Desde el tiempo del atat antiguo Testamento en gr., o Septuaginta (LXXLXX septuaginta (versión griega del at); escrito aprox un siglo antes de Cristo), el






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fecha de publicación03.04.2017
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LAMENTACIONES

Introducción
AUTOR Y FECHA
Desde el tiempo del ATAT Antiguo Testamento en gr., o Septuaginta (LXXLXX Septuaginta (versión griega del AT); escrito aprox. un siglo antes de Cristo), el libro de Lamentaciones ha sido atribuido a Jeremías. Las distintas versiones generalmente siguen a la LXXLXX Septuaginta (versión griega del AT) y colocan el libro junto con el del profeta. Jeremías ciertamente compuso lamentos, como lo sabemos por su libro profético (p. ej.p. ej. Por ejemplo Jer. 11:18–20; 20:7–13). Hay también algunas similitudes de expresión entre los dos libros (cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 14:17 y Lam. 3:48–51). Además, se nos dice en 2 Crón. 35:25 que Jeremías compuso un lamento por el rey Josías.

Aunque esta evidencia no es concluyente, los dos libros deben ir juntos en maneras importantes. Jeremías trata eventos en Judá hasta y después de la caída de Jerusalén y el templo bajo el dominio del rey babilónico Nabucodonosor en 586 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo; y el ambiente de Lam. parece ser también el período siguiendo de inmediato a aquellos terribles eventos, por sus referencias al exilio, pérdida de los reyes y destrucción del templo (p. ej.p. ej. Por ejemplo 1:3, 10; 2:2, 7).
FORMA Y ESTRUCTURA
Los cinco capítulos del libro son cinco poemas separados. Su forma es conocida comúnmente como un lamento (algunos de los salmos son lamentos). Estos contienen expresiones de protesta o queja acerca de infortunio, tanto como confesión y oraciones por liberación. Porque los autores de los lamentos sabían que Dios era fiel, a menudo expresaban su creencia de que al fin él les salvaría. Un ejemplo de un lamento es el Sal. 74, que (como Lam.) fue ocasionado aparentemente por el exilio. Lam. tiene, en un lugar u otro, todas las características mencionadas.

El libro tiene también ciertos rasgos de estilo. Su medida (es decir, su forma de línea poética) es la qinah, que es típica del lamento. Cada poema (ex cepto el cap. 5) tiene forma de acróstico, es decir, cada v. comienza con una letra diferente en orden alfabético. Muchos acrósticos del ATAT Antiguo Testamento tienen 22 versículos o líneas (p. ej.p. ej. Por ejemplo Lam. 1, 2, 4; Sal. 34) porque el alfabeto heb. tiene 22 letras. El cap. 3 varía ligeramente de esto, ya que cada letra del alfabeto está representada por tres versículos consecutivos, resultando en 66 versículos en total.

El arte cuidadoso de la forma acróstica parece contrastar con el sentimiento intenso que los poemas expresan. Sin embargo, toda poesía es artística de algún modo, y no necesita suprimir la emoción verdadera. Más bien, el cuidado del poeta al formular el acróstico puede ser visto como un acto de su devoción al Señor. De todos modos, es un tributo a la restricción y disciplina necesarias el acceder a un tema de este tipo. Tiene el efecto adicional de sugerir un tratamiento minucioso, completo, de un tema (es decir, en su utilización de todo el alfabeto).
PROPOSITO
Es difícil resumir el propósito de Lam. Teológicamente, hay aceptación de que el desastre es un juicio justificado en razón de la pecaminosidad del pueblo. Esto está basado en el antiguo pacto, que estipulaba que la desobediencia o infidelidad a Dios de parte del pueblo resultaría en “maldiciones” (Deut. 28:15–68). Estas estaban en contraste con las “bendiciones” que seguirían a la obediencia fiel (Deut. 28:1–14). La predicación de juicio del profeta había tenido esta base también. En un sentido, por lo tanto, el libro justifica de hecho la acción de Dios, y muestra que no era debido a su debilidad, comparada con la de otros dioses, que el exilio había tenido lugar. Por el contrario, el triunfo de los enemigos de Judá había sido traído, de hecho, por el Señor mismo.

Sin embargo, el libro expresa también la tremenda dificultad que el pueblo tenía en aceptar el terrible sufrimiento que siguió a la destrucción de Jerusalén, la matanza de mucha gente y el exilio de la mayoría de los restantes. Ese sufrimiento era apenas más fácil de aceptar por el conocimiento de que era justo. Después de todo, ¿no era el castigo salvaje y excesivo? (2:20–22). ¿Podía ser correcto que Dios se comportase como un enemigo de su propio pueblo (2:45)? Los poemas expresan libremente agonía y perplejidad, y esto es lo que les da fuerza, en cualquier situación donde el pueblo se siente afligido y abandonado.

La cosa más dramática de estos poemas, sin embargo, es que en medio de este espantoso sufrimiento pueda haber una expresión de esperanza en Dios (3:22–26), quien es por sobre todo un Dios de amor y compasión. La posición de estos versículos en el corazón del libro parece decir que esta es la cosa más importante que se puede decir acerca de Dios. Es así una declaración de fe muy notable en medio de gran aflicción. Otros pasajes reflejan también la creencia de que vendrá un fin al sufrimiento (4:22).

Lam. va aun más allá que esto, porque habla de un sufrimiento soportado por uno en beneficio de los muchos (ver sobre 3:49–66). Más profundamente, entonces, el sufrimiento de los judíos en el exilio prefiguraba el de Jesucristo en la expiación por todo el pueblo, la más grande demostración a la vez del juicio de Dios y de su amor salvador. Esta interpretación debiera hacernos precavidos en hallar ejemplos específicos del juicio de Dios en el sufrimiento de naciones o individuos que nos rodean.
COMO BENEFICIARNOS DE LAMENTACIONES HOY
Lam. puede parecer como un libro particularmente difícil para el uso de un lector cristiano moderno, ya sea debido a los eventos especiales que lo ocasio naron (los que ocurrieron bajo “el antiguo pacto”), o simplemente porque habla tanto de juicio. ¿Cómo puede un libro tal hablar de aquellos que conocen la salvación de Jesucristo?

Hay varias respuestas posibles. Primera, el libro puede hablar a cualesquiera, incluso cristianos, que se sientan solos o abandonados por Dios. En este res pecto, es como aquellos salmos que hemos llamado “lamentos”. Es bueno expresar honestamente los sentimientos, y conocer la seguridad de la gracia de Dios en medio de ellos.

Segunda, Lam. puede capacitar al lector para identificarse con aquellos que están al presente experimentando gran adversidad. En un mundo en el que desastres, guerras y hambre son presentados constantemente ante nuestros ojos por los medios ma sivos, es natural que preguntemos dónde está Dios en estos eventos. Tal vez nos extrañamos tanto más cuando nuestros hermanos y hermanas cristianos son víctimas de hechos terribles. Y nosotros no cuestionamos meramente el porqué; nos identificamos con su dolor. El libro de Lam. nos capacita para expresar nuestro dolor, no sólo a favor de nosotros, sino también de los otros.

La disciplina que hemos observado en la escritura del libro puede también ayudarnos. Implica que el uso del libro debiera ser también un acto disciplinado, una decisión que tomamos con toda serie dad, para hacer frente a problemas que de otra manera son difíciles de enfrentar. La palabra de Dios puede obrar de este modo; no meramente enseñando a nuestras mentes, sino dándonos los medios pa ra expresar aquello que es demasiado profundo para nosotros. Y, en el proceso, capacitando la mente y el corazón.

No es fácil acomodar a esta norma el elemento de confesión del pecado. El pueblo de Judá sabía que su exilio era debido a su desobediencia al pacto de Dios hecho por sus antepasados. No podemos tratar del mismo modo todo sufrimiento. No obstante, aquí también podemos identificarnos con nuestros antepasados en la fe, reconociendo simplemen te que el pecado humano, en el que cada uno de nosotros tiene una parte, es la causa radical del sufrimiento del mundo. El cuestionar y protestar, por tanto, pueden ser al mismo tiempo confesión. Has ta puede ser alabanza, porque nos dirigimos a un Dios que es justo. Su justicia no resulta finalmente sólo en juicio, sino también, y decisivamente, en misericordia. Nuestro uso de este libro, por lo tanto, debe ser a la luz de nuestro conocimiento de Jesucristo, quien por su muerte y resurrección ha revelado que Dios está redimiendo a su mundo y un día enjugará toda lágrima.
BOSQUEJO DEL CONTENIDO
1:1-22 El sufrimiento de Jerusalén

1:1-7 La pérdida de grandeza de Jerusalén

1:8-17 La ira del Señor contra Jerusalén

1:18-22 Apelación a Jehovah
2:1-22 La ira del Señor

2:1-10 "Cual enemigo"

2:11-19 Lágrimas como un río

2:20-22 Apelación a Jehovah
3:1-66 La compasión de Dios

3:1-21 "Me bloquea por todos lados"

3:22-30 "Nunca decaen sus misericordias"

3:31-39 "No aflige por gusto"

3:40-48 "Volvamos"

3:49-66 "Has redimido mi vida"
4:1-22 Los horrores del sitio

4:1-10 Un pueblo deshumanizado

4:11-22 "Se ha cumplido tu castigo"
5:1-22 "Acuérdate, oh Jehovah"

Comentario

1:1-22 EL SUFRIMIENTO DE JERUSALEN
1:1-7 La pérdida de grandeza de Jerusalén
El pensamiento central en estos versículos es que Jerusalén, una vez favorecida por el Señor, ha perdido todas las señas de ese favor. La ciudad era un símbolo de la relación especial entre Dios y su pueblo. En el contexto del pacto mosaico, Dios había hecho una promesa especial al rey David que él y sus descendientes reinarían en Jerusalén (2 Sam. 7:11–16; Sal. 2). David había engrandecido a la ciudad y a la nación (la palabra heb. para “grande” de hecho aparece dos veces en el v. 1, una vez traducida populosa); y Salomón la había embellecido más con el espléndido templo que edificó (1 Rey. 5–8). Ahora la ciudad yace en ruinas. Donde había habido victoria sobre los enemigos, había sólo derrota; donde había habido prosperidad, había desolación. El destino de Jerusalén en 586 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo llegó a ser un símbolo perpetuo de la insensatez del orgullo y complacencia humanos.

En Lam. la ciudad es frecuentemente personificada como una mujer. La frase hija de Sion (6) ejemplifica esto claramente. (Sion es otro nombre para Jerusalén en Lam.). La representación femenina se utiliza en el contraste poético entre viuda y señora (1). La idea de sus amantes recuerda la disposición de Judá a ser infiel al Señor adorando los dioses de otras naciones y haciendo alianzas políticas con ellas (cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 3:1). La personificación femenina se expresa en cuadros de dolor femenino, que evoca agudamente el del pueblo en general; de allí vírgenes (4), maternidad (5b).

El tema del exilio suena primero en estos vv. (3, 5). Los caminos de Sion (4) son aquellos de peregrinaciones para las grandes fiestas anuales (cf.cf. Confer (lat.), compare Sal. 84:5). Había habido mucha “religión” en Judá; pero careciendo de un corazón sincero había llegado a ser odiosa a Dios (cf.cf. Confer (lat.), compare Isa. 1:11–17). Un efecto del juicio de Dios sobre el pueblo había sido el poner fin a esta falsa religión.
1:8-17 La ira del Señor contra Jerusalén
Que el sufrimiento de Jerusalén fue un resultado de su pecado fue mostrado primeramente en el v. 5, y ahora se desarrolla en estos versículos. Inmundicia (8, 9) evoca la idea de impureza ritual, extendida aquí a la pecaminosidad que tuvo el efecto de separar al pueblo de Dios. Las figuras aquí sugieren la violencia y la humillación de la invasión enemiga (8) y la profanación del templo (10). La miseria del sitio e invasión se hizo peor por la falta de alimento (11).

La voz en el poema ha sido hasta ahora la del poeta hablando acerca de Jerusalén, aunque la ciudad personificada ha hablado dos veces (9, 11). Ahora la ciudad se representa como hablando por sí misma (12–16). Su apelación al Señor por misericordia (9, 11) cede lugar a una apelación a aquellos que ven su miseria, porque fue el Señor quien ha traído sobre ella su dolor. El día de su ardiente ira es en otros lugares llamado “el día de Jehovah” (Amós 5:18). La idea en el trasfondo es aquella de la guerra santa peleada por el Señor contra los enemigos de ella (véase, p. ej.p. ej. Por ejemplo Deut. 2:24, 25). El presente pasaje expresa sobresalto ante la idea de que él hubiera vuelto su ira contra su propio pueblo. Sin embargo, ni aun su pueblo podía presuponerlo ignorando los mandamientos de su pacto; aunque la tentación de hacerlo está siempre presente.

En toda la miseria, no hay quien la consuele (16, 17; cf.cf. Confer (lat.), compare v. 9). Este es un cuadro profundo de desdicha, que revela un anhelo por un “mesías”, uno que finalmente libraría al pueblo de Dios de sus pecados y aflicciones. La idea de “consuelo” después del exilio está presente también en Isa. 40:1. Hallará cumplimiento en Jesucristo, y será entonces para todo el mundo.
1:18-22 Apelación a Jehovah

Los últimos versículos admiten que el Señor era justo en sus juicios (18), sin embargo, se tornan rápidamente en una apelación a él porque la angustia de la ciudad era tan severa (20). Había también desilusión por la falsedad de otras naciones como amigas y fuentes de ayuda (19). Hay aquí un terrible reconocimiento de la verdad del pecado y castigo y de la realidad del poder de Dios solo. Otra vez, no hay quien me consuele. Sólo Dios, y no un mero aliado, podía hacer esto, y todavía no era tiempo para que él lo hiciera. El poema concluye con un ruego de que Judá sola no sufra la ira de Dios, pero que sus enemigos sean también llamados a cuentas en el día de su ira (21; cf.cf. Confer (lat.), compare v. 12).

2:1-22 LA IRA DEL SEÑOR
2:1-10 “Cual enemigo”
Como el primer poema, este comienza con un cuadro de la caída de la gracia de Jerusalén. Hija de Sion, esplendor de Israel y estrado de sus pies son todas maneras de referirse a la ciudad (aunque el estrado de sus pies era, estrictamente hablando, el arca del pacto; Sal. 132:7, pero cf.cf. Confer (lat.), compare Sal. 99:5). Que no se acordó del estrado de sus pies es una manera de decir que Dios no ha guardado su promesa del pacto (ver sobre 1:1–7).

En los vv. 2–5 se describe la ira de Dios contra su pueblo. No solamente él se había “olvidado” de su pacto; se había vuelto activamente contra su propio pueblo, como enemigo (ver arriba sobre 1:8–17). No sólo había él retirado su mano derecha (3: cf.cf. Confer (lat.), compare Exo. 6:6; Deut. 4:34) sino que había actualmente entesado su arco. Estos cuadros metafóricos de la enemistad del Señor son tomados, por supuesto, de las terribles realidades de la guerra. Los nombres de Jacob, Israel y Judá son aplicados en esta sección a la destrucción hecha por Nabucodonosor en toda la tierra de Judá, el remanente del pueblo de Israel.

De la perspectiva de toda la nación, el poeta estrecha su foco al templo (su enramada, su lugar de reunión; cf.cf. Confer (lat.), compare Exo. 25:22) y las instituciones asociadas de sacerdocio, sacrificios y fiestas anuales (6, 7). La idea de hacer olvidar a Sion sus solemnidades capta a la vez el pasado descuido de la verdadera adoración por parte de Judá y la remoción por el Señor de los adornos de la falsa adoración que llevaban a cabo. El descuido de la verdadera adoración es descuidar a Dios mismo, nada menos que un quebrantamiento del primer mandamiento (Exo. 20:3).

Finalmente, el poeta se vuelve a la ciudad como un centro de poder; rey y príncipes han ido al exilio; ya no había un Estado (9). Profetas y sacerdotes habían descuidado sus deberes de enseñar la ley de Dios y hablar su palabra. Su responsabilidad mayor trajo mayor condenación (cf.cf. Confer (lat.), compare Luc. 12:48).
2:11-19 Lágrimas como un río
Ahora afloran los sentimientos propios del poeta. Su dolor por su pueblo por sus sufrimientos nos recuerda a Jeremías (cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 4:19), como lo hacen los cuadros vívidos de desgracia (cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 4:31). En su propio dolor, él se dirige al pueblo y trata desesperadamente de consolarlo (cf.cf. Confer (lat.), compare 1:2). Su dolor se convierte en ira al recordar el fracaso de los dirigentes responsables de conducir al pueblo a las sen das de la obediencia (14; cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 5:12, 13; 23:9–40). La consecuencia había sido el desastre nacional, con su humillación. Las naciones alrededor de Judá no fueron lerdas en ver la degradación de la ciudad una vez orgullosa (su burla de hecho se refiere al Sal. 48:2; 50:2, con sus extravagantes descripciones del esplendor de Jerusalén).

Sin embargo, estos hechos fueron en verdad el juicio de Dios, las “maldiciones” del pacto (ver la Introducción). El poeta vuelve al tema del llanto (18) e insta al pueblo a dirigir sus clamores al Señor.
2:20-22 Apelación a Jehovah

La apelación final (siguiendo del v. 19) pudo estar en la boca ya sea del pueblo (los verbos en primera persona del v. 22 lo indicarían) o del poeta. (En el último evento el poeta se identifica fuertemente con el pueblo en todo caso.) La apelación es una protesta por la excesiva severidad del castigo. Sin embargo, señala hacia la esperanza, porque aun cuando no hay todavía una palabra de seguridad, la oración es un volverse a Dios como el único recurso de liberación.
3:1-66 LA COMPASION DE DIOS

El tercer poema está mayormente en la boca del poeta mismo. El habla de sus propias aflicciones en manos del Señor, en maneras que nos recuerdan a Job (p. ej.p. ej. Por ejemplo Job 19:21), los salmos (Sal. 88:7, 15) y, tal vez más que nada, a Jer. (p. ej.p. ej. Por ejemplo Jer. 15:17, 18). Sin embargo, el individuo claramente expresa el dolor de toda la comunidad, y la voz plural de la co munidad algunas veces viene al frente (22, 40–47). El bien conocido pasaje respecto a las compasiones de Dios está en el centro del poema, ubicación que tiene el propósito de señalar su prominencia.
3:1-21 “Me bloquea por todos lados”
El poema se inicia con varios cuadros de angustia humana. Las tinieblas son una típica figura bíblica de extravío (cf.cf. Confer (lat.), compare Isa. 9:2). La enfermedad es apenas distinguible de la muerte (6), ella misma una sombría no-existencia (cf.cf. Confer (lat.), compare Job 3:11–19; Isa. 14:18–20).

El dolor físico lleva a frustración profunda, cercana a la desesperación (7–9; cf.cf. Confer (lat.), compare Sal. 88). Los escritores de los salmos a menudo experimentaron también la negativa de Dios a contestar la oración (p. ej.p. ej. Por ejemplo Sal. 10:1; 13:1; 22:2). Los cuadros se hacen luego más violentos, sugiriendo a la vez los peligros que aguardan al viajero de antiguos caminos y los peligros de batalla (10–12).

La aflicción del Señor sobre el poeta toma ahora la forma de su persecución por su propio pueblo (13–15). Jeremías también atrajo hostilidad extrema de sus propios compatriotas (Jer. 20:7; cf.cf. Confer (lat.), compare 11:18–23). Como con el profeta, así el sufrimiento del poeta a manos de su propio pueblo tiene el propósito de hacer recordar su sufrimiento a manos de sus enemigos. La desesperación del poeta alcanza su culminación (16–18) cuando dice que ha perdido su paz, o el sentido de bienestar que debiera haber sido la señal de una relación saludable entre Dios y su pueblo.

Cuando el poeta se detiene en su condición, sin embargo, sus pensamientos recobran la esperanza (tal como los de los salmistas; Sal. 42–43). Al rememorar, entonces su pensa miento se vuelve a la bondad de Dios en el pasado. Tal uso de la memoria es siempre vital en la vida espiritual.
3:22-30 “Nunca decaen sus misericordias”
Este pasaje central del poema constituye una de las expresiones de fe del ATAT Antiguo Testamento. La mente del poeta ya ha empezado a volverse de los horrores presentes (21), y ahora piensa en las cosas que son siempre ver dad en Dios. Misericordias (22) es el término a menudo traducido “amor fiel”, la cualidad más típica de Dios. Aquí está en plural, para recalcar que es un amor constante que no falla. Juicio no puede ser la última palabra de Dios, porque su compasión triunfa sobre él, aunque con agonía. Esta agonía está bien expresada en Ose. 11:8, y tiene su más profunda expresión en el sufrimiento de Jesús sobre la cruz, el juicio más grande de Dios sobre el pecado y su entrega de amor por la humanidad.

Debido a que el amor y la compasión son los principales atributos de Dios, son siempre nuevos, listos para ser probados y conocidos otra vez (23). Por esta razón, los que han sido afligidos pueden siempre poner su confianza en él nuevamente, para su aceptación y restauración. Dios es “fiel”, o invariable en su amor. Por lo tanto, el poeta puede estar contento de que Dios sea su porción (cf.cf. Confer (lat.), compare Sal. 73:26), no importan las circunstancias.

Siendo Dios así, es bueno buscarle. Hacerlo, sin embargo, puede costar, como implican los vv. 27–30 (recordando nuevamente la vida de Jeremías). Puede ser que la bondad de Dios se conozca sólo después de haber soportado pacientemente el sufrimiento.
3:31-39 “No aflige por gusto”
El pensamiento en los versículos que anteceden nos conduce ahora a una expresión más plena de la idea de que aflicción no es la última palabra del Señor. El amor y la compasión de Dios serán conocidos después del dolor, porque él no aflige por gusto (33; cf.cf. Confer (lat.), compare Ose. 6:1). Por esta razón Dios no es uno que tolera la aflicción injusta, como la que a veces es traída sobre los seres humanos por sus contemporáneos (34–36; cf.cf. Confer (lat.), compare Job 8:3). Sin embargo, cuando las calamidades vienen por causa del pecado, esto no es injusticia (37–39). Es en este contexto que Dios puede afligir, aunque él aborrece la aflicción.

Los lectores modernos deben tener cuidado al tratar de entender pensamientos como éstos. La idea es que se establece una relación entre juicio y salvación; la una se ubica después de la otra. Este orden está ejemplificado en la muerte y luego la resurrección de Cristo. Las profecías de juicio del ATAT Antiguo Testamento no deben llevar nunca a la conclusión de que alguna aflicción particular es un juicio particular sobre el su friente.
3:40-48 “Volvamos”

En los vv. 40–47 hay un cambio repentino a un clamor general y a una confesión que da lugar a queja. Es posible que la decisión de volver al Señor (es decir, arrepentirse; 40) fue insincera (cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 3:22–25; 14:7–9). El perdón del Señor parece haber sido esperado como un derecho (42). El pueblo continuó quejándose de que el Señor no escucharía su oración, y que por lo tanto ellos estaban sufriendo (43–47). La implicación es que él es injusto, una sugerencia que los versículos precedentes han declarado no ser verdad. El último versículo en este grupo vuelve a la voz del poeta, quien lamenta no sólo el sufrimiento del pueblo sino también su falta de entendimiento.
3:49-66 “Has redimido mi vida”
El resto del poema es la respuesta del poeta a la queja del pueblo en los vv. precedentes. Aquí nuevamente su propia persecución representa en un sentido el sufrimiento del pueblo a manos de ene migos. Hay en el lamento, además, una cierta expectativa de que sus clamores serían oídos (56–60, 64–66). Entonces, si el poeta podía esperar liberación del Señor, quizá también el pueblo lo pudiera.

Las ideas de haber sido arrojado a una cisterna (53; cf.cf. Confer (lat.), compare Sal. 88:6), ser cubierto por aguas y llamar al Señor pidiendo ayuda (54, 55; cf.cf. Confer (lat.), compare Sal. 18:3–6) son bastante comunes en los lamentos. Sin embargo, las expresiones aquí recuerdan la experiencia de Jeremías en particular. El también fue arrojado a una cisterna (Jer. 38:6); supo de conspiraciones en contra de su vida (60; cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 11:19; 18:18); y pidió al Señor que actuara contra sus enemigos personales (64–66; cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 11:20; 18:19–23).

No es un accidente que la liberación del pueblo, prometida en los vv. 22–30, implicase el sufrimiento de uno que estuviera en el lugar de ellos. Hay algo muy conmovedor en el hecho de que el sufriente poeta (o profeta) llevase, por así decirlo, los dolores del pueblo, aun a sufrir a manos de ellos. Hay semejanzas obvias con el cántico acerca del Siervo Sufriente (Isa. 52:13–53:12). Y hay una prefiguración de los insultos y crueldad acumulados sobre Jesucristo por el pueblo que él vino a salvar, aun cuando mostraba en sí mismo las profundas “compasiones” de Dios por ellos.

4:1-22 LOS HORRORES DEL SITIO
4:1-10 Un pueblo deshumanizado
Como el oro y las gemas, una vez tan apreciadas por el pueblo de Judá, se han mostrado ahora sin valor (1), así el pueblo, una vez “posesión atesorada de Dios” (Exo. 19:5), era tratado ahora como común y sin valor (2). Lo que es peor, ellos se habían embrutecido por sus sufrimientos. Aun la maternidad, que a menudo representa la humanidad en su mayor compasión, había llegado a ser más cruel que las bestias (3, 4; las avestruces eran aparentemente proverbiales por el descuido de sus crías, cf.cf. Confer (lat.), compare Job 39:13–18).

El lujo de la vida delicada había concluido (5; cf.cf. Confer (lat.), compare Amós 4:1–3; 6:1), porque las perversidades de la vida de Judá habían producido sus propios frutos. (La palabra iniquidad en el v. 6 sugiere a la vez la iniquidad y el resultado natural o inevitable de ella.) Comparar a Jerusalén con Sodoma (6) es particularmente chocante, por la proverbial iniquidad y justo castigo de Sodoma (ver Gén. 19:1–29).

La suerte de los dirigentes se señala para llamar la atención (6, 7), porque su riqueza y buena presencia habían desmentido la verdad de ser injustos. El cuadro final de miseria bajo el sitio se detiene en el horror de la muerte lenta por hambre y vuelve al tema, más horripilante que antes, de la maternidad embrutecida (9, 10; cf.cf. Confer (lat.), compare Deut. 28:53–57).
4:11-22 “Se ha cumplido tu castigo”
El enfoque cae ahora sobre la ira del Señor (11). No sólo el pueblo en Judá sino también otras naciones, se nos dice (12), habían pensado que Jerusalén era invencible y un enemigo poderoso, Senaquerib, había fracasado dramáticamente en tomarla a pesar de superioridad numérica (2 Rey. 18:13–19:37). Todos éstos, sin embargo, no contaban con la determinación del Señor de mostrar su propia justicia, que era ella misma parte de su pacto (13).

El tema que ahora se desarrolla es el de la falsa confianza. Los dirigentes religiosos habían tenido una responsabilidad especial en difundir esto, y deben, por lo tanto, soportar mucho de la culpa. La crítica del poeta a ellos (que es de algún modo como la de Jeremías; cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 23:9–40) continúa en los próximos versículos. Cuando el pueblo fuera esparcido entre otras naciones en el exilio, aun allí sus dirigentes serían especialmente condenados al ostracismo, y privados del honor que habían considerado como su derecho (16).

También se había puesto falsa confianza en alianzas con otras naciones (17), lo que implicaba un reconocimiento de los dioses de esas naciones y una falta de confianza en sólo el Señor. La confianza en aquellas naciones pronto se tornó en ataque salvaje a mano de ellas (18, 19). El peligro de confiar en poderes extranjeros había sido bien ilustrado por la política del rey Acaz de Judá, que en una generación anterior había pedido ayuda a Asiria, sólo para que su sucesor Ezequías se diese cuenta de que Asiria era un amigo falso (2 Rey. 16:7–19; 18:13–16).

Un objeto final de falsa confianza fue el rey mismo, el ungido de Jehovah (20), por la suposición del pueblo de que la antigua promesa a David significaba una garantía incondicional de protección de enemigos.

Una parte importante de la intención de Dios al llevar a su fin al Estado de Judá era mostrar que él mismo era el único objeto apropiado de la confianza del pueblo. Lam. aparece como un testigo contra la falsa confianza en cualquier institución, incluso una iglesia, para la salvación.

La última palabra del capítulo, sin embargo, es una de esperanza. Aunque los enemigos de Judá puedan gozarse brevemente de la caída del pueblo, el día de castigo vendría para ellos también, para Edom tanto como para otras naciones (cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 25:15, 20; 49:7–22; Abdías). Y el castigo de Judá terminaría en un nuevo día de gracia (22; cf.cf. Confer (lat.), compare Isa. 40:2).
5:1-22 “ACUERDATE, OH JEHOVAH”
El último poema difiere de los otros tanto en forma (ver la Introducción) como en perspectiva, reflejando aparentemente un período cuando el sitio es taba bien en el pasado. Sin embargo, las consecuencias de la derrota continuaban en condiciones de vida miserables. Los cuadros de penalidades agobiadoras son aquí una patética reversión de lo que la vida en el pacto pudiera haber sido.

La tierra, una heredad del Señor (2; cf.cf. Confer (lat.), compare Deut. 4:21), estaba ahora controlada por extraños, aunque el Señor había una vez expulsado de ella a otras naciones para dársela a Israel (el tema del libro de Josué). Las viudas y los huérfanos, los menes terosos, fueron antes encomendados al cuidado especial del pueblo de Israel (Deut. 14:28, 29), y ahora todo el pueblo era menesteroso como ellos, ni siquiera tenían el derecho de gozar de las bendiciones de la tierra ni de paz de enemigos y perse guidores (4, 5; cf.cf. Confer (lat.), compare Deut. 8:7–10; 12:9). El pueblo podría y debería haber estado libre y satisfecho, si solamente hubiese confiado y obedecido al Señor. La demanda del ATAT Antiguo Testamento de confianza en Dios es inflexi ble y viene a sus lectores modernos como a los antiguos.

La reflexión del pueblo sobre sus sufrimientos por causa de los pecados de generaciones anteriores (7) recuerda a Exo. 20:5. Se ve mejor como una alusión a la persistencia del pueblo en pecar contra el Señor, más bien que sugiriendo que ellos mismos no eran responsables por su suerte presente (ver v. 16; cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 31:29–39; Eze. 18).

Siguen cuadros de desesperada miseria (11–16); mujeres indefensas contra el abuso (y tal vez desterrados como un resultado); jóvenes puestos en tareas humillantes; hombres ancianos privados de asociaciones normales, como también de su papel en la administración de los asuntos de su comunidad (14a); ausencia de gozo, de romance (14b, 15); recuerdos persistentes de atrocidades contra sus dirigentes (12; cf.cf. Confer (lat.), compare Deut. 21:22, 23 por lo de gradante de este destino). Con el monte de Sion desolado, este es un cuadro poderoso de la miseria y caos potencial de la vida sin Dios.

El poema concluye (19–22) afirmando que Dios verdaderamente es rey. Estos mismos versículos tienen la forma de un lamento, sin embargo, con sus elementos de alabanza junto con protesta y petición. La oración en el v. 21 hace sonar una nota positiva abarcando a la vez un ruego a ser restaurado no sólo a una relación plena sino también a la posesión de la tierra, y también a un nuevo compromiso de parte del pueblo a un regreso al Señor (cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 31:18). El último v. asegura que el poema no termine con una nota de complacencia. No obstante, la verdadera naturaleza de este poema, como de toda la colección, es una de petición. Puede haber esperanza sólo en un regreso al Señor. El libro de Lam. muestra esto en su desenmascaramiento de la falsa confianza del pueblo, que había traído sobre ellos tan deplorable juicio. Y lo muestra, sobre todo, en su conmovedora celebración 3:22–30 del amor y compasión de Dios. Estas son las cosas que permanecen, y que siguen siendo la esperanza de los cristianos, que las han visto reveladas en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Aun en Cristo, sin embargo, la iglesia necesita saber en su corazón que la paz radica en la confianza y obediencia.

Gordon McConville

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