Título original: Mother Teresa






descargar 1.18 Mb.
títuloTítulo original: Mother Teresa
página5/45
fecha de publicación29.07.2016
tamaño1.18 Mb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Derecho > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   45

Una de las actividades de la parroquia que a Agnes más le gustaba era el peregrinaje anual a la capilla de la Virgen de Letni­ce, en la región montañosa de Montenegro. La mayoría de las fa­milias se quedaban poco tiempo, pero los Bojaxhiu, que solían acudir en un carro tirado por caballos, permanecían más días con la esperanza de que Agnes recobrara la salud. Había padecido malaria y tos ferina y tenía un pie deforme, y la familia solía irse de vacaciones al famoso balneario de Vrnjacka Banja por ella. Se aloja­ban en una casa de Letnice, perteneciente a un hombre que se la prestaba en señal de gratitud hacia su difunto padre. De día se de­dicaban a pasear o jugar y por las noches se sentaban en torno a la chimenea y se contaban historias.

Por lo tanto, el cristianismo se fue convirtiendo en un sostén cada vez más importante para Agnes. No solo en casa, donde la familia se reunía en el salón cada noche para rezar el rosario, sino también en los festivales, que le gustaban especialmente porque le permitían reunirse con más jóvenes. Sabemos por las fotografías que Agnes acudía a muchos picnics y se iba a pasear con amigos por el campo en las afueras de Skopje durante los años posterio­res a la Primera Guerra Mundial. También cantaba, tenía voz de so­prano, mientras que su hermana era contralto, y formó parte del coro de la iglesia local así como del Coro Católico Albanés. Las dos hermanas cantaban en los conciertos de caridad que organizaban los jóvenes católicos casi cada mes. Agnes era una chica cumplido­ra, alegre y deseosa de aprender. Un pariente que era músico lo­cal le enseñó a tocar la mandolina y éste más tarde comentó que aprendía rápidamente y que llegó ser un buen músico.

En aquella época había dos personas particularmente impor­tantes en la iglesia local. La primera era monseñor Janez Gnidovec, el obispo de Skopje desde 1924 hasta 1939, un hombre carismático que conoció muy bien a la familia de Agnes, y la segunda era un sacerdote jesuita, el padre Franjo Jambrekovic, que a partir de 1925 fue el párroco del Sagrado Corazón.

39
El padre Jambrekovic creó una biblioteca para los jóvenes de la parroquia y organizó un grupo juvenil llamado la Cofradía de la Santa Virgen María. Cuando

Ag­nes todavía iba a la escuela estatal, Age, que siempre fue una alum­na aventajada, empezó a estudiar económicas en una escuela de comercio y Lazar recibió el Premio Sabri Qytezi, dotado con una beca de un año para estudiar en Austria. Al año siguiente, ingresó en la Academia Militar de Tirana, en Albania. Por lo tanto, los dos sacerdotes se convirtieron en las figuras masculinas más importan­tes en la vida de Agnes.

Agnes llevaba ya un tiempo inmersa en la vida religiosa: hacía de intérprete del serbocroata al albanés para el sacerdote de la parroquia y enseñaba a niños pequeños las nociones elementales de la fe católica. Más tarde diría que desde los doce años fue cons­ciente de su deseo de dedicar su vida a Dios. En parte la influyó su madre, que, en los tiempos de adversidad, no solo consiguió sacar adelante a la familia, sino también dedicar tiempo y energía a ayu­dar y consolar a los menos afortunados que ella. Pero además se mostraba especialmente receptiva al padre Jambrekovic y a su en­tusiasmo por la labor de las misiones. Cuando su primo no quiso cobrar las clases de mandolina a Agnes y sus amigas, ella le repren­dió y le dijo que cogiera el dinero y que luego se lo volviera a dar para enviarlo a las misiones de la India. Jambrekovic era particular­mente popular entre los jóvenes de Skopje, al que comparaban con su predecesor, el padre Zadrima, cuya severidad rayaba en la cruel­dad e imponía el orden y la disciplina amenazándolos con un grue­so bastón. Lógicamente, Lazar y sus amigos no lo apreciaban. No obstante, su hermana menor Agnes le reñía por ello: «Es tu deber quererlo y respetarlo porque es el sacerdote de Cristo». Desde pequeña, aceptó la autoridad a rajatabla, sobre todo la eclesiástica, lo que acabaría convirtiéndose en su regla de oro tanto para ella como para los demás a lo largo de toda su vida.

Jambrekovic estimuló a la pequeña comunidad de Skopje. Era evidente que tenía un don para comunicarse con los jóvenes, a los que contaba historias exóticas, románticas y llenas de aventuras. Organizaba oraciones y recolectas de dinero para ayudar a los misioneros; distribuía varias revistas y periódicos católicos, llenos de emocionantes descripciones de sus actividades. Una revista en par­ticular, Katolicke Kisije [Misiones católicas], publicada por la Asocia­ción para la Propagación de la Fe, con sus vívidos artículos escritos por misioneros croatas y eslovenos que trabajaban en la India, atra­jo a Agnes. Las revistas, ilustradas con abundantes fotografías,

es­taban llenas de conmovedoras llamadas a «colaborar en la educa­ción de los futuros Apóstoles... y a compartir su recompensa». También reflejaba la gran rivalidad entablada con los misioneros protestantes. Agnes empezó a colaborar con el sacerdote para ins­pirar a más gente.

40
El padre Jambrekovic fue el primero en hablarle a la Cofradía de los jesuitas de la milicia de Cristo, fundada por san Ignacio de Loyola en 1534 para luchar contra los reformistas cristianos: los misioneros que fueron a Yugoslavia y Bengala en 1924 eran jesui­tas. Impulsó a sus alumnos a pensar en las palabras de san Ignacio en sus Ejercicios espirituales « ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué estoy haciendo por Cristo? ¿Qué voy a hacer por Cristo?». Mientras me­ditaba sobre ello, Agnes empezó a percibir las primeras señales de una llamada, pero reconoció ante sus amigas que no sabía cómo debía responder. ¿Cómo podía una chica adolescente, con un co­nocimiento tan limitado del mundo, distinguir entre una ilusión romántica y el deseo auténtico y sincero de ayudar a los demás?

Si se quedaba en Skopje, ¿qué futuro le esperaba? Aunque te­nía amigos, sus contemporáneos dicen que era tímida con los chi­cos. Le encantaba enseñar, pero como miembro de dos minorías, sabía que estaba destinada a sufrir discriminaciones si se dedica­ba a la docencia, ya que en Yugoslavia casi no había escuelas para la minoría albanesa. Tras 1918, la situación de los albaneses en Kosovo y en Skopje empezó a deteriorarse cuando el Gobierno yugoslavo intentó colonizar la zona con serbios y presionó a la población nativa albanesa para que emigrara o se integrara. Se pro­hibió el uso del albanés para tratar los asuntos oficiales, se im­puso la educación en serbocroata y los albaneses tuvieron que

cam­biar sus apellidos para que incluyeran los sufijos -vic o -vc. Las nue­vas leyes sobre la colonización de las regiones del sur concedieron ventajas a los colonizadores serbios, tales como la cesión de hasta cincuenta hectáreas de tierra, el derecho al transporte gratis has­ta el lugar en que se establecieran, el usufructo de los bosques es­tatales o comunitarios y la exención de todos los impuestos durante tres años. La persecución serbia se intensificó y es probable que Agnes no haya podido borrar los recuerdos de las atrocidades co­metidas por los serbios durante su infancia. Otra razón que impulsó a la lúcida adolescente a marcharse fue la desesperación que le producían las vendettas, cuya frecuencia no había disminuido.

Durante los dos años antes de decidir hacerse monja, Agnes pasó períodos de retiro más prolongados en la ermita de Cérnago­re y habló con su confesor. Este le dijo: «Si la idea de que Dios te llama para servirle a él y a tu vecino te hace feliz, ésa puede ser la mayor prueba de la autenticidad de tu vocación. La alegría que procede de lo más profundo de tu ser es como una brújula que te señala la dirección que debes seguir en la vida. Eso es así incluso cuando el camino que has de coger es un camino difícil».

41
No hay que confundir la elección de ser monja con la de una profesión, ya sea la enseñanza o la asistencia social, como tampo­co se puede comparar la vocación de una monja con la de un escritor o actor, por ejemplo. A Agnes la educaron para creer que una vocación era una señal de la voluntad de Dios y, si la llamada para servir a Dios era lo suficientemente insistente, uno no debía ignorarla, aunque eso implicara no solo marcharse de casa, sino también el celibato y la negación de su propia esencia como mu­jer. A los diecisiete años pudo tomar la decisión porque le habían inculcado que la castidad, para aquellos que la mantienen, es una gracia especial, es la gracia pura. Fue un momento decisivo para ella. Eligió una vida de sacrificio. Pero, aunque no podía adivinar que gozaría de una gran libertad viajando por el mundo y que tra­taría con dirigentes mundiales en pie de igualdad, su decisión tam­bién se vio influida por cierto elemento laico. La elección del con­vento era un camino muy trillado para las mujeres que deseaban formarse y Agnes quería educar a los demás, pero en una lengua que no fuera el serbocroata. Más de sesenta años más tarde, los jó­venes todavía necesitan oír la voz de Dios dentro de ellos antes de entregarse a una vida religiosa. Como explicó una monja inglesa: «Alguien dice: "¿Cómo sabes que tienes una vocación?" y es que lo sabes. No se puede expresar con palabras. Es imposible describir lo que se siente... Es la convicción absoluta de que has hecho lo que debías y de que estás donde debes estar».6 No obstante, hoy en día la mayoría de las monjas dirían que se necesita un noventa por ciento de idealismo y un diez por ciento de realismo. «Para empe­zar, no puedes hacerlo sin idealismo y sin fe en Dios, pero a medi­da que te vas haciendo mayor y vas madurando, lo que te mantie­ne es el otro diez por ciento.7

Drana no debe de haberse sorprendido demasiado cuando su hija menor le comunicó su decisión de irse a la India a trabajar de misionera. Cuentan que se metió en su habitación, cerró la puerta y no volvió a salir hasta al cabo de veinticuatro horas. Cuando por fin lo hizo, le dijo a su hija: «Pon tu mano en la

Suya -en Su mano- y recorre todo el camino con Él».

Lazar no la animó tanto. Era un joven atractivo, deportista, que antes de alistarse en el ejército se pasaba gran parte del tiempo con sus amigos fuera de casa. ¿Cómo podía hacer algo así?, exclamó en respuesta a su carta en la que ella le comunicaba su decisión y lo felicitaba porque lo habían ascendido a teniente. El 1 de septiem­bre de 1928, Albania, a excepción de Kosovo, se convirtió en una monarquía bajo el rey Zog I, y el teniente Bojaxhiu fue nombrado secretario privado del nuevo rey. «Servirás al rey de dos millones de personas. Yo serviré al rey de todo el mundo», le contestó Agnes.

2
LOS MISIONEROS
En septiembre de 1928, pocos días antes de que Agnes partiera para Zagreb y de que iniciara su viaje a la India, se celebró un con­cierto en su honor. También le sacaron una foto que más tarde envió a su tía para que «me recuerden». En la foto se ven sus ojos oscuros y profundos y su expresión adusta. Agnes había estudiado todo lo que había encontrado sobre la historia del movimiento misionero en la India, sobre todo la fase más reciente y expansiva. Debía de saber que se habían producido intentos de cristianizar el país en repetidas ocasiones durante los últimos cuatrocientos años.

En Kerala, al sur de la India, residía una antigua pero peque­ña comunidad de cristianos sirios cuya fundación se remonta al apóstol Tomás. Santo Tomás llegó a la costa de Malabar (la Kerala moderna) en el año 52 a. de J.C. y murió martirizado veinte años más tarde cerca de Madrás. Sin embargo, a partir de 1500 los

por­tugueses fueron los primeros extranjeros que se dedicaron a con­vertir el país y, al principio, los cristianos sirios los acogieron como aliados para luchar contra la tiranía local. No obstante, pronto surgieron los conflictos teológicos, sobre todo cuando se compro­bó que los indios nunca habían oído hablar del Papa.

Obviamen­te, los portugueses no concebían que existiera una comunidad de cristianos independiente del Obispado de Roma y, cuando llegó a Goa el nuevo y enérgico arzobispo Alexio da Menezes, lograron imponerse a la antigua iglesia.

Al mismo tiempo, se produjo uno de los acontecimientos más significativos en la historia de los misioneros católicos: la fundación de la Sociedad de Jesús, que tendría un efecto inmediato y muy duradero en la India. Los jesuitas, vinculados al Papa a través de un voto directo de obediencia personal, se dedicaron a convertir a los paganos a la fe católica. Sus logros en la India del siglo XVI se ba­san en parte en la fundación de un seminario en el sur de la India que ofrecía una excelente instrucción tanto en sirio como en latín, pero sobre todo se reflejan en la labor de Francisco Javier, un vas­co y uno de los primeros seguidores de Loyola. Javier, que fue es­tadista además de misionero, llegó a la India en 1542 como repre­sentante del rey de Portugal y, con el beneplácito del Papa, acabó convirtiéndose en uno de los misioneros católicos más famosos.

44
Primero estuvo en Goa, el centro del poder portugués en la India. En aquella época Goa era una ciudad floreciente, con mu­chas iglesias y monasterios, pero sus habitantes eran cristianos solo de nombre y, según creía Javier, estaban muy necesitados de una reforma moral. Los europeos, que hacían ostentación de su riqueza de un modo extravagante, tenían amantes indias y engendraban hijos a los que ignoraban. Al mismo tiempo, si bien gran parte de la población hindú se había convertido tras haber sido sometida a una gran presión, no se mostraba interesada en los ritos cristianos. Tras un breve período en la ciudad, Javier se trasladó al sur, a la costa de Coromandel, para atender a una extensa población de pescadores a la que habían bautizado en masa unos años antes y después abandonado. Estos analfabetos no sabían nada del cristia­nismo, pero habían accedido a convertirse a cambio de que los por­tugueses los protegieran de los musulmanes. «Al llegar, Javier encontró una muchedumbre carente de toda instrucción y, al mar­charse, dejó una auténtica iglesia», escribió el obispo anglicano Ste­phen Neill, un historiador contemporáneo de las misiones cristia­nas. Hoy en día, se venera el cadáver de san Francisco Javier en Goa, pero a principios del siglo VVII sus brazos, «que habían bauti­zado a miles y miles de infieles», fueron trasladados a Roma. En la actualidad yacen en una obra de arte barroca, la iglesia Jesu, en dos magníficas urnas ovales que forman parte de un altar, como una clara demostración del empeño de Europa de imponer sus valores a la cultura extranjera.

Tras Javier, llegaron otros misioneros famosos a la India. Mu­chos desfallecieron por culpa del clima o por la naturaleza del tra­bajo y la falta de un verdadero apoyo. El viaje de Europa a la India duraba unos seis meses y a veces se tardaba al menos otro mes para ir de una ciudad a la otra. Otro impedimento importante a partir del siglo XVIII fue la insistencia de Roma en suprimir las prácticas que los jesuitas locales habrían tolerado pero que Roma conside­raba demasiado cercanas a las supersticiones hindúes. Solo los ri­tos romanos, tal y como se practicaban en Roma, debían gobernar las misiones.

En 1773, tras acusarlos de arrogantes y de emplear métodos misioneros inadecuados, el papa Clemente XIV suprimió la orden de los jesuitas, lo que tuvo unos efectos desastrosos para la Iglesia católica, ya que supuso la retirada de al menos tres mil misioneros. Se enviaron sacerdotes, cuya conducta fue motivo de severas críti­cas, a la costa de Cormandel, donde Javier había trabajado tan duramente. Cuando las misiones romanas empezaron a languide­cer, llegaron misioneros protestantes, al principio luteranos alema­nes y presbiterianos holandeses.

45
Su principal ventaja fue que no impusieron el uso del latín y nada más llegar empezaron a tradu­cir la Biblia a diversas lenguas vernáculas.

Por fin, en 1793, llegaron los primeros misioneros británicos a la India, un grupo de baptistas dirigidos por William Carey, y, tras recorrer el río Hooghly, enseguida se pusieron manos a la obra. El retraso se debió en parte a que la Compañía de las Indias Orien­tales, creada en 1599 para fomentar un «comercio pacífico con Oriente», no estaba especialmente interesada en alentar a los mi­sioneros. Aunque al principio fue una empresa comercial, poco a poco la Compañía empezó a asumir responsabilidades políticas. No es que tuviera nada en contra de la religión cristiana, pero sí temía que un exceso de actividad misionera agitara a las poblaciones nativas, tan vitales para el desarrollo comercial. Los comerciantes ingleses amasaron fortunas y pronto Calcuta prosperó gracias a la avaricia, la rapacidad, la explotación y la corrupción. Al principio lord Wefesley (gobernador general entre 1798 y 1805) prohibió expresamente la presencia de misioneros hasta que descubrió la utilidad como educadores de los baptistas de Serampore, que lle­garon en 1800. En 1813, año en que se renovaron los estatutos de la Compañía, los anglicanos recibieron permiso para actuar como misioneros y ya no solo como capellanes de los británicos. Pero hasta 1833, cuando se volvieron a renovar los estatutos de la Com­pañía, la India no se abrió sin restricciones a las actividades misio­neras de todas las nacionalidades, y para entonces ya había bastante en Bengala. Veinticinco años más tarde, la Compañía de las Indias Orientales transfirió el poder al Gobierno británico.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   45

similar:

Título original: Mother Teresa iconTÍtulo original: ai-mei título ingléS

Título original: Mother Teresa iconTítulo de la obra original

Título original: Mother Teresa iconTítulo original: The last barrier

Título original: Mother Teresa iconTítulo do original em inglês

Título original: Mother Teresa iconTitulo original: the way of intelligence

Título original: Mother Teresa iconTítulo original IL pendolo di Foucault

Título original: Mother Teresa iconTítulo Original: Deception Point

Título original: Mother Teresa iconTítulo Original: Confessions (1996)

Título original: Mother Teresa iconTítulo Original: Confessions (1996)

Título original: Mother Teresa iconTítulo de Ia obra original: monsieur gurdjieff






© 2015
contactos
l.exam-10.com