Veinte días en el mundo de los muertos






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El Decimotercer Día

Tampoco hoy el médico estaba satisfecho. Mi amiga estaba nerviosa. Yo, en cambio, feliz e indiferente.

Si esto era la muerte, ¿para qué aferrarse tanto a esta vida física? ¡Qué ignorantes somos en la Tierra y qué errados estamos en nuestros conceptos e ideas sobre el más allá o la otra vida!

Para mí, el hombre no debe pensar en la vida ni en la muerte, sino en la obra, en trabajar siempre para beneficio de los demás, y entonces sentir el cielo en su corazón, como debe ser en la vida y después de la muerte o, como ya citamos, dijo Ornar Khayan: «El Cielo y el Infierno están en ti».

Pasé el día con molestias, pero íntimamente estaba feliz. ¡La muerte! ¿Qué es la muerte? Bendita sea la muerte que me librará de una carga pesada.

Pero debo dejarme de filosofar. La muerte siempre será la muerte y la vida será la vida, siempre diferentes en el concepto de la humanidad que atribuye a la existencia física todas las ventajas de la realidad.

Así pasé el día, felizmente, y llegó la noche...

Mi compañera comenzó la instrucción como si nunca hu­biese sido interrumpida, diciendo:

—No sólo se reconocen aquí los seres queridos, sino que se fortalecen más los lazos del amor entre parientes y amigos y hasta se contraen aquí nuevas relaciones y simpatizamos con personas a las que no hemos conocido en la Tierra. Aquí se contraen amistades muy puras, después de que los afectos siniestros sean consumidos por el fuego del dolor. Te en­contrarás con muchos que tienen tus mismos anhelos y aspiraciones, con los cuales cultivarás una amistad duradera. «Todo lo que pidiereis en mi nombre, os será dado», dijo Jesús, «pues, por lo que suspiró el alma en la Tierra, lo encontrará aquí, fructificado». Recuerda, entonces, lo que habías pedido y lo que has recibido; te darás cuenta, entonces, de que el

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divino Jesús nos legó una inmortal verdad. El amor puro de los cónyuges o de los novios continúa aquí en el Cielo, igual que en la Tierra, siempre que haya sido puro y sin mancha. Con esta regla se vuelven a unir padres, madres, hijos y hermanos. El amor desinteresado es tan poderoso como la voluntad del mismo Dios, porque Dios es Amor. Es el amor el que nos eleva a los niveles superiores del pensamiento y de la vida. Mira por ti mismo este plano:

(Es imposible describir con palabras terrenas la alegría celestial. ¡Cuánta felicidad! Me vi cercado y agasajado por todos los seres amados que conocí en la Tierra antes de que abandonaran sus cuerpos físicos. Mis parientes y amigos amados, que me manifestaron una profunda simpatía. No me es posible describir con palabras todo esto, porque son insu­ficientes para representar la verdad. Allí estaban todos los seres queridos, en espera, como cuando un viajero, después de varios años de ausencia, anuncia su regreso al hogar y encuentra en él a todos los seres amados aguardándolo. Tuve hasta el sentimiento terrenal de llorar de alegría. Pensé en ese instante que no debía volver atrás, es decir, al cuerpo físico).

Mi compañera continuó:

—¿Tienes idea de cómo y por qué tuviste la suerte de llegar hasta aquí?

—Estoy seguro de que no será por merecimientos.

—Es porque cultivaste, aunque fue por poco tiempo, la música, la pintura y la poesía, pues el amor a estas artes alza al hombre sobre el ambiente material que, de ordinario, le rodea.

—Lamento ahora haber sido tan perezoso. ¿Por qué no seguí ocupándome de las tres bellas artes, como lo deseé siempre?

—Lo hiciste para trabajar en otra profesión humanitaria que te condujo al estado en el cual te encuentras. Ahora puedes despedirte por un tiempo de los seres queridos, porque todavía tienes mucho que aprender aquí. Algún día se realizarán tus anhelos de amor y compañía en los planos superiores.

—Definitivamente, no es posible interpretar esta dicha con palabras.

—¿Es que no recuerdas lo que el apóstol Pablo dijo de este estado? «Ningún ojo humano vio, ni oído alguno oyó, lo que preparó Dios para sus elegidos». Sin embargo, te aclaro, hasta

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ahora no has visto nada de este Cielo, preparado para los trabajadores de la Viña del Señor. Tus palabras serán in­completas y frías, si es que intentas describirlo.

—Ahora comprendo mejor algo que nos fue enseñado: «El Cielo no es un lugar. El Cielo es un estado de conciencia variable según el individuo».

—Efectivamente, estar en el Cielo con los seres amados, significa hallarse en el mismo nivel de conciencia que ellos. La armonía entre las almas las pone en un contacto tan cercano como no podrías imaginarlo. Recuerda la lección para trabajar en la obra: pensar detenidamente en un ser es lla­marlo. Llamarlo con Amor, es atraerlo. Atraerlo para agra­decerle o para aconsejarle y guiarlo, es ayudarle. No son necesarias ni evocaciones ni medicinas. La mente resuelve todo. Con estas tres condiciones puedes salvar a muchos seres, como el Cristo nos salva diariamente. El Amor es la pauta, el Amor es la escala de ascenso. El Amor lo es todo.

—Entonces, dos amantes en la Tierra, dos verdaderos amantes, digo, ¿podrán estar en el Cielo en un amoroso arro­bamiento?

—Sólo hay cuatro casos en un millón de cónyuges.

—¿Nada más?

—Sin embargo, son suficientes para impedir la destrucción de la humanidad actual, adoradora y profanadora del sexo, en su casi totalidad. ¿A cuántos de los seres que te rodean en la Tierra puedes reconocer entre los que acogen lo que tú mismo escribiste en tu libro «Poderes o el Libro que Diviniza»: «El hombre, al orar, invoca a Dios; pero, al unirse sexualmente a la mujer se convierte en Dios?». El fuego del sexo es el fuego de la santidad. El origen del sexo tiene su raíz en la misma Divinidad. La unión camal es obra luminosa de la libertad. «Aquél que se une con otro no hace sino crear, porque el mal no se halla en el acto, sino en los pensamientos que preceden y acompañan al acto.» ¿No son, acaso, mucho más numerosos aquellos libertinos y fanáticos religiosos que no pueden concebir que «el sexo y la santidad son dos líneas paralelas que se encuentran en Dios»?

—Es en verdad tremendo. ¿Cómo podría inculcarse esto en el corazón de los hombres?

—Esto es lo más difícil de enseñar a quienes tienen el concepto de que el goce sexual es tan necesario como el comer

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y dormir diariamente.

—Si alguien ama a una mujer que está más elevada que él en el plano, ¿cómo pueden comunicarse entre ellos, si están en diferentes subplanos?

—El alma siente la atracción del ser amado, desde su subplano inferior. Entonces establece con él un enlace tele­pático, de suerte que posibilita una relación mental y espiritual entre ambos, mucho más intensa que cualquier relación en la Tierra, aunque esté funcionando como lo haría un contacto telefónico que también permitiera ver la imagen del otro ser en el extremo opuesto de la línea. De igual modo, como ya lo sabes, el alma puede visitar a los seres queridos que se hallan en los subplanos inferiores al suyo y de esta y otras maneras se efectúa la asociación de las almas en el mundo celeste, pero para que te resulte más clara la imagen, debes siempre recordar que Amor es la palabra mágica que desvanece todo temor y otorga paz y felicidad.

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Capítulo Decimocuarto

El Decimocuarto Día

Hoy vinieron a visitarme mi hermana y mi sobrina. Mi her­mana Nazza es muy cariñosa conmigo y siempre fue así. Mi sobrina, estudiante de leyes, me admira y se siente orgullosa al hablar del tío Jorge. No sé el motivo ni el porqué.

Estuvieron conmigo casi todo el día y yo lo pasé bastante aliviado, gracias a su compañía. Como viven lejos, en la tarde regresaron a su casa, llevando el encargo de no avisar a nadie mi estado de salud y dónde me encontraba. No deseaba que alguien supiera de mi enfermedad, por dos motivos: uno, porque quería tranquilidad y soledad y, el otro, porque yo he escrito en mis obras que la enfermedad es un pecado vergonzoso, así como que el pecado es una enfermedad denigrante.

Pasé, pues, un día agradable con mi hermana y mi sobrina. La anfitriona, aquel día, estuvo a la altura de su noble hospi­talidad.

Tan pronto me acosté, dormí y en seguida entré en el mundo donde había pasado tan gratos estados. Mi compañera me dijo:

—Por el momento, tu salud va a mejorar a partir de ahora.

—Y tú ¿vas a dejar de verme? Es decir, ¿ya no te veré más?

—Si tú aprovechas todas las enseñanzas que estás recibien­do y las pones en práctica, me verás cuando quieras, ahora y después. Yo estoy más cerca de ti que tu propio aliento.

—¡No sabes cuánto te agradezco por todo!

—Soy yo quien debe agradecer. Bueno. Ahora, ¡a trabajar!

—Explícame, amor. Yo he asistido a ciertas sesiones espiri­tistas y me ha sorprendido notablemente el ver, por ejemplo, que se mueven enormes pesos y se manifiestan fuerzas inconmen­surables.

—Hay varias maneras de producir esos fenómenos y voy a enumerarte y describirte unas cuantas:

1.- La vibración precisa de la nota clave de un objeto puede reproducir sus vibraciones simpáticas. Ante la ejecución de la nota clave, no hay poder alguno capaz de resistir. ¿Recuerdas

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la destrucción de la muralla de Jericó mediante el sonido y la música? Pues éste es uno de los varios que existen. La Palabra Hablada construyó el Universo, por las vibraciones establecidas. «Y la Palabra se hizo carne y habitó en nosotros», dijo San Juan. En el plano astral, la materia es mucho más sensible a las vibraciones simpáticas y así agrega su poder viviente al impulso general. Los resultados de su poder no tienen límites en las manos de los adeptos.

1°.- La energía que duerme en la materia puede ser liberada y, una parte de ella, utilizada, como el hombre utiliza una parte de su magnetismo para aliviar un dolor o influir en otras personas.

3.- Existe una energía vital que obedece al ocultista, quien la maneja con facilidad; mediante su aplicación, es posible producir y utilizar sin peligro esta formidable fuerza.

4-,- Existen, en la superficie de la tierra, ciertas energías que son las más factibles de utilizar; ellas fluyen de polo a polo, como las que fluyen en el hombre, de la derecha a la izquierda y viceversa. Aquellas fuerzas son irresistibles como el huracán y la marejada. Los Maestros conocen el método para poder aplicarlas, conscientemente, sin peligro alguno.

5.- Ciertos seres vivientes conocen la manera de entregar una parte de la energía que está en ellos mismos, a otros que han abandonado su cuerpo; por medio de esta fuerza, casi instantáneamente traen objetos desde grandes distancias.

6.- Existen ciertas palabras mágicas que los adeptos saben pronunciar y que producen efectos enormes en el organismo humano y en la atmósfera.

7-.- Existen ciertos seres y almas que, mediante la acción de sus vibraciones rápidas, se sobreponen a la fuerza de cohesión de las moléculas del objeto sobre el cual se opera. De manera que lo que los espiritistas llaman «aporte», es una vibración elevadísima que disgrega las moléculas del objeto en sus átomos constituyentes.

—Ahora ya entiendo —dije—. Un cuerpo reducido al estado etérico puede trasladarse de un lugar a otro con gran rapidez, y una vez que está en el sitio deseado, la fuerza aplicada en el trabajo se retira y el objeto volverá a la condición original, por la presión etérica.

—Efectivamente, es así, y para aclarar mejor esto, podemos compararlo con lo que sucede con el hielo que, por medio del

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calor se transforma en agua y luego en vapor, pero también por enfriamiento se produce el fenómeno inverso. De esta manera, se efectúa lo que se llama «aporte» o el desplazamiento de objetos desde grandes distancias hasta el lugar de la sesión, porque, una vez desintegrados, pueden pasar con suma facilidad a través de cualquier sustancia sólida, tal como el muro de un edificio, o una caja fuerte cerrada, para luego materializarse en el lugar deseado.

—Entonces, ¿es de esta manera que se efectúan los fenóme­nos de la precipitación y la escritura en papel o pizarra.?

—No, en verdad. La precipitación de imágenes o letras se produce por el poder de la imagen mental del Mago, quien desea que aparezca en el papel, a su vez, la escritura en pizarras se efectúa por el mismo método o por medio de la materialización de manos para trazar la escritura.

—¿Y la levitación que se observa en las sesiones espiritistas?

—Para que lo comprendas mejor, presenciemos una sesión de levitación.

Al instante estábamos en un salón grande, donde había mucha gente que contemplaba un cuerpo humano flotando en el aire. Al fijarme en aquel médium, vi que su cuerpo era sostenido por «varias manos» de espíritus.

—La profunda meditación —me explicó la joven— elimina muchos átomos groseros del físico que, con el tiempo, serán reemplazados por átomos sutiles y espirituales. A la larga, se produce la levitación en ciertos seres sublimes como Santa Teresa y San Francisco de Asís. En este mundo ocurren cosas o fenómenos que son conceptuados como milagros en el mundo físico. Ocurre con frecuencia, por ejemplo, que entidades y objetos aparezcan o desaparezcan, o bien desaparezcan objetos que están en cajas cerradas, o también se produce el des­plazamiento de objetos desde grandes distancias y en el acto. No hay espacio en este estado. Podrían invertirse o transformar­se las cosas, por ejemplo, convertir una taza en plato. Todas las partes de un cuerpo son vistas simultáneamente y se puede leer toda la materia contenida en un libro cerrado. Pero estas instrucciones, aunque útiles, por el momento no son muy necesarias. Ahora tenemos que estudiar y enumerar, aunque sea someramente, las entidades astrales. Describir todos los habitantes del mundo astral o del alma es una tarea práctica­mente imposible, como lo es la descripción de todas las

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entidades físicas. Cuanto puedo hacer por ti, es llevarte y mostrarte, a grandes rasgos, las clases principales. Así, pues, empezaremos por penetrar y estudiar las clases humanas, cons­tituidas por los vivos y los muertos. Principiemos por los que físicamente están vivos, cuyo físico duerme y flota por el mundo astral, en varios grados de conciencia. En esta condición está la gente común, con sus diversos estados de sueño. Ya te he explicado anteriormente la causa del sueño, que consiste en que el cuerpo astral y el físico se cansan uno del otro. El astral, por su pesado trabajo de mover las partículas del cerebro físico, necesita estar separado del cuerpo durante largo tiempo, a fin de recuperar fuerzas con las cuales reanudar su fatigante tarea. Así vemos que, mientras el físico está dormido y el astral o el alma descansa, el mental sigue trabajando y flotando en varios grados de conciencia. Sin embargo, el alma, en su propio plano —es decir, sin juntarse al cuerpo físico— es incapaz de sentir fatiga, como acontece después de la muerte del cuerpo físico o la separación definitiva de los dos. ¡Mira, por ejemplo, este cuerpo dormido!

Después de contemplarlo por un rato, le pregunté:

—¿Qué es aquello que penetra como un torrente en ese cuerpo dormido?

—Cuando el físico duerme y el alma (astral) descansa —ex­plicó ella— la presión anímica que rodea el cuerpo hace que otra materia de la misma clase ocupe inmediatamente el espacio dejado vacío por la que se perdió. En otras palabras, por medio del sueño, el cuerpo recupera la energía que perdiera a causa del trabajo.

—Hemos hablado de algunos cuerpos astrales que trabajan conscientemente durante el sueño físico.

—Y durante la vigilia también —corrigió mi guía—. Pero ellos son Maestros con cerebros siempre activos, tanto en la vigilia, como durante el sueño. Estos seres están siempre cons­cientes y su cuerpo astral está claramente delineado y bien organizado. Es la imagen del hombre adelantado y, al mismo tiempo, su instrumento, que puede ser utilizado como vehículo mucho más cómodo que el cuerpo físico; en tanto que el alma o el astral del hombre vulgar está inactivo durante el sueño y es incapaz de recibir impresiones. El alma del hombre vulgar se asemeja al niño, porque no puede concebir ni desarrollar nada. La palabra neófito, en ciertas sociedades místicas, inter-

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preta claramente el significado del niño en el mundo del alma o astral. Por eso vemos que el hombre, después de la muerte, se encuentra perturbado como si estuviera soñando y en estado de inconsciencia, con sensaciones placenteras o desagradables, confusas o grotescas. El ser evolucionado —el santo, según las religiones—, tiene la receptividad anímica muy desarrollada. Por eso recibe y puede responder a toda petición cuyas vibraciones son puras y finas. Una persona dotada de este don trabaja con mucho más poder y comprensión durante el sueño, que a través del vehículo físico. Puede moverse con rapidez y volar en sueños, sin perturbar al físico, que está durmiendo. Puede aprender muchas cosas, asistir a clases y cambiar ideas con amigos, ya sea que estén encamados o carezcan de cuerpo físico. Puede adherirse a personas más evolucionadas que él y recibir de ellas consejos e instrucciones y puede prestar servicios a muchos necesitados. ESTOS SON LOS LLAMADOS SANTOS, según cier­tas religiones. Luego, solamente los adelantados, que son muy pocos, pueden trabajar en el mundo astral, mientras los demás seres humanos duermen y su astral descansa cerca de ellos, fatigado e inconsciente. De manera que son muy raros quienes trabajan conscientemente en el mundo anímico o astral , durante la vida física. Ahora vamos a estudiarlos detenidamen­te, para poder ayudarles después...

(Aquí el autor dejó un espacio en blanco, sin indicación alguna de qué intentaba decir). (Nota de HOA).

La iglesia ordena que, antes de dormir y al despertar del sueño, se rece. ¡Qué gran consejo y cuan sabio es! La oración nocturna eleva el alma al mundo de la paz, para penetrar en las regiones del más allá, siguiendo la orientación que se le da antes de dormir.

(Así termina la última página del cuaderno en que el Dr. Jorge Adoum (Mago JEFA) escribió la obra. Aparentemente, no alcanzó a concluir el libro o se extravió el siguiente cuaderno, porque también la primera edición en portugués, de 1978, concluye en esta frase). (Nota de HOA).

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