Jorge iván carvajal posada licenciado en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia






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Ejercicio: Vamos a hacer un pequeño ejercicio para mirar lo de la visión. Vamos a enfrentarnos unos y otros y vamos a aplicar la visión local y la visión global. Durante tres minutos se miran frente a frente a los ojos, tratando de mirar el ojo, y durante tres minutos se miran frente a frente a los ojos como si nos estuviéramos viendo en la distancia, es decir, como si, a pesar de que tú estás ahí yo estoy mirando el paisaje lejano que hay detrás de ti. Vamos a tratar de percibir las sensaciones diferentes que adquirimos con estos dos tipos de visiones. Es difícil, lo sé, pero hay que emprenderlo, casi siempre huimos los ojos de la gente y por eso no nos relacionamos.

Jorge pregunta: alguien dice: es difícil de explicar, sentí que el ojo izquierdo me acogía más pero que los dos me acogían. Me sentí como una cámara fotográfica, descubrí mi propia lente. A ver mujer, ¿tú qué sentiste? Yo sigo sintiendo mucha emoción, mucho amor, es que es un sentimiento Jorge, mucho calor, mucha sensibilidad, todo esto he sentido. Yo no he visto nada, yo solo he sentido. Sí, es muy bello, porque yo veo que ella llora, se conmueve, se pone roja, experimenta calor. Se trata de sentir. Muchos trataron de ver, porque uno cree que mirar es tratar de mirar a ver que se ve, a ver si de pronto aparecen colorcitos o el aura. El ejercicio es de sentir, porque nosotros miramos y no vemos, no nos permitirnos sentir, no miramos con el corazón. Y cuando realmente miramos con el corazón, empezamos a comprender cosas en la vida cotidiana, que es que nosotros no miramos a la gente, no vemos la gente, nosotros vemos los ojos, vemos las formas pero pasamos desapercibido el dolor del alma, el alma del otro, su luz, su alegría. Hay tantas cosas en el lenguaje de la gente, tantas cosas en el lenguaje de nuestros ojos, que si solamente recuperáramos ese código de comunicación, que si solamente nos decidiéramos a acariciar con los ojos, decirle al otro, “mis ojos no te ven, mis ojos te acarician, mis ojos te acogen, mis ojos son la puerta de entrada para que tú puedas llegar a mi corazón”, nos estaríamos sanando. Hagamos esa experiencia de sanación con nosotros mismos, si es difícil ver al otro así, una de las cosas más difíciles es mirarse al espejo. Cuando ustedes se miran al espejo, se están peinando, se están pintando, cualquier cosa pero realmente, eluden el verse. Si se quedaran tres minutos mirándose fijo a los ojos, experimentarían una cantidad de sentimientos, frecuentemente, son sentimientos de extrañeza, por ejemplo. A veces es un sentimiento de miedo, nunca nos hemos mirado, nunca hemos estado con nosotros. En ocasiones es un sentimiento de disociación, ustedes sienten que ese que hay ahí no son ustedes. Un sentimiento de extrañeza, como de encuentro con un ser que ustedes no conocían. También un sentimiento en el que los dos ojos están tan disociados, que ustedes automáticamente se refugian en uno y no quieren mirar al otro. Ese es un símbolo bien hermoso para que ustedes se vayan reconociendo. Aceptarse no es conocerse, es reconocerse, porque el alma ya nos conoce. El alma sabe quienes somos nosotros, el alma no tiene pasado ni futuro, es un presente permanente. El alma tiene todas las perspectivas de la vida. Así que de lo que se trata es de reconocernos, de volver a conocer ese ser que somos y que el alma conoce, utilizando los ojos. Los ojos son realmente el espejo del alma, son también el espejo del cuerpo, el punto de síntesis. Y algo de verdad milagroso sucede cuando más allá del mirar podemos ver.

Sanar la Vida IV

La primera barrera, la primera frontera, es la mirada. Si ustedes abrieran las puertas de los ojos todas las antenas de comunicación estarían dispuestas para la relación. Pero cuando ustedes no permiten la apertura con la mirada entonces se cierran todas las puertas de la comunicación, estén conscientes de eso. A veces, intelectualmente dicen: “yo voy a hablar con fulano, lo voy a perdonar, me voy a reconciliar”, pero sus ojos están diciendo otra cosa, sus ojos están disociados. Empiecen a reconocer el lenguaje de los ojos, porque es un lenguaje total, ahí está incorporado todo el cerebro y todos los sentimientos. Los ojos tienen un contacto privilegiado con el sistema límbico y el sistema límbico es el cerebro procesador de las emociones. Cuando la señal que llega y pasa a través de los ojos llega al tálamo, del tálamo, de ese centro cerebral, se desvía hacia la amígdala que es el cerebro límbico más importante. De tal manera que todo lo que ustedes ven lo están viendo también en la perspectiva de su memoria emocional. No hay ninguna visión indiferente, toda la visión está cargada de afecto. En cada una de sus miradas está cargada toda su historia emocional concentrada. Así que si nosotros empezamos a manejar nuestra mirada podemos sanar a la gente. Estén frente a la gente, estén frente al hijo y cuando el hijo esté hablando mírenle a un ojo y mírenle al otro alternativamente, y hagan como un radar sin que se dé cuenta, obviamente, para que él pueda pasear su discurso entre los dos hemisferios cerebrales, el de la izquierda y el de la derecha. Porque si ustedes logran que él hable desde los dos hemisferios y los alterne ya lo están sanando. Sanar la vida es volver a tomar posesión de nuestro instrumento y empezar a reconocer esas antenas del sentido, que llamamos los órganos de los sentidos, empezar a cambiar nuestra visión. Pero empezar a cambiar nuestra visión es utilizar el órgano de la visión que es un computador cósmico que nos han regalado para dialogar con el mundo, para dialogar con la vida. Ustedes conocen el “mal de ojo” y saben, tal vez intuyen lo que es el mal de ojo. Ustedes saben que una mirada puede matar, que una mirada puede quemar. Ustedes saben cuánta pasión puede haber una mirada pero cuánto desprecio puede haber en una mirada. Antes de que ocurran muchas cosas afuera ya lo estamos revelando con los ojos y con la mirada. Entonces traten de ascender un sentimiento de integridad y de aceptación desde el corazón a los ojos para relacionarse con la gente y en el momento que eso se logre sí se pueden relacionar. Un ejemplo: si hay una persona, con la cual tienen un sentimiento de agresividad, cierren los ojos y acudan a esa visión interior, ustedes no solo ven con los ojos de afuera, la visión interna es la más importante. Cierren los ojos y vean una imagen de esa persona, vean de qué color está vestida. Si está vestida de rojo, cámbiense al extremo opuesto del espectro, vístanla de azul y miren qué ocurre. Jueguen así con los complementarios y vean que sus sentimientos siempre tienen una vibración, tienen un color que los está determinando y cuando ustedes trabajan con el color pueden modificar el sentimiento. De la misma manera cuando modifican el sentimiento, cambian el color con el que ven a la gente. Por ejemplo, y esto es muy sencillo, los carros rojos son los que más se accidentan pero no es porque los carros rojos sean mecánicamente imperfectos, es porque evocan competitividad y agresividad de los otros conductores, simplemente por eso. Entonces el porcentaje de accidente con los carros rojos es mucho más grande que con los carros de otro color. Ese, simplemente es un ejemplo que nos revela cómo nuestra manera de ver el mundo, determina cosas tan importantes como las tasas de accidentalidad. Dentro de este sistema vamos a chequear algo que va mucho más allá de los ojos: nuestra visión total del mundo. Cada una de las cosas que hacemos en la vida, la forma como comemos, lo que nos gusta, la manera en que miramos, las enfermedades que sufrimos, está contenido en un gran contexto, que es nuestra visión. Toda visión es interior, no hay visiones exteriores. Lo que viene de afuera es apenas el ingrediente, es la materia prima para hacer la imagen del mundo. Al cerebro no llegan ni manzanas, ni naranjas, ni mandarinas, ni jugo de papaya, ni mujeres, eso no llega allá, llegan códigos o señales porque todo tiene que ser codificado para que pueda ser interpretado. De tal manera que todo lo que nosotros vemos y sentimos son apenas señales de otras cosas, señales codificadas de otras cosas. Un síntoma es una señal de una enfermedad pero no es la enfermedad. Frecuentemente, en medicina confundimos el síntoma con la enfermedad. El síntoma apenas es una estrategia adaptativa del organismo frente a la enfermedad, es la mejor estrategia adaptativa. El arte de hacer medicina es decodificar los síntomas y los signos. Los síntomas y los signos son mensajes codificados a los que llamamos señales. Tú, por ejemplo, me das una señal con tus ojos y esa señal que me das con tus ojos tiene un significado en el contexto global, de tal dimensión, que eso puede determinar si yo me caso contigo o no, es decir, si de ahí en adelante atamos nuestras vidas, si tenemos hijos. Tú me lanzaste una señal de acogida, esa señal se encontró con mi señal, hubo reciprocidad, hubo un punto de encuentro, un punto mágico de la conciencia, se originó un vórtice y a partir de ese vórtice, todo un capítulo de la Creación se desenrolló. Miremos la importancia de las señales y esas señales, entonces, son una codificación del cómo vemos el mundo. Si hay ternura en tu corazón, no puedes no expresarlo en tu contacto, en tu escritura, hasta en tu manera de lavarte los dientes. Si ustedes fueran por el tráfico, pueden adivinar muchas cosas de la gente por la manera como va, como pita, como frena, no todos frenamos de la misma manera, no todos pitamos de la misma manera, algunos ni siquiera pitan, otros ni siquiera manejamos, que es peor. Nuestras modalidades de relación con el mundo, responden a nuestra visión del mundo. ¿Qué imagen tenemos del mundo? La imagen que tenemos de nosotros. ¿Qué imagen tenemos de nosotros? Depende de nuestra visión. Miren que estamos en un capítulo trascendental porque eso determina nuestra humanidad, nuestra individualidad, nuestra relación con los hijos, nuestra cultura. Tenemos una visión machista, y una visión maternalista, tenemos una visión de hemisferio izquierdo y una visión de hemisferio derecho. Felizmente que existen las visiones del hemisferio izquierdo, porque sin visiones locales no podríamos caminar por este mundo, pero felizmente que existe la Teosofía, la Teología, la Filosofía, la Metafísica, la Poesía, el Arte, visiones del hemisferio derecho para que nos salgamos del marco estrecho de la Ciencia. Tenemos una visión de esta vida, pero felizmente que tenemos la visión de una vida trascendente porque sino ésta no tendría sentido. Tenemos una visión de la religión pero felizmente tenemos una visión que nos lleva a un arte de vivir porque sino andaríamos siempre aplazando esta vida para la otra vida. Es decir, lo que vemos es como las cosas se equilibran, como la religión se vuelve un sin sentido si no hay filosofía y si no hay ciencia, como la economía es necesaria para vivir la vida sin tensiones y hay una economía energética que es la economía del cuerpo y la economía de la relación. El arte de vivir es necesario para equilibrar todos los pares de opuestos, dulcificar la vida, hacerla original y hacerla digna de vivir. Entonces estábamos hablando del ojo, de la visión, del tálamo, de la relación tálamo cortical y todas esas cosas, eso apenas es un símbolo de una corriente cósmica y esa corriente cósmica corresponde a la visión que la vida ha tenido del mundo que pasa a través de ella. Pues bien, vamos a resumir ahora nuestras visiones del mundo. Como humanidad hemos tenido varias visiones y esas visiones han determinado nuestra cultura. Primero, una visión Formística: La visión formística es la visión de las formas, una visión rígida que se esclerosa en una forma, que nos da sus leyes, son las leyes de la materia, es la visión de las apariencias. Y esa visión formística es la del punto, las cosas son así y punto. Es la visión de la autoridad, la visión del dogma, la visión del autoritarismo, del fundamentalismo. Nosotros creemos que esto es de los dictadores y no, en nosotros hay un pequeño dictador que tiene una visión formística, felizmente porque necesitamos contextos, puntos de anclaje. Allá donde decimos “y punto” es donde demarcamos nuestros territorio, porque si nuestro territorio no tuviera límites sería imposible vivir, es decir, yo tengo que saber que si tú te pasas un 30% de equis cifra de peso, estás obeso, para poder tener un lenguaje. Es decir, sin una visión formística no existirían códigos y no existiría lenguaje y no existiría patrones de referencia. El problema de la visión formística, como el de todas las visiones del mundo, no es la visión en sí, es quedarse en ella. En ti tiene que existir algo de dogmas, es decir, algo de creencias más o menos absolutas que te fijen un norte, una dirección en la vida, que te den un patrón de referencia, tiene que existir un territorio sólido. La visión formística establece el territorio sólido en el que tu vida se desarrolla, es la visión de tus valores. Pero esa visión que tú incorporas se vuelve autoritarismo, totalitarismo, fundamentalismo, separatismo cuando se la impones a otro. Tus valores pueden ser trascendentales pero no se los puedes imponer al otro. Hay alguien que nos dijo: “mi paz os dejo, mi paz os doy”, no mi paz os impongo, jamás nos impuso nada. La paz como un mandamiento, nos la dejó como una gracia, como un don, como algo que es gratuito, que te da levedad, algo por lo cual tú puedes optar. Todas las visiones son posibles, integran la vida y enriquecen la vida, si respetan el libre albedrío, si respetan tu libertad de opción. Espiritualmente hablando, el método es respetar el libre albedrío, no hay imposiciones, no hay normas, no hay reglas absolutas. Un Maestro que imponga y mande razones, no es un Maestro. Para el Maestro, lo más sagrado en ti es tu libre albedrío. El libre albedrío es la nota clave de tu alma y si no te nace del alma, si no te nace de adentro del corazón, todo valor por correcto que sea es una escritura muerta. Las verdaderas escrituras, en términos de la sabiduría, son escrituras vivas, aquello que surge desde una fuente interior, aquello que te nace de lo más profundo del alma, no aquello que te imponen. Por ejemplo, casi todos los tratados de Paz en el mundo, son semillas de incubación de la guerra, porque es la paz de los victoriosos y no hay cosa más violenta, ni más separatista que la paz de los victoriosos. Cuando nosotros hablamos en términos de mesa de negociación, sentamos a los potentados al lado de personas que no tienen ni voz, ni voto, ni educación y a eso lo llamamos igualdad y lo llamamos equilibrio. Eso es una caricatura, el equilibrio no tiene nada que ver con la justicia, ni con la igualdad de oportunidades. Así que buena parte de lo que nos pasa es que este mundo es fundamentalista y nuestra visión del mundo es fundamentalista. Esa visión fundamentalista ha llevado a muchos problemas, primero, el separatismo, separar el cuerpo del alma, separar la mente del cuerpo, separar el cerebro del cuerpo. Dividir la medicina, entre los psicólogos y los neurólogos y asignar un pequeño territorio y un capítulo para cada quién y asumir una actitud de intolerancia. Nuestro mundo es intolerante, por ejemplo, tomemos la ciencia, la ciencia se volvió la religión de nuestro tiempo. En la medida en que la religión ha ido aflojando y ya no dicen: “el qué no está conmigo, está contra mí”, y los líderes religiosos, entienden que los otros pobres diablos de las otras religiones, tienen también derecho a Dios y a salvarse, que hay muchos métodos para llegar a la Unidad. En la medida en que algunas instituciones religiosas aceptan que no son las mejores, que son una de tantas alternativas para acercarse a Dios, en la medida en que nuestras instituciones comprenden que en un mundo que tiene de 6.000 a 7.000 millones de habitantes, apenas hay 1.000 millones de practicantes genuinos de la religión, ¿qué vamos a hacer con los otros 6.000 millones? Tenemos que elaborar una ética de relación, una ética civil. Una ética de comunicación con la tierra, con el Dios interior, no con el Dios que está anclado a una u otra parroquia, o a un dogma. Cuando nosotros vemos eso entonces, y entramos en la corriente de una religión que va adquiriendo otra perspectiva, nos damos cuenta de otras cosas: que la ciencia empieza a asumir el papel de la religión y ahora todo tiene que ser sometido al método científico y todo tiene que caer en el dominio de los expertos. Y tú no te atreves a amamantar a tu hijo si no consultas con el psicólogo o con el pediatra y ni te atreves a hacer el amor porque hay que ir al sexólogo y de pronto todo se volvió científico, hasta el Arte y la Filosofía tienen que pasar por el sacrosanto sagrario de la ciencia, sin saber que nuestra vida es decisiva y que nuestra vida como decisiva está alimentada de intuición, que hay cosas intangibles y lo intangible es lo más importante de la vida. No es lo que vemos, es lo intangible, no es la apariencia, es la cualidad y yo no he visto que una cualidad aparezca en un microscopio, hasta ahora no, ni va a aparecer tampoco en un telescopio, ni hacia el macrocosmos o hacia el microcosmos va a aparecer la cualidad, porque la cualidad es lo que da el patrón de organización. La cualidad es la manifestación del amor, el amor es la cualidad de la vida, es el colorido de la vida. El amor son los lazos invisibles que unen todas las cosas, desde la fuerza gravitacional pasando por las partículas atómicas o subatómicas hasta las relaciones de los sexos. Las relaciones humanas están determinadas por distintos coloridos de esa sustancia universal que llamamos el amor y que no podemos medir ni pesar pero es todo cuanto existe realmente. Cuando nos movemos en esta dirección entonces nos tenemos que salir del paradigma formístico, saber que tenemos un campo de aterrizaje y empezamos a mirar en el pasado. Cuando miramos el pasado, vemos que tenemos una historia y que si tenemos dolor de cabeza hoy tenemos que ver cuánto nos trasnochamos ayer o cuánto bebimos ayer. Que lo que nos pasa en el día fue lo que hicimos posiblemente la noche anterior. Así llegamos a la segunda visión, la Visón Causal: Descubrimos que las cosas tienen un movimiento, los puntos de mueven y tienen causa, esa es la ley de la causalidad. Está muy ligada a la ley general de la causa y efecto, que llamamos la ley del karma. Y dentro de esa ley del karma empezamos a reconocer una cosa bien clara, todas las acciones provocan sensaciones, yo hago algo y eso me provoca una sensación. Si la sensación es placentera y vamos a hablar un poquito del placer, entonces eso crea un deseo y una memoria, y esa memoria genera la necesidad de repetir la acción. Y así, entre acción memoria, deseo acción, nosotros nos estamos repitiendo, nos estamos reiterando. Así tenemos costumbres, luego esas costumbres se vuelven hábitos, luego esos hábitos se vuelven ritmos que se inscriben en el cuerpo y están determinando todos tus ritmos corporales, es así como vamos esculpiendo el cuerpo. Lo estamos esculpiendo a través de nuestros hábitos y nuestros hábitos son la manera como el pasado y el futuro se van encadenando de una manera cíclica y repetitiva. Pero cuando lo miramos en otra perspectiva vemos que ese no es un asunto solamente humano, es un asunto de la evolución de la conciencia. Yo miro una metástasis, un cáncer se repite, todo da metástasis, no solo lo negativo: los buenos sentimientos dan metástasis, te invaden, porque todo se multiplica, eso son fractales. Todas aquellas cosas que constituyen un patrón de organización auto entretenido tienen tendencia a multiplicarse. Las leyes de la naturaleza responden a los fractales, son como los hábitos de la naturaleza. Algunos llaman a las leyes físicas, hábitos de la naturaleza, cosas que se repiten de una manera constante. Eso quiere decir que todo aquello que siembres desde tu deseo, va a generar una cosecha. Eso quiere decir que siempre que siembras vientos, cosechas tempestades. Eso quiere decir que lo que han sembrado en tu corazón lo vas a sembrar en tus hijos y en los hijos de los hijos por generaciones. Y eso que hay cosas que para nosotros son incomprensibles, como que por ejemplo tú tengas un padre alcohólico y termines casándote con un adicto. ¿Qué hay detrás de eso?, por qué estás repitiendo esos mismos patrones y esos mismo patrones se repiten a lo largo de familias, o sea, las metástasis no son cosas que corresponden a una unidad celular y a un cáncer que se multiplica en el seno del individuo, sino que son sociales, son generacionales, son transgeneracionales, porque hay una ley de causa y efecto. Esa ley de causa y efecto nos lleva a ser muy cuidadosos de nuestra siembra, porque todo aquello que sembremos va a germinar, va a germinar en nuestras emociones, en nuestros pensamientos, pero también va a florecer desde el genoma y desde los núcleos atómicos. Todas nuestras emociones están ancladas a los núcleos celulares. Cuando yo tengo una emoción libero una molécula y esa molécula se ancla a un receptor que está en la membrana celular. Ese receptor cambia químicamente y dispara una señal hasta el núcleo de la célula y desde el núcleo de la célula, inhibe o despierta un gen. Obviamente que el cáncer no es algo que viene de afuera, hay inductores o hay promotores externos pero todos nosotros tenemos oncogenes, son genes de cáncer, eso depende del contexto. Y ese contexto es, el ritmo de tu vida, lo que tú hagas con tu vida, tus memorias, las cosas que se repiten. Una cosa que tú haces una sola vez no tiene sentido pero lo que haces repetidamente, lo que hace parte de tus hábitos determina tu destino. Si volvemos a leer nuestra historia con otros ojos, es decir, con otra visión del mundo ya no es la misma historia, adquiere otro significado. Cuando nuestra historia adquiere otro significado nosotros cambiamos de historia y al cambiar la historia cambiamos la vida, cambiamos el presente. Entrar en el paradigma de la causalidad es entender desde la conciencia algo milagroso: la historia no ha pasado, no es cierto. Esos cuentos de que el pasado ya pasó no son ciertos, el pasado está vivo, inscrito en tu corazón, en tus núcleos atómicos, en cada una de tus células, no lo puedes negar. Y eso seria terrible si sólo llegáramos hasta ahí, pero sigue la ecuación: no lo puedes negar pero lo puedes transformar, lo puedes cambiar. Si cambias el código de lectura y cambias el significado de tu historia, si lo lees no desde los ojos del catastrofismo sino desde los de la oportunidad; si ves en la crisis una esperanza, una lección, una transmutación, algo que te permite crecer y cambiar, entonces ya no hay catástrofe suficiente para derrumbarte porque todo lo vas a leer en ese código. Cambiar entonces la lectura de la historia es aprender a leer la historia desde el presente, desde el momento actual, y aprender su lección. La historia es grave cuando nos quedamos congelados en el pasado, pero es leve cuando la traemos al presente. Lo grave de la historia produce culpa, la culpa produce juicio, el juicio produce un chivo expiatorio, el chivo expiatorio produce una relación humana crítica. Si mi código de lectura es el código de la víctima yo estoy congelado en el pasado. La historia de la Biblia de las estatuas de sal es literalmente cierta. Cuando tú te congelas en el pasado te vuelves una estatua de sal. Hemos de mirar al pasado para proyectarlo al porvenir a través del presente, aprendiendo su significado. En el presente significativo yo transmuto la gravedad en levedad. Transmutar la gravedad en la levedad es aprender la lección. Y aprender la lección significa que en lugar de irme con el maestro al hombro y los pupitres al hombro y los libros al hombro, me voy con la lección aprendida del colegio. ¿Uds. se imaginan que uno saliera con el pupitre del Bachillerato a cuestas al pasar a la Universidad? Pues literalmente es lo que hacemos en la vida: andamos con el pasado al hombro. El pasado ha sido maravilloso y si ha sido crítico es aún más maravilloso, porque es el sparring que te puso la vida, es la oportunidad que tuviste para aprender, para fortalecerte. Cada suceso es una lección. En la perspectiva de una historia significativa no existen éxitos, no existen fracasos; no existen profesores buenos o malos, no existen tiranos, no existen padres ni buenos ni malos, existen solo maestros. En la vida no hay sino maestros y lecciones, y estamos condenados a repetir las lecciones que no aprendemos. Por eso vivimos el mismo conflicto raíz desde muchas dimensiones: lo vivimos con el papá, luego lo vivimos con el esposo y luego condenamos a los hijos a que sigan repitiendo ese tipo de conflictos hasta que el código del victimismo se termina. Y simplemente se termina al hacernos una pregunta: ¿en este momento yo soy víctima de..., o me siento víctima de...?; ¿cuando me siento víctima de?, cuando pierdo el poder interior, cuando pierdo la seguridad interior. Ese es el código de lectura: me siento víctima cuando desarrollo una relación de dependencia de cualquier tipo, cuando mi relación no conduce a una mayor libertad. A veces nos decimos mentiras y nos justificamos, pero si eso te lleva a la dependencia estás en el código de lectura de la víctima y estás congelado en el pasado. ¿Esta relación me produce dependencia e inseguridad, me genera posesividad o me libera y te libera?, porque si te libera, la liberación es mutua. ¿Esta relación es una relación de reciprocidad?, existe reciprocidad cuando yo desde el presente me voy hacia el pasado pero me devuelvo hacia el presente, es decir, hago la flecha del tiempo en dos direcciones. La flecha del tiempo va del presente al pasado y del pasado al presente cuando nace el observador consciente. Pero si la flecha del tiempo no tiene sino una dirección en términos de conciencia del pasado al futuro, el pasado se queda congelado y yo ya no tengo nada que hacer, estoy perdido. Si yo puedo regresar al pasado para cambiar el significado entonces vuelvo a conquistar el poder. Y regresar al pasado es liberar la víctima y liberar la víctima es liberar la culpa y liberar la culpa es liberar al que estoy culpabilizando, al chivo expiatorio. Y hacer todas esas liberaciones es construir relaciones para la libertad. El aprendizaje de esa visión del mundo es entonces que la historia no son hechos muertos. A mi no me importa si Simón Bolívar nació en Caracas o murió en Santa Marta, a mi me importa cómo vivió; importa dónde se vive, no dónde se nace o dónde se muere. Y ese dónde se vive debe traducirse en términos del cómo se vive, qué tan intensamente se vive, cuál es el colorido de tu vida, cuál es el colorido de nuestra vida. Cuando uds. miran hacia el pasado encuentran muchos baches, tiempos muertos y realmente son tiempos muertos, tiempos sin memoria, tiempos sin historia en los cuales uds. pasaron desapercibidos por la vida, sin generar huellas exteriores, sin dejar huellas interiores. Y de pronto se encuentran momentos claves, nodales, puntos mágicos. Generalmente puntos muy dolorosos. Uds. ven cómo el dolor genera huellas intensas en nuestro cuerpo, en nuestra historia. Esos puntos dolorosos son puntos de crisis, esos puntos de crisis son puntos caóticos, puntos de transformación, de cambio, de oportunidades, vórtices de emergencia, puntos de máxima sensibilidad. Los tiempos de máxima sensibilidad fueron los puntos de máxima oportunidad; en esos instantes recibíamos la lección sagrada de nuestra humanidad. Por eso la crisis de sensibilidad representa siempre una oportunidad única y feliz para aprender a ser lo que realmente somos.
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