Osho el secreto de los secretos charlas sobre el Secreto de la Flor Dorada Título original: The Secret of Secrets Índice






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Hacer girar la llave
Osho, el Maestro Lu-Tsu dijo:
Cuando se hace que la luz se mueva en círculo, todas las energías del cielo y de la tierra, de la luz y de la oscuridad, se cristalizan. Cuando uno comienza a aplicar esta magia es como si, en el medio del ser, hubiera no-ser. Cuando en el transcurso del tiempo el trabajo se completa, y hay un cuerpo más allá del cuerpo, es como si, en el medio del no-ser, hubiera ser. Solo tras el trabajo concentrado de cien días será genuina la luz; solo entonces se convertirá en espíritu del fuego. Después de cien días, se desarrolla por sí mismo en medio de la luz un punto de verdadero polo de luz. Entonces se desarrolla de pronto la perla-simiente. Es como si un hombre y una mujer se abrazaran y tuviera lugar una concepción. Entonces uno debe estar muy calmado y esperar. En medio de la transformación primordial, el resplandor de la luz es lo determinante. En el mundo físico está el sol; en el hombre, el ojo. Esta energía se dirige hacia fuera, fluye hacia abajo. Por tanto, el Camino de la Flor Dorada depende enteramente del método de fluir hacia atrás.
La circulación de la luz no es solo una fantasía.
Concentrando los pensamientos, uno puede volar; concentrando los deseos, uno cae. Cuando un discípulo se ocupa poco de sus pensamientos y mucho de sus deseos, entra en el camino de la sumersión. Solo mediante la contemplación y la quietud surge la verdadera intuición; para eso es necesario el método de fluir hacia atrás.

Hacer girar la llave
Le preguntaron a un gran maestro: «¿Qué es el Buda?»

«La mente es el Buda», contestó. Cuando el mismo discípulo volvió a hacerle la misma pregunta muchos años después, dijo: «No Buda, no mente.»

«Entonces, ¿por qué dijiste anteriormente "La mente es el Buda"?»

«¡Para que el bebé deje de llorar! Una vez que el bebé ha dejado de llorar, digo: no mente, no Buda.»
La filosofía es solo un juguete, un juguete para que el bebé deje de llorar. Y también la teología. En realidad, la religión se constituye de experiencia, de experimentación; no tiene nada que ver con la especulación. En su esencia natural es la ciencia de lo interno; es tan científica como cualquier otra ciencia. La diferencia entre la religión y la ciencia no es su metodología, sino solo su objeto.

La ciencia observa el mundo objetivo en el que fluye nuestra energía, en el que fluye nuestra luz. La religión investiga lo subjetivo, donde nuestra luz no está fluyendo pero se puede hacer que fluya. Por eso la ciencia es más fácil que la religión. No pienses ni un solo momento que la religión es más simple que la ciencia. Es una ciencia más elevada; ¿cómo va a ser más simple que la ciencia? Es una ciencia superior.

Primero la luz tiene que fluir hacia dentro; entonces cae en tu ser, entonces se revela tu ser y puedes entrar en tu ser. Y entrar en el propio ser es entrar en el reino de Dios. Ahí, tú no existes y existe Dios: tú sólo existes en la sombra. Cuando la luz fluye hacia fuera, existes sólo en la sombra. Existes porque permaneces inconsciente de tu verdadero ser. Tu verdadero ser es el ser supremo. Tu verdadero ser es un Ser con S mayúscula. No tiene nada que ver contigo; es el ser de todo. Pero para eso tiene que tener lugar una gran transformación.

La naturaleza te ha preparado para el flujo hacia fuera. La función de la naturaleza ha terminado. Con el hombre, la naturaleza ha alcanzado su clímax; ahora nada más va suceder de manera natural a menos que el hombre tome la decisión de ir más lejos que la naturaleza. La naturaleza te ha llevado al punto desde el que eres capaz de valerte por ti mismo. El hombre ya no es un niño, el hombre se ha hecho adulto. Ahora la naturaleza ya no será tu madre; no es necesario.

La evolución natural se ha detenido con el hombre. Esto es un hecho. Incluso los científicos están tomando cada vez más conciencia de ello: durante miles de años nada le ha sucedido al hombre, el hombre ha permanecido igual; como si el trabajo de la naturaleza estuviera hecho. Ahora el hombre tiene que hacerse cargo del futuro desarrollo. Eso es la religión.

Religión significa que el hombre empieza a valerse por sí mismo, se vuelve el responsable de su propio ser, empieza a buscar y a indagar y a inquirir la realidad: ¿quién soy? Y esto no debería ser solo por curiosidad.

La filosofía es por curiosidad. La religión es una búsqueda muy sincera, muy auténtica; es una investigación. Y hay una gran diferencia entre curiosidad e investigación. La curiosidad es infantil, tan solo un niño con picor en la cabeza; quisieras rascarte y luego te sientes satisfecho. La filosofía es ese rascarse; la religión es una cuestión de vida y muerte. En la filosofía nunca te implicas, permaneces distanciado. Juegas con los juguetes, pero no es una cuestión de vida y muerte. Acumulas conocimientos, pero nunca los practicas.

He oído que...
Había una vez un eminente erudito confuciano. Era un caballero de casi ochenta años y se decía que no tenía igual en conocimiento y entendimiento.

Entonces corrió el rumor de que muy lejos de allí había surgido una nueva doctrina que era aún más profunda que su conocimiento. Al anciano caballero esto le pareció intolerable y decidió que había que zanjar la cuestión de una manera u otra.

A pesar de su edad, emprendió un largo viaje. Tras meses de penalidades en el camino, llegó a su destino, se presentó y refirió el propósito de su visita.

Su anfitrión, que era un maestro de la nueva escuela Zen, se limitó a citar: «Evitar hacer el mal, hacer todo el bien posible: ésta es la enseñanza de los budas.»

Al oír esto, el caballero confuciano se puso furioso: «He venido hasta aquí a pesar de los peligros y los riesgos de un viaje tan largo y accidentado, y pese a mi avanzada edad, ¡y tú simplemente citas una pequeña rima que cualquier niño de tres años sabe de memoria! ¿Te estás burlando de mí?»

Pero el maestro Zen contestó: «No me estoy burlando de usted, señor. Por favor, considere que aunque es verdad que cualquier niño de tres años conoce este verso, incluso un hombre de ochenta años pasa por alto vivir de acuerdo a ello.»
La religión no es una cuestión de saber, sino de vivir de acuerdo a ella. La religión es la vida, y a menos que la vivas, no sabrás nada acerca de lo que es. Y para vivir la religión hay que dejar de filosofar y hay que empezar a experimentar. Hay que convertirse en un laboratorio. El laboratorio del científico está fuera; el laboratorio de la persona religiosa es su propio ser: su propio cuerpo, su propia alma, su propia mente. El científico tiene que concentrarse en el objeto sobre el que está experimentando: su trabajo tiene que hacerlo con los ojos abiertos. El trabajo de la religión hay que hacerlo con los ojos cerrados: hay que concentrarse en uno mismo.

Y la complejidad es grande, porque en el mundo de la religión el experimentador y lo experimentado son el mismo; de ahí la complejidad, de ahí la rareza, de ahí la incomprensibilidad, de ahí la falta de lógica. El conocedor y lo conocido son el mismo en el mundo de la religión. En el mundo de la ciencia el conocedor está separado, lo conocido está separado; las cosas están bien definidas, demarcadas. Pero en la religión todo se funde, todo se transforma en todo lo demás; ¡ni siquiera el conocedor puede permanecer separado! La religión no te da conocimiento separado del conocedor. Te da experiencia, no separada del conocedor, sino como la esencia misma del conocedor.

Para ser un buscador religioso hay que dejar de filosofar; hay que desechar todos los conocimientos a priori, porque todo conocimiento a priori es un obstáculo. Detiene tu investigación, tu investigación se vuelve deshonesta: se envenena desde el mismo comienzo. ¿Cómo vas a investigar si ya has concluido? Ser cristiano y ser religioso es imposible, o ser hindú y ser religioso es imposible. ¿Cómo vas a ser religioso si eres hindú? Ser hindú significa que ya has concluido, ya has decidido qué es la verdad. ¿Qué sentido tiene ahora la investigación? ¿Qué vas a investigar? Lo único que estarás haciendo será encontrar apoyos, argumentos a favor de lo que ya has concluido. Y puede que tu conclusión sea errónea; nadie lo sabe, porque tu conclusión no es tuya, te la ha dado la sociedad.

A la sociedad le interesa mucho darte conclusiones. A la sociedad no le interesa darte consciencia para que puedas concluir por ti mismo. Antes de que te vuelvas consciente, antes de que comience ninguna investigación, la sociedad te atiborra de todo tipo de conclusiones, para detener la investigación, porque el que investiga es peligroso para la sociedad. El que no investiga es conveniente, el que no investiga es obediente. Simplemente recoge las órdenes, los mandatos, y los sigue. Es conformista, es convencional. Una vez que has atiborrado la mente de alguien con una creencia, le has drogado; la creencia es una droga. Empieza a creer, sigue creyendo... Poco a poco empieza a pensar que su creencia es su experiencia.

La creencia es un sistema de hipnosis. Sigues sugestionando al niño: «Eres hindú, eres hindú»; le llevas al templo, le guías en ceremonias religiosas, supuestamente religiosas, y poco a poco queda condicionado con la idea de que es hindú, y de que todo lo que es hindú es bueno y todo lo que no es hindú es malo.

Y se hace lo mismo en todo tipo de sociedad: has drogado al niño; su fuente misma de consciencia ha sido envenenada. Y si crees algo, empieza a parecer que es verdad. Si empiezas a creer algo, encontrarás todo tipo de apoyos para ello, todo tipo de argumentos para sustentarlo: tu ego se involucra. No es solo una cuestión de verdad, en el fondo es una cuestión de: «¿Quién tiene razón, yo o tú? ¿Cómo voy a estar equivocado yo? Tengo que tener razón». Y optas por todo lo que te respalda. Y la vida es tan compleja que puedes encontrar todo tipo de cosas en la vida..., elijas lo que elijas, decidas lo que decidas. Si eres pesimista, encontrarás todo tipo de argumentos en la vida que sustenten el pesimismo. Si eres optimista, hay todo tipo de argumentos disponibles para ti.

La vida es dual, la vida es paradójica, la vida es multidimensional. Por eso existen tantos tipos de filosofías, «ismos», teologías, en el mundo. Y cada teología vive confinada por sus propias conclusiones y se siente perfectamente bien.

Solo en esta era les está resultando un poco difícil a los creyentes, y esto es una gran bendición, porque han tomado conciencia también de otros creyentes. Ahora el hindú no está tan complacido de sí mismo, no puede estarlo: sabe que hay cristianos. Y el cristiano no puede seguir creyendo que tiene la única patente de la verdad, porque sabe que existen los mahometanos y los taoístas y los budistas y ¿quién sabe?

Esta era está muy confusa; nunca ha sido así antes. Pero recuerda: esta confusión es una gran bendición; algo está en camino, algo tremendamente importante va a suceder. Este caos en la mente es el principio de un nuevo amanecer. En el futuro las personas no serán mahometanas ni hindúes ni budistas. Serán investigadoras. La creencia está desapareciendo y la oscuridad de la creencia está desapareciendo. En el futuro nadie va a creer. La gente investigará, y cuando encuentre, confiará. La creencia es prestada; la confianza es la propia experiencia.

Lo que enseño aquí es ese tipo de religión que va a suceder más y más en el futuro. Os estoy trayendo el futuro en el presente: os estoy haciendo investigadores puros, sin ningún sistema de creencias, listos para entrar en la investigación pero sin ninguna conclusión, abiertos a lo que pueda ser la verdad, dispuestos a aceptarla..., pero solo abiertos a aceptar la verdad.

El hombre que cree es un hombre cerrado: sus ventanas y puertas están cerradas, vive en una especie de prisión. Tiene que vivir en una especie de prisión; si abre las ventanas y las puertas y entra el sol y entra el viento y entra la lluvia, es posible que sus sistemas de creencias se perturben. Si la verdad entra por todos los lados, le resultará imposible proteger su creencia. Tiene que esconderse de la verdad; tiene que vivir en un mundo acotado, sin ventanas, para que nada le perturbe, para que pueda seguir creyendo, sin perturbaciones. Esto es bueno para la sociedad, pero muy arduo para la salud del individuo.

La sociedad te ha estado dando juguetes para que juegues con ellos; igual que tú les das juguetes a los niños para que cuando se involucren en el juego no te molesten. Los padres están a gusto: el padre puede leer el periódico, la madre puede trabajar en la cocina..., el niño está ocupado con los juguetes.

En India, en los pueblos, ésta ha sido la práctica habitual: las mujeres pobres que tienen que trabajar en los campos tienen que llevar con ellas a sus hijos pequeños. Si los hijos son lo suficientemente mayores pueden jugar solos, pero si son muy pequeños y no pueden jugar solos son una constante distracción para la madre. Llorarán, tienen hambre o se han orinado o tienen frío, y la madre tiene que venir y ocuparse de ellos continuamente, y esto la distrae del trabajo y el jefe no lo permitirá. De modo que la práctica corriente es darle un poco de opio al niño. Entonces el niño está profundamente dormido en el sopor gozoso que le ha dado el opio, soñando bellos sueños, y la madre puede seguir trabajando sin distracciones. Esto es bueno para el trabajo, esto es bueno para la madre, esto es bueno para el propietario; pero es muy arriesgado y peligroso para la salud del niño. Para su futuro esto es también venenoso. Pero esto es lo que ha estado sucediendo.

La sociedad te da creencias para que no necesites experimentar, para que no te distraigas con la investigación, porque la investigación tomará tanta energía de ti que no podrás ser un buen empleado o un buen jefe de estación o un buen cobrador o un buen policía. Tu investigación te distraerá; estarás más interesado en lo interno y tu interés en lo externo empezará a desaparecer.

La sociedad quiere que vivas una vida extrovertida; la sociedad quiere que seas eficiente en el mundo, que seas más productivo en el mundo; que la producción sea buena o mala no importa. Si trabajas en una fábrica en la que se crean bombas, tienes que ser eficiente y productivo. Si trabajas en el ejército tienes que ser eficiente y siempre obediente. Estés donde estés, que el trabajo sea bueno o malo no importa; tienes que obedecer lo que haya decidido la sociedad, tienes que estar bajo control.

Si empiezas a investigar, entonces hay peligro: te volverás cada vez más introvertido, tus prioridades cambiarán, tus valores serán diferentes. Puede que no te preocupes mucho por el dinero, puede que no te preocupes mucho por el poder, puede que no sigas siendo ambicioso, puede que ya no seas posesivo, puede que tu interés por la propiedad desaparezca. Empezarás a buscar riquezas internas, el reino de Dios interno. Pero entonces serás cada vez menos eficiente para la sociedad, y la sociedad no puede permitirse eso; aunque será un mundo mejor, en el que hay más personas introvertidas y que van a su aire, en vez de ser traídas y llevadas por otros para que hagan sus cosas. Será un mundo mejor, en el que las personas son más meditativas. Entonces los políticos no podrán armar tantos líos como han estado armando en el pasado. Las guerras desaparecerán automáticamente si las personas son más introvertidas. Entonces ¿quién querrá luchar y quién querrá matar y asesinar?

Y la violencia se pinta de tal modo que parece bella. Asesinato en nombre de la «nación», asesinato en nombre del islam, asesinato en nombre del cristianismo..., y entonces el asesinato se vuelve bello. El asesinato es el asesinato; no importa que asesines por el cristianismo o por la iglesia o por el país o por la nación. Ésas son simplemente excusas para asesinar, excusas para ser destructivo, excusas para estar loco.

Cada diez años estalla una gran guerra en el mundo, porque en cada periodo de diez años la gente acumula tanto pus en su ser que tiene que salir a borbotones. Acumulan tanto veneno en su ser que ya no pueden contenerlo. Explota una locura, una locura global.

Si las personas fueran más introvertidas, las guerras desaparecerían, la política desaparecería. Si las personas fueran más introvertidas, por supuesto, no serían tan eficientes; pero no es necesario: serían más felices. Puede que no estén tan ocupadas continuamente, ocupadas locamente con cosas, pero serán más felices, más alegres, celebrarán más. Crearán suficiente de lo que es necesario, no se preocuparán por lo innecesario.

Pero estamos demasiado preocupados por lo innecesario, lo que no es necesario en absoluto. Nos podemos permitir no tenerlo. Pero no podemos, porque nos han adiestrado de tal manera que tenemos que seguir corriendo y apresurándonos. No conocemos otra forma de ser.

La sociedad te droga con creencias y mata tu investigación desde el mismo comienzo. Religión significa revivir tu investigación; religión significa llevarte de vuelta a tu fuente original.

Y recuerda: no es curiosidad; es una búsqueda muy sincera. Vivir sin conocerse a uno mismo es casi sinónimo de estar muerto. ¿Cómo vas a vivir realmente sin saber quién eres? ¿Qué significará la vida si no te conoces a ti mismo? ¿Qué harás contigo mismo si no sabes quién eres? ¿Cómo decidirás cuál va a ser tu destino? Sí, habrá mucho ruido, pero no habrá música. Habrá mucho cálculo, pero no habrá celebración. Y habrá muchas idas y venidas de aquí para allá, pero no habrá ninguna llegada. Entre el nacimiento y la muerte vivirás en una especie de tensión constante, pero no conocerás la belleza, la bendición de la vida y la existencia, porque ni siquiera pudiste conocer la belleza y la bendición de tu ser interno, que es lo más cercano que se puede conocer, lo primero que hay que conocer.

El primer paso hacia la vida es el del autoconocimiento. No puede ser solo curiosidad. Hay demasiadas personas que preguntan por curiosidad, pero la curiosidad nunca puede transformar tu vida; de nuevo, es solo una comezón que puede satisfacerse muy fácilmente.
Había una vez un posadero que, aunque parezca extraño, era incapaz de ganarse la vida. Nada de lo que intentaba surtía efecto. Intentó imponer en su casa una gestión totalmente nueva, pero eso también fue en vano. Desesperado, consultó a una mujer sabia.

«Es muy sencillo», le dijo ella mientras se embolsaba la tarifa. «Debe cambiar el nombre de su posada.»

«Pero ha sido El León Dorado durante siglos», replicó él.

«Debe cambiar el nombre», dijo ella. «Debe llamarla Las Ocho Campanas y el letrero debe tener una hilera de siete campanas.»

«¿Siete?», dijo él. «¡Pero eso es absurdo! ¿De qué servirá eso?»

«Vaya a casa y lo verá», le dijo la mujer sabia.

De manera que se fue a casa e hizo lo que le había dicho. E inmediatamente todo viajero que pasaba por allí se paraba a contar las campanas y luego se apresuraba a entrar en la posada a hacer ver el error, cada uno de ellos, según parece, creyendo que era el único que se había dado cuenta de ello, y todos deseando descansar después de su esfuerzo.

Y el posadero engordó e hizo fortuna.
Así es la gente. La posada se llama Las Ocho Campanas y el símbolo tiene solo siete campanas: suficiente para despertar la curiosidad de la gente, suficiente para mantenerla ocupada. Pero este tipo de curiosidad no te va a llevar a ninguna parte.

La gente pregunta acerca de Dios, la gente pregunta acerca de la verdad; pero se puede ver en sus ojos, en la manera en que preguntan, que no hablan en serio. Igual que la gente habla del tiempo, la gente habla también de Dios; es conversación educada. Nadie parece estar implicado, nadie parece estar buscando apasionadamente. Y a menos que tu búsqueda contenga una gran pasión, un tremendo compromiso, una absoluta implicación, no serás capaz de conocer los secretos de tu ser, porque habrá que trabajar mucho. La persona curiosa no puede trabajar tanto. La curiosidad no es suficiente para llevarte lejos; su energía es muy pequeña, muy diminuta. Solo una pasión sincera por saber puede llevarte a través de todas las dificultades que serán necesarias. Es una tarea escarpada.

De modo que lo primero para comprender El secreto de la Flor Dorada es: no ser filosófico, no estar drogado por la sociedad, no creer y tampoco descreer. Recuerda: cuando digo «No creas», no estoy diciendo que deberías descreer; descreer es otra forma de creer, una forma negativa. Cuando digo «No creas», estoy diciendo que hay que desechar tanto la creencia como el descreimiento. Tienes que estar simplemente abierto, sin ninguna conclusión. Sencillamente tienes que ser consciente de tu ignorancia, sin ningún conocimiento que oculte tu ignorancia. Tienes que ser inocente, inocentemente ignorante. Tienes que decir: «No sé.»

Todos los enfoques correctos empiezan con esto: «No sé.» Si ya «sabes» cualquier cosa sin saber, si eres un erudito, entonces esa creencia misma será un obstáculo; esa creencia misma creará experiencias que no son verdaderas. Y cuando estás drogado por una creencia —y la creencia es como el LSD o la marihuana o el hachís—, cuando estás drogado por una creencia, ésta crea su propio mundo proyectado, da libre juego a tu imaginación. Y cuando tu imaginación empieza a entretenerse contigo, ya no formas parte de la realidad: has creado un mundo privado y separado; eres un idiota.

Ése es el significado de la palabra «idiota»: alguien que vive en un mundo privado, que tiene su propia realidad, que ha roto completamente con lo real; alguien cuya imaginación se ha vuelto tan real para él que la realidad simplemente ha desaparecido de su visión. Y eso es lo que sucede cuando tomas LSD o marihuana u otros tipos de drogas: se crea un pequeño mundo de fantasía en ti, lleno de color; al menos parece muy colorido cuando estás perdido en la droga. Y cuando estás en la droga, todo lo que experimentas parece ser la verdad suprema.

Cada día viene a mí alguien que me dice: «Gracias a las drogas tomé conciencia de lo hermoso que es el mundo.» De lo que tomaste conciencia es solo de tu mundo de ensueño; las drogas simplemente te quitan tu facultad crítica. Las drogas solo drogan tu razón, y entonces tu mundo de ensueño abre todas sus puertas y fluye en todas las direcciones. Y cuando no está funcionando la facultad crítica, cuando no está funcionando la razón y la imaginación se apropia de la escena y tiene absoluto poder autónomo, parece que es la verdad suprema. No lo es. No tiene nada que ver con la verdad.

La verdad solo está disponible para los que están completamente no drogados; no solo químicamente, sino también religiosamente. Los que están completamente no drogados, solo ellos, tienen la capacidad de conocer la verdad.

He oído que...
Bajo la influencia del óxido nitroso, el gran psicólogo William James llegó a la «verdad» suprema. Él fue uno de los primeros que experimentaron, y en aquellos días la gente no tomaba drogas.

Bajo la influencia del óxido nitroso, sintió que había dado con la verdad suprema. Era un gran psicólogo y también un gran filósofo, pero hizo algo que muy pocas personas hacen: lo escribió inmediatamente en su cuaderno de notas. Todavía tenía el suficiente sentido para saber que algo de inmenso valor había surgido en su consciencia y que tenía que escribirlo inmediatamente. ¿Quién sabe? Puede que lo olvidase cuando saliera de la experiencia de la droga. De manera que lo escribió y esperó el momento en que desaparecieran la droga y su impacto para poder leer la verdad suprema que había encontrado. Pensaba que se había convertido en un Buda o un Cristo, que había visto a Dios o que había visto algo que vieron los visionarios de los Upanishads, o Lao Tse, o Zaratustra, o Mahoma... Algo de esa importancia.

Pero se quedó sorprendido y desconcertado cuando volvió a sus cabales y miró su cuaderno. Lo que había escrito era esto:
«Hogamus, Higamus,

El hombre es polígamo.

Higamus, Hogamus,

La mujer es monógama.»
Ésta era la verdad suprema que había encontrado.

Cualquier cosa absurda puede parecer suprema cuando no estás en tus cabales, cuando la razón no está funcionando, cuando la facultad crítica se ha dormido completamente... Cualquier estupidez. Pero en ese momento no es estúpida; en ese momento parece la verdad suprema.

Aldous Huxley dice que cuando tomó LSD por primera vez estaba sentado en una habitación muy corriente y justo enfrente de él había una silla muy corriente. Cuando el LSD empezó a surtir efecto en su sistema, en su química, la silla empezó a parecer tan hermosa que no podía dar crédito a sus ojos: nunca había visto algo tan bello en su vida. Era luminosa; la luz irradiaba de la silla en todas las direcciones..., multicolor, psicodélica. La silla es la misma silla; solo tu imaginación está creando todo el juego. Es solo que el LSD te ha vuelto loco. He eliminado cualquier posibilidad de ser crítico.

Por eso digo que la creencia está en contra de la duda, pero la confianza no está en contra de la duda. La confianza crece con la duda, la creencia crece reprimiendo la duda. Ésa es la razón por la que la creencia es una especie de droga. Eso es exactamente lo que hace la droga: reprime tu facultad de dudar, que solo te mantiene alerta para que no te vuelvas un idiota, para que no seas una víctima de tu propia imaginación. Y eso es lo que las religiones han estado haciendo a lo largo de los tiempos. Dicen: «No dudes. Si dudas irás al infierno. ¡Cree! Si llega la duda, reprímela, apártala. Simplemente sigue creyendo. Y creer», dicen, «es ver. Si crees, verás».

La verdad es un fenómeno totalmente diferente. Surge de una consciencia no drogada, una consciencia abierta, que ni cree ni descree, sin ninguna conclusión sujeta a ella, simplemente libre, inocente.

La duda sigue siendo útil. Hasta que llegas a la verdad, la duda ayuda. La duda es amiga de la confianza. El proceso mismo de la duda te ayuda a no volverte víctima de tu imaginación; de lo contrario, la imaginación ha estado haciendo estragos.

Por ejemplo, si has nacido hindú y has estado leyendo acerca de la kundalini, entonces tu imaginación puede crear toda la experiencia: cualquier día, desde la base de la columna, la serpiente empezará a desenrollarse y con un gran sonido callado ascenderá hasta el séptimo chakra. Y si alguna vez has creído en ello, la experiencia te parecerá tan real que no puedes dudar sobre ella. Pero Jesús nunca oyó hablar de la kundalini, Mahoma nunca supo nada acerca de ella..., ni siquiera Buda, que había nacido hindú. Pero como era un hombre que investigaba sinceramente y había desechado todas las creencias, nunca se topó con la kundalini. Mahavira nunca supo nada sobre ella, Zaratustra no habló de ella. De modo que ¿qué ha sucedido? ¿Se la perdieron? Es una creencia; si crees en siete chakras, esos siete chakras se convertirán en hechos en tu vida. Si crees en cualquier cosa, empezarás a verla.

Gopi Krishna, que se ha convertido en un proponente de la energía kundalini en la era moderna, dice que estuvo esforzándose durante trece años, sentándose y esperando a que ascendiera la kundalini. Trece años es mucho tiempo. Si puedes creer en la kundalini durante trece años y puedes esperar y puedes seguir observando profundamente la base de tu columna, no es un milagro que suceda.

Entonces un día sucedió: la serpiente se desenrolló, ascendió rápidamente con mucha energía, penetró en el cerebro con un sonido, el sonido rugiente de una cascada..., y desde entonces Gopi Krishna piensa que ha salido a la luz su genialidad. Piensa que si asciende tu kundalini te convertirás en un genio. Pero no veo qué ha hecho su genialidad. Sí, escribe algunos poemas estúpidos, muy corrientes, de muy mala calidad. Si eso es la genialidad, será mejor que la gente mantenga su kundalini bien abajo, reprimida. Si todo el mundo se vuelve un poeta de cuarta categoría, eso no será una buena situación. ¿Qué tipo de genialidad sale a la luz?

Así no se va a ninguna parte; eso son solo imaginaciones. Y si crees en cierta cosa, empezarás a verla; ése es el peligro. Ni empieces con la creencia. Ésa es la visión del Tao: investiga, experimenta y espera a que la conclusión llegue por sí misma.

Los sutras.
El Maestro Lu-Tsu dijo:

Cuando se hace que la luz se mueva en círculo, todas las energías del cielo y de la tierra, de la luz y de la oscuridad, se cristalizan.
Tu consciencia está fluyendo hacia fuera; esto es un hecho, en eso no hay nada en lo que creer: cuando miras un objeto tu consciencia fluye hacia el objeto.

Por ejemplo, me estás mirando a mí; entonces te olvidas de ti mismo, enfocas tu atención en mí; entonces tu energía fluye hacia mí, entonces tus ojos están dirigidos a mí: esto es la extroversión. Ves una flor y te encanta, y enfocas tu atención en la flor; te olvidas de ti mismo, solo estás atento a la belleza de la flor. Esto lo sabemos; está sucediendo a cada momento. Pasa una mujer guapa y de pronto tu energía empieza a seguirla.

Conocemos este flujo hacia fuera de la luz. Esto es solo la mitad de la historia. Pero cada vez que la luz fluye hacia fuera, tú pasas a un segundo plano, te olvidas de ti mismo. La luz tiene que fluir de vuelta para que seas a la vez el sujeto y el objeto, simultáneamente; para que te veas a ti mismo. Entonces se revela el autoconocimiento. Normalmente, vivimos solo a medias —medio vivos, medio muertos, ésa es la situación— y poco a poco la luz sigue fluyendo hacia fuera y nunca vuelve. Te vas quedando cada vez más vacío por dentro, hueco. Te conviertes en un agujero negro.

Esto es exactamente lo que sucede a mayor escala en el universo. Ahora los físicos han descubierto los agujeros negros. Los taoístas descubrieron los agujeros negros mucho antes, pero no estaban interesados en los agujeros negros en el espacio lejano, estaban interesados en los agujeros negros en tu interior. Un agujero negro es un estado en el que toda tu energía se ha gastado, agotado; y te has quedado vacío, y has olvidado completamente cómo seguir nutriendo esta fuente de energía. Los científicos dicen que tarde o temprano este sol se convertirá en un agujero negro, porque está liberando energía continuamente pero nada vuelve a él. Es una inmensa fuente de energía. Durante millones de años ha estado dando luz al sistema solar. Durante millones de años están creciendo los árboles, floreciendo las flores, viviendo el hombre, moviéndose los animales, volando los pájaros, gracias a la energía del sol. Pero el sol se está gastando. Poco a poco, un día, se colapsará; no quedará más energía. De pronto desaparecerá toda la luz, desaparecerán de él los últimos rayos. Entonces será un agujero negro.

Y así es como muchas personas viven su vida: se vuelven agujeros negros debido a esta constante extroversión. Ves esto, ves aquello; estás viendo continuamente sin devolver nunca la energía al que ve. De día ves el mundo, de noche ves sueños, pero sigues permaneciendo aferrado a los objetos constantemente. Esto disipa la energía. Para cuando un hombre tiene treinta años está casi acabado; entonces es un agujero negro.

La gente muere alrededor de los treinta, aunque la entierren hacia los setenta, ése es otro asunto; pero muere hacia los treinta. Y veo un grano de verdad en la idea hippie de que no creas a un hombre de más de treinta años. Hay un grano de verdad ahí, porque es raro encontrar a un hombre de más de treinta años que esté vivo. Las personas se vuelven agujeros negros: gastadas, completamente exhaustas. Siguen arrastrándose de alguna manera; viven sin estar vivas, como si el simple impulso del pasado las ayudara a permanecer vivas.

Sucede: si te gusta el ciclismo, tienes que pedalear la bicicleta. Pero a veces puedes dejar de pedalear y con el impulso creado por el pedaleo pasado la bicicleta sigue un rato sin que pedalees. Y si es una cuesta abajo, puede ir lejos. Y después de los treinta o los treinta y cinco, es una cuesta abajo. Los treinta y cinco son la cima; si los setenta son la edad media de morir, entonces los treinta y cinco son la cima. Después de los treinta y cinco vas cuesta abajo: puedes seguir rodando sin ninguna energía.

La experiencia taoísta es que se puede hacer que la energía que gastas en tu extroversión se cristalice más y más en vez de gastarse. Si aprendes la ciencia secreta de hacer que vuelva hacia dentro, es posible. Ésa es toda la ciencia de todos los métodos de concentración.

Algún día, cuando estés delante de un espejo, prueba un pequeño experimento. Estás mirando el espejo, tu propia cara en el espejo, tus propios ojos en el espejo: esto es extroversión. Estás mirando la cara reflejada; tu propia cara, por supuesto, pero es un objeto fuera de ti. Entonces, por un momento, invierte todo el proceso. Empieza a sentir que te está mirando el reflejo que hay en el espejo; no que tú estás mirando el reflejo, sino que el reflejo te está mirando a ti, y estarás en un espacio muy extraño. Inténtalo durante unos minutos y te sentirás muy vivo, y algo con inmenso poder empezará a entrar en ti. Puede incluso que te asustes, porque nunca lo has conocido, nunca has visto el círculo de energía completo.

Y éste me parece, aunque no se menciona en las escrituras taoístas, pero éste me parece el experimento más simple que se puede hacer, y con mucha facilidad. Simplemente, cuando estés delante del espejo de tu baño, primero mira el reflejo: tú estás mirando y el reflejo es el objeto. Luego cambia toda la situación, invierte el proceso. Empieza a sentir que eres el reflejo y que el reflejo te está mirando, e inmediatamente verás que se produce un cambio: una gran energía va hacia ti. Al principio puede que te dé miedo, porque nunca lo has hecho y nunca lo has conocido. Parecerá una locura; puede que te estremezcas, puede que tiembles algo, o puede que te sientas desorientado, porque hasta ahora tu única orientación ha sido la extroversión. La introversión hay que aprenderla poco a poco. Pero el círculo está completo. Y si lo haces unos pocos días, te sorprenderás: cuánta energía más sientes todo el día, con solo unos pocos minutos ante el espejo, dejando que la energía vuelva a ti, para que el círculo esté completo. Y siempre que el círculo está completo hay un gran silencio. El círculo incompleto crea inquietud; cuando el círculo está completo crea descanso, te centra, y estar centrado es ser poderoso. El poder es tuyo. Y eso es solo un experimento; luego puedes probarlo de muchas formas.

Al mirar una rosa, primero mira la rosa unos momentos, unos minutos, y luego empieza el proceso inverso: la rosa te está mirando a ti. Y te sorprenderá cuánta energía te puede dar la rosa. Y se puede hacer lo mismo con los árboles y las estrellas, y con la gente. Y lo mejor es hacerlo con la mujer o el hombre que amas. Miraos a los ojos. Primero comienza mirando al otro y luego empieza a sentir que el otro te está devolviendo la energía. El regalo está volviendo a ti. Te sentirás lleno de nuevo; te sentirás irradiado, bañado, deleitado en un nuevo tipo de energía. Saldrás de ello rejuvenecido, revitalizado.
El Maestro Lu-Tsu dijo:

Cuando se hace que la luz se mueva en círculo...
Eso es lo que quieren decir con mover la luz en círculo. Tu luz se está moviendo en un arco; simplemente sale y nunca vuelve. Tarde o temprano te vuelves un agujero negro. Si el círculo está completo, te volverás un agujero blanco. Ahora, después de los agujeros negros, los físicos están descubriendo también agujeros blancos. Un agujero blanco está muy preñado de energía, justo lo contrario que el agujero negro.
Cuando se hace que la luz se mueva en círculo, todas las energías del cielo y de la tierra...
El cielo y la tierra denotan lo interno y lo externo, arriba y abajo, Dios y el mundo, lo invisible y lo visible, lo incognoscible y lo conocible. El cielo representa a Dios y la tierra representa el mundo manifiesto. Se hacen uno cuando el círculo está completo. Entonces no solo eres polvo al polvo; algo del cielo ha penetrado en ti. Entonces ya no eres solo terrenal, ya no eres solo un ser humano: te has vuelto divino.

Recuerda la raíz de la palabra humano: viene de humus. Humus significa «tierra». El hombre está hecho de tierra, por eso se le llama humano. El hombre es polvo, por eso se le llama humano. Cuando el polvo empieza a volverse luminoso con lo divino, entonces conoces el esplendor de la vida. Y eso es posible si la energía vuelve a ti. Y puedes hacer que vuelva, desde cualquier parte; no hay problema, solo tienes que practicar el secreto. Y una vez que le has cogido el truco, la encontrarás, desde cualquier parte.

Al mirar un árbol verde puedes sentirte tan vivo..., como si toda la savia del árbol hubiera fluido hacia ti, todo el jugo del árbol hubiera entrado en tu ser. Mira la luna y te sorprenderás; no hay necesidad de embriagarse con alcohol o ninguna otra droga, te puedes embriagar con la luna. La luna puede devolverte muchísima energía si sabes cómo tomarla.

En India, en el antiquísimo Rig Veda, se habla del soma. Los científicos piensan que ese soma es algo como el LSD. Los científicos piensan que debió de haber sido un tipo de hongo que ha desaparecido de los Himalayas debido al cambio climático o por alguna otra razón. O quizá no ha desaparecido, puede que la gente se haya olvidado de él. Puede que siga creciendo en alguna parte de los profundos valles de los Himalayas y que nos hayamos olvidado de lo que es. Quizá los antiguos visionarios ayudaron deliberadamente a que la humanidad se olvidara de ello; puede que resultara ser demasiado peligroso.

Aldous Huxley dice que el soma era la droga suprema, y que en el futuro, cuando hayamos descubierto el LSD supremo, volveremos a llamarlo soma. Pero te sorprenderá saber que soma en sánscrito es otro nombre para la luna. Por eso, lunes en hindi se dice somwar, el día de la luna. Soma es otro nombre para la luna; no es un hongo, no es un tipo de LSD, no es una droga. Es una ciencia secreta para entrar en comunión con la luna. Y de igual manera que el océano se ve afectado por la luna, si puedes recibir de vuelta la energía de la luna, te sorprenderás: un gran jugo, un gran néctar se derrama sobre ti: puedes embriagarte sin necesidad de ninguna droga.

La luna puede afectarte hasta lo más hondo de tu ser, y te refrescará y calmará, porque la luna es energía femenina. De la misma manera que cuando abrazas a una mujer que amas sientes de pronto que surge en ti una gran calma y quietud, exactamente lo mismo sucede a mayor escala cuando vuelve a ti la energía de la luna.

La luna es el principio femenino, lo mismo que el sol es el principio masculino. La luna es yin, el sol es yang. La luna puede nutrirte. No es necesario ir a los valles de los Himalayas en busca de algún hongo; ese hongo está siempre en el cielo: es la luna. Tienes que aprender el secreto de cómo hacer que vuelva a ti la energía de la luna. Ha habido métodos secretos para obtener energía de la luna y también del sol.

El culto al sol nació de cierta técnica; se erigieron grandes templos al sol. El templo del sol de Konarak era solo una expresión de gratitud al sol. No era solo culto, era una ciencia: cómo obtener energía yang en ti. Es especialmente bueno para las mujeres obtener energía solar, para que su yang oculto, latente, se vuelva activo, y es bueno para los hombres obtener energía lunar, para que su principio femenino latente vuelva a estar vivo, activo. Para una mujer es bueno adorar al sol y para un hombre es bueno adorar a la luna. Pero ese culto no debe ser solo un ritual, tiene que ser este método.
Cuando se hace que la luz se mueva en círculo, todas las energías del cielo y de la tierra, de la luz y de la oscuridad, se cristalizan.
Luz y oscuridad simbolizan hombre/mujer, ligero/pesado, gracia/gravitación, vida/muerte, movimiento/descanso. Todas estas cosas están representadas por la luz y la oscuridad.

En definitiva, si la energía puede moverse en círculo, poco a poco no sabrás quién eres: si eres un hombre o una mujer. La extroversión es el principio yang; la introversión es el principio yin. El hombre es naturalmente extrovertido; la mujer es naturalmente introvertida. Incluso mientras hace el amor, el hombre mantiene los ojos abiertos: quiere ver, es un voyeur; de ahí la posibilidad de la pornografía. A la mujer no le interesa la pornografía; ninguna mujer le ve el sentido. Incluso cuando está haciendo el amor con su amado, ella cierra los ojos. Es introvertida, su energía se mueve hacia dentro.

Pero la energía tiene que volverse un círculo, de lo contrario uno sigue siendo un hombre o sigue siendo una mujer, y ambos son una mitad, dos mitades del mismo todo; de ahí la atracción y la necesidad del otro. El día que seas capaz de hacer circular tu energía en círculo no necesitarás otra mujer, no necesitarás otro hombre, porque tu propio hombre y tu propia mujer se encontrarán y se fundirán. Estarás entero, y estar entero es ser sagrado.

Esto es Tao y esto es también Tantra: estar entero es ser sagrado.
Cuando se hace que la luz se mueva en círculo, todas las energías del cielo y de la tierra, de la luz y de la oscuridad, se cristalizan.
Esto es lo que Carl Gustav Jung llamaba «individuación», cristalización. Esto es lo que George Gurdjieff solía llamar «el nacimiento del ser» o «el alma».

De ordinario eres sólo fragmentos, de ordinario eres una multitud, tienes muchos «yos». No tienes un solo «yo», tienes muchos «yos», pequeños «yos», y todos están luchando y compitiendo por dominar. Éste es el misterio del hombre: que es muchos. ¿Cómo vas a estar a gusto si eres muchos? Una parte dice: «Haz esto»; otra parte dice: «No», y una tercera parte dice: «Haz otra cosa.»

No importa lo que hagas, te arrepentirás, porque las otras partes que no querían hacerlo crearán problemas. Seguirán insistiendo en que vas por mal camino, en que la otra alternativa habría sido mucho mejor. «Si hubieras hecho lo que yo decía, ya habrías llegado. Pero, mira, no me escuchaste.» Pero si hubieras escuchado a esa parte, entonces las otras partes se habrían vengado.

El hombre nunca está contento; no puede estarlo, porque es muchos. Si te vuelves uno, la satisfacción llega por sí misma. Si eres muchos, el descontento es natural. Si eres muchos, vives en un conflicto continuo. Si eres uno, el conflicto desaparece; has llegado a casa. Eso es lo que los taoístas llaman cristalización, y el método para alcanzarla es hacer que la luz se mueva en círculo, para que tu yin y tu yang ya no estén separados.

La luz tiene que moverse exactamente igual a como lo hace tu respiración: entra y sale, entra y sale; espiras, inspiras. Imagina una persona que solo espira: no podrá vivir, su cuerpo morirá. O piensa en la persona que solo inspira: también morirá. Y eso es exactamente lo que le ha sucedido a tu alma: tu alma está muerta, porque has espirado la luz o has inspirado la luz. Todavía no has aprendido que la espiración y la inspiración tienen que volverse un círculo, un proceso. Espira profundamente e inspira profundamente.

De la misma manera que la respiración es necesaria para la vida del cuerpo, la consciencia es necesaria para el alma. De modo que no habría que dejar a la consciencia como una mitad; se debería completar el círculo. La mujer tiene que aprender también a ser un hombre, y el hombre también a ser una mujer. Y cuando el hombre y la mujer han alcanzado un equilibrio igual, cuando están absolutamente equilibrados, eso es la cristalización, la individuación: nace el alma.
Cuando uno comienza a aplicar esta magia...
Y, sí, es magia, porque sus efectos son realmente increíbles.
Cuando uno comienza a aplicar esta magia es como si, en el medio del ser, hubiera no-ser.
A esto es a lo que me refería al hablar del «agujero negro».
Cuando uno comienza a aplicar esta magia es como si, en el medio del ser, hubiera no-ser.
Como si estás rodeado de ser, pero eres una isla de no-ser, de nada: un agujero negro. Los árboles están vivos, las estrellas están vivas, los pájaros están vivos, la tierra está viva, el sol y la luna están vivos, todo está vivo, y tú..., tan solo un agujero negro muerto. En este enorme océano de ser, tú eres un no-ser. Ésta es la situación cuando empiezas.
Cuando en el transcurso del tiempo el trabajo se completa, y hay un cuerpo más allá del cuerpo, es como si, en el medio del no-ser, hubiera ser.
Entonces todo cambia; entonces te conviertes en un ser, un agujero blanco. Te vuelves tan integrado, tan cristalizado, que comparados contigo todos los soles y las lunas y los árboles y los pájaros y los animales parecen no-ser.

Piensa en Buda: él tiene ser, toda la existencia parece pálida comparada con él. Él tiene vida: vida eterna, vida abundante. Toda la existencia es pobre; él es rico. Él es un emperador; toda la existencia es pordiosera.
Cuando en el transcurso del tiempo el trabajo se completa, y hay un cuerpo más allá del cuerpo...
Cuando este círculo de luz se estabiliza en ti, se cristaliza en ti, empiezas a sentir otro cuerpo dentro del cuerpo. Este cuerpo está hecho de polvo; ese otro cuerpo está hecho de Dios, de divinidad. Este cuerpo tiene forma; ese otro cuerpo no tiene forma. Este cuerpo es burdo; ese otro cuerpo es sutil. Este cuerpo tendrá que morir; ese otro cuerpo no conoce ninguna muerte. Este cuerpo forma parte del tiempo; ese otro cuerpo forma parte de la eternidad.

Cuando nace este segundo cuerpo, y sólo puede nacer cuando has aprendido a inspirar y espirar la luz... Igual que inspiras y espiras la respiración, cuando has aprendido a inspirar y espirar la luz: el segundo cuerpo, el cuerpo de luz... Éste es el cuerpo de la oscuridad; éste es el cuerpo que forma parte de la tierra, parte de la gravitación. Es pesado, se ve empujado hacia abajo. El otro cuerpo es empujado hacia arriba, forma parte de la gracia, es luz y es ligero: está iluminado y no pesa; entonces puedes volar.

Eso es lo que la gente Zen llama «volar sin alas». Entonces todo el cielo y el infinito están disponibles para ti.
... como si, en el medio del no-ser, hubiera ser. Solo tras el trabajo concentrado de cien días será genuina la luz.
Al principio la luz parecerá casi una imaginación; al principio tiene que ser una imaginación. Solo después de un tiempo, cien días, el
... trabajo concentrado de cien días...
Depende de lo concentrado que sea tu trabajo; cien días no es un tiempo fijo. Si tu trabajo es completamente concentrado, entonces cien días; de lo contrario, te llevará cien años o cien vidas, no se sabe. Depende de la intensidad. Si tu ser está totalmente involucrado en ello, comprometido con ello; si estás lleno de determinación, si estás dispuesto a arriesgarlo todo por ello, entonces en cien días la luz se volverá genuina. Al principio será una imaginación.

La imaginación no es mala; la imaginación sólo es mala cuando te pone en contra de la realidad, cuando se vuelve una barrera. La imaginación no es mala cuando coopera con la realidad. Entonces es una gran bendición. Al principio te parecerá imaginario; al mirar al espejo, te parecerá: «Esto es todo una imaginación, que el reflejo me está mirando.» Es una imaginación al principio, pero no tardarás en darte cuenta de que no era una imaginación, simplemente estabas girando la llave en la cerradura de la realidad: empieza a suceder.

Al principio, si tocas un árbol con mucho amor, sabes que el árbol no puede responder, y si sientes alguna respuesta por parte del árbol pensarás que es una imaginación. No lo es: el árbol responde, pero te llevará algún tiempo darte cuenta de que esto es verdad. Cuando eres amoroso, el árbol responde con amor: al amor siempre se le responde con amor. Y si no se responde con amor al amor, entonces ten muy claro que tu amor no es amor, eso es todo; entonces alguna otra cosa está haciéndose pasar por amor.
... solo entonces se convertirá en espíritu del fuego.
Después de cien días de esfuerzo concentrado, se convertirá en espíritu del fuego.
Después de cien días, se desarrolla por sí mismo en medio de la luz un punto de verdadero polo de luz.
Primero es una luz difusa, la sientes muy levemente; a veces está ahí y a veces no está ahí; es muy pálida y muy frágil. Pero poco a poco se centra mucho, se convierte en un polo de luz.
Entonces se desarrolla de pronto la perla-simiente.
Entonces, justo en el centro mismo del polo de luz, la perla-simiente.
Es como si un hombre y una mujer se abrazaran y tuviera lugar una concepción.
Y es exactamente así: el hombre interno y la mujer interna se han abrazado. Es una especie de coito interno. Es Tantra verdadero: tu parte femenina y tu parte masculina están haciéndose el amor, están unidas, y entonces no hay necesidad de separarlas. Con la mujer externa, tendrás que separarte, de lo contrario todo se volverá muy feo. Con la mujer externa, tendrás que separarte, de lo contrario todo se volverá repulsivo. Con el hombre externo, tendrás que separarte; puede que solo sea momentáneo, que tengas la vislumbre de la unidad solo un momento. Pero con el interno no hay necesidad de separarse.

Un buda vive en un estado orgásmico constante: la mujer interna y el hombre interno siguen haciendo el amor. Debes de haber visto el shivalinga en los templos hindúes; es un símbolo. Justo debajo del linga está el yoni, la parte femenina; es un símbolo del encuentro del hombre y la mujer internos. No es solo fálico, como lo interpretarán los freudianos. Es simbólico. Simboliza la polaridad interna.

Y una vez que ha sucedido este encuentro, vuelves a nacer. Cuando Jesús le dice a Nicodemo: «A no ser que nazcas de nuevo...». Eso es lo que quiere decir. No sé lo que dicen los cristianos ni me importa, pero esto es lo que quiere decir. «A no ser que nazcas de nuevo...» Éste es el nacimiento al que se refiere. Y esto es lo que los hindúes llaman dwija, nacido dos veces: te has dado a luz a ti mismo. Si el hombre externo se une a la mujer externa puedes crear un hijo, te reproduces. Si el hombre interno se une a la mujer interna, también creas un hijo, pero tú eres el padre y tú eres el hijo. Comienza en ti una nueva vida: la vida de un buda, la vida de la iluminación, la vida de la inmortalidad.
Entonces uno debe estar muy calmado y esperar.
Cuando se ha sentido dentro esta concepción, cuando sientes que el hombre interno ha penetrado en la mujer interna y la mujer está embarazada, entonces solo queda esperar..., igual que la mujer espera durante nueve meses. Ella espera con mucha alegría, con mucha oración, con mucha esperanza. No hay nada más que hacer, no es necesario hacer nada; lo que había que hacer ya se ha hecho.

La parte masculina es acción. Hacer circular la luz es la parte masculina. Una vez que ha tenido lugar la concepción y la mujer interna está embarazada, entonces la parte masculina no necesita trabajar, tiene que descansar. Ahora las cosas crecerán por sí mismas.

La meditación es la primera parte. Ahora solo queda la oración. Por eso te digo que sin meditación nunca sabrás lo que es la oración. La oración es la forma más elevada de meditación. La oración es como la fragancia, la meditación es como la flor. Hay que pasar por la meditación.

La gente me pregunta por qué, si su camino es el de la oración, por qué tienen que hacer tantas meditaciones aquí, en el ashram. La oración llegará; tienes que preparar el terreno para que llegue. Tienes que hacer todo tipo de meditaciones: son procesos purificadores. Ésta es tu parte masculina que hay que satisfacer, y luego la parte femenina tomará posesión. ¡Estarás embarazado! Y estar embarazado es estar lleno de oración, porque entonces no queda nada por hacer. El esfuerzo ha terminado y ahora estás relajado. Esto es lo que los taoístas llaman «inacción mediante la acción.»

Has estado haciendo muchos experimentos para mover la luz en círculo; lo has logrado. Después de un prolongado esfuerzo concentrado algo se ha cristalizado en ti; el hombre y la mujer ya no están separados, se han hecho uno; el niño está en camino. Ahora no es necesario nada excepto esperar. Espera con esperanza, espera con confianza. Y esto es la oración.
En medio de la transformación primordial, el resplandor de la luz es lo determinante.
¿Y qué te alertará de que ha sucedido el embarazo? Empezarás a ver un resplandor interno. Cuando cierres los ojos no verás oscuridad, sino resplandor. Y no solo lo verás tú; los que te aman empezarán a ver un aura en torno a ti.
En medio de la transformación primordial, el resplandor de la luz es lo determinante.
¿Cómo sabes que una mujer está embarazada? ¿No has visto cierta aura en torno a una mujer embarazada? ¿No has visto que sale algo de luz de sus ojos, de su rostro, de su mismo ser? Es exactamente lo mismo, pero en un plano mucho más elevado: cuando estás embarazado de Dios dentro de ti, verás un resplandor. Cuando cierres los ojos serás todo luz por dentro, una luz sin fuente, que no viene de ninguna parte; una luz muy fresca, luz de luna, pero inmensamente encantadora, mágica, y los que te aman y están muy próximos a ti también empezarán a sentirla.

Por eso dibujamos un aura en torno a las imágenes de los santos. No la ve cualquiera. Si hubieras visto a Cristo, no habrías visto su aura..., pero sus discípulos la vieron. Sin duda, las personas que le crucificaron no vieron esa aura. No podían ver; estaban ciegas, estaban cerradas. El aura de Buda la vieron... sus discípulos.

Estos secretos están disponibles solo para los que aman. Son secretos tan íntimos que no están disponibles para todo el mundo, para todo bicho viviente. Solo están disponibles para los íntimos, para los que están cerca, cada vez más cerca, y para los que están abiertos, vulnerables.
En medio de la transformación primordial, el resplandor de la luz es lo determinante. En el mundo físico está el sol; en el hombre, el ojo.
Y cuando el resplandor interno empieza a crecer en ti, los ojos se vuelven ardientes, parecen embriagados. Hay una danza en los ojos: los ojos adquieren una luz sutil, una cualidad totalmente diferente. Ahora los ojos no solo ven cosas, también comparten. El Tao no puede ser dividido, pero puede ser compartido, y el Tao se comparte con los ojos.

Cuando te inicio en sannyas, te pido que me mires. Quiero mirarte a los ojos, quiero que mis ojos ahonden en tus ojos, que haya un contacto ahí porque detrás de tus dos ojos está oculto el tercer ojo. Si hay contacto con el tercer ojo, y si estás abierto, sucede en una fracción de segundo; entonces no hace falta tiempo. Si hay contacto con el tercer ojo, sé que ha llegado un discípulo. Si no hay contacto, entonces solo puedo confiar en que te volverás un discípulo algún día. Te doy sannyas con esa esperanza. Pero es una esperanza. Puede que se cumpla, puede que no se cumpla; dependerá de mil y una cosas. Pero cuando veo un discípulo, cuando el tercer ojo empieza a responderme inmediatamente, entonces has venido al sitio que has estado buscando. Ahora no habrá necesidad de ir a ningún sitio; ahora no necesitarás ningún maestro, ninguna enseñanza: has llegado a casa.
Esta energía se dirige hacia fuera, fluye hacia abajo.
De ordinario, la energía que sale de los ojos fluye hacia fuera. «Hacia fuera» y «hacia abajo» son sinónimos.
Por tanto, el Camino de la Flor Dorada depende enteramente del método de fluir hacia atrás.
De ordinario la energía va hacia fuera y hacia abajo. Tienes que traerla de vuelta, hacia dentro..., y «hacia dentro» es sinónimo de «hacia arriba». Una vez que empiece a volver a ti y te conviertas en un círculo de energía, te sorprenderás: se ha abierto una nueva dimensión; empiezas a ir hacia arriba, tu vida ya no es horizontal. Ha tomado una nueva ruta: la vertical.

Dios existe en la ruta vertical. No lo encontrarás en el mundo; no es que no esté en el mundo, pero a menos que te muevas verticalmente no lo encontrarás. Igual que un ciego no puede ver la luz, el hombre horizontal no puede ver a Dios.

Son muchos los que vienen a mí y dicen: «Si nos muestras a Dios, creeremos.» Pero ¿cómo voy a mostrarte a Dios? ¿Cómo voy a enseñarle la luz a un ciego, a menos que esté dispuesto a seguir el tratamiento para que se le abran los ojos? Tendré que hacer que pases de tu modo de vida horizontal a un modo de vida vertical. Eso es sannyas: una forma de ser vertical. Y una vez que la luz empieza a ir hacia arriba, la flor dorada se abre.

Éstos son símbolos; no hay ninguna flor dentro de ti. La «flor» representa simplemente el florecimiento; «dorada» representa simplemente su luminosidad, su resplandor.
La circulación de la luz no es solo una fantasía.
Recuerda: la circulación de la luz no es solo una fantasía. Al principio puede parecer que lo es. Tendrás que ser paciente; pronto se convierte en un hecho. Es un hecho, es un hecho desde el principio, pero como nunca has estado en contacto con ella, al principio parece una fantasía.
Concentrando los pensamientos, uno puede volar; concentrando los deseos, uno cae.
«Deseo» es el nombre taoísta para la energía que va hacia abajo, hacia fuera, y «pensamiento» es el símbolo taoísta para la energía que va hacia dentro. Así que no lo entiendas mal. Con «pensamiento» los taoístas no se refieren a lo que llamas tus pensamientos; con «pensamiento» quieren decir energía de pensamiento purificada de deseo. Si está purificada de deseo y ha desaparecido todo el deseo, entonces no hay necesidad de salir, porque solo sales cuando estás deseoso de algo. Deseas una casa, deseas dinero, deseas poder, deseas un hombre, una mujer, esto y lo otro...; entonces sales. Si no hay deseo, el pensamiento no necesita salir; empieza a volverse hacia dentro. Sucede el giro de ciento ochenta grados.

El pensamiento libre de deseo va hacia dentro; el pensamiento lleno de deseo va hacia fuera. De ahí la insistencia de todos los budas en no tener deseos.
Cuando un discípulo se ocupa poco de sus pensamientos y mucho de sus deseos, entra en el camino de la sumersión.
Cuando un discípulo se ocupa poco de su pensamiento y se ocupa demasiado de sus deseos, se hunde en el mundo.
Solo mediante la contemplación y la quietud surge la verdadera intuición; para eso es necesario el método de fluir hacia atrás.
Hay que purificar de deseo el pensamiento. Una vez que el pensamiento está purificado de deseo, es no-pensamiento. La mente sin deseos es no-mente. Es lo que Patanjali llama samadhi, lo que el Zen llama satori, lo que los taoístas llaman cristalización: el equilibrio de lo que va hacia fuera y lo que va hacia dentro. Y no se pierde nada de energía; va al mundo y vuelve como un pájaro que por la mañana vuela al cielo y al anochecer vuelve al nido.

Haz que tu energía vuelva al nido una y otra vez. No dejes que se vaya para siempre sin volver nunca a ti. Y te convertirás en un depósito, y te volverás tremendamente poderoso por dentro. Solo en ese poder empieza a funcionar la intuición. En ese poder nace el espíritu del fuego. En ese poder surge el verdadero polo de luz. En ese poder se desarrolla de pronto la perla-simiente.
Es como si un hombre y una mujer se abrazaran y tuviera lugar una concepción. Entonces uno debe estar muy calmado y esperar.
La meditación está completa y comienza la oración. Llevar la meditación a la oración es toda la tarea del Tao.
Suficiente por hoy.

Capítulo 8
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