Veinte días en el mundo de los muertos






descargar 426.53 Kb.
títuloVeinte días en el mundo de los muertos
página4/11
fecha de publicación01.07.2016
tamaño426.53 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Derecho > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

30

Retomo la narración y las enseñanzas de mi bella visitante:

Entonces pregunté: —Si los muertos no oyen, ¿cómo po­demos entendernos y ellos se entienden entre sí?

—Para que puedas comprenderme, te pondré un ejemplo: si tu amada se encuentra en el balcón de un quinto piso y tú estás en la calle, camino del trabajo, llevas tus dedos a tus labios y, soplando, haces la señal de un beso volador: ¿qué interpretación daría ella al gesto tuyo que está viendo? ¿Crees necesario vestir el hecho con palabras, para que comprenda el significado? En el mundo del deseo o astral, el lenguaje es el del pensamiento, a través de luces de colores determinados por los deseos. No obstante, quien ha desarrollado el oído astral, puede escuchar inclusive a grandes distancias.

Volví a preguntar: —Por la misma razón que no se puede oír después de muerto, ¿cómo se pueden ver luces para entender el lenguaje de los demás?

—Debes comprender que el hombre es un ser compuesto de varios cuerpos. Por lo pronto, baste citar los cuerpos: físico, astral (al que San Pablo llamó «El Luminoso») y mental. El cuerpo físico se configura de tal manera, que su oído puede percibir sonidos hasta llegar al límite de lo inaudible. El ser humano, al morir, lleva consigo los cinco sentidos —por no decir los siete que realmente son, para no complicarnos innecesaria­mente por ahora—. De los cinco sentidos que están en su cuerpo astral, utiliza la vista astral en primer término, porque capta con más facilidad las vibraciones de la luz. El oído astral capta también muchos sonidos lejanos, pero deben ser producidos necesariamente por agentes físicos y, en cuanto al tacto, al olfato y al gusto, hasta cierto punto, quedan completamente inutilizados. Para que lo comprendas mejor, fíjate en ese hombre que ya no tiene cuerpo y quiere comer con sus hijos...

Miré y, como por encanto, vi junto a un grupo de comensales, a un hombre que no tenía cuerpo, que quería agarrar un pan y una cuchara, lo que, obviamente le era imposible. Quiso lamer un plato, con el mismo frustrante resultado. Eso sí, él les veía comer.

—En resumen —continuó— el mundo astral o de deseos tiene siete etapas. La primera o inferior se confunde con la séptima etapa superior del mundo físico; lo que debo hacerte comprender es que no ocurre cambio repentino alguno en el tránsito del hombre a la muerte pues, al contrario, se mantiene

31

igual y cree estar exactamente como era antes de morir, excepto que no tiene un cuerpo físico. Posee la misma inteligencia, la misma disposición de ánimo, el mismo carácter, los mismos vicios y virtudes. La pérdida del cuerpo físico no lo convierte en un ser distinto. Dejar el cuerpo físico es como desvestirse para entrar al baño. Las condiciones en que se encuentre son el producto de sus propias creaciones, de sus pensamientos y deseos. No existen ni un castigo ni una recompensa decretados por un ser ajeno, sino que son sus propios hechos, pensamien­tos y palabras los que vienen a su encuentro, al entrar en este mundo diferente. Es más: las manifestaciones y movimientos del hombre en este mundo son iguales a los del físico. Se pelea, se odia y se ama. El sufrimiento y la felicidad se tocan con sus vibraciones, sin que sus generadores se den cuenta del hecho; todo es por medio de la vibración de la luz y del color. Por último, todo pensamiento preciso produce dos efectos: una vibración radiante y una forma flotante. De esta manera se entienden los muertos que viven en el mundo astral. La vibración radiante tiende a producir pensamientos de la misma índole de los que dieron origen a las vibraciones.

Calló la joven un momento y, captando mi pensamiento, agregó: —Sí. Comprendo tu inquietud. Quieres preguntar cómo es que estoy habiéndote en este instante, con medios del mundo físico, si no hay palabra hablada en el estado en que te encuen­tras. Primero, debes recordar que, hasta ahora, aún no estás muerto. Debes vivir y continuar ciertas tareas, incluyendo la que te ha traído hasta acá. El lenguaje que uso contigo es el que bordea el último plano físico y accede al primero del astral. Hablamos aparentemente con palabras, hasta que aprendas el idioma de los colores del mundo luminoso o astral. Inclusive todos los que deban comunicarse contigo, lo harán como si tra­dujeran sus pensamientos a palabras y yo deberé hasta emplear términos que ya no tienen sentido en este estado, particularmen­te cuando me refiera a tamaños y a tiempo, dimensiones que aquí carecen de sentido, como te explicaré más adelante. Tú estás, en este momento, como en los sueños, donde alguien te habla y le respondes; y—tú lo sabes— no se articulan palabras ni se dicen frases. Pues bien, tengo que comenzar contigo, habiéndote como en sueños, hasta que aprendas el idioma del color y de la luz. Entre las tareas que me han sido encomendadas, está la de enseñarte precisamente eso. Para comenzar, veamos:

32

La escena cambió radicalmente y se presentaron ante mi vista, seres humanos que desfilaban como autómatas.

Dime qué sientes ante este ser cubierto de nubes negras.

—Odio y malicia —contesté sin titubear.

—Muy bien, ¿y ante este rojo?

—Cólera.

—¿Ante este escarlata?

—Irritación.

—Ahora: ¿que sientes ante este escarlata brillante?

—Noble cólera e indignación.

—¿Cómo interpretas el rojo sanguíneo de esta mujer?

—Sensualidad.

—Magnífico. Parece que tienes un sentir más desarrollado de lo que yo esperaba.

—¡Qué! ¿Acaso no tiene usted la facultad de la clarividencia?

La joven rió, como si le hubiera hecho mucha gracia mi pregunta y, de inmediato, respondió: —¿Quieres explicarme qué es clarividencia?

Me dio una horrible vergüenza. ¡Estoy en el mundo de la clarividencia y hago esta estúpida pregunta!

—No te preocupes —me dijo — todos, al principio, medimos el mundo astral con unidades del mundo físico. Pues bien: tu trabajo en arte pictórico abrió tu centro de percepción astral con respecto al color. Ahora vamos a otro trabajo. Mira a este hombre. ¿Cómo lo analizarías?

Después de pensar un momento, contesté: —Por el res­plandor y la ondulación que tiene, parece ser un individuo alegre y contento. Diría que, tal vez, es amor...

Mi frase fue cortada por una carcajada estrepitosa, como la llamaríamos en el mundo de los que viven, que me aplastó, porque me sentí tratado como si fuera un niño petulante: —Ahora no acertaste; pero debo prevenirte de que, en lo suce­sivo, trates de no profanar otra vez esa palabra —dijo. Como otras más, ella es divina: Amor es Dios y Dios es Amor.

—Tiene razón de burlarse y me disculpo. Esto me sucede porque siento que mis pies están en el mundo físico.

—No te culpo, porque muchos de los que hace muy largo tiempo que están aquí, siguen procediendo como en el mundo físico... Ahora debemos continuar el estudio, porque, cuando vengas, debes llegar con conocimiento de causa, puesto que te espera mucho trabajo.

33

Luego prosiguió: —Mira a las personas que desfilaban ante ti; estudia sus emociones áuricas, entre tanto, yo analizaré si puedes interpretarlas y así sabrás si soy clarividente o no.

Cuando dijo esto, se rió nuevamente y, nuevamente también, yo me avergoncé.

Pasaron delante de mí varios seres humanos cuyos colores eran expresiones silenciosas de sus sentimientos, pasiones y emociones.

Todo me pareció de fácil interpretación. Por último, ella me dijo: —Para poder obrar aquí, debes aprender el lenguaje del sentimiento. Por ejemplo, la sorpresa agradable se manifiesta por el resplandor intenso; la sorpresa desagradable, por el marrón; el afecto, por el rosa; la devoción, por el azul. Todos los colores puros se ven en la parte superior del cuerpo astral, mientras que los impuros, como el del egoísmo, siempre están en la parte inferior del cuerpo. Con ello puedes distinguir al hombre desarrollado y al que no lo es. Cada cualidad se ma­nifiesta por un color, como ves, y está constituida por un tipo especial de materia astral. El principio general de ésta es que las cualidades malignas se expresan con vibraciones lentas y materia grosera, sin brillo puro, mientras que las elevadas —como la abnegación—, se revelan con brillantez pura. Tam­bién las emociones elevadas y nobles, por fortuna, duran más tiempo. Con estas instrucciones ya podrás distinguir los varios tipos de seres humanos. En cuanto a los seres elementales, los colores les son tan inteligibles, como las palabras para los hombres. Los animales sienten profundamente los bajos deseos en los seres humanos y aman a los que son cariñosos y cari­tativos. En este momento, tú estás trabajando en tu cuerpo astral, que es el verdadero puente entre la vida física y la mental. Después de la muerte, la conciencia queda recogida por el cuerpo astral y así la vida puede continuar en este plano, variando, como ves, en intensidad y duración, como lo com­probarás más adelante por ti mismo. —Adiós. Ahora debo irme. Tengo tareas que realizar en otro plano. Volveré después.

Y así, mi guía desapareció de la misma manera como vino.

34

Capítulo Cuarto

Cuarto Día

Parece que mi estado físico no mejora. Me hicieron beber varios remedios y me inyectaron otros. Mi amiga comenzó a preocuparse y yo sentí su temor. Después de las visiones de los dos días precedentes, tuve la sensación de que mi estado de salud era grave.

Hubiera querido estar solo, completamente solo, para recibir a la muerte sin causar molestias a nadie. ¡Qué pesado y molesto es un muerto: vestirlo, cargarlo, enterrarlo, fastidiar a medio mundo, tan sólo para echarle encima un poco de tierra, mucha tierra!

Quise decirle a la dueña de casa que me trasladara a un hospital; pero de inmediato supe que habría sido inútil, porque no lo aceptaría de ninguna manera. Pensé mucho en ello, buscando una solución posible al problema. No deseo morir aquí, creando incalculables molestias a mi anfitriona.

Sufría verdaderamente con esos pensamientos y, al mismo tiempo, intentaba aprender más. Esa noche, mi guía o instruc­tora no vino hasta muy tarde. Aprendí muchas cosas en aquellos instantes. En el lapso de dos minutos tuve este sueño que describo a continuación; vi y desarrollé ciertos trabajos que voy a relatar a vuelo de pájaro, porque requerirían varios volúmenes el transcribirlos in extenso.

Aquí el autor dejó un amplio espacio en blanco, postergando su redacción, que jamás llegó a concretar. (Nota de HOA)

Cuando llegó la noche y dormí al fin, apareció mi guía; sin preámbulos, me dijo: —Todo pensamiento precisa de dos factores: una vibración radiante y una forma flotante. La vi­bración radiante lleva consigo el carácter del pensamiento. Ahora, piensa en una rosa.

Yo pensé y la rosa apareció delante de nosotros.

Ella continuó: — Mira cómo flota cerca de ti, frente a tus

35

ojos. Mira cómo se está desvaneciendo porque se debilitó tu pensamiento. Después aprenderás a llamar por medio del pensamiento, a las personas y seres queridos.

Calló un instante y luego dijo: — No. Ahora tengo que ter­minar contigo y no hay tiempo para dejarte jugar con pasatiempos.

—¿Es que aquí se llama pasatiempos el deseo de ver a una persona amada?

—No, pero es necesario ser médico primero, para auscultar y medicar.

Yo me callé y ella prosiguió: —Debes saber tres cosas im­portantes para poder sacar provecho de tus trabajos:

1.- Aprender a reconocer la calidad del pensamiento, por su color.

2.- Descifrar la acción del pensamiento, por su forma; y

3.- Interpretar la precisión de la emoción, por la nitidez de la forma.

El hombre es una víctima de sus pensamientos. El pensa­miento tienta al ser humano y él cree que es el demonio quien le está seduciendo, con lo cual, con la prolongada reflexión sobre el demonio, crea él ese demonio con poder inmenso. Ese ser creado por el hombre puede durar muchos años y poseer el poder que le fue atribuido. Todas las cosas se ven del color del cristal a través del cual se mira y así, la forma mental de una persona reacciona sobre ella misma. Luego, es menester quitar de la mente la idea histórica del demonio y su poder contra el hombre, porque él no es sino una forma mental creada y sostenida por el pensamiento, que reacciona sobre el propio creador. El hombre es víctima de sus ideas y fantasías y, al mismo tiempo, causa perturbaciones en los demás. Estas ideas forman los hábitos y a su vez, los hábitos crean el carácter. Ahora vamos a hacer prácticas: —Mira a ese transeúnte. ¿Qué ves en él?

—Que deja detrás de sí un rastro de formas.

—Esas son las formas mentales del pensamiento. Ahora mira a este otro individuo.

—Una mujer lo encadena con sus rayos.

—Su pensamiento sobre aquella mujer le otorga a ella el poder de atraparlo. Con esto se comprueba que el hombre no es responsable por los pensamientos que flotan y se introducen en su mente; pero sí es responsable cuando los toma y se

36

apropia de ellos para gozarlos y luego lanzarlos de nuevo, for­talecidos. Ahora entremos en esta iglesia y dime qué ves.

—Es increíble. ¡Esto no puede ser una iglesia!

—Lo es, pero el nivel de la devoción es bajo y por ello, flotan en su interior, cifras, cálculos de operaciones financieras y co­merciales. Mira a las mujeres: rezan el rosario y, entre tanto, crean formas de vestidos y sombreros. Ahora, mira a aquella mujer.

—De su mente lanza la forma de un collar de perlas hacia su marido, que está bañándose, y esa forma flota alrededor de su cabeza. El tiene la mente ocupada en su negocio y la forma persiste. Ahora se está aquietando y ya entró el pensamiento de su esposa en el suyo: él piensa ahora en su mujer.

—Mira a ese joven,

—¡Qué sucio! Salen de él bolas del color del estiércol.

—Fíjate a dónde van.

—Se dirigen a esa hermosa mujer, pero no llegan a ella. Flotan por un tiempo y vuelven hacia quien las genera.

—Has visto ya el fundamento del dicho: «La maldición y la bendición vuelven a quien los emite». Pues bien, el corazón y la mente puros son la mejor protección contra todo pensamiento y sentimiento maligno. Por otra parte, una forma de amor dirigida a un ser amado actúa como ángel guardián que lo protege en toda oportunidad.

Calló por un rato y continuó: —Desde ayer has estado ansioso por ver a dos personas. Ahora voy a llevarte a ellas. Míralas.

—¡Eva!— grité.

—¡Jorge!— exclamó ella.

Corrí hacia ella para besarla y abrazarla. Abrí los brazos para estrecharla, pero, cruel decepción, en aquel estado no tenía boca ni brazos que pudieran sentir los efectos como en el cuerpo físico, ni ella los tenía para recibirlos.

Las dos mujeres rieron y Eva dijo:

—¡Amor mío! Te agradezco mucho, mucho, porque tu amor fue como agente protector y de resguardo. Siempre me ha defendido y fortalecido. Me siento muy feliz por amarte. Ahora...

Al decir esto, desapareció y, en su lugar, surgió otra joven. Era Ashtarouth.

—Adonay, mi Dios, estoy muy feliz y siempre te veo. Yo siempre estoy esperándote, para reanudar nuestro encuentro. Tu amor me abrió la puerta del cielo. ¡Te agradezco tanto!

37

Después de decir esto, la mujer trató de envolverme con sus radiaciones áuricas y desapareció.

Yo no dije ni una sola palabra. Ella seguía igual a como fue en la vida física: ¡Sólo vive para amar!

* * *

Los personajes que intervienen, aparecen como fueron en vida en mi obra Adonay. Quienes se interesen sobre el contenido de los diálogos, deberán remitirse a esa novela. (Nota del autor).

* * *

Mi instructora reanudó el diálogo y dijo: —Tuve que acceder a tus deseos, porque así ya podrás atender mejor a la obra. Estas dos mujeres fueron tus dos ángeles guardianes. Siempre piensan en ti y su amor te defendió en muchas ocasiones, pues el pensamiento amoroso puro es el ángel protector del ser a quien va dirigido, como los pensamientos de la madre por su hijo. Ya has visto cómo el pensamiento toma forma y —en alguna ocasión— se materializa y deviene visible físicamente. De esta manera se comprende que el pensamiento de amor enviado de una persona a otra, actúa como el ángel de la guarda. Ahora ven a mirar a tu amiga y verás lo que está haciendo.

En ese momento vi a mi anfitriona que, con formas mentales, construía casas y a veces las adquiría. Algunas estaban ro­deadas de jardines y otras eran edificios de varios pisos.

—¿Puedo preguntarte qué relación tengo con esa mujer?

—Algún día sabrás cuándo y dónde. Ahora vamos a cosas más interesantes y dejemos estas nimiedades. Por lo pronto, es impor­tante que tengas conciencia de la responsabilidad y el poder que tiene el pensamiento. Como viste, tus pensamientos pudieron atraer a Eva y Ashtarouth y podrían, al igual que los hechos, impregnar cosas y lugares, con su vibración. Por medio de ellos puedes convertirte en santo o en asesino. Puedes ayudar a Dios, digámoslo así, para que evolucione el Cosmos; pero, por otro lado, el puñal de un criminal lleva en sí la vibración del crimen hasta la mano que lo sujeta y allí permanece por muchos años. Quiero que veas a este hombre, lanzando una carga de pensa­mientos saturados de odio negro, contra esa persona que está sentada escribiendo, pero como su fuerza no pudo afectarla, se convirtió en una especie de demonio que retornó a su progenitor. En las tribus semisalvajes abundan los elementales que se convierten en dioses familiares. Unos son benignos y se conten-
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

similar:

Veinte días en el mundo de los muertos iconEl Día de los Muertos se celebra en toda la cultura hispana. Es cuando...

Veinte días en el mundo de los muertos iconLas personas que mueren no se van definitivamente, su alma sigue...

Veinte días en el mundo de los muertos iconLa reina de los condenados cronicas vampíricas 3
«concierto en vivo» que realizaba con mi banda mortal. Nuestro disco tuvo un enorme éxito. Mi autobiografía lograba tratar dignamente...

Veinte días en el mundo de los muertos iconTRÁgico conejo
«concierto en vivo» que realizaba con mi banda mortal. Nuestro disco tuvo un enorme éxito. Mi autobiografía lograba tratar dignamente...

Veinte días en el mundo de los muertos iconLa de los días de lluvia. Así la llamaban en el barrio. Esos días...

Veinte días en el mundo de los muertos iconEl jueves, el viernes y el sábado santos, o triduo pascual, simbolizan...

Veinte días en el mundo de los muertos iconImpacto de los jóvenes cristianos en el mundo actual
«No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él» (1 Jn 2: 15). «¿No...

Veinte días en el mundo de los muertos icon2 Oscar Collazos Alfaguara La vuelta al mundo en 80 días 2

Veinte días en el mundo de los muertos iconEl Día de los Muertos

Veinte días en el mundo de los muertos iconLa pasión de los vivos por los muertos






© 2015
contactos
l.exam-10.com