Manual del animador social






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Saul Alinsky


Manual del animador social

Una acción directa no violenta

Presentado por Jean Gouriou. Traducido del americano al francés por Odile Hellier y Jean Gouriou.

Traducido del francés al castellano por Abdessamad Lahib y Humberto García,

miembros de «ANDALUCÍA ACOGE»
Versión francesa, en 1976, original de:

Éditions du Seuil

27, rue Jacob, Paris VI




Estos materiales han sido elaborados gracias a:
INICIATIVA COMUNITARIA HORIZON

Proyecto: INSERCIÓN SOCIAL Y LABORAL DE LOS

INMIGRANTES EXTRANJEROS EN ANDALUCÍA.

Promotor: Consejería de Trabajo y Asuntos Sociales.

JUNTA DE ANDALUCÍA

Medida: FORMACIÓN DE FORMADORES

Entidad Gestora: ANDALUCÍA ACOGE

Presentación


1. ¿Quién es ALINSKY?

Alinsky es poco conocido en Francia
«Chicago, 22 de marzo de 1971.
Durante su estancia en Estados Unidos, va Ud. a trabajar en un centro comunitario que funciona según los métodos de Saul Alinsky (a Saul Alinsky type organization)...»
Para Nancy Keller, directora americana de un programa de intercambio de trabajadores sociales, esta frase era suficiente para precisar qué tipo de trabajo esperaba al animador francés al cual se dirigía. Sin embargo, no era así para el animador francés. ¿Quién conocía, en Francia, el nombre de Alinsky? Algunos iniciados, como mucho. ¿Existe un solo grupo donde se usan los métodos de Alinsky? Desde luego que no. Lo que no deja de sorprender, porque en Amsterdam, en Londres, en Berlín nos encontramos -como en Chicago- organizers, animadores comunitarios para los que Alinsky es un maestro que han aprendido a frecuentar en sus escuelas de trabajo social.
Acerca de estos métodos anglosajones de trabajo comunitario, el animador francés podría haber conocido algunos libros, aparecidos años antes, que hablaban de Alinsky y que le daban a veces el lugar que merecía: los libros canadienses de Jacque Grand'Maison, Vers un nouveau pouvoir, Montréal, 1969, Stratégies sociales et Nouvelles Idéologies, Montréal, 1970, y sobre todo el de Jean-François Médard, Communauté locale et Organisation communautaire aux État-Unis, Armand Colin, 1969, quien dedicó treinta páginas a presentar el método de «estrategia conflictiva» de Alinsky en materia de organización comunitaria.
Desde entonces, pocos textos han abordado estos temas. Conocemos un artículo de Le Monde de 1971, un artículo de Actuel de 1972 y una página de Cahiers de l'animation de 1973.
Es en su presentación de los «barrios sombríos» que inquietan a la América contemporánea donde M. Claude Julien se refiere a Alinsky en un párrafo con un título evocador, «Les rats et les idiots politiques» (Las ratas y los idiotas políticos):
Entre los contestatarios comprobados, la severidad de juicio no tiene nada de excepcional. «Es un milagro que los jóvenes no quieran volver a inventar la rueda con el pretexto de que nos ha sido legada por una sociedad burguesa y decadente», dice Saul Alinsky, sesenta y un años, quien consagró toda su vida a los blancos pobres y a los negros. Depositó basura en la puerta de un concejal para llamar la atención sobre las insuficiencias del personal encargado de la basura. Soltó delante del Ayuntamiento de Chicago ratas atrapadas en el ghetto para demostrar las carencias de los servicios de higiene.

Este hijo de un sastre judío venido de Rusia llamó mucho la atención cuando en 1946 publicó su libro Reveille for Radicals (Toque de diana para Radicales), que, con su reciente edición, es el mejor manual del perfecto revolucionario. Su palabra clave es «organizar»: lo encontramos en los años 30, en plena crisis, «organizando» a los proletarios del barrio de los mataderos, en Chicago; lo encontramos con César Chávez, en California, «organizando» a los temporeros mejicanos explotados de manera vergonzante. No son sueños. Desconfía de las ideologías extranjeras, de los ídolos como "Che" Guevara o Mao, y en general de cualquier romanticismo. «Hay que ser políticamente idiota para decir que el poder está en el cañón del fusil cuando es el adversario quien tiene todos los fusiles.» Acerca de los jóvenes, siempre a la búsqueda de un líder carismático: «no buscan una revolución, sino una revelación. 1»
Actuel, para un público totalmente distinto, presenta también a Alinsky bajo el título «Pour qui grogne un vieux» (por qué gruñe un viejo):
Saul Alinsky no tiene realmente el aspecto de un contestatario. Sesenta y tres años, poco pelo, corto y blanco, los ojos cubiertos por gafas oscuras, una triste corbata y chaqueta color neutro: a primera vista, se le podría tomar por un político turbio si no fuera porque el carácter licencioso poco común de su lenguaje puede hacer palidecer de envidia a un cuerpo de guardia en vena de soltar tacos. Este agitador profesional organiza los barrios pobres sobre la base de las colectividades de vivienda y las comunidades. Reformista, activo, no se conforma con las palabras: desde hace treinta años, siembra la rebelión en todas las grandes ciudades de Estados Unidos.

Nacido en Chicago en 1909 en un barrio de chabolas, descubre su vocación de mal pensado a la edad de siete años: «Yo era el tipo de chaval que jamás habría pensado en pisar un césped hasta el día en que leí el letrero: Prohibido pisar el césped. Desde entonces, sistemáticamente me he revolcado en él."

La gran crisis de los años treinta le revela sus capacidades como organizador: « Yo era estudiante de arqueología. Ésta me apasionaba. Pero la pasión abre el apetito, y yo tenía mucha hambre. Reuní a todos los hambrientos de la Universidad en una asamblea general para pasarles el método que había experimentado para comer sin pagar. Establecí una lista de todos los snacks de Chicago y repartí mis tropas por barrios...»

En Chicago, lo aprende todo con Al Capone, prepara una tesis de criminología sobre el célebre gangster, se codea con Frank Nitti y se implica en la Mafia durante dos años. «Era una empresa de utilidad pública, observa, no sin humor. Capone suministraba a la gente aquello que demandaban. Por otra parte, él no creó la corrupción. Sólo se aprovechaba de ella.»

Después de haberse consagrado a la delincuencia juvenil, Alinsky recolecta fondos para las Brigadas Internacionales durante la guerra de España, y se reúne con John Lewis para fundar el C.I.O., el mayor sindicato obrero americano. «Sin embargo siempre sentí que mi papel estaba fuera del movimiento sindical.»

En 1940, a los treinta y un años, decide organizar el barrio más miserable de Chicago: «Back of the Yards estaba lleno de parados, enfermos y obreros mal pagados que vivían en chabolas asquerosas, con lo justo de comida y ropa para no morir. Era el reino del odio. Polacos, Eslavos, Alemanes, Negros, Mejicanos que se detestaban. Los grupos fascistas de los alrededores se aprovechaban de esta división.»

Alinsky se integra en la vida del barrio, busca alianzas. «El 95% de la gente era católica, conté con ello. Si hubiera hecho un llamamiento a la caridad cristiana, los curas me hubieran bendecido con seguridad. Yo les hablé de sus intereses: "Lo que cuenta para sus fieles, es la mantequilla que ponen en su rebanada de pan. Si continuáis preocupados solamente por la pureza de sus almas, van a afiliarse todos al partido comunista y eso será vuestro fin. Os hace falta combatir a los comunistas en su propio terreno."»

Con la ayuda de la Iglesia local, logra movilizar al barrio, por otra parte utiliza todos los medios a su alcance: el boicot a las tiendas, la huelga contra los patronos, negarse a pagar los alquileres, el sit-in, etc. «Soliviantamos a los políticos unos contra otros. Al principio, no dio resultado. Después la presión fue tan fuerte que tuvieron que ceder: los alquileres se redujeron, los servicios municipales fueron reorganizados, los préstamos otorgados, los precios y los salarios reequilibrados, etc."»

Su regla de conducta es inmutable: la autodeterminación del pueblo, organizar a la gente para ayudarles sin obligarles jamás. Una vez que se han obtenido las primeras victorias, el pueblo debe continuar solo. Alinsky no se queda más de tres años en el mismo sitio: «Hay que impregnarse de la comunidad, respetarla, ayudarla, y luego marcharse 2

En 1973, para introducir la traducción de una conferencia de Alinsky, «Participación de la población y organización comunitaria en la planificación y la renovación urbana», el redactor de Cahiers de l'animation recuerda sumariamente a su vez quién es este hombre:
Saul Alinsky es el precursor de nuestros animadores de comités de barrios que defienden y/o practican una estrategia conflictiva de animación. Desde los años 30, donde organiza el barrio de los mataderos en Chicago, sus ideas radicales han hecho escuela en Estados Unidos y en Canadá en algunos comités ciudadanos. Del estudio del gangster de Al Capone a la organización de barrios pobres y minorías raciales de Chicago, pasando por la organización de una cincuentena de comunidades en U.S.A. y la redacción de su obra Reveille for Radicals en 1946, Saul Alinsky ha tenido el itinerario de un agitador y de un estratega.

Es un agitador, en el sentido de que su radicalismo rechaza el carácter edulcorante de la acción social que cubre frecuentemente el trabajo comunitario de barrio. Así reprocha al trabajo comunitario el encerrar su acción en una terapia de adaptación y olvidando las alienaciones, las relaciones de fuerza, los sistemas de opresión que afectan al conjunto de la sociedad. También busca constantemente, en beneficio de los grupos sociales desfavorecidos, a través de una estrategia concreta, hacer cambiar el statu quo y las relaciones de poder, todo ello en fidelidad a la democracia y dentro de la tradición pragmática americanas.

Porque Alinsky, lejos de ser un teórico, es también un hombre de acción y un estratega. Aunque tenga una concepción anarquizante de la democracia por su agudo sentido de la libertad y la autodeterminación, su acción no es ni romántica ni salvaje. Ella procede de una estrategia elaborada que tiene como fundamentos las tres ideas fuerza siguientes:

1. El interés (ya sea el de los individuos, de un grupo, de una organización) que es para él la primera motivación con que debe contar el animador;

2. El poder a adquirir por la organización para tener influencia y poder modificar la estructura de poder;

3. La táctica del conflicto como técnica de integración social del grupo contestatario y de desintegración de las funciones del poder contestado para conducir a éste a la negociación y al compromiso.3
Estos tres textos del Le Monde, de Actuel y de Cahiers de l'animation son interesantes porque permiten medir el nivel de conocimientos que el público francés ha podido tener acerca de Alinsky. Evidentemente es bajo, y, presentando la traducción de Rules for Radicals 4 y la introducción al mismo enriquecida con algunos documentos adjuntos, esperamos sencillamente que este hombre sea mejor conocido. Sin duda alguna es provocador y puede resultar irritante, pero su complicidad con la vida de la gente y lo saludable de su acción son cosas poco frecuentes como para no detenernos en ellas.
Para terminar con la presentación del propio Alinsky, retomaremos rápidamente las grandes líneas de su vida. Nació el 30 de enero de 1909 en Chicago, de padres judíos inmigrados de Rusia, en un sector que él mismo denominó como un gueto en relación con el gueto que constituía el conjunto del barrio, un ghetto de segundo grado. Sus padres se divorciaron cuando tenía trece años y vivió parte en Chicago con su madre y parte en Los Angeles con su padre, dando tumbos de escuela en escuela.
Su vocación de hombre realista, como él mismo relató, le llegó cuando tenía catorce años: «Cada vez que hacía una tontería, mi padre me decía: "Sabes lo que va pasar si continuas haciendo esto." Y un día le respondí: "No. ¿Qué pasará ?" y él tampoco lo sabía, no tenía ni idea. Desde entonces, empecé a mirar las cosas y a verlas como son.»
Hizo sus estudios entre 1926 y 1930 en la Universidad de Chicago: primeramente arqueología y más tarde sociología. No encontrando trabajo -era la crisis- consigue una beca para la preparación de una tesis de criminología. Fue entonces cuando intentó infiltrarse en la banda de Al Capone y se alió en particular con Frank Nitti, uno de los lugartenientes del patrón. Le dieron confianza y le llamaban «el profesor». Esto duró dos años.
En 1931, trabaja en el Illinois State Division of Criminology con jóvenes delincuentes. En 1933, fue nombrado criminólogo en la prisión del Estado de Illinois. En esta época, estaba igualmente muy comprometido en el ámbito social: recoge dinero para los trabajadores temporeros del Sur de los Estado Unidos, para las Brigadas Internacionales en España, y colabora a menudo con el sindicato CIO y su líder John Lewis al cual quedará siempre muy unido. Descubre también, y sería una de sus convicciones de base para su trabajo posterior, que la causa principal de la criminalidad se encuentra en las malas condiciones de alojamiento, la discriminación racial, el desempleo, la incertidumbre económica y la enfermedad. Ahora bien, a estos verdaderos problemas nadie les planta cara.
En 1939, se lanza, quiere poner en práctica sus ideas y organiza el «Back of the Yards» (el Patio Trasero), un barrio bajo situado detrás de los mataderos de Chicago. Triunfa más allá de lo esperado.
En 1940, crea el Industrial Areas Foundation, apoyado por un obispo auxiliar de Chicago y financiado por Marshall Field, director de los más importantes «grandes almacenes» de la ciudad. El IAF es un organismo que tiene como objetivo ayudar a poner en marcha grupos y organizaciones comunitarias. Durante cerca de treinta años, Alinsky trabaja en ella surcando los Estados Unidos para ayudar a constituirse a decenas de nuevas asociaciones, tanto en Nueva York donde conocerá a Illich, como en California donde ayudara a César Chávez a organizar a los Chicanos.
Está cerca de la gente. Nacido pobre, es reconocido por los pobres. Esto no le impide ser realista en materia de dinero haciéndose fnanciar su trabajo por fundaciones o empresarios. Es también amigo de Jacques Maritain y, hacia 1950, está en contacto con Monseñor Montini, arzobispo de Milán, futuro papa Pablo VI.
Tiene muchos adversarios. Las autoridades locales no aprecian generalmente la implantación de una «organización del pueblo» en sus ciudades. En el Middle-West, en 1944, fue encarcelado como medida de precaución. «Una oportunidad, dice, para poder escribir este libro Reveille for Radicals, publicado en 1946 por la Universidad de Chicago.»
1968 marca un giro en su vida. Su atención se traslada de los ghettos de minorías étnicas a la clase media blanca. Los últimos capítulos de Rules for Radicals son testimonio de ello.

Es en este mismo año, cuando crea el Industrial Areas Foundation Institue, su IUT privado, una escuela para «radicales» financiada con 500.000 dólares por Gordon Sherman, presidente de la Midas Muffler Company, y con 250.000 dólares por la fundación Ford, sin contar los 2.000 dólares de honorarios por cada una de sus conferencias.
Rules for Radicals es su testamento. Alinsky, cada vez más absorbido, lo publica en mayo de 1971. Muere de repente el 12 de junio de 1972, en California, cuando visitaba a su segunda mujer de la cual se había divorciado pocos años antes. Hay que destacar que los textos americanos sobre Alinsky hablan poco de su vida privada: se sabe sencillamente que se casó antes de la guerra, que tuvo dos niños, que su mujer se ahogó, que se casó otra vez y se divorció después.
En una entrevista publicada tres meses antes de su muerte, en marzo de 1972, en la revista Playboy, Alinsky decía: «Un día, tomé conciencia de que moriría, que era muy fácil y que por tanto podía vivir cada nuevo día, saborear cada nueva experiencia con la misma ingenuidad que un niño. Si hay otra vida, de todos modos iré al infierno; pero una vez esté allí, empezaré a organizar a los have-nots (los «don nadie») que voy a encontrar allí abajo. Son mis hermanos.»


Rules for Radicals (1971)
Un año antes de su muerte, Alinsky publicó un segundo libro, Rules for Radicals, del que presentamos aquí su traducción al francés. Comparándolo con el texto de Reveille for Radicals de 1946, los principios esenciales no cambiaron en nada, las mismas fórmulas-choque se repiten también. Las páginas de J.F. Médard dedicadas a Alinsky en Communauté locale et organisation communautaire aux Etats Unis, parecen resumir de antemano, en 1969, Rules for Radicals, que apareció dos años más tarde. Este último libro es quizá más concreto, los capítulos sobre la formación del animador, sobre las tácticas a utilizar, son más directamente aplicables. Sobre todo, encontramos relatadas en él nuevas experiencias de organización comunitaria dirigidas por Alinsky entre 1946 y 1970.
Por ello el libro merece la pena ser leído. En efecto, lo más impactante en este hombre es que enseña de manera más eficaz, al ir contando lo que hizo más que intentando filosofar sobre las motivaciones de sus compromisos y la justificación de sus métodos.
Rules for Radicals tiene otro interés que no pertenece al ámbito de los métodos del trabajo comunitario. Parece ser que Alinsky, al final de su vida, estaba convencido de que las fuerzas revolucionarias del mañana hay que buscarlas hoy, no en las minorías étnicas y raciales -limitándose al contexto norteamericano-, sino en las clases medias cuya organización es cada vez más urgente. Políticamente, los verdaderos have-not, los más desposeídos, actualmente, son estas clases medias. El futuro depende de ellas, si aprenden al menos a sacar provecho de su importancia numérica. Es hacia estas clases hacia la que Alinsky dirigió toda su atención, sobre todo después de su conflicto con la firma Kodak de Rochester en 1969. Para ellas inventó una nueva táctica, susceptible de ampliarse a escala nacional: la movilización de pequeños accionistas americanos -que pueden contarse por millones- contra las tecnoestructuras que dirigen en Estados Unidos los negocios, el ejército y la administración. No parece que esta táctica haya dado todos los frutos que él esperaba. Pero seguro que sus discípulos inventarán otras y la historia política de las clases medias no habrá hecho más que empezar.
La organización por la acción va, en los próximos diez años, a concentrarse en las clases medias blancas de Estados Unidos. Es allí donde se encuentra el poder. Cuando las tres cuartas partes de la población se identifique con la clase media [...], es bien evidente que será su acción o su falta de acción lo que determinará la dirección del cambio. Grandes sectores de la clase media, aquéllos que representan la mayoría silenciosa, deben ser movilizados.[...]

Empezamos a comprender un poco tarde que incluso aunque todas las categorías sociales con rentas bajas estuvieran organizadas y si los negros, los portorriqueños, los mejicanos americanos, y los pobres de los Apalaches estuvieran todos, por algún milagro de un genio de la organización, unidos en una coalición, ello no sería suficiente para introducir los cambios fundamentales necesarios. Ésta coalición debería hacer todo lo que hacen las organizaciones minoritarias, las pequeñas naciones, los sindicatos obreros, los partidos políticos, en una palabra, todo lo que es minoritario: buscar aliados.

Los únicos aliados potenciales de los pobres de América se encuentran en los diversos estratos organizados de la clase media. 5
Uno de las muestras más sorprendentes de esta atención de Alinsky a las clases medias es el llamamiento casi patético que lanza a los jóvenes activistas:

Los activistas y los radicales de nuestros campus universitarios o de cualquier otro lugar, aquéllos que quieren que las cosas cambien, deben realizar un cambio radical. Salvo raras excepciones, nuestros activistas y nuestros radicales son producto de la clase media y se rebelan contra ella.[...]

Para un activista, renegar de su pasado es una acción totalmente gratuita que no resuelve nada. Debe, por el contrario, tomar conciencia del inestimable valor que tiene su experiencia de la clase media.[...]

Las clases medias se han engrosado, desconcertado, aterrorizado hasta el punto de haber sido reducidas al silencio.[...] He aquí la tarea del revolucionario de hoy: soplar sobre las brasas de la desesperanza para hacer saltar una llama para el combate.[...]

Os hace falta, pues, regresar allí de donde habéis salido, a las afueras donde reside la clase media, e infiltraros en sus múltiples organizaciones, MLF, grupos de consumidores, iglesias, clubs.[...]

Hay que empezar despacio, sin precipitarles ni asustarles, para evitar que os den la espalda definitivamente. Son las reacciones de la oposición las que harán el resto para curtir y educar a la clase media.6
Este libro, por consiguiente, no es más que un manual práctico, un repertorio de buenas técnicas. Es un poco el último grito de un hombre que amó al pueblo y quiso la revolución desconfiando de los políticos. Alinsky era un organizer; es también un profeta: la revolución vendrá de otros, no de los políticos.
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