Día 1 de agosto de 014 Lectura: Lucas 1






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Conocer la senda de la vida

Día 1 de agosto de 2.014 Lectura: Lucas 1
Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”

(Juan 1:16)
Salmo 16

El final del Salmo 16 habla de plenitud de gozo delante de Dios, de las delicias eternas. Nuestra vida cristiana se tiene que caracterizar por el gozo, incluso en medio de los padecimientos. Descubramos la senda de la vida (v. 11.)

El poder de la resurrección: El versículo 10 habla sin duda de Jesucristo. De hecho, sólo Él ha escapado de la corrupción y ha triunfado de la muerte. Ahora nosotros podemos participar del poder de la resurrección, sobre todo cuando la muerte trate de infiltrarse entre nosotros para dañar la obra de Dios.

Apreciar nuestra heredad: Este canto de David, él mismo un tipo de Cristo, nos muestra en realidad al Señor dirigiéndose a Dios: Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia”(v. 3). Los creyentes que se reúnen como Su Iglesia, y se interesan por Sus propósitos, son preciosos a Sus ojos. Él vela sobre ellos, les protege y cubre sus necesidades. El Antiguo Testamento nos ilustra esta solicitud con Abraham, Moisés y el pueblo de Dios. Cristo ha recibido la totalidad de las riquezas de Dios y se las ha transmitido a Su Iglesia (Efe. 1:22-23). Su Amor hacia los santos es así de dulce, tan ilimitado. Cristo ha heredado todo lo de Dios y quiere que seamos coherederos con Él. El versículo 5 nos revela un secreto: Jehová es nuestra porción y también es nuestra copa. Una copa es pequeña normalmente. Las riquezas de Dios son ilimitadas e inescrutables; nuestra capacidad, por el contrario, es restringida. Por eso tenemos necesidad de nuestro “vaso espiritual” para gustar y recibir poco a poco nuestra herencia. Reunidos con el resto de los hermanos y hermanas comenzáremos a disfrutarla cada vez más.


La oración para mantenerse firmes

Día 2 de agosto de 2.014 Lectura: Lucas 2
Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones” (Santiago 4:8)
Salmo 17

El Salmo anterior nos presenta la senda de la vida. Si llevamos una vida de oración, caminaremos realmente por esa senda y seremos guardados. La oración es imprescindible en nuestra vida cristiana; de hecho es nuestro principal servicio al Señor.

El Señor mismo se apartaba a menudo para orar, a solas con Su Padre celestial. David era sin duda un hombre de oración. En la comunión con Dios recibió mucha revelación, hasta el punto de que al leer estos Salmos, se podría pensar que conocía el Nuevo Testamento.

El primer versículo del Salmo 17 habla de justicia y de labios sin engaño. Cuando presentamos nuestras súplicas a Dios, debemos de estar persuadidos de que nuestros motivos y nuestra demanda son justos y correctos delante de Él. Con tal actitud, limpia y honesta, no pediremos “mal, para gastar en nuestros deleites” como nos dice Santiago (Sant. 4:3), y el Señor podrá escuchar nuestra oración. “He resuelto que mi boca no haga trasgresión” (v. 3). Un hombre de oración es una persona consecuente que se cuida de sus palabras. ¡No es provechoso orar por un hermano y a continuación criticarlo! Nuestra vida de oración íntima y nuestras palabras se tienen que corresponder. Es cierto que no se trata de pretender una cierta perfección, sino de conformar hasta cierto punto nuestro caminar con la vocación suprema a la que hemos sido llamados por el Señor. Entonces oraremos por nuestros hermanos y hermanas que participan en el designio de Dios, sin olvidarnos de que “el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Ped. 5:8).


Perseverando en la oración

Día 3 de agosto de 2.014 Lectura: Lucas 3
Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Colosenses 4:2)
Salmo 18

Todos los hermanos y hermanas precisan de la oración. Oremos por cada uno de ellos, sin olvidarnos de los ancianos. Pablo, incluso, pedía a los creyentes que orasen por él, porque no ignoraba los designios del enemigo. Al orar por cualquier situación o necesidad, tengamos siempre a la vista el plan de Dios, la edificación de la Iglesia. Ciertamente oramos para conseguir soluciones, pero ante todo para que Su reino venga.
En el Salmo 18 vemos a David ofreciendo una oración de alabanza a Jehová por haber sido liberado de sus enemigos. Nosotros también tenemos necesidad de liberación; nuestros enemigos siendo verdaderos Saúl, que representan al viejo hombre que se opone a la obra de Dios, están muy cerca de nosotros, en nuestra carne.

Te amo, oh Jehová, fortaleza mía” (v. 1). David apreciaba tanto las riquezas de Dios que sus oraciones estaban llenas de agradecimiento y amor. Aprendamos de Él porque a veces nuestras oraciones son un poco pobres y vacías. Sobre todo consisten en quejas y demandas. Comencemos nuestras oraciones como David: “¡Señor, te amo!”

En el versículo 2 David se dirige a Dios de una manera muy rica. Enumera muchas virtudes del Señor, al que conocía por experiencia. Al orar, pensemos también en todo lo que el Señor es para nosotros. Nuestra comunión con Él será así más viva.

El versículo 7 nos recuerda la escena de Apocalipsis 8: Dios comienza a actuar, a manifestarse, por causa de las oraciones de los santos. Las reuniones de oración tienen un papel muy importante. Preparémonos y busquemos al Señor en la oración colectiva (leer Apocalipsis 8:3-5).


Los cielos cuentan la gloria de Dios

Día 4 de agosto de 2.014 Lectura: Lucas 4
Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo”

(Romanos 1:20)
Salmo 19

En todos los tiempos, el Dios glorioso, invisible y oculto, se ha querido revelar a los hombres. El Salmo 19 nos muestra dos “testigos” que hablan de la existencia de Dios de una manera rica y viva: La creación y la Palabra de Dios.

La Epístola a los Hebreos nos muestra la relación íntima existente entre Cristo, la creación y la Palabra. Indudablemente este Salmo nos habla de Jesucristo (leer Hebreos 1:1-3.)

Abrámonos al Señor pidiéndole que nos hable por medio de Su creación. Durante nuestra semana, en el trabajo o durante un paseo, la creación tiene algo que decirnos. Prestémosle atención para poder discernir las perfecciones de Dios.
Los versículos 4 al 6 nos hablan del curso del sol, el astro que es el centro de nuestro sistema solar. Cristo, el Sol de justicia, es el centro, no nosotros. Como gira con regularidad la tierra alrededor del sol, para aprovechar su luz y su calor, nosotros también tenemos que volver constantemente nuestro corazón hacia el Señor. Mediante este ejemplo, la creación nos enseña la humildad y la admiración que debemos tener hacia nuestro Dios. El sol provee totalmente a la tierra y ella no puede darle a él nada a cambio. Nosotros lo recibimos todo del Señor, ¿Qué le podemos aportar nosotros a Él, aparte de nuestra alabanza? Si pensamos que somos tan grandes, tenemos necesidad de escuchar “el Evangelio” que aquí nos anuncia la creación.

“¿Quién podrá entender sus propios errores?” (V. 12). El papel de la Palabra es indispensable. Mientras que la creación nos maravilla, la Palabra nos revela con más precisión el pensamiento de Dios y Su escala de valores. Ella nos alimenta y nos regula (leer 1 Juan 1:8-10.)


Reafirmarse en la victoria del Señor

Día 5 de agosto de 2.014 Lectura: Lucas 5
Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos y (guardaréis silencio)” (Éxodo 14:14)
Salmo 20

El Salmo 20 y el siguiente nos recuerdan que existe un enemigo. Jamás olvidemos que en este universo Dios tiene un enemigo, satanás. Él no actúa solo; se sirve de espíritus malignos y fuerzas de maldad.

El Nuevo Testamento nos revela que Cristo en la cruz venció a todas esas hordas malignas; así como a todas las cosas negativas. Durante Su vida en la tierra, salió victorioso en las diferentes pruebas con las que se enfrentó. A los hombres que le tendían trampas con sus preguntas capciosas y al diablo que le tentó en muchas ocasiones, les respondió Jesús de una manera divina. Su sabiduría cerraba la boca de los que buscaban faltas en Él, y Su fidelidad a Dios, Su Padre, hizo huir al diablo.
En Su Iglesia nos tenemos que apropiar ahora de la victoria del Señor Jesús. ¡La edificación de la Iglesia es un combate! No temamos al enemigo, aunque se presenten situaciones difíciles. Nuestro Señor ha vencido por nosotros y Su victoria es parte de nuestra herencia. Pongamos nuestra confianza solamente en Él, y no en “carros o caballos” (v.7), los cuales representan nuestras fuerzas naturales, nuestros esfuerzos.

Oremos así: “Señor, Tú combates por mí, Tú eres el vencedor, Tú eres mi justicia”. Si aprendemos esto, nuestra vida de Iglesia estará llena de gozo y paz. Los problemas y dificultades serán entonces ocasiones de experimentar la completa salvación de Dios y tendrán un sentido más positivo. En lugar de agotarnos, oraremos fervientemente y seremos fortalecidos por la presencia del Señor (leer también Mateo 4:1-11 y Colosenses 2:14-15).


La respuesta de Dios

Día 6 de agosto de 2.014 Lectura: Lucas 6
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos...”

(Efesios 3:20)
Salmo 21

Los ocho primeros versículos del Salmo 21 nos muestran la respuesta del Padre a la oración de Su Hijo. Se expresa David aquí, pero no hay duda de que de quien se trata es de nuestro Señor. ¿Quién puede demandar y obtener “largura de días eternamente y para siempre” (v. 4)? El Padre ha bendecido al Hijo con gran alegría, con gracia, con una corona de oro puro (v. 3).
¡Él quisiera responder de la misma forma a nuestras oraciones! A menudo oramos para ser librados de una cierta situación o dificultad y aspiramos simplemente a recibir un poco de ayuda, en ese momento. ¡Ciertamente es mejor acudir al Señor que mantenernos en nuestra confusión! No obstante, Él nos quiere salvar perfectamente, más allá de nuestras pequeñas demandas. Oramos para ser salvados, liberados, y el Señor además de eso nos lleva a la meta que ha fijado para Sus creyentes: ¡Participar de Su gloria eterna! Cuando presentemos a Dios nuestras súplicas, tengamos siempre presente Su designio y Él “suplirá todo lo que nos falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).

Nuestro Dios es consecuente en todo lo que emprende, trata todos los temas a fondo. Lo vemos en lo que concierne con nuestra salvación, pero también en Su acción en contra de nuestros enemigos, como está descrito en el resto del Salmo 21.

A menudo somos demasiado “tolerantes” frente al diablo y sus ataques contra la Iglesia. Demos al amor fraternal todo el lugar que le corresponde, pero estemos también listos para luchar al lado del Señor en contra del enemigo y sus estratagemas. Sin eso nos podrían ser robadas la vida y la paz entre nosotros, el gozo y la corona de gloria (Lucas 10:18).


La muerte y la resurrección de Cristo

Día 7 de agosto de 2.014 Lectura: Lucas 7
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16)
Salmo 22

“Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado? (V. 1). En la cruz, el Señor pronunció precisamente estas palabras. Él llevó nuestros pecados y fue juzgado en lugar nuestro. Además de los sufrimientos físicos que soportó, Jesucristo conoció entonces el abandono del Padre, por causa del pecado. No podemos imaginar completamente los sufrimientos del Señor; acordémonos de estas cosas cada vez que celebremos la Mesa.
Este Salmo, al igual que Isaías 53, describe detalladamente la muerte de Cristo. Escritos unos 1000 años antes del evento que se desarrolló en el Calvario, no dan lugar a la duda: Jesucristo era quien tenía que morir por nosotros, de acuerdo al consejo de Dios. Ciertos versículos se cumplieron literalmente el día de la crucifixión (v. 6-8); otros se pueden entender como realidades espirituales. Los versículos 12 y 13, al mencionar una multitud de criaturas hostiles, hablan de los demonios, de autoridades y potestades de maldad que Cristo venció en la cruz (Col. 2:15).

Luego viene la resurrección del Señor. El Señor soportó la muerte, pero no vio la corrupción (Salmo 16). “Anunciaré tu nombre a mis hermanos” (Sal. 22:23). Al resucitar, Jesús se apareció a María y le encargó de ir a Sus hermanos. Juan 20:17 es un cumplimiento del Salmo 22.
Este Salmo muestra que el Señor murió para salvar a los pecadores y darles la vida para que ellos se conviertan en Sus hermanos. También desea edificar Su Iglesia y volver para establecer Su reino y reinar sobre las naciones. Nosotros somos ahora Su posteridad con el privilegio de anunciar ese Evangelio (v. 30-31).


Cristo, el Buen Pastor
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