Jean- baptiste y Jacques Viau, dos poetas y una isla






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fecha de publicación07.04.2017
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Jean- Baptiste y Jacques Viau, dos poetas y una isla

Por: Joel Rivera.
Bienvenido a mi patria Jean- Baptiste

Poeta de dos alas: la tuya y la mía.
Hay una isla con olor a sol y a esclavitud, con dos lenguas distintas pero una misma historia y un mismo calvario. De aquel lado está Toussaint, Dessalines y Boyer; de este lado Duarte, Sánchez y Mella. De aquel lado Duvalier, Namphy y Manigat; de este lado Santana, Lilís y Trujillo. De aquel lado Jacques Roumain y Jean-Fernand Brierre; de este lado Pedro Mir y Manuel del Cabral. De aquel lado Jean Price-Mars; de esta lado Juan Bosch. Pero de ambos lados, sin líneas divisoras ni fronteras, está Jacques Viau con sus versos y su fusil.

Jacques Viau Renaud fue un poeta haitiano quien en la guerra de abril de 1965 se unió a las fuerzas rebeldes, formando parte del comando B-3, para enfrentar las botas invasoras que derrocaron el gobierno constitucional del profesor Juan Bosch. Pero el 15 de junio del mismo año, en medio del fuego cruzado, un mortero lanzado por las tropas de ocupación le segó la vida, con apenas 23 años cumplidos. Jacques Viau no murió por Haití, su patria materna, ni cayó abatido defendiendo la parte española de la isla, su patria adoptiva; Jacques Viau murió por la libertad del hombre, libertad que en ese momento histórico la encarnaba la rebelión del pueblo dominicano: la libertad de una isla con olor a sol y esclavitud. El poeta no se inmola pensando en los laureles que trae la posteridad ante un sacrificio como este ni para que se develizara una estatua con su nombre, porque sabía de antemano que la sangre derramada en las revoluciones es asfalto de ingratitud y olvido: por eso en estos versos se pregunta:
(…)¿Qué es el hombre combatido?

Nadie lo recuerda.

Lo visten los trapos.

Lo arrojaron en la parte trasera de la casa

y allí

con los residuos

un guiñapo se amontona.

Las llamas se extinguen.

Se arrinconan los hombres en una sola sombra,

en un solo silencio,

en un solo vocablo,

en un llanto solo

y cuando todo sea uno,

uno el llanto y el vocablo uno

no habrá paz sobre la tierra.

¿No habrá paz?

Y aquellos que dictaminaron el destino del hombre,

los que jamás contaron con los sumisos,

amasarán con sangre su propia podredumbre.

¡No habrá paz!

¡Llanto para quebrar el llanto,

muerte para matar la muerte!”
¿Por qué entonces enemistar a dos pueblos hermanos, siameses de la misma esclavitud, miseria y explotación? Como hijo de Duarte defiendo la sentencia 168-13, manzana de la discordia, creo que todo país soberano tiene el derecho de establecer las políticas migratorias que juzgue pertinentes. Sin embargo, el conflicto dominico-haitiano de estos últimos días va más allá de una simple sentencia, que como abogado que soy, además de palabreador, puedo decirles, que esta pieza jurídica mañana puede ser derogada por una ley, otra sentencia o desplazada por una jurisprudencia; porque las leyes establecidas en una sociedad determinada son coyunturales, no son eternas. El problema con el hermano Haití es, que después de ser la colonia más prospera de Francia, y donde se aplicó la más sangrienta esclavitud de las establecidas en el Caribe, hoy día este pueblo explotado y empobrecido por las grandes metrópolis se ha convertido en la vergüenza de sus tres máximos explotadores: Francia, Estados Unidos y Canadá, a tal punto que tras conversaciones soterradas lo han declararlo como país no viable. ¿Qué quiere entonces la comunidad internacional y un sector oscuro de la clase política haitiana? Que un pueblo como el nuestro, con las mismas desigualdades sociales, con los mismos barracones, las mismas cañadas, las mismas casas de hojalata y techos de cartón, los mismos niños callejeros, las mismas niñas prostitutas, la misma falta de oportunidad y ascenso social, la misma discriminación, el mismo desempleo, los mismos políticos corruptos y los mismos empresarios explotadores, carguemos en nuestros famélicos hombros a diez millones de hermanos haitianos que son muertos civiles en su propio territorio, sin documentos de identificación, sin esperanza, sin futuro. ¿Por qué Haití se ha convertido en una vergüenza para aquellos países que nos acusan de racistas y xenófobos? La repuesta a todas estas interrogantes la responde el poeta Jean- Baptiste en estos versos:
Después de ordeñarla

durante más de dos siglos

-imposible de huir la leche-

la vaca no tiene más leche”
Al igual que su compañero caído, defendiendo nuestra bandera tricolor, Marckenson Jean- Baptiste ha hecho de esta patria su pedazo de suelo. ¿Qué fuerza mueve a este joven poeta a abandonar la lengua de Rimbaud, de Mallarmé, de Sartre, de Víctor Hugo y Simone de Beauvoir para escribir en el idioma de Cervantes? La misma fuerza que atrajo a esta parte de la isla a su compatriota Jacques Viau: la búsqueda de una tribuna y una lengua distinta para decirle al mundo que:
Al otro lado del sol

La oscuridad consigue su libertad

Oscureciendo el llanto

Sofocando la voz

Carbonizando los sueños
(…) Al otro lado del sol

Sobreviven dos gemelas:

Nada y Nadie”.
Nada y Nadie, eso es Haití y R.D. para la comunidad internacional, no importa el orden de quien es Nada o quien es Nadie, porque “Ante el fuego somos negros todos”, dice el poeta. Eso somos, decía nuestro Francisco Domínguez Charro: “un pedazo de jungla flotante” “One God, one aim, one destiny (Un dios, un objetivo, un destino), decía Marcus Garvey, “Nuestro color es nuestra patria/, digo yo, “préstame tu piel, poeta hermano, para cuajar mi sangre/déjame beber en tu pasado para encontrar mi nombre”

Marckenson Jean-Baptiste, al igual que Jacques Viau es un poeta social, “SOBRESATURADO” de impotencia y rebeldía vuelca en estos versos su desesperanza:
Malditas lágrimas del cielo

que odia la sed de mi suelo deshidratado

donde las semillas al fondo

mueren en silencio

en las tripas de las hormigas

Una verdad roja que brilla a mi espada.
Malditas lágrimas del cielo

que siguen fluyendo sobre la cara del río

que nunca está triste: siempre está llorando.

No llores por las casas sin techos.

No llores por mis hermanos

que duermen con los ojos abiertos

sobre el lecho de la leche en polvo”.
A pesar de su juventud, y la audacia de escribir en un idioma en el que no domina por completo la sintaxis y su léxico es visiblemente reducido, no tengo la menor duda de que cuando saque del discurso poético la rabia enquistada en su juventud rebelde y se “aplatane” en nuestro idioma, será un gran poeta; pues domina las tres herramientas principales de este difícil arte de hacer versos: la sensibilidad, la intuición y la palabra. Una muestra de lo que le tiene reservado el parnaso literario a este joven rapsoda, es la calidad de estos versos:

Mañana estaré de viaje;

no sé cuándo regresaré

si te pierdes te encontraré

en la puntuación del verso”.
Sé, también, que su discurso poético hubiera sido más rico si hubiese escrito este poemario en su lengua materna, pero escogió la nuestra, con la que decimos Dios, Patria y Libertad. Entonces, bienvenido a nuestra isla Jean- Baptiste, poeta del mundo, porque yo pregunto con la voz ahogada:
¿Quién dijo que existe una frontera?

si tu historia y mi historia se escribieron con el mismo abecedario

si tu sangre y mi sangre son gotas coaguladas sobre el mismo calvario

si tus tobillos y mis tobillos arrastraron las mismas cadenas.
¿Quién dijo que existe una frontera?

si tus mujeres y las mías parieron en las mismas cloacas

si tus hijos y los míos están unidos por el mismo cordón de la miseria

si somos cimarrones de la misma guerra.
¿Quién dijo que existe una frontera?

si tus hombros y mis hombros cargaron los mismos martirios

si tu espalda y mi espalda están talladas con las mismas torturas

si tú eres un Bozal sin esperanza y yo un Ladino sin bandera.
¿Quién dijo que existe una frontera?

si el Masacre lo pasamos con los mismos pies descalzos

si sangraron nuestras llagas por las mismas heridas

si resistimos las mordidas de las mismas sanguijuelas.
¿Quién dijo que existe una frontera?

si el sable que atravesó tu pecho atravesó mi alma

si la máscara que estranguló tu habla se tragó la mía

si tu amo era mi amo, si hicimos la misma travesía.
¿Quién dijo que existe una frontera?

si llegamos apilados en Le Ródeur,

si cantamos juntos “Tungan ma lambe lon” (En otros sitios no se conoce tu nombre)

si llevamos en el vientre la misma braza de candela.
¿Quién dijo que Aranjuez nos separó

que Basilea cambió el color de nuestras pieles

que el plomo de mi sangre no es tu sangre

que tu bemba ceniza no es mi bemba.
¿Quién dijo que existe una frontera?

si Ogou es mi Petró y Marimet mi Anaisa Pié

si mis luases imploran a tus luases

si mis muertos viven al lado de tus muertos.
¿Quién dijo que existe una frontera?

si tus huesos son mis huesos

si somos gemelos con la misma suerte

si somos siameses con la misma muerte.
Muchas gracias.

11/06/14

Presentación del libro Sobresaturado, del poeta Marckenson Jean-Baptiste dans la Librería Cuesta, Santo Domingo, República Dominicana, par le poete, novelista et abogado dominicano Joel Rivera, el 22 de agosto del 2014.

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