Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un






descargar 2.04 Mb.
títuloTodo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un
página1/46
fecha de publicación31.03.2017
tamaño2.04 Mb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Derecho > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   46
EMILIO

JEAN-JACQUES ROUSSEAU

(1759)

Libro Primero[1]

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un árbol dé un fruto distinto; mezcla y confunde los climas, los elementos y las estaciones, mutila su perro, su caballo y su esclavo; lo turba y desfigura todo; ama la deformidad, lo monstruoso; no quiere nada tal como ha salido de la naturaleza, ni al mismo hombre, a quien doma a su capricho, como a los árboles de su huerto.

De otra forma, todo sería peor, ya que nuestra especie no quiere ser formada a medias. En el estado en que están las cosas, un hombre abandonado desde su nacimiento a sí mismo sería el más desfigurado de los mortales; las preocupaciones, la autoridad, la necesidad, el ejemplo, todas las instituciones sociales, en las que estamos sumergidos, apagarían en él su natural modo de ser y no pondrían nada en su lugar que lo sustituyese. Sería como un arbolillo que el azar ha hecho nacer en medio de su camino y que los transeúntes, sacudiéndolo en todas direcciones, lo matan.

Es a ti a quien me dirijo, tierna y prudente madre, que has sabido evitar la gran ruta y librar del choque de las opiniones humanas al naciente arbolillo[2]. Cultiva y riega la tierna 'planta antes de que se muera; de ese modo, sus frutos ya sazonados serán un día tu delicia. Forma a su debido tiempo un círculo alrededor del alma de tu hijo; luego puedes levantar otro, pero sólo tú debes poder apartar la valla.

Se consiguen las plantas con el cultivo, y los hombres con la educación. Si el hombre naciera grande y fuerte, su talla y su fuerza le serían inútiles hasta que aprendiera a servirse de ellas y, luego, abandonado a sí mismo, se moriría de miseria antes de que los demás comprendiesen sus necesidades. Hay quien se queja del estado de la infancia, y no se da cuenta de que la raza humana habría perecido si el hombre no hubiese empezado siendo un niño.

Nacemos débiles, necesitamos ser fuertes, y al nacer carecemos de todo y se nos debe proteger; nacemos torpes y nos es esencial conseguir la inteligencia. Todo esto de que carecemos al nacer, tan imprescindible en la adolescencia, se nos ha dado por medio de la educación.

La educación nos viene de la naturaleza, de los hombres o de las cosas. El desenvolvimiento interno de nuestras facultades y de nuestros órganos es la educación de la naturaleza; el uso que aprendemos a hacer de este desenvolvimiento o desarrollo por medio de sus enseñanzas, es la educación humana, y la adquirida por nuestra propia experiencia sobre los objetos que nos afectan, es la educación de las cosas.

Cada uno de nosotros está formado por tres clases de maestros. El discípulo que en su interior tome las lecciones de los tres de forma contradictoria, se educa mal y nunca está de acuerdo consigo mismo; sólo cuando coinciden y tienden a los mismos fines logra su meta y vive consecuentemente. Sólo éste estará bien educado.

Según esto, de las tres diferentes educaciones, la de la naturaleza no depende de ningún modo de nosotros; la de las cosas está en parte en nuestra mano, y sólo en la de los hombres es donde somos los verdaderos maestros, aunque únicamente por suposición, porque, ¿quién puede esperar que ha de dirigir por completo los razonamientos y las acciones de todos cuantos a un niño se acerquen?

Por lo mismo que la educación es un arte, casi es imposible su logro, puesto que de nadie depende el concurso de causas indispensables para él. Todo cuanto puede conseguirse a fuerza de diligencia es aproximarse más o menos al propósito, pero se necesita suerte para conseguirlo.

¿Qué propósito es éste? Pues el mismo que se propone la naturaleza, lo que ya hemos indicado. Puesto que el concurso de las tres educaciones es necesario a su perfección, nosotros no podemos hacer nada que dirija a las otras dos sobre la primera, la que nos ofrece la naturaleza. Mas como la palabra «naturaleza» puede tener un sentido muy vago, conviene que la fijemos con claridad.

La naturaleza, nos dicen, no es otra cosa que el hábito[3]. ¿Qué significa esto? ¿No existen hábitos adquiridos forzosamente y que nunca ahoga la naturaleza? Tal es, por ejemplo, el de aquellas plantas que se evita su crecimiento vertical. La misma planta obedece la inclinación a la que fue obligada, mas la savia no cambia su primitiva dirección, y si continúa la vegetación, la planta vuelve a su crecimiento vertical. Esto mismo sucede con las inclinaciones de los seres humanos. En tanto persisten en un mismo estado, pueden conservar las que provienen de la costumbre y son menos naturales, pero cambia y vuelve lo natural cuando la costumbre adquirida por la fuerza deja de actuar. La educación no es más que un hábito. ¿Pero no hay personas que olvidan y pierden su educación y otras que la mantienen? ¿De dónde proviene esta diferencia?

Si circunscribimos el nombre de naturaleza a los hábitos conformes a ella, podemos excusar este galimatías. 1 Nosotros nacemos sensibles, y desde nuestro nacimiento estamos afectados de diversas maneras por los objetos que nos rodean. Cuando nosotros tenemos, por decirlo así, la conciencia de nuestras sensaciones, estamos dispuestos a escudriñar o esquivar los objetos que las producen, según nos sean agradables o desagradables, según la conveniencia o la discrepancia que hallamos entre nosotros y estos objetos, y, por último, según nuestro criterio sobre la idea de felicidad o de perfección que nos ofrece la razón. Estas disposiciones crecen y se fortalecen a medida que son más sensibles y más claras, pero, presionadas por nuestros hábitos, las alteran nuestras opiniones. Antes de esta mutación, son las que yo doy el nombre de naturaleza.

Por tanto lo deberíamos todo a estas disposiciones primitivas, y así podría ser si nuestras tres educaciones fueran distintas, pero, ¿qué hemos de hacer cuando son opuestas y en vez de educar a uno para sí propio le quieren educar para los demás? La armonía, entonces, resulta imposible, v forzados a oponernos a la naturaleza o a las instituciones sociales, es forzoso elegir entre formar a un hombre o a un ciudadano, no pudiendo hacer al uno y al otro a la vez.

Toda sociedad parcial, cuando es íntima y bien unida, se aparta de lo grande. Todo patriota es duro con los extranjeros; ellos no son más que hombres, y no valen nada a su modo de ver[4].

Este inconveniente es inevitable, pero tiene poca importancia. Lo esencial está en ser bueno con las gentes con quienes se vive.

Los espartanos eran ambiciosos. avaros e inicuos, pero el desinterés, la equidad y la concordia reinaban dentro de sus muros. Desconfiad de los cosmopolitas que van lejos a buscar en sus libros obligaciones que no se dignan cumplir en torno de ellos. Esa filosofía la practican los tártaros, sin importarles el bien de sus vecinos.

El hombre de la naturaleza lo es todo para sí; él es la unidad numérica, el entero absoluto, que no tiene más relación que consigo mismo o con su semejante. El hombre civilizado es una unidad fraccionaria que determina el denominador y cuyo valor expresa su relación con el entero, que es el cuerpo social.

Las buenas instituciones sociales son aquellas que poseen el medio de desnaturalizar al hombre, quitarle su existencia absoluta para reemplazarla por otra relativa, y transportar el yo dentro de la unidad común; de tal manera que cada particular no se crea un entero, sino parte de la unidad, y sea sensible solamente en el todo. Un ciudadano de Roma no era ni Cayo ni Lucio; era un romano que amaba exclusivamente a su patria por ser la suya. Por cartaginés se reputaba Régulo, como un bien que era de sus amos, y en calidad de extranjero se resistía a tomar asiento en el senado romano; fue preciso que se lo ordenara un cartaginés. Se indignó de que se le quisiera salvar la vida. Venció y regresó triunfante a morir en el suplicio. Me parece que esto no tiene mucha relación con los hombres que conocemos.

El lacedemonio Paderetes se presentó para ser admitido en el Consejo de los trescientos, y, rechazado, se volvió a su casa, contento de que hubiese en Esparta trescientos hombres de más mérito que él. Supongo que esta demostración fue sincera, y no hay motivo para no creerlo. He aquí un ciudadano.

Una espartana tenía cinco hijos en el ejército, y aguardaba noticias de la batalla. Llega un ilota, y ella le pregunta temblando. «Vuestros cinco hijos han muerto.» «Vil esclavo, ¿te pregunto yo eso? Nosotros hemos alcanzado la victoria.» La madre corre hacia el templo y da gracias a los dioses. He aquí una ciudadana.

Aquel que, en el orden civil, quiere conservar la primacía de los sentimientos naturales, no sabe lo que quiere. Siempre en contradicción consigo y fluctuando entre sus propensiones y sus deberes, no será jamás ni hombre ni ciudadano, ni será bueno para él ni para los demás. Será uno de los hombres actuales, un francés, un inglés, un burgués; no será nada.

Para ser algo, y para ser uno propio y siempre el mismo, importa decidir el partido que uno debe tomar, hacerlo resueltamente y seguirlo con firmeza. Yo espero que se me presente este prodigio para saber si es hombre o ciudadano, o cómo se las apaña para ser a la vez ambas cosas.

De estos objetos necesariamente opuestos devienen dos formas de instituciones contrarias: la una pública y común, la otra particular y doméstica.

Si queréis formaros una idea de la educación pública, leed la República, de Platón. No es, pues, una obra de política, como piensan los que juzgan los libros por su título, sino es el más excelente tratado de educación que se haya escrito.

Cuando quieren hablar de un país fantástico, se cita con frecuencia la institución de Platón; mucho más quimérica me parecería la de Licurgo si nos la hubiera dejado solamente en un escrito. Platón ha depurado el corazón del hombre; Licurgo lo ha desnaturalizado.

La institución pública tampoco existe, y no puede existir, pues donde no hay patria, tampoco puede haber ciudadanos. Los dos vocablos patria v ciudadano deben borrarse de las lenguas modernas. Yo sé la razón, pero no quiero expresarla, porque no importa para mi tema.

No considero institución pública esos establecimientos irrisorios llamados colegios[5]. Tampoco tengo en cuenta la educación del mundo, porque, como se propone dos fines contrarios, ninguno de los dos consigue; no sirve más que para hacer dobles a los hombres, que con la apariencia de proporcionar beneficios a los demás, jamás hacen nada que no sea en provecho propio. Pero como estas muestras son comunes a todo el mundo, a nadie engañan, y son, por lo tanto, trabajo perdido.

De estas contradicciones nace aquella que experimentamos continuamente en nosotros mismos. Llevados por la naturaleza y por los hombres por caminos contrarios, y forzados a distribuir nuestra actividad en distintas proyecciones, tomamos una dirección compuesta que ni a una ni a otra resolución nos lleva. De tal modo combatidos y fluctuantes durante el curso de nuestra vida, la terminamos sin haber podido ponernos de acuerdo con nosotros mismos v sin haber sido buenos para nosotros ni para los demás.

Falta por último la educación doméstica o la de la naturaleza. Pero, ¿qué reportará a los demás un hombre educado cínicamente para él? Si los dos fines que nos proponemos pudieran unificarse borrando las contradicciones del hombre, eliminaríamos un gran obstáculo para su felicidad. Faltaría, para juzgar de ello, ver al hombre del todo formado, observar sus inclinaciones, ver sus progresos y seguirle; en una palabra, sería indispensable conocer al hombre natural. Creo que se darán algunos pasos en esta investigación después de leer este escrito.

Para formar este hombre raro, ¿qué tenemos que hacer nosotros? Mucho, sin duda. Se ha de evitar lo que se ha hecho. Cuando sólo se trata de navegar contra el viento, se bordea, pero si está alborotado el mar y se quiere permanecer en el sitio, es preciso echar el ancla. Cuida, joven piloto, que no se te escape el cable, arrastre el ancla y derive el navío antes de que lo adviertas.

En el orden social, donde todas las plazas están señaladas, cada uno debe estar educado para la suya. Si un particular formado para su puesto se sale de él, ya no vale para nada. La educación sólo es útil en cuanto se conforma la fortuna con la vocación de los padres; en cualquier otro caso es perjudicial para el alumno, aunque no sea más que por las preocupaciones que le proporciona. En Egipto, donde los hijos estaban obligados a seguir la misma profesión de sus padres, tenía un fin determinado, pero entre nosotros, donde sólo las jerarquías subsisten, y los hombres pasan frecuentemente de una a otra, nadie está seguro de si educando a su hijo para su estado no lo verifica contra él mismo.

En el orden natural, los hombres son todos iguales; luego, su vocación común es el estado del hombre, y quien hubiere sido bien criado para éste, no puede desempeñar mal los que con él se relacionan. Que destine mi discípulo a la espada, a la iglesia o a la abogacía, poco me importa. Antes de la vocación de sus padres, la naturaleza le llama a la vida humana. El oficio que quiero enseñarle es el vivir. Cuando salga de mis manos, yo estoy de acuerdo, en que no será ni magistrado, ni soldado, ni sacerdote; primeramente será hombre, todo cuanto debe ser un hombre y sepa serlo, si fuera necesario, tan bien como el que más, y aunque la fortuna quiera hacerle cambiar de situación, él siempre se encontrará en la misma. Occupavi te, Fortuna, atque cepi; omnesque aditus tuos interclusi, ut ad me aspirare non poses.

Nuestro verdadero estudio es el de la condición humana. Aquel de nosotros que mejor sabe sobrellevar los bienes y los males de esta vida es, a mi parecer, el más educado, de donde se deduce que la verdadera educación consiste menos en preceptos que en ejercicios. Desde que empezamos a vivir, comienza nuestra instrucción; nuestra educación se inicia simultáneamente con nosotros; nuestro primer preceptor es nuestra nodriza. Por eso la palabra educación tenía antiguamente un significado que ya ha desaparecido; quería decir alimento. Educit obstetrix, dice Varrón; educat nutrix, instituit paedagogus, docet magister. Así la educación, la institución v la instrucción son tres cosas tan diferentes en su objeto como institutriz, preceptor y maestro. Pero estas distinciones son mal entendidas, ya que el niño, para ser bien conducido, no debe tener más que un guía.

Esto, pues, hace generalizar nuestros puntos de vista y considerar en nuestro discípulo el hombre abstracto, el que está expuesto a todas las eventualidades de la vida humana. Si los hombres nacieran ligados al suelo de un país, si la misma estación durara todo el año, si cada uno dispusiera de su fortuna de tal modo que jamás pudiera cambiar, la práctica establecida sería buena para ciertos modos de ver. El niño educado para su estado, no saliendo jamás del mismo, no se vería expuesto a los inconvenientes de otro distinto. Mas teniendo en cuenta la inestabilidad de las cosas humanas, mirando el espíritu inquieto y revoltoso de este siglo, que lo trastorna todo a cada generación, ¿puede concebirse un método más insensible como el de educar a un niño como si jamás hubiese de salir de su habitación y tuviera que vivir siempre rodeado de su gente? Si este desgraciado da un solo paso en la tierra, sí baja un escalón, está perdido. Esto no es enseñarles a soportar el dolor, sino ejercitarle a sentirlo.

Se sueña en conservar al niño, pero eso no es suficiente; debieran enseñarle a conservarse cuando sea hombre, a soportar los golpes de la desgracia, a arrastrar la opulencia y la miseria, a vivir, si es necesario, en los hielos de Islandia o en las ardientes rocas de Malta. Inútil es tomar precauciones para que no muera, pues al fin tiene que morir, y aunque no sea su muerte un resultado de vuestros cuidados, aun serán éstos mal entendidos. Se trata menos de impedir morir que de hacerle vivir. Vivir no consiste en respirar, sino saber hacer uso de nuestros órganos, de nuestros sentidos, de nuestras facultades, de todas las partes de nosotros mismos que dan el sentimiento de nuestra existencia. El hombre que más ha vivido no es el que tiene más años, sino el que más aprovechó la vida. Uno que murió al nacer se le enterró a los cien años; mejor le hubiera sido morir en su *juventud si por lo menos hubiera vivido hasta este tiempo.

Toda nuestra sabiduría consiste en preocupaciones serviles; todos nuestros usos no son otra cosa que sujeción, tormento y violencia. El hombre civilizado nace, vive y muere en la esclavitud. Cuando nace se le cose en una envoltura; cuando muere se le mete en un ataúd, y en tanto que él conserva la figura humana vive encadenado por nuestras instituciones.

Se dice que algunas parteras pretenden dar una forma más conveniente a la cabeza de los recién nacidos apretándosela, ¡y se lo permiten! Tan mal están nuestras cabezas del modo como Dios las formó que nos las modelan las parteras por fuera y los filósofos por dentro. Los caribes son la mitad más felices que nosotros.

Apenas el niño ha salido del vientre de su madre, y apenas disfruta de la facultad de mover y extender sus miembros, cuando se le ponen nuevas ligaduras. Le envuelven, le ponen a dormir con la cabeza fija, las piernas estiradas y los brazos colgando; le cubren de lienzos y vendajes de toda especie que le privan del cambio de posición. Feliz si no le han apretado hasta el punto de privarle de respirar y si se ha tenido la precaución de acostarle de lado con el fin de que los líquidos que debe sacar por la boca, ya que no le queda libertad de mover la cabeza de lado, para facilitar la salida de los mismos.

El niño recién nacido tiene necesidad de extender y mover sus miembros para sacarlos del adormecimiento en que han estado, a causa del envoltorio, durante tanto tiempo. Los estiran, es verdad, pero les impiden el movimiento; sujetan hasta la cabeza con capillos, como si tuviesen miedo de que den señales de vida.

Así el impulso de las partes internas del cuerpo que tienden al crecimiento encuentran un obstáculo insuperable a los movimientos que esas partes requieren.

niño hace continuamente esfuerzos inútiles que apuran sus fuerzas o retardan su progreso. Estaba menos estrecho, menos ligado, menos comprimido dentro del vientre de la madre que en sus pañales. No veo lo que ha ganado con nacer.

La inacción, la presión en que retienen los miembros de un niño, no pueden favorecer en nada la circulación de la sangre y de los humores, es estorbar que se fortalezca o crezca la criatura y alterar su constitución. En los países donde no practican estas extravagantes precauciones, los hombres son todos altos, fuertes y bien proporcionados. Los países en los cuales se fajan los niños son aquellos done abundan los jorobados, cojos, raquíticos, malatos y contrahechos de toda especie. Por miedo a que los cuerpos queden deformados con la libertad de los movimientos, se dan prisa a realizarlo, poniéndolos en prensa, y los dejarían lisiados para impedir que se estropeasen.

Una violencia tan cruel, ¿no podría influir en su humor lo mismo que en su temperamento? Su primer sentimiento es de dolor y de pena; no hallan otra cosa que obstáculos en todos los movimientos de que tienen necesidad; más desgraciados que un criminal esposado, hacen esfuerzos inútiles, se irritan y gritan. ¿Decís que sus primeras voces son llantos? Así lo creo, pues desde que nacen los atormentáis; los primeros regalos que reciben de vosotros son cadenas; los primeros tratamientos que conocen son los tormentos. No quedándoles otra cosa libre que la voz, ¿cómo no han de hacer uso de ella para quejarse? Gritan por el daño que les estáis haciendo, pero vosotros gritaríais más si del mismo modo estuvierais agarrotados. ¿De dónde viene un uso tan irracional? De otra costumbre inhumana. Cuando las madres desdeñan su primer deber, no queriendo criar a sus hijos, tienen que confiarlos a las mujeres mercenarias, las cuales se convierten en madres de niños extraños, porque la naturaleza nada les dice; sólo han buscado el medio de ahorrarse trabajo. Habría sido necesario hallarse en continua vigilancia estando el niño libre, pero bien sujeto se le deja en un rincón sin preocuparse de sus gritos. Con tal que no haya pruebas de la negligencia de la nodriza, con tal que no se rompa el niño un brazo o una pierna, ¿qué importa que se muera o se quede enfermo mientras viva? Conque conserve sus miembros a costa de su cuerpo, la nodriza queda disculpada.

Esas dulces madres que se desprenden de sus hijos para vivir alegremente las diversiones de la villa, ¿saben qué tratamiento recibe su hijo en la aldea? A la menor molestia que sobreviene, se le suspende de un clavo como un paquete de trapos, y mientras la nodriza se dedica a sus quehaceres, el desgraciado resta así crucificado. Todos los que han sufrido esa situación tenían el rostro amoratado, el pecho fuertemente comprimido privando la circulación de la sangre, que subía a la cabeza, y creían que el paciente estaba tranquilo porque carecía de fuerza para gritar. Yo ignoro cuántas horas un niño puede estar en esta posición sin perder la vida, pero temo que está muy cerca de perderla. He aquí, según yo creo, una de las mayores utilidades del fajado.

Se opina que los niños en libertad pueden adquirir malas posiciones y hacer movimientos que perjudiquen a la buena conformación de sus miembros. Este es uno de tantos vanos razonamientos de nuestra falsa sabiduría, y que ninguna experiencia ha confirmado.

Entre multitud de niños de los pueblos, que son más sensatos que nosotros, son criados con toda la libertad de sus miembros, y no se ve ni uno que se hiera ni se estropee, pues no podrían dar a sus movimientos la fuerza que les resultase peligrosa, y cuando toman una posición violenta, el dolor les advierte en seguida que la cambien.

Nosotros aún no hemos pensado en fajar a los perritos ni a los gatos. ¿Observamos algún inconveniente en esta negligencia? Los niños son más pesados, de acuerdo, pero también son en proporción más débiles. Si casi no se pueden mover, ¿cómo se han de estropear? Si se les tendiese de espaldas, se morirían en esta postura, como la tortuga, sin que consiguieran girarse.

No contentas con haber dejado de amamantar a sus hijos, las mujeres ya no quieren en adelante concebir y la consecuencia es natural. Tan pronto como es fatigoso el estado de madre, se encuentra el modo de librarse de él; quieren hacer una obra inútil para retornar continuamente a ella, y es en perjuicio de la especie el atractivo dado para la multiplicación: Este uso, junto a otras causas de despoblación, nos indica la próxima suerte de Europa. Las ciencias, las artes, la filosofía y las costumbres que ésta engendra no tardarán en convertir a Europa en un desierto; será poblada de animales feroces, y con esto no habrá cambiado mucho la clase de habitantes.

Yo veo algunas veces el pequeño manejo de algunas mujeres jóvenes que fingen un deseo de criar ellas mismas a sus hijos; pero saben lograr que se les insista para lo contrario, haciendo intervenir a los esposos, a los médicos y especialmente, a las madres. Un marido que se atreva a consentir que su esposa nutra a su hijo, es hombre perdido; le tildarán como a un asesino que quiere deshacerse de ella. Hay maridos prudentes que sacrifican el amor paterno en aras de la paz. Gracias a que se hallan en las aldeas mujeres más abnegadas que las vuestras, más agradecidas debéis estar si el tiempo que les queda libre a esas esposas no lo llenan complaciendo a otros hombres.

El deber de las mujeres no es dudoso, pero se discute si es igual para los niños que los críe una u otra mujer.

Esta cuestión, de que son jueces los médicos, la tengo yo resuelta a satisfacción de las mujeres
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   46

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un iconProgramación de aula tobih compact
«Dios creó todo el universo, la noche y el día, la Tierra y el cielo, el Sol, la Luna y las estrellas, las nubes, los mares y los...

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un iconProgramación de aula tobih compact
«Dios creó todo el universo, la noche y el día, la Tierra y el cielo, el Sol, la Luna y las estrellas, las nubes, los mares y los...

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un iconProgramación de aula tobih compact
«Dios creó todo el universo, la noche y el día, la Tierra y el cielo, el Sol, la Luna y las estrellas, las nubes, los mares y los...

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un iconLa pulsión de muerte y la creación de la nada
«Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contiene y verás que Dios lo creó todo de la nada, y el...

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un icon“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de...

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un iconOsho hombre y mujer la danza de las energías Compártelo ma gyan darshana índice
«La he conocido», o: «Lo he conocido». Como mucho, podréis decir: «He intentado todo lo que he podido; pero el misterio sigue siendo...

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un iconOlvida las complicaciones y entra en el maravilloso mundo donde todo es fácil
«cronometría», pero es una cronometría que nada tiene que ver con los relojes. Nunca necesitas un reloj porque la sintonización de...

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un iconSé muy bien que os sentiréis intranquilos porque hace muchísimo tiempo...
«¡Pero, qué niñerías!». ¡Ríete, sí ríete de mí todo lo que quieras te lo suplico ! Pero, por Dios, los pelos se me ponen de punta...

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un iconOsho hombre y mujer la danza de las energías Compártelo ma gyan darshana osho Índice
«La he conocido», o: «Lo he conocido». Como mucho, podréis decir: «He intentado todo lo que he podido; pero el misterio sigue siendo...

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre. Obliga a una tierra a que dé lo que debe producir otra, a que un iconLas bacterias pueden crecer en tamaño como todo ser vivo, pero es...






© 2015
contactos
l.exam-10.com