Resumenes # 128 y 129






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JULIO ANDRÉS BORGES | EL NUEVO CAMINO | 06:00 a.m.

Queremos soluciones, no desidia

¿Cuántos años más tardará y cuántos guisos más cocinarán allí los corruptos que privan al pueblo de una salud digna?

Este cementerio de cabillas (en la foto) corresponde a lo que debió ser el Hospital Cardiológico para Adultos en Montalbán, prometido por el Gobierno nacional en plena campaña electoral del 2012, para principios de 2013.

¿Cuántos años más tardará y cuántos guisos más cocinarán allí los corruptos que privan al pueblo de una salud digna?

En una mesa redonda, en la UCV, para analizar la crisis del sector salud, organizada hace pocos días por el Cendes, se hace patente que la corrupción es sin duda uno de los principales catalizadores de la crisis.

Ninguno de los seis hospitales prometidos por la ex ministra Sader como parte del programa Barrio Adentro IV, está ni siquiera cerca de estar terminado.

Nuestra diputada Dinorah Figuera comentó en el foro que el Ministerio de Salud no presentó su Memoria y Cuenta en 2012 ni en 2013.

Propone la diputada Figuera que se promulgue una ley de transparencia que permita revisar los gastos y las inversiones y salud. El foro contó con la presencia de representantes de la Contraloría, pero brillaron por su ausencia representantes de la Fiscalía y del Ministerio de la Salud…

Estos elefantes rojos no son propiedad exclusiva del sector salud. Las obras del Metro, el Sistema Ferroviario Nacional, el segundo puente sobre el Lago de Maracaibo, la reparación de las torres de Parque Central, son solo algunos de los miles de elefantes rojos que dan fiel testimonio del fracaso del Gobierno y de la falta de contrapesos en el Poder Moral (Contraloría, Fiscalía) para poderle exigir cuentas a los que hoy nos desgobiernan.
Habla el pueblo descontento
Rubén Marcano, periodista que escribe en Aporrea, y a quien hemos mencionado en el pasado en estas páginas, resume la desilusión que vive el oficialismo. Acá les coloco algunas de las amargas reflexiones de Marcano, cuyo contenido comparto plenamente:

El automercado Bicentenario al cual acudía los fines de semana, fue cerrado de forma intempestiva porque los empleados se robaban la mercancía, me informaron. Ese espacio, antes de la empresa Cada, funcionaba con regularidad.

Recientemente me vi obligado a acudir a buscar un litro de aceite. Tuve que pagar 80 bolívares en el mercado de Quinta Crespo, esto supone más de 70% de un día de salario mínimo actual.

Me inscribí hace más de un año en el sistema Venezuela Productiva para ver si tenía suerte de conseguir un vehículo. Ni siquiera enviaron un mensaje de cortesía. La producción de carros en el país cayó 100%, según BCV. Es decir, hay que comprar de segunda, a precios dos veces el costo del mercado.

Del apartamento me olvidé hace años. Uno de clase media en Caracas no se consigue por menos de 5 mil millones de los viejos. Si gano 2 salarios mínimos como profesional (supongamos 10 mil), al año son 120 mil, si ahorro 50 mil, ¿cuándo compro uno?

Fui al Bicentenario de Plaza Venezuela, el más grande de Caracas, la cola llegaba al Universitario, y se triplica cuando llega pollo o algún producto regulado, que desaparecen en horas.

Por mi parte, solo puedo agregar que, en este momento histórico, Venezuela está en una encrucijada. Maduro tiene la oportunidad de dar los pasos para que la economía y las instituciones en Venezuela den un salto y sean para todos los venezolanos por igual. Si no saben leer este momento, la crisis sin duda será peor y todos pagaremos los costos.
Julio Andrés Borges

Borgesjulio2009@gmail.com

Los últimos días del dictador

FRANCISCO RIVERO VALERA |  EL UNIVERSAL

domingo 13 de julio de 2014  12:00 AM

Nadie se alegra de la muerte de otra persona, algunas veces.

Otras veces, cuando se trata de la muerte de un dictador, por ejemplo,  la gente reacciona de 2 maneras: con alegría, la mayoría. Y con tristeza, la minoría.

Con alegría reacciona el pueblo oprimido por el despotismo del gobernante. Es una alegría  máxima, colectiva y eufórica. Por una sola razón: la sensación de haber rescatado la libertad.

Con tristeza reacciona el grupito de compinches. Pero, no es simple tristeza, es pánico.  Como el pánico de las  cucarachas al encender la luz. Y por 2  razones: finiquito del poder y terror ante la reacción impredecible de los pueblos que puede llevar a trágicos finales.

Un ejemplo reciente sería el dictador Gaddafi, en Libia. Murió como vivió: en la violencia. Y en manos de su propio pueblo.

Gaddafi gobernó 42 años. Aplicó su política socialista para nacionalizar toda  empresa privada, incluyendo pequeños negocios familiares. Y cambió del panarabismo al prosovietismo, anticomunismo, panislamismo y panafricanismo, buscando una integración que nunca tuvo éxito.

Fue aliado de países terroristas. Y acusado de terrorismo y crímenes de guerra contra su propio pueblo, incluyendo apoyo militar de 3 mil soldados al sanguinario Idi Amín en la guerra Uganda- Tanzania y muerte cruel de su opositor Athman Zarte, ahorcado y paseado en un camión de basura.

Ante la muerte violenta de Gaddafi, el pueblo libio hizo fiesta. Pero, los compinches la calificaron de magnicidio, a pesar de su historia tan siniestra. Y hasta lloraron de tristeza, con lágrimas de cocodrilo porque, en realidad, su muerte obvió su juicio en  tribunales internacionales, y evitó hacer pública la lista de asociados, incluyendo a Hugo Chávez y su fastuoso regalo: la réplica de la espada de Bolívar, y demás.

Otros dictadores han tenido idéntico final en sus últimos días.

Benito  Mussolini en Italia, aliado de Hitler en la II Guerra Mundial, acusado de crímenes de guerra con armas químicas. Fue fusilado y colgado.

Adolfo Hitler en Alemania, protagonista de la II Guerra Mundial, que costó la vida de 55 millones de personas, 12 a mano de los alemanes. Muerto por suicidio. Ambiguo.

Saddam Hussein, acusado de crímenes contra la humanidad, en Iraq. Fue colgado.

En América: Leonidas Trujillo, acusado de crímenes políticos de miles de personas en República Dominicana. Muerto en atentado.

Anastasio Somoza García en Nicaragua, acusado de varios crímenes políticos. Murió en atentado.

Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez de Venezuela, autores de persecución y crímenes políticos. Muertos de causas naturales.

Y los que faltan.

También se sabe que todos los dictadores están unidos por el mismo error: creen que son eternos. Eternos en el poder, eternos en la ideología y en la vida. Y con la misma ilusión: hacer historia, que logran hacer realidad pero en el lado oscuro de la vida.

Faltaría saber si antes de morir también tuvieron tiempo para seleccionar el epitafio de su tumba. Si no fue así, quiero  ayudar con algunas sugerencias a los dictadores que tenemos hoy. Por ejemplo:

"Si no viví más, fue porque no me dio tiempo". Marqués de Sade.

"No es que yo fuera superior. Es que los demás eran inferiores". Orson Welles.

O: "esto es lo que les pasa a los chicos malos". Alfred Hitchcock.

Y aunque el final será siempre el mismo, todos los dictadores mueren con el mismo pecado capital de la avaricia. Y serán recordados de igual manera en la historia como seres que fueron antinaturales al tratar de acabar con la humanidad para eternizar un imposible: el poder.

Oremos por ellos: que Dios les conceda lo que merecen, el cielo o el infierno. Amén.

riverovfrancisco@hotmail.com

@friverovalera
Antonio Sánchez García

La oposición democrática en la encrucijada

autro image

13 de julio 2014 - 00:01

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Allea iacta es. La ruptura entre los dos bloques de poder a los que por la fuerza de los hechos han derivado los factores opositores al gobierno de Nicolás Maduro y al régimen castrochavista: por una parte, los partidos principales que hacen vida dentro de la llamada Mesa de Unidad Democrática  a saber, AD y PJ, y aquellos que propugnan lo que ha dado en llamarse La Salida, representados más que por partidos, por las figuras de Leopoldo López (Voluntad Popular), María Corina Machado (Vente) y Antonio Ledezma, (ABP) respaldados por otras figuras y partidos, algunas de las cuales aún permanecen dentro de la alianza de la MUD, parece consumada. Las recientes declaraciones de Henrique Capriles, Henry Ramos Allup, Ramón Guillermo Aveledo, Ramón José Medina, Gerardo Blyde y otros que se irán expresando en este embate coordinado contra los promotores de la llamada salida pretende precipitar un distanciamiento al parecer irreparable. Las diferencias entre ambas fuerzas parecen, por ahora, irreversibles. Es lo que pretenden y dejan traslucir las vehementes declaraciones mencionadas. La acumulación de epítetos descalificadores, que van desde la consabida e indiferenciada acusación de radicalismo “de lado y lado”, en la que personeros como Henrique Capriles insisten desde su repentino abandono de sus denuncias contra el fraude, hasta la de fascismo, actualizada por Henry Ramos Allup en sus más recientes declaraciones a un canal de televisión supuestamente independiente, no parecen querer parar mientes en las consecuencias de dichas acusaciones verbales que confunden lucha ideológica con guerra, y de las más sucias.

Como en toda guerra, y ésta comienza a adquirir los visos de una de ellas, así sea de baja intensidad y por ahora sin consecuencias físicas que lamentar, la primera víctima es la verdad. Vale decir: la moral. O la inmoralidad en sustentar la mentira. Nadie miente al afirmar que los dos partidos en cuestión y los personajes mencionados practican una política de declarado apaciguamiento, se niegan a reconocer la naturaleza dictatorial y tendencialmente totalitaria del régimen,  apuestan a resolver la crisis – sin definir su naturaleza, a no ser la precipitación de la incompetencia de un mal gobierno inmanente al sistema democrático, por deficitario que sea – mediante una progresiva acumulación de fuerzas y la medición electoral a ser resuelta en diciembre de 2019, a más de cinco años plazo. Pero más que una falacia es una imperdonable ofensa afirmar que los 45 jóvenes asesinados por la violencia policial del terrorismo de Estado, como consta a los 28 millones de venezolanos y a los factores democráticos del mundo entero, que han tenido ocasión de seguir los hechos por los medios internacionales, debidamente suspendidos o sancionados por el gobierno de Maduro, fueron víctimas de la decisión de Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma, los tres principales inculpados por Capriles, Ramos Allup, Aveledo, Medina y Blyde al llamar a las protestas mediante acciones de callejera rebeldía perfectamente encuadradas en la Constitución Nacional contra gobierno y régimen. Que otra falacia, que bordea el sórdido terreno de la infamia, acaba de ser expresada incluso en tono de sarcasmo por uno de los máximos dirigentes de la MUD y destacado militante de Primero Justicia, al pretender que el encarcelamiento de Leopoldo López obedece a un plan perfectamente orquestado por el mismo López y que, siendo así, la MUD ni contempla plan alguno para exigir su liberación ni tendría por qué hacerlo.

 

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Tampoco es una falacia afirmar, como lo vienen haciendo los defensores de la estrategia que han denominado La Salida, que el diálogo convocado por el gobierno con el respaldo injerencista del Foro de Sao Paulo, de Unasur y las cancillerías de la región, y al que dichos sectores de la MUD se sumaran inmediatamente convocados después de desatada la carnicería de las fuerzas represoras del gobierno, militares y para militares,  y mientras ella se encontraba en pleno apogeo, no tuvo el más mínimo efecto positivo para el desarrollo de las fuerzas contestatarias, tales como suspender la represión,  liberar a los presos políticos, particularmente a los cientos de estudiantes encarcelados sin juicio previo y mediante la violación de todos sus derechos políticos y civiles, no digamos a Leopoldo López, que por lo dicho por Medina estaba preso y bien preso por propia decisión. Un diálogo que, como lo afirmara la Conferencia Episcopal Venezolana, que se retirara con las manos vacías, no tenía otro fin que fracturar y paralizar el movimiento insurgente en curso. Más nada.

Tampoco mienten quienes afirman que el fin último, único y exclusivo del diálogo al que se prestaron gustosamente los responsables máximos de la MUD era frenar las protestas y sostener y afirmar al gobierno dictatorial de Nicolás Maduro. Ni siquiera les importa a sus voceros reconocer que no se obtuvo satisfacción a ninguna de las legítimas exigencias políticas de corto, mediano y largo plazo que mal que bien se plantearon o bien pudieran haberse planteado, si es que existía el predicamento y la pretensión de que dicho diálogo era encaminarse a la paz, la normalización, la superación de la crisis y  la transición hacia un régimen democrático, incluso mediante la vía exclusiva de los procesos electorales: nombrar un nuevo CNE que obedeciera a la nueva correlación de fuerzas, liberar a todos los presos políticos – desde luego, en primerísimo lugar al rehén desde hace más de diez años del castrocomunismo hegemónico, Iván Simonovis, suerte de Huber Matus del castrismo venezolano, y obviamente a Leopoldo López – llevar a tribunales a los asesinos a bocajarro y a mansalva de muchachos y muchachas indefensas, redistribuir las comisiones del parlamento de acuerdo a los resultados de sus últimos comicios electorales y un largo etcétera que atendiera a las urgentes necesidades de nuestra población de más bajos recursos.

¿Se miente al señalar que ninguna de esas preocupaciones impulsaba a los dialogantes de la MUD encabezados por Capriles, Ramos Allup, Aveledo y otros a sentarse a la mesa de Miraflores, a salir con las manos vacías y a asegurar, en una prueba de intolerable entreguismo político y falta de moral ciudadana que siguen dispuestos a dialogar contra viento y marea, mientras se ceban en el ataque a los humillados y ofendidos de la Revolución de Febrero, sin tocar al dictador y su dictadura ni con el pétalo de una rosa?

¿Cómo sostener los esfuerzos unitarios con quienes no tienen el más mínimo empacho en traicionar los esfuerzos de cientos de miles de jóvenes, sus padres y madres y pueblos enteros, por reconstruir la Patria de sus ancestros, sin traicionarnos a nosotros mismos? Es la encrucijada en que nos encontramos.

 

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La piedra de tope que ha lanzado a millones de venezolanos a las dos orillas de un fatal desencuentro descansa en diferencias demasiado profundas, que hacen al análisis de nuestro pasado, al diagnóstico de la crisis que vivimos en el presente y a la visión de país al que aspiramos, situados, como estamos, en medio de una de las más profundas, si no la más profunda crisis existencial de nuestra historia republicana. Que afecta a la esencia de la venezolanidad y que vuelve a recapitular sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que pretendemos llegar a ser. Por decirlo filosóficamente: en el Ser y en el Tiempo de la venezolanidad.

Puede que el tumor más maligno de esta crisis de orden terminal, por ahora diseminada por todo nuestro cuerpo social y supuestamente incurable, radique en el peso sobre determinante del militarismo caudillesco, salvaje y corruptor que impide, desde los tiempos fundacionales y los graves errores y desaciertos de nuestros padres fundadores, la auténtica emancipación de una civilidad capaz de asumir las riendas de nuestra sociedad y enrumbarla hacia la civilización y no a la reiteración cíclica de la barbarie. Que otro de esos males de profunda raigambre y odiosa reiteración sea la subordinación de la civilidad política al poder omnipotente de las armas, conformada en la recompensa mediante la inescrupulosa administración y disfrute del botín petrolero que desde La Rosa acicatea el deseo de hacerse con el control del Estado. No para avanzar en la construcción de la Nación, sino en el escandaloso expolio con fines de enriquecimiento personal y creación de nuevos núcleos oligárquicos. Enfermedad esta última hecha parte consustancial de nuestros complejos y desviaciones desde los años en que hiciera su irrupción la inconmensurable riqueza petrolera durante la dictadura del general Gómez. Profundamente articulada con dicha administración y expoliación de nuestros recursos, la lucha feroz entre civiles agavillados para hacerse con el botín. Fin último y primero de la política venezolana de todos los tiempos.

No hay quien pueda negar que todas esas taras, esos vicios ancestrales y esas enfermedades genéticas han encontrado su mayor y perfecta expresión en el régimen imperante desde hace 14 años. Que el chavismo llevó el militarismo caudillesco, el saqueo inmisericorde de los bienes de la Nación, la corrupción y la degradación moral de millones y millones de venezolanos a su máxima  e intolerable expresión,  empujando la Patria al abismo de sus peores iniquidades. Y amenazando, incluso, con la disolución de la nacionalidad y la pérdida absoluta de su soberanía.

El desacuerdo de los pragmáticos, Ramos Allup, Henrique Capriles, Ramón Guillermo Aveledo y de todos quienes se muestran sumisos al régimen y dispuestos a acordar formas de connivencia frente a esta dolorosa realidad, que aceptan y acatan como simples datos inamovibles de nuestra pervertida sociedad - traza un abismo en nuestras diferencias. Ellos quisieran seguir hundidos en el fango. Nosotros liberarnos de las garras de nuestra maldición primigenia.

Es la dolorosa, compleja y aparentemente irresoluble encrucijada en que nos encontramos.

@sangarccs

"... Pero el cadáver, ¡ay!, siguió muriendo"

Opositrolles, bandas de forajidos twiteros, dedicados día y noche a sueldo a degradar la Unidad

imagerotate

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ |  EL UNIVERSAL

domingo 13 de julio de 2014  12:00 AM

Varios importantes líderes consideran imperativo regresar a la Unidad opositora con miras a las elecciones de 2015, -"sin autoflagelaciones", diría el alcalde Blyde, pero con un mínimo de transparencia a ver si se recupera la confianza entre sus integrantes. Divididos muy pocos serían diputados y difícil alcanzar esa mayoría para cambiar la historia. Al final los "duros" que no estén inhabilitados serán candidatos y no deberían arrojar moscas a la leche sobre el camino electoral. Si no hay Unidad y mayoría, el chavismo superará la crisis con reacomodos internos, como el PRI durante 70 años y habría una "transición interna". Un debate honrado no implica que los participantes sean beatos, ni se amen entre ellos, sino que acepten la voluntad mayoritaria para convivir y sobrevivir, por elemental pragmatismo. Desde Judas se sabe que la traición puede salir demasiado cara. Es lo que en la teoría de los partidos se llama "centralismo democrático", solo que Chávez incendió la cultura política y procreó chavecitos.

Ellos creen que la pre-política, el caudillismo, es política, que el jefe hace lo que le da la gana sin consultar leyes ni partidos. Una oposición sin armas, sin militares golpistas, que no quiere tener ni una ni otra cosa, solo proclama la vía democrática y electoral. El diálogo podría comenzar por excomulgar -n-u-e-v-a-m-e-n-t-e- y hasta la nausea los atajos ilusorios que más de 80% de la gente rechaza. Las manías del antigomecismo siempre a la espera de la invasión salvadora, duraron 27 años. Y es absurdo sustituir una propuesta fracasada, ¡la salida ya!, por otra igual, la renuncia, o una descabellada, la Constituyente. Los que se pusieron al frente de sus palabras, López y Machado, merecen profundo respeto por su integridad.

Dos bizarros

Corrieron valerosamente la suerte que eligieron, lo que resplandece su coraje pero no da la razón política. Schopenhauer escribió que razón y pasión son como el agua y la sed y juntas hacen la vida. Ellos se la jugaron con bizarría y eso les da crédito moral y borra pecados veniales. Pero no es el caso de la camarilla incalificable, por debajo de cualquier línea de respetabilidad y decencia, que instigaba el caos con sus coxis bien protegidos a miles de millas de los acontecimientos. Desde allá mandaban condolencias a familiares de los masacrados por el gobierno, mientras promovían añagazas. Pero los cadáveres seguirán muriendo. Un levantamiento civil de pecho contra plomo asesino, teorizado por unos que alguna vez vistieron (o se disfrazaron) con uniformes hasta de generales y almirantes, los describe bien.

La doctrina Jaua consistía en provocar los cuerpos policiales, solo que él disfrutaba del confort de la democracia, mientras ahora los jóvenes están indefensos ante las hienas y eso deberían saberlo bien los estrategas. Todo el mundo conoce que el Estado de Derecho es un hueco negro, los abusos de la Guardia Nacional, que la Fiscalía es un martillo y que los "colectivos" actúan fuera de control. Algunos duros de "la salida ya" twitera no solo aborrecen a los que ven fútbol, sino también a los que no gritan todo el día que "vivimos en dictadura". ¿Por qué actúan como si no supieran que cerrar una autopista y asfixiar vecinos de una urbanización opositora, aparte de ser una memez, va a producir la reacción represiva brutal? ¿Quién no entiende que es un acto de inmolación, surrealismo político, y autoagresión?

Cerebros mermados

Hay gente con estertores agónicos cuando se dice esto: el gobierno no "salió ya", no "faltaba poco" y la oposición recibió una sanguinaria derrota. 43 muertos, 2.500 detenidos -de los que aún permanecen 174-, y 873 heridos. Parecía que se buscaba también al desgaire defenestrar alcaldes quién quita el CNE convocara otras elecciones. Solo cerebros mermados podrían hacer una estrategia en la que los combatientes tengan como única arma su cuerpo, frente a jaurías artilladas. La vida se pierde doblemente, porque se pierde a nombre de una causa perdida. La rudeza del debate opositor no bajará mientras el laboratorio de guerra sucia que apareció con la salida no cese. Son los opositrolles, bandas de forajidos twiteros, dedicados día y noche a sueldo a degradar la Unidad y cualquier ciudadano de a pie, profesional, observador, periodista, que exponga algo distinto.

La táctica muy fascista: no responder el argumento sino envilecer el emisor con calumnias y asustarlo para que se calle. Es otro aporte del chavismo a la oposición porque son exactos, como gotas, a las guerrillas comunicacionales y la tropa. Igual bajeza fascista, cinismo fanático, carencia de principios. Repiten a su medida las guerras sucias contra Henrique Capriles Radonski y su círculo en la campaña electoral. Que la fuerza que dice representar el futuro democrático tenga tales métodos, y que algunos de sus jóvenes perpetran tales ruindades, no da mucho aliciente. El estudio psicosocial que se realiza sobre los opositrolles, revela muchachos con graves problemas de relación e insatisfacciones personales. Se hacen daño ellos mismos al corromperse en acciones rastreras, fomentan el abstencionismo y debilitan a la oposición como alternativa con un espectáculo tan horripilante para el público.

@carlosraulher
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