El poder del periodismo de intermediación a tachi radialista apasionada ciudadana radio el poder del periodismo de intermediación






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títuloEl poder del periodismo de intermediación a tachi radialista apasionada ciudadana radio el poder del periodismo de intermediación
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DONDE LAS PAPAS QUEMAN
Para enfrentar estos peligros hay muchos conjuros, desde una buena selección del personal hasta un taller de capacitación sobre periodismo de intermediación. Mencionemos uno previo e indispensable: el trabajo en equipo.
Para que una radiorevista de intermediación funcione, se requiere que todo el personal de la radio, desde la dirección hasta la recepción, esté en sintonía. Vendrán informantes a horas incómodas y la secretaria deberá saber encaminarlos. Amenazarán a la locutora que hizo la denuncia y el director tendrá que dar parte a la policía. Se presentarán gastos imprevistos debidos a la investigación periodística y la administradora sabrá cómo acomodarlos. Todo el personal de la radio estará consciente de lo que se trae entre manos. Hacia fuera, sabrá responder a las presiones. Hacia dentro, trabajará sin individualismo ni serruchadas de silla.
El periodismo de intermediación no puede emprenderse sin un explícito respaldo institucional. Si los periodistas que dan la cara, que ponen la voz, van a terminar como Chaplin, con la banderita y sin nadie atrás, mejor no asumir el desafío.
La dirección de la radio defenderá a los conductores, al equipo de prensa y a todo el personal como la madre leona. Si hubiera que corregir excesos, si hubiera que rectificar errores y permitir la réplica de quienes se consideren agraviados por la emisora, perfecto, así se hará. Pero la institución como tal se responsabilizará de lo sucedido. No es cuestión de un par de periodistas aventados.
El periodismo de intermediación se convertirá en una política de la radio y eje transversal de la programación. Esta firmeza en las metas que se persiguen servirá de brújula en los tiempos más difíciles.
El 10 de febrero del 2004 asesinaron al periodista Carlos Guadamuz en Managua. Poco después de este crimen, y sabiéndose ya que apuntaba a un sector del Frente Sandinista, recibí una carta de uno de los más lúcidos y coherentes periodistas de Nicaragua, William Grigsby Vado, a quien le sobraban razones para presumir un atentado contra él. Pero no existe medida alguna que pueda evitar el peligro, excepto huir o rendirse.
Ni lo uno ni lo otro —escribe el Chele Grigsby—. Como Sandino, ni me vendo ni me rindo. No puedo prever por ahora lo que ocurrirá en los próximos días, semanas y meses. No quiero que me pase nada. No tengo vocación de mártir. Pero tampoco estoy dispuesto a renunciar a lo que ha sido mi vida ni a mi manera de hacer periodismo.
Desde Radio La Primerísima, el Chele Grigsby y su dinámico equipo de radialistas han desarrollado durante casi veinte años un eficaz periodismo de investigación e intermediación. En el dial latinoamericano hay mucha mediocridad, sobran las mentiras y la politiquería. Pero también hay bastantes emisoras que sudan la camiseta, que apuestan por las causas nobles de la ciudadanía y llevan su compromiso social hasta las últimas consecuencias.
Nos meteremos a intermediar en muchos conflictos sin lograr resultados. La burocracia dorada de nuestros gobiernos retrasará las soluciones. La corrupción reinante impedirá que se resuelvan. A veces ganaremos, otras veces perderemos, y es natural que así ocurra. Afectar intereses políticos y económicos es agarrar cables de alta tensión. Es caminar por la cola del tigre, como advierte el I Ching. Es meter la mano donde las papas queman.

INCIDIR, DE ESO SE TRATA
Todo estaba tranquilo hasta que en 1969 se perforó el primer pozo petrolero. A partir de entonces, como las diez plagas bíblicas, fueron llegando los problemas, uno tras otro, a la provincia de Sucumbíos, en la amazonía ecuatoriana.104
Con el oro negro aparecieron las multinacionales y con ellas, la contaminación de los ríos, de la tierra, del aire. Hoy hay más de 300 pozos petroleros en la zona. La provincia que más riqueza produce al Ecuador es la más pobre del país con el índice de desnutrición más elevado.
Con las multinacionales llegó la deforestación y la ruina de los pueblos indígenas, de sus lenguas y culturas. Vino también la riqueza fácil para un grupito y la descomposición social para la mayoría. No podían faltar las cantinas y la prostitución.
Pero sucede que el Putumayo colombiano, vecino de Sucumbíos, es el principal centro de producción de cocaína. Los guerrilleros de las FARC y los paramilitares de las Autodefensas Unidas entran y salen del territorio ecuatoriano, junto con los narcotraficantes, como si fuera el patio de su casa. Para colmo de males, el Plan Colombia de los gringos expulsa hacia la frontera a miles de colombianos, familias enteras, refugiados de la violencia.
En medio del despelote, transmite Radio Sucumbíos, la emisora del Vicariato Apostólico, tu compañera solidaria.
—Con tantas vainas encima —se ríe Pilar Guarnizo, jefa de programación— en vez de decir que estamos en el aire… preferimos decir que estamos en la tierra.
En la tierra y en medio de sus desafíos. Radio Sucumbíos sabe lo que se juega y el riesgo que corre cada día.
—Nosotros apoyamos a los refugiados que llegan de Colombia —dice monseñor Gonzalo López, buen pastor—. Y los seguiremos apoyando con el gobierno, sin el gobierno o contra el gobierno. Eso no se discute. No le preguntamos al prefecto ni a los militares lo que hay que hacer.
El obispo recuerda el criterio evangélico: si te detestan los poderosos, si te insultan, si te expulsan, he ahí la mejor prueba de que estás siguiendo las huellas de Jesús, de que estás haciendo algo cristiano. O algo ciudadano, que no es lo mismo —como canta Silvio Rodríguez—, pero es igual.
En una radio con línea editorial bien definida no se puede contentar a todos. Si opinas, tendrás enemigos. Si denuncias, tendrás más enemigos. Si la radio se compromete en las luchas populares, cosechará odios y amores.
O dicho al revés, si una emisora no tiene enemigos, si no ha sido acosada y acusada, si no ha sido amenazada y denunciada, si no desespera a los ricos y corruptos, si no la quieren sacar del dial… tal vez es que no tiene incidencia.
Antes dijimos que la misión de un medio de comunicación, y concretamente de una radio, es construir ciudadanía. Ahora decimos que para lograr esa arquitectura de la conciencia y de las relaciones sociales necesitamos tener incidencia.
Incidir. Un verbo difícil con dos etimologías, a cada cual menos tranquilizadora y más periodística.
Incidir viene del latín incidere, que significa caer encima, chocar una cosa contra otra. Un golpe. Un disparo. Piedra contra piedra. Un incidente no es necesariamente un accidente, pero siempre saca chispas.
El segundo sentido es todavía más fuerte. También viene del latín, pero ahora significa cortar, penetrar como el bisturí en la carne. Una incisión quirúrgica. Un diente incisivo.
Chocar, cortar, desgarrar. La incidencia implica todo eso. Una radio sin incidencia es como un anciano sin muelas. Sin mordedura.
Ahora bien, el periodismo de intermediación que venimos desarrollando busca exactamente esto, la incidencia social y política. ¿En qué consiste? Al menos, en tres cosas.

Incidir en la opinión pública
En aquellos años 70, las radios populares latinoamericanas se propusieron —y lo lograron— devolver la voz a un pueblo secularmente silenciado. Muchas emisoras, a lo largo y ancho del continente, llevaron los micrófonos hasta los sitios más remotos para que la gente común hablara, expresara sus problemas y frustraciones, sus alegrías también. Este esfuerzo resultó altamente educativo en el sentido socrático explicado antes, el de hacer nacer pensamiento propio a través del lenguaje. Nuestros ancestros se hicieron hombres y mujeres gracias a la palabra. Hablando nos hicimos humanos. Y hablando en público nos hacemos ciudadanos.
La recuperación de la palabra por el pueblo sigue siendo un objetivo —y una metodología— de toda emisora con sensibilidad social. Pero hay que recuperar algo más decisivo, el poder. No construiremos democracia participativa mientras la ciudadanía no tenga más y más control sobre las instancias públicas que le deberían estar subordinadas, pero que no le rinden cuentas, ni siquiera se dejan evaluar por ella.
Si el pueblo es el único soberano, si la ciudadanía es la que manda y ha delegado su poder en determinados funcionarios y servidores públicos, hagamos que las radios ciudadanas sean contralorías al aire libre de ese poder delegado. Promovamos la participación popular en todas las etapas del proceso de toma de decisiones, desde la determinación de las prioridades hasta la asignación de los recursos. Incidir para decidir, ésa es la intencionalidad política del periodismo de intermediación.

Los casos que los periodistas tratan en un programa, las situaciones que se denuncian, resueltas o pendientes de solución, ayudan, sin duda, a generar una corriente de opinión, especialmente entre la audiencia de esa emisora. Dando a conocer mi caso, animo a quienes todavía no se atreven a hacerlo. Por ejemplo, del incesto no se solía hablar en los medios de comunicación. Era un secreto muy bien guardado, más oculto que el Santo Grial, por una cofradía de varones cómplices. En la actualidad, gracias a la ventilación que están haciendo del tema muchas radios alternativas, esa lacra social sale a la luz pública con más frecuencia. El sol y el aire fresco acabarán con los gusanos.
Podemos ir más lejos. Podemos publicar estos casos más allá de las ondas de nuestra radio y convertirnos, poco a poco, en fuente informativa, no solamente repetidores o comentaristas de la información que otros medios generan. Es decir, podemos transformar en noticias los casos que se van presentando en nuestro programa de intermediación.
¿Cómo hacer esto? Lo primero, concibe y diseña el departamento de prensa de tu emisora como una agencia de prensa. Envía notas a otros medios de comunicación, amigos o enemigos. Convoca a colegas para una rueda de prensa donde destapes un escándalo, una violación de Derechos Humanos. O donde des a conocer los resultados positivos alcanzados después de una investigación periodística. Invita a las autoridades locales a mesas de negociación donde se hagan presentes todas las partes involucradas en el problema. Búscate aliados y aliadas entre las diferentes organizaciones de la sociedad civil para que la denuncia tenga más fuerza. Trabaja en red con otras radios comunitarias y ciudadanas. Haz ruido. Haz bulla. Entra donde te llamen y donde no te llamen también. En asuntos de comunicación, mejor pedir perdón que pedir permiso.


Incidir en las políticas públicas
El periodismo de intermediación no se conforma con ayudar a resolver un caso particular, ni siquiera veinte casos. Las soluciones individuales tienen un gran valor, no cabe duda, tanto para los beneficiarios directos como para quienes escuchan los resultados a través de la emisora. Pero multiplicaremos la eficacia si logramos transformar esos procesos de resolución de conflictos en políticas públicas que impidan que se repitan. Si el problema es de muchos, la solución tiene que pensarse a más largo plazo.
Así pues, haz ruido con los oyentes para incidir en la opinión pública. Y haz lobbying con los políticos para ir ganando espacio allí donde se deciden las políticas públicas. En este esfuerzo, necesitaremos vincularnos con otros muchos actores de la sociedad civil que compartan las mismas inquietudes.
—Su útero está estragado y yo no soy santo para hacer milagros —el médico, de muy mal humor, reprochaba a la paciente en uno de tantos hospitales de Belém do Para—. Y no me llore, que esto le pasa por descuido suyo... ¡Enfermera, llévela a la sala de operaciones!


En 1997, la mayor afectación de cáncer uterino en Brasil se hallaba en el norte del país. En Belém, era causa de muerte para 17 de cada 100 mujeres. Hasta entonces, no existía una política pública dirigida a proteger la salud de las mujeres.
—Así no podemos seguir, profesor Edmilson —en la comisión venían los más variados grupos de la sociedad civil, incluidos medios de comunicación solidarios—. Como Alcalde de Belém, usted debe velar por la salud de la ciudadanía.
—¿Y ustedes qué proponen?
—Dos cosas. Un programa para prevenir el cáncer de útero para todas las mujeres, especialmente las más pobres. Y una capacitación para enseñar a enfermeras y doctores a tratarnos bien. Não somos gado, somos pessoas.


Así, con un convenio firmado entre la Secretaría Municipal y el Ministerio de Salud a través del Instituto Nacional del Cáncer, nació el proyecto ¡Viva Mulher!.
—Pase, señora. En la sala ginecológica le haremos su chequeo. Póngase tranquila y cómoda.


Cambió el trato y el tratamiento. Se implantaron nuevas técnicas para la prevención del cáncer uterino con modernos equipos médicos y hasta computadoras. Se capacitó en género al personal de salud. También se corrigieron sus condiciones de trabajo, que no eran las mejores. Se crearon las Caravanas de la Salud y se realizaron asambleas con la población para recibir sus denuncias y sugerencias. Los medios de comunicación, las radios barriales especialmente, apoyaban con spots y entrevistas.


En el primer año de trabajo, las Unidades Municipales de Salud atendieron a más de 50 mil mujeres. Aprovechando el entusiasmo, la campaña se extendió a otro cáncer, el de la violencia doméstica. Se dictaron conferencias, se trabajaron los derechos sexuales y reproductivos, se hizo terapia de machistas.
—Aunque venga otro alcalde —exclamó feliz el profesor Edmilson—, el Programa está garantizado y con buen presupuesto. Pronto tendremos el Código de Salud del Municipio. Felicito especialmente a las mujeres que le han dado vida y continuidad. ¡Viva Mulher! 105


Tal vez una radio comunitaria no pueda influir en las grandes políticas públicas de la nación ni de la provincia. Pero sí puede lograr incidencia, y fuerte, en el gobierno local.

Incidir en la movilización ciudadana
¿Y si no se consiguen dichas políticas, si a pesar de los esfuerzos todo sigue igual? La credibilidad de la radio se orientará, entonces, a la más amplia movilización ciudadana.
Radio La Luna acompañó el levantamiento en Quito contra el gobierno corrupto de Lucio Gutiérrez durante seis días con sus noches. Desde el miércoles 13 de abril del 2004, miles de ecuatorianos y ecuatorianas exigían la destitución de la oficialista Corte de Justicia, que había permitido el regreso al país de dos bandidos, los ex presidentes Adbalá Bucaram y Gustavo Noboa.
Paco Velasco, director de informativos de Radio La Luna, abrió los micrófonos para que el pueblo expresara su rabia e hiciera propuestas de solución. Unos decían una cosa, otros otra. Al final, la población hizo una autoconvocatoria para salir a la calle con cacerolas y demostrar así su descontento. Y fue un río de gente en las avenidas de la ciudad sonando cuanta cacerola y lata caía en sus manos.
Al día siguiente, no fue el cacerolazo, sino el reventón. A las 9 de la noche, después de cantar el Himno Nacional, Quito entero infló y reventó globos como medida de protesta. Después, fue el tablazo. Con dos maderas, la población hizo un ruido insoportable pidiendo la salida de Gutiérrez.


El presidente, asediado por la ciudadanía, confrontado por la emisora, decretó el Estado de Emergencia. Pero nadie obedeció la orden, ni siquiera los militares, y la gente siguió en las calles pidiendo la salida de los políticos corruptos. Gritaron frente a la mismísima casa del presidente.
Como Gutiérrez llamó forajidos a quienes protestaban, la emisora abanderó la consigna: ¡Todos y todas somos forajidos! En los autos se leían carteles: Aquí va un forajido. Y otros decían: No vea televisión, oiga La Luna en 99.3.


El viernes en la noche, llegaron piquetes de policías para allanar y cerrar la radio. En menos de 10 minutos, cinco mil personas hacían un cerco protegiendo la emisora. Llevaron sus alimentos, cocinaron afuera, en la calle, en pie de protesta.
El sábado fue convocado el rollazo. La población marchó envuelta en papel higiénico para limpiar el gobierno del Sucio Gutiérrez.


El domingo fue el golpe de estadio. Durante el partido de fútbol, la fanaticada pedía a gritos que se fueran todos, el presidente por delante. Y del estadio, marcharon hacia el Congreso.


El Congreso se reunió de urgencia el lunes. Lo que no hicieron en 4 meses, lo resolvieron en 4 horas por la presión popular: cesaron a la Corte de Justicia. Pero ya la ira del pueblo era incontenible. La insurrección se había extendido a otras ciudades: Cuenca, Guayaquil, Ibarra, Otavalo, Riobamba… El martes 19 de abril, el pueblo ecuatoriano, experimentado en botar presidentes sinvergüenzas, forzó a Lucio Gutiérrez a abandonar el cargo. Salió escondido, disfrazado, en un helicóptero militar.


La Luna escribió durante esos días una de las páginas más heroicas en la radiodifusión de América Latina. Y —sin ninguna duda— del mundo.
Este ejemplo, sin embargo, podría llevar a engaño si lo tomamos como referente de la movilización ciudadana. Primero, que no a todas las emisoras les toca vivir situaciones tan extremas. Y además, que de poco valdría estar en la proa del barco en los momentos procelosos, en las graves coyunturas, si luego nos refugiamos en la popa cuando vuelve la calma.
—Nosotros sabemos hacer radio cuando hay golpes de estado —me dijo un colega de las radios mineras bolivianas—. Pero luego, cuando las condiciones cambian, cuando más fácil sería, nos achicopalamos.
Una radio ciudadana es para las emergencias y para la permanente prevención y rehabilitación social. No basta con expulsar hoy a un corrupto. Se trata de elaborar, día a día, una ética y una práctica de la anticorrupción.
Incidir todo el tiempo, en duras y maduras. Hacer que la radio no sea una mera espectadora, sino convertirla en actora social. ¿Quieres marcar la diferencia? No lo conseguirás cambiando el perfil musical ni la voz de tus locutores. ¿Quieres tener incidencia? Opina. Promueve políticas públicas. Moviliza y movilízate.

EN EL PRIMER LUGAR
—Nos fregamos —dijo la directora de una emisora comunitaria—. Ahora la CNN tiene radio en línea. ¿Quién va a escucharnos a nosotros?
Con frecuencia, sufrimos un complejo de liliputienses frente a las grandes cadenas, a las emisoras de cobertura nacional y a las que transmiten por internet. El enemigo parece más grande cuando se lo mira de rodillas, repetía siempre San Martín. No hay que cultivar rivalidades con ningún colega, pero sí superar ese paralizante sentimiento de inferioridad. El periodismo de intermediación nos ayudará a ponernos de pie.
¿Cuál es nuestra ventaja comparativa? Exactamente, que nuestra radio es local. Y por serlo, estamos tan cerca de los baches de la esquina como los mismos vecinos. Podemos denunciar con conocimiento de causa, podemos ayudar a resolver la vida cotidiana porque formamos parte de ella.
La gente no vive en el Sistema Solar ni siquiera en el Planeta Tierra. Vive en este barrio, en esta comunidad. Y tiene que enfrentar estos problemas muy concretos. ¿Vas a escribir a Andrés Oppenheimer o a Patricia Janiot para denunciar que el patrón de la fábrica de zapatos no quiere pagar los salarios o que en el seguro social nadie atiende?
La visión de una radio ciudadana nos permitirá pensar globalmente. El ejercicio del periodismo de intermediación nos llevará a actuar localmente. Y de eso se trata, de una estrategia glocal.
¿Temor a la competencia? Hagamos la prueba. Reúnanse en la emisora. Júntense todos y todas, desde la directora hasta el guardián. ¿Quieren estar en el primer lugar de audiencia? ¿Quieren pegar en la radio como cantan los Bacilos? ¿De veras lo quieren? Métanse al periodismo de intermediación.
No hago esta propuesta como fórmula mágica ni como última moda. Es una constatación de muchos años y en muchos países de la región. ¿Quieren reírse de las grandes cadenas, quieren ser líderes de opinión en su localidad? Métanse al periodismo de intermediación.
Cuando ganen un conflicto, cuando ayuden a resolver un problema, aunque sea pequeño, cuando logren promover una política pública, cuéntenselo a la audiencia. No pequen de humildes. Aprendan de la gallina que, aunque no estudió radio, es una gran comunicadora. Sabe cacarear sus huevos.
Cuando pierdan un conflicto, aquí no ha pasado nada. Sumarán credibilidad ante la audiencia. Y también sumarán audiencia. Porque resulta que la propuesta de la radio ciudadana y el periodismo de intermediación, además de corresponderse con nuestros principios éticos y nuestra responsabilidad social, da buenos puntos de rating. Hagan la prueba, como hizo Manuel.
Manuel Rosas es un joven periodista de Iquitos. Cuando arranca su programa en Radio Loreto a las 6 de la mañana, media ciudad lo está escuchando. La otra media se enterará un poco más tarde, cuando le cuenten lo que dijo Manuelito.
Iquitos, junto al gran río Amazonas, tiene unos 400 mil habitantes. En esta calurosa localidad se captan muchas emisoras, entran las grandes cadenas de Lima, la poderosa RPP, la salsera Radio Mar, Panamericana... Pero en la mañana, la gente escucha a Manuel. A su cabina llegan los maestros en paro, los dirigentes vecinales, las enfermeras. En su programa se queja una viejita estafada en una rifa y el periodista emplaza a la policía para que encuentren a los ladrones. Llama un vecino porque le robaron el medidor de agua y el periodista urge al SEDA106 para que controlen esa fuga que está inundando la calle. Informan un incendio y el periodista felicita a los de Defensa Civil que se movilizaron a tiempo. Todos los problemas llegan a Manuel y Manuel se hace eco de cada problema.
—¿Y no será demasiado protagonismo para el periodista? —me decía, con justa preocupación, Hugo Condori, jefe de programación de Radio Yaraví, en Arequipa.
—El primer protagonismo es de la ciudadanía que denuncia y reclama sus derechos —comenté convencido—. La palabra decisiva la tienen los oyentes. Ahora bien, tampoco queremos periodistas grises, sin luz propia. Si malo es el vedetismo, peor resulta el anonimato.
Estando en Iquitos, Manuel Rosas me invitó para una entrevista. No pudimos hacerla. Cuando me acerqué a la radio, la cola era demasiado larga. Regresé al día siguiente y lo mismo. Al tercer día, más gente. Yo iba a teorizar en su programa sobre periodismo de intermediación y él lo estaba practicando.
Manuel lidera la opinión de Iquitos y su programa cosecha buenos ingresos por publicidad. Anuncia baterías de carro, discotecas, lentes, gaseosas, cocinas de gas, hasta un camposanto que brinda servicios de cremación a cómodos precios para el cliente. Tiene muchos anunciantes porque la gente lo escucha mucho.
Con frecuencia, nos preguntamos cómo hacer una buena estrategia de mercado. Contratemos a un jefazo de ventas, dice una. Mejor una chica sexy que muestre las tarifas, dice otro. Un tríptico, necesitamos un tríptico. Un paquete publicitario con facilidades de pago.
Todo eso está bien. Pero recordemos las famosas cuatro P del marketing: producto, precio, promoción y punto de ventas. Por el producto hay que empezar y nuestro producto son los programas. Si los programas están en primeros lugares de audiencia, la radio se financiará. El comercio no tiene principios, sólo finales. Busca resultados. Y los comerciantes pondrán su publicidad en la radio que más se escuche, sea de derecha o de izquierda, progresista o momia.
El periodismo de intermediación es noble y también rentable. El ejercicio del poder ciudadano, no contradice la sostenibilidad de la radio. Al contrario, la facilita. Ensayen y verán.
El éxito que les pronosticamos, radialistas apasionadas y apasionados, no demorará tres años en llegar. A lo mejor lo consiguen en tres semanas. Porque el rumor —el malo y el bueno— corre más de prisa que las ondas hertzianas. Y la audiencia se identificará más rápido de lo que imaginamos con una radio que le facilita ese milagro diario que es vivir. Con una emisora de valores tan democráticos, tan libre y liberadora, que la saludamos como Ciudadana Radio.

EL QUINTO PODER*
Dicen que fue Edmund Burke, un parlamentario inglés de finales del siglo 18, quien acuñó la expresión. Se dirigió a los periodistas que cubrían una sesión de la Cámara de los Comunes y afirmó:
—Vosotros sois el cuarto poder.
¿El cuarto o el primero? Cuando Orson Welles filmó Ciudadano Kane para criticar el monopolio del multimillonario Randolph Hearst, padre del periodismo amarillista, dueño de una cadena de periódicos y emisoras de radio, no sospechaba que el poderío mediático de Hearst era un asunto casi provinciano comparado con el de las actuales corporaciones.
Desde su fundación y todavía más ahora, los medios de comunicación masiva —ya no solamente la prensa escrita— se han erigido como guardianes de las libertades y derechos civiles, como un contrapoder que fiscaliza y critica a los demás poderes del Estado. Los periodistas, vigilantes de la sociedad, están atentos a cualquier violación de los Derechos Humanos, especialmente las cometidas contra la libertad de expresión.
¿Y quién vigila a los vigilantes? ¿Quién controla a los controladores? Se suele hablar y escribir mucho sobre la necesaria separación e independencia de los tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial. ¿Y la independencia y separación del cuarto poder?107
Hace poco aquí en Lima asistimos a un espectáculo bochornoso. Dos grupos de accionistas de Panamericana de Televisión, los de Genaro Delgado Parker y los de Ernesto Schutz, ambos vinculados con el siniestro asesor de seguridad de Fujimori, Vladimiro Montesinos, se peleaban la propiedad del canal 5. Como verdaderos hampones, se insultaron, se agredieron, llevaron matones para desalojarse de las instalaciones del canal, compraron jueces, sobornaron autoridades. Ambos se amparaban en la sagrada libertad de expresión para justificar sus fechorías. La concesión del canal debió haberles sido retirada inmediatamente a estos corruptos y ofrecida a verdaderos comunicadores sociales.
Dijimos que todos los poderes, desde los políticos hasta los religiosos, eran delegados por la única soberana, la ciudadanía. El poder mediático también lo es. Conviene recordar a quién pertenecen las frecuencias de radio y televisión. Contrario a lo que se suele pensar, estos canales que el Estado da en concesión por un tiempo determinado a particulares, ni siquiera pertenecen al Estado. El espectro radioeléctrico ha sido definido como patrimonio común de la Humanidad.108 La titular de las frecuencias de radio y televisión es la comunidad internacional, la ciudadanía global. Los Estados son administradores de este recurso, que es limitado. Y aunque puedan otorgarlo a empresas con fines de lucro, su primera y primordial finalidad es favorecer de la manera más amplia y equitativa la libertad de expresión que se ejerce a través de las ondas.109 El monopolio y el oligopolio, así como la concentración del espectro en manos de un solo sector —el comercial— atenta gravemente contra el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Si así son las cosas, tenemos que preguntarnos a quién representa un periodista cuando tiene un micrófono en la mano. ¿Alguien lo eligió? ¿Quién le dio el poder? ¿Quién puede supervisarlo y quitárselo? Antes de ser una profesión para ganarse la vida, antes de ser un negocio para lucrar con ella, la comunicación es un servicio y la información, un bien social.


EN ARCA ABIERTA...
La libertad de expresión no debe invocarse para decir lo que a cada cual le venga en gana o, peor aún, para justificar crímenes o ensuciar la honra ajena. ¿Puedo publicar cualquier cosa? ¿Puedo sacar al aire lo que se me antoje? El célebre magnate estadounidense de la pornografía, Larry Flynt, apela a la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana para defender una libertad de expresión a ultranza. Él reivindica su derecho. ¿Y dónde queda el derecho del pastor difamado en su revista Hustler?
Por vivir en comunidad, todas las libertades individuales tienen que someterse a una reglamentación. También la libertad de prensa y de expresión. Todos los ciudadanos y ciudadanas deben responder ante la comunidad, tienen una responsabilidad social. También los periodistas.
Cuando se habla de normas y responsabilidades, muchos colegas sienten un escozor, un temor —históricamente bien fundado— a las intervenciones estatales. Para evitar cualquier atisbo de censura, los directivos de la Sociedad Interamericana de Prensa han llegado a formular, como un postulado incuestionable, que la mejor ley de prensa es la que no existe. Esta sorprendente afirmación no responde —dicen— a que los medios de comunicación quieran colocarse al margen de las leyes. El problema es que la tentación de controlar una herramienta tan poderosa como los medios es demasiado fuerte para los gobiernos. Así pues —dicen—, la prensa debe gozar de una libertad irrestricta. Y si hubiese distorsiones, el público siempre puede apagar la radio o el televisor o dejar de comprar el periódico.
Muchos colegios de periodistas han redactado códigos de ética. Insisten en un sistema de autorregulación para que cada cual revise su conducta. Sin embargo, no parece muy prudente dejar la evaluación de un derecho tan fundamental a los beneficiarios más frecuentes de éste. En arca abierta —glosando el dicho— hasta el periodista peca.110
La llave de dicha arca no estará en el llavero del Estado, pero tampoco quedará olvidada en el escritorio de los propietarios de los medios. Porque no suelen ser los periodistas —contratados o despedidos según las preferencias políticas de la dirección— quienes deciden lo que sale y lo que no sale por las antenas, lo que se imprime o no se imprime en el diario. La censura del Mercado puede ser tan férrea y dictatorial como la del Estado. Y si no, que le pregunten a Peter Arnett, cancelado por la NBC por ofrecer una entrevista a la emisora estatal iraquí mientras Bagdad era bombardeada por la "coalición" de Estados Unidos e Inglaterra.

REPITE Y VENCERÁS
¿Qué papel jugaron los medios durante la invasión de Irak? ¿Tuvo acceso la mayoría de la población mundial, y especialmente la norteamericana, a una información seria y verificada de la atrocidad que se estaba cometiendo? Alguien dijo, y con razón, que los medios de comunicación se han convertido en peligrosas armas de distracción masiva.
¿Se autorreguló la Fox News que presentó la guerra como un reality show? ¿Y la CNN con su obscena sección el rostro humano de la guerra donde mostraba a los soldados norteamericanos posando para la cámara en actitud de ayudar a los niños de Irak pero ocultaba las fotografías pavorosas de miles de civiles destrozados en los bombardeos?
Y sin irnos al Medio Oriente, ¿se autorregularon Venevisión, Globovisión, RCTV y Televén, directos protagonistas del golpe de Estado contra el presidente venezolano Hugo Chávez en abril del 2002? ¿Cómo podrán autocontrolarse los grandes medios privados —los nueve gigantes globales— cuando ellos forman parte visceral de las corporaciones transnacionales, del megapoder financiero? Los medios ya no son —como el perrito de la RCA Víctor— la voz del amo. Son el amo.111

LOCUTOR Woodrow Wilson fue elegido presidente de Estados Unidos en 1916 en medio de la Primera Guerra Mundial.
LOCUTORA La población norteamericana no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea. Sin embargo, el presidente Wilson había decidido tomar parte en el conflicto.
PRESIDENTE Hay que hacer algo, my friends. Nuestra sociedad debe sentir la obligación de participar en la guerra.
WALTER No es difícil, señor presidente. Basta con saber “orientar” a la opinión pública.
LOCUTORA Crearon un departamento de propaganda, la Comisión Creel. Entre sus miembros, figuraba el periodista Walter Lippmann.
WALTER La gente es demasiado estúpida para saber lo que le conviene. Es como un rebaño perplejo que necesita ser domesticado.
PRESIDENTE ¿Y cómo lograr esto, mi estimado Walter?
WALTER Que la gente lea y vea cosas horribles, señor presidente. Que oiga noticias aterradoras. Que sea verdad o mentira lo que decimos no tiene tanta importancia.
CONTROL GOLPE MUSICAL
EFECTO AMBIENTE CALLEJERO
VOCERO ¡Ultima hora!... ¡En Bélgica, aparecen niños descuartizados!... ¡El ejército alemán no respeta nada ni nadie!
LOCUTORA Eran puras mentiras. Pero repitiéndolas una y otra vez, la Comisión Creel, en apenas seis meses, logró convertir una población pacífica en una masa histérica que quería ir a la guerra y matar a todos los alemanes para protegerse de aquellos salvajes que mutilaban a los niños belgas.
EFECTO NOTICIERO
PERIODISTA ¡Tropas de Saddam Hussein entran en un hospital infantil y roban bebés de las incubadoras!... ¡Declaraciones de la enfermera kuwaití que presenció estos hechos espeluznantes!
LOCUTOR Durante la primera Guerra del Golfo, las lágrimas de esta enfermera conmovieron al mundo.
LOCUTORA Unos meses después de terminada la guerra, se supo que la supuesta enfermera era la hija de un diplomático de Kuwait, y que el robo de incubadoras, denunciado por los norteamericanos, nunca había ocurrido.
CONTROL GOLPE MUSICAL
LOCUTOR En esta nueva guerra contra Irak, se empleó la misma táctica de la Comisión Creel: decir y repetir mentiras.
LOCUTORA Tony Blair se presentó ante su Parlamento con un dossier falsificado, escrito por un estudiante diez años atrás, como prueba de las armas de destrucción masiva que tenía Irak.
LOCUTOR Colin Powell mostró en el Consejo de Seguridad fotografías trucadas de supuestos arsenales biológicos iraquíes.
LOCUTOR Los nuevos señores de la guerra aprendieron muy bien de la Comisión Creel:
WALTER Lo importante no es que sea verdad, sino que se repita. Los romanos decían: “Divide y vencerás”. Yo digo: “Repite y vencerás”.112

Haciendo balance de estas barbaries humanas y periodísticas —que desgraciadamente se repetirán contra otros países árabes, o contra Cuba, o contra Venezuela—, los comunicadores y comunicadoras tenemos que apelar, hoy más que nunca, a una ética de la información. Sean bienvenidos todos los códigos de conducta, los manuales de redacción, las defensorías del lector, los tribunales de honor y los consejos editoriales. La autorregulación no basta, pero no sobra. Como bien dice Raúl Trejo, la ética no sustituye al Derecho, pero permite que sea menos necesario acudir a él con frecuencia.113
En los talleres sobre periodismo de intermediación en distintos países de América Latina, los participantes han trabajado en grupos y han ido redactando, párrafo a párrafo, una propuesta de ética informativa. El resultado es claro y conciso, como las buenas notas de prensa. Lo incluyo al final, como anexo.114

LA MEJOR LEY DE PRENSA
La Declaración de Chapultepec dice así: La credibilidad de la prensa está ligada al compromiso con la verdad, a la búsqueda de precisión, imparcialidad y equidad, y a la clara diferenciación entre los mensajes periodísticos y los comerciales. El logro de estos fines y la observancia de los valores éticos y profesionales no deben ser impuestos. Son responsabilidad exclusiva de periodistas y medios. En una sociedad libre la opinión pública premia o castiga.115
¿Responsabilidad exclusiva? ¿Y no tienen que responder ante la ciudadanía? Porque su poder es tan delegado como el de los políticos y los militares. Y porque la libertad de expresión de los periodistas no es otra cosa que la extensión del derecho universal del que gozan todos los ciudadanos y ciudadanas. ¿La opinión pública premia o castiga? Claro que sí. Pero la libertad de expresión de la gente no puede reducirse al derecho al zapping, a poder mover el dial para encontrar otra emisora o a dejar de comprar esta revista.
Prendemos el televisor o encendemos la radio. Y salen películas violentas, concursos groseros, noticias morbosas, programación basura.
—Yo opino —dirá con razón una madre de familia— que hay que prohibir esos programas. No se puede permitir que esas cochinadas salgan al aire.
De acuerdo. Pero, ¿quien las prohibiría? ¿El Estado, decidiendo lo que es bueno o malo para el público? ¿La iglesia, que durante siglos censuró el arte, los libros y hasta el pensamiento? El remedio sería peor que la enfermedad.
Es el mismo público quien puede y debe eliminar esos programas. ¿Qué hacemos cuando unos productos son malos, cuando un yogur está pasado de fecha o las verduras están contaminadas? Dejamos de comprarlos, sí, pero también denunciamos para que sean retirados del circuito comercial y se multe a los responsables. Pues lo mismo podemos hacer con la mala programación que nos llega a través de los canales y las emisoras. Los Derechos del Consumidor incluyen también a los consumidores de medios de comunicación.
Ciertamente, un público cada vez más crítico y con mejor gusto irá rechazando la telebasura y la radiobasura y la prensabasura. Pero no es suficiente. La sociedad como tal no puede desentenderse y conformarse con que salga al aire lo que los empresarios decidan que salga al aire.
Si las cosas fueran tan fáciles —libertad de tomar o dejar lo que el mercado ofrece—, ¿por qué no aplicamos la misma lógica a las drogas? Que todas se vendan en las esquinas y que cada cual vea qué compra o qué deja de comprar.
Supongamos un programa homofóbico, un personaje racista, un spot sexista. ¿Dejamos simplemente que el público premie o castigue consumiéndolo o no? Al cumplir los diez años, las niñas y los niños argentinos han visto en la televisión ochenta y cinco mil escenas de violencia.116 En los otros países latinoamericanos las cifras son similares. ¿Esperaremos a que los menores se vuelvan pistoleros como ocurrió en el colegio Columbine?117
—Andan cazando terroristas —le oí decir a una maestra de primaria—. ¡Y todos los días dan clases de terrorismo por televisión!
En privado, que cada cual haga lo que prefiera, mientras no violente los derechos del prójimo. Pero en la esfera pública —y los medios de comunicación están en el centro de ella— resulta indispensable una regulación para proteger ese bien social que es la información.
Veamos un colmo de desregulación. El sábado 24 de mayo del 2003 un fanático testigo de Jehová pronosticó un terremoto en Lima que acabaría con la ciudad a las 6:03 am. Las televisoras cubrieron la "profecía", el loco ocupó las primeras planas y los primeros titulares. ¿Qué mejor carnada hubiera podido imaginar un periodismo sin escrúpulos? Los escolares, alarmados, no fueron a clases. Mucha gente sencilla, frente a tanta cobertura de prensa, comenzó a angustiarse y a buscar refugios lejos de la ciudad. ¿Eso es libertad de prensa? ¿Nadie pudo poner el cascabel a ese gato arrogante y malcriado que son los medios amarillistas?
Hablamos de los contenidos. Pero hay otra regulación pendiente y urgente, la que permitiría democratizar la sociedad de la información desde su raíz. ¿Cómo y a quiénes se conceden las frecuencias de radio y televisión? En el Ministério das Comunicações de Brasil, se amontonan más de diez mil solicitudes para instalar radios comunitarias. En todas las superintendencias de telecomunicaciones de nuestros países duermen las carpetas de los más variados sectores sociales —indígenas, mujeres, ecologistas, universitarios, jóvenes, sindicatos— que quieren operar radios comunitarias.
—Radios piratas querrá decir usted —se lleva las manos a la calva un directivo intolerante de la AIR.118
¿Piratas? Quienes tienen parche en el ojo y pata de palo son aquellos que arrebatan lo ajeno. Pero las comunidades que quieren administrar una frecuencia de radio o televisión están, simplemente, reclamando lo propio. Son titulares de ese bien público que se llama espectro radioeléctrico y quieren ejercer su derecho a la libre expresión.
—Pues aquí en Guatemala —me comenta Carlos Andrade, del Consejo Guatemalteco de Comunicación Comunitaria— esa libertad de expresión tiene precio. La 92.9 FM la acaban de vender a tres millones de quetzales.
—¿Vender? —me asombro por el delito—. ¿Y quién la compró?
—El de siempre —Carlos guiña el ojo—. El único angelito que no vive en el cielo.
Ángel Remigio González vive en Miami. Es un magnate mexicano propietario de los 4 canales de televisión abierta de Guatemala y de docenas de frecuencias de radio. Mantiene estrechos lazos de amistad y complicidad con el genocida Efraín Ríos Montt.
¿Quién es, entonces, el pirata? ¿El que acapara frecuencias o las comunidades que, cansadas de solicitarlas, salen al aire sin licencia? Porque si ilegal es transmitir sin la debida autorización, más ilegal aún es el mecanismo, tan de moda en algunos países latinoamericanos, de entregar las frecuencias al mejor postor. Estas subastas son contrarias a los mismos postulados de la AIR119 y resultan incompatibles con los principios de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.120
Es indispensable una ley de medios, claro que sí. Una regulación tanto de los contenidos discriminadores como de la discriminación en el acceso a las frecuencias. Una instancia que exija y sancione, que vigile y tenga autoridad para corregir excesos u omisiones, que garantice el pluralismo en el dial e impida el monopolio. Pero esa normativa no va a redactarla el Estado ni su aplicación va a quedar en sus manos. La SIP dice que la mejor ley de prensa es la que no existe. Nosotros decimos que la mejor ley de prensa es la que escribe la ciudadanía.121

OBSERVATORIOS DE MEDIOS
En enero del 2002, durante el segundo Foro Social Mundial de Porto Alegre, Ignacio Ramonet hizo una propuesta iluminadora:
Es necesario crear un «quinto poder» que nos permita oponer una fuerza cívica ciudadana a la nueva coalición dominante. Un «quinto poder» cuya función sea denunciar el superpoder de los medios de comunicación, de los grandes grupos mediáticos, cómplices y difusores de la globalización liberal. Por eso, hemos propuesto la creación del Observatorio Internacional de Medios de Comunicación (Media Watch Global). Para disponer finalmente de un arma cívica, pacífica, que los ciudadanos podrán utilizar con el fin de oponerse al nuevo superpoder de los grandes medios de comunicación masiva.122
No hay que confundir esta iniciativa con los conocidos ombudsmen, tan útiles en su origen y tan degradados hoy en día. Con frecuencia, estos defensores del lector se convierten en una cosmética de empresas nada democráticas que necesitan lavar su imagen y aparecer como pluralistas.
Otra cosa son las Tribunas del Oyente, esos espacios que existen en muchas emisoras y a donde el público llama para opinar, protestar, felicitar y hasta modificar la programación. Eso es auténtica interactividad y no la de algunos canales que así se autodenominan cuando los receptores pueden elegir entre Terminator y Depredator.
Estos programas son muy válidos. Pero resultan experiencias aisladas y no se instalan, precisamente, en los medios que más necesitarían dicha validación. Los grandes medios, ni siquiera para simular libertad de expresión, se someterían a una crítica permanente de sus receptores.
Desafiémonos a una aventura comunicacional mucho más estimulante. Unamos fuerzas con las redes, con los medios que mantienen viva la sensibilidad social, muy especialmente con las facultades de comunicación. ¿Por qué no promover observatorios de medios en nuestro país?
La iniciativa de ANDI é muito legal. La Agencia de Noticias por los Derechos de la Infancia nació en Brasil en 1992. La idea era elevar la conciencia de los periodistas y de los medios sobre los derechos de los niños, niñas y adolescentes.
—¿Seremos watchdogs, perros guardianes de lo que ellos difunden y publican, como en Europa y otros países? —se preguntaba Âmbar de Barros, la fundadora.
—Hay que buscar otro camino —respondía Gilberto Dimenstein, cofundador—. ¿Censurar, condenar, decir lo que está malo? Mais vale acender um fósforo que amaldicionar a escuridão.
Y así comenzó ANDI, organización no gubernamental sin fines de lucro, decidida a mejorar la calidad de la información que se daba en Brasil sobre as crianças. Optaron por no producir programas propios, sino monitorear lo que otros producían.
Día a día, el equipo periodístico de ANDI da seguimiento a la información de los 60 diarios y revistas más importantes de Brasil, de los principales programas de radio y televisión. ¿Cómo son presentados los niños y niñas, cómo tratan la problemática juvenil? Luego, se dirigen a los profesionales que producen estos espacios ofreciéndoles nuevos datos, una perspectiva más amplia para que enfoquen mejor los temas.
—Ofrecerles materiales, sí, pero también capacitación.
ANDI invierte en la capacitación permanente de periodistas. Y en la formación de redes a nivel nacional y latinoamericano.
—Ofrecerles capacitación, sí, pero también estímulos.
ANDI inventó el diploma Jornalista Amigo da Criança y comenzó a reconocer públicamente la labor de profesionales que a lo largo y ancho del Brasil se suman a la tarea de promover los derechos infantiles y juveniles.123
—Cuando comenzamos —explica Regina Festa, actual presidenta de ANDI—, la imagen construida por los medios sobre la infancia y la juventud era muy negativa. Su principal fuente de información era la policía. Ahora, los niños salieron de la crónica roja y están en las páginas de educación, en políticas publicas, en editoriales.
Observatorios, veedurías, comités de usuarios y usuarias, defensorías de consumidores de medios a nivel local, nacional e internacional, que se irán desarrollando como espacios donde la ciudadanía hará uso de su libertad de expresión. Una libertad que no es un privilegio de los periodistas y menos aún de los empresarios que contratan y despiden a los periodistas.
Es la ciudadanía organizada —no la mano visible del Estado ni la invisible del Mercado— la que pedirá cuentas a los operadores de los medios sobre su responsabilidad social. Una ciudadanía consciente de su derecho a la comunicación que no tolera leyes mordaza de los gobiernos ni leyes de la selva de las empresas.
Estas organizaciones —encargadas de vigilar a los vigilantes— serán verdaderamente independientes y trabajarán para mejorar la calidad ética y estética tanto de la oferta de los medios como de la demanda de los públicos. Para que otra comunicación sea posible.

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