Veinte días en el mundo de los muertos






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tan con ofrendas de frutas, granos y flores; mientras que otros piden sangre y hasta sangre humana. Ahora quiero decirte algo que es desconocido por casi todos los que no han tenido una educación espiritual. Los elementales y los elementarios son hijos del mismo hombre que los creó. Un pensamiento de energía y concentración fenomenales, sea de bendición o de maldición, convoca a la existencia a un elemental, que será como un instru­mento de descarga para provocar el bien o el mal, respec­tivamente, según las intenciones de su creador. Estos elementa­les son los demonios de las religiones. En el mundo físico, el pensamiento del arquitecto crea un edificio. El hombre santo crea un ángel, y el malvado genera un demonio con las correspondien­tes formas, como has visto anteriormente. Los sentimientos raciales, patrióticos, religiosos, etc. se convierten en formas mentales o elementales que a su vez generan en el hombre sen­timientos racistas y nacionalistas, propulsores de prejuicios. De esta manera, separa al mundo en naciones, amparados en posturas llamadas patrióticas, nacionalistas y racistas. Los hom­bres actúan como marionetas y reproducen automáticamente los pensamientos que les llegan; así es como se forman las naciones, los partidos políticos y demás organizaciones. Esto es lo que se llama la conciencia colectiva. Mira hacia allá: ¿Qué te inspira?

—¡Qué horror! Estoy viendo una guerra.

—Pues sí. Es el pensamiento de un solo hombre que piensa en conquistar el mundo, pero, en cambio, mira hacia acá.

—Veo una guerra de pensamientos o, mejor dicho, de las formas de los pensamientos.

—Efectivamente, y las formas de color celeste están triunfan­do, pues aquí hay también guerras como en el mundo físico o, más precisamente, aquí comienzan las guerras y los crímenes que se manifiestan después en el mundo físico. Por lo tanto, todo comienza por el sentimiento, se madura en el pensamiento y se manifiesta por el acto físico. Pero ahora mira a ese hombre: ¿Qué ves en él?

—Veo salir ganchos largos que se clavan en una caja fuerte.

—Pues bien. Este es un egoísta cuya codicia le induce a robar la fortuna de su hermano. Mira cómo su pensamiento se mueve en curva cerrada, de modo que se vuelve y se descarga en su propio nivel. Contempla ahora el sentimiento de esta madre.

—Su pensamiento va en curva abierta y no vuelve hacia sí; penetra en lo infinito, pero... ¡qué raro!... se convirtió en un canal

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inmenso por donde fluye algo superior hacia lo inferior.

—Así es. Es el caso de alguien que cree en una oración que ha escuchada. Al respecto debes tener en cuenta lo siguiente. En lo Superior existe una fuente infinita de Fuerza, lista para fluir en cuanto se le proporciona un canal. Este canal es el pensamiento de devoción altruista. Su respuesta es siempre el descenso de la gracia divina. Esta gracia fortalece y diviniza al' constructor del canal. Fluye en su derredor una poderosa influencia para ayudar a la humanidad. Así se forman los santos y bienaven­turados de todas las religiones. Ahora mira cómo este santo en meditación está conectado con una línea de luz que termina en una flor radiante. Ese fue el origen de la costumbre de adornar los altares y ofrendar flores, en los cultos religiosos.

—¿Qué significa ese color amarillo que emana de la cabeza de ese hombre?— pregunté.

—Ese es el deseo de saber; en cambio, el color pardo oscuro, que tiene aquel otro, indica que siente celos rencorosos. Así mis­mo, mira el fruto del efecto de la ira en ese otro. Quien por primera vez dijo: «Se puso rojo de ira», debió haber visto el aura de algún colérico. Aquí tenemos a varias personas unidas en pensamiento y orando por la salud de un enfermo. Ahora vas a ver al enfermo por cuya salud se está pidiendo.

En una lujosa cama se veía a un hombre acostado, en estado grave; los médicos le rodeaban y se consultaban entre ellos. Al fin optaron por inyectarle algún medicamento y lo hicieron. Entre tanto, unas rayas de color azul verdoso llegaban al enfermo; luego los colores se tornaron verde manzana brillante y un tiempo después, el enfermo reaccionó. Los médicos, que no esperaban un efecto tan instantáneo, quedaron estupefactos y alguno de ellos habló de un milagro.

—Antes de abandonarte por esta noche, debo decirte que el estudio de las formas mentales hace comprender, a quien quiere rasgar los velos de la naturaleza, la tremenda responsabilidad que contrae con el empleo de las facultades psíquicas. Los pen­samientos no sólo son objetos, sino objetos de enorme fuerza. Con el pensamiento se puede ayudar en todos los casos, mientras que sólo en muy pocos se puede ayudar físicamente. El pensa­miento siempre produce un resultado definido. Es deber de todo hombre hacer uso de este poder, para colaborar con Dios a im­pulsar el plano de evolución.

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Capítulo Quinto Quinto Día

Ya no es necesario repetir que cada día venía el médico con algún nuevo invento y me inyectaba, por lo que yo lo com­paraba —según la descripción de los efectos maravillosos que producía— el estanque de Siloé, a donde enviaba Jesús el Cristo, a sus enfermos, para que se bañasen y curasen total­mente.

En casa de aquella señora, que me atendía como madre, no me faltaba nada. Era la suya una atención esmerada; pero yo sufría mentalmente, porque sentí que causaba muchas molestias y trabajos. Pido a Dios que se lo pague por mí, puesto que yo muy poco podría retribuir por su esmero y el afán que empleó en mi curación.

El quinto día tuve muchos lapsos de videncia. A veces veía a mi joven guía a mi lado o bien me veía al lado de ella, sin explicación. Yo tenía gran deseo de que viniese la noche, para que se reanudasen mis visiones.

Finalmente dije a mi amiga que, esa noche, deseaba dormir temprano, y ella cerró la puerta de mi cuarto, a las ocho. Esos días ya me levantaba ocasionalmente y, en cuanto salió, me acosté y comencé a analizar mi estado ¿Era sueño lo que experimentaba o visiones de un enfermo grave? Sea lo que fuere, me agradaba mucho y mi mayor anhelo era vivir siem­pre así.

—No todavía. No ha llegado tu hora para estar definitiva­mente con nosotros —dijo mi guía—. Tienes cosas que hacer en tu mundo físico. Este estado tuyo es provocado intencio­nalmente para un fin que está teniendo lugar. En este tiempo son necesarios para el mundo, ciertas instrucciones y detalles más cercanos a la razón y a la verdad. Fuiste escogido, no por merecimientos, sino por aptitud. Eres un instrumento dócil en manos de ciertos seres que trabajan por el adelanto espi­ritual del hombre. Tú eres ahora tan sólo como el lápiz que agarrarás un día para escribir estos sucesos. No te vanaglories

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demasiado. Eres meramente un lápiz.

—Perdona, querida guía, que te contradiga por esta vez. Yo soy Dios en forma corpórea. Con mucho agrado obedezco y hago la voluntad de todo ente superior; pero con lucidez y juicio completos y no como un autómata, como sería un lápiz. Obedeceré todo, pero también quiero tener fe y razón de que he contribuido en la obra.

La joven me miró sonriendo y sentí su amor y cariño. Luego calló y dijo: —No me he equivocado al pedir yo que se me enviara a ti. Tú me proporcionas mucha felicidad.

—¡Cómo! ¿No es éste el mundo de la felicidad?

—Ya lo vas a comprobar por ti mismo. Ahora vamos a
estudiar.

—Una pregunta más: ¿Quién eres para mí?

Ella me sonrió y dijo: —También en este mundo existe la curiosidad. Pues bien, cuando lleguemos a subplanos su­periores, todo te será claro; sin embargo, te diré ahora que fui hace un tiempo una amante tuya. No preguntes más, porque no te responderé.

Quise rasgar el velo del pasado, pero no pude introducirme tras su tupida trama. Ella continuó:

—Un cuerpo físico bien nutrido es un estorbo para los trabajos intensos. Fui enviada a ti, porque actualmente tu espíritu domina a tu cuerpo y puedes relacionarte con el mundo astral. Tu cuerpo astral está refinado —por los ejer­cicios que has practicado y la vida que llevaste— y responde fácilmente a las aspiraciones más elevadas. No son compa­tibles para fines elevados y refinados un cuerpo físico tosco y la organización de un cuerpo astral y mental. Los ascetas y ermitaños supieron estas verdades y se alimentaron con nutrientes puros como frutas y vegetales. Ahora voy a decirte el motivo de tu grave enfermedad: tú trataste de despertar tu conciencia superior y desde un tiempo acá, seguías con tus esfuerzos, pero te relajaste en materia de alimentación, co­miendo de todo y hasta bebiendo, ocasionalmente, en reuniones, algo de alcohol. Así, tu cuerpo físico se volvió a llenar de partículas impuras, entonces, las funciones de tu cuerpo físico tenían que desarreglarse, por la frecuencia que había adquirido tu respiración. Al despertar la conciencia superior en ti, encontró que tu cuerpo estaba impuro. Feliz­mente, tu glándula pituitaria no se afectó y por ello no dio

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origen a las visiones anormales de los enfermos de delirium tremens. Tú has tenido ciertas acciones en tu vida que sir­vieron para defenderte e impedir que algunos entes se te acerquen durante tu debilidad física y mental. Entonces yo pedí venir a ti, para conducirte a que hagas algo en bien de la humanidad. Fue un error de tu parte beber café, alcohol, comer carne y cosas similares, si estabas haciendo los ejercicios respiratorios que tú practicas. Tú lo sabías muy bien, pero te comportaste como aquel médico que trabajaba con microbios y, de tanto manejarlos, perdió la cautela debida y, en un descuido se tornó fácil presa, que le hizo pagar muy caro su temeridad. Felizmente, ya no te afectan el estrépito y los ruidos del lugar donde te encuentras, que son capaces de enfermar hasta al más sano. Eso permite que tu cuerpo astral no sea irritable, a pesar de que eres un ser sensitivo y refinado. En cuanto a tu enfermedad de ahora, la práctica de curar a los enfermos gratuitamente te ha salvado, por esta vez. Cada actividad mental está registrada en el cuerpo de deseos, si es de mala calidad, y sus vibraciones se registran en la parte baja del cuerpo físico, así como la de buena calidad se fija en la parte superior del mismo. Como hemos visto, la materia astral responde más rápidamente que la física, a las pulsaciones procedentes de la mente. Mira a esa pobre mujer que tiene un cuerpo astral que responde con presteza a los malos pensamientos. Ella es un imán de los pensamientos afines a los suyos. En cambio, contempla a esa otra. Todos los deseos bajos chocan contra su coraza áurica y retroceden sin ninguna fuerza.

Toda persona de mal humor continuo, en mayor o menor grado es víctima de las influencias astrales emanadas por seres vivos o espíritus descontentos. Mira esa nube de diversas figuras. Es el resultado de pensamientos y emociones de los hombres. Estas nubes chocan con los hombres y les hacen vibrar a su ritmo. Gran parte del mal humor de la gente se debe a estas influencias. Aquí tenemos a un hombre que vaga en busca de simpatía, con la esperanza de encontrarla en alguien de su familia o amigos. Acá está un hombre con furias. Mira cómo se apodera de él el que se halla a su lado, que murió por un ataque de ira. Nadie jamás debe entregarse a la de­presión de ánimo, porque esto impide la mejoría de la salud y el progreso espiritual, ¿sabes por qué?, porque la depresión

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significa egoísmo de un ser que piensa en sí mismo más que en obrar el bien. «La persona preocupada y pesimista no sabe ir al cielo», decía un maestro entre nosotros. Ahora voy a llevarte al departamento de los ángeles de la guarda. Mira. Y los ángeles de la guarda eran mujeres y hombres. Cada uno de ellos tenía a su cargo uno, dos o más seres humanos, a los que cuidaban y les insinuaban buenos deseos y. buenas obras.

(Estudiaremos esto otro día). (Nota del autor).

—Ahora voy a enseñarte un método que te servirá como una coraza contra los agentes de los enemigos del bien en este mundo. Cuando quieras meditar, curar, ayudar u orar y desees no ser interrumpido por pensamientos ajenos, forma a tu alrededor, por medio del pensamiento, una aura-coraza que impida la penetración de ideas, deseos y vibraciones flotantes en el mundo de deseos o astral. Toda persona que verdaderamente quiere orar, debe practicar esto, para que no penetren en su mente las vibraciones de orden inferior. Tam­bién esta coraza, si está bien formada, es una protección contra toda enfermedad y hace que el hombre se vuelva in­mune. Los médicos practican inconscientemente este poder. Todo impulso enviado por la mente al cuerpo físico ha de pasar necesariamente por el cuerpo astral o alma, en el cual produce su efecto. Una mente pura y desarrollada, limpia y perfecciona el cuerpo astral; pero nunca se debe matar el deseo —como algunos enseñan— mas sí se debe gobernar el deseo, por medio de la razón. Por el momento, la humanidad en general se encuentra dedicada a desarrollar el deseo y la emoción, en tanto el superhombre desarrolla el intelecto.

—Ahora bien. Tú, antes de entrar en el sueño, ¿qué ves?

—Cuando presto atención, veo con los ojos cerrados a muchas personas, si bien no permanecen mucho ante mi visión astral: unos piden ayuda, otros lloran y otros ríen, pero todos desfilan ante mí.

—Bueno, ya te darás cuenta de la enorme carga que van a ponerte sobre tus hombros. Tú fuiste escogido como un

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simple trabajador en la Viña del Señor. Todos tus «ismos» sirvieron como gradas para llegar a esto. Debes agradecer, antes y después obrar.

—Desearía preguntarte algo: Si todos los libros dicen que el cuerpo astral viaja a largas distancias, ¿por qué mi cuerpo astral no sale del cuarto donde está mi cuerpo?

—Tú y todos los que han escrito sobre este asunto están en una ilusión psíquica. Voy a darte una prueba de ello. Voy a llevarte a tu país natal. ¿No es verdad que ya estás allá?

—Sí, aquí está la casa donde nací y allá está la iglesia de San Jorge, donde oré en mi infancia.

—Muy bien. Ahora mira tu cuerpo físico dormido en una república de América y tu cuerpo astral al lado.

—Sí, efectivamente veo los dos. ¿Es posible, tal vez, que en este mundo las dimensiones no sean similares a las del es­pacio físico?

—Esa es la pura verdad. Aquí no existen distancias según el concepto terrenal. Aquí se mide por... no sé qué decirte... ¿por planos?... no sería exacta la expresión... creo que debería decirte por vibraciones. La idea de caminar en cuerpo astral y viajar en él a largas distancias, se asemeja al volar en sueños. El hombre, en sueños, cree que está caminando como su cuerpo físico y cuando despierta, se siente fatigado, como si hubiera recorrido a pie grandes distancias. Después de la muerte, no se produce cambio alguno en el hombre. El se siente igual como antes de dejar su cuerpo. Hay algunos casos en que, al comienzo, el fallecido cree que todavía está en su cuerpo físico. Pues bien, después de morir sigue poseyendo la misma inteligencia, los mismos vicios y las mismas virtudes. Con la pérdida del físico, no se transforma en otro ser. Al principio cree que, para llegar de la casa a su trabajo, tiene que ir a pie y, efectivamente, camina como con el cuerpo físico, a pie, pero, cuando se da cuenta de su estado, aprende el nuevo método de pensar, con el que se da cuenta de que, en el mundo astral, no existe el viejo método de caminar; y, como aquí somos verdaderos «demócratas», todos tenemos un solo medio de locomoción y transporte, que es el desplazamiento astral, que se lleva a cabo gracias al deseo que actúa sobre la mente.

—¿Qué hace el cuerpo astral durante el sueño del cuerpo
físico? .

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—Descansa, como lo hace el cuerpo físico. Mira el tuyo, cómo está inmóvil cerca de la ventana.

—¿Acaso el astral se cansa como el cuerpo físico?

—Ni más ni menos. El cuerpo físico se cansa no solamente de los esfuerzos musculares, sino también de los pensa­mientos y de los sentimientos. Para recuperar la energía perdida por el trabajo y el pensamiento es menester el sueño, prolongado o breve, según los individuos y los casos. También el cuerpo astral se cansa muy pronto del pesado trabajo de mover todas las células del cuerpo físico y las partículas del cerebro, por lo que necesita estar separado del cuerpo durante algunas horas, para recuperar las fuerzas perdidas y con éstas reanudar su trabajo fatigante. Existen ciertos seres que no sienten fatiga y trabajan muchos días, a veces sin dormir o durmiendo poco; pero ésos son casos raros.

—Pero, por otro lado, podemos decir también que no es el cuerpo astral el que se fatiga, sino el organismo físico, por el cual se expresa una emoción.

—Está muy bien, pero un organismo fatigado es un mal instrumento del astral. Algo similar suele ocurrir con el cuerpo mental en el que tú estás trabajando ahora. Cuando adviene la fatiga cerebral, la gente la llama equivocadamente «fatiga mental». Nada hay que pueda fatigar a la mente; pero, mien­tras duerme el hombre, el cuerpo astral casi siempre está cerca del físico, porque la mayoría de estos seres tiene muy poco desarrollo espiritual. El cuerpo astral duerme junto al físico, en casi toda la gente, por cuanto su conciencia astral es muy limitada. A veces trata de alejarse un tanto del cuerpo dormido y, luego, despierta sobresaltado.

— Con esta enseñanza se derrumban todos los libros que enseñan y describen los viajes astrales pregonados por los ocultistas y sus discípulos.

—Efectivamente, pero necesito aclararte algo más sobre el asunto: sólo el Maestro puede manejarse conscientemente en cuerpo astral. ¿Cómo? No sé. Todo lo que puedo decirte es que el hombre evolucionado forma su cuerpo astral con partículas diferentes y se hace ver en varios lugares en el mismo mo­mento. Este ser no está nunca inconsciente cuando su cuerpo astral se separa del físico. El cuerpo astral de este ser es un vehículo que tiene la imagen de quien lo ocupa y es mucho más cómodo que el físico. El Maestro y los verdaderos dis-
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