Mexico: El caso de Santa María Ostula. Magdalena Gómez. (Fuente: La Jornada)






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títuloMexico: El caso de Santa María Ostula. Magdalena Gómez. (Fuente: La Jornada)
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Cecilio del Valle
Se lo conoce como el “sabio Valle”, y realmente lo era. Fue redactor del Acta de Independencia de Centroamérica y ferviente luchador por la unidad de nuestra América.
Sus escritos al respecto conciben un plan para la realización de la unidad promoviendo un congreso donde “se crearía un Poder que, uniendo las fuerzas de 14 ó 15 millones de individuos, haría a la América superior a toda agresión; daría a los Estados débiles la potencia de los fuertes; y prevendría las divisiones intestinas de los pueblos sabiendo éstos que existía una federación calculada para sofocarlas. Se formaría un foco de luz que, iluminando la causa general de la América, enseñaría a sostenerla con todos los conocimientos que exigen sus grandes intereses”.
El tucumano Bernardo Monteagudo, representante de Bolívar en Centroamérica, intentó entrevistarse con Cecilio del Valle, pero la reunión nunca se efectuó porque éste se encontraba en México. A su retorno de Guatemala, Monteagudo le escribe a del Valle, con quien intercambiaba correspondencia, diciéndole que el Libertador Bolívar estaba muy complacido en autorizar la publicación de sus escritos: “con razón, él cree que usted es uno de los grandes defensores de la libertad que el Nuevo Mundo tiene en el sur”.
El coronel Monteagudo, colaborador directo del Libertador en lo concerniente a la convocatoria del Congreso Anfictiónico, escribió el “Ensayo sobre la necesidad de una Federación general entre Estados Hispanoamericanos”. Esta importante obra, dice el autor en su introducción, recoge el espíritu de los trabajos de Cecilio del Valle.
José Cecilio del Valle fue electo Presidente de Centro América, pero no pudo desempeñar tal cargo debido a su muerte el 2 de marzo de 1833. Su pasión por contribuir a la unidad de nuestra América, lo llevó a decir: “América no caminará un siglo atrás de Europa: marchará a la par primero; la avanzará después; y será al fin la parte más ilustrada por las ciencias, como es la más iluminada por el Sol”.
Bandera de Honduras
La bandera de Honduras, al igual que la de El Salvador, Nicaragua y Guatemalatoma sus colores de la bandera de las Provincias Unidas Centroamericanas: azul, blanco y azul. Pero, ¿de donde vienen estos colores?
La historia nos cuenta que durante esos años, toda Centroamérica, que estaba gobernada por los españoles, fue atacada por mar, tanto desde el Pacífico como desde el Atlántico por medio de buques que desplegaban la bandera azul, blanca y azul. La explicación es simple: la bandera en cuestión era la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que desde 1816 se habían declarado independientes de “España y cualquier potencia extranjera”.
Con patente de corso, Luis Aury desde el Caribe e Hipólito Bouchard desde el Pacífico, sin ningún tipo de coordinación entre ambos, incursionaron por las costas centroamericanas. El primero atacó la Fortaleza de San Fernando de Omoa y la de Santa Bárbara de Trujillo en Honduras, la segunda El Realejo (Nicaragua) y Sonsonete (El Salvador). Por oriente y occidente llegaba la imagen de la bandera azul y blanca que combatía contra los colonialistas españoles. Los independentistas centroamericanos, se inspiraron en esa bandera a la hora de crear su pabellón nacional. De ahí viene la bandera hondureña con cinco estrellas en su centro que representa la unión centroamericana.

Francisco Morazán
El 3 de octubre de 1792, en Tegucigalpa, nació José Francisco Morazán Quesada. Fue fusilado en San José de Costa Rica 18 días antes de cumplir sus 50 años y 21 años después de la declaración de independencia de Centroamérica. Morazán había combatido por la Federación Centroamericana y contra los opositores a ésta: el partido conservador que nucleaba en su seno al alto clero, los grandes terratenientes y los comerciantes ricos.
En más de veinte batallas, sus tropas lo habían visto combatir en primera fila. Fue general conocedor de tácticas y estrategias, pero también de combate cuerpo a cuerpo. Fue conductor de pueblos y gobernante de ideas liberales y democráticas.
La aristocracia clerical y terrateniente centroamericana nunca le perdonó el haber suprimido el diezmo, como tampoco el haber confiscado la tierra de la Iglesia, principal latifundista de la región. La oligarquía, con la ayuda de las potencias de turno, recuperaron espacio y desgarraron Centroamérica en cinco pequeños y débiles países. “Mi amor a Centroamérica muere conmigo”, escribió Morazán en su testamento pocas horas antes de ser fusilado.
Dicen que después de la primera descarga del escuadrón de fusilamiento, Morazán, tendido en el suelo, levantó su cabeza y dijo: “Aún estoy vivo”. Dicen también que una segunda descarga terminó con su vida. Mas el pueblo centroamericano con su lucha parece desmentir la última versión.
Catrachos
Cuando William Walker se apoderó del gobierno de Nicaragua y restableció la esclavitud, los centroamericanos dejaron de lado, al menos por un momento, sus luchas intestinas y se unieron para combatir al aventurero yanqui.
El general Florencio Xatruch, con tropas hondureñas, derrotó la invasión filibustera financiada por los esclavistas del sur de Estados Unidos y con beneplácito del gobierno de ese país, que pretendía anexionarse toda Centroamérica. “Ahí vienen los catrachos”, decían los nicaragüenses cuando veían pasar victoriosas a las tropas de hondureños comandadas por Xatruch. El apellido del general era difícil de pronunciar. De “Catruch” pasó a “catrachos”, refiriéndose a sus soldados. De ahí quedó el apodo de catrachos para todos los hondureños.
El general Florencio Xatruch había combatido como sargento en el ejército de Francisco Morazán. Luego del fusilamiento del prócer unionista, Xatruch quedó inmerso en las luchas permanentes entre conservadores y liberales.
La Ahoracadina de Olancho”
Era 1868. Con gran satisfacción, observó el Presidente José María Medina las calaveras enjauladas de Bernabé Antúnez y Francisco Zabala. Los “trofeos”, colgaban de un árbol en el cerro El Vigía, situado en la parte norte de Juticalpa. “Medinón”, como apodaban al presidente por su gran contextura física, visitaba la región tras haber derrotado a los “comunistas de hecho” -así los llamaba-, que se habían insurreccionado tres años antes contra su gobierno.
Antúnez y Zabala habían liderado un levantamiento de campesinos y pequeños ganaderos del lugar, descontentos por la voracidad de los grandes hacendados que, cada vez más, se apoderaban de grandes extensiones de tierra. El presidente Medina, ultra conservador y respaldado por la Iglesia, no dudó en enviar a su militar preferido para aplacar la rebelión: el general Juan Antonio Medina, más conocido como “Medinita”.
“Medinita” y sus hombres se trasladaron de inmediato al teatro de operaciones. Allí, desplegando una política de “tierra arrasada”, pusieron fin a la insurrección. El saldo fue de 600 campesinos ahorcados y más de 200 fusilados. De ahí en más, a “Medinita” lo apodaron “el General Bejuco”. El horror causado en la población al ver tantos cuerpos colgados de los árboles, hizo que se produjera una migración en masa hacia otras regiones del país, aparte de las 600 familias de campesinos que fueron deportadas.
Los hacendados y sus familias recibieron con algarabía al Presidente Medina, hubo arcos de palmas y resonar de campanas, discursos y banquetes, algarabía y bailes. Olancho no era la misma, se había despoblado.
El “Cinchonero”
En 1868, Serapio Romero, conocido como el “Cinchonero” mata a machetazos, en duelo a muerte, a Nazario Garay, mayor de la plaza de Juticalpa. Comenzaba otra insurrección en Olancho contra el Presidente José María Medina. El viejo general Florencia Xatruch aparecía como instigador de la revuelta, desde su exilio en El Salvador.
Para esa época, el gobierno de Medina había solicitado un empréstito a Inglaterra con el fin de construir un ferrocarril que uniera el Atlántico con el Pacífico. Todo fue una gran estafa y, para colmo, el presidente se había comprometido con entregar tierras a los ingleses a cambio de nada. El levantamiento de Serapio Romero fue contra esa entrega y por las justas demandas de los campesinos pobres del lugar.
Una de las primeras medidas que adopta el “Cinchonero” al tomar Juticalpa fue la de rescatar las cabezas aún expuestas en el cerro El Vigía de Antúnez y Zabala, y proceder a darle cristiana sepultura. Poco tiempo después, el “Cinchonero” es derrotado y decapitado por las fuerzas represivas. El Movimiento Popular de Liberación “Cinchonero”, MPL-C, que actuó en la lucha armada por los años 80, llevó su nombre en homenaje a Serapio Romero.
Acuerdo de Caballeros
En un barco estadounidense, anclado en Puerto Cortés, el general Miguel Dávila y el general Manuel Bonilla acuerdan hacer la paz. Uno liberal, el otro conservador.
El general Manuel Bonilla había desembarcado en La Ceiba, financiado por Samuel Zemurray, dueño de la Cuyamel Fruit Company, junto a dos aventureros norteamericanos. Lee Christmas y su socio y amigo Guy “Ametralladora” Maloney.
Los “matones” yanquis comandaron las operaciones. Con muchas municiones y armamentos que recibieron de los Estados Unidos, fácilmente derrotaron a las fuerzas de Dávila.
A bordo del “Tacoma”, los dos hondureños se ponen de acuerdo, bajo la supervisión del cónsul estadounidense Thomas G. Dawson. Cinco meses después Manuel Bonilla asume la presidencia y a los pocos días, mediante decreto número 78, se ceden en arrendamiento, al señor Samuel Zemurray, diez mil hectáreas de tierras.
Con razón afirmaba Zemurray: “En Honduras un diputado es más barato que una mula”.
Las bananeras
Ferrocarril a cambio de tierras, era el gran negocio de los políticos hondureños, y también de los dueños de las bananeras. “Ustedes construyen una cantidad determinada de kilómetros de vías férreas y se le otorgan, en concesión, tierras para sus plantaciones”. El promedio era de 50 hectáreas por cada kilómetro de vía férrea.
Los empresarios no podían creer la oferta: “construimos líneas férreas, que las necesitamos para el transporte del banano desde nuestras plantaciones a los puertos de exportación, y encima, nos ofrecen las mejores tierras del país”.
“Okey”, contestaban los hermanos Vaccaro (Standard Fruit Company), Samuel Zemurray (Cuyamel Fruit Company) y los representantes de la United Fruit Company.
Cada empresa amparaba a sus políticos, los promovía, financiaba y… en muchos casos los empleaba en sus firmas. La cuestión era que esos políticos tenían que alcanzar niveles de decisión para favorecer con su influencia a la empresa tutora.
A raíz de esto, las disputas entre las bananeras y “sus” políticos provocarían sangrientas guerras civiles. Así, durante más de treinta años los hondureños se desangraron en luchas intestinas. Lo común era que la United Fruit Company financiara al Partido Liberal, y la Cuyamel Fruit Company al Partido Nacional (conservadores) , pero esto podía cambiar.
En 1929 la United Fruit se unificó con la Cuyamel. Mágicamente acabaron las guerras civiles, una sola empresa empezaba a monopolizar la producción bananera de Honduras.
De “Pocho” Morales a Mister Morales

Allá por 1920 un joven estadounidense, residente en Honduras, Franklin “Pocho” Morales salva a una joven mujer que se estaba ahogando. Resulta que la muchacha era hija de un influyente senador norteamericano. Este señor, sumamente agradecido del gesto solidario del joven, quiere recompensarlo de alguna manera. Franklin trabajaba como barman en un distinguido hotel de Tegucigalpa y estaba en Estados Unidos de visita. Tomándose su tiempo, pensó y le pidió al senador que lo promoviera como cónsul en Honduras, argumentando que, por su trabajo, conocía a todos los políticos de importancia de ese país. El senador analizó la solicitud y le comentó a Franklin que esos cargos estaban destinados únicamente al personal de carrera, pero que tuviera paciencia dado que estaba haciendo las consultas pertinentes.
Franklin Morales no pudo ser cónsul de Estados Unidos en Honduras, las leyes norteamericanas se lo impedían. Pero como bien había prometido el senador, el “Pocho” Morales fue recompensado, y en enero de 1924 fue designado embajador de los Estados Unidos en Honduras.
Más tarde Mister Morales se haría famoso al llamar, sin autorización del Congreso de Estados Unidos, a 200 marines para proteger su legación en Tegucigalpa.
Dictaduras
Era la vuelta a la “Edad de Piedra” en Centroamérica. Jorge Ubico gobernaba en Guatemala y coleccionaba estatuas y estatuillas de Napoleón con la misma pasión con que asesinaba a sus opositores; Maximiliano Hernández Martínez “El Brujo”, mandaba matar campesinos en El Salvador con la conciencia tranquila, porque sostenía firmemente que “es un crimen mayor matar a una hormiga que a un ser humano, ya que el hombre vuelve a nacer después de muerto mientras que la hormiga muere para siempre”; Anastasio Somoza se adueñaba de Nicaragua luego de asesinar a Sandino y, en Honduras, llegaba al poder Tiburcio Carías Andino.
De la mano de la United Fruit Company, Tiburcio, jefe del Partido Nacional (conservadores) , gobernará despóticamente el país durante 16 años. Corrupción, represiones sangrientas, persecuciones y demás arbitrariedades caracterizaron al gobierno dictatorial; siempre con la complacencia de los Estados Unidos y en particular de las bananeras. “Magno gobernante”, “caudillo laborioso”, “paisano destacado”, “máximo hombrón”, “preclaro estadista”, “gobernante modelo” y “conspicuo político”, eran las formas en que sus acólitos se dirigían a él. Estos mismos aduladores decretaron el día 14 de marzo, fecha del nacimiento de dictador, como “Día de la Paz y de dar Gracias a Dios”.
Carías y Gálvez
La caída de los regímenes de Hernández Martínez y Jorge Ubico envalentonaron a los opositores del dictador Carías Andino. En San Pedro Sula una importante manifestación irrumpía para pedir la renuncia del presidente y la realización de elecciones libres y democráticas. La marcha fue pacífica y sin ningún incidente. Horas antes el Ministro de Guerra, Juan Manuel Gálvez había dado plenas garantías a los manifestantes.
Patrullas de soldados y policías vigilaban la marcha. El propio presidente Carías había trasladado de Olancho al mayor Ángel Funes para que se hiciese cargo del operativo.

La marcha duró una hora, y al finalizar un manifestante, el doctor Antonio Peraza, solicitó a Funes permiso para dirigir unas palabras. Pero Funes no aceptó. El periodista Alejandro Irías se acercó al mayor para tratar de convencerlo, mientras tanto Peraza se dirigió al público diciendo: “Pueblo sampedrano, habéis dado una muestra más de verdadero civismo; la patria os lo agradece, ¡viva Honduras!”. Cuando escuchó Funes la voz del orador desenfundó su pistola y le asestó un balazo mortal al periodista Alejandro Irías. “Sigan la movilización, hijos de puta”, gritó otro militar. Y como si esa fuera la señal, comenzaron los policías a disparar sus ametralladoras de mano, fusiles y pistolas.
Más de cien personas murieron en lo que se llamó la “Masacre del 6 de julio”. Tiburcio Carías Andino gobernaría cinco años más. Lo sucedería su Ministro de Guerra, Juan Manuel Gálvez, hombre también de la United Fruit.
Juan Pablo Wainwright
En las mazmorras del dictador Jorge Ubico, un hombre era torturado salvajemente. Tras recobrar el conocimiento, la víctima alcanza a decirles a los torturadores que puede ofrecerles revelaciones extraordinarias, pero que sólo lo hará frente al presidente guatemalteco.
¿Qué tiene usted que revelarme?, pregunta el General Ubico apersonándose en el Penal.

Lo he llamado para decirle que Usted es un miserable, un verdugo y una bestia humana-. Acto seguido le escupe la cara al dictador.
Ubico tiembla de rabia y le cruza un latigazos en la cara.
Juan Pablo Wainwright había nacido en Santa Bárbara, Honduras, en 1894. A los 16 años partió de su casa para unir su destino a los pobres de la tierra. Trabajó de obrero, pescador, mozo, campesino y marinero. Recorrió Estados Unidos, Alaska, África, el lejano Oriente y se alistó como soldado en la Primera Guerra Mundial. En 1920 regresa a Honduras y ya es dirigente de las primeras huelgas contra las empresas bananeras del país.
Wainwright es uno de los fundadores de la Federación Obrera Hondureña (FOH) y del Partido Comunista Hondureño (PCH). Acusado de sedición, es encarcelado durante el gobierno de Mejías Colindres, pero logra fugarse del Castillo de Omoa. Huye a Guatemala y reinicia sus actividades políticas y sindicales. La dictadura de Ubico lo encarcela junto a otros militantes comunistas. Todos son absueltos menos él. En febrero de 1932, luego del incidente con el dictador, sufre la pena capital. Frente al pelotón de fusilamiento grita a viva voz: “¡Viva la internacional comunista! ¡Viva la clase obrera! ¡Abajo el capitalismo y sus lacayos!”.
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