Editado en español en 1963 y 1992






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Antonio Blay


LA PERSONALIDAD

CREADORA


Técnicas psicológicas y

liberación interior

Editado en español en 1963 y 1992

PRÓLOGO A LA PRESENTE EDICIÓN
La personalidad creadora es, tal vez, la obra más importante de Antonio Blay. Agotada su primera edición hace ya bastantes años, ha sido solicitada reiteradamente por los muchos estudiosos de las enseñanzas de A. Blay. Es por ello que tenemos una gran satisfacción al poder presentar este libro considerado un «clásico» del maestro, sabiendo la gran acogida que le dispensarán sus antiguos discípulos y los nuevos lectores de sus libros, con la convicción de que se trata, seguramente, de la obra más completa del autor, desde el punto de vista técnico-didáctico.

La revisión del texto la ha realizado Miquel Martí, discípulo y amigo de A. Blay, siguiendo fielmente los criterios manifestados en repetidas ocasiones por el propio autor, así como las indicaciones escritas a mano en las páginas del ejemplar que él usaba. Vaya desde aquí nuestro reconocimiento al trabajo de M. Martí que de una forma altruista y desinteresada ha preparado la mayoría de las obras de A. Blay editadas en nuestra editorial. Su trabajo ha permitido salvar del olvido gran parte de la obra del maestro que, de otro modo, corría el peligro de permanecer inédita o desconocida para los nuevos estudiosos de su enseñanza, la cual va llegando progresivamente a sectores de público cada vez más amplios.

Esta obra trata de un modo exhaustivo todos los resortes de la personalidad: el Yo-idea, el Yo-experiencia, el inconsciente, las represiones, la tensión, etcétera. Y aporta un compendio completísimo de las distintas técnicas dirigidas a la autorrealización: Hatha y Raja Yoga, relajación profunda, autocondicionamiento, oración, despertar de la intuición, etcétera; también trata de un modo profundo y original el tema de la escisión de la energía psíquica, ofreciendo las soluciones para su integración en una personalidad verdaderamente creativa.

Al final de la obra se presentan unos esquemas de trabajo, así como las orientaciones en la forma de aplicarlos, ya que ésta debe ser distinta según el tipo de personalidad de quien los ponga en práctica.

Sinceramente, creemos que con la publicación de este libro cumplimos un compromiso, voluntariamente contraído, con todos los seguidores de la obra de Blay.
LOS EDITORES
PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN
Este libro ha sido escrito para los descontentos inteligentes. Es decir, para todos aquellos que estando disconformes con su modo de ser actual, piensan que debe existir alguna manera de modificar sustantivamente su personalidad, en el sentido de alcanzar una mayor expansión de sus recursos y una más profunda vivencia de la propia plenitud. Para aquellos que no se encierran en el rígido caparazón de sus ideas y actitudes cristalizadas, y están dispuestos a emprender un trabajo definido para alcanzar una liberación interior de temores, prejuicios, encogimientos, incertidumbres, dudas y perplejidades. Para los que presienten la posibilidad de un vivir pleno, maduro, creador, lleno de sano positivismo y rico de significado. Para los que anhelan respirar hondamente sin trabas interiores, que desean comprender el sentido de la propia vida y que son capaces de luchar para llegar a vivirla de un modo total.

Pero no pretende ser éste un libro de divulgación filosófica ni religiosa. Ni tampoco pertenece propiamente a la llamada «literatura estimulante», aunque sus resultados, espero, tendrán este efecto en alto grado. El pleno aprovechamiento del contenido del libro no requiere en realidad adhesión a ninguna idea en particular, ni siquiera a las expuestas en el mismo. Este es, básicamente, un libro de técnicas psicológicas y el resultado que se obtenga será exactamente proporcional a la clara comprensión de tales técnicas y a la correcta ejecución de las mismas.

La eficacia de cuantas técnicas aquí se exponen -sacadas en su mayor parte de la tradición oriental- ha sido exhaustivamente demostrada por los millares de personas que desde tiempo inmemorial se han venido beneficiando de las mismas. Muchas de las técnicas de Oriente, no obstante, son aquí, en nuestra cultura occidental, escasamente conocidas, por lo que es inevitable que parezcan, sobre todo al principio, algo extrañas y desproporcionadas a los efectos que se afirman producir. No obstante, a medida que personalmente se pongan en práctica, se irá comprobando la certeza de los conceptos que las fundamentan. Y casi se puede afirmar que es éste el único modo seguro de llegar a tales evidencias.

Los temas aquí desarrollados son los mismos que integran los cursos que desde hace varios años vengo dando para el público en general en el Centro de estudios y aplicaciones psicológicas DHARMA. Algunos capítulos no son más que otras lecciones transcritas de la cinta magnetofónica y adaptadas luego a la palabra escrita. Esta es la razón de algunas deficiencias que puedan observarse en la presentación del libro, especialmente en cuanto a estilo y a ciertas reiteraciones en algunos temas. No obstante, creo que, desde un punto de vista didáctico, las ideas y las descripciones de las técnicas se han mantenido lo suficientemente claras como para que en su comprensión y ejecución no surjan más dificultades que las naturalmente inherentes a las mismas.

Por último, me permito recomendar al lector que trate de leer este libro con una disposición mental atenta y abierta, neutralizando así sus hábitos mentales y trascendiendo las ideas anteriormente adquiridas. Sólo de esta manera estará en condiciones de asimilar los conceptos nuevos que pueda encontrar. Y esto es de especial aplicación en algunos capítulos cuya materia es particularmente interesante pero, también, sorprendente y muy «nueva» (caps. 12, 13, 16, 21, 22, 23 y 24). Tanto en éstos como en los restantes capítulos, una reiterada lectura se mostrará siempre muy útil y productiva.
ANTONIO BLAY
INTRODUCCIÓN
Creatividad y condicionamiento
Vivir todos los hechos de la vida cotidiana, incluso los más habituales, de un modo constantemente nuevo, intenso y lleno de sentido. Concebir formas nuevas de resolver dificultades, intuir y expresar las realidades superiores del hombre y de la naturaleza, sea a través del lenguaje científico, filosófico o artístico. He aquí dos formas bien distintas de una misma cualidad fundamental: la creatividad.

Pero de estas dos formas de creatividad, la que aquí nos interesa de un modo especial es la primera, la de vivir diario, la que está al alcance de todos y cada uno de nosotros, puesto que no requiere ningún don ni ninguna calificación o aptitud extraordinaria, sino que exige tan sólo la utilización efectiva de lo que cada uno de nosotros ya posee: la vida, la inteligencia, la energía, la conciencia, el amor, la voluntad.

El ser humano, en efecto, es naturalmente creador, del mismo modo que lo es en grado sumo la Vida de la cual él es una elevada expresión.

La creatividad, pues, no la hemos de ver exclusivamente en aquellos grandes artistas cuyas obras admira la humanidad a través de los siglos, ni tampoco en esos hombres geniales en el terreno de los descubrimientos científicos, de las realizaciones tecnológicas o de las innovaciones comerciales.

La capacidad creadora se manifiesta en toda acción que el hombre ejecuta con la plenitud de todo su ser, con la sinceridad, espontaneidad y totalidad de un alma despierta y sencilla. La creación se produce entonces de un modo tan natural como la salida y la puesta del sol, de un modo espontáneo como el movimiento de las ramas a impulsos del viento. Las acciones todas de quien es capaz de actuar así y todas sus palabras respiran una especial grandeza, un frescor y una fuerza, exponentes del proceso de constante renovación de energías vivas que se está produciendo en cada instante en su interior. ¿Cuál es, si no, el secreto que encierra la sonrisa de un niño o la ilusión de una adolescente enamorada? ¿No es, acaso, el hecho de que ambos viven más cerca de la fuente viva de su ser y expresan de un modo directo, espontáneo, natural, sin interferencias, desviaciones ni bloqueos de clase alguna las fuerzas creadoras que están impulsando su personalidad?

De la misma manera, toda persona que pueda vivir conscientemente sintonizada, armonizada e integrada con las energías primordiales que animan su personalidad, manifestará, lo mismo en los actos más sencillos de su vida diaria que en la solución de los problemas de toda clase que se presenten en su existir, la misma grandeza, la misma fuerza avasalladora, la misma delicadeza y la misma inteligencia creadora de la propia Vida que le hace vivir.

Pero lo que el hombre es de un modo natural puede quedar frustrado de un modo artificial. Múltiples factores vienen a interponerse de hecho entre su impulso y su acción, creando un velo de confusión en su mente, dando lugar a toda una serie de problemas, angustias y limitaciones que ahogan su espíritu creador, toda espontaneidad y toda libertad. Factores que encierran artificiosamente la mente humana dentro de minúsculos círculos cerrados en los que sólo impera el hábito, la rutina y el más absoluto automatismo.

El hombre padece, se queja, se rebela, protesta y busca frenéticamente una solución que le permita recuperar su sensación interna de libertad y alcanzar un estado de auténtica plenitud. Pero mientras busque el remedio dentro del mismo círculo en el que está encerrado y utilizando las mismas ideas y actitudes que le son habituales, es evidente que no podrá adelantar ni un solo paso hacia su efectiva liberación.

Para muchas personas,, en cambio, ni siquiera se plantea el problema, puesto que no se dan cuenta de la existencia de ningún problema interno básico. Creen de buena fe que el único problema a resolver es el que se refiere a sus condiciones externas de vida: conseguir mayor categoría profesional, obtener más dinero, más comodidad, mayor prestigio, etc. Evidentemente para tales personas, mientras no sientan la presencia de una inquietud interior, ni de una viva protesta por su estado de limitación interna, no existe la menor posibilidad de transformación.

Pero para todos aquellos que, en mayor o menor grado, son conscientes del problema y que no se conforman con las artificiales filosofías y teorías justificativas más o menos sutiles, emitidas por otros que tampoco han logrado salir del círculo, existe la posibilidad de iniciar un trabajo serio de crecimiento mental y, a través de él, de reestructuración y consolidación de una nueva personalidad.

Este es el tema que nos ocupará principalmente en las páginas de este libro: el estudio de los condicionamientos naturales y artificiales, y el modo de neutralizar estos últimos. El resultado de esta neutralización será la personalidad creadora. Por este motivo no ha de extrañar a nadie que en el transcurso de todo él apenas mencionemos de un modo explícito y directo el tema de la creatividad. Esta creatividad de la que estamos hablando no se aprende: es el resultado natural de encontrarse a sí mismo, es la consecuencia inmediata de vivir con madurez de conciencia y hasta el fondo todas las experiencias que la vida nos depara, sin bloqueos, mentiras ni distorsiones; es el resultado de limpiarnos y desprendernos en nuestra mente de todo cuanto es extraño a nuestra verdadera naturaleza.

El camino que conduce a la libertad interior es un camino de simplificación mental. Pero es una simplificación que implica a la vez profundización y amplificación. Es, un camino de sencillez, pero de sencillez desde el centro de nuestro ser. Es un camino fácil de ver, de intuir, pero difícil de recorrer porque requiere el manejo de esas herramientas que nunca hemos aprendido a utilizar de un modo deliberado: nuestra mente, nuestra atención, nuestra imaginación, nuestros impulsos y sentimientos, y de un modo especial nuestras actitudes internas.

Las dos clases de trabajo interior
Como existe bastante confusión sobre las varias formas de trabajo interior y de los resultados a que conducen, creemos útil decir ya en esta Introducción unas palabras sobre el tema, aun cuando para ello debamos utilizar algunos términos e ideas que corresponden al cuerpo del libro.

Existen dos clases bien diferenciadas de trabajo interior: la de tipo horizontal o de profundización, y la de tipo ascensional o de elevación.

El trabajo de tipo horizontal tiene como objetivo conseguir un camino expedito para que la conciencia pueda conectarse con el centro, con el eje de alguno o de todos los niveles que están activos en una persona. Es el camino que conduce a la libertad interior, a la espontaneidad, al descubrimiento de la realidad del autentico «sí mismo» Es la sintonización con el eje del Yo-experiencia del que hablaremos en su lugar. Su expresión es la creatividad de la que hemos hablado en esta Introducción.

El trabajo de tipo ascensional, que también podríamos denominar evolutivo o de perfeccionamiento, tiene por objetivo conectar la mente consciente con niveles más elevados -sea a través de la vía mística o amor espiritual, sea por el camino del discernimiento o camino de la sabiduría, o, en fin, por el sendero de la belleza y de la armonía-, organizando toda la estructura de la vida personal alrededor y al servicio de estos valores superiores.

Para el primer tipo de trabajo todo el mundo está ya actualmente capacitado, puesto que toda la labor a realizar consiste en abrirse más a sí mismo, en aprender a estar atento cada vez desde más adentro; en una palabra: tomar conciencia de lo que uno actualmente, ya es, pero hasta el fondo. Requiere tan sólo una educación incesante de la mente que ha de aprender a mirar en esa dirección -sin perder su habitual contacto con todo lo exterior- a la que no está acostumbrado en absoluto. Dificultan desde luego esta labor varias formas de condicionamientos negativos que el hombre ha empezado a adquirir ya desde su infancia, y de los que hablaremos en seguida. Pero sustancialmente no ha de cambiar nada ni tampoco ha de adquirir nada. Únicamente ha de realizar un desplazamiento del foco mental consciente que en vez de apoyarse de modo habitual en un plano externo -el de las cosas concretas objetivas- o en un plano interno medio -sensaciones, sentimientos y reflexiones-, ha de llegar a estabilizarse en el punto central del nivel que sea. Salvando las debidas distancias, es la clase de realización que igualmente podrían conseguir un árbol o un gato, si además de la conciencia vegetativa o animal que viven, suponemos, plenamente, pudieran tener conciencia mental humana. Es una de esas formas de autorrealización que encontramos en ocasiones en gente muy sencilla -hombres del campo, pastores, marinos- quienes, por su prolongada soledad y continuo contacto con la naturaleza -la que les rodea y la suya propia-, llegan a desarrollar una intuición notable de su ser profundo y de las leyes naturales.

Esta clase de realización interior puede alcanzarse sea a través de un nivel meramente vital -lo que por ejemplo ocurre, aunque por muy breves instantes, en el orgasmo, y de forma más permanente pero en otra modalidad, al atleta consagrado por entero a sus ejercicios-, sea a través del nivel afectivo o del mental. Es lo que podríamos decir, la perfección o realización del aspecto elemental del hombre, y va siempre acompañada de una grandeza o fortaleza de las cosas y de las personas. Hacia una forma u otra de este tipo de realización conducen las técnicas preconizadas por el psicoanálisis, el Hatha y Raja Yoga, el Zen y Krishnamurti. Evidentemente, depende también de la calidad intrínseca de la persona que practica tales técnicas, el que esta realización horizontal tenga lugar en un nivel o en otro, y hasta el que, paralelamente a esta profundización en el caso de que la persona ya estuviera trabajando en un sentido espiritual, se produzca también eventualmente una fuerte resonancia espiritual.

Pero no hay que confundir esta realización de profundidad con la verdadera realización espiritual. Esta última requiere, como ya hemos dicho, que haya una afectiva toma de contacto y una integración mental con niveles superiores al de la mente concreta. Exige un ascenso, una traslación hacia arriba del foco mental. Y como los valores de los niveles superiores difieren de los propios de los niveles elementales, este ascenso y nueva estabilización de la mente produce la necesidad de transformar cualitativamente la escala de valores vigente hasta entonces y, consecuentemente, un cambio radical en el estilo de vida.

Como es lógico no existe contraposición entre las dos clases de trabajo interior. Antes al contrario, ambas se complementan de un modo perfecto, puesto que se corresponden con la apertura total de la mente. Hacia adentro y hacia arriba son, en efecto, las dos dimensiones que faltan a nuestra mente, que ha vivido hasta ahora prácticamente hipnotizada mirando tan sólo hacia fuera y abajo.

La principal causa de la detención del desarrollo de la mente en la dimensión de profundidad, que a su vez es la que impide que el hombre pueda encontrarse a sí mismo y alcanzar la plena conciencia de su realidad central, radica en la multitud de problemas internos que el hombre ha ido acumulando desde la niñez y que lleva consigo, pendientes de solución, aún sin darse muchas veces cuenta de ello por estar fuertemente reprimidos en su inconsciente.

Estos problemas producen siempre en el interior de la persona, en mayor o menor grado, un triple efecto:
- un bloqueo de energías, principalmente en forma de impulsos vitales y afectivos.

- unas ideas erróneas o contradictorias, que afectan lo mismo a la valoración de sí mismo que a la valoración del mundo y a la de su conducta.

- una serie de actitudes y hábitos negativos y encogidos, tanto en el aspecto físico como en el afectivo y en el mental, que obligan al hombre a una conducta en círculo cerrado.
La manifestación subjetiva permanente de este estado interno de conflicto es el temor y la hostilidad que afectan y colorean toda la vida de la persona, y, a la vez, constituyen la barrera interna que se opone a que la mente consciente llegue a sintonizar, a conectarse con el eje auténtico de su propia realidad detrás de esta zona de conflicto. Y todo esto ocurre, evidentemente, sin prejuicio de que por otra parte la persona desarrolle una serie de cualidades positivas, intelectuales y caracterológicas. Cualidades que si bien pueden darle la ilusión de que ya «funciona bien», no son en realidad más que un pálido reflejo de las que verdaderamente podría expresar si por dentro fuera libre y pudiera disponer de todos sus recursos potenciales.

La principal causa de la falta de desarrollo del hombre en su dimensión superior o espiritual es su excesiva y casi total identificación con los niveles elementales de la personalidad, esto es, con el cuerpo y sus necesidades, con sus estados emocionales y con sus ideas concretas. La permanente y exclusiva atención a estos niveles impide que la mente consciente sea receptiva con suficiente intensidad a los valores y realidades trascendentes que, en un grado u otro, todos podemos sintonizar, cultivar y expresar.

Pero como que, a pesar de todo, estos niveles superiores de algún modo hacen sentir su presencia en forma de aspiraciones o de exigencias de algo absoluto y definitivo, el hombre se encuentra aprisionado en un mundo y en un estilo de vida que descubre como vacíos y que le llenan de desengaños, de hastío y de desesperanza, pero de los que, por otra parte, no sabe cómo ni acaba de decidirse a trascender.

Su vida espiritual, cuando realmente existe, se desenvuelve por lo general, tanto en el aspecto religioso como en el filosófico y en el estético, de un modo excesivamente formal e intelectualista que de ninguna manera pueda satisfacer su verdadera necesidad de vida espiritual.

La evolución espiritual del hombre obedece a unas leyes y se sirve de unos mecanismos tan precisos y tan concretos como puedan serlo en otro nivel los de su desarrollo fisiológico. De estas leyes y de estos mecanismos no tenemos todavía más que unos conocimientos rudimentarios. Pero por parciales y limitados que sean, constituyen un precioso punto de partida para emprender un trabajo serio, sistemático y con espíritu científico que vendrá a complementar útilmente cuanto se viene haciendo hasta ahora en nuestras latitudes a este respecto (y que se apoya casi exclusivamente en un criterio moral y tradicional).

De ambas formas de trabajo interior hablaremos con cierta extensión en el presente libro, si bien daremos preferencia y prioridad a la primera, como ya hemos dicho, y estamos seguros de que, para la mayoría de las personas interesadas en estos problemas, algunos aspectos tanto de la teoría como de la práctica, serán de gran utilidad. Con lo que hemos dicho en esta Introducción queda expuesto el esquema que nos servirá de base para desarrollar las ideas y las técnicas de trabajo en el presente libro. Nos falta decir, tan sólo, que con el fin de satisfacer también las necesidades más concretas e inmediatas de muchas personas, hemos complementado la materia del libro con capítulos dedicados a temas de orden tan práctico como «la relación interpersonal», «técnicas de tranquilización», «el desarrollo y organización de la mente» y otros similares. En los primeros doce capítulos expondremos la estructura y el funcionamiento de la personalidad, haciendo especial hincapié en el estudio de aquellos factores que condicionan de un modo artificial su desarrollo y dando paulatinamente las técnicas correspondientes para su neutralización. En los capítulos restantes daremos normas particulares para la aplicación de lo estudiado previamente a determinadas esferas de nuestro existir diario y sobre el desarrollo de nuestras facultades superiores.
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