Título original: The last barrier






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Tienes que aprender a armonizar los tres mundos: el mundo del pensamiento, el del sentimiento y el mundo físico. Estudiar no es -¿como lo llaman ustedes? una tarea cerebral. Si estudias sólo con la cabeza, obtienes conceptos de la verdad. Si estudias con el mundo del sentimiento, terminas dando vueltas en perpetuo estado de aleluya, con grandes sentimientos pero sin dirección. Si sólo haces ejercicios físicos para entrenar el cuerpo, puedes terminar tan pegado a la tierra que nunca tendrás aspiraciones de algo más elevado. Es necesario un equilibrio.

Lo interrumpí para preguntarle: '¿Qué quiere decir que el conocimiento es dado y no adquirido?’

'Cuidado, Esa es una pregunta de la mente. No es una pregunta verdadera. Si estuvieras escuchando debidamente, ni se te hubiera ocurrido esa pregunta. Todavía crees que eres capaz de hacer. No has aprendido nada aún. Te he dicho que escuches, que dejas entrar lo que te digo, y no que empieces a buscar explicaciones con tu mente discursiva. Estudiarás escuchando. Si no deseas escuchar, entonces vete; regresa cuando estés dispuesto. Tengo demasiadas cosas que hacer y no me gusta perder tiempo. Derrochar es un pecado. Pecado es falta de conocimiento; de modo que si deseas comprender debes escuchar.'

Desconcertado por la severidad de la respuesta, me di cuenta de que había formulado la primera pregunta que había surgido en mi mente, simplemente para que dejara de hablar un momento, para darle a mi mente racional la oportunidad de incorporar lo que estaba diciendo. No había considerado la pregunta.

'Perdóname por favor’, dije. 'No quise interrumpirte. Sólo deseaba comprender. Sigue, por favor. Haré todo lo que pueda por escuchar.'

'Siento haberte hablado rudamente', dijo. 'Sólo es tu segundo día en Sidé, y estás agotado por el viaje. Pero debes recordar que aquí es diferente que en Londres. Allá dábamos vueltas el uno alrededor del otro, tratando de conocernos, tratando de decidir si íbamos a seguir andando juntos. Luego te fue ofrecida la oportunidad de venir, y aceptarte. Ahora estás en mi casa y cada instante cuenta. Quisiera que estés aquí el menor tiempo posible; no debemos derrochar tiempo. Quiero trasmitirte parte del conocimiento que he recibido para que puedas a tu vez trasmitirte a otros.' Hizo una pausa. 'La devoción a Dios es estudiar a Dios en todos sus aspectos, comprenderlo es conocer todo lo posible acerca de El, servir a Dios es enseñar a otros lo que de El sabes. Por ahora, confía y aprende. Estudia. Y estudia más.'

'¿Hay algún libro para leer?’ pregunte.

'Por cierto que no', contestó. ‘Durante años has leído, ¿y a donde te condujo la lectura? Tu cabeza está llena de ideas y conceptos, lo que añoras es la experiencia que otros han tenido en el camino. Antes de comprender tu verdadera naturaleza, todas esas ideas y conceptos deben disolverse. Nada de libros -el único libro es el manuscrito de la naturaleza, la lección es la vida misma. ¡Vive apasionadamente! ¿Acaso alguien dijo que este camino es tan serio que no hay en él lugar para la alegría? Este sendero es la aventura más excitante que existe, y debería ser vivida con alegría. El gozo da origen al conocimiento: el conocimiento de que Dios es perfecto e incomparable. ¿Recuerdas que una vez te pregunté por qué eras vegetariano, y te dije que yo como carne porque sé que Dios es perfecto? Me sonrió. Había un brillo en sus ojos. Yo también sonreí.

Yo conocía el tipo de pensamientos y preguntas que se formulaban en tu mente, pero nunca te pedí que cambiaras tu manera de pensar. Siempre comimos juntos los alimentos que tú considerabas correctos. Pero ahora ha llegando el momento de que empieces a comprender. Sólo existe Un Ser Absoluto del cual todo surge; no podemos separar nada de El. Todo en este universo es perfecto y está en debido orden. Que los animales nos sean dados como alimento para que podamos vivir, es parte del juego de la vida. Es parte del proceso de redención’ La redención sólo puede tener lugar a través de la humanidad. El proceso es alquímico; somos meros trasmutadores de energías sutiles. Un gran maestro. Mesana Jelalu'd din Rumí, dijo: ''Muriendo como mineral me transformé en planta; muero como planta para transformarme en animal; muero como animal para transformarme en hombre. Moriré como hombre y surgiré en forma angélica. ¿Por qué entonces sentiré temor a la muerte?" ¿Quién es el que teme morir? ¿Qué "yo" es el que dice "temo a la muerte"? Medita sobre estas cosas hoy.

Dentro de ti está todo lo que ha sido y todo lo que alguna vez será, todo el pasado, y todos los reinos de la naturaleza. ¿Crees que el mundo animal es diferente? Observa al animal.

Come hierba, una hierba que ha ingerido todos los minerales de la tierra, los rayos del sol y otras energías del cosmos. De modo que al comer hierba el animal absorbe, al mismo tiempo que el reino vegetal, el reino mineral. Sólo existe Un Ser Absoluto. Esto significa que debemos responsabilizarnos por el modo en que respiramos. Recuerda esto, y recuerda que, comas carne o no, cada vez que inhalas estás absorbiendo elementos del mundo animal. Al inspirar ahora estás tomando parte del aire que yo he exhalado; cuando eras vegetariano inhalabas elementos de la carne que yo había comido, procesada en mí. ¿Eras consciente de ello?

‘Como te dije esta mañana, el secreto de la vida es la respiración. Usando la respiración de manera correcta, todo se puede transformar, y es nuestro deber de nacimiento llegar a ser transformadores conscientes.

Te contaré una historia. Una vez me visitó una joven que había viajado mucho por la India. Durante un año entero sólo se había alimentado de naranjas. Es cierto, sólo naranjas. Esta mujer era muy fuerte, podía cargar un peso enorme sobre sus espaldas. Según la lógica debería haber estado débil, pero en realidad era más sana que la mayoría. Vino a verme porque le habían dicho que yo podía presentarle a ciertas personas de Medio Oriente. La invité a almorzar sin conocer sus hábitos alimenticios. Si bien. fue amable, estaba horrorizada de lo que comíamos. Éramos catorce personas a la mesa, yo había preparado pato al horno con una salsa de curacao y Grand Marnier. Alguien había traído vino clarete y al finalizar el almuerzo bebimos champagne con un sufleé de limón. Ella se disculpó, dijo que seguía una dieta, sacó las naranjas de su bolso y las comió muy lentamente. Lo más admirable fue que debido al horror que le producían nuestros hábitos alimenticios no fue capaz de escuchar lo que se hablaba. En el curso de la conversación yo le había dado al grupo dos nombres y domicilios de personas que ella buscaba conocer. Ella no oyó porque estaba atrapada por la idea de cómo debía ser un guía espiritual, de qué debía alimentarse, etc. Se fue muy desilusionada y hasta enojada con nosotros.

‘E1 secreto de la historia es este: ella había tenido en la India un maestro con el que había estudiado mucho tiempo. Era un asceta y le enseñó la dieta que ella seguía, pero más importantes que la dieta eran las prácticas respiratorias que le enseñaba. Al usar la respiración de manera correcta ella era capaz de absorber todo lo necesario. Ella no sabía que estaba inhalando todo lo necesario de los diferentes reinos ..."Muriendo como mineral me transformo en planta..." ¿Comprendes?'

Esperó en silencio. Abrí la boca para hacer otra pregunta pero me detuve atemorizado.

‘La pregunta que estás a punto de hacer proviene del corazón, haré todo lo que pueda por responderla.'

‘Si es posible absorber todo lo necesario comiendo naranjas y respirando correctamente, quiero saber por qué comes carne’

La pregunta pareció causarle mucha gracia porque se revolcó de risa, su cuerpo se sacudía y rió hasta que le salieron lágrimas de los ojos.

‘Oh, los occidentales', dijo. '¿por qué no pueden comprender? Como carne porque me gusta la carne.'

La reunión había terminado. Sin una palabra más, salió del cuarto y desapareció en otra habitación más pequeña que estaba separada de donde habíamos estado sentados por un tapiz que ocultaba una puerta. Esperé un momento, y luego crucé el patio en dirección a mi cuarto. Había decidido pasar la tarde en la playa. Me encontraría con Hamid al atardecer en el anfiteatro griego, de modo que tenía tiempo suficiente para descansar y tratar de asimilar lo que se me había dicho.

Tantas cosas habían pasado desde mi llegada dos noches antes que casi me había olvidado de la bella mujer que había conocido durante la primera cena. Y allí estaba, saliendo de su cuarto. Tenía las manos frente a sí, igual que la noche anterior, con el ovillo de lana azul enmarañado y atado en ellas. Me sentí incómodo por entrometerme en su mundo y al mismo tiempo me asaltó una tristeza abrumadora. Ella caminó hacia mí, sin mirarme directamente, la cabeza levemente inclinada, con las manos y dedos apuntando hacia mi pecho. Había tanta determinación en su andar que retrocedí lleno de temor. Sentí que trataba de poseerme y sin embargo no podía apartar mi mirada de sus manos dirigidas hacia mí. Tenía las palmas unidas como en un gesto de plegaria, y la lana azul colgaba enredada hasta su cintura.

Cuando llegó a corta distancia levantó los ojos y me miró. Tratando de no apartar mi mirada de la suya, extendí las manos y cuidadosamente tomé la lana. Cuando sacaba los últimos hilos, sonrió mirando sus manos como si las viera por primera vez. La masa de lana se arrastraba por el suelo. Me incliné a levantarla,-y mientras lo hacía ella comenzó a gritar y siguió gritando, un grito de dolor. Cayó de rodillas y aferró nuevamente la lana en sus manos.

Me agaché para ayudarla y apareció Hamid cruzando rápidamente el patio. Me empujó a un lado, se inclinó y puso sus manos alrededor de las de ella. Inmediatamente ella dejó de gritar y levantó hacia él la mirada, una mirada de niña. Hamid la tomó de las manos y la ayudó a incorporarse, indicándome que recogiera la lana. Yo extendí el ovillo hacia ella, pero él tomó la lana, la dobló, la besó, y se la entregó. Luego rodeó a la mujer con los brazos y la llevó hacia la casa.

Los seguí lentamente a través del patio y subí a mi cuarto. ¿Quién sería esa joven? No la había oído hablar, quizás era muda. La compasión con que Hamid la trataba, la extraordinaria gentileza con que la condujo hacia la casa, me hizo pensar que quizás fuera su hija. Pero no era momento de preguntas y me estaba dando cuenta de que era mejor no indagar en cosas que no me concernían directamente.

Habían sucedido muchas cosas desde mi llegada a Sidé y estaba seguro de no comprender ni una fracción de lo que me había sido dado. Traté de recordar si, durante las charlas en Londres, Hamid había mencionado alguno de los temas que tratamos esta mañana. Mi mente se iluminó con una frase que le escuché decir en una cena en Londres: ‘E1 hombre es, un transformador de energías sutiles. Nuestro "Trabajo" en esta tierra es el arte de llevar a la dimensión el punto sin dimensión, para el mantenimiento recíproco del planeta…’

No podía recordar el contexto en que la frase había sido dicha, pero quedó grabada en mi mente. Aquella noche salí de su apartamento preguntándome qué seria el "punto sin dimensión", y qué era el "Trabajo".

Hacia el atardecer, caminaba por la playa hacia el sitio donde debía encontrarme con Hamid para contemplar la caída del sol. Todo estaba desierto; a excepción de tres pescadores que remendaban sus redes en el café, estaba solo. No había vuelto a ver a Hamid desde la mañana y del cuarto de abajo no había salido ningún sonido. Seguramente la joven estaba todavía con él.

Esperé largo rato en las rocas, pero nadie acudió. Oscureció, y finalmente decidí regresar a la casa a ver qué había ocurrido. Había luz en las ventanas y en la cocina se oía el mover de platos. Golpee y entré. No me dio explicaciones de por qué no había ido al encuentro, y yo no pregunté. Me indicó que me sentara y me ofreció un bol de aceitunas negras, un poco de queso blanco y un vaso de vino. 'Come', dijo. ‘La cena tardará un poco todavía.' Lo observé mientras cortaba las verduras, notando la intensidad de cada uno de sus movimientos. Igual que en Londres, no hablaba mientras guisaba. Decía que era una acción sagrada que requería toda la atención y el mayor respeto. 'Agradece todo lo que te da vida', decía, 'y transfórmate en un buen alimento para Dios.'

Comí algunas aceitunas. Eran extraordinarias, muy diferentes a otras que había probado, y me pregunté dónde las conseguía. Cuando terminó de preparar la comida, le pregunté por las aceitunas. ‘Ah’ dijo, ‘preparar aceitunas como éstas requiere un proceso muy especial.’ Se sentó conmigo y le serví vino. 'Brindemos por las aceitunas’, dijo. 'porque han pasado por un largo proceso para llegar a ser tan deliciosa’ Entonces empezó a reír con fuertes carcajadas que sacudían la mesa al ritmo del movimiento de su abdomen. 'Comiste las mismas aceitunas muchas veces en Londres', dijo. ‘¿por qué no las notaste entonces? Claro que si las hubieras notado, quizás no habrías hecho un viaje tan largo para preguntar por ellas.

'Para preparar estas aceitunas primero es necesario conseguir las de mejor calidad. Luego se lavan cuidadosamente varias veces para eliminar toda la sal. ¿Comprendes?' Asentí, tratando de registrar todo en la mente para poder prepararlas luego. Tomas un frasco bien limpio –perfectamente limpio-, pones en él las aceitunas lavadas y viertes sobre ellas agua hirviendo. Las aceitunas se hincharán. Las dejarás con el agua hasta que se expandan, pero no demasiado tiempo, porque se les quebraría la piel. Luego sacas el agua y agregas al frasco rodajas de limón y menta fresca. Finalmente llenas el frasco con aceite de oliva de primera presión, el más puro que encuentres, que es esencia de aceitunas. Tapas el frasco herméticamente y lo dejas reposar durante cuarenta días y cuarenta noches. Entonces estarán perfectas. De todos modos son buenas después de siete días.'

Y, al verme tratando de memorizar el proceso, estalló en risa nuevamente. 'Vamos’, dijo. 'pongamos la mesa y cenemos. Las aceitunas pueden esperar hasta mañana.'

Nos quedamos charlando hasta bien entrada la noche. No quiso discutir los eventos ocurridos en el día, y frente a mis preguntas, decía: ‘Eso es otra cuestión’, o ‘Todavía no es tiempo de hablar de estas cosas’. Me contó bellas historias de los derviches de Turquía y Persia. ‘Quizás puedas llegar a conocer a alguno', dijo, 'pero no es necesario que salgas a buscarlo. Si tu intención es limpia, alguien vendrá por ti. Eso sí, mantente despierto, o te pasará inadvertido.'

Antes de separarnos esa noche, dijo que debíamos orar. Traté de explicarle que yo no comprendía la oración, que no veía el sentido ni el propósito de la plegaria. 'Entonces tu plegaria será para poder llegar a comprender’, dijo no sin impaciencia. ‘En nuestro camino la devoción es necesaria’ Tu problema es que no crees en Dios. Todavía piensas que puedes hacer. Si supieras lo que yo sé, entonces orarías, pero la plegaria de la que te hablo está más allá de las formas. ¿Dónde están tu amor y tu gratitud? ¿Cuántas veces al día recuerdas agradecer? Dependemos completamente de Dios y es a El a quien debemos agradecer. Mientras no sientas gratitud estarás separado de Dios. Has olvidado la plegaria porque has olvidado tu dependencia de El; la plegaria se ha tornado una mera repetición de palabras. Eso no es plegaria. Yo hablo de la plegaria del corazón, un estado en que la vida misma se hace plegaria. Deberías alabarlo al levantarte por la mañana y, antes de dormirte, deberías agradecer todo lo que te ha sido dado. Puede aparecer como una espina que pisas, para despertarte. Puede aparecer como suave viento, o como lluvia. Se presente como se presente, traiga lo que traiga, es necesario agradecer y reconocer a Dios en cada aparición; alabanza y gratitud son las dos manos de la plegaria.'

Guardo silencio durante un momento. ‘Un gran sufi dijo una vez: 'Haz de Dios una realidad y El hará de ti la verdad." Comienza ya, esta misma noche, a tratar de comprender el significado de esto. ¿No deseas ver a Dios cara a cara?'

Sintiéndome rechazado y avergonzado, comencé, muy lentamente al principio, a dar gracias. Fue como si las palabras estuvieran esperando ser emitidas, porque tomaron un ritmo propio.

Y hubo respuesta de la gratitud surgió una alegría que limpió las tensiones y las dudas. La respuesta fue tan inmediata que por un momento dudé y abrí los ojos. Hamid estaba aún allí, sentado frente a mí. Volví a cerrar los ojos y nuevamente sentí mi corazón aliviado.

Nos quedamos sentados en silencio un tiempo. Cuando finalmente me levanté para retirarme a mi cuarto, Hamid me sonrió como desde una gran distancia. No fueron necesarias más palabras esa noche.


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