I. la patria el concepto de patria Justicia, patriotismo y religión II. La nacióN






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La Experiencia Jurídica, Bs. As., Instituto de Estudios Filosóficos “Santo Tomás de Aquino”, 1991, L.II, , cap. IV, V, págs. 371 y ss.


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34 El Lexique de E. DES PLACES (París, Les Belles lettres, 1970), en la acepción del término como “transmisión” sólo registra en la obra de PLATÓN un lugar, en que la tradición se identifica con la enseñanza (διδασκαλία); cfr. Las Leyes, , XI 915d-5. En la obra de ARISTÓTELES, BONITZ sólo registra dos lugares: uno, como transferencia de cosas; otro, como transmisión en el sentido de enseñanza, yt se refiere a la propia doctrina expuesta en los Tópicos (Refutaciones sofísticas, 184 b –5).

35 Cfr. Mat. 15, 1-9 y Marcos 7, 1-13. Conviene notar que en este pasaje los fariseos argumentan usando la tradición como tópos, mientras que Cristo contra argumenta juzgando la tradición hujmano-religiosa a partir de los mandamientos.

36 Cfr. I Pedro, 1, 18-19.

37 Cfr. II Tesal. 2, 15. Aquí es claro que παράδοσις tiene el mismo sentido que διδασκαλία. En cambio, en Gálatas 1, 14, el apóstol recuerda que él se mantuvo firme en las tradiciones de sus padres, antes de conocer la doctrina de la salvación. Se ve así claramente la contraposición, en cuanto al juicio, de las dos tradiciones.

38 “α̉ποστόλων παράδοσις(Cfr. Discurso a Diogneto, XI, 6).

39 Hay una edición española de la editorial “Palabra”, Madrid.

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 A estos efectos he compulsado la Opera Omnia y los índices elaborados por el P. ROBERTO BUSA S.J. (Ed. Elettronica Editel, Milano, 1992).

41 Baste recordar aquí el nacimiento de las universidades, el gótico, obras literarias como La Divina Comedia, la organización socio – económica y las nuevas instituciones jurídicas, y sobre todo la Escolástica y las sumas, con el uso generalizado del método dialéctico y de las disputationes.

42 También para el Islam el conocimiento de los filósofos griegos fue ocasión de crisis y de disputas. También en el mundo árabe, pues, la tradición –contenida básicamente en la gramática, las tradiciones de Mahoma, y el derecho- toma conciencia en la crisis. Sobre las polémicas que suscitó la recepción de la lógica aristotélica, y las oposiciones a ella de parte de gramáticos, religiosos y juristas, es de interés la obra de A. ELAMRANI-JAMAL: Logique aristotélienne et grammaire arabe, París, Vrin, 1983.


43 Pueden citarse -entre tantas otras- el historicismo, el romanticismo, el idealismo hegeliano, las llamadas “ciencias del espíritu”, el existencialismo, y en nuestros días las corrientes hermenéuticas que desarrollan las líneas trazadas por Schleiermacher, el último Heidegger y Gadamer.

44 Cfr. al respecto, como uno de dichos autores, A. MACINTYRE, Justicia y racionalidad (en especial, el cap. XIX: “Tradición y traducción”), Barcelona, Eunsa, 1974.

45 Cfr. Como ejemplo, la condena al tradicionalismo de A. BONNETTY por la S. Congregación del Índice (Decreto del 11-6-1855; Dz. 1649 – 1652).

46 F. ELÍAS DE TEJADA hizo una crítica aguda al pensamiento de EVOLA (cfr. Julius Evola desde el Tradicionalismo Hispánico, en ETHOS, N° 1, Bs.As., 1973).

47 Es el capítulo XXXI de su obra El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, Bs. As., CS, 1995.

48 En La metafísica oriental (conferencia dictada en la Sorbona en 1925), GUÉNON afirma: “¿Cuál es el origen de estas doctrinas metafísicas tradicionales de las que tomamos todos los datos que exponemos? La respuesta es muy sencilla, aunque corremos el riesgo de provocar la protesta de aquellos que quisieran considerarlo todo desde el punto de vista histórico: es que no hay origen; con esto queremos decir que no hay origen humano susceptible de ser determinado en el tiempo. Dicho de otro modo, el origen de la tradición, suponiendo que esta palabra, origen, tenga todavía una razón de ser en semejante caso, es no – humano como la propia metafísica” ( Barcelona, Ediciones Obelisco, 1995, pág. 36).

49 “Se ha dicho ya qué cosa signifique ‘tradición’ en sentido superior: es la forma que a las posibilidades globales de un área cultural y a un determinado período le es dada por fuerzas de lo alto, a través de valores supraindividuales y, en esencia, también suprahistóricos, y a través de las élites que de tales valores sepan extraer una autoridad y un prestigio natural. Ahora bien, en nuestros días muchas veces acontece que un confuso deseo de retorno a la ‘tradición’ sea sigilosamente desviado de rumbo en la forma del ‘tradicionalismo’, el cual como contenido posee las costumbres, la routine, las supervivencias, los simples vestigios de lo que ha sido, sin que se comprenda el espíritu y se distinga en lo que en ellas no es simplemente accidental sino que posee un valor perenne. Por lo tanto tales actitudes no tradicionales sino tradicionalistas, ofrecen un buen blanco al adversario, cuyo fácil ataque al tradicionalismo es sólo la cobertura para un ataque contra la tradición: por lo cual coadyuvan los slogans del anacronismo, de la antihistoria, del inmovilismo, del regresismo y similares ....” (Los hombres y las ruinas, Buenos Aires, Ed. Heraclas, 1994, cap. XIII, págs. 178 – 179).

50 En efecto, si la tradición es una acción transmisora, ella sólo puede verificarse en el tiempo. Incluso si se considera la hipótesis de una “tradición que viene de lo alto, de lo suprahumano” –tal sería el caso de la Revelación divina-, ella necesita insertarse en el tiempo.

51 Cfr. ERNOUT-MEILLET, op.cit., voz colo.


52 Ensayo Sobre el Orden Social, pág. 28. Allí se cita en nota el concepto de historia de ZUBIRI (Naturaleza, historia, Dios).

53 En su obra: Paideia: los ideales de la cultura griega (México, FCE, 1967).

54 Cfr. en el Dictionnaire. ya citado de ERNOUT-MEILLET las voces: ēducō (educar, enseñar), dux, dŭcis (jefe, conductor), dūcō, -is, dūxī, ductum (conducir, atraer hacia sí, hacer surgir), doceō, -, -uī, doctum, -ērē (enseñar), y discō (aprender); y el el Dictionnaire... de CHANTRAINE (cit.), las voces:

διδάσκω (enseñar, hacer saber) y παĩς (niño).

55 Ensayo sobre el orden social, cit. , pág. 247.

56 Al tema de la concordia política como vínculo constitutivo del Estado he dedicado mi libro: La concordia política, Bs.As., Abeledo-Perrot, 1975.

57 Hemos de omitir aquí la distinción entre materia ex qua (de lo que algo se hace o está hecho), in qua (el sustrato óntico en el que algo es o está hecho -v.gr. la sustancia que es soporte de los accidentes-) y la materia circa quid (aquello sobre lo cual algo es o se hace, es decir, sobre lo que recae la acción), pues tal análisis correspondería hacerlo en la consideración particular de cada clase de objeto.

58 Tanto en este caso, como en el de los objetos de culto, la expresión objeto no alcanza solamente a las cosas hechas por el hombre sino también a las acciones mismas cuyos objetos son inmanentes. Así, un acto de adoración es un objeto religioso de mayor valor que un utensilio del culto.



59 Sobre los agentes educativos y sus funciones limitadas he escrito en Panorama de la Educación en la Argentina, Bs. As., Ateneo de Estudios Argentinos, 1976.

60 Cfr. Suma Teológica, I-II, qq. 6-21 y el excelente comentario de SANTIAGO RAMÍREZ O.P., De actibus humanis, Madrid, CSIC, 1972.

61 Cfr. ARISTÓTELES, Et. Nic., L.IX, cap. 6, 1167 a22-b1.


62 Sin dudas, algo puede ser misterioso para el hombre absoluta o relativamente. En el segundo caso están todos aquellos objetos que aunque en sí mismos resultan accesibles a la capacidad cognoscitiva humana, resultan inaccesibles en determinado tiempo o bajo ciertas circunstancias. Para no complicar innecesariamente este asunto, mantendremos en el texto la dicotomía “cognoscible naturalmente-misterio” en sus formas extremas.

63 La ya citada Experiencia Jurídica.

64 Sobre el concepto de mito me detuve en la primera clase (convertida luego en primer capítulo) de un curso sobre Historia de la cristiandad, dictado en la biblioteca del Club Español de Rosario (organizado por el Ateneo del Rosario), en el primer semestre de 1968. Fue publicado en forma mimeográfica por dicha entidad en esa misma fecha.


65 Digo hay y no puede haber -como quizás correspondería decir desde un punto de vista filosófico puro”- porque soy cristiano, por la gracia de Dios, y porque no creo que haya una “filosofía pura” y sin presupuestos –como pretendía HUSSERL-, porque es imposible pensar sino a partir de los presupuestos determinados por la tradición cultural que, como se ha dicho, integra el marco perceptivo de toda experiencia humana. Otra cosa es, a partir de esta constatación, afirmar que no puede trascenderse esta tradición ni juzgarse, pues la inteligencia humana está constitutiva –intencionalmente- abierta al ser, que es la razón (ratio formalis sub qua) de toda inteligibilidad.


66 “La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?” (RAMIRO DE MAEZTU, Defensa de la Hispanidad, Madrid, 1952, pág. 27. La obra fue publicada en su primera edición en 1934).

67 JAVIER DE SOLÁ MORALES, Glosa a una Glosa de Eugenio D’Ors sobre la Hispanidad , en ANFITEATRO, Rosario, número 2 de 1967, página 3.

68 Ibid. El autor allí hace un resumen de la idea de EUGENIO D’ORS acerca de la Hispanidad.

69 El Diccionario de la Lengua Española, (vigésima edición, 1984), define así la voz “Hispanidad”: “Carácter genérico de todos los pueblos de lengua y cultura hispánica. Conjunto y comunidad de los pueblos hispanos.”

70 Cfr., además de la obra citada de MAEZTU, Idea de la hispanidad, Madrid, 1945.

71 La españolía de Nápoles y Cerdeña está defendida brillantemente por FRANCISCO ELÍAS DE TEJADA. Cfr. Su monumental Nápoles hispánico (Madrid – Sevilla, 5 tomos, ediciones Montejurra, 1958 – 1964); también: El pensamiento político del Reino hispánico de Cerdeña, Sevilla, 1954; Cerdeña hispánica, Sevilla, Montejurra, 1960; Napoli spagnuola, Napoli, L’Alfiere, 1962, etc.

72 Sobre la actitud o “espíritu” de reconquista, cfr.: El espíritu de la reconquista, Moenia XXI, editorial y mi trabajo Soberanía y reconquista del Espíritu, en Moenia XXVI/XXVII, páginas 195 y siguientes.

73 Cfr. Una ciencia nueva sobre la naturaleza común de las naciones (editada entre 1725 y 1734), Bs. As., Aguilar, 1964, cuatro tomos. Por su originalidad e inadaptación al espíritu sistemático de la época, se ha intentado llevar el pensamiento de VICO a los molinos románticos, idealistas, historicistas y hasta marxistas (en este último caso, por aquello de verum ipsum factum). Pero se suelen olvidar con demasiada frecuencia estas notas del pensamiento y de la personalidad de Vico: su catolicismo (de inspiración platónico–agustiniana), su fidelidad a la corona, y su tradicionalismo (explícito, por ejemplo, en los parágrafos 354 a 360 de la obra citada). El propósito de Vico fue ofrecer una visión de la historia sub specie aeternitatis (es decir, a la luz de la providencia divina), como fundamento natural de la política. Respecto al carácter hispánico de Vico, cfr. ELÍAS DE TEJADA: Giambattista Vico, Napoli, Amici della Spagna, 1968.

74 Respecto del concepto de “soberanía” o “autarquía del espíritu”, cfr. el ya citado: Soberanía y reconquista del Espíritu.

75 La concepción de la política como una “empresa” tiene, por cierto, un rancio abolengo hispánico. Repárese, por ejemplo, en el título bajo el cual SAAVEDRA FAJARDO redactó un conjunto de sentencias y máximas de Estado para El Príncipe: Idea de un Príncipe Político Christiano, representada en 100 empresas (obra hoy conocida simplemente como Empresas políticas).

76 Ambas expresiones abundan en la obra de PLATÓN. Cfr. v.gr., Las Leyes, IV 716 a-2 y d-3. Esta sentencia platónica puede entenderse como la fundación de la doctrina de la ley natural y, en cierto modo, del Derecho natural (Cfr. JOHN WILD, Plat’os modern enemies and the theory of natural law, Chicago, UchP, 1953).

77 El texto que da origen a la tradición aristotélica en este punto está en Ét. Nic., V, 1134 b18 – 1135 a15.

78 Cfr. mi Experiencia jurídica, L.II, cap. IV, págs. 371-380.

79 Cfr. ¿Qué es el Carlismo?, pág. 23. Más adelante, dice: “La tradición, católicamente entendida, sólo contiene aquellos hechos humanos que, además de vigorosos, sean calificados como buenos con arreglo a la vara medidora de la ratio vel voluntas Dei. De no proceder así, se caería en una concepción antropocéntrica y en un causalismo naturalista, en suma, en un positivismo que es incompatible con la visión cristiana del mundo y de la vida” (pág. 98). En su caracterización del concepto “sociológico” de tradición, ELÍAS DE TEJADA tenía presente principalmente a MAURRAS. Cfr. también, mi Ensayo sobre el orden social, que sigue en este asunto puntualmente al gran maestro andaluz. Ahora bien –y valga esto como rectificación de mí mismo-, la ley eterna (ratio vel voluntas Dei) no es regla inmediatamente conocida por el hombre; ella se conoce mediante la ley natural (que es participación de la ley eterna en la naturaleza racional del hombre; S. TOMÁS, S.Teol., I-II, q.91, a. 2, respondeo) o por la revelación. Pero no es necesaria la fe sobrenatural para admitir que la tradición -como todo hecho social y cultural- está sometida al juicio de validez, y esto no sólo extrínsecamente, sino intrínsecamente, pues dicho juicio no es otra cosa que la expresión de su racionalidad.

80 Al respecto, puede verse el trabajo de D.M. ALBISU,
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