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Anne Sebba

Madre Teresa de Calcuta
Más allá de la imagen

Título original: Mother Teresa

Edita: ABC, S.L.

© Anne Sebba, 1997

© de la edición original, Orion Books Lid, Londres, 1998

© de la traducción, Isabel Ferrer Marrades, 1998

© 1998, Empresa Editorial Herder, S. A., Barcelona

© 2004, para esta edición, Ediciones Folio, S. A.
Fotocomposición Lozano Faisano, S. L. (L'Hospitalet)

Impreso por Printer Industria Gráfica, S. A.

D.L.: B-1083-2004
Edición especial para este periódico.

Queda prohibida su venta de forma separada.
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titulares del "copyright", bajo las sanciones establecidas en las leyes, la

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o préstamo públicos.

Teresa de Calcuta, (Agnes Bojashiu)

Skopje (Albania) 1910 - Calcuta 1997

Misionera católica de origen albanés, a los dieciocho años tomó la decisión de partir a la India, e ingresó en la Orden de Nuestra Señora del Loreto. En 1950 fundó la Orden de las Misioneras de la Caridad, que a los votos tradicionales añade la promesa de dedicarse por bondad al cuidado de los más pobres entre los pobres.

Consagrada al cuidado de los hambrientos, leprosos y moribundos, recibió el Premio Nobel de la Paz, en 1979. Ha sido declarada beata.
Anne Sebba

Gran Bretaña 1951

Es periodista y biógrafa, y vive en Londres. Licenciada por el King,s College de Londres, fue corresponsal para la agencia Reuters International en Londres y Roma de 1972 a 1978. Desde entonces colabora como periodista freelance con The New York Times, The Guardian, The Times, The Daily Telegraph, The Independent, entre otras publicaciones. Ha sido profesora invitada en la Facultad de Periodismo y Comunicación de numerosas Universidades del Reino Unido.

SUMARIO

Prólogo de Carlos Amigo Vallejo 9

Prólogo de la primera edición 13

PRIMERA PARTE



1. LOS ORÍGENES 25

2. LOS MISIONEROS 43

3. LA LLEGADA 55

4. ­LOS PRIMEROS AYUDANTES 73

5. ­LA EXPANSIÓN 91

6. EL RECONOCIMIENTO 109

7. ­VIAJAR POR EL MUNDO. 123

8. EL ATAQUE 143


SEGUNDA PARTE

9­. MEDICINA 153

10. TEOLOGÍA 181

11. LOS NÚMEROS 207

12. POLÍTICA 231

13. EL EGO 263

Epílogo 291

Notas 303

Agradecimientos . 311

Índice analítico. 313
PRÓLOGO

Madre Teresa, la Beata Teresa de Calcuta, es como levadura que se mete en las harinas de la humanidad y rompe la masa para hacer el pan de la bondad. El bien hacer de esta mujer fue en tal manera singular que no sólo ha curado infinitas heridas de menesterosos desvalidos, sino que se ha metido en el corazón del mundo para saber poner el bálsamo de la caridad sobre las infec­tadas pústulas de la indiferencia.

Este ha sido el gran secreto y el admirable milagro de Madre Teresa: llenarlo todo de ese amor capaz deponer pan en la mano del hambriento y ternura de misericordia en el ánimo del hundido por el peso de las mil sinrazones de la injusticia y de los ma­les de este mundo. Con ese providencial ungüento y aguas tan limpias de caridad y de testimonio cristiano, Madre Teresa abrillanta el corazón de los hombres para que puedan ver mejor el rostro de un Dios benévolo y Padre.

Aparecía con la fragilidad de ser poco más que una mujer bondadosa. Después demostraba, con la fortaleza grande de sus obras, el acero del amor irrompible que llevaba dentro. Su rostro, con más arrugas de sacrificio que de años, reflejaba la permanente juventud de una persona con un ideal incombustible ante los incendios de violencias e incomprensiones. Aparecía, en fin, como iletrada y simple, pero sentaba cátedra de las mejores lecciones de humanidad y de sabiduría cristiana.

El retrato de Teresa de Calcuta estará siempre en la orla de esa promoción de hombres y mujeres ilustres que en el siglo XX fueron testigos de valores de muchos quilates, y de virtudes tan heroicas que siguen marcando pautas de ejemplaridad para los tiempos venideros.

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Ya lo decía Juan Pablo II.- «la religiosa reconocida universalmente como la Madre de los Pobres, nos dejó un ejemplo elocuente para todos, creyentes y no creyentes. Nos deja el testimo­nio del amor de Dios. Las obras por ella realizadas hablan por sí mismas y ponen de manifiesto antes los hombres de nuestro tiem­po el alto significado que tiene la vida».

Siempre junto a los pobres, esta misionera de la caridad no hizo grandes discursos de palabras acertadas sobre pobrezas y res­ponsabilidades. Su mensaje no era otro que el de una vida entregada sin reservas en beneficio de quien sufría las consecuencias de incomprensibles desigualdades. La pobreza no podía ser un tema de bienintencionadas teorías, sino aguijón que ha de rom­per las entrañas de la indiferencia para que salga a borbotones el eficaz deseo de una dedicación sin fronteras en ayuda y amor al indigente.

Estaba tan acostumbrada a mirar en elevada contemplación mística el rostro de Cristo, que, después, donde ponía los ojos veía a su Señor. Y si más escarnecido y abandonado lo encontraba, mejor reconocía en esa persona a quien lleva cruz y corona de es­pinas. Muchas de las zarzas de esa corona han florecido gracias al sufrimiento y el amor de Madre Teresa.

En esa academia de los protagonistas de la historia, Madre Teresa de Calcuta va a ocupar el sillón que señala los vacíos de una sociedad desvergonzadamente capaz de insultantes despilfarros y de miserias y carencias inconcebibles. Madre Teresa es con­ciencia crítica y denuncia de tanta injusticia y del olvido de los derechos fundamentales de la persona. Pero de los labios de esta admirada mujer, que «se acercaba a cualquier lugar para servir a Cristo en los más pobres entre los pobres», nunca salieron pa­labras desabridas ni ácidas diatribas contra ricos y poderosos. De­nunciaba con su ejemplo, ofreciendo la otra mejilla y predicando, en obras y palabras, la bienaventuranza de la misericordia, de la paz, del trabajo por la justicia. Su vida, y de nuevo palabras de Juan Pablo II, «es un testimonio de la dignidad y del privilegio del servicio humilde».

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Esta «Biblioteca de ABC Protagonistas de la historia» pue­de muy bien servir para refrescarnos la memoria y hacer presente la ejemplaridad de esos hombres y mujeres que dejaron huellas pro­fundas de grandes valores y mejores virtudes. Sin las raíces de la memoria no es posible la esperanza. Y sin esperanza el futuro se convierte en terror y amenaza. Madre Teresa es una de esas figu­ras de la historia que, con su vida, nos abre las puertas de un fu­turo con esperanza: el amor, todo lo puede; sin amor, nada es po­sible. Con su vida humilde, pobre y misericordiosa, Madre Tere­sa de Calcuta nos devuelve la confianza en las ilimitadas posi­bilidades del hombre para hacer el bien.
CARLOS AMIGO VALLEJO

Cardenal Arzobispo de Sevilla

PRÓLOGO DE LA PRIMERA EDICIÓN

Nada más llegar al aeropuerto de Calcuta, una ciudad de doce millones de habitantes en constante crecimiento, lo primero que ve el visitante es una gigantesca valla publicitaria que anuncia la ciudad del poeta Tagore, del cineasta Ray y de la monja Teresa. Aunque parezca increíble, Teresa se ha convertido en una atracción turística. De los tres, es la más conocida en todo el mundo y, gra­cias a ella, Calcuta ha recuperado la fama en occidente. El hecho de que el United Bank of India subvencione la valla publicitaria no debería sorprender a nadie; solo es otra contradicción en una his­toria ya de por sí fantástica.

Si el drama del mundo es su naturaleza paradójica, nadie lo ejemplifica mejor que la Madre Teresa, la monja diminuta y arru­gada de origen albanés. Elogiada en todo el mundo por su humildad y devoción, también es experta en tratar con dirigentes y finan­cieros mundiales y tiene un asombroso instinto para la publicidad. ¿Cómo pueden coexistir estos dos aspectos en una sola persona? Occidente ha respondido a su obra social, pero en realidad ella lo que representa es la religión, en concreto, a Jesucristo, y este he­cho, a menudo pasado por alto, significa que hay un malentendi­do en la base misma de su éxito. Nuestra vocación no es trabajar, repite una y otra vez la Madre Teresa, nuestra vocación es rezar. Al mismo tiempo, la Madre Teresa domina muchas técnicas de mer­cadotecnia de finales del siglo XX, desde la gestión de la marca de sus saris blancos con el ribete azul hasta las frases lapidarias que pronuncia. Y no teme negociar; sus hermanas aprenden a regatear con las agencias de viajes antes de ahondar en complejidades teo­lógicas.

En esta era cada vez más materialista hay pocos santos vivien­tes; sin embargo, la Madre Teresa, campeona de los pobres del mundo, hasta hace muy poco ha sido aclamada universalmente como un raro ejemplo. Ella es una persona que rehúye claramente los valores de nuestra era en los que el éxito se mide según el número de símbolos adquiridos y, de ese modo, nos da la esperan­za de que al final triunfará la espiritualidad, no el materialismo; nos da la esperanza de que podemos aspirar a valores más elevados y de que a lo mejor un día todos los niños del mundo podrán comer.

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Sin embargo, a partir de 1990, se produjo un cambio. Ese año, tras un infarto que estuvo a punto de acabar con su vida, presen­tó su dimisión como dirigente de la Orden de las Misioneras de la Caridad, fundada por ella cuarenta años antes. Sin embargo, sus hermanas no fueron capaces de nombrar a una sucesora. Pese a la persistencia de su mala salud, siguió en el puesto, dando pábulo a las críticas de que su congregación era antidemocrática, de que no había sabido preparar a una candidata para que la relevara y de que permanecía como una figura decorativa para asegurar el flujo con­tinuo de generosas donaciones.

El ataque más feroz llegó en noviembre de 1994 y lo lanzó un periodista inglés residente en Washington, Christopher Hitchens, en un programa de televisión en el que la apodó «Ángel del Infierno» [Hell's Ángel]. La acusó de hipocresía personal, de congeniar con dictadores, de dispensar una atención médica dudosa, de cor­tejar a los medios de comunicación y -quizá lo más grave de todo- de oponerse ciegamente a cualquier tipo de planificación familiar. Según él, los bebés abandonados y los enfermos termina­les, es decir, los miembros más vulnerables y desvalidos de la socie­dad, solo servían para hacer obras de caridad y los utilizaban como materia prima para dar muestras de compasión en la India. Más tarde Hitchens se defendió de la acusación de parcialidad admi­tiendo que el programa pretendía captar la atención de los espec­tadores y explicó que solo disponía de veinte minutos para denun­ciar los veinte años de publicidad aduladora y torrencial. La Madre Teresa, afirmó, era el ser humano menos criticado del mundo. Ni él ni los productores del programa deben de haberse sorprendido al ver la furia que desencadenó el programa y el carácter injurio­so de las críticas, algunas de las cuales fueron mucho más lejos y mucho más exageradas que las expuestas en el programa. Desde entonces, las secuelas no han dejado de resonar en los medios de comunicación británicos e indios ya que más gente se ha unido tanto al ataque como a la defensa.

Quizá el retrato hostil de la Madre Teresa, presentada como una vieja bruja cascarrabias que se muestra indulgente con los dic­tadores, represente una visión extrema, pero la controversia que se desató también puso de manifiesto que cada vez hay más personas de opinión moderada que creen que la postura de la jerarquía católica de defender ciegamente a la Madre Teresa no hace ningún bien a su causa. El posterior debate es una clara prueba de la ne­cesidad de un análisis que, al menos, no tema aportar una dimen­sión política, social e histórica a los imperativos espirituales de la Madre Teresa. Sin duda, es una manera de realzar en lugar de dis­minuir todos sus logros.

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Un artículo publicado en el New York Times lo expresó del si­guiente modo:
Aunque en general publicar reseñas de los programas que tienen pocas posibilidades de emitirse en Estados Unidos no suele ser muy útil, Hell's Angel atrae la atención precisamente porque tiene tan pocas posibilidades. En una temporada en la que surgen continuas quejas sobre las tendencias acusatorias y el sesgo antirreligioso de la televisión, cuesta imaginar una cadena o un canal por cable nortea­mericano que atente contra un personaje religioso tan apreciado. Si hay una persona que es intocable en la televisión, ésa es la Madre Teresa.

Puede que las expresiones del señor Hitchens sean un poco duras para el gran público y que critique a la Madre Teresa solo porque no le gustan su política y su Iglesia. Por eso, una vez formuladas semejantes acusaciones, convendría enviar a un equipo a Cal­cuta para confirmarlas. ¿Es la atención buena o mala? ¿De dónde saca el dinero Mother Teresa Multinational y en qué se gasta? A lo mejor resulta que, pese a la animadversión del señor Hitchins, la dama es una santa.1

No formo parte de un equipo de televisión, ni estoy cualificada para actuar de árbitro. Pero tengo un montón de preguntas y he formulado todas las que he podido a personas capacitadas para contestarlas, desde médicos, monjas, directores de organizaciones benéficas y voluntarios hasta antiguas Misioneras de la Caridad. Es imposible resumir semejante variedad de opiniones. Pero al mar­gen de lo que haya o no haya hecho, Teresa inspiró en miles de personas de distintos entornos el deseo de buscar maneras de cam­biar el mundo e incitó a muchas más a examinar su conciencia, o al menos a plantearse lo que habría que hacer. Creo que casi

siem­pre es sano cuestionar y espero que este libro se lea como un diá­logo con la mayor variedad de expertos posible.

Lo que sigue a continuación no es una biografía tradicional. Se sabe muy poco sobre la infancia y juventud de la Madre Teresa; su familia más cercana ya falleció

-su hermano murió en junio de 1981 a los setenta y cuatro años- y la casa de su infancia así como los pocos documentos que podrían haber procurado algún tipo de información es probable que hayan sido destruidos por el terremo­to de Skopje de 1963. Desde el punto de vista biográfico, la vida de la Madre Teresa carece de interés; se percibe la misma fe religiosa que siempre la guió en todo, y una lista de los premios concedidos no sirve para explicar las motivaciones internas ni la reacción de los demás

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La Madre Teresa no parece haber sufrido los conflictos internos que aportan tensión dramática a una buena biografía. Mal­colm Muggeridge llegó a decir que su vida, desde el punto de vis­ta biográfico, es una ausencia de acontecimientos porque «vivir para y en los demás, como hacen ella y las hermanas de las Misio­neras de la Caridad, es eliminar los acontecimientos motivados por el ego y la voluntad. Uno de sus dichos preferidos es "No soy yo, sino que es Cristo el que vive en mí"».2 Es posible que Muggerid­ge la haya lanzado al estrellato con su película y posterior libro, Something Beautiful for God [Algo hermano para Dios], pero también dio pie a las críticas; la Madre Teresa no es la salvadora de la humani­dad, lo que hace es simbólico.

En la primera mitad del libro, he intentado narrar su vida cro­nológicamente, estudiando el modo y las razones por las que se produjo el fenómeno en 1947, en el período de la Partición, cuando India y Pakistán, recientemente independizados, estaban al borde de la guerra y la hermana Teresa (como se llamaba enton­ces) respondió a las necesidades humanas más urgentes de un modo muy singular. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que debía renunciar a una vida relativamente cómoda dedicada a enseñar a unos pocos privilegiados para trabajar en la calle y ayu­dar como podía a las masas que sufrían. Si bien en los años
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