¿Han escuchado ese consejo en alguna ocasión? No cabe duda que se aplica a las amistades






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título¿Han escuchado ese consejo en alguna ocasión? No cabe duda que se aplica a las amistades
fecha de publicación05.04.2017
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Ser uno mismo

Dan Roselle
¡Sé tú mismo! ¿Han escuchado ese consejo en alguna ocasión? No cabe duda que se aplica a las amistades.

La mayoría de las personas muestran su mejor cara al conocer a alguien. Especialmente si esa persona les llama la atención. Es de lo más normal. En ocasiones existe una amistad entre dos personas que estudian o trabajan juntas. Si bien se conocen por mucho tiempo, notan que entre ellos nace una amistad más cercana. Pero les preocupa cometer un error que arruine esa amistad. ¿Qué pueden decir? ¿Cómo deberían actuar? Todo el mundo siente la necesidad de amor, aprecio, aceptación y respeto. ¿Es necesario cambiar la forma de ser y de actuar a fin de obtenerlo?

El secreto para comportarse con naturalidad ante otras personas es conocerse bien y sentirse a gusto con uno mismo. La imagen que tenemos de nosotros mismos afecta todas nuestras relaciones, incluso nuestra comunión con Dios. A muchos les cuesta mantener una buena amistad. El problema radica en que ni siquiera gustan de sí mismos. ¿Por qué deberían de gustarle a alguien más? Conviene recordar que ser uno mismo no equivale a verse o actuar excesivamente peculiar por el simple hecho de ser distinto a los demás. Tampoco significa superarse en cada faceta de la vida. No es cuestión de sacar las características malas a la luz y no preocuparse por quien uno es.

Ser uno mismo es sentirse en paz con la manera que Dios nos ha creado. Es gustar de la apariencia, las habilidades, la personalidad, los puntos fuertes y las debilidades que hemos recibido. Equivale a sentirse en paz con la vida, disfrutar las vivencias y contentarse con quien uno es. El apóstol Pablo lo resumió en Filipenses 4:11 diciendo que es un estado de contentamiento, independientemente de la situación, los sentimientos y cualquier otra cosa.

¿Recuerdan el viejo poema de Sentimientos, Fe y Verdad? Los tres caminaban sobre una pared cuando Sentimientos y Fe tambalearon y cayeron. Sólo Verdad se mantuvo en pie. Ésta levantó a Fe, que a su vez levantó a Sentimientos. La Palabra de Dios es la Verdad. En Su Palabra nos dice que nos ama, que Él nos creó y que desea ayudarnos a superar las dificultades de cada día. Él desea hacernos felices. Nuestros sentimientos no deberían interponerse en la paz que Jesús puede brindarnos.

Algunos lectores se preguntarán cuál es el secreto para sentirse en paz con uno mismo; con la manera que Dios nos ha hecho y con la vida que tenemos la bendición de vivir. El artículo Cómo tener éxito siendo uno mismo1 enumera varios consejos que nos ayudarán a lograrlo:

1. Hablar lo que Dios dice sobre uno.

2. Evitar las comparaciones.

3. Concentrarse en los puntos fuertes y no en las debilidades.

Examinemos detenidamente cada uno de los puntos, lo que la Biblia dice al respecto y la mejor manera de aplicarlos.

Punto 1: Hablar lo que Dios dice sobre uno. Nuestros sentimientos y la manera en que nos apreciamos no tienen nada que ver. La mayoría de nuestros sentimientos tienden a la negatividad. Si nuestra identidad y valía dependieran de la manera en que nos apreciamos, la mayor parte del tiempo nos sentiríamos bastante inútiles. ¿Qué dice la Biblia acerca del poder de las palabras y su efecto en nosotros?

Santiago 3:5-6 dice: «La lengua es un miembro muy pequeño que pronuncia grandes discursos. Una sola chispa puede incendiar todo un bosque. Y la lengua es una llama de fuego. Es un mundo entero de maldad que corrompe todo el cuerpo. Puede incendiar toda la vida, porque el infierno mismo la enciende»2.

Mediten en ello: nuestras palabras pueden incendiar o desviar el curso de nuestra vida. Nuestras palabras afectan nuestro destino. Eso es verdadero poder.

Jesús pronunció las siguientes palabras en Mateo 12:37: «Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado»3. Lo que pronunciamos es importante ante Dios.

Proverbios 18:21 dice: «La muerte y la vida están en poder de la lengua»4. Nuestras palabras producen vida o muerte en nosotros mismos y en otros. Las palabras que animan, infunden esperanzas y alimentan la fe producen vida. Pero las que producen desánimo, depresión, negatividad o desprecio hacia uno mismo causan la muerte.

La Biblia también dice cómo nos ve Dios. Jeremías 29:11 dice: «Pues Yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza»5. La lectura y el estudio de la Biblia, especialmente los relatos de Jesús, nos enseñan la manera en que nos ve Dios. Es hermoso. Debería mejorar y renovar la manera en que nos apreciamos a nosotros mismos. En resumidas cuentas, conviene hablar de nosotros mismos en términos positivos. Procuremos concentrarnos en nuestros atributos y en la manera que nos ve Dios. Recitemos Sus palabras y elogios en voz alta. La práctica habitual de este ejercicio nos ayudará a crecer. Nos animará. Nos permitirá vernos con un enfoque más optimista. El resultado será una imagen más positiva de nosotros mismos, y a su vez hará que otros también gusten de nosotros. El optimismo es muy atractivo.

La lectura de la Biblia nos brinda una perspectiva más saludable de nosotros mismos. También ayuda rodearse de amigos optimistas que nos cuiden y apoyen. Es importante realizar actividades saludables y que levantan el ánimo. Nuestra actitud se ve afectada por la compañía de personas optimistas y la práctica de actividades positivas. Con el paso del tiempo, el optimismo se vuelve parte de nosotros.

Punto 2: Evitar las comparaciones. Las comparaciones negativas producen resultados mayormente tristes. ¿Cómo se siente la mayoría de la gente después de compararse con otros? ¿Deprimidos? ¿Aburridos? ¿Feos? ¿Tontos?

El apóstol Pablo escribió: «¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? Acaso le dirá la olla de barro al que la moldeó: ¿Por qué me hiciste así? ¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios?»6 Las comparaciones son en esencia una crítica a Dios. Equivalen a decirle que podría haber hecho un mejor trabajo. Pero Dios nos hizo tal como Él quería. Somos perfectos a Sus ojos. El rey David escribió una hermosa alabanza a Dios en el Salmo 139: «Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. Te alabo porque soy una creación admirable. ¡Tus obras son maravillosas!»7 El Señor nos creó a cada uno de manera fantástica. No me refiero exclusivamente a nuestras características y apariencia física, sino también a nuestra personalidad, talentos e intereses: nuestro ser interior.

Pablo también escribió: «Sean vuestras costumbres» —conducta, comportamiento, estilo de vida— «sin avaricia» —ni comparaciones—; «contentos con lo que tenéis»8.

En cierta ocasión, Pedro se comparó con otro discípulo. Juan 21:20-22 dice: «Al volverse, Pedro vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba. Al verlo, Pedro preguntó: Señor, ¿y este, qué? Jesús le dijo: Si quiero que él permanezca vivo hasta que Yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme»9.

En otras palabras, Jesús daba a entender que no tiene sentido compararse con otros. Lo único que debiera importar es nuestra vida en relación a Él: nuestra relación con Jesús.

Procuremos valorarnos de la misma manera que nos valora Dios. Es mucho mejor que compararnos con otros. De evitar las comparaciones y aprender a disfrutar la manera que Dios nos ha hecho, no sólo haremos más amistades, sino que empezaremos a gustar más de nosotros mismos.

Punto 3: Concentrarse en los puntos fuertes y no en las debilidades. Conviene estar al tanto de las debilidades a fin de conocernos mejor. Pero sería un error convertirlo en una obsesión. El equilibrio yace en estar al tanto de las debilidades, pero concentrarse en los puentes fuertes.

Conviene recordar el versículo 22 de 1ª a los Corintios. En ese capítulo se enumeran los regalos espirituales. El apóstol Pablo escribió: «A cada uno se le da una manifestación especial para el bien de los demás»10. ¡Se refiere a todos! Más adelante Pablo explica que algunas personas poseen talentos particulares. Unos son profesores, otros administradores, otros más hablan distintas lenguas. No es que todos sean profesores o que todos puedan hablar en varios idiomas. Cada persona tiene un don especial. Es muy importante descubrir y concentrarse en nuestra especialidad.

¿Qué les gusta hacer? Su especialidad podría tratarse de los deportes, la cocina, los estudios, la jardinería, la programación de ordenadores. A lo mejor congenian muy bien con los niños o narran muy buenas historias. El punto es descubrir lo que les gusta y lo que disfrutan hacer, y aprender a hacerlo mejor. Recuerden que las fortalezas no son necesariamente talentos o habilidades físicas. En ocasiones son virtudes personales como el amor, la amabilidad, la imparcialidad, el perdón, la gratitud, el humor, la integridad, la creatividad y mucho más.

La siguiente reflexión les ayudará a lograr eso mismo. Rememoren las ocasiones en las que triunfaron o han tenido éxito a lo largo de su vida. Podrían ser logros en su escuela o equipo deportivo. Podría tratarse de metas alcanzadas a nivel personal o familiar. Luego mediten en el motivo por el que triunfaron o fallaron. ¿Fue su éxito resultado de aprendizaje, de tener un excelente entrenador o de recibir el estímulo que necesitaban? Recuerden qué los motivó a triunfar o volverse mejores en una actividad, y a la inversa lo que les ha dificultado progresar en cierto aspecto. Los éxitos pasados nos infunden confianza y nos permiten descubrir nuestro verdadero valor.

Jesús dijo en Marcos 12:31 que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. ¿Es posible amar, respetar y apreciar a otros, si ni siquiera nos amamos, respetamos ni apreciamos a nosotros mismos? Por eso, aprendamos a amarnos de la manera que Dios nos ha hecho. Apreciemos nuestras cualidades y aspectos positivos. Recuerden que Dios nos creó con gran esmero y que nos ama tal como somos. Somos seres únicos. No hay nadie en el mundo igual a ti. Hemos sido creados por Dios como personas únicas y sin igual en todo el mundo. ¡Celebremos esa originalidad!

La aplicación de estos tres sencillos principios nos ayudarán a aceptarnos como personas maravillosas y únicas creadas por Dios. El resultado será mayor paz interior. La paz y el contentamiento no sólo tendrán un efecto positivo en nosotros mismos, sino también en nuestras amistades. ¿Por qué no intentarlo y observar los resultados?
Notas a pie de página

2 Nueva versión internacional

3 Versión Reina Valera

4 Versión Reina Valera

5 Nueva versión internacional

6 Romanos 9:20-21 (NVI)

7 Salmos 139:13-14 (NVI)

8 Hebreos 13:5 (VRV)

9 Nueva versión internacional

10 1ª a los Corintios 12:7 (NVI)
Traducción: Sam de la Vega y Antonia López.

© La Familia Internacional, 2011
Categorías: amistades, contentamiento, optimismo



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