Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick






descargar 93.71 Kb.
títuloTexto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick
página3/4
fecha de publicación05.04.2017
tamaño93.71 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Derecho > Documentos
1   2   3   4

Entonces, una vez que la ciencia moderna estuvo en marcha, se convirtió rápidamente en una empresa autónoma, en continuo aumento de poder, obedeciendo a preceptos metodológicos propios y afirmando enfáticamente su independencia frente a la ética religiosa dentro de la cual había nacido. Esta independencia creó tensiones dolorosas y conflictos con los presupuestos religiosos, comenzando por la astronomía, que trasladó a nuestro mundo desde el centro del universo a la posición de uno de los satélites solares; luego la geología, que estableció la edad de la tierra como enormemente mayor a lo que había imaginado la cronología bíblica, y finalmente, la biología ubicó el lugar del homo sapiens dentro de la completa evolución de la vida, con lo que borraba la imagen bíblica de la particular creación de la humanidad. Como un subproducto de la perspectiva y método científico tenemos el estudio objetivo de las Escrituras antiguas, que pronto comenzó a socavar su tradicional autoridad literaria.

De hecho, el nacimiento de la ciencia moderna dentro de la cultura cristiana de Europa, nos recuerda a un pájaro cuco empollado en el nido de un tordo, creciendo rápidamente... ¡para atacar a sus anfitriones! En los debates entre la ciencia y la religión en el siglo XIX, como en las primeras amenazas eclesiales a Galileo y los intentos de suprimir la nueva cosmología, el cristianismo, lejos de ver la ciencia como su particular regalo al mundo, ¡luchó una larga y fallida batalla contra ella! Esto llevó –a pesar del resurgimiento actual del fundamentalismo de resistencia— a una aceptación tardía del nuevo conocimiento científico y a un consecuente replanteamiento integral de la doctrina cristiana. El cristianismo no puede reclamar ningún derecho ante la empresa científica moderna. Su relación especial con ella consiste simplemente en el hecho de que fue la primera de las religiones del mundo en ser afectada por el impacto del nuevo conocimiento y la perspectiva empírica. Podemos especular que el Islam encontrará este choque tan traumático como el cristianismo, mientras que el hinduismo y el budismo podrían ser capaces de adaptarse sin gran dificultad. Pero en cada caso el efecto más profundo deberá ser, como en el Occidente cristiano, una progresiva secularización tanto del pensamiento como de la sociedad. Y el desafío más profundo será desarrollar formas de fe a través de las cuales el espíritu humano pueda relacionarse de modo transformante con lo Trascendente, dentro del contexto del conocimiento moderno de nosotros mismos y de nuestro medio ambiente.

Consideraciones similares se aplican a la explosión de la tecnología moderna, con sus hasta ahora insospechados frutos de opulencia material. Lo primordial del Primer Mundo consiste en ser la primera parte del planeta que ha llegado a industrializarse y así se ha beneficiado de la producción masiva de bienes de consumo. Pero eso no quiere decir que los pobres del gran Tercer Mundo no cristiano no gustarían también de tener comida abundante y una gran variedad de bienes de consumo. Es cierto que hay una fuerte tendencia del hinduismo y budismo en relación a la renuncia a la riqueza y al mundo, que enseña a tratar el siempre cambiante mundo material como no-real en última instancia. De ahí la famosa oración hindú, "llévame de lo no-real a lo Real". Pero también es cierto que existe de modo equivalente una fuerte inclinación de renuncia al mundo en la enseñanza cristiana, confundiendo prácticamente "el mundo, el demonio y la carne". Esto comenzó en el Nuevo Testamento, donde Jesús dice a sus discípulos: "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn 15,19), y "Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, mujer e hijos, y hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo "(Lc 14,26). Leemos en otros lugares del Nuevo Testamento que "el mundo entero está bajo el maligno" (1Jn 5,19), y era una difundida convicción cristiana primitiva que la tierra está bajo el imperio del diablo hasta el último día. Esta enseñanza no impidió sin embargo, el desarrollo del capitalismo occidental y el afán general de acumular más y más posesiones, incluyendo lujos cada vez más sofisticados.

No es probable que la enseñanza hindú inhiba la lucha por los bienes de consumo en el rápido proceso de industrialización de la India. La razón para la pobreza relativa de la India en el período moderno –habiendo sido la antigua India, tan plenamente próspera como Europa[17]– es el hecho de que su fase medieval sólo hasta ahora, en la segunda mitad del siglo XX, ha dado paso a la revolución industrial. Y si nos preguntamos por qué la transformación industrial de la Gran Bretaña en los siglos XVIII y XIX no se extendió a la India, como lo hizo a los Estados Unidos y a los dominios británicos blancos, la respuesta es que había en Gran Bretaña, el interés por mantener el subcontinente indio como una fuente de materias primas y un mercado cautivo, en lugar de favorecer el desarrollo de un competidor industrial independiente. En palabras de la Historia Económica de la India de Dun:

Es por desgracia cierto que Compañía India del Este y el Parlamento británico, siguieron una política comercial egoísta hace cien años atrás, desanimando a los fabricantes indios en los primeros años de gobierno británico, a fin de fomentar el aumento de las manufacturas procedentes de Inglaterra. Su política permanente, seguida en las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del siglo XIX, fue hacer a la India servil frente a las industrias de Gran Bretaña, y que la población india sólo produjera materias primas, para abastecer con ellas los telares y fábricas de Gran Bretaña[18].

Todavía en la década de 1920 Gandhi estaba luchando contra la obligación del pueblo de la India, que debía exportar su algodón no procesado a Lancashire, y luego comprarlo de nuevo en forma de tela acabada, en beneficio de las fábricas de Lancashire y en detrimento de las masas de la India. Sólo desde la independencia de 1947 ha comenzado la India a industrializarse a gran escala. La revolución industrial creadora de riqueza, que transformó la sociedad humana desde su fase feudal a su fase moderna, se produjo primero en Europa, y fue ayudada en gran medida por la expansión imperial europea concurrente, la cual dio acceso privilegiado a las materias primas, y a nuevos y grandes mercados. El proceso industrial tuvo que comenzar en alguna parte, y si no hubiese iniciado cuando y donde lo hizo, habría comenzado en algún otro momento o lugar. Pero no parece posible establecer una relación causal exclusiva entre la industrialización y el cristianismo, de modo que sin la industrialización cristiana, ésta no habría ocurrido en las demás sociedades humanas.

VI

La otra área principal en la que el cristianismo contemporáneo tiende a verse a sí mismo como superior, es en su adopción de los modernos ideales liberales de igualdad humana y libertad, expresada políticamente en las formas democráticas de gobierno. Estos ideales liberales surgieron partiendo de la deconstrucción de la mentalidad medieval dogmático-jerárquica del mundo. Que no son puramente ideales cristianos, sino el producto de una interacción creativa de las influencias culturales, lo demuestra el hecho de que durante los últimos mil años, el Occidente cristiano había sido fuertemente jerárquico, santificando la servidumbre y la subyugación de las mujeres, no creyendo en los derechos de la humanidad, sino en el derecho divino de los reyes, la quema de herejes y brujas, y a la vez reprimiendo brutalmente la protesta social y la especulación intelectual no ortodoxa. El surgimiento de conceptos como los derechos humanos, la libertad individual y la igualdad, al inicio fueron tan poderosamente impedidos por la iglesia como lo había sido la ciencia moderna en sus primeros días. Por ejemplo, lo que llegó a ser en el siglo XIX la campaña cristiana contra la esclavitud, comenzó como un movimiento de pequeñas minorías dentro de las iglesias, con la oposición de muchos eclesiásticos actuando en nombre de los intereses esclavistas. Y los esfuerzos de otros grupos como los cuáqueros, seguidos del evangelio social de los movimientos socialistas cristianos, para lograr una mayor justicia social en las sociedades occidentales, siempre han sido una lucha cuesta arriba, con la general oposición de las instituciones eclesiásticas. La tardía y con frecuencia vacilante conversión de las iglesias a los ideales de la igualdad humana y la libertad tiene un desarrollo muy reciente, que ahora también empieza dentro de otras tradiciones mundiales.

Una vez más entonces, el cristianismo no tiene derechos de propiedad en estos poderosos ideales seculares del mundo moderno. Éstos tienen una segura base teórica en las enseñanzas de cada una de las grandes religiones, pero en cada caso, su aparición como una fuerza real es en gran parte debida al trabajo de la modernidad en la disolución del autoritarismo. El cristianismo tiene, sin embargo, la distinción –y aquí radica su genuina singularidad histórica— de ser la primera de las religiones mundiales que ha sido transformada en gran medida por la modernidad.

Los resultados en el Occidente cristiano han sido en parte beneficiosos y creativos, y en parte dañinos y destructivos. En el lado positivo, la ciencia ha hecho posible cada vez más tecnologías de avanzada, que a su vez dieron lugar a una proliferación inmensa de la riqueza, de tal manera que el mundo occidental cuenta ahora con el promedio material de vida más alto en la historia. Esto ha estimulado al mismo tiempo un enorme crecimiento y extensión de la educación y una explosión sin precedentes de la actividad cultural. Por el lado negativo, la misma expansión del conocimiento científico ha producido cada vez más poderosas armas de destrucción masiva, de modo que todo el proyecto humano tiembla ahora bajo la amenaza de un conflicto nuclear masivo que podría terminar abruptamente con la civilización occidental y podría producir un "invierno nuclear", reduciendo la raza humana a dispersas poblaciones de sobrevivientes enfrentadas a una nueva edad de piedra. Además, nuestra riqueza moderna se ha logrado a expensas de un galopante consumo de los recursos no renovables de la Tierra, y de una polarización entre el sobre-enriquecido hemisferio Norte y el desesperadamente pobre hemisferio Sur, mientras se consolida en las regiones prósperas el estrés social y psicológico, y las tensiones con niveles aterradores de drogadicción, suicidio, divorcio, delincuencia, violencia urbana, y un sentimiento trágico de sin sentido y frustración general.

VII

Cuando intentamos, pues, mirar a las tradiciones religiosas como entidades históricas de larga duración encontramos en cada caso una mezcla compleja de elementos valiosos y nocivos. Cada una ha proporcionado un eficaz marco de significado para millones de adherentes, conduciéndolos a través de las diferentes etapas de la vida, ofreciéndoles consuelo en la enfermedad, la necesidad, y la calamidad, y permitiéndoles celebrar comunitariamente sus tiempos de salud, bienestar y creatividad. Dentro de un espacio psíquico puesto en orden por una vida de fe, tal como se expresa en las instituciones y las costumbres de una sociedad, millones de hombres y mujeres, de generación en generación, han hecho frente a los dolores de la vida y a los desafíos, se han regocijado con sus bendiciones, y algunos, yendo más allá del egocentrismo han llegado a una relación transformadora con el Eterno. Muchos han respondido –de nuevo, en diversos grados— a la reivindicación moral del amor/compasión mediada por las grandes tradiciones, y formulada comúnmente como la «Regla de oro»: "No dejes que ningún ser humano haga a otro un acto que él no desearía que otros le hicieran, sabiendo que le es doloroso" (el Mahabharata hindú, Shanti Parva, cclx. 21). “No hagas a otros lo que no querrías que te hagan a ti"(Confucio, Analectas, Libro XII, n º 2 ). "No hagáis daño a otros con lo que te daña a ti mismo" (el Udanavarga budista v. 18). "Lo que queráis que los hombres hagan con vosotros, hacedlo vosotros también a ellos" (Jesús, Lc 6,31). "Ningún hombre es un verdadero creyente a menos que desee para su hermano lo que desea para sí mismo" (el musulmán “Hadtih, musulmán, imán”, 71-2).

Pero, a la vez, cada religión una ha santificado vicios y males humanos. El hinduismo, aunque constituye un inmensamente rico y poderoso universo de sentido y señala el camino de liberación interior, también valida el sistema jerárquico de castas de la India, incluida la relegación de millones de personas a la situación de parias –una injusticia que aún persiste, a pesar de su abolición oficial en la Constitución de 1947–. La sociedad hindú ha tolerado la primitiva práctica del satí y aún tolera la continuidad de la persecución cruel, y a veces el asesinato, de novias cuya dote se considera insuficiente. El budismo, aunque básicamente pacífico y tolerante, que inspira en millones de personas el ideal de una existencia centrada en sí misma, ha sido indiferente hasta hace muy poco a las preguntas de la justicia social, de modo que muchas tierras budistas han permanecido por largo tiempo en una situación de feudalismo. El islam, aunque llamando a los fieles a la sumisión y a la paz con Dios, y ha promovido una hermandad musulmana que está notablemente libre de los prejuicios del color, ha sancionado "guerras santas", intolerancia fanática, y castigos bárbaros de mutilación y flagelación, y todavía confina generalmente a las mujeres a una vida tutelada, estrictamente controlada. El cristianismo, aunque en los últimos siglos ha nacido en su ámbito la ciencia moderna y los modernos ideales liberales de igualdad y libertad, ha generado salvajes guerras de religión y el apoyo a innumerables "guerras justas"; ha torturado y quemado multitud de herejes y brujas en el nombre de Dios[19]; ha animado y autorizado la persecución de los Judíos[20], ha validado el racismo sistemático, y ha tolerado la "violación de la tierra" del capitalismo occidental, el mal uso de la energía nuclear, y la esencial injusticia de la división Norte-Sur entre las naciones ricas y las naciones pobres.

Al parecer, la conclusión que de todo esto se deduce es que cada tradición ha construido su propia mezcla peculiar de bien y mal. Cada una es una realidad social duradera que ha pasado por momentos de auge y por tiempos de decadencia; y cada una es internamente muy diversa: algunos de sus aspectos promueven el bienestar humano, mientras otros dañan la familia humana. Frente a esta complejidad parece imposible hacer un juicio global de que tal tradición religiosa ha contribuido con más bien o con menos mal que otra, o con un mayor equilibrio de bien y mal que las demás. Por supuesto que sería posible, si fuéramos omniscientes, distinguir una tradición que en su conjunto fuera de hecho superior al resto. Pero para nuestra parcial y falible visión humana, las religiones constituyen diferentes formas de realización de nuestra humanidad en su relación con lo Eterno, cada una con sus glorias culturales y sus episodios de destrucción violenta, elevando a vastas poblaciones a un más alto nivel moral y espiritual, y funcionando sin embargo, a veces, como un vehículo de chauvinismo humano, codicia y sadismo. Podríamos llegar a establecer acertadamente que en algunos aspectos, o en algunos períodos de tiempo o en determinadas regiones, los frutos de una tradición son superiores, mientras que en otros aspectos, tiempos o regiones, resultan inferiores a las de otra tradición. Pero, como dilatadas totalidades complejas, las tradiciones del mundo parecen estar más o menos a la par entre sí. Ninguna puede ser señalada como manifiestamente superior.

Si esto es así, podemos empezar a considerar cómo esta verdad puede afectar los trabajos en curso de la teología cristiana.

VIII

Las tres doctrinas centrales, la trinidad, la encarnación y la expiación, se conectan en conjunto. Desde una concepción jurídica de la expiación, Jesús tuvo que ser Dios, como San Anselmo demostró en su ¿Cur Deus Homo? Sólo un sacrificio divino, infinito por lo tanto, podía dar el adecuado valor de satisfacción por el daño causado con el pecado humano al Creador y Señor del universo; así podrían cumplirse los inexorables requisitos de la justicia divina, lo que permitiría a Dios considerar a los pecadores, hombres y mujeres, como justos y aptos para ser recibidos en el Reino. Y dado que Jesús era Dios, la Deidad tenía que ser una trinidad (o por lo menos una binidad), porque Dios se encarnó en la tierra como Jesús de Nazaret, y Dios también estaba en el cielo, sosteniendo el universo, y oyendo y respondiendo las plegarias. Era necesario pues, pensar en Dios como al menos dos en uno, el Padre y el Hijo, que estaban, respectivamente (y por un breve período), en el cielo y en la Tierra. Pero el pensamiento cristiano, de hecho, pasó a incluir la divina presencia en la vida humana, más allá de los treinta años de la encarnación, de una tercera persona, el Espíritu Santo. En teoría, habría sido posible dar cuenta de esta presencia con una doctrina binitaria más práctica, atribuyendo lo que llegó a ser considerado como la obra del Espíritu Santo, al eterno espíritu de Cristo o Logos; efectivamente, hubo un período anterior en que el Espíritu Santo y el Espíritu de Cristo fueron distinguidos como dos realidades distintas. En teoría, habría sido posible dar cuenta de esta presencia con una doctrina binitaria más práctica, atribuyendo lo que llegó a ser considerado como la obra del Espíritu Santo, al eterno espíritu de Cristo o Logos; efectivamente, hubo un período anterior en que el Espíritu Santo y el Espíritu de Cristo fueron distinguidos como dos realidades distintas.
1   2   3   4

similar:

Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick iconTexto de dos cuartillas para el catalogo publicado por la camara...

Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick icon2 calendario del más antiguo galváN publicado por Librería y Ediciones Murguía, S. A.; MÉxico
«Hoy es el día octavo del Nacimiento del Hijo de Dios: cesad en la superstición de los ídolos y en los sacrificios inmundos», por...

Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick iconTributación de los derechos por los servicios pasados del Plan de...

Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick iconOpinion texto john ruskin

Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick iconComentario de texto en E. S. O. y Bachillerato. Casos prácticos
«Mientras por competir por tu cabello» de don Luis de Góngora. El motivo que ambos sonetos desarrollan es, por supuesto, el «carpe...

Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick iconPeli: “La guerra que no ves”, de John Pilger. Un documental de los...

Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick iconA Los años de servicios prestados por el trabajador al Instituto; y b

Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick iconPrograma por el cual los alumnos del grado 1º y 6ª rinden homenaje al tricolor nacional

Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick iconPrograma por el cual los alumnos de undécimo y 5 de primaria rinden...

Texto publicado por los Servicios Koinonía en homenaje a John hick iconGarcía Márquez, real y mágico
«La Jirafa», que firmaría con el seudónimo de Séptimus, en homenaje al personaje de La señora Dalloway de Virginia Wolf. Ese mismo...






© 2015
contactos
l.exam-10.com