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• 1. 1ª PARTE 1 --Carutti, Eugenio - "Ascendentes en astrología (I)" -- EL MANDALA Vamos a comenzar analizando un símbolo del lenguaje astrológico que demasiado habitualmente es dejado de lado, pero que en realidad encierra la lógica global de articulación de los demás elementos de la carta natal (signos, planetas, aspectos, etc.). Este símbolo básico es la carta natal misma, o sea, aquel dentro del cual todos los demás símbolos aparecen: Atender a este espacio nos llevará a considerar cuál es la estructura que le es propia. Este símbolo, el más abarcativo de todos los símbolos astrológicos, tiene las claves acerca de cómo se organiza la sintaxis, esto es, las leyes de asociación entre los distintos elementos que incluye, en tanto que espacio. Usualmente, cuando decimos espacio, imaginamos una entidad vacía en sí misma, en la cual se sitúan las otras entidades. Por ejemplo, cuando pensamos en el universo, suponemos que el espacio es algo que existe de por sí, sin una relación estructural con los objetos que lo ocupan; como si fuera exterior a ellos. Nuestra percepción intuitiva imagina el espacio como algo previo, dentro del cual las cosas caen. No concebimos que lo vacío y lo lleno pueden ser dos aspectos de lo mismo y, en consecuencia, no advertimos la actividad que posee lo que nosotros llamamos espacio. Utilizando entonces lo que ya sabemos, ¿qué está diciendo este símbolo, en su lenguaje? ¿qué estoy diciendo con la superposición de un círculo y una cruz? Estoy estableciendo una relación entre el círculo —esto es, lo infinito, aquello que no tiene forma, lo amorfo, el Cielo— y la cruz, lo que tiene forma, lo que tiene límite, la materia. La cruz es el cuatro, el cuadrado, la energía estabilizada como forma, es decir Cáncer. De aquí proviene el simbolismo de la crucifixión: la entrada de lo infinito en la forma. 2 --Carutti, Eugenio - "Ascendentes en astrología (I)" --

• 2. Entonces, el símbolo de la carta natal está expresando el Cielo en la Materia, lo infinito en lo finito en una relación que, al mismo tiempo, unifica y distingue dos conceptos fundamentales para nosotros: energía y forma. En una carta natal, el Sistema de Casas, cuyo núcleo es la cruz (en realidad son tres cruces, una triple crucifixión), manifiesta la encarnación del estado del Cielo en el instante de nacimiento. El conocido enigma de los antiguos —la cuadratura del círculo— se encuentra detrás de este símbolo. Por eso, la cruz en el círculo también alude al Paraíso: el lugar donde el Cielo está en la Tierra, donde la forma material reproduce la totalidad celeste sin que haya contradicción —para la conciencia— entre Cielo y Tierra, entre energía y forma. Podemos ya advertir la importancia de este símbolo y de todo lo que encierra. Si no comprendemos su lógica, no podemos abordar seriamente la sintaxis astrológica. La carta natal es una estructura que simboliza esta tensión entre lo que no tiene forma y lo que sí la tiene; existe una cierta lógica para esta tensión entre lo finito y lo infinito, y esto es lo que vamos a tratar de que se nos revele. 3 --Carutti, Eugenio - "Ascendentes en astrología (I)" -- La carta natal es un mandala Como tal, la carta natal es un caso particular de un tipo de símbolos, del que ustedes habrán escuchado hablar, llamado mandala. La carta natal es un mandala y hay mandalas de distintas características, pero que siempre responden a la misma lógica básica. Se trata de un símbolo que aparece espontáneamente en el psiquismo cuando hay algún contacto entre la conciencia habitual y un nivel de totalidad. Cuando esto ocurre, el inconsciente simboliza —o sea, confiere forma— con un mandala. La astrología es un pensamiento mandálico por excelencia que, como tal, descansa en las profundidades de nuestra mente. Sólo necesitamos permitir que aflore en nosotros. Cuando el ser humano funda, cuando organiza algo que remite a la totalidad, necesita simbolizar un centro que ordene una potencialidad global. Todas las plazas de las ciudades son mandalas. En las iglesias y templos siempre hay mandalas; y, por supuesto, abundan en Oriente. El símbolo del Sol, como tal, es un mandala: Son muy conocidos los mandalas tibetanos, con sus demonios y sus ángeles; se intenta con ellos simbolizar, para la meditación de la conciencia, la totalidad sin exclusiones, sosteniendo una máxima tensión entre los opuestos. O sea que el mandala es una manifestación del psiquismo humano profundo, que aflora ante cierto tipo de experiencias evocando un estado integrado de conciencia. Cuando hay grandes desequilibrios psicológicos, el dibujo de mandalas ayuda a la recuperación del equilibrio. Se ha comprobado que, en casos de alteraciones agudas del psiquismo, la persona intenta dibujar mandalas, pero estos tienen tres centros, por ejemplo; no logra centrar, equilibrar. El mandala es un espacio ritual; por eso, la plaza es siempre el punto de partida de una fundación urbana. Después del rito de fundación, en torno al rollo de pergamino con las instrucciones —donde luego se levantará, seguramente, el monumento a algún héroe local— se organiza el diseño original de la ciudad: a un lado la iglesia, enfrente el ayuntamiento, al 4 --Carutti, Eugenio - "Ascendentes en astrología (I)" --

• 3. costado un convento o un asilo, al otro costado las casas de los fundadores. En las manzanas periféricas, en orden de importancia, los restantes vecinos. Así se fundaron todas las ciudades coloniales de América y algunas de Europa moderna. Es bueno dibujar mandalas, tranquiliza porque remite a un nivel en que es trascendida la fragmentación y el desorden de la conciencia superficial. Investigar acerca de esto con mandalas no astrológicos de cuatro, seis, ocho partes, resulta muy útil para nuestro estudio. De esta manera, espontáneamente, se descubre que los mandalas tienen ciertas leyes. Leyes del mandala Vamos a investigar entonces algunos principios que llamaremos leyes o principios básicos de un mandala. 1) El mandala es un símbolo de totalidad y de integración. Nunca habla de fragmentos. Y, por lo general, está organizado radialmente, con un centro y una periferia, o con distintas periferias concéntricas. Lo importante es que lo que está en el centro es exactamente lo mismo que lo que está en la periferia, sólo que en otro estado. Un mandala Implica el despliegue de un centro en una periferia y, a la vez, implica la disolución de la periferia en un centro. Las dos cosas son lo mismo; o sea, algo se despliega desde el centro amorfo y toma cierta forma en la periferia. Aquello que en el centro está implicado, en la periferia está desplegado. En la periferia, el centro se encuentra en estado de forma; en consecuencia, son múltiples las formas necesarias para dar cuenta de la energía, porque la energía, lo ilimitado, no cabe en una sola forma, siendo esta excluyente por definición. La forma siempre deja afuera algo de la totalidad, que deberá manifestarse en otras formas complementarias. En cambio, el centro en sí mismo contiene toda la energía y, potencialmente, todas las formas que pueden encarnar en esa 5 --Carutti, Eugenio - "Ascendentes en astrología (I)" -- energía. Así, el mandala se va mostrando en distintos niveles de definición. La periferia es el nivel más estable; el centro, el nivel más vivo. Entonces, esta es la primera relación entre centro y periferia: en el centro está la totalidad y, desplegada en la periferia, está esa misma totalidad, en cuanto multiplicidad. Preguntémonos ahora: ¿cuál es la dinámica del mandala? Este, ¿se abre o se cierra? Desde un punto de vista, el centro se despliega como multiplicidad. Pero desde otro punto de vista, la periferia se disuelve como vacío central. Al pensarlo y verbalizarlo, puedo decir una u otra cosa, porque el pensamiento es unilateral y nos obliga a ir en una dirección determinada. Decimos "salgo" por la puerta, pero salir del aula es entrar el palier. "Salgo" o "entro" expresa algo que está unilateralizado, identificado en una posición que excluye a la otra. El pensamiento en el nivel verbal, en nuestro lenguaje cotidiano, no puede integrar ambos puntos de vista en una simultaneidad que, sin embargo, es real. En el estado de contemplación que el mandala propicia, los dos movimientos son reales y simultáneos. ► Pregunta: ¿El mandala es un símbolo estático o dinámico? La representación es evidentemente estática, pero lo simbolizado es tremendamente dinámico. En todo mandala está sucediendo la manifestación y la consumación, al mismo tiempo, simultáneamente. Pero, desde luego, hay que comprenderlo a través de sus leyes de representación. Hay que imaginárselo, por lo tanto, como un dibujo holográfico, dicho en términos contemporáneos. Como una doble hélice, una que abre y otra que, al mismo tiempo, cierra. Recuerden, como ayuda, el caduceo de Mercurio, con sus dos serpientes enlazadas: Son dos serpientes, desde una óptica. Pero desde otra, son una totalidad. La mente las separa, porque verlas juntas a ambas, al mismo tiempo, en su dinámica complementaria, resulta 6 --Carutti, Eugenio - "Ascendentes en astrología (I)" --

• 4. imposible para el pensamiento verbal. Primero se ve una, después otra, después se las relaciona. Cómo se las relaciona: este es el problema; y eso depende del estado de la conciencia que esté en juego. Traducir, encontrar las lógicas de transformación entre el estado profundo, sintético de la conciencia y el estado superficial, atrapado en la multiplicidad concreta del pensamiento verbal, es nuestra dificultad. De hecho, el centro del mandala es un punto vacío; es lo amorfo por excelencia. Es lo que va tomando forma, hasta escindirse como multiplicidad. O sea que, en el centro, hay una unidad amorfa y en la periferia hay una multiplicidad de formas. Cuando se dice "unidad", nuestro cerebro lo retraduce como "uno", pero no es necesariamente así. En el vacío central que remite a la unidad, no hay nada en tanto que forma. Piensen en la unidad no como algo sino como vacío generador donde puede estar todo, en otro estado. En este sentido, no es el uno sino el cero. Si fuera algo, estaría ya excluyendo otra cosa; ningún algo puede ser todo. Si nuestra psique comprendiera esta lógica de la unidad, todo sería mucho más fácil para nosotros. 2) Una de las consecuencias de este doble movimiento —en el cual el centro se manifiesta hacia la periferia y a la vez esta se integra, se disuelve, se consuma en el centro— es que cualquier movimiento en una dirección, automáticamente tiene que estar compensado por el movimiento en la dirección contraria. O sea que, si aparece una forma en algún punto de la periferia, tendrá que existir otra forma en el punto opuesto de la misma, que compense a la primera. Es decir, todo lo que aparece en la periferia del mandala tiene que estar representado —u organizado— en forma bipolar. Por definición, apenas aparece algo en una dirección tiene que surgir su equivalente en el sentido opuesto, para mantener así en equilibrio la totalidad. De hecho, si decimos que está presente A (que implica B), podemos decir asimismo que también tiene que estar presente C (que implica D): 7 --Carutti, Eugenio - "Ascendentes en astrología (I)" -- Es decir: para que esto sea un mandala, en el mismo momento en que se manifiesta algo en la periferia tienen que manifestarse todos los puntos complementarios, manteniendo así el equilibrio de la totalidad en la representación. No hay, en el mandala, la posibilidad de una dirección autónoma, unilateral, independiente de las demás. Esta es precisamente, la ilusión de la conciencia identificada con la forma. En rigor, todas las direcciones de la periferia son sincrónicas y necesarias las unas con respecto a las otras. Es decir: la aparición de los elementos en complementación bipolar, es simultánea. Si existe A tiene que existir B. Por lo tanto, si existe el norte tiene que existir el sur, no hay otra posibilidad: y también tienen que existir el este y el oeste, porque de lo contrario no hay espacio. En consecuencia, ya sabemos que lo que aparece en un mandala, está ordenado bipolarmente. ► ¿Sería como un claro y oscuro? Sí, podemos presentarlo como claro-oscuro, o como frío-caliente, o negro-blanco. El hecho es que tienen que estar los dos polos presentes, para que la manifestación sea completa. 3) Otro principio inherente al mandala nos dice que, en su centro, está implicada toda la periferia, así como la periferia es una manifestación del centro. Claro que si digo esto, respetando la ley anterior, debo decir asimismo que el centro es una desaparición de la periferia. En otros términos: en una dirección, lo amorfo se manifiesta en forma y, en la otra dirección, la forma desaparece en lo amorfo. La coherencia con lo mandálico es que no podemos elegir una de estas dos direcciones. No tiene sentido decir que es una u otra, tener preferencias hacia una u otra. Es muy posible que nos alineemos en dos bandos compuestos por los que ven que la periferia es una manifestación del centro, y los que ven que el centro es una desaparición de la periferia. 8 --Carutti, Eugenio - "Ascendentes en astrología (I)" --

• 5. Es decir, intuitivamente, tendemos a ver uno solo de estos dos aspectos y, por lo general, el que vemos con más frecuencia —por nuestro condicionamiento cultural— es el que dice que "la periferia es una manifestación del centro". Pero, en un mandala, no estamos autorizados a hacer esta polarización; de modo que, si es cierta una dirección, entonces necesariamente tiene que estar presente la otra. ► ...y esas dos direcciones fluyen constantemente... Exacto, ambas pueden ser reunidas en una imagen de fluir constante, de modo tal que podamos decir que el mandala pulsa. ► ¿Una dirección tiene que ver con la conciencia y la otra con el inconsciente? Por ahora no pongamos a la conciencia en juego, justamente porgue lo que le gusta a la conciencia es elegir. A la conciencia verbal le es muy dificultoso decir "las dos cosas al mismo tiempo..."; por el contrario, prefiere pensar: "una tiene que ser la verdadera y la otra, falsa". Esto es así porque la conciencia, apegada a la forma, pone instintivamente el centro en un polo y excluye al opuesto. Para nuestro psiquismo, es mucho más sencillo verlo desde el centro a la periferia. El movimiento de la periferia al centro no nos resulta intuitivo, pero está. El movimiento es doble, siempre. En la periferia tenemos, entonces, una multiplicidad que —podríamos decir— está generada por este vórtice central. En el centro, o cerca de él, el movimiento es muy rápido; tanto, que no permite que nada se estabilice, o sea, que tome forma. Cuanto más lejanía de él, más estabilización. Entonces, cuanto más lejos del vórtice central, más quietas se quedan las cosas y más estables permanecen en su definición. Por eso, en esa periferia aparece lo separado, la multiplicidad. Así es como en el centro hay vacío y hay lleno... Y, como decíamos pensándolo desde la manifestación— cualquier manifestación en una dirección tiene que estar compensada por otra, 9 --Carutti, Eugenio - "Ascendentes en astrología (I)" -- en otra dirección. Asimismo, cualquier disolución en una dirección, tiene que estar compensada por una disolución en otra dirección. Por la propia índole del símbolo, acá hay un equilibrio constante. ► ¿Es una ley de conservación? Sí, lo es. Todo mandala alude al principio básico de conservación de la energía. Otro símbolo de lógica típicamente mandálica es la serpiente que se muerde la cola, que se va devorando a sí misma hasta que desaparece. Cuando se devoró totalmente, reaparece. Siempre está muriendo, y siempre está renaciendo. Las leyes del mandala, dentro de la carta natal Todo lo que hacemos en una carta natal es movernos en un mandala, en un campo que tiene esas leyes, además de otras que iremos viendo ni su momento. Entre otras cosas, un mandala delimita un espacio sagrado. Dentro de ese mandala está lo sagrado, aquello que trasciende e Incluye el estado fragmentario de la conciencia. Por esto, una carta debe ser hecha mirándola desde adentro y no desde afuera, no "espiando" lo sagrado desde el exterior. Esto quiere decir, tomar conciencia de los condicionamientos del pensamiento verbal, externo al espacio mandálico, que violenta el estado de conciencia que el mandala simboliza. Hay dos niveles de conciencia en juego. En uno de ellos, el pensamiento verbal del lenguaje cotidiano intenta dominar al mandala, reduciéndolo a sus interpretaciones; en el otro, se entrega a su lógica, aquietándose sin interferir, dejando que se active el estado de conciencia que aquí llamamos mandálico. Es preciso desarrollar esta sensación: cuando hablamos de "hacer una carta natal", estamos dentro del universo de la astrología, estamos dentro de un espacio sagrado. Esto significa que está expresándose el misterio de una totalidad que se diferencia y no la dramática de lo sepa- rado que pugna por relacionarse. Dicho de otra manera, la realidad es holográfica: esta es nuestra hipótesis básica. El mandala es un símbolo para que la conciencia aprenda a pasar de un estado a otro, dado que la conciencia tiende a hechizarse con los fragmentos aislados, separados, y se deja absorber por ellos. La potencia del mandala impide que algún fragmento absorba a la mente. En el centro, puesto que está todo en cuanto energía, no hay nada en tanto forma. Entonces, la primera reflexión que vamos a hacer en relación a una carta natal es que, si nosotros vemos distribuidos en ella a los distintos planetas, nuestra inercia nos llevará a pensar que la identidad de una persona está en un punto de la periferia... 10 --Carutti, Eugenio - "Ascendentes en astrología (I)" --
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