Opinión Los reinsertados






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títuloOpinión Los reinsertados
fecha de publicación20.06.2016
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Los reinsertados

por Elena Lobato, para pl.com

Ha llegado hasta mis manos esta definición: ‘Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supone que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio’. La cita es de Federico García Lorca y, a decir verdad, me ha llenado de perplejidad. ¿Por qué no pueden unirse ciertas palabras? En España los únicos que no tienen derecho de reunión son las bandas criminales, y aunque los poetas siempre me parecieron muy suyos, no creo que sea cosa de achacarles que son mala gente, como Álvaro Pombo. Eso sería una exageración, es decir, para un escritor, un pecado. Pero aunque así fuere ¿qué culpa tienen las palabras?

A mí las palabras, como sus creadores, nunca me han parecido ni buenas ni malas. No por juntarlas en un poema van a mejorarse y muy ciego tenía que andar Lorca para no darse cuenta.

Cuando me pongo a juntar palabras irreconciliables en una poesía, las que mejor me salen son las de Blanca Andreu de tratamiento surrealista de libre interpretación, porque ahí no me equivoco. Ella dice: ‘como una joya triste de escarcha virtuosa’, y yo cambio algunas cosas a mi libre interpretación por imágenes más sugerentes de la misma calaña sintáctica y digo: ‘como una dulce crin con ojos infinitos’. ¿Bueno, verdad?, este verso es de Mª del Mar Alférez, en la que también soy especialista, así que espero que cualquier día, como a ellas, me terminen dando el Premio Adonais.

Y es que en esto de los premios literarios de poesía hay que valorar, según parece —y puedo leer en las solapillas de los libros de poemas justificando los fallos—, varias cosas: las imágenes –eso es vista—, la musicalidad –oído–, la medida —¿tacto?—… No podré ser jamás jurado porque no consigo reunir nunca todos mis sentidos; la justicia tampoco, ni la de los premios, porque como todas es ciega, por lo que a cambio ha desarrollado un sentido común descomunal: se premia al más famoso, que otros sabrán por qué lo premiaron antes.

O no, porque esta forma de crear haciendo reuniones imposibles de palabras en las que cada cual interpreta lo que le parece es algo así como que cada poema resulta único para su lector, pintiparado para su circunstancia o fantasía, que sería tanto como decir que cada poesía encierra dentro de sí al eterno Poético.

Y yo, la verdad, no creo que la cosa vaya por esas metafísicas, ni por esas metaliteraturas, sino que, más bien, cada quien se apunta a la tendencia que le pete según su gusto, imita a los que bien les fue anteriormente en el intento, y que el resultado tiene una idiosincrasia propia que consiste en ser fruto de múltiples copias anteriores y crisol único en su creador, lo cual puede ser filosóficamente imposible pero literariamente constatado mil y una veces. Pero yo a lo que iba era a la ilegalidad en la reunión de ciertas palabras.

Se me ocurrió en una ocasión convocar un certamen de poesía para prestigiar la marca de mi empresa, y como mucho no entendía, contraté a una agente literaria para que me eligiera al jurado.

— Va a necesitar a una joven promesa, a un académico y a un poeta republicano.

— ¿Y el republicano, para qué?

— Para tener de cara a la prensa. Tenemos a uno exiliado que viene muy bien para estos casos, aunque no es poeta, es verdad, pero estuvo en Auswitch. Eso bastará. Y también a un inconformista.

— Me gustan los republicamos. ¿Y el inconformista, con qué?

— Con usted, con el convocante, es para crear ambiente, dan mucho juego.

Por fin vinieron todos y funcionaron estupendamente. Eligieron entre 690 candidatos a un chico de Córdoba que “hablaba a golpes de imagen sin pausa en un ejercicio transfigurador que se desbordaba entre relámpagos expresivos”.

¿Tan bueno es? —pregunté—

— Un chaval estupendo —me dijo la agente— le salen los versos de Gil de Biedma que da gloria. Y con sentimiento. El año que viene nos vendrá de perlas para el jurado como representación de la minoría gay.

— ¿Pero como poeta?

— Pues juntaba palabras ilegales en la clandestinidad y ahora hemos conseguido reinsertarlo.

Se ve que a esto aludía García Lorca, pero creo que lo que intentaba definir era misterio.

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