Título original: The last barrier






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Epílogo
La razón es impotente ante el Amor. Sólo el amor es capaz de revelar la verdad del Amor y del Amante. El camino de nuestros profetas es el camino de la Verdad. Si deseas vivir, muere en Amor; muere en Amor si deseas permanecer vivo.
Mevlana Jelalu'ddin Rumi
Cuando haya renunciado al mundo de modo que ya no lo tenga en cuenta para sus propios deseos ni conforme a los impulsos de su propio yo, sino sólo para cumplir los mandamientos de Dios, entonces se le encomendará hablar al mundo y establecer contacto con él porque ahora hay una porción para él en el mundo que no puede ser descartada y que no ha sido creada para ningún otro.

Abdu Qadir Gilani
Hamid me indicó que me sentara bajo un olivo, junto al lecho de un río seco que llegaba hasta el mar. Había hecho mucho calor todo el día, habíamos pasado la mañana sentados en el patio antes de bajar a la playa. Ahora la brisa del atardecer arremolinaba hojas secas, y movía el polvo marrón formando espirales alrededor de mis pies. Las cigarras emitían un sonido continuo que me hizo recordar las colinas sobre Efeso. Podía sentir el lugar en que el mar lavaba la ensenada en el codo del lecho del río. Allí estaba ella ahora, tendida al sol con los otros. Hamid y yo habíamos caminado hasta allí desde la playa para pasar nuestro último tiempo juntos en soledad antes de mi regreso a Londres. Habíamos hablado poco, gozando de los secos sonidos del atardecer. Finalmente se dirigió a mí.

Todavía hay algo más que quiero trasmitirte', dijo. 'En cierto sentido es lo más importante, pero si no supieras ya algo de lo que voy a hablarte, entonces no podrías escuchar lo que tengo que comunicarte’

De pronto sus modales cambiaron; nuevamente era el maestro y yo el discípulo. 'Siéntate erguido', me ordenó. 'Tu espalda debe estar erguida para que la energía pueda fluir libremente. Si la energía no fluye, tu comprensión será parcial. Las palabras por sí mismas sólo son velos de la verdad. Si no estás despierto, otra vez te habrás separado. La comprensión no proviene de los sentidos; la comprensión viene por sí misma. Es el desborde del conocimiento que se produce en un acto de gracia para el cual debemos preparamos.

"Hoy vamos a ir juntos al encuentro del Hombre Perfecto, el Maestro que ha llegado a amar a Dios de manera tan perfecta que los atributos de Dios pasan a través de él hacia el mundo, revelándose. Hasta aquí, en nuestras charlas y prácticas, sólo nos ocupamos del trabajo necesario sobre sí mismo y para prepararse para este viaje. Hoy tendrás un sabor del trabajo a realizar.

‘Permanece muy quieto, con la espalda erguida, respira tranquilo. Elige la calidad más fina del aire del espacio que te rodea. Inhala profundamente, retén el aire un momento y deja que se irradie desde el centro como luz. Ahora cierra los ojos y retira tus sentidos del mundo exterior.

‘La iniciación que vas a recibir es peligrosa. Hay muchos obstáculos en el camino y debes confiar en mí absolutamente. Si no confías, si pierdes valor, no podré ayudarte y ambos podemos fracasar y no llegar a destino. Es extremadamente importante que escuches mis palabras y hagas lo que te digo de manera inmediata. No vaciles, y recuerda: ¡confía!'

¿Cuántas veces me había dicho lo mismo? Una vez creí que sabía qué era confiar, pero luego comenzaron las pruebas y supe una y otra vez lo que significaba fracasar, no saber confiar. Se necesita tanta entrega, y tanto valor para ser capaz de confiar absolutamente...

'Quiero que imagines que estás caminando por un sendero en un valle; frente a ti hay una montaña. Cerca de la cima, sentado fuera de una cueva, el Hombre Perfecto te espera. Estás ascendiendo por el sendero, en cada paso eres consciente de la tierra que estás pisando. La tierra está caliente; quítate los zapatos para poder sentirla con más facilidad. Presta atención al pasto a cada lado... ¿puedes ver las mariposas que se alimentan del néctar de flores silvestres? ¿Puedes oír los insectos? Observa atentamente: ¿qué notas mientras caminas? Ahora ves que el sendero comienza a adentrarse en la montaña. Es un sendero empinado, pero debes abandonar el valle y empezar a trepar.’

Percibí el cambio que se producía al dejar atrás el valle. El sentimiento era diferente. Todo a mi alrededor había pinos apuntando al cielo, cada uno tratando de alcanzar la luz. Estaba oscuro en el bosque, el sol no atravesaba la espesura de los árboles. La canción del viento entre las ramas era el único sonido audible. Durante un momento sentí temor, y entonces escuché la voz de Hamid nuevamente.

'Sigue caminando, tienes que andar un largo camino. No te des vuelta ahora.'

Avancé por el sendero. Después de un trecho escuché un sonido de agua a mi izquierda. Giré en esa dirección y llegué a una serie de cascadas sobre enormes piedras grises. Al fondo se formaba una profunda corriente de agua que giraba en espiral atrayendo todo hacia sí y proyectándolo luego en brillantes corrientes que rodaban dentro y fuera de las rocas, formando más remolinos. Me senté y descansé un momento, observando y escuchando. ¡De pronto me di cuenta de que el agua estaba viva! Cada burbuja de la espuma liberaba una forma sutil al estallar, cada corriente y cada remolino clamaba; '¡Mira. ¿ves quién soy? ¿Escuchas mi voz?!’ Percibí que el agua me estaba observando. No era yo el que la miraba sino que al saber que podía verme yo reconocía lo que era y lo que estaba diciendo. Me pregunté cómo había podido pasar mi vida mirando los elementos sin permitirme ser visto, sin revertir el espacio.

Hamid habló nuevamente. 'Cuidado. Lo que ves puede desviarte, porque querrá absorberte. Lo que has visto te permite comprender y quizás puede darte poder sobre ciertos aspectos de la energía. Eso es todo. Ahora respira profundamente; siente cómo te purifica el elemento agua. Déjate purificar, y sigamos adelante.'

Mi mente volvió a la playa. El sonido de las olas me hizo pensar en el surf de la bahía. Ella está allí ahora, tendida al sol con sus amigos, su piel color arana. O quizás está nadando, lejos en las rocas.

Me puse de pie y seguí caminando. El aire se hacía más liviano y pude ver parches de luz solar entre los árboles que iluminaban el sendero. Ahora había menos árboles; pronto llegaría más alto que el nivel de los pinos, a la pared rocosa.

'Bien. Has visto el sol a través de los árboles y reluciendo en el agua. Ahora quiero que sientas el sol en tu pecho al dejar atrás los árboles. Siente el sol como si fuera la primera vez en tu vida, o la última. Es el sol de las primeras horas de la mañana y calienta cada parte de tu cuerpo, expandiéndose desde el centro de tu pecho hacia las venas, por tus brazos, por tus piernas y sube por la espalda hasta la cabeza de modo que calienta todo tu cuerpo. Este es el elemento fuego que quema los desechos para dejar sólo luz pura. Siente cómo te purifica el fuego del sol.’

Me relajé en la calidez de la luz solar y me di cuenta de que también tenía conciencia, y una voz que podía ser oída. Era una voz diferente de la de la tierra y el agua, pero también me hablaba y me atraía hacia sí. En ese momento escuché sonidos, voces que me llamaban: "¿Por qué seguir?" ¿Qué más quieres lograr" "Nos reuniremos nuevamente".

Sentí todo mi cuerpo brillar y me invadió un anhelo que jamás había conocido antes, como si se hubiera despertado una gran fuerza que me atraía hacia sí. Hamid tironeó de mi manga. '¡Despierta! Vuelve. No es esto lo que viniste a buscar. Te han sido mostrados los elementos sólo para que pudieras reconocerlos y tuvieras cierto poder sobre estos aspectos del mundo natural y de ti mismo.

Toma mi mano ahora, porque es necesario seguir avanzando/ Nos movimos juntos. En la distancia las voces seguían llamándome, pero su atracción se disipó en la medida en que regresaba mi confianza.

'Estamos llegando al último de los elementos, el aire. Debes tener cuidado, porque es el más poderoso. En las antiguas culturas su fuerza era reverenciada como un dios, con sus propias leyes de iniciación. Te enfrentarás ahora a una prueba, pero yo estaré aquí para guiarte. Recuerda que si confías estarás bien.

Imagina ahora que eres un águila, posada sobre una roca. Anda, ve hacia allí. Ahora deja que tus miembros se alivianen como el águila desplegando y sacudiendo sus plumas en el aire mañanero. Extiende tus brazos un poco para sentir el viento entre ellos y tu cuerpo y separa un poco las piernas. Respira. Inspira como nunca antes lo has hecho. ¡Déjate respirar! ¡Deja que el viento te respire! Siente el viento soplar en tu cuerpo, entre los músculos y las fibras, en tus venas, en cada átomo...'

Permití que mi cuerpo se relajara y traté de imaginar qué sentiría un águila posada sobre una roca. Tuve una sensación de poder, ¡quizás podría planear en el viento! Sentí el aire penetrarme, separando átomos de moléculas, atravesando músculos y fibras. ¡Ya no respiraba, era respirado! Al mismo tiempo sentí una oleada de vértigo y mareo y me di cuenta de que algo estaba tratando de arrancarme de la montaña. Luché para permanecer alerta, pero no podía evitarlo: me estaba deslizando en un profundo sueno. Podía oír la voz de Hamid a gran distancia, pero sus palabras se alejaban llevadas por el sonido del aire que corría a través de mí. Era tan fácil dejarse ir, entregarse al viento. Tan fácil y tan bueno. Siempre había querido volar en él espacio lejos de la tierra y del mar, planear cada vez mas alto con el viento. No había necesidad de continuar...

En ese momento me estremeció un confuso griterío, muchas voces al mismo tiempo y alguien que me sacudía: ‘No debes dormirte. Debes permanecer despierto. ¡Despierta! ¡Despierta! El viento está tratando de arrancarte de la roca. No habrás llegado tan lejos para quedarte dormido Justo ahora. ¡Despierta!

Con cada átomo de la fuerza que me quedaba luché por despertar. El viento todavía rugía a través de mí, pero poco a poco pude nuevamente ver lo que me rodeaba. 'Confía, aférrate a todo lo que tienes. Muéstrale a este elemento que lo reconoces y que algún día serás su amo. Entonces el viento será tu amigo.'

Bajé de la roca, hacia el sendero. "Has dejado atrás los elementos, de aquí en más debes seguir solo. Delante de ti, sobre la roca, está el que buscas conocer, has hecho este viaje para tener este encuentro.’

¡Casi me había olvidado! El Maestro estaba allí, el representante de la Verdad en la tierra. ¿Pero qué era ahora esa verdad? Nada había más hermoso, más poderoso que los elementos del aire y el fuego, las fuerzas del agua y la tierra. 'Sigue, sigue. Yo ya he estado allí; ahora mi trabajo es guiar a otros que han sido preparados como tú lo has sido. Avanza con conciencia y humildad. El te está esperando. Cuando lo encuentres, te sentarás frente a él. Yo estaré aquí, pero cuando llegues a él oirás mi voz dándote instrucciones. Haz lo que te digo y no temas.'

Entonces se detuvo y yo seguí solo. La última parte de la ascensión era empinada y difícil, sentí temor; no temor de morir, ni tampoco temor a fracasar, sino el miedo a lo que está más allá de los fenómenos, más allá del tiempo y el espacio.

Subí rodeando la roca. Mi pie resbaló y con las manos me elevé los últimos tramos. El ruido de mis pies sobre la roca era el único sonido audible. Tenía la boca seca. Del otro lado de la roca había una estrecha garganta que debía escalar.

Traté de estar despierto en cada átomo de mi ser, porque sabía que él estaba allí. Usando las manos y los brazos me fui elevando sobre la empinada superficie rocosa.

¡Sentí su presencia! Por un momento tuve tanto temor que no pude avanzar ni mirarlo. Pero escuché la voz de Hamid. 'Sigue. Haz lo que te dije. Siéntate a corta distancia frente a él. Todo está bien.'

Me senté y durante un largo tiempo no pude levantar mi mirada. Me corrían lágrimas por el rostro, no de amargura ni pesar sino de absoluta felicidad y gratitud. Levanté la mirada. Me pareció ver un rostro que era muchos rostros; todo giraba a su alrededor, pero el rostro mismo estaba inmóvil. Su sonrisa disipó mi temor; sólo había ese momento en que estaba contenido todo lo que fue, y todo lo que será.

'Siente el amor perfecto que emana hacia ti de Nuestro Maestro, el amor que rompe toda ilusión, el amor incondicional, que calma y redime. Sólo existe el Maestro y tú y el Amor Absoluto manifestado por él para llenar cada parte tuya.'

Sentí que mi corazón se abría a sus palabras. Nunca antes me había dado cuenta de que el amor tenía un sonido, pero ahora el sonido del amor me traspasaba. No se parecía a ningún otro sonido y sin embargo los contenía a todos. Nada quedaba en pie ante su poder; cada parte de mi ser vibraba, resonaba con ese sonido que giraba surgiendo del centro. Todo era sonido, girando en círculos, moviendo los planetas en sus órbitas, impregnando cada átomo y cada molécula. Lo que yo había creído ser, murió allí, fue absorbido en él, fue redimido por él, de regreso a la fuente de vida.

Luego oí nuevamente la voz de Hamid. Pase lo que pase, no te duermas. Debes estar más despierto que nunca. Se te ha permitido sentir la presencia eterna del amor. Siente ahora la luz de Dios que emana hacia ti desde el Maestro.'

Lentamente el sonido amainó y comencé a sentir el brillo de pura luz que emanaba de el hacia mí, penetrando todo mi ser, creciendo en intensidad. Primero eran colores, miriadas de colores brillantes dentro de esa luz única, como luciérnagas en el océano. Cada una volando hacía mí, estallando en luz dentro de mí, cegándome. Era tan bello que quedé cautivado.

'¡No apartes tu rostro!' fue la orden. Al oír esas palabras los colores se intensificaron y luego, de los muchos colores emergió un matiz perfecto de azul que iluminó todo. Era como si se hubiera transformado en el instrumento de una luz azul tan intensa que anulaba el resto de los colores. Desapareció el dorado del sol y los amarillos y rosados del amanecer, los rojos, guindas y verdes. Sólo el azul infinito.

Recordé las palabras, "No apartes el rostro", y no sé de dónde surgió el pensamiento de que si uno tuviera suficiente valor y estuviera preparado para morir en vida, desde la belleza de los colores surgiría la pura luz blanca, la luz que hace visibles los colores. Había viajado mucho tiempo y ahora sentía que podía aceptar esa luz. No deseaba ninguna otra cosa.

Desde el momento en que acepté o reconocí ese anhelo comenzó a producirse un cambio. Primero comenzaron a relucir en la luz azul unas franjas plateadas que centelleaban con un brillo tremendo, y luego, desde dentro del azul, surgió una blancura cegadora. Parecía venir desde el centro de la vida. Era una luz más brillante que la luz, anterior a toda luz que se haya visto en este mundo. Me entregué a ella, me abrí a ella, dejé que tomara hasta el último vestigio de mi pasado, purificándome, hasta que no quedó nada de mí.

La voz de Hamid llegó desde muy lejos: Para que algo se manifieste en este mundo es necesario que el Poder Divino desgarre el velo que nos separa del mundo real. Deja que ese poder te llene.'

Yo estaba muy quieto, esperando, entorpecido por todo lo que estaba sucediéndome. Luego, aparentemente lejos al principio, escuché el retumbar como de un trueno en las distantes colinas. El trueno se transformó en bramido y me llevé las manos a los oídos para apartar el sonido. Me di cuenta entonces de que el sonido también estaba dentro de mí y que no podía hacer nada para escapar de él. Quería silencio más que nada en el mundo. Miré al Maestro, rogando, pero estaba completamente inmóvil e imperturbable; el poder del sonido simplemente me atravesó. Llegó un momento en que sentí que ya no podría tolerarlo más y entonces, a través del bramido llegó la voz de Hamid, firme y calma, que nuevamente me decía: ‘No temas. Pocas personas tienen esta oportunidad. Sólo tienes que entregarte al poder del que todas las cosas surgen y estarás a salvo.'

Nuevamente me abrí, soltando toda resistencia. Desde el sonido creció una visión de mundos naciendo, de sistemas galácticos naciendo a la vida, de luz cristalizando en formas, y escuché una voz que me decía: ‘Conoce y comprende. Por cada verdadero acto de entrega que un hombre realiza, nace un sistema galáctico, y siempre que un ser humano encuentra su verdadero Ser, un universo entero ve la luz. Ahora que has visto y has sido visto puedes sentir la paz que nunca antes conociste.’
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