Título original: The last barrier






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fecha de publicación02.07.2016
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nada? Al pronunciar la palabra "nada" se dio vuelta y me taladró con la mirada. Quedé sin palabras.

No podía comprender de qué me estaba hablando. Debe de haber habido una piedra en el camino. Traté de pensar en qué había fracasado.

'Has viajado hasta Anatolia. En Inglaterra me preguntaste si yo te ayudaría y te dije que era un camino peligroso y que si no confiabas, ambos fracasaríamos. Cada hora desde que estás aquí te he pedido que confiaras. Confía. Confía. ¿Y tú que haces? Fracasas completamente en la prueba de valor, en la montaña te comportas como un escolar baboso y luego, sin siquiera darte cuenta de que fallaste, proclamas a los gritos tu triunfo al llegar al pie. Como si pudieras triunfar en algo. Mi amigo, tú eres nada, y cuanto antes te des cuenta, más pronto serás capaz de comprender un poco de qué se trata este camino. ¿Quién crees que era el joven del café? ¿Crees que fue un encuentro casual, que nos desvió del camino por accidente? Te he dicho que no existe la casualidad. No era lo que parecía ser, así como el camello no era lo que parecía. Ese joven no era un hombre ordinario y tú estabas demasiado dormido como para notarlo.'

'¿Sabías todo desde el principio?’

‘Por supuesto que sí, pero durante este breve período he asumido el papel de guía y maestro para ti de modo que tenía que aceptar lo que se te presentaba como prueba. No sabía exactamente qué iba a suceder, pero fuera lo que fuera tenía que ser aceptado. Tal como ocurrieron las cosas, has fracasado cada centímetro del camino. ¿Cuándo aprenderás a confiar en Dios? Me dijiste que deseabas la Verdad, pero lo que buscas es una verdad sin amor. Dios es Amor, y sin amor no hay nada. Si no crees en Dios no serás capaz de llegar a la Verdad. No puedes pasar por encima de Dios y pensar que llegarás por ti mismo. Es la peor clase de arrogancia. Es obvio que necesitas aprender a ser humilde antes de que podamos seguir trabajando juntos. Ver cómo te comportas me hace pensar que quizás te sobrestimé y en ese caso yo también fracasé en mi misión. Ahora, sal al camino y trata de encontrar un coche’.

Yo estaba azorado. Me sentía como si me hubieran apaleado. Crucé al otro lado del camino y miré hacia el coche. Hamid estaba sentado, absolutamente erguido y quieto, con los ojos cerrados. No pasaba ningún coche ni camión; nada. Yo temblaba de furia y también de frío, Hamid pensaba que había cometido un error, y yo estaba seguro de haber cometido el mío: nunca debería haber elegido un maestro que se comportara como éste; dijera lo que dijera debía de haber habido una piedra en el camino. Estaba harto de toda esta historia, y deseaba no haber emprendido nunca el viaje. ¿Cómo pude ser tan estúpido y dejarme convencer de seguir a este hombre hasta Turquía? ¿Quién era él, y qué quería de mí? Por el momento, estaba atrapado, pero tan pronto como pudiera saldría de este embrollo y de este país para regresar a Londres. El sonido de un motor interrumpió mi acalorada conversación interior. No parecía el sonido de un coche ni el de un camión, pero se estaba aproximando. No se veía ninguna luz de modo que me quede en el medio del camino. Dando vuelta a la curva apareció un viejo tractor. Agitando las manos le señalé el coche detenido, explicándole por gestos que no lo podíamos arrancar y le pregunté si era posible que nos remolcara hasta la ciudad mas cercana. Me miró muy seriamente, bajó del tractor y caminó lentamente alrededor del coche. Hamid seguía sentado muy erguido y con los ojos cerrados. 'Hamid', lo llamé, 'encontré un tractor. ¿Podrías hablar con el hombre, por favor?'

'Háblale tú', fue la respuesta.

Hacerme comprender fue muy difícil, el conductor del tractor seguía dando vueltas alrededor del coche, mirándolo como si fuera un objeto de otro planeta. Miró por fuera, por dentro, examinó los neumáticos y los paragolpes y levantó el capó. 'Yok', dijo, que quiere decir 'no' en turco. ‘¿No qué?’, pregunté. 'Coche yok', dijo con firmeza. ‘Ya sé que está yok’, dije, 'por eso queremos que nos remolque', y comencé a hacer todo tipo de gestos frente al coche, simulando que tenía una cuerda sobre mis hombros y con ella lo arrastraba. No pareció impresionarle mi despliegue gestual y dijo ‘yok' varias veces más. Luego se me acercó mucho, y con fuerte aliento a ajo, dijo fervientemente, 'Lira, choc lira.' Esto quería decir que iba a costar mucho dinero, pero yo no estaba seguro de si lo que costaría mucho dinero era arreglar el coche o si él pedía mucho dinero para remolcamos. Le pregunté cuánto, y dibujó en el aceite del camino una cifra absolutamente descabellada. Nuevamente me dirigí a Hamid.

‘Debes pagar', dijo. ‘No tiene sentido tratar de negociar ya que estamos en sus manos.'

'Pero es casi todo el dinero que tengo conmigo.'

'Se lo darás, y además también pagarás el arreglo del coche, ya que fue por tu error que esto sucedió. Ahora estoy cansado y hambriento y muy enojado. Págale lo que pide y apresúrate.'

Unas horas después el coche estaba en un taller y nosotros en un estrecho cuarto, sucio y mal ventilado, del único hotel de la zona. El precio del arreglo del coche era ridículamente alto y Hamid no me dirigió la palabra mientras comíamos las monótonas provisiones que habíamos llevado de Sidé. En el cuarto había una gran cama doble en la que ambos nos acostamos con la ropa puesta. Justo cuando me estaba durmiendo, Hamid me sacudió rudamente el hombro: 'Recuerda', dijo, 'no había ninguna piedra. Si no hubieras gritado de manera tan estúpida ‘Lo logramos', quizás habríamos seguido sin obstáculos. Ahora antes de que te duermas ora para que tu arrogancia y descuido encuentren perdón. De lo contrario nuestro viaje termina aquí.' Luego se dio vuelta y pronto comenzó a roncar sacudiendo la cama con la vibración.

Por la mañana el mecánico nos dijo que arreglar el coche llevaría un día ya que para repararlo necesitaban traer unos repuestos de una ciudad vecina y el vehículo que recogería los repuestos había ido a otra ciudad para una boda. Los que habían ido a la boda tenían que haber estado de regreso el día anterior, nos informaron, pero debió de haber -sido una gran fiesta, ya que nadie había regresado aún. Me senté a mirar a Hamid que había comenzado a hablarle a un grupo de gente reunida ante la puerta del garaje. No sabía de qué estaban hablando pero ya estaba acostumbrado al comportamiento de Hamid. No importaba en realidad de qué hablara mientras, hubiera alguien preparado para escuchar con un oído interior. Sus palabras trasmitían un significado más profundo que el que se percibía en la superficie. Si hablaba de frases de El Corán, o de los escritos de algún maestro sufi, cada uno de los que escuchaban sacaría del discurso lo que le era posible absorber, ni un gramo mas, ni un gramo menos. A veces lo había visto hablar de una frase en particular y luego me había dado cuenta de que toda la energía de la conversación había estado dirigida a una persona en particular que era la que escuchaba con una actitud justa.

Por mi parte todavía estaba sacudido por las experiencias del día anterior. Estaba amargado y enojado, pero también creía que no tenía sentido abandonar todo en este momento. Era necesario perseverar. Una vez, hacía bastante tiempo. Hamid me había dicho: Para transitar este camino necesitas dos piernas. Una es la de la predisposición, o de las posibilidades latentes en ti, y la otra es la pierna de la perseverancia. Si no cuentas con ambas es inútil.'

Era claro que si deseaba seguir adelante debía soltar todo el 'conocimiento’ que creía haber adquirido durante años. Estos tres días habían alterado completamente mi antigua aspiración de llegar a ser un maestro. Me había dado cuenta de que no sabía nada. Durante uno de nuestros primeros encuentros en Londres, Hamid me había dicho que cuando nos comprometemos verdaderamente en este camino nos es dado exactamente lo que necesitamos. Pero me preguntaba si realmente me era necesario todo lo que había vivido el día anterior. Con seguridad debían existir otros métodos para probar mi coraje que el viaje por las montanas; nada me iba a convencer de que no hubo una piedra en el camino. También me perturbaba que después de todo este tiempo, Hamid siguiera siendo un enigma para mí. No sabía nada de él. Era como si la situación se me hubiera escapado de las manos hacía tiempo y todo lo que estaba sucediendo fuera inevitable. No podía dejar de rumiar estas ideas. Una cosa era sentir la inevitabilidad de algo; y otra muy distinta abandonarse a lo que estaba sucediendo. Es fácil saber intelectualmente que es necesario presentarse ante el maestro con ambas manos, pero muy difícil suspender verdaderamente todo juicio.

A medida que la mañana avanzaba me fui calmando y tomé la determinación de tratar de confiar más. No tenía nada que hacer de modo que fui a dar un paseo por las colinas tras la villa. Al mediodía todo estaba tranquilo y calmo. Se había escuchado la llamada a plegaria, y la mayor parte de la villa estaba desierta. Mirando hacia abajo podía ver la plazoleta frente al garaje y el viejo coche aparcado a un lado del camino. El hotel estaba a la vuelta de la esquina, detrás de otros edificios. Algo en la visión que tenía de esa villa polvorienta y tranquila me hizo recordar una cosa que Hamid había dicho una vez acerca de la reversión del espacio.

Me había explicado que el hombre medio cree ser causa de algo, y por eso todo en él se inicia a partir de un ego central que se proyecta sobre la pantalla de la vida. Mientras vivamos en el espacio del ego central, puede haber cambios aparentes, pero no se produce un cambio real. Me era difícil comprender qué era un cambio real. Había dicho que no era cuestión de expansión de la conciencia sino de ir más allá de la conciencia. Y para ir más allá de la conciencia es necesario enfrentarse con la propia identidad. Es decir, dejar de lado todo concepto, toda idea, todo pensamiento acerca de lo que uno es. Es necesario morir a lo que crees ser, y nacer a lo que verdaderamente eres; esta es la herencia del alma.

Hamid también me había hablado de otra manera de ver la vida: permitirse ser visto. Había descrito una espiral en movimiento hacia un punto central. 'Lo que eres', dijo, ‘es la manifestación compuesta de un momento de tiempo. Esta espiral está continuamente moviéndose en dirección al centro, re-formándote a cada momento. Pero como tú crees ser causa de algo, el movimiento de la espiral se bloquea. Dios necesita al hombre, pero sólo puede atraerlo hacia Sí cuando el hombre reconoce verdaderamente que necesita a Dios’.

Luego me había enseñado un ejercicio para lo que llamó 'revertir el espacio', que consistía en sentarse muy quieto, con la atención enfocada en el centro del pecho, y lentamente admitir que en lugar de mirar se está siendo observado; en vez de escuchar se está siendo escuchado; en vez de tocar se está siendo tocado; en lugar de comer, uno es alimento para Dios y esta siendo comido. 'Entonces, transfórmate en un buen alimento', había dicho. 'Finalmente, admite ser respirado. Abandónate completamente, en confianza y en la conciencia de que eres impotente frente a Dios, la Causa Primera.'

Me quedé un rato sentado en la colina recordando los últimos días, y de pronto me di cuenta de que había dejado de es forzarme buscando y había empezado a prestar atención a la respuesta. Comprendí entonces que lo más importante en la búsqueda es formular la pregunta; que en lugar de alejar la respuesta yendo en su persecución, se debe preguntar y escuchar al mismo tiempo, con la fe y la confianza de que la respuesta está contenida en la pregunta. En ese momento supe que estaba siendo observado, que estaba siendo escuchado, que me estaba disolviendo y transformando en alimento para el gran proceso de transformación que tiene lugar en el universo. Ya no estaba centrado en ese sitio del que todo parte del 'pequeño yo', en cambio, ‘Yo’ se estaba formando en mí. Al mismo tiempo que estaba muriendo estaba naciendo, y los sentidos que usaba para oír, para ver, para gustar y tocar, eran los sentidos de un Ser abarcante, usados con un propósito que la mente humana no puede comprender. Era un vehículo a través del cual estaba naciendo algo de orden natural. No había necesidad de poner nada en cuestión ni de dudar, porque en ese momento había algo que estaba más allá aún de la confianza.

No recuerdo cuánto tiempo estuve sentado allí. Cuando por fin regresé a la villa me sentía en calma. Hamid obviamente sabía lo que estaba pasando y no me molestó más que para decirme que el coche estaría listo por la mañana y entonces proseguiríamos el camino. Su enojo parecía haber desaparecido y estaba charlando con el mecánico y otras personas que se habían reunido. Los extraños sonidos me trasmitían intensidad pero no significado de modo que mi mente se alejó en dirección a la mujer con la lana azul. Al imaginarla esperando en su cuarto en Sidé, sentada junto a la ventana, me pareció que por primera vez era capaz de verla. Permití que me viera, que me mirara y me traspasara con la mirada. Y lentamente comencé a comprender el dolor de toda mujer, de la tierra, esperando ser reconocida para por fin poder liberarse. Ya no la veía como una persona herida sino como un sacrificio viviente para recordar al mundo la responsabilidad que tenemos frente a la mujer, y frente a la mujer dentro de nosotros: el alma no reconocida que espera nacer a la libertad. Durante unos instantes ella se transformó en un espejo para mí, en el que pude ver el reflejo de la mujer en el interior de mi propio ser, y el daño que le hacía con cada momento de olvido.

Hamid interrumpió mi ensueño. Empecé a hablarle de mis pensamientos pero me tomó del brazo: 'Ahora has visto algo, y has probado el sabor de lo que vendrá. Algún día sabrás por qué lleva la lana azul, y entonces verás que la parte más ardiente de la llama, la llama azul, está en el centro del fuego’

'Mañana seguiremos viaje. Los planes han cambiado de modo que iremos a Efeso, a visitar a María. Si partimos temprano llegaremos en un día y tendremos tiempo de prepararnos antes de visitar su capilla.
A la mañana siguiente el coche estaba arreglado. Desayunamos con pan y café en el balcón del pequeño hotel.

‘Hoy comenzamos la etapa siguiente de nuestro viaje. Visitaremos el lugar donde la Virgen María fue a vivir después de la crucifixión. Hay allí una capilla. Por lo general les pido a los que vienen a trabajar conmigo que la visiten antes de venir. Pero en tu caso fue diferente. Tenía que saber si te recibirían los hombres que te envié a ver en Estambul y Ankara antes de pensar en las etapas siguientes para ti’. Me miró inquisitivamente. '¿Te resulta difícil comprender estas cosas?’.

Su pregunta me tomó desprevenido; pensé un instante. ‘No puedo decirte si es difícil o no', dije finalmente. ‘La idea de un viaje es nueva para mí. En Inglaterra ya no hacemos peregrinajes. Hay gente que visita Lourdes, pero es diferente. No visitamos sepulcros, este tipo de cosas se considera superstición. En realidad, antes de conocerte la misma idea de Dios no significaba mucho para mí’.

'¿Pero tú crees en Cristo, supongo?

‘En realidad, no sé. Creo que una vez existió un gran Maestro llamado Jesús, pero el Espíritu de Cristo parece haberse perdido. He anhelado llegar a conocer el Espíritu, quizás a esto se debe que haya iniciado este viaje.'

'Entonces, ¿a qué viene esta búsqueda de los derviches?' Hamid sonrió y me miró por encima do sus gafas. "Si lo que deseas encontrar es el Espíritu, que es Cristo, ¿qué te hizo atravesar la mitad del mundo para buscar derviches en Turquía?

'Bueno, creo que los derviches poseen un conocimiento oculto que me podría ayudar…’ Mientras lo estaba diciendo me di cuenta de no era cierto en absoluto. Me percaté de que nunca me había dedicado a considerar qué me llevaba a esta búsqueda. Parecía algo inevitable, pero las preguntas de Hamid me hicieron poner en cuestión si había verdadera necesidad de encontrarlos. ¿Qué estaba buscando yo en realidad?

'Déjame decirte algo acerca del significado interior de la Virgen María antes de que lleguemos a su capilla.’ Hamid parecía determinado a hacerme tomar conciencia de algo.

‘Antes que nada debes comprender que aunque parezca que te hablo de un evento histórico, todo lo que te diga está en ti y esta sucediendo en este momento
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