Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama






descargar 1.77 Mb.
títuloPrefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama
página14/43
fecha de publicación31.05.2015
tamaño1.77 Mb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Derecho > Documentos
1   ...   10   11   12   13   14   15   16   17   ...   43

Pensamientos privados, sentimientos públicos

"El proceso de evaluación –continuó Paul depende de dos aspectos diferentes. Por una parte, se halla determinado por la historia de nuestra especie en este planeta (ya que, como señala cierto teórico, nuestras respuestas reflejan la sabiduría de las edades) y, por la otra, también se ve influido por nuestra historia personal. Así pues, la filogenia y la ontogenia han sido útiles y adaptativas para la humanidad; y lo que ha sido útil y adaptativo en nuestro proceso de crecimiento y desarrollo acaba dejando su impronta en nuestra respuesta de evaluación.

"Las emociones no son privadas sino públicas. Con ello quiero decir que nuestra expresión verbal, gestual y postural delatan las emociones que estamos experimentando. Así pues, nuestros pensamientos son privados, mientras que nuestras emociones son públicas, y los demás saben cómo nos sentimos, lo cual es muy importante para comunicarnos."

Este punto suscitó un largo debate en la comitiva tibetana, en la que el Dalai Lama buscó el término tibetano correspondiente al término pensamiento del que estaba hablando Paul, una cuestión, por otra parte, fundamental en el diálogo entre el Dalai Lama y la psicología. Desde la perspectiva budista, no existe una clara separación entre las emociones y los pensamientos, ya que las emociones están inevitablemente cargadas de pensamientos y no es de extrañar, por tanto, que el término tibetano para referirse al "pensamiento" incluya también su tono afectivo. El tibetano no establece la misma distinción nítida entre pensamiento y emoción que hace Occidente, sino que entiende –como hace la moderna neurociencia que ambos se encuentran estrechamente relacionados."

–Uno podría tener una actitud que se halla entremezclada con una emoción, con una actitud negativa, por ejemplo, que vaya inmediatamente seguida de odio –señaló el Dalai Lama.

–Son muchos los pensamientos que van acompañados de emociones –reconoció Paul, pero eso no ocurre en todos los casos. Si el pensamiento está ligado a una emoción, entonces usted verá indicios de esa emoción. Permítame darle un ejemplo que subrayo con cierta frecuencia en mi trabajo sobre el engaño. Cuando usted habla con alguien que es sospechoso de un crimen y parece asustado, no resulta fácil discernir si se trata del miedo del culpable a ser descubierto o del miedo de la persona inocente a no ser creída. Nosotros no estamos en condiciones de determinar cuál es el contenido de su pensamiento, ya que lo único que podemos detectar son las emociones que suscitan.

En una obra de teatro de Shakespeare, por ejemplo, Otelo mata a Desdémona. Él estaba en lo cierto al advertir los signos de su miedo, pero los interpretó equivocadamente, ya que los atribuyó a la infidelidad, cuando lo cierto es que sólo era una mujer que temía a su celoso marido.

–El budismo –dijo el Dalai Lama trata de comprender la relación causal que existe entre las emociones y los pensamientos. En muchos casos, es la emoción la que origina una cierta intención, de modo que no es infrecuente que la emoción preceda o facilite la aparición del pensamiento.

La ética budista habla de tres tipos de estados mentales no virtuosos, dos de los cuales están estrechamente ligados a la emoción. Uno es la codicia y el otro el rencor. La primera se origina en una identificación con un determinado objeto que luego da origen al pensamiento "quiero eso". La codicia también podría verse alentada por el enfado o por otras emociones. De manera semejante, la cólera y el odio también suelen provocar el rencor y todos sus pensamientos asociados.

–Completamente de acuerdo –respondió Paul.

–En todos estos casos –señaló el Dalai Lama, la emoción parece preceder al pensamiento.

–A veces le precede, otras ocurre al mismo tiempo y aun en otras le sucede –concluyó Paul.

Actuar sin pensar

"Veamos un par de puntos más. La aparición de una emoción provoca una serie de cambios en nuestra expresión, en nuestro rostro, en nuestra voz, en el modo en que pensamos y nos moviliza a la acción. Estos cambios se producen de manera involuntaria, y si no estamos de acuerdo con ellos, lo experimentamos como una lucha, en cuyo caso nos esforzamos por controlar, por no mostrar, por no hablar o por no actuar. Un aspecto decisivo de la emoción es el hecho de que, durante un instante –o durante bastante más que un instante, acaba secuestrándonos –dijo Paul.

"Las emociones pueden ser muy breves. Hay ocasiones en que no duran más que un segundo o dos. En un determinado momento puedo estar feliz, al siguiente enojado y un instante después triste. Pero también es posible que la emoción perdure durante más tiempo.

"Lo que he estado describiendo es realmente una visión evolucionista de la emoción. En algún lugar de su autobiografía, Charles Darwin dice algo así como que: "todos los seres vivos se han desarrollado a través del proceso de selección natural guiándose a través de las sensaciones placenteras, especialmente las derivadas de la sociabilidad y del amor a nuestra familia". Creo que esta afirmación coincide bastante con la visión de Su Santidad, aunque entre ambas existan algunas interesantes diferencias."

Paul entregó entonces al Dalai Lama una copia de La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, el libro clásico de Darwin sobre la emoción, que Paul acababa de editar acompañado de un comentario científico moderno.

"Una de las ideas fundamentales de Darwin que han resistido el paso del tiempo es la continuidad de las especies o, dicho en otras palabras, que las emociones no son privativas del ser humano. El pensamiento occidental ha oscilado entre dos opiniones diferentes, que la emoción es exclusiva de los animales, o que lo es del ser humano. Si reconociésemos que los animales tienen emociones, no podríamos tratarlos del modo en que los tratamos. Así pues, existe una continuidad entre las distintas especies, como también existe una universalidad que trasciende las diferencias interculturales.

"Otra idea de Darwin –probablemente más controvertida es que nuestras emociones evolucionaron a lo largo de la historia para ocuparse de las cuestiones vitales más importantes –como la crianza de los hijos, la amistad, el apareamiento, el antagonismo, etcétera y que su misión es la de ponernos rápidamente en funcionamiento sin necesidad de apelar al pensamiento.

"Me viene ahora a la mente una anécdota procedente del viaje que nos trajo aquí –dijo Paul, recordando nuestra desoladora experiencia por las atestadas carreteras de la India, una mezcla espontánea de enormes camiones Tata, autobuses apiñados de pasajeros, taxis, coches, rickshaws, peatones y vacas expuestas a un Sol abrasador moviéndose todos en función de la ley aleatoria del movimiento browniano. Cuando un vehículo adelanta suele venir otro a toda velocidad en sentido contrario; en el momento en que se cruzan a toda velocidad tocando el claxon y abriéndose paso milagrosamente, se dispara una inyección de adrenalina.

"Hay veces –prosiguió Paul, con esa escena fresca en su mente en que uno esta conduciendo cuando, súbitamente, se da cuenta de que otro coche se le echa encima. Sin necesidad de pensarlo, y antes incluso de saber cómo lo ha hecho, gira el volante y pisa el freno, en cuyo caso la emoción le ha salvado la vida. Si hubiera tenido que pensar para reconocer el peligro y decidir lo que tenía que hacer, es muy probable que no hubiera podido evitar la colisión. Pero no hay que olvidar que esas mismas características también nos meten en algún que otro problema."

–¿Pero acaso esa respuesta –preguntó entonces el Dalai Lama no es una respuesta condicionada porque, si la persona no hubiera aprendido a conducir y a pisar el freno, no habría podido responder adecuadamente?

–Así es –respondió Paul. Y, a pesar de que este aprendizaje no se lleve a cabo en la infancia sino en la juventud, acaba automatizándose e integrándose en el mismo mecanismo de la emoción. Por ello, cuando algo se aproxima demasiado rápidamente a nuestro campo visual, respondemos de inmediato, sin preocuparnos de averiguar antes de qué se trata. Cuanto más aprendemos una determinada respuesta más automática se torna; por este motivo nuestras respuestas emocionales dependen mucho de lo que hayamos aprendido a lo largo de nuestro proceso de desarrollo. Luego veremos si es posible desaprender alguna de ellas.

Las familías básicas de las emociones

"La última de las ideas de Darwin que resulta relevante para nuestra conversación tiene que ver con la existencia de diferentes emociones. Y es que no sólo existen emociones positivas y emociones negativas, sino que cada emoción apunta a un propósito diferente. ¿Cuántas emociones hay? Veamos ahora una lista de las distintas emociones de las que tenemos una cierta evidencia científica.

"Mucho se ha hablado de las emociones básicas, es decir, de las emociones de las que se derivan todas las demás. Son varias las escuelas filosóficas y la investigación realizada en el ámbito intercultural (para determinar si una emoción es universal) y en el de la comparación entre las distintas especies (para ver si también se presentan en los primates), dos dominios clave para averiguar si una determinada emoción pudo haber sido esencial para la evolución. Según Paul, existen diez emociones básicas: el enojo, el miedo, la tristeza, el disgusto, el desprecio, la sorpresa, el disfrute, la turbación, la culpabilidad y la vergüenza, "cada una de las cuales no representa tanto una emoción como una familia de emociones. En este sentido, existe toda una familia de sentimientos ligados, por ejemplo, al enojo".

La lista de Paul comparte ciertas similitudes con la lista de los estados mentales proporcionados por la psicología budista. Esta noción de familias de emociones llamó poderosamente la atención del Dalai Lama, que estableció varias comparaciones inmediatas con la tipología budista con la que estaba familiarizado, lo que originó un largo debate con Jinpa, siempre dispuesto a ejercitarse en la modalidad de debate úbetano, Finalmente, Su Santidad preguntó a Paul:

–¿Diría usted que la codicia es una emoción? Porque aquí parece haber un cierto desacuerdo.

–Yo creo que se halla más próxima a la envidia –replicó Paul. Creo que cada emoción forma parte de una familia de sentimientos y que, en este sentido, la codicia forma parte de la familia de la envidia –que, por cierto, no se halla en la lista de las emociones básicas esenciales para la supervivencia.

Cuando comencé a estudiar el desprecio –siguió diciendo Paul, creía que se trataba de una emoción estrictamente occidental, más en concreto inglesa, pero no tardé en descubrir pruebas de su universalidad y evidencias de que no sólo afecta al ser humano, sino también a otros animales. La investigación realizada por Stephen Suomi, por ejemplo, ha puesto de relieve que, cuando un primate dominante es desafiado por otro más joven, responde con el mismo despliegue muscular puesto en marcha por el ser humano en situaciones parecidas.

–¿Son todas las emociones de su lista (el miedo, el enfado, el disgusto, etcétera) –preguntó entonces el Dalai Lama espontáneas? ¿Son comunes también a los animales? ¿Somos necesariamente inconscientes de su aparición? ¿Podría haber casos de miedo, por ejemplo, que fueran el resultado de los procesos del pensamiento?

–Sí –dijo Paul, el miedo está muy ligado a las expectativas negativas. No es nada infrecuente, por ejemplo, que, si tengo que esperar varios días para conocer el resultado de una biopsia, mi mente vuelva a ello una y otra vez, dando vueltas y más vueltas a las posibles consecuencias de esa situación y experimente miedo. En mi opinión –una opinión que, debo decirlo, no todo el mundo comparte se trata de un proceso que también puede presentarse en el caso de los primates. Y es que algunos primates pueden ser conscientes del modo en que se sienten, prever eventos emocionales y experimentar un cierto sufrimiento anticipado.

–Este punto –dijo entonces el Dalai Lama nos lleva de nuevo al tema de la inteligencia aflictiva. Es cierto que ese uso de la inteligencia reflexiva puede generar miedo, pero me pregunto si los animales pueden incurrir también en ese tipo de procesos. Tal vez sea así de un modo muy general, pero no me cabe la menor duda de que ése es un tipo de funcionamiento tipicamente humano.

–Estoy de acuerdo con usted, pero también me pregunto si ésa no es una actitud que subestima lo que ocurre en otras especies –dijo entonces Paul, subrayando un punto que evocaba los escritos de Su Santidad sobre la compasión, que nos invita a tratar con el mismo respeto hasta el más pequeño de los insectos.

Siete tipos de felicidad

"Cada una de las distintas familias de la emoción –explicó Paul incluye un complejo de sentimientos relacionados como ocurre, por ejemplo, con las siete modalidades que componen la familia de la felicidad:

Regocijo

Fiero (el gozo de afrontar un reto)

Alivio

Excitación, novedad

Sobrecogimiento, admiración

Placeres sensoriales (en cada uno de los sentidos)

Calma y sosiego

"Aunque no dispongamos de pruebas fehacientes en todos los casos, creo que cada uno de los sentimientos mencionados constituye una emoción. Basándome en lo que he estado pensando durante la última semana, he añadido a la lista el estado de calma o sosiego. Y, aunque los términos tal vez no estén muy bien elegidos, creo que no hay duda de que se mueven en ese rango."

–¿Podría tratarse acaso de la ecuanimidad? –sugerí, recurriendo al término utilizado por la literatura budista para referirse a un estado de plenitud equilibrada.

–Me parece muy adecuado –asintió Paul. Como bien ha dicho el Dalai Lama, el hecho de que no dispongamos de una palabra para referirnos a una emoción no significa que ésta no exista, como tampoco implica necesariamente su existencia el hecho de que tengamos una palabra para nombrarla. Me gustaría señalar, a modo de ejemplo, el término fiero, que se refiere al placer que acompaña al hecho de afrontar un reto. En inglés carecemos de una palabra para esa emoción concreta y, por lo que me han dicho, tampoco la hay en alemán o en ruso. Pero en italiano existe un término concreto para referirse a esa emoción.

Matthieu y Francisco señalaron entonces que el francés dispone de una palabra parecida, fierté, que suele traducirse como "orgullo" para referirse a la satisfacción producida por el trabajo bien hecho... aunque Francisco puntualizó que "la felicidad no está incluida en la ecuación que compone el vocablo francés".

"Les agradezco el comentario –dijo Paul. Luego pasó al siguiente punto, el último que iba a tocar antes de la interrupción. En sí misma, la palabra felicidad no nos comunica de qué tipo de felicidad estamos hablando. El hecho de que sólo haya esbozado siete tipos de felicidad no significa que no existan más. Ese número únicamente refleja los límites de mi imaginación. Así pues, existe el regocijo (que se mueve en un espectro que va desde muy débil a muy intenso), e lfiero (que es una emoción diferente) y el alivio (que es la emoción que uno experimenta cuando se entera, por ejemplo, de que no tiene cáncer).

"También hablamos del sentimiento de excitación (que se deriva de la novedad), del sentimiento de sobrecogimiento y admiración (una emoción que no es muy frecuente pero sí muy importante) y del sentimiento de calma y sosiego. Éstos son, desde mi punto de vista, los siete tipos diferentes de felicidad que configuran esta familia emocional."

–¿El sobrecogimiento del que habla –preguntó entonces Alan sólo tiene que ver con algo positivo, elevado o excelente? ¿No podría referirse también a la emoción que me embarga cuando me siento sobrecogido por un accidente de tráfico y un cuerpo tirado en la calzada y digo: "­Qué terrible!"?

–La verdad es que no lo sé –respondió Paul, pero cuando he preguntado a la gente por experiencias de sobrecogimiento, sólo me han hablado de admiración.

–Algo positivo entonces –concluyó Alan.

–Tal vez –aclaró en ese momento Paul conviniera llamarlo sobrecogimiento positivo.

Entonces dije que había llegado ya el momento del descanso matutino. Durante ese período, Su Santidad me dijo que estaba muy interesado en los correlatos neuronales de los procesos mentales de los que Paul había estado hablando y le pareció muy bien cuando se enteró de que Richard Davidson hablaría de ello al día siguiente.

1   ...   10   11   12   13   14   15   16   17   ...   43

similar:

Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama iconApuntes basado en libros de su santidad el dalai lama XIV

Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama iconNovena Para Pedir Paz, f e y santidad

Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama iconTÉcnicas de la inteligencia artificial aplicadas a la educación coordinado...

Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama iconEl verdadero introductor del budismo tibetano entre el público occidental...

Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama iconNo es una santa… es una gigante de la santidad

Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama iconPrefacio

Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama iconPrefacio

Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama iconPrefacio

Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama iconPrefacio

Prefacio de su santidad el decimocuarto dalai lama iconPrefácio






© 2015
contactos
l.exam-10.com