I. la patria el concepto de patria Justicia, patriotismo y religión II. La nacióN






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títuloI. la patria el concepto de patria Justicia, patriotismo y religión II. La nacióN
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significatio y suppositio)
La palabra tradición, como se adelantó, no es más que la transcripción en lengua romance del término latino traditio, al que traduce con exactitud. Se ha visto ya también que el vocablo correspondiente griego es παράδοσις (paràdosis). En ambos casos la significación es “transmisión”, y su núcleo está constituido por el verbo do (dar, entregar), que parece común a todas las lenguas indoeuropeas; al menos lo es con relación al griego y al latín. Las preposiciones que se les unen como prefijos (tra y παρά, respectivamente), dan idea de movimiento, de pasaje, de un ir más allá.

Tradición –traditio, παράδοσις (paràdosis)- significa pues la acción y el efecto de transmitir, de entregar algo a alguien. Esta palabra tiene un sentido y un uso preciso en el lenguaje jurídico, que por su carácter específico hemos de dejar fuera de consideración. Pero tiene también un sentido y un uso más amplio en el ámbito de la vida social, la historia y la cultura en general, que es el que aquí consideramos. En este último caso, no se trata ya de una cosa o de un conjunto de cosas determinadas, ni de una acción individualizada o individualizable, ni de dos sujetos también determinados. Se trata de un fenómeno social, histórico y cultural que constituye o integra el marco de la experiencia humana.

Quien transmite no es un sujeto individual o particular en cuanto tal, aunque sin dudas una persona puede ejercer –en un marco social determinado- esa función; es el caso, por ejemplo, del educador, del artista –en especial de los poetas-, del gran genio o pensador de una época. El sujeto transmisor es la sociedad misma, histórica y dinámicamente considerada; es una generación, entendida como un momento histórico de una comunidad dada, que habla por sus propias costumbres, por sus monumentos, por sus documentos y por su agentes transmisores.

La acción que llamamos tradición tiene las dos características que distinguen a los fenómenos sociales: la interacción y la pertenencia a un todo comunitario. Más aún, si a los fenómenos sociales se los considera temporalmente, parece claro que la tradición hace referencia en especial a las series diacrónicas. Esto implica su esencial historicidad. Una tradición atemporal, tal como parece pensarla Guénon, carece de sentido y sería, por otra parte, inverificable50.

Ahora bien, como todo fenómeno humano, la acción tradicional tiene una constitutiva estructura intencional, en el sentido que esta expresión tiene para Franz Brentano. Es decir, tiene un objeto, algo que se transmite. En el sentido amplio o general que estamos considerando, este objeto es un conjunto de cosas integrado por elementos culturales que van desde el lenguaje –y quizás éste sea el objeto más fundamental-, creencias, estimaciones, saberes propiamente dichos, hasta costumbres, hábitos y disposiciones sociales, instituciones -dentro de éstas, cabe distinguir las políticas y las jurídicas-, ritos, etc. El objeto de la tradición, en definitiva, es un cierto patrimonio cultural.
2.- Tradición y cultura
Dado que -como se ha visto- no es posible entender el concepto de tradición sin hacer referencia a la cultura, parece conveniente detenernos en una digresión sobre ésta.
2.1.- Definición nominal
La palabra cultura deriva de verbo latino Colo-colis-cólere-colui-cultum, que quiere decir cultivar y habitar. Cultura es el efecto, su objeto terminativo, es decir, el cultivo, o el asentamiento del hombre51 sobre la tierra. Su sentido originario es, pues, el de "cultura agri", el cultivo del campo. A partir de Cicerón adquiere la significación traslaticia de cultivo del alma (cultura animi) y posteriormente se extiende también a lo que el hombre hace, no sólo sobre sí mismo, sino sobre la naturaleza y las cosas, haciendo que las mismas produzcan frutos, v.gr., confiriéndoles una significación religiosa (culto a los dioses), belleza o utilidad. De ahí se siguen tres sentidos: a) cultura objetiva (el cultivo, lo cultivado, la cosa hecha por el hombre, el territorio convertido en ámbito humano); b) cultura como actividad: la acción de cultivar; c) cultura subjetiva (el cultivo del hombre mismo, su educación).
2.2.- Definición real
Cultura es todo lo que el hombre realiza, agregando algo a -o modificando- la naturaleza. Debe advertirse que en este contexto la palabra naturaleza tiene dos significaciones pero la misma referencia (en otros términos, aunque significa aspectos distintos, porque connota relaciones distintas, supone por lo mismo). En un primer sentido, se entiende por naturaleza la esencia de las cosas, en tanto está orientada hacia fines perfectivos (la entelequia) y es, por lo tanto, principio intrínseco del dinamismo. En un segundo sentido, naturaleza quiere decir lo dado, como opuesto a cultural, o como opuesto a voluntario, o como opuesto a intencional. La cultura se relaciona con la naturaleza en ambos sentidos. Con relación al primero de ellos, aparece como el desarrollo de una perfección del hombre, sea en sí misma, sea en su dominio sobre las cosas exteriores. Con relación al segundo, lo cultural es el resultado de la modificación de lo natural, el resultado de lo que el hombre agrega a lo dado”.

Del análisis de esta noción de cultura se sigue:
a) Debe haber un substrato natural -el hombre mismo o una realidad exterior- que si bien está potencialmente abierto –incluso dispuesto- a la cultura, representa un límite y puede ejercer una resistencia, según la medida misma de esa disposición. Dicha disposición natural, asimismo, es límite en el sentido que es criterio discretivo de lo que es conforme con la naturaleza y lo que es contrario a ella. Se ve así que los criterios de bondad (valor) o maldad (disvalor) de la acción cultural y de su resultado, se miden según el límite y la orientación natural.

b) La acción cultural es una acción humana ética –dirigida inmediatamente a perfeccionar al hombre mismo como persona- o poiética –acción fabricadora cuyo fin inmediato es una cosa externa al hombre, sea una cosa bella o una cosa útil- sobre dicho sustrato natural. Como toda acción humana, tiene la propiedad de la intencionalidad (su constitutiva referencia al objeto), y en definitiva consiste en agregar al substrato una idea estructurante.

c) El objeto terminativo o resultado es una modificación del sustrato, al que se la agregado –mediante una idea estructurante- una cualidad, un valor (positivo o negativo), un "sentido" cultural. Reductivamente, lo que se agrega a "lo natural" es una idea estructurante, una forma accidental que le confiere significación.
2.3.- El concepto de cultura y otras ideas co-implicadas
En este concepto general de cultura aparecen co-implicados otros fenómenos, ninguno de los cuales puede ser suficientemente entendido sin relación con los otros.

Cultura e historia. Por lo pronto, en tanto la cultura es acción social que se objetiva, y como toda acción humana, está esencialmente afectada por la temporalidad; de ahí que la cultura siempre es histórica, sin que esta afirmación signifique que no haya en ella ningún principio o criterio a-histórico, como veremos. En efecto, la historia es no sólo la realización de la libertad humana en el tiempo, sino que es, sobre todo, el resultado de dicha acción cumplida en un tiempo anterior que de alguna manera condiciona la vida social del presente, que se hace ella misma presente a través de documentos, costumbres, etc. La historia es, pues, la temporalidad objetiva de la cultura, visualizada desde el presente y, precisamente, en su hacerse presente.

Cultura y tradición. La tradición, en cambio, es la acción cultural misma en su temporalidad sucesiva y, como objeto terminativo de ésta, es el patrimonio cultural visualizado como transmitido o heredado (vigencia), y conteniendo en sí mismo sus criterios de validez. Por eso he dicho en otro lugar que “...mientras la historia es sólo lo pasado, encadenado a una sucesión que de alguna manera se torna presente, la tradición es precisamente aquello que torna presente al acontecimiento pretérito; lo que confiere vida a la historia como parte condicionante de nuestro hoy”52. A lo que deberíamos agregar: y lo que permite discernir el valor de una cultura histórica.

Cultura y educación. La cultura subjetiva -el “cultivo del hombre”- no es otra cosa que el resultado de la acción educativa. Y este es el sentido que Jaeger asigna a la palabra παιδεία (paideía)53. En efecto, educar54 quiere decir, tanto enseñar como conducir y formar (en este último caso, educiendo –es decir, haciendo surgir de sus potencias- formas secundarias operativas que perfeccionan al hombre, denominadas hábitos virtuosos). La educación es, pues, la acción y el resultado de educar. Ahora bien, la acción educativa consiste en transmisión, entrega, comunicación. En la educación el agente educativo –no sólo ni principalmente como un particular, sino como órgano de una comunidad cultural (familia, Estado, Iglesia, universidad, etc.)- transmite, entrega y comunica a otro, el educando, una cierta forma cultural -un saber, un hábito moral o una habilidad-; y dicha transmisión se realiza educiendo del educando la forma que está en potencia de acuerdo con su naturaleza y facultades. Pero además, el educando no sólo recibe pasivamente el orden de significaciones que constituyen dicha forma, sino que se dice que está educado cuando las ha hecho propias, es decir, cuando él se ha asociado activamente con el educador y con la comunidad cultural de la cual éste es órgano. La educación es, por lo tanto, la forma más intensa de tradición. Se justifica pues la identificación platónica de παράδοσις (paràdosis) y διδασκαλία (disdacalìa).

Cultura y civilización. El cultivo de la tierra fue la forma originaria del asentamiento territorial del hombre, el modo en el que la tierra sufrió el dominio humano y adquirió significación cultural, convirtiéndose en el ámbito de la vida social. De ahí la fuerza que las tradiciones agrícolas ejercieron en las costumbres y organización sedentarias. De este asentamiento territorial y cultural surge la civilización, que no es otra cosa que la cultura misma objetivada en instituciones comunitarias, en disposiciones y hábitos sociales y, sobre todo, en la πόλις o civitas. La tradición es el vínculo vital con las raíces originarias de la comunidad, y ella resulta ser -más que la raza- el principio constitutivo de la individualidad de un pueblo y de la patria, pues ésta no es otra cosa que “pueblo, tierra e historia vivificados por una tradición que les confiere un sentido espiritual”55. Ella es, además, el núcleo de la concordia fundacional del Estado56 y, en esa medida, la primera concreción de los principios de legitimidad de éste.
3.- La tradición objetiva: los objetos culturales
Se ha dicho que la tradición, entendida como efecto u objeto terminativo de la transmisión cultural, es un cierto patrimonio, es decir, una cierta universalidad de objetos culturales. Debe ahora considerarse la estructura de dichos objetos y la diversidad de los mismos.

Todo objeto cultural está constituido en primer lugar -según se ha dicho- de un substrato material, es decir, de algo natural que funge en sentido análogo a la materia en el compuesto hilemórfico57.

En segundo lugar, lo que constituye formalmente a un objeto cultural en cuanto tal es su sentido o significación cultural, que funge en sentido análogo a la forma en el compuesto hilemórfico. Se ha anticipado ya que se trata de una idea estructurante objetivada en la materia-substrato. De aquí se sigue:
a) Todo sentido cultural es una significación para el hombre.

b) La percepción y comprensión de un objeto cultural implica siempre interpretación (o hermenéutica) de acuerdo con este esquema: signo ---> relación de significación ---> significado.

c) Dado que los signos culturales expresan siempre ideas y significaciones racionales ­-pues aunque expresen esquemas volitivos o emotivos, lo hacen mediante ideas y signos lingüísticos-, en todo objeto cultural su significación incluye una dimensión universal.

d) Todo objeto cultural -en tanto guarda una relación con la voluntad, las tendencias, el apetito o las necesidades humanas- es un bien o valor ("valor" es entendido aquí como una cosa o bien concreto) o tiene bondad o un valor ("valor" aquí está entendido formal o abstractamente -como "valiosidad"-, como la índole formal de la cosa valiosa, lo que hace que ésta sea valiosa). Esta bondad o valor es una cierta perfección de o para la vida humana.

e) La bondad o valor de un objeto cultural está determinada por los objetos y fines de la acción cultural, en cuanto ésta es acción humana y, por lo tanto, y reductivamente, por los fines de la propia naturaleza del hombre.
Estos objetos pueden dividirse, pues, en función de la índole de su valor. Y así, en una enumeración que no pretende ser ni sistemática ni exhaustiva, pueden distinguirse:
a) Objetos instrumentales meramente utilitarios.

b) Objetos instrumentales-semánticos (v.gr. el lenguaje).

c) Objetos estéticos.

d) Objetos ético-sociales (instituciones jurídicas, el Estado, etc.).

e) Objetos científicos o sapienciales58.

f) Objetos de culto religioso.
Adviértase que cada objeto cultural suele tener, a la vez, más de una significación y, por lo tanto, puede estar determinado en función de diversos valores. Pero siempre tiene una significación y valor dominante. Por otra parte, los órdenes de significación o valor pueden constituir entre sí estratos ordenados. Así, por ejemplo, una significación estética puede ser sustrato material de una significación religiosa. En último análisis, el orden de los valores y en general las significaciones, son solidarios con la idea que se tenga del hombre y de sus fines perfectivos.
4.- Los agentes de la tradición y la cultura
Tradición y cultura emanan de la naturaleza racional del hombre –es decir, por la índole de espíritu encarnado de éste- y están, por lo tanto, signadas necesariamente por la humanidad. Ambas son, en sentido estricto, propiedades humanas. De ahí que pueda definirse al hombre como animal tradicional o animal cultural.

El hombre es, pues, el agente de la tradición y la cultura, en cuanto causa eficiente de la misma. Y lo es a través de su voluntad –principio eficaz quo- y de sus demás potencias operativas, iluminadas –o, para hablar con la rigurosa terminología escolástica: objetivamente especificadas- por la razón.

Pero el hombre es agente tradicional y cultural en el ámbito de la vida social, integrando comunidades u otras formas de vida asociativa, y de acuerdo con las funciones que cumple en ellas. Así, las familias, los municipios, las regiones, los pueblos, los Estados, las corporaciones profesionales y económicas, las corporaciones científicas y educativas, la Iglesia y demás agrupaciones religiosas, son agentes de tradición y cultura. En especial, lo son todos aquellos que tienen una función educativa59; en primer lugar, la familia, el Estado y la Iglesia; secundariamente las corporaciones educativas y científicas. En todos estos casos, las respectivas comunidades han creado funcionarios especializados: maestros, profesores, etc.

Además de quienes ejercen una función educativa que podría calificarse como jurisdiccional, hay otros agentes descentralizados y a veces difusos, como son los poetas, los literatos y -sobre todo en nuestros tiempos- los medios de comunicación masiva.
5.- La tradición como proceso dinámico
La vida humana no se realiza en actos u operaciones aisladas, sino en síntesis operativas complejas que
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