vemos como agradable y desaprobamos lo desagradable. El valorar y el obrar humanos están regidos por el utilitarismo y el egoísmo.
1.2.3.- Monismo fisicista actual:

El primer tipo de monismo materialista es el fisicista o reduccionista. Este tipo de monismo reduce todos los niveles de la realidad al nivel físico. Toda la realidad, incluído el ser humano, sería explicable en términos físico-químicos.

Básicamente el monismo reduccionista actual mantiene que el ser humano es un conjunto de células del mismo nivel de realidad que las de los demás seres vivos y que los procesos psíquicos o mentales se pueden explicar, lo mismo que todos los demás procesos celulares, desde la física y la química”, Los procesos psíquicos se reducen al nivel físico, son explicados por las células neuronales, muy complejas, que lo componen. La complejidad de nuestras conductas superiores como el pensamiento y todas las demás se reducen al funcionamiento de las neuronas cerebrales, se trata de un sistema cuya base no es otra que su funcionamiento bioquímico. Todos los fenómenos psíquicos o mentales se explican a través de la sinapsis neuronal, que es el contacto electroquímico que se produce entre las neuronas.

Los reduccionistas aplican el modelo cibernético al cerebro humano. Éste funciona como una máquina o un ordenador. El cerebro humano es como el ordenador, el complejísimo hardware, junto con las aplicaciones de su software, son la base de todas las operaciones que realiza, sin que en el ordenador nadie suponga la existencia de otra realidad distinta
1.3.- Más allá del dualismo y del monismo: Emergentismo y funcionalismo
1.3.1.- Emergentismo

Postura iniciada por J. R. Searle y por M. Bunge. Defiende que los fenómenos mentales no se pueden reducir a los estados cerebrales, sino que en cierta forma “emergen” de ellos. Esta idea no es exclusiva del problema mente-cerebro: ocurre en diversos niveles de la realidad que a partir de la interacción de diversos elementos que forman un sistema organizado surge una nueva propiedad que no está presente en ninguno de ellos por separado. Así, la mente no podría localizarse en el cerebro, en la médula o en el sistema nervioso, sino que emergería de la interacción de todos ellos, contando con características particulares que no se pueden observar en ninguno de estos elementos por separado. Para el emergentismo, por tanto, la mente emerge del cerebro, por lo que no hay mente sin cerebro, pero los procesos mentales no se pueden explicar sólo en términos cerebrales.

Sostienen que la mente es como una totalidad sistémica que no equivale a sus elementos simples (el todo es mayor que la suma de sus partes).

El monismo emergentista es monista por reducirlo todo a la materia pero viene a sostener que la compleja evolución de la materia ha hecho posible la emergencia de estratos de realidad como la mente humana que no podemos explicar, ni reducir a los niveles o estratos inferiores. El nivel físicoquímico primario es superado por la emergencia de lo biológico, con sus propias características, y éste por la emergencia de lo psíquico, con sus nuevas características. En cada nivel superior emergen o surgen nuevas características.
Lo psíquico supone la emergencia final de los estratos o niveles anteriores. También los animales poseen un psiquismo aunque menos complejo. En ningún caso se trata de una realidad distinta sino, volvamos a decirlo, de la emergencia de un mayor nivel de complejidad que antes caracterizaba a lo biológico o a lo físicoquímico.
Los pasos de esta evolución serían: la materia inerte de carácter físicoquímico, lo biológico (seres vivos), el sistema nervioso y su coronación cerebral que da paso a lo mental.
1.3.2.- Funcionalismo:

Se trata de otra versión del materialismo, representada por H. Putnam y J. Fodor. Amplían la tesis central de los materialistas: si para estos un estado mental es el reflejo de un estado cerebral, Putnam y Fodor destacan que lo importante no es el estado del cerebro, sino las consecuencias que este produce en la vida psíquica de sujeto. La mente es una función de nuestro organismo, ya que en nuestras sensaciones, emociones y sentimientos intervienen nervios y órganos que están más allá del cerebro. Puede que en diferentes especies se produzca la misma función (por ejemplo, una reacción de miedo) pero de una manera distinta en lo que respecta a sus organismos (sistema nervioso, cerebro, etc). Pensemos que los animales cuentan con un sistema nervioso bien distinto al nuestro, pero ciertos procesos internos pueden ser similares (por ejemplo, el sentimiento del dolor). Así que aún manteniendo la tesis materialista, el funcionalismo no se fija tanto en qué ocurre en el cerebro o el sistema nervioso, sino en qué función es la que se desencadena en la vida psíquica del sujeto
2.- Otras concepciones sobre el ser humano en la filosofía contemporánea
Al margen de las concepciones monistas o dualistas, a lo largo de la historia del pensamiento se han dado otras posturas respecto al ser humano. Nos vamos a centrar en aquellas que se han dado en el pensamiento de los siglos XIX y XX, especialmente por su influencia en nuestra concepción actual:
2.1.- El humanismo marxista

La filosofía marxista pretende ser, ante todo un humanismo. El principal interés de Marx es averiguar cuál es la explicación de la injusticia y la pobreza en las sociedades humanas y hacerlo sin recurrir a causas sobrenaturales o conceptos como los de pecado y castigo divino. Desde el punto de vista de Marx, si la realidad es, ante todo, material, el ser humano se ha de entender en términos materiales. Esto significa que los seres humanos somos realidades corporales, materiales, no una conciencia, un alma inmortal o una máquina. Ser una realidad corporal significa que los seres humanos han de entenderse a partir de lo que hacen y no desde una posible personalidad o realidad interior que establece lo que hacemos y cómo lo hacemos. En otras palabras las personas nos realizamos a partir de las relaciones que establecemos con el medio y las personas que nos rodean. La conciencia, la personalidad por tanto, no es una esencia previa y permanente sino un resultado de la acción humana de tres formas distintas: el trabajo, la sociedad y la historia:

- Trabajo: Las actividades que realizamos en relación con el medio le denominamos trabajo. A través del trabajo se modifica el medio adaptándolo a las necesidades corporales. En este proceso de modificación del medio mediante el trabajo el ser humano se modifica a sí mismo, es decir, se construye como persona.

- Sociedad: El ser humano no se relaciona solo con la naturaleza sino se encuentra con otros seres humanos. Estos otros seres humanos se pueden convertir en competidores (puesto que buscan los mismos recursos que nosotros) o en colaboradores (nos ayudamos mutuamente en el trabajo). Tanto en uno como otro caso se está formando la sociedad de la cual nosotros somos tanto el resultado como los productores.

- Historia: El trabajo y la sociedad no se producen de manera abstracta y en condiciones ideales. Ambas realidades son también materiales y concretas. Esto quiere decir que no existe un modelo de actividad o de sociedad ideal sino que tanto una como la otra cambian con el tiempo. Ni el ser humano ni las sociedades permanecen estables a lo largo del tiempo sino que se transforman de acuerdo a fuerzas y leyes sociales similares a las que se pueden observar en la naturaleza.
2.2.- El fin del hombre (Nietzsche)

Nietzsche propone una nueva forma de entender al hombre que resulta de la muerte de Dios: el superhombre. El proceso que lleva hacia el superhombre Nietzsche lo describe metafóricamente con tres imágenes:

  • El camello, para Nietzsche es la persona que ha generado la cultura occidental. Es la persona que está agobiada por el peso del cumplimiento de los deberes, normas que se le imponen. El camello es por lo tanto la imagen que responde a la moral de esclavos: la sumisión a la autoridad, el servilismo, etc.

  • El león representa para Nietzsche la persona que se rebela contra las normas impuestas, contra la autoridad, que quiere ser libre y autónoma, pero que no es capaz de dar una forma concreta a esa libertad. Es una persona que está a la defensiva, intenta que nadie le imponga nada pero no alcanza a comprender como ejercer esa libertad para configurar otra forma nueva de ver al ser humano. Representa la ilustración, el pensamiento crítico que se refleja contra el autoritarismo de la Iglesia y de la sociedad tradicional.

  • El niño es la figura que representa esta nueva forma de entender al hombre. Nietzsche asocia a la imagen del niño la del juego, como actividad libre y creadora


El tipo de hombre en el que Nietzsche piensa es aquel que toma la vida como un juego: se siente completamente libre y lucha por mantenerse libre, y ejerce esa libertad creando y destruyendo valores. Por lo tanto el superhombre es la persona que ejercer su libertad ejerciendo sus instintos en la creación de nuevas formas de vida, sin permanecer en ninguna de ellas, sino buscando siempre superarse a sí mismo. El superhombre es el que ejerce de forma más radical la voluntad de poder de una forma directa, sin disfraces porque es el que actúa en coherencia con sus instintos naturales.

El superhombre está vinculado según Nietzsche a una forma cíclica de entender la tiempo y la historia. El eterno retorno es por lo tanto una idea complementaria necesaria para que el proyecto de superhombre sea viable. Frente a la noción lineal y finalística del tiempo, Nietzsche defiende una noción cíclica, el eterno retorno. ¿Cómo podemos interpretar este idea del eterno retorno? Nietzsche intenta liberar plenamente al hombre la preocupación por el pasado y por el futuro. Esta preocupación es una de las causas de que el hombre no sea auténticamente libre. Porque está culpabilizado por lo que ha hecho mal en el pasado, por las equivocaciones que cometió, o está preocupado por el futuro, por elegir correctamente, por cumplir con su deber etc. La cultura occidental ha plateado la existencia de un futuro mejor para el hombre (vida eterna, paraíso comunista, etc.). Para alcanzar ese futuro mejor el hombre debe sacrificarse y cumplir sus obligaciones. Si, en cambio, si ya ha sucedido y siempre sucede igual, nos libramos de la preocupación por actuar correctamente y por lo tanto podemos centrarnos en el presente y actuar libremente. El superhombre puede dedicarse a crear y destruir valores si está convencido de que su vida está ya determinada y por lo tanto que no tiene sentido preocuparse por el futuro.
2.3.- El existencialismo (Sastre)

La pregunta sobre la naturaleza humana ha encontrado una respuesta paradójica en el siglo

XX: nuestra naturaleza consiste en no tener naturaleza. Esta es la tesis central del existencialismo, un movimiento filosófico amplio y plural que rechaza que haya una “esencia” de lo humano, un modelo que debamos realizar, y sitúa en la libertad el valor más importante del ser humano. Desde el nacimiento, el ser humano es libertad pura: no es nada y puede serlo todo. Por eso no hay un camino marcado de antemano, sino que cada uno va formando el suyo en función de las decisiones que toma. Al negar la esencia, el existencialismo pretende centrarse en la existencia real, concreta y particular de cada hombre. Este debe ser para los existencialistas el verdadero objeto de la filosofía y cualquier otra cosa será un intento de distraer la atención, de divagar y esconderse en concepciones abstractas que no nos ayudan a comprender no ya qué somos, sino fundamentalmente quiénes somos.

Para el existencialismo, por tanto, la antropología filosófica debería disolverse en un estudio de la existencia, de los problemas y dificultades que encuentra cada uno en su vivir cotidiano. Y la libertad, que es la mayor de nuestras cualidades, puede vivirse también de un modo problemático: estamos obligados a ser libres, no podemos dejar de elegir. Hemos sido arrojados a la existencia sin ningún tipo de orientación sobre qué o quiénes debemos ser, ni mucho menos sobre cómo hemos de vivir. El ser humano incluye así una dimensión trágica: sin haber elegido la libertad con la que cargamos, hemos de resolverla cotidianamente en cada una de nuestras acciones.

Nuestra vida es un problema pero esto inesperadamente nos da ventaja, ya que el resto de seres vivos no pueden elegirse. J.P. Sartre lo interpretará de otro modo: estar siempre por hacer tiene que ser una manera de realzar la figura humana, y aunque su existencialismo incorpora ideas muy críticas con el género humano (“el infierno son los otros”) no pierde de vista un componente ético. En El existencialismo es un humanismo defiende el compromiso y la responsabilidad como conceptos inseparablemente unidos a la libertad, destacando que su ateísmo no implica una degradación o un desprecio hacia el ser humano: antes bien, asumir que Dios no existe y que no hay ningún modelo de ser que tengamos que realizar es una manera de destacar la dignidad y la grandeza del ser humano que ha de convertirse en el auténtico dueño de su propia vida
2.4.- El personalismo (Mounier)

Durante el siglo XX se habían desarrollado corrientes de marcado sentido colectivista e individualista. Ante este escenario y una concepción pobre del ser humano, el personalismo cree necesario revalorizar la persona como ser racional y social. El Personalismo, cuyo máximo representante es Mounier, tiene raíces en el existencialismo y se basa en la idea de que el hombre es un valor absoluto

Considera a la persona como ser autónomo y subsistente, a la vez que social; se estructura en torno a la vocación, la encarnación y la comunión, que suponen la integridad de la persona, su donación a los otros y su orientación aun fin para lograr un actuar coherente. Afirma la dualidad de la persona, considerando la espiritualidad como parte fundamental de su subsistencia e independencia. La persona ajusta sus acciones a la libertad y vive en un compromiso responsable para seguir su vocación

La sociedad es una comunidad de personas en la que los valores fundamentales son la fidelidad, el amor y la admiración, asumiendo que el yo se convierte en nosotros y evitando caer en la masificación de la sociedad, de modo que tanto la sociedad como sus instituciones deben estar al servicio del hombre, favoreciendo la libertad y la creatividad
2.5.- El estructuralismo (Levi-Strauss)

Claude Levi-Strauss es uno de los representantes de una corriente que surge en los años 60 del siglo XX, cuyo origen se encuentra en la lingüística y en la antropología cultural. Los estructuralistas consideran que el hombre es producto de las estructuras supraindividuales innatas o adquiridas que determinan el comportamiento.

La evolución biológica dotó a nuestra especie con un cerebro capaz de la función simbólica. Esta función es, en todo hombre, lo inconsciente: esa base común consistente en ciertas estructuras fundamentales del espíritu humano. Su actividad estriba en imponer leyes estructurales a elementos inarticulados, y hacen aparecer a la humanidad dotada de facultades constantes, si bien enfrentada con nuevos objetos a lo largo de las épocas.

La cultura representa una emergencia, pero es reasumida en la naturaleza. La contraposición entre naturaleza y cultura no cuenta ya con una línea de demarcación neta. La cultura queda naturalizada por la universalidad de la matriz simbólica puesta en juego en todo lo humano. El origen de la cultura está en el pensamiento simbólico, en esos mecanismos cerebrales que estructuran los sistemas de adaptación de los grupos humanos al medio ecológico, generando y transformando una tradición. Toda cultura cumple, así, la función fundamental de comunicación e integración social, tratando de asegurar la supervivencia. El intercambio da cuenta de las múltiples funciones sociales que se satisfacen a través de estructuras. Cada nivel (economía, parentesco, mito, lengua) tiene por cometido el regular un tipo de intercambio, como modalidades de una «gran función de comunicación.

La antropología estructural postula una base común previa a las diferencias entre los hombres. Todas las formas culturales pertenecen, al menos virtualmente, a la condición humana de todo ser humano. La peculiaridad del otro expresa una posibilidad latente en uno mismo.

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