Problemas Sociales Argentinos. Debates pendientes






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fecha de publicación10.06.2016
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Problemas Sociales Argentinos. Debates pendientes.
Miguel Gabriel Vallone1
“Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines,

todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido

que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros

ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales

para hacer creíble nuestra vida.

Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.”

Gabriel García Márquez

Las presentes reflexiones fueron realizadas en el marco del I CONGRESO DE CÁTEDRAS sobre ESTRUCTURA SOCIAL y PROBLEMAS SOCIALES DE ARGENTINA, organizado por la Universidad de La Plata.

La pregunta central de este trabajo, apunta a caracterizar que significa enseñar Problemas Sociales Argentinos en una carrera de Trabajo Social en cuanto a:

  • las formas del conocimiento de la cuestión social interpelado por la práctica profesional en el trabajo cotidiano;

  • las formas de conocimiento sobre la propia práctica y sobre los métodos de intervención sobre la realidad;

  • la interpelación sobre el propio objeto de estudio y el sujeto que conoce (si a esta altura todavía guarda significación esta diferencia).

Si bien cada formación profesional tiene características propias, enseñar estas disciplinas en Trabajo Social tiene una serie de especificidades, en el sentido que apunta directamente a las formas de intervención sobre una población determinada, generalmente afectada por situaciones de pobreza, muchas veces determinadas a su vez por las formas de concebirlas.

Una segunda línea de interpelación está motivada por la pregunta acerca de la función de la Universidad Pública, en cuanto a la generación de conocimiento, pero además en la actual coyuntura de crisis global. En este punto quisiéramos diferenciar entre advertir y predecir. El predecir ha sido históricamente la función de aquellos que de alguna u otra manera sirven (o están obligados a servir) a los poderosos para beneficiarlos, muchas veces con sus propios dones (pitonisas, adivinos, etc.), los recientes gurúes de las citis económicas cumplen básicamente esta función, predecir para beneficiar a sus mandantes y a ellos mismos, a veces esta función “puede fallar” -por suerte para los simples mortales-. En cambio, el advertir es la tarea realizada acerca del futuro, para poder intervenir sobre el presente, tarea decididamente militante y función de quienes trabajamos en la universidad pública.

Ahora bien, la pregunta es sobre la pregunta misma, que preguntarse y para que, cual es la finalidad de la tarea de indagar sobre los problemas sociales o la, llamada mas genéricamente, cuestión social. Una primera aproximación al tema la podemos tomar de Robert Castel (2004; 12) “todo trabajo sociológico digno de ese nombre es una tentativa de respuesta a una demanda social (…) el sociólogo debe rendir cuentas al conjunto de sus conciudadanos y no solamente a sus instituciones oficiales de control y a su grupo de pares”, enmarcando así la función social, que tenemos quienes nos dedicamos al análisis de estas cuestiones.

Pero como definir la demanda social en los términos que nos permita fijar el derrotero de nuestra tarea docente. Recurriremos a un texto que ya tiene 50 años pero que recoge de alguna manera las tareas intelectuales marcadas por las incertidumbres de la posguerra: “hoy en día los hombres advierten con frecuencia que sus vidas privadas son una serie de añagazas. Se dan cuenta que en sus mundos cotidianos no pueden vencer sus dificultades, y en eso muchas veces tienen toda la razón: lo que los hombres corrientes saben directamente y lo que tratan de hacer está limitado por las órbitas privadas en que viven (…) Y cuanto mas cuenta se dan, aunque sea vagamente, de las ambiciones y de las amenazas que trascienden de su ambiente inmediato, mas atrapados parecen sentirse. (…) Ni la vida de un individuo ni la historia de una sociedad pueden entenderse sin entender ambas cosas” (Wright Mills, 1979; 9).

Entonces, preguntarnos por la demanda social, es preguntarnos por el sistema de expectativas que tienen los hombres históricamente situados, en torno a sus problemas cotidianos, en todo caso, para hacerlos mas comprensibles. Problemas cotidianos que son el ámbito de actuación por excelencia del Trabajo Social, de allí que la forma de conocer se interrrelaciona con la propia práctica, en esta disciplina específica. El trabajador social interpela y es interpelado a su vez por el hecho social sobre el cual interviene, pero además por los sujetos sociales, actores de estas problemáticas.

Las discusiones epistemológicas, metodológicas, filosóficas o formales sólo adquieren sentido desde estas preguntas fundamentales y en gran medida se transforman en tributarias para intentar comprender “lo que pasa hoy en dia”. El desafío no es nuevo y ya lo planteaba Wrigth Mills, en la obra citada: “Muchos profesionales de la ciencia social (…), me parecen curiosamente renuentes a aceptar el reto que ahora se les lanza. De hecho, muchos abdican las tareas intelectuales y políticas del análisis social; otros, indudablemente no están a la altura del papel que, sin embargo, se han asignado. (…) la atención intelectual y la atención pública están ahora tan manifiestamente fijas sobre los mundos sociales que se supone que ellos estudian, que hay que reconocer que se encuentran por única vez ante una oportunidad. En esa oportunidad se revela la promesa intelectual de las ciencias sociales, los usos culturales de la imaginación sociológica el sentido político de los estudios sobre el hombre y a sociedad.” (1979; 41). Expectativas sociales y sobre las ciencias sociales, que operan a la vez en la inserción profesional.
Según algunos autores, el desfasaje creciente entre estas expectativas o las aspiraciones de una sociedad, en contraste con sus condiciones objetivas hacen que se generen, los problemas sociales.2 Las situaciones conflictivas derivadas de la falta de resolución de estos determinan por su acentuación o perdurabilidad en el tiempo situaciones de crisis, de mayor a menor envergadura. En estos momentos de crisis vuelve a discutirse el piso sobre el cual se constituyen la igualdad o semejanza esperable, o dicho de otro modo, cuales son los grados de desigualdad (o injusticia) tolerable en una sociedad determinada. Si bien las grandes crisis transforman los problemas sociales, no es tan claro que cambien al mismo ritmo las herramientas –y hasta los marcos teóricos- que utilizamos para analizarlos.
Acerca de los problemas sociales y su constitución
Llegado a este punto es menester analizar como se constituyen los problemas sociales. En un clásico trabajo, de mediados de los años 70, Guillermo O`donell y Oscar Ozlak, plantean la preocupación en torno a la agenda de las políticas publica en América Latina, y de cómo esta se articula en torno a lo que los autores denominan cuestiones, que poseen un ciclo de surgimiento, desarrollo y resolución.

Es muy interesante reseñar la forma en que los autores analizan la resolución de una cuestión, porque no implica propiamente una solución a la demanda o necesidad, sino que esta puede resolverse porque otra cuestión desplaza a la anterior de la agenda publica, porque se determina que nada puede hacerse con el tema o porque “ el sector social que la planteaba ha sido reprimido, eliminado de cualquier otra forma, desposeído de los recursos que le permitieron en su momento imponer la cuestión ante la oposición de otros sectores” (1976;18). Por lo tanto las políticas públicas generadas en torno a las exigencias planeadas por los problemas sociales, forman un continuo que van de la solución a la coerción lisa y llana.

Estas cuestiones -que a su vez determinan las dinámicas de las transformaciones sociales-, nacen cuando una serie de “clases, fracciones de clase, organizaciones, grupos o incluso individuos” están en condiciones de imponer ciertas demandas o necesidades, en la agenda social, que comienzan a ser “socialmente problematizadas”.

En el ciclo de una cuestión o problema, tiene una importancia clave el momento del surgimiento, que nos permite analizar un problema social enmarcado en un proceso histórico y fruto de una determinada relación de fuerzas al interior de una sociedad. ¿Quién determinó la inclusión en la agenda de un problema?, ¿con que recursos?, ¿que definición ideológica aportó en su constitución?, ¿como se delimitó el mismo?, ¿cuales fueron las fuerzas opuestas en la emergencia de estos problemas3?, son las preguntas que apuntan a descifrar el origen de la constitución de un problema. Con lo cual, es claro que estos solo se entienden en el marco histórico cultural que las genera. Al decir de los propios autores “analizar el lapso previo al surgimiento de una cuestión y el proceso a través del cual esta se convierte en tal, es importante no solo para interpretar eventos posteriores sino también para iluminar algunos de los problemas mas generales sobre las características del Estado…” (1976;20).

Está claro que en esta concepción, el estado aparece como un actor más o, incluso, generando cuestiones sin “inputs” externos y en todo caso, lo que les interesa a los autores, son las políticas sociales generadas en torno a las cuestiones, cuando ya están definidas como tales.

Desde un punto de vista mas cercano al marxismo, la cuestión social emerge de la contradicción fundamental existente entre las funciones del estado como herramienta al servicio de los sectores dominantes y su función de garante de la igualdad social, al decir de Estela Grassi: “El Estado que conocemos sostiene –simultáneamente- la libertad y la igualdad y la dependencia y la desigualdad. En tanto contradicción es constitutiva, empuja los problemas que la ciencia política designa como problemas de legitimidad, al tener que hacer compatibles la igualdad formal a partir de la desigualdad estructural que constituye a la sociedad capitalista”. Por lo tanto los problemas que logran el reconocimiento del estado, se plantean en el marco de la lucha de clases, e impactan sobre el problema de la legitimidad del Estado (ligado al concepto weberiano de dominación). 4

La constitución de los problemas son las formas que asume la cuestión social, en determinadas épocas, expresando la hegemonía que se impone al conjunto donde “El problema es dependiente de su definición” (Grassi, 2003;22), y por lo tanto los términos, definiciones, alcances y contenido del problema es parte de la disputa hegemónica y resultado de esa lucha transformada en coacción de los sectores que logran poseer los recursos (materiales y simbólicos), necesarios para la imposición de un problema.

Desde esta perspectiva una preocupación social no es de por si un problema en si mismo, si no existe un grupo o sector que logre imponerla como tal o adquiera tal envergadura que logre cuestionar la legitimidad del estado. Si aceptamos este enfoque y consideramos la creciente mediatización de los conflictos sociales (provocados en parte por la aparición de canales de 24 hs de “noticias”), el papel asumido por los medios de comunicación, y su impacto en la construcción de la agenda pública de los problema sociales, resulta inobjetable a la vez que peligroso, debido a la concentración de los medios de comunicación (quizás en este punto mayor que el de los de producción)5 y su capacidad de moldear las formas de pensar los problemas sociales.

El otro elemento central desde este análisis, lo constituye la conformación de un corpus de pensamiento y de producción científica, junto a la aparición de una burocracia administrativa y técnica que a la vez termina de cerrar el círculo de legitimidad que le confiere a la cuestión status de problema: “El campo político y de los expertos (o los técnicos)- cada vez mas estos últimos- son por excelencia campos de producción de problemas sociales, en la medida que son los que gestionan la cuestión social”. (Grassi; 2003, 23). Sin duda en las dos últimas décadas hemos visto aparecer en la disputa antes señalada algunos nuevos actores, enmarcados en la fuerte presencia de la financiación externa de las políticas sociales, como son los organismos de crédito internacional y las ONGs.

En cuanto al primer aspecto, cabe señalar que desde los albores del cuestionamiento al Estado de Bienestar y a la crisis de su financiamiento en América Latina, los organismos internacionales han tenido un fuerte impacto en la forma de gestionar la política social pero fundamentalmente en la forma de conceptualizar los problemas sociales 6: “Si pensamos que la propia definición de problema social entraña una disputa de poder, podemos inferir que a partir de la década del 80 la cooperación internacional se transforma en un actor privilegiado en la constitución de la cuestión social en la Región latinoamericana, utilizando dos herramientas fabulosas en la disputa: el recurso y el discurso.” (Vallone, 2009, 61). Las herramientas de legitimación del discurso tienen que ver con los estudios desarrollados por los organismos y su prestigio académico otorgada por notorios profesionales; la difusión que les otorga los medios masivos, siempre dispuesto a otorgar mayor credibilidad a estas investigaciones que a las realizadas en el propio seno de las universidades nacionales, y, por supuesto, el financiamiento de la propia política generada a partir de estos presupuestos teóricos.

La aparición de las Organizaciones no gubernamentales como actores dentro de ese escenario, aparece de la mano del cambio operado en la conceptualización de la cuestión social, que conlleva el abandono de la centralidad del trabajo en su análisis para destacar la centralidad del territorio como nuevo espacio de implementación de la política social7. Según Merklen se trata del gran deslizamiento de la noción de trabajador a pobre o de “La alquimia al revés: como convertir trabajadores en pobres”, poniendo a la pobreza como centro del análisis sin debatir las causas que la generan: “la mayoría de los problemas sociales fue considerada como una consecuencia del aumento de la pobreza y la acción colectiva de los habitantes se interpretó casi siempre en el marco de las estrategias de supervivencia consustanciales a los pobres” (Merklen; 2005, 111). En este marco las ONGs permiten un accionar muchas veces al margen del conflicto, pero que tiene a su cargo la asignación de recursos en forma delegada por el Estado y operando sobre un espacio territorial limitado, que imposibilita la discusión sobre la cuestión social general y por lo tanto oculta el debate sobre su legitimidad. Denis Merklen lo plantea de la siguiente manera: “Si bien la intervención de actores “sociales” propiamente dichos - es decir, de actores que sitúan su acción dentro de la sociedad civil, manteniéndose al mismo tiempo al margen de la esfera política y por fuera de la economía en el sentido de que no buscarían ni poder ni lucro- no es una novedad del último cuarto del siglo XX. Las ONG no hacen sino profundizar o reforzar toda la tradición de la acción “social” en oposición con la política o la economía” (Merklen;2009). Estas organizaciones, muchas veces demandan del trabajo social, el aporte necesario para mantener ese tecnicismo, que las diferencia de las organizaciones sociales.8

El ejemplo parece claro, para demostrar que un problema social, depende de como se lo defina, que tipos de actores legitiman dicha conceptualización y con que recursos se cuenta para operar sobre la base material y simbólica de dicha cuestión transformada en problema. La transformación de trabajadores en pobres y/o en habitantes transfiere el eje de la intervención desde el estado y los sindicatos a la cooperación internacional y las ONGs, y operan con una serie de planes sociales pensados como proyectos y no como políticas, vinculados a lo territorial, quitándole conflictividad y otorgándole una dimensión exclusivamente “técnica”.9

En un reciente trabajo Alfredo Carballeda, propone una lectura de la cuestión social de cuño mas histórico cultural, centrada en la forma de imposición del capitalismo en America Latina, que de alguna manera desdibuja el conflicto capital trabajo (por lo menos en la forma analizada por Marx para el contexto europeo) y propone situar esta contradicción en el colonialismo surgido a partir de la conquista del continente. “Los inicios de la cuestión social en nuestro continente se vinculan con los efectos de la conquista en el marco de una modernidad naciente. Los problemas sociales que surgen como consecuencia de ésta están estrechamente relacionados con la fragmentación de las sociedades conformadas por las culturas originarias. Allí la diversidad, lo diferente trocó en desigualdad. Esa desigualdad es producto de factores económicos, políticos, culturales y sociales. No implica ni capital ni trabajo (tal como se expresaron en Europa), sencillamente: depredación, saqueo y desencuentro entre unos y otros.” (Carballeda;2008).
De esta manera recupera una tradición latinoamericana que permite pensar en las formas propias generadas a partir de la síntesis cultural (mestizaje, resistencia o sincretismo) que se generan en America Latina y que condicionan la forma de emergencia de la cuestión social. Varios corrientes de pensamiento han planteado estos interrogantes en la región, desde la Teología de la Liberación y sus variantes, hasta teorías filodesarrollistas como las de la Marginalidad plantean ese origen para los problemas sociales en esta parte del continente. Desde esta perspectiva, asume mayor relevancia las luchas nacionales planteadas contra el imperialismo y el coloniaje. Los problemas sociales y las formas de su resolución están en el marco de estas luchas: “Nuestros pueblos desde la historia, lucharon por su integración, participaron de contiendas donde las formas de construcción de lo que más tarde fue la sociedad tuvo derrotas y victorias. De allí que la cuestión social se relacione con la génesis de los movimientos nacionales, donde, desde cada expresión de éstos se proponían formas de integración, y especialmente resolución de las diferentes formas de la desigualdad.” (Carballeda 2008).

El desafío de Robert Castel, vuelve a hacerse presente: “ La demanda social no es solamente expresión de los grupos dominantes, también esta enraizada en el sufrimiento de los que padecen sin poder comprender porque las cosas no marchan bien (…) es necesario saber leerla a través de las revueltas silenciosas y del desconcierto de aquellos que están condenados a vivir como destino lo que les toca” (2004;15): como considerar la cuestión social en la clave de identificar las causas del sacrificio de quienes padecen sin poder comprender bien el porque.10 Ese malestar es socialmente construido y, desde esta última perspectiva, enraizado en un ethos cultural que determina las aspiraciones de una sociedad en momento determinado de su desarrollo histórico. Estas aspiraciones varían según las conquistas alcanzadas, la lucha sostenida para conservarlas y la violencia sufrida en su defensa11 y determina el ethos colectivo planteado por Lumerman para la identidad de un problema social “En este contexto se desplegó una ética social que dio lugar a la consolidación de un ethos colectivo, que es la idea compartida de que es digno y que no. A partir de este sustrato, se fue conformando un cuerpo de valores comunes, sobre el que se asienta el horizonte de dignidad asumido en la conciencia colectiva.” (Lumerman; 1997;15).

Sin poder desarrollarlo en este artículo, nos parece que en este punto es necesario desarrollar una serie de investigaciones que recuperen el pensamiento de autores como Rodolfo Kusch o Alcira Argumedo, para completar un esquema de pensamiento, que permita identificar mejor la gestación de problemas sociales a partir de la corporización de la cuestión social en América Latina.
Las herramientas para la identificación de los problemas sociales o el síndrome de Bugs Bunny.

Nuevamente nos encontramos frente al desafío de poder identificar los problemas sociales desde con herramientas específicas mas cercanas a la intervención, que a las formas asépticas del conocimiento de los hechos sociales. Tres cuestiones nos llevan a pensar en este punto:

  • La necesidad de un esquema que recoja las reflexiones planteadas en el punto anterior sobre la especificidad de la cuestión social en AL.

  • las formas de conocimiento propias del trabajo social atravesado por la intervención directa sobre el problema.

  • El agotamiento de los esquemas de entender la pobreza urbana generadas a partir de las décadas del 80, en parte por el agotamiento del paradigma trabajista (ver el artículo de Ana Arias en esta misma publicación).


Ante estos desafíos el investigador social se encuentra como el conejo Bugs Bunny saliendo de su cueva y haciendo grandes preguntas apenas munido con una zanahoria en la mano, es decir interpelando a la cuestión social sin poseer las herramientas necesarias para dar respuestas a esas preguntas.

Sobre el primer, punto nos permitimos recordar, las palabras de Gabriel García Marquez, al recibir el Premio Nobel y después de describir la realidad del continente, dice sobre el tema que nos ocupa: “Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios” (Garcia Marquez, 1982). Rodolfo Kusch va aun mas allá: “En América Latina se hace ciencia sin consultar el objeto al cual ella apunta. Se hace ciencia por hacerla. Entra en esto la ansiedad de nuestros sectores medios.” (Kusch; 1974,6). Recuperar estas tradiciones intelectuales para poder interpretar mejor las formas derivadas de la cuestión social en nuestro continente, parece ser una tarea pendiente.12

Sobre el segundo punto, retomamos la especificidad de la profesión del trabajador social que interviene sobre una realidad sin limitarse a conocerla sino que interviene para mejorarla. Muchas veces el campo de la investigación se transforma en su propio trabajo cotidiano y en el mejor de los casos, en una sistematización de la memoria y de su propia experiencia. En el extremo opuesto, se generan ciertas tendencias hacia formas de análisis de descripción micro de la pobreza, que no permite ver sino las negatividades desarrolladas en torno al fenómeno de la pobreza, fruto de un debate casi preciosista de las formas de medir y sobre los instrumentos de recolección de datos, pero que impiden realizar un análisis mas vasto de las características del modelo de acumulación que permiten la existencia de ese fenómeno. La falta de la perspectiva de los problemas sociales en un proceso histórico, llevan a una descripción de tipo diacrónica, que se centran en las condiciones endogámicas de reproducción de la pobreza y hacen perder las perspectivas.

En cuanto al tercer presupuesto, es indiscutible el agotamiento de las formas de entender la pobreza urbana nacida según planteábamos anteriormente, de la acotación de la cuestión social al fenómeno de la pobreza y a cierta obsesión por la medición de estos hechos. Las metodologías nacidas al amparo de esta visión (LP y NBI), resultan insuficientes y están siendo cuestionadas como herramienta válida para entender la realidad. El crecimiento económico en un ciclo expandido produce mejoras sustanciales pero sigue generando brechas cada vez mayores (no solo en el ingreso o la riqueza), difícil de medir a través de los mismos. La responsabilización de los pobres y en especial de los jóvenes de su propia situación, no se hace esperar y al igual que en las crisis de los años 80 la sociedad argentina tolera altas tasas de desigualdad pero no altas tasas de inflación. La nueva preocupación por la pobreza acompañada por la espectacularidad televisiva, provoca una doble culpabilidad hacia el estado, que no cubre con programas sociales a los mas pobres, y hacia ellos mismos que no son capaces de generarse oportunidades de vivir “dignamente”. Esto en el marco de una situación de estancamiento del crecimiento y ante la posible emergencia de un nuevo ciclo recesivo de la economía argentina.

Ante estos desafíos la tarea, sigue siendo, recuperar el sentido militante del conocimiento para advertir sobre el futuro para modificar el presente, Generar las condiciones de reconocer los problemas sociales, generar las herramientas adecuadas para analizarlos y, así poder, identificar las causas del sufrimiento de “aquellos que están condenados a vivir como destino lo que les toca”.


Bibliografía:

  • Carballeda, Alfredo.(2008) “La Cuestión Social como cuestión nacional, una mirada genealógica “Revista Margen. Nª 52 Setiembre de 2008. http://www.margen.org/suscri/numero51.html

  • Castel, Robert (2004) “Las trampas de la exclusión”. Ed. Topia. Buenos Aires.

  • Garcia Marquez, Gabriel. (1982) “La soledad de America Latina”. En Les Prix Nobel. The Nobel Prizes 1982, Editor Wilhelm Odelberg, [Nobel Foundation], Stockholm, 1983

  • Grassi, Estela (2003). “Políticas y Problemas sociales en la sociedad neoliberal”. Editorial Espacio. Buenos Aires.

  • Kusch, Rodolfo (1973)“ Prólogo” En: Son Turnil, Benjamin. “Oíd Trabajador Social”. Editorial ECRO. Buenos Aires.

  • Lumerman, Juan Pedro. (1997). “Crisis Social” Lumen Humanitas. Buenos Aires.

  • Merklen, Denis (2005) “ Pobres Ciudadanos” Editorial Gorla. Buenos Aires.

  • Merklen, Denis (2009). “El impacto de la cooperación”. Ponencia en Seminario Dimensión Social de la Cooperación Internacional. Abril 2009 UNSAM, Buenos Aires.

  • O`donell Guillermo y Ozlak Oscar. (1976) “Estado y Políticas Estatales en América Latina: hacia una estrategia de investigación.” Documento CEDES/CLACSO nª 4. Buenos Aires .

  • Svampa, Maristella y Pereyra, Sebastián. (2003) “Entre la ruta y el barrio” Editorial Biblos Buenos Aires.

  • Vallone, Miguel (2009) “Cohesión social y cooperación Internacional. La utilidad de un concepto en las relaciones América Latina y Unión Europea”. En Cuadernos Iberoamericanos de Integración Nª 10. Ed. Plaza y Valdés. Madrid 2009.

  • Wright Mills, C. (1979). “La imaginación sociológica” Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.

1 Licenciado en Ciencia Política y Master en Ciencias Sociales. Profesor Titular de Problemas Sociales Argentinos en la Carrera de Trabajo Social de la UBA. Profesor en la UNSAM. Director de la Maestría en Cooperación Internacional e investigador del Centro de Investigación en Cooperación Internacional y Desarrollo de la Universidad Nacional de General San Martín.

2 Siguiendo a Lumerman “Los problemas sociales surgen cuando la preocupación común de la población reconoce que ciertas condiciones de la sociedad no realizan sus aspiraciones. (…) Estas manifestaciones crecen cuando un sistema desatiende en forma regular y continua las demandas mínimas que vastos sectores de la comunidad juzgan justas, y que variarán en intensidad según el contexto de de cada momento histórico cultural.” (1997;15)

3 “negar la problematicidad de un asunto (argumentando que es un falso problema), afirmar que nada se puede hacerse (la inevitabilidad de la pobreza), relegarlo a un benevolente olvido o reprimir a quienes intentan plantearlo son, por supuesto, formas de ejercicio de poder en la dirección de impedir su problematización social…” (Ozlak, O´donnell; 1976; 19)

4 En cuanto a las formas modernas de analizar la cuestión social, esta se plantea específicamente a fines del siglo XIX, cuando el avance de las contradicciones capital y trabajo asumen la forma de la explotación industrial como fase del modo de producción capitalista y las viejas formas de la filantropía se evidencian como insuficientes, para atender el tema del pauperismo. El estado benefactor se transformará en la respuesta a este tema que amenazaba la legitimidad del estado.


5 Un reciente artículo periodístico plantea el tema relacionándolo con la necesidad de democratización del acceso a los medios:” El discurso de los medios de comunicación también contribuye a moldear la construcción de esos problemas sociales. Estas operaciones distorsionan la presencia de derechos sociales negados apelando a sensibles sustitutos que borran la desigual distribución del ingreso cristalizando la inequidad social. En la mayoría de las situaciones se asocian a otras manifestaciones que, formando parte de ese (nuestro) imaginario colectivo, toman distancia y acorralan a la pobreza para ubicarla próxima, naturalmente, al delito, la pena y el castigo” Nicolás Rivas , La política social como espectáculo, Pagina 12. 22 de julio de 2009 |

6 El tema fue abordado en un trabajo anterior, Ver Vallone, Miguel “Cohesión social y cooperación Internacional. La utilidad de un concepto en las relaciones América Latina y Unión Europea”. En Cuadernos Iberoamericanos de Integración Nª 10. Ed. Plaza y Valdés. Madrid 2009.

7 Para este particular ver los trabajos de: Maristella Svampa y Sebastiàn Pereira (2003) y de Denis Merklen (2005).

8 Vale la pena citar in extenso a Merklen al respecto “Cuando miramos la génesis y la sociología de las ONG, observamos el surgimiento de un verdadero mercado de trabajo que beneficia principalmente a un segmento de las clases medias “locales” (así como también a los trabajadores extranjeros provenientes de los países cooperantes). Alrededor de los años 80, los miembros de las ONG aparecen como actores post-militantes, universitarios y transnacionales -es decir que piensan su acción en función del país extranjero en el que trabajan. El circuito de cooperación internacional representa para ese grupo social un verdadero medio de vida en el que pueden aspirar a ingresos considerablemente mayores que los salarios locales, dado que toman como referencia los salarios europeos o norteamericanos. Por esta razón, para estos agentes el perpetuar su actividad generando proyectos susceptibles de ser financiados se vuelve capital; y la posibilidad de conseguir financiamientos depende de que los proyectos den cuenta de su distanciamiento respecto de las luchas políticas y los conflictos sociales. Se entiende entonces mejor que la defensa de la “sociedad civil” y la reivindicación de una laicidad “apolítica” aguda obedecen en realidad a las exigencias de aquel sistema de actores que financia esta modalidad de intervención social. Los actores de las ONG apuntan “naturalmente” a “la sociedad civil”, buscan dar un perfil “técnico” a sus proyectos y no pueden hacer sino presentarse como actores no-políticos, que es lo que pretende decirse con “no gubernamental” (Merklen;2009)

9 La paradoja es que terminan transformando al territorio en un coto de caza de recursos y fragmentando no solo el territorio sino a las propias organizaciones y a los estados involucrados en la política, sea este nacional, provincial o municipal.

10 En la edición de julio de la Revista Barcelona hay un titular que me pareció brillante para ejemplificar el tema: “Por que los indigentes no terminan de convencerse de que las principales dificultades de la Argentina son las retenciones a la soja, el polémico Guillermo Moreno y la nueva Ley de Radiodifusión” (Año 7 Nª 166, 31 de julio de 2009, pag 4).

11 El caso paradigmático es el de Argentina en el contexto latinoamericano. Nuestro país, que ha tenido una experiencia de industrialización incluyente en el modelo justicialista, tiene un nivel de aspiración a la integración social acorde a esa experiencia. En ese sentido el justicialismo funciona como una especie de reminiscencia o evocación de un tiempo pasado mejor

12 El propio Rodolfo Kusch, deja planteada la tarea: “ ¿Y los indígenas, el campesino y los cabecitas negras? Eso es América. (…) Se trata en primer término de radicalizar la diferencia de estructura cultural, pero no para conducir a una lucha racial, yo en mi caso creo que existe, sino para lograr la posibilidad de una dialéctica productiva de la confrontación de dos esquemas distintos.” (Kusch;1973,7).

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