El relativismo en la sociedad actual






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FILOSOFÍA Y ÉTICA I

CUARTA SEMANA

EL RELATIVISMO EN LA SOCIEDAD ACTUAL

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Lectura N° 01

LIBERTAD RELIGIOSA Y SOCIEDAD

José Román Flecha Andrés

Catedrático de Universidad Pontificia de Salamanca.

Instituto Social León XIII - Centro para la Investigación y Difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, Febrero 2006.

http://leonxiii.upsam.net/seminarios/05_seminario/05_seminario_jose_roman_flecha.pdf

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1. RELATIVISMO Y VALORES MORALES

Parece que ha sido el poeta y escritor mejicano Octavio Paz quien ha dicho que “la democracia es el régimen de las opiniones relativas”. Por lo que se refiere al significado del relativismo para la conciencia moral, especialmente en el marco del cristianismo, se pueden mencionar algunas alusiones pontificias: Ya el Papa Pío XII en la encíclica Miranda Prorsus subrayaba la importancia de la misión del crítico cinematográfico católico, llamado a acentuar los valores morales, “teniendo en cuenta que dichos juicios habrán de ser una norma directiva segura para evitar el peligro de deslizarse hacia un deplorable relativismo moral o de confundir la jerarquía de los valores. Muy lamentable sería que los diarios y publicaciones católicas, al hablar sobre los espectáculos, no informaran a sus lectores sobre el valor moral de los mismos”

También el papa Pablo VI advertía en su primera encíclica: “El relativismo, que todo lo justifica y todo lo califica como de igual valor, atenta al carácter absoluto de los principios cristianos”. Ya a los comienzos de su pontificado, el Papa Juan Pablo II ponía al mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 1980 un titulo tan significativo como éste: “La verdad fuerza de la paz”. Pues bien, en aquel texto escribía: “Promover la verdad como fuerza de la paz es emprender un esfuerzo constante para no utilizar nosotros mismos, aunque fuese para el bien, las armas de la mentira. La mentira puede deslizarse solapadamente en todas partes. Para mantener establemente la sinceridad, la verdad con nosotros mismos, hace falta un esfuerzo paciente, decidido, para buscar y encontrar la verdad superior y universal acerca del hombre, a la luz de la cual podremos valorar las diversas situaciones y a la luz de la cual nos juzgaremos en primer lugar a nosotros mismos y nuestra propia sinceridad. Es imposible instalarse en la duda, la sospecha, el relativismo escéptico, sin deslizarse rápidamente en la insinceridad y en la mentira”

Como se sabe, el tema del relativismo, en su dimensión específicamente religiosa, ha adquirido una nueva actualidad en los primeros años del nuevo siglo. A partir de los atentados terroristas de Nueva York y Washington, no han faltado los que han adjudicado la causa de la violencia al radicalismo de las religiones monoteístas. En su opinión, la afirmación de un teísmo excluyente impide la relativización de los valores. Se repite una y otra vez que los monoteísmos son el origen del fundamentalismo. En consecuencia, hacen imposible la tolerancia y fomentan la violencia. De todas formas, la dimensión política del relativismo ético ha sido expuesta ya hace más de una década por el Papa Juan Pablo II, en su encíclica sobre el evangelio de la vida humana:

“La raíz común de todas estas tendencias es el relativismo ético que caracteriza muchos aspectos de la cultura contemporánea. No falta quien considera este relativismo como una condición de la democracia, ya que sólo él garantizaría la tolerancia, el respeto recíproco entre las personas y la adhesión a las decisiones de la mayoría, mientras que las normas morales, consideradas objetivas y vinculantes, llevarían al autoritarismo y a la intolerancia. Sin embargo, es precisamente la problemática del respeto de la vida la que muestra los equívocos y contradicciones, con sus terribles resultados prácticos, que se encubren en esta postura”

El Papa reconocía que el abuso de la invocación a la verdad había ciertamente conducido a la humanidad a graves abusos y crímenes. Sin embargo el abuso no invalida el uso de una determinada categoría. Por huir de la tiranía de los que invocan una verdad única no se puede caer en la nueva tiranía originada por la negación de toda verdad: “Es cierto que en la historia ha habido casos en los que se han cometido crímenes en nombre de la « verdad ». Pero crímenes no menos graves y radicales negaciones de la libertad se han cometido y se siguen cometiendo también en nombre del « relativismo ético ». Cuando una mayoría parlamentaria o social decreta la legitimidad de la eliminación de la vida humana aún no nacida, inclusive con ciertas condiciones, ¿acaso no adopta una decisión « tiránica » respecto al ser humano más débil e indefenso? La conciencia universal reacciona justamente ante los crímenes contra la humanidad, de los que nuestro siglo ha tenido tristes experiencias. ¿Acaso estos crímenes dejarían de serlo si, en vez de haber sido cometidos por tiranos sin escrúpulo, hubieran estado legitimados por el consenso popular?”

2.- EL RELATIVISMO COMO NORMA DE VIDA

De todo lo dicho se deduce que en el relativismo moderno confluyen numerosas tendencias y opiniones. Unas más centradas en la defensa de ideas preconcebidas o intereses personales, otras más deudoras de corrientes filosóficas herederas del existencialismo de la ética de situación o del pragmatismo, tanto revolucionario como capitalista y otras, todavía, vinculadas a la defensa y promoción del sistema democrático y del liberalismo. Lo que parece común a todas estas posturas y movimientos es el abandono de una referencia ontológico-antropológica para afirmar la entidad y la valía de los valores morales. No hace falta insistir en el descubrimiento del relativismo como nueva moral. En este sistema de pensamiento se incluye una nueva concepción de las categorías éticas fundamentales como la ley, los valores, y la conciencia. Se ofrecen nuevos criterios sobre la objeción de conciencia. Y, por supuesto, se canoniza una nueva presentación del pecado y de la virtud. A estos aspectos morales del relativismo actual se refirió con frecuencia la instrucción “La verdad os hará libres” publicada por la Conferencia Episcopal Española en 1990. Allí se afirma explícitamente que “la alternativa para ser demócratas no puede ser el vacío moral o la pura arbitrariedad de los que, en un determinado momento, tienen el poder”. Evidentemente esta reflexión, que parece evidente, habría de suscitar las reacciones más furibundas contra el documento, incluso por parte de quienes manifestaron no haberlo leído.

EL RELATIVISMO EN LA SOCIEDAD ACTUAL

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Lectura N° 02

Autor: Orlando Levy Corvalán * 

(* Profesor titular de Metafísica y de Gnoseología en la Facultad de Humanidades de la UNNE.- España)  FUENTE: http://www.diarioepoca.com/notix/noticia.php?i=189065&edicion=2009-06-08 
El presente artículo forma parte del ciclo de publicaciones auspiciado por el Programa de Extensión del Doctorado en Filosofía de la UNNE


http://www.taringa.net/posts/info/2714740/El-Relativismo-en-la-sociedad-actual.html

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Estamos viviendo la última época de ese movimiento conocido como posmodernidad. Inmerso en la visión posmoderna, el hombre actual quiere plantearse el sentido de su existencia, y encuentra grandes dificultades. Por eso, uno de los elementos más importantes de nuestra actual condición es la crisis del sentido de la vida. En el ámbito típicamente científico, Paul Feyerabend había consagrado una fórmula: “Todo vale”. Y la posmodernidad, apropiándose de dicha norma, la extendió a todos los niveles, principalmente al ámbito moral. Si todo vale, entonces somos libres de hacer lo que queremos, sin ataduras de ninguna índole. A esto lo llamamos relativismo. Aceptamos en teoría que ciertos bienes son universales, por ejemplo la paz. Pero al mismo tiempo, contra esa aceptación unánime se alza frecuentemente el relativismo: culturas que tienen o tuvieron por buenos los sacrificios humanos, la esclavitud, la poligamia, etc. Para el relativismo no es correcto pretender buscar racionalmente el contenido objetivo, es decir válido para todos, de lo que es bueno. Se abre así –como dijimos- la puerta del “todo vale”, por donde siempre podrá entrar lo absurdo e irracional. Y basado en esa lógica inconsistente, el drogadicto al que se le pregunta “¿por qué te drogas?”, nos va a decir “¿y por qué no?”. Pensado como concepción subjetivista del bien, el relativismo hace imposible la ética. Tenemos que asumir que si la ética va a ser un criterio para distinguir entre el bien y el mal, entonces tiene que ser objetiva y una; no puede ser subjetiva y múltiple.

El hombre, aunque muchas veces pueda ser culpable de hipocresía y engaño, es capaz, por su propia naturaleza, de conocer y comprender la verdad. Por eso no tenemos que desestimar que sea posible alcanzar un conocimiento objetivamente verdadero, que sin embargo no es una verdad absoluta, sino que en todo momento será algo que se puede perfeccionar y optimizar. 

Cuando los sostenedores del relativismo hablan en defensa de sus derechos, acostumbran a despegarse de su relativismo moral y condenan absolutamente la objetiva inmoralidad de aquel que pretenda causarle daño. Y si alguien les roba la billetera, o les da una trompada, lo más probable es que dejen de lado su relativismo y aseguren –sin ningún relativismo– que eso está muy mal, diga lo que diga quien quiera que sea (sobre todo si lo dice el ladrón o agresor correspondiente). Porque si la palabra dada no tiene importancia, o si no existen cosas tales como el bien y el mal, ¿cuál es la diferencia entre lo justo y lo injusto? 

El relativista confunde el deber de respetar a la persona que opina y su derecho a opinar con el deber de respetar toda opinión. Es cierto que todos tenemos el deber de respetar a los demás y también su derecho a opinar. Pero no tenemos por qué aceptar todas las opiniones, por el simple hecho de que no todas las opiniones son válidas. Y todavía más: nosotros tenemos el deber, si las circunstancias lo permiten, de refutar las opiniones falsas y perjudiciales. Por ejemplo, si un hombre opina que los maridos pueden golpear y maltratar a sus esposas, yo tengo el deber de respetar a ese individuo, pero al mismo tiempo tengo el deber de decirle que su opinión es totalmente falsa y dañina.
 

Y si acudimos al plano de la ciencia, encontramos que el científico nunca es un relativista, no concibe que su opinión valga lo mismo que cualquier otra, y si es un científico honrado, está empeñado en someter su opinión al escrutinio de sus iguales y de contrastarlo con los datos experimentales que la ciencia dispone. Un buen científico está convencido de que su opinión es verdadera, que es la mejor verdad que pudo alcanzar, a veces con mucho esfuerzo. Sabe también que su opinión no agota la realidad, sino que casi siempre puede ser modificada y mejorada.  El relativismo es probablemente una de las enfermedades más graves de la sociedad mundial en el momento presente y considerar la enfermedad como algo saludable es realmente el peor de los peligros. 

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EL RELATIVISMO DE LA SOCIEDAD ACTUAL


LECTURA N° 03.

Autor: Adm. Víctor Ventura

http://administracion-tecnologiayalgomas.blogspot.com/2008/12/el-relativismo-de-la-sociedad-actual.html

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Primero quisiera comenzar definiendo el relativismo, el relativismo es todo sistema de pensamiento que afirma que no existen verdades universalmente válidas, ya que toda afirmación depende de condiciones o contextos de la persona o grupo que la afirma. El relativismo considera que la verdad depende o está en relación con el sujeto, persona o grupo que la experimenta. Es preciso tener cuidado con la definición del relativismo, así, por ejemplo, no es relativismo aceptar que existen muchas opiniones acerca de las mismas cosas, esto es obvio y nadie lo ha negado. El relativismo aparece cuando a continuación decimos que dichas opiniones son verdaderas si a las personas que las defienden les parecen verdaderas. El relativismo mantiene que existen muchas verdades acerca de las cosas, al menos tantas como personas creen tener un conocimiento de ellas.
El relativismo de la sociedad actual plantea que el problema del Relativismo cultural , cuando afirmamos que la diversidad de ideas y valores entre las distintas sociedades es irreducible; no se puede juzgar un elemento cultural desde otra sociedad, lo único importante es que tenga sentido dentro de esa cultura.
El relativismo cultural llega a afectar seriamente la moral como usos y costumbres, magnificando el concepto: no hay una verdad absoluta y ésta depende de cada individuo en un espacio o tiempo concreto o intereses. Según estas posturas, cada afirmación moral depende de convenciones de las personas de esa cultura, y no puede ser cuestionada.

Sus defensores afirman que el relativismo salvaguarda la subjetividad y promueve el respeto hacia opiniones diversas y culturas distintas. Es por todo esto que el relativismo puede originar varias dificultades serias como por ejemplo: Frena la búsqueda de la verdad: Si da lo mismo una teoría u otra, se deja de investigar.
Surgen las más fuertes dictaduras: si todo es opinable, se ejecutará lo que decida el más fuerte. Se fomenta el egoísmo: en vez de intentar aconsejar se puede pensar "allá tú con tus opiniones".

Se desprecia la experiencia y el consejo de otros, y el hombre queda solo.
De todo lo dicho se deduce que en el relativismo moderno confluyen numerosas tendencias y opiniones. Unas más centradas en la defensa de ideas preconcebidas o intereses personales, otras más deudoras de corrientes filosóficas herederas del existencialismo de la ética de situación o del pragmatismo, tanto revolucionario como capitalista y otras, todavía, vinculadas a la defensa y promoción del sistema democrático y del liberalismo.

LA ÉTICA DE LA AUTORIDAD PÚBLICA

1.- LA  ÉTICA.

El programa de la Cátedra de  Ética tiene como  objetivo primordial que sus estudiantes, desde el inicio consideren que la probidad es la esencia del servicio público. Para ello los temas tratados pretenden establecer una estrecha relación entre  Ética  y   Ética  pública, en primer lugar y en segundo lugar, estudiar la   Ética  desde la perspectiva de la Administración, como parte de la cultura organizacional.

La probidad es la esencia del servicio público. El Administrador Público debe ser un profesional armado con herramientas técnicas y teóricas para mejorar la Administración Pública, sin olvidar que tanto los cambios como la Administración Pública deben tener principios, los que son proporcionados por la   Ética  pública.

El curso tiene un sentido práctico, permitir analizar los fenómenos de corrupción, conocerlos y caracterizarlos, para poder combatirlos según el instrumental propuesto (estrategias globales, legales o administrativas), con control eficaz, pero especialmente con capacitación de los funcionarios, códigos de   Ética  y desarrollo organizacional que funde una cultura organizacional basada en los principios éticos.

El marco conceptual, intenta estar a la altura de los cambios de las ciencias y exaltando las nuevas características del siglo XXI, como la época del conocimiento. Este conocimiento se enfoca a través del sujeto y del objeto, que en este caso es el servicio público, donde se intenta producir los cambios. Para ello se presentan ideas globales sobre Administración, Administración, Estado y servicio público.

A continuación se analiza, desde la perspectiva de la Administración Pública, los sectores de la sociedad, poniendo énfasis en el rol del sector público y del tercer sector (sector sin fines de lucro).

Finalmente, con el objeto de que los alumnos comprendan la naturaleza de la carrera que han elegido, se analizan los conceptos de funcionario, servidor público, político y agente de cambio, presentando como misión profesional el lograr la eficiencia del servicio público fundado en principios éticos y la lucha en contra de la corrupción.

2.-  ÉTICA Y MORAL

La   Ética  como disciplina  surge con los griegos. Ellos fueron los primeros que sistemáticamente empezaron a tratar el tema, definirlo y construir teorías.

Ética  viene de vocablo griego ethos, que significa el lugar donde vive el hombre. (el hombre vive en el ser) o según otra versión, es la fuente de  la vida (Escobar, 1992) o según Aristóteles es la costumbre. Por extensión se entiende que se refiere a las costumbres. En efecto, la  Ética se refiere a las costumbres que existen en cualquier sociedad.

Para los griegos, estas costumbres debían alcanzar su perfección en la virtud  Para ellos la  Ética era la búsqueda de la virtud.

Sin embargo, para ser más precisos, los griegos consideraban a la  Ética como una ciencia práctica. Era una ciencia porque buscaba la verdad, en este caso el bien, y era práctica porque ayudaba al hombre en su vida, definiendo un comportamiento en el camino de la virtud. La  Ética y la moral son conceptos que tienen estrecha relación, a tal punto que hay varias  aproximaciones:

a) Son sinónimos, es decir, significan lo mismo y se pueden usar indistintamente. Este es el sentido corriente de estas palabras ya que la moral viene del vocablo latino "mores" que significa costumbre. Por esta razón se pueden usar expresiones tales como: este hombre es muy poco ético o muy poco moral. O se puede decir  Ética cristiana o moral cristiana.

b) Son conceptos distintos, mientras la moral se preocupa de establecer las reglas de comportamiento, es decir prescribe, la  Ética se preocupa de estudiar filosóficamente sobre "la dignidad de las personas, sobre los valores, la virtud, la libertad, la veracidad, la fidelidad, la tolerancia, la solidaridad, la justicia, el respeto y la responsabilidad en las relaciones entre los prójimos"(Burzaco, 1996).

c) Son conceptos distintos ya que la  Ética es la ciencia que estudia el bien y el mal, tratando de establecer definiciones y caminos para alcanzar el bien, mientras que la moral es el conjunto de costumbres relativas al bien y al mal  que se practican en una sociedad y época determinada, es decir, la  Ética estudia el acto moral que forma parte de las costumbres de una sociedad, pero no se limita a ellos sino que pretende construir un pensamiento teórico sobre ellos, sin dejar de reconocer que lo que cuenta es el acto de pensar.  Desde esta perspectiva, la moral es el objeto de estudio de la ciencia  Ética.  

3.- ACTO MORAL.

Las costumbres que constituyen la moral son los actos morales. Estos actos son el objeto de estudio de la  Ética y para ser morales deben ser buenos. Los actos morales son acciones realizadas por la persona humana que definen su conducta o comportamiento. Estos actos son complejos e incluyen necesariamente: Motivación (causa por la cual se realiza),   fin (objetivo expreso que se persigue y del cual hay que tener conciencia)  medios, (para que el acto sea moral debe ser un medio moral). Resultados, (también debe ser bueno, si el resultado es distinto, aunque involuntario, el acto deja de ser moral).consecuencias (deben ser previstas)

4.- SUJETO MORAL.

Quien realiza el acto moral es la persona humana, pero para ser sujeto moral se debe tener: Conciencia (debe ser una persona con razón, no niño ni mentalmente incapacitado)

Libertad (el acto moral no puede imponerse, es voluntario)

Responsabilidad (hay que ser capaz de responder por el acto, sus fines, resultados, medios y consecuencias) 

El acto moral y el sujeto moral, son temas ampliamente debatidos en la  Ética y existen diversas concepciones. Aquí se presenta una versión simplificada. (Escobar, 1994;  Martínez y Jordi, 1996).

La esencia moral del acto está definido según diversos autores, por el énfasis que debe existir en uno o varios de sus elementos. Para Max Weber, lo fundamental son los resultados y las consecuencias (Ética  de la responsabilidad). Importan poco las buenas intenciones o los medios buenos cuando los resultados provocan malos efectos. El presidente Aylwin adoptó un política de "justicia en la medida de lo posible" en relación a la violación de los derechos humanos, fundándose en estas doctrinas. Para Kant lo fundamental es el fin, lo que se intenta lograr, la razón por la cual el hombre realiza el acto, sin temer a las consecuencias. El acto no es bueno ni malo, lo único que puede ser bueno o malo es el sujeto que es quien define el fin.

5.- LO BUENO.

El concepto de" bueno" es un tema esencial de la  Ética (la ciencia de lo bueno). Algunos consideran que no es posible definir la bondad moral (teorías no cognitivas), para otros es posible definirla (teorías cognitivas). Al estudiar la historia de la  Ética se verán algunas de estas teorías.

6.- PROBIDAD.

En términos modernos y específicamente en el ámbito de lo público, el concepto de probidad corresponde a la virtud griega. Es una equivalencia del concepto "bueno", pero aquí se estudia en relación con el Estado y el servicio público.  La probidad es "la integridad y la honradez en el actuar", según la definición de la palabra. Su antónimo es corrupción, que en un sentido figurado significa "vicio o abuso introducido en las cosas no materiales" o "echar a perder algo".

La probidad, en un sentido general, es una virtud que "debería" ser practicada por todos los hombres. Evidentemente que si ese fuere el actuar general, la corrupción no existiría.

En términos más generales, probidad significa el bien y corrupción significa el mal. El bien es el objeto de estudio de la Ética, la que intenta encontrar principios generales que permitan distinguirlo y explicar por qué existen el bien y el mal. La moral, en cambio, es la práctica cotidiana de la acción humana, cuyos actos morales son el objeto de estudio de la Ética.

En cualquier sociedad existirá la opción de actuar bien o mal. Esa es la dicotomía que se resuelve con la libertad. El hombre tiene que decidir la opción que su moral le señale. Es el libre albedrío de la religión cristiana o la libertad de la voluntad desde el punto de vista  filosófico.

La probidad está definida por la moral de cada época, pero ello no significa que sea relativa en términos individuales. Es relativa en términos históricos, pero siempre debería tener la connotación de actuar con honradez e integridad. Puede ocurrir que la moral social sea opuesta a la individual y eso sólo se puede resolver mediante la aceptación del imperativo categórico, haciendo lo que la voluntad define como bueno, cualquiera sean las consecuencias de ese actuar.

Un ataque constante a la probidad es el relativismo, es decir que  las cosas tienen la medida del hombre, entonces es esta medida la que define a las demás. El hombre definirá, según sus necesidades la probidad.

Sin embargo, aceptar la proposición anterior es salirse de la historia y de la realidad. En cada época la sociedad define la probidad que es parte sustancial de su cultura y atentar a esa probidad es estar fuera de la cultura de su tiempo. Cuando dos épocas se sobreponen o dos culturas se mezclan pueden existir, dos percepciones de la probidad. O puede existir una cultura que nace y otra que muere al producirse un cambio de paradigmas.

La solución de definir la probidad en estas circunstancias puede ser lo más difícil y costoso. Estos son algunos de los problemas fundamentales de la  Ética y que hace 2500 años que se está tratando de responder (desde que los filósofos clásicos griegos discutieron el tema). No se pretende responderlos aquí. Pero un avance será apreciar la profundidad y complejidad del tema. La probidad es entonces el actuar recta y honradamente en la vida. Esta es la probidad individual o personal.

7.- ÉTICA PÚBLICA

La  Ética se refiere a problemas universales de todos los hombres, pero  desde la perspectiva de este enfoque interesa distinguir dos tipos de  Éticas:

 Ética. Ética Pública

La  Ética se refiere al comportamiento moral  del hombre en todos los ámbitos y Arstóteles consideraba que la  Ética era parte de la política, es decir de la actividad de gobernar y administrar la polis. Sin embargo, posteriormente  Ética y política se separaron. En la práctica se habla de  Ética pública y privada, aunque esta última no está desarrollada teóricamente, pero cada vez hay mayor exigencia de un comportamiento ético de la empresa, mientras otros sostienen  que la empresa está al margen de la  Ética,  ya que su función es exclusivamente producir ganancias.  (Friedmann, 1970)

En consecuencia, la  Ética Pública es una innovación, que recién se desarrolla en Estados Unidos, hacia 1970. En el caso específico de la  Ética pública, su función es producir pensamiento sobre el comportamiento del Estado, del servicio público, de los servidores públicos y de los políticos. Este pensamiento debe ayudar a definir el comportamiento de estos entes y trazar la frontera entre el bien y el mal en este ámbito y promover la probidad.                      

 En este sentido, aceptando que la  Ética se refiere a comportamientos humanos, éstos se expanden y se traducen en comportamientos de instituciones (partidos, Estado, servicios públicos, etc.). Es evidente que las instituciones no tienen atributos humanos (como la probidad), pero sus jefes, tripulantes, gestores o líderes  son los que le imprimen un comportamiento determinado.  La cultura organizacional, incluye los valores sostenidos, desarrollados y compartidos por un grupo social que integra una institución, tal como una empresa, ejército o servicio público y que se traduce en un comportamiento ético o anti ético.
8.- LOS SUJETOS DE LA ÉTICA PÚBLICA

La  Ética pública, a diferencia de la  Ética tiene dos sujetos:

a-La persona humana.

b-Algunas de sus creaciones (instituciones como el Estado, la Municipalidad , el servicio público y otras instituciones públicas).

El tema de  Ética pública reviste una importancia fundamental en la democracia ya que la existencia misma de la democracia está sujeta a que se limite la corrupción. En efecto, los golpes militares se gestan en América Latina por diversas causas, pero siempre aparece una justificación muy popular: la de intervenir con el objeto de terminar con la corrupción que se ha desarrollado bajo el amparo de la débil democracia. Un gobierno fuerte, en cambio, barrerá con toda esa escoria, según se promete.

Sin embargo, ésta no es la razón de peso que hace necesaria la  Ética pública en una democracia. La razón fundamental es que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. La corrupción pública afecta esencialmente al contenido de la democracia "para el pueblo", ya que los recursos que tienen como destino el satisfacer las necesidades del pueblo desaparecen o se reducen, ya que pasan a otros destinatarios perversos, los corruptos, que se apropian de los recursos disponibles o encarecen los servicios que se entregan a la comunidad mediante coimas que pasan a ser parte de los costos.

En general los griegos se preocuparon de la  Ética pública, sin embargo, conviene reconocer que hay un amplio ámbito que se refiere a la vida privada de las personas: las relaciones con su familia, con sus amigos o como productores y consumidores en el mercado. Esta faceta no se considerará y el curso se focaliza en la  Ética pública, definiéndola según el sujeto, que es la forma más sencilla y precisa de establecer una definición:

La  Ética pública se refiere al comportamiento moral de los servidores públicos, los políticos y sus creaciones institucionales (como el Estado, el servicio público, etc.). En la Grecia clásica, como la participación en el poder era masiva, la  Ética era esencialmente pública e inseparable de la política, ya que todos (los hombres libres) eran políticos y servidores públicos.

En la actualidad, este comportamiento es exclusivamente en el ejercicio de las funciones públicas. Por lo tanto una persona puede ser simultáneamente sujeto de  Ética pública y  Ética (privada), según el rol que desempeñe en el acto analizado.

La  Ética Pública es más rigurosa que la  Ética (privada), ya que se trata de acciones que involucran los recursos de todos y que no son de propiedad de los titulares de la acción. (La privada se refiere a acciones que involucran recursos propios o ajenos, pero no de todos). En la corrupción administrativa hay usurpación de lo social por lo individual o particular.

Es evidente que los actos morales de los funcionarios públicos y de los políticos pueden involucrar a particulares (por ejemplo, que éstos paguen coimas). Pero, desde un punto de vista operativo, la lucha en contra de la corrupción debe focalizarse y es mucho más sencillo y potente focalizarla en los funcionarios y políticos que en la sociedad completa. Esto no impide que se persiga las responsabilidades penales y civiles de los particulares (pero no se puede perseguir la responsabilidad administrativa porque no son servidores públicos).

El hombre transmite e incorpora sus valores a sus creaciones. El Estado como creación social del hombre lleva sus valores y una cosa no humana -pero creación humana- se le asigna una  Ética, es decir un comportamiento probo. Hay muchas teorías que explican este fenómeno: la cultura impregna al Estado, el Estado es la  Ética en formación, los tripulantes del Estado (los políticos) llevan e instalan su  Ética, la clase social que controla el Estado impone su  Ética,  la religión predominante impone su  Ética, etc.

El servicio público es la institución estatal que cumple las funciones del Estado de lograr el bien común. En sí debe ser una institución  Ética,es decir no se concibe un servicio público que se haya organizado para el mal, aunque haga cosas que en sí puedan ser cuestionadas (como matar, detener, privar de libertad,etc.), pero obviamente, sólo lo hace cuando hay colusión de derechos y para proteger y garantizar los derechos fundamentales.

BIBLIOGRAFÍA:

Burzaco, Raúl Horacio (1996) en Primeras Jornadas sobre ética pública, Buenos Aires, Ministerio del Interior.

Durant, Will (1961), Historia de la filosofía,  Buenos Aires,  Joaquín Gil, editor.

Escobar Valenzuela, Gustavo,(1994)  Ética,  introducción a su problemática y su historia, México, McGraw-Hill.

LINKOGRAFÍA

http://info.juridicas.unam.mx/inst/evacad/eventos/2004/0902/mesa1/20s.pdf

http://www.racmyp.es/docs/anales/A73/A73-7.pdf

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