El estado neoconservador, el intervencionismo económico y la sociedad de los años treinta. En Noemí M. Girbal Blacha, Adrian Gustavo Zarrilli y Juan Javier Balza. Estado, sociedad y economía en la Argentina (1930 – 1997)






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*Ezeiza



La vuelta definitiva de Perón al país se produjo el 20 de junio de 1973. El acto organizado para recibirlo fue una de las mayores concentraciones populares de la historia argentina. En Ezeiza se manifestaron trágicamente las diferencias entre posturas antagónicas dentro del movimiento peronista. Un sector de las nutridas columnas juveniles, portando carteles identificatorios de Montoneros y FAR fueron recibidas por descargas de ametralladoras desde el palco montado para la bienvenida a Perón. El tiroteo se generalizó y, en conocimiento de estos incidentes, el avión que lo transportaba fue desviado al aeropuerto de Morón.
“A esas horas el río humano, que desconocía las interioridades del poder y la posibilidad de que el Líder fuera conducido al aeropuerto de la Séptima Brigada Aérea, había desbordado diques y previsiones. Los puentes no alcanzaban, las rutas eran demasiado estrechas y la radiante presencia de un ‘sol peronista’ caía sobre kilómetros de argentinos, que empezaban a lamentar la camiseta de frisa, el pulóver y la campera, (...) A las doce del mediodía ya era difícil acercarse a menos de 400 metros del palco. A esas horas la policía calculaba que se habían juntado los famosos tres millones. El 12 por ciento de la población total del país, que en ese momento sumaba 27 millones. (...) Un récord que sólo igualaba Fidel Castro en sus mítines de la Plaza de la Revolución, donde solía convocar a un millón de cubanos. (...)

A esa hora, también, se hizo evidente que los verdes estandartes de la JSP (Juventud Sindical Peronista) sólo flameaban en un área reducida, delante de la proa levantada bajo el puente. En cambio, imperaban las banderas rojinegras de la Juventud, los gallardetes de la JTP (Juventud Trabajadora Peronista) y las enormes banderolas de Montoneros. La derecha había perdido, en términos políticos, la batalla de los 300 metros. Debían hablar las armas.”

Miguel Bonasso. El presidente que no fue. Planeta, 1997.

*Desencuentro

La celebración del 1° de mayo fue siempre importante dentro de la liturgia peronista. En 1974, además, en el balcón aparecería un Perón retornado al poder después de dieciocho años de exilio. La comunión entre el “lider” y las “masas” seguía necesitando, como en el pasado, de la monumentalidad de la Plaza de Mayo.

Ese primero de mayo, sin embargo, sería distinto.

Eran momentos de desencuentro entre un jefe de estado empeñado en la legalidad constitucional y en reformas moderadas dentro de la realidad tercermundista –“todo en su medida y armoniosamente”- y la juventud de su movimiento, que había luchado por su vuelta al país, convencida de la existencia de un Perón socialista. Había que presionar al anciano presidente para su definición por el socialismo nacional y para que se desembarazara de los elementos “ortodoxos” que lo cercaban.

El operativo montado por los “organizadores” del acto se propuso dificultar el acceso de la juventud peronista enrolada en la “tendencia revolucionaria” a la Plaza de Mayo con sus pancartas identificatorias. José López Rega, ministro de Bienestar Social, convocó la colaboración de los comisarios Villar y Margaride.

Sin embargo... los jóvenes allí estuvieron, esperando torcer el rumbo de una historia que pretendían arrebatarles.

La Plaza de Mayo fue testigo mudo de un desencuentro que aparecía como inexorable.


Liliana Garulli En Documentos de historia argentina, EUDEBA.

*“Primero de mayo, por la tarde”


“Eran las 15.30 horas. ¿Qué pasaba mientras tanto en la plaza? Enrique Raab, periodista de La Opinión, nos ha dado un cuadro vivo de lo que estaba sucediendo (La Opinión, 2 de mayo de 1974):

‘Instalado en la tribuna, Antonio Carrizo presentaba a Susana Rinaldi (...). A las 15.40, las primeras consignas montoneras resonaron por la plaza, mientras un bombo ritmaba la palabra Montoneros y otros grupos de voces entonaban: Qué pasa, qué pasa, general, que está lleno de gorilas el gobierno popular? Las primeras filas de la plaza contestaron de inmediato (...). Desde las cercanías de un grupo identificado por el cartel Agrupación Bancaria Justicialista (...) volaron hacia el sector montonero pedazos de manzanas y algunas pedradas. En el linde entre las columnas montoneras y las otras no identificadas, se iban reforzando los cordones mediante astas de banderas usadas como cerco. (...) ‘Estos son los montoneros que mataron a Aramburu’ –se oyó- a las 16.20, por primera vez de modo multitudinario: la consigna tapó, implacablemente, las frases de Carrizo. (...) A partir de ahí, todo ocurrió muy rápido: ‘No queremos carnaval, asamblea popular’, (...) ‘Argentina peronista, la vida por Perón’, contestaban desde otros sectores. (...) La multitud seguía convergiendo. Adelante, rodeando el palco, unas 20.000 personas organizadas por la CGT; atrás unas 50.000 movilizadas por la ‘jotapé’ con participación de núcleos estudiantiles, radicales, alfonsinistas, comunistas y de otras tendencias. El clima era tenso. Se sabía que el ejército estaba acuartelado. (...) De repente se produjo un hecho insólito. Entre los 50.000 jóvenes comenzaron a aparecer carteles de Montoneros, JP, JTP, JUP (...) ¿Cómo habían pasado? (...)

La plaza se había cubierto para las 16.30 horas. El proletariado industrial estaba ausente como clase. Pero la juventud, como capa social, estaba presente. Y en esa juventud había también obreros y villeros.’

(...) Este era el clima cuando llegó Perón en helicóptero. (...) De pronto, el Himno Nacional paralizó a los presentes. Fue el único momento en que la plaza pareció políticamente homogénea. Y luego el discurso.

Compañeros: Hace hoy veinte años que en este mismo balcón y con un día luminoso como éste hablé por última vez a los trabajadores argentinos. Fue entonces cuando les recomendé que ajustasen sus organizaciones porque venían tiempos difíciles. No me equivoqué ni en la apreciación de los días que venían ni en la calidad de la organización sindical, que se mantuvo a través de veinte años, pese a estos estúpidos que gritan.’

(...) La respuesta no se hizo esperar: ‘Qué pasa, qué pasa, qué pasa general, que está lleno de gorilas el gobierno popular?’ ‘Se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical’.

Para Perón esto era ya inadmisible. (...) Por encima de todo los vio, súbitamente, como unos irresponsables incorregibles, que no comprendían que sin una CGT apuntalando el Pacto Social el país volvería a caer en manos de los oligarcas. (...) Se enojó más y dijo:

Decía que a través de estos veinte años, las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años.’ (...)

(Los jóvenes contestan) ‘Qué pasa, qué pasa, qué pasa general, que está lleno de gorilas el gobierno popular?’

A partir de este segundo retrueque el acto se convirtió en un combate entre el líder y los jóvenes dirigidos por los montoneros. Como ocurre en las tragedias griegas, en las que los dioses en pugna cumplen sus designios aún cuando subjetivamente no lo deseen, el enfrentamiento sólo se detendrá con la ruptura del acto.

(Perón): ‘Por eso compañeros, quiero que esta primera reunión del día del Trabajador sea para rendir homenaje a esas organizaciones y a esos dirigentes sabios y prudentes que han mantenido su fuerza orgánica, y han visto caer a sus dirigentes asesinados, sin que todavía haya tronado el escarmiento.’ (...)

La amenaza generó nuevas réplicas: ‘Rucci, traidor, saludos a Vandor’ (...) Montoneros, Montoneros...

(Perón): (...) nos hemos reunido nueve años en esta misma plaza, y (...) hemos estado de acuerdo en la lucha que hemos realizados por las reivindicaciones del pueblo argentino. Ahora resulta que, después de veinte años, hay algunos que todavía no están conformes de todo lo que hemos hecho.’

La fractura era inevitable . Espontáneamente, con una mezcla de bronca y angustia, los 50.000 pegaron la vuelta y comenzaron a retirarse. Cantaban: ‘conformes, conformes general, conformes los gorilas, el pueblo va a luchar’.

Perón terminó su discurso diciendo:

‘(...) Queremos un pueblo sano, satisfecho, alegre, sin odios, sin divisiones inútiles, inoperantes e intrascendentes. Queremos partidos políticos que discutan entre sí las grandes decisiones. No quiero terminar sin antes agradecer la cooperación que le llega al gobierno de parte de todos los partidos políticos argentinos. (...) Les deseo la mayor fortuna y espero poder verlos de nuevo en esta plaza el 17 de octubre’.

La plaza quedó semivacía. Pero quizás por primera vez en la historia argentina, la ruptura de un acto de masas por diferencias políticas no originó ni la euforia ni el odio en la mayoría de los partícipes. Quizás sólo estuvieron alegres algunos infradotados fascistas que creían que Perón ‘había liquidado’ a la ‘ultraizquierda’. Julio Godio, Perón. Regreso, soledad y muerte (1973-1974), Hyspamérica, 1986
*Malentendido fundamental

“(…) El malentendido fundamental de la izquierda argentina consistió esencialmente en no comprender que el ascenso de las masas antidictatoriales, entre 1969 y 1972, fue canalizado por dos fuerzas democráticas reformistas: el peronismo y el radicalismo. La izquierda, ya sea por su propio origen peronista o por su infantilismo, o por ambas cosas a la vez, no pudo entender que a partir de 1973, con el tiempo electoral del peronismo, debía modificar sustancialmente su táctica y pasar de una ofensiva frontal, válida durante la dictadura militar (1966-73) cuando contaba con la simpatía popular, a una táctica de profundización del proceso democrático. Esa izquierda infantil subestimaba la importancia de la democracia”. Julio Godio, Perón. Regreso, soledad y muerte (1973-1974), Hyspamérica, 1986

*La muerte de Perón

“El 1° de julio de 1974 murió Perón. “Dolor”, titularon los diarios. Las revistas captaron las lágrimas de millares de personas por la muerte del hombre que había movido voluntades durante casi treinta años, (…) por el presidente que desde un balcón y en mangas de camisa había dialogado con los “descamisados”; por el exiliado que auguraba un futuro maravilloso para una juventud también “maravillosa”; por el nuevamente presidente empeñado en poner fin a los enfrentamientos entre argentinos en su instante final.

Además de todas esas muertes, con él moría el político capaz de sintetizar las corrientes antagónicas que pugnaban por la hegemonía dentro del movimiento peronista. Sólo él podía, a esa altura de los acontecimientos, mantener el equilibrio dentro de una sociedad enfrentada por proyectos irreconciliables. Si Perón había puesto freno a la “patria socialista” que le exigía la juventud, su sola presencia impedía también el desquite retrógrado de sectores decididos a suprimir la democracia.”

Liliana Garulli. En Documentos de historia argentina, EUDEBA.

*Este viejo adversario despide a un amigo


“(...) En nombre de todo ello vengo a despedir los restos del señor Presidente de la República de los argentinos, que también con su presencia puso el sello a esta ambición nacional del encuentro definitivo (...). No sería leal si no dijera también que vengo en nombre de mis viejas luchas; que por haber sido claras, sinceras y evidentes, permitieron en estos últimos tiempos la comprensión final, y por haber sido leal en la causa de la vieja lucha fui recibido con confianza en la escena oficial que presidía el Presidente muerto.

Ahí nace una relación nueva, inesperada, pero para mí fundamental, (…) Ese diálogo amable que me honró, me permitió saber que él sabía que venía a morir a la Argentina, y antes de hacerlo me dijo: ‘quiero dejar por sobre todo el pasado este nuevo símbolo integral de decir definitivamente, para los tiempos que vienen que quedaron atrás las divergencias para comprender el mensaje nuevo de la paz de los argentinos’ (…). Este viejo adversario despide a un amigo, y ahora, frente a los compromisos que tienen que contraerse para el futuro, porque quería el futuro, porque vino a morir para el futuro, yo le digo, Señora presidente de la república, los partidos políticos argentinos estarán a su lado en nombre de su esposo muerto para servir a la permanencia de las instituciones argentinas que usted simboliza en esta hora”

Ricardo Balbín, En La Razón, 4 de julio de 1974.

*El “Rodrigazo”“El 4 de junio de 1975, el Ministro de Economía, Celestino Rodrigo, anunció una devaluación de dimensiones insólitas para la economía argentina: 160 % de incremento para el tipo de cambio utilizado en transacciones comerciales ( de $10 a $26 por dólar), 100% para el tipo usado en transacciones financieras de $15 a $30 . A esto se agregaban variaciones significativas en los cuadros tarifarios, como 181% de incremento en el precio de la nafta común, 75% en los precios del transporte urbano y otros aumentos similares que tendrían un efecto devastador sobre la suba de los precios en los meses siguientes. También se decidió, aunque en ese momento pasó casi desapercibido, un reajuste de las tasas de préstamos del Banco Nación y Banco Nacional de Desarrollo y la liberación de las tasas de interés de los certificados transferibles de depósitos a plazo fijo ( de Pablo, 1980). Junto con el primer gran impulso a la marcha de los precios nació el primer intento, todavía tímido, de liberación del mercado financiero. (...) A partir de junio de 1975 los ingresos reales de los salarios cayeron alrededor de 50 % respecto de los niveles anteriores. Los niveles salariales no se volvieron a recuperar en todo el quinquenio siguiente... (...) La coyuntura tendía a mellar rápidamente la capacidad reivindicativa de los dirigentes sindicales que habían basado parte de su poder en la posibilidad de luchar por la distribución del ingreso a través de las negociaciones con los empresarios y el Estado. A medida que quedaban a la defensiva, los sindicatos y sus aliados políticos y sociales se encontraban frente a una disyuntiva de hierro: o ganaban fuerza política para controlar un sistema que se les escapaba de las manos, o resignaban sus expectativas inmediatas... La inflación incentivó la fuga masiva y desesperada de la tenencia de pesos para tratar de mantener el valor poseído adquiriendo divisas...” Jorge Schvarzer. “Martínez de Hoz: La lógica política de la política económica.” Cisea. 1983.

Otros videos/films propuestos para la Unidad III:

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