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partidarios sino en fuerzas sociales» sean estas asociaciones, comunidades, etc. y "formar concien temante a dece­nas de _ miles de' cuadros j disponer asi de centenares y excelentes dirigentes de masas. Cancelemos el asambleísrao democratista por la organización de combate ágil y dinámica y entendamos a la democracia como un principio de funcionamiento orgánico parti­dario de nuestro frente, en sus cuatro niveles en la que ésta se manifiesta y que tenemos que encarar permanentemente como una muestra de saber lo que es la democracia funcional que propugna nuestro partido. Es decir, apostemos porque haya:

a) Democracia en las decisiones, que sean el resul­tado de la deliberación del conjunto del partido,

b) Democracia en la formación, que permita al con­junto de la militancia contar con los instrumen­tos -Meológicq-políticos que nos lleve a tener nuestros propios juicios y criterios y la nece­saria capacidad de crítica, sobre lo cual podamos optar concientemente, y no ser una dócil masa de maniobra.

c) Democracia en la información, que con los lí­mites de lo que supone la seguridad del Estado revolucionario, la railitancia tenga la informa­ción necesaria a partir de la cual poder dar sus opiniones, juicios o sanciones.

d) Democracia en la generación de un liderazgo al­ternativo; está en función permanente y sistemá­tica de una dirección revolucionaria, tanto porque deben promoverse a los militantes de acuerdo a sus capacidades, porque para poder sec realmente democráticos habría que dar oportu­nidad al surgimiento de nuevos cuadros y dirigen­tes más capaces y eficientes, por un simple principio revolucionario; garantizar la conti­nuidad del mando político a pesar de todas las contingencias de la lucha revolucionaria antim-peralista y por el socialismo Indo americano.

3. El Apra debe

impulsar la

vanguardia

unitaria

Antimperialista

EL PAPEL DE LA

VANGUARDIA

    1. EN LA LUCHA

REVOLUCIONARIA
Las experiencias revolucionarias contemporá­neas en Indoamérica nos están entregando valiosas y novedosas lecciones acerca de la forma histórica en que en nuestro continente se van construyendo las vanguardias conductoras que orienten los proce­sos revolucionarios en la dirección del socialismo. Vanguardias definidas por su rol de conducción uni­taria de los procesos como condición esencial para el éxito transformador.

El desarrollo propio de los movimientos antiim­perialistas latinoamericanos, están demostrando una evidente corroboración a la tesis de la eman­cipación antimperialista por parte de movimientos revolucionarios de frente único de clases explotadas y más aún se ratifica la vigencia de los primigenios postulados de Haya de la Torre, con la incuestio­nable necesidad de que la lucha antimperialista sea considerada como una lucha de pueblos. La inme­diata experiencia de Nicaragua, que viene siendo agredida constantemente por el imperialismo norte­americano y los brazos de la CÍA, as' como la posi­ción interventora del FMI en contra de nuestros pueblos latinoamericanos, de la que no escapa el Perú; exige una posición concreta de lucha, y de unidad vanguardista antimperialista. Desde luego tal como lo expresa Haya de la Torre la lucha ¡antim­perialista asume también el carácter de lucha nacio­nal, tal como ocurrió con Nicaragua. Pero en nues­tro país la decisión de organizar esta vanguardia no se da por ningún lado y los esfuerzos aislados del gobierno no encuentran eco en ciertds sectores dogmáticamente marxistas leninistas. Y así la lucha que el gobierno pueda ofrecer al imperialismo está dado sólo por el carácter más ico de los que no tie­nen nada y ven a nuestro gobierno como su real con­ductor.

Claro está que esto no significa postular que en nuestro país la vanguardia tienda a consti­tuirse como rsultado inmediato de la gestión guber-namsntjal, , p como resultado de la convergencia de diversas vertientes revolucionarias que por el desa­rrollo orgánico de una sola de ellas pueda cubrir todo el espacio político revolucionario y simple-nente absprba y supedite a todas las demás. Tal es el temor de unos compañeros de IU, por lo que celan cualquier acercamiento al partido.

Sin embargo, a la luz del pensamiento aprista, idealmente podemos concebir una organización revo­lucionaria que expresando un momento histórico y un espacio social e ideológico determinado, tenga a la vez amplitud |y disposición para recoge(r en su seno, en el proceso de su desarrollo, a todas las otras vertientes revolucionarias, anteriores y posteriores; a todas aquellas que alguna contribu-ciQn específica puedan aportar al progresivo desen­volvimiento del movimiento revolucionario.
Algunos países hermanos del continente como el Salvador, Nicaragua, etc. ya han dado muestra de real ejemplo de formación, tal igual como en Paraguay y Chile.

Pero desgraciadamente la realidad y la histo­ria nos dicen que no es eso lo que ocurre en nuestro país; aquí las distintas agrupaciones revoluciona­rias que asumen la representatividad de un espacio social, ideológico e histórico, tienden a sectari-zarse, sentirse y comportarse como si fueran dueños absolutos de la verdad, y, en consecuencia, a sub­estimar, a desvalorar, a desconocer el aporte de lo creador y positivo que se pueda recoger para la revolución, fuera de sus propias filas. Y aún más, en nuestro medio, las organizaciones revolucio­narias tienden a exagerar sus discrepancias y hasta considerarse mutuamente, en la práctica, como enemi­gos principales; todo lo cual dificulta o hace impo­sible el nacimiento y la organización de un sólo frente, donde se forje la unidad de los distintos aportes con que las diferentes etapas, experiencias o ideas revolucionarias puedan contribuir a la emer­gencia y desarrollo de una vanguardia «que, en los hechos, asuma la representatividad del frente único del pueblo, en la pugna contra sus enemigos como cuando se estructura un órgano a fin de crear una fuerza dirigente, garantizable coyunturalmsnte; tal es el caso de IU.


CONSTRUIR

LA VANGUARDIA

3.2 ANTIMPERIALISTA

ES UN RETO

HISTÓRICO

En nuestros países oprimidos latinoame­ricanos, principaliíiente, la conformación de la van­guardia (12) supone un proceso de convergencias de distintas fuerzas dirigenciales, vertientes y organizaciones revolucionarias, que cristalice en alianzas o bloques; pero que tiendan a una unidad cada vez mayor, sobre todo cuando las exigencias de''.la lucha '.hac^n ver claramente la urgencia.de' esa unidad para adquirir, la fuerza que se necesita para vencer. La experiencia sandiaista es aleccionadoras cuando mayor fue la radicalidad de los medios de lucha, mayor la posibilidad de ampliar el marco de las alianzas, porque existió la fuerza para diri­girla. Cuando mayor es la fuerza dirigida por la vanguardia, mayores posibilidades de des-sectari-zar el lenguaje, de ensanchar las plataformas de lucha; ya que ésta debe concebirse como un enfren-tamiento entre-clases antagónicas, antes que entre ideologías de mismo bloque. En el futuro no se podrá continuar midiendo la correlación de fuerzas en términos estadístico-electorales solamente, sino también como fuerzas en el nivel económico, social, político, militar, etc. y sin descuidar, por su. puesto, las relaciones internacionales. Teniendo en cuenta el carácter determinante de las fuerzas militares, es deber de la vanguardia antimperia­lista organizar la fuerza militar no de la vanguar­dia sino de las masas.

Buscamos entonces una vanguardia que sea uni­taria y lúcida en el sentido de que los objetivos hacia los cuales se oriente, organice y conduzca a las masas sean coherentes entre sí,, y estos deben ser los mismos para todo el movimiento social que se promueva.

En consecuencia, no deben existir dos^o más políticas obrero-campesinas,1 y en vez de eso consti­tuir la~ céntrale única , a fin de garantizar que no existen políticas qué expresen caminos discordantes ya que, en definitiva, un frente no puede cumplir su tarea conductora si ella se expresa en dos o más estrategias que tengan políticas opuestas o contradictorias.

Pero corno la verdad y la razón no advienen 9e golpe-ni desde el comienzo en plenitud- en virtud áe un designio providencial :jue no existe, es menes­ter reconocer tantoién que esa razón, esa verdad y consiguientemente esa unidad tampoco están dadas, sinc que han de construirse, crearse, y desarrollarse en la lucha misma contra el enemigo del frente y del pueblo; enriqueciéndose con las lecciones de los alcances y victorias, con las enseñanzas de los retrocesos y derrotas que la fraternal crítica y autocrítica debe poner en evidencia.

Todo esto conduce a la confirmación de que no existen vanguardias predestinadas a serlo, ni verdades pre-establécidas.

El ser realmente vanguardia es producto de la historia y de la lucha; se forja en el combate contra los sirvientes del imperialismo yanqui y se conforta en la práctica exitosa, en el desarrollo ascendente de los procesos revolucionarios que ella conduce. Así pues, en el transcurso de la lucha y durante la contrucción de la unidad vanguardista, la vida práctica va separando la paja del grano.

Una precisión más importante, para que pueda entenderse la idea fundamental que preside estas consideraciones, es que cuando hablamos de un proce­so de convergencia hacia la construcción de la !Van­guardia !Revolucionaria, también nos estamos refi­riendo a las más amplias alianzas políticas aún con quienes persiguen sólo objetivos democráticos, nacionales y antiimperialistas, sin estar orientado explícita y concien temen te hacia el socialismo. Pero es la construcción del socialismo indoamericano el objetivo final de nuestro movimiento revoluciona­rio; objetivo del cual no podemos perder la vista porque nuestro compromiso es un compromiso históri­co con el pueblo, el APRA y la revolución social.
Estas alianzas o frentes pueden incluir a fuerzas no socialistas que incluso aspiren a un modelo de sociedad distinta del socialismo. Con ellas no es posible plantearse la conformación de una vanguardia en el sentido aprista, sino, sólo el de una coalición de fuerzas que se une tras ob­jetivos que son importantes y necesarios, como ser la lucha contra una dictadura por la recuperación de la democracia, caso de Chile, Paraguay, etc. Y como el carácter de una lucha antinperialista liderada por el aprismo demanda de un frente único internacional, de pueblos y vanguardias, es que debemos impulsar y ser solidarios- desde el gobierno -al desarrollo y fortalecimiento de aquellas van­guardias nacionales no socialistas de países herma­nos que dadas las instancias de lucha puedan devenir en antimperialistas y socialistas.

Por ello, una posición más concreta debe asu­mir nuestro gobierno y el partido para con los pue­blos hermanos de Chile, Paraguay; tan igual corro se asumió con Haití y Filipinas, o como se la tuvo para con la Argentina en su lucha, contra el imperia­lismo Británico. . Es impostergable la necesidad de ir dando pasos concretos en la forja de la van­guardia antiimperialista indoamericana.

En nuestro caso, desde el gobierno es mucho más ventajoso desarrollar la vanguardia unitaria que puede comenzar como una alianza para la pacifi­cación del país; alianza que a la larga se convierta en Vanguardia Revolucionaria, como lo promueve el APRA, con perspectivas políticas y militares a fin de garantizar la revolución sobre la base del pueblo en armas y no caer en el error de Allende y la UDP Chilena.
¿Por qué esto? se preguntarán algunos. Des­viación ideológica dirán los reaccionarios del par­tido; mas nosotros respondemos: esto es el APRA "compañeros". Es el ¡estudio del pensamiento de Haya de la Torre

Por otro lado, imparcialmente tenemos que admitir que las corrientes políticas de extracción no obrera y de ideología no aprista ni marxista que han devenido en fuerzas dirigentes, han inicia­do un proceso de constitución de movimientos, inte­grando amplias alianzas de contenido "democrático" y no socialista; pero para que se conviertan en elemento idóneo para integrar la vanguardia, es menester que se haya recorrido cierta etapa de apro­ximación y que hayan evolucionado en fuerzas objeti­vas y subjetivamente revolucionarias.

Ahora bien, los soportes que ofrezcan cada una de estas fuerzas o vertientes al torrente cen-ral no es igual, ni simétrico. En unas, su contri­bución se mide más en términos de masa; en otras, en términos de conciencia política; en algunas, en términos de solidez orgánica; en otras, en tér­minos de raíces históricas. En unas su contribución enf atiza el rasgo internacionalista de la lucha de los pueblos y clases oprimidas del mundo; en otras se acentúa el perfil integracionista regional. Ere algunas se subraya el núcleo obrero de la revo­lución; en otras se insiste en el carácter popular del frente iónico antimperialista. Pero, en defini­tiva; todas ellas reflejan parcialmente el proce­so liberador en su conjunto y devienen en ingredien­tes necesarios de éste, cuya articulación dialéctica al calor de la lucha y la reflexión teórica va ha­ciendo emerger la vanguardia para nuestro proyecto de transformación social. Este surgimiento ha de darse sobre la base de los núcleos orgánicos e ideológicos que en nuestro país van demostrando ser lo más idóneo para el avance de la lucha y para poder unir al conjunto de los revolucionarios.

EN OWCIBSICN, alentados por el propósito de desarrollar el pensamiento de Haya de la Torre y bajo la enseñanza de que ser de izquierda es ser antimperialista, expresamos que ser antimperialista es sostenerse en un partido revolucionario con cua­dros capaces de organizarse para la revolución, con el potencial de una fuerza dirigente honesta y sobre todo dotada del don de desprendimiento de todo sectarismo, para asi, poder constituir con otras fuerzas la vanguardia revolucionaria? van­guardia qus conduzca al pjeblo organizado hacia la conquista del poder real desde el gobierno y hacia la construcción de un nuevo estado y un nuevo socialismo para Indoamérica, tal como lo propugnó nuestro maestro c. Víctor Raúl Haya de la Torre.

Eso es lo que la historia reclama no sólo del APRA sino de todas las organizaciones revolucio­narias de América. Sigamos el ejemplo de Túpac Amaru, Simón Bolívar, José Martí, Agusto C. Sandino, Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui, Camilo Cienfusgos, Farabundo Marti, Carlos Fonseca, Manuel Arévalo, Manuel "Búfalo" Barreto, Luis Negreiros Vega, Luis de la Puente, y de los miles y miles de mártires añonónos; todos ellos nos demandan a las nuevas generaciones realizar la gran revolución intégracionista de América Latina sin más banderas que la libertad política y económica de los pueblos y la lucha por la justicia social.
Indoamérica y América entera espera mucho de las nuevas generaciones; a la sagrada causa de su liberación consagremos nuestras vidas; preparémonos en el trabajo, en el estudio y esperemos tras la concientización, el llamado de la historia. El tiempo apremia y no habrá preventiva alguna; hasta con un golpe de Estado por parte del gorilismo se puede encender la llama de la revolución.

Comencemos, entonces, la reconstrucción del partido y la forja de la unidad ideológica, puesto que una revolución auténtica sólo se construye con un pensamiento antiimperialista sostenido en un parti­do capaz de ser por sí misma una fuerza dirigente de la revolución que promueve . Empecemos a organi­zar con otras fuerzas dirigentes populares- apristas y no apristas- el gran frente único nacional como auténtica vanguardia revolucionaria, fruto de la unidad de vertientes políticas y de la voluntad del pueblo organizado, en pos del nuevo Estado de los Trabajadores Manuales e Intelectuales, como paso preliminar hacia el socialismo indoamericano.

Ese es nuestro compromiso con el futuro y ésa es nuestra gran diferencia con las escuelas polpotianas que han hecho del terrorismo un instru­mento más de opresión, de despotismo sectario y anti-histórico, alejado del pueblo organizado y que prostituyen el supremo principio de la revolu­ción.

Desde luego, no creemos que la revolución esté a la vuelta de la esquina o que los años de gobierno aprista van a ser suficientes para hacer la revolución. No. La revolución sigue esperando como esperó el partido para llegar al gobierno; ahora los años de gobierno aprista nos van a señalar que el verdadero camino trastoca los intereses de muchos y que el futuro diferente será con un sistema diferente. Este gobierno aprista nos va a demos-trar también que el neo-belaundisroo no está en el gobierno sino el partido con tantos conpañeros que

ahora pelean por puestos y sueldos tal cual fue en ap, "

- Para terminar citamos a Haya de la Torre con esta reflexión: "No confundamos la gran aspiración con el paso difícil que iítpone el largo camino para alcanzarla''. Aunque difícil y lleno de espinas, este camino habreroos de transitar con nuestro pue­blo. ..... ~ "~

Ante toda ésta manifestación elaborada y presm tada en este ensayo, muchos cottpañeros, estamos" seguros, expresarán cierto desacuerdo; algunos poi­que piensan lo mismo pero no hubiesen querido que otros lo escriban, asimismo habrán otros oue se escandalizarán" y nos llamarán extremistas, desvia­dos ideológicos, o como está de moda nos dirán sub­versivos.

sin embargo, nosotros!, no hacemos más que in­terpretar la realidad histórica del País y del movi­miento popular y no es que busquemos la lucha ar­mada solo coid propósito de decir que somos revolu-cíonarxos, sino que lo que buscamos es que la mili-tancia sepa y reflexione hasta donde es capaz de oar por el partido si es que el iitBerialisroo se comporta como lo predice Haya de .la Torre., el mismo Maestro ya expresa lo que nosotros aquí hemos desa­rrollado. A continuación reproducimos el tenor a la cuál hacemos alusión. Para nuestros detracto­res lo pueden buscar en el "Antinperialismo y el APRA pág. 108, Cap. III, Obras completas tono 4. Edición Juan Mejía Baca - 1976. (ver Anexo B-2).

ANEXO B-1

SOCIEDAD SIN EXPLOTADORES NI EXPLOTADOS

VANGUARDIA UNITARIA

"DE LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL PARTIDO"

REF: LIBRO "EL SECTARIO" (*.')' (Junio 1981)

El tiempo había minado las esencias principis-tas, tal como años después lo consignó Luis Alberto Sánchez en su libro "Haya de la Torre" generando una lógica decadencia o agónico cansancio, desde el liderazgo mayor hasta las últimas filas dirigentes. Unos por egoísmo, otros por oportunismo y no falta­ron quienes, por reformismo pragmático, lo evidente fue que el deterioro se extendió a un sector impor­tante de la cúpula, invadida por gente cortesana más que conductora, improvisados dirigentes elegidos a dedo, sin tradición de lucha, militancia clandes­tina ni espíritu fraterno, "niñitos bien" a muchos de los cuales no les interesaban los principios ni menos la doctrina y la consecuencia revoluciona­ria, sino el éxito y el triunfalismo a cualquier precio. El Partido al ser dirigido y conducido con la intervención de este tipo de gente sin clase poli-tica ni preparación dictrinaria, comenzó a debili­tarse ideológicamente y a desviarse de la izquierda auténtica de la que había sido legitimo personero por tanto tiempo, hacia el centro oportunista Más aún cuando pretendió entrar en el juego de una poli-tica criolla y particularmente, desde que descuidó su misión de "Partido-Escuela".

Este proceso se inició insensiblemente en 1945 cuando ingresamos en un primer plano al triunfar en las elecciones mediante el Frente Democrático Nacional. Como el cáncer, oculéb en sus comienzos, estas desvia-cione^ proliferaron por lo bajo, sin sintonías visi­bles que lo delataran, sin dolores, sin sentirlo, hasta hacerse finalmente presente en 1948. Cuando apareció era dificultoso evitar sus efectos - Frente a la promovida quiebra del régimen democrático, sólo cabía la decisión drástica 5 extirpar y podar a fondo. El oportunismo avanzó palpable en el segundo gobierno de don Manuel Prado, en 1956, al recuperarla legali-ad y confundirse la convivencia democrática con la convivencia de una política criolla.

Algunos dirigentes, por "táctica o estrategia" cada día fueron haciendo más concesiones a nuestros calificados y tradicionales enemigos. Intimando inclusive con los más caracterizados y repudiados oligarcas y plutócratas del páis sin tomar en cuenta las razones de ¡ principio y de Índole ética, ¡sin reflexionar aríte tan voluble y maleable séquito.

La profesionalización deformada y la politique­ría de esos dirigentes de la cúpula partidaria, fue degenerando sin una necesaria y apropiada renova­ción.

Estos comportamientos nos fueron llevando en el curso de los últimos 25 anos, a una crisis interna esencialmente moral, que fue destruyendo el espíritu revolucionario, de apostolado, de frater­nidad y lealtad de muchos, Se decepqionó a muchos jóvenes con la pérdida de la fe y del fervor que nos animó como una religión cívica, con sus mitos, crea­dos y establecidos para generar una mística. Con ello, como era lógico esperar, le llegó al Partido la decadencia. Insurgieron abiertamente los "calí-banes" que iniciaron la liquidación de los "arielis-tas".

Durante los largos y "feísocráticos" períodos en las últimas décadas, la juventud si se mantuvo pura y enhiesta; mientras la conciencia de la mayo-. ría '-de los -dirigentes del frente de los Traba -federes Manuales e - Intelectuales se burocrático, se confun­dió claudicación con estrategia; y oportunismo con lealtad partidaria, e insurgieron los clásicos adula­dores "por .temperamento y convicción™. La fraterni­dad fue perdiéndose en medio de los criollos y hábi­les "cabes* o zancadillas y las ambiciones personales se asociaron con la violencia mercenaria de gente extraña.

Los enemigos de ayer se convirtieron por la magia de la sensualidad del poder, en los nuevos "socios" y compañeros de ruta. El afán de untriun-falismo irrazonado, llevó a alianzas inimaginables, insospechadas e insostenibles.

Entre los hechos y los problemas rrás gravitan­tes que confrontamos, estuvieron, en 1955, el apoyo a la segunda presidencia de don Manuel Prado, el impuesto gobernante del Perú durante la Segunda Gue­rra Mundial (1939-1945). Se respaldó esta candidatu­ra- de la que Haya, desde bruselas, en 19t>b,-no era nada partidario-en oposición a la de un joven amigo del Frente Democrático-el arquitecto Fernando Belaún-de. La estrategia política trocó en el peor de los casos, una concesión política por migajas de gobierno 1/5 más grave fue que algunos dirigentes hasta llegaren a negociar y tratar de imponer nuestro apoyo al Dr. Hernando de Lavalle, candidato de la dictadura odriísta y patrocinado, entre otros, por el Banco de Crédito.

Con este criterio reaccionario y el determi­nante apoyo del Partido se favoreció el retorno al poder de un sector de la plutocracia financiera. Se estimuló el oportunismo político de una clase msdia sin ideales, pero con un incontenible apetito de poder y enriquecimiento individual. Tales fueron los efectos ctel proceso que hasta se llegó al extremos de apoyar y llevar al gobierno, con el cargo de Pre­mier y Ministro de Hacienda y Comercio al famoso "fellow" de la Escuela de Economía de Londres, don Pedro Beltrán, Director del Diario "La Prensa". Para justificar este paso atrás y explicar el acuer­do, no faltaron quienes se valieron, entre jotros argumentos, de la requerida y necesaria "convivencia democrática" confundiéndola con la sumisión a la más típica y criolla oligarquía-plutocrática civil.

Si efectivamente, algún principio democráti­co se mantuvo y practicó en esta etapa, fue el de la libertad de expresión y reunión, con mínimas res­tricciones, pero con la ingerencia en los actos de gobierno de típicos ¡personajes de los infaltables oligopolios económicos- financieros nacionales y transnacionales entre los que participaron privile­giadamente dirigentes y "nepotes" de la familia pre­sidencial.

A estas desafortunadas desviaciones nos opu­simos personalmente, firme y discretamente, en todos, los organismos directivos en muchas oportunidades; pero sin ningún éxito. Tal como en el Plenario Nacio­nal de 1959 en el que abogamos y propusimos abandonar los gobiernos municipales, que se nos habían otorgado a dedo e indirectamente. A pesar de ello, fieles y tenaces, consecuentes con nuestra promesa de impo­ner los ideales y mantener la esperanza de lograr una oportuna rectificación, continuábamos sin deser­tar de los cargos directivos.

Hasta que se eolito el vaso y se saturó el desengaño y la desesperanza de una recuperación que cada día se alejaba justificándose en cada oportuni­dad en el recuerdo de nuestros mártires y se exigía en su nombre la unidad partidaria.

El primer gran conflicto interno durante esta etapa de nuestra existencia partidaria con libertad y legalidad disminuidas, pero sin clandestinidad, fue la motivada por algunos jóvenes radicales y dirigentes que operaban en el norte, en Trujillo, la cuna del movimiento. La mayoría estudiantes, en particular de la Universidad ¡Nacional fundada por el Libertador, estaban descontentos tanto con la línea política de colaboración con el gobierno pradista, como con la imposición de los dirigentes departamentales.

Este grupo fue exteriorizando sus discrepancias en cuanta reunión, convención o congreso que se orga­nizara a nivel departamental, regional o nacional. De allí salieron, entre otros, Luis de la Puente Uceda, Gonzalo Fernández Gaseo y muchos otros, pro­yectándose rápidamente la inquietud a Lima, donde algunos como Carlos Malpica Silva ¡Santistéban , sobre todo, en el manifiesto alejamiento del Partido de la otrora actitud combativa verdadero IMÁN de la juventud en las fábricas, el carpo, las universida­des y los colegios.

En mi calidad de dirigente funcional, cuando era Secretario Nfeicional de Juventudes, así como en otras oportunidades en que desempeñé importantes funciones de nuestra actividad partidaria; particu­larmente cuando estuve a cargo • de una de las más difíciles etapas clandestinas de la organización y conducción de la juventud, traté y logré superar tan difíciles coyunturas, evitando las incomprensio­nes por las explicables y hasta justificadas inquie­tudes de lo jóvenes, manteniendo entre ellos una consciente disciplina. Pero en, esta oportunidad, la situación fue tornándose delicada por la incapaci­dad de los dirigentes a su cargo para canalizar el permanente espíritu juvenil y rebelde: por lo que tuvo más remedio que esperar su oportunidad para plantear sus críticas o discrepancias doctrinarias y estratégicas en el seno del máximo organismo del Partido, un Congreso o Convención Nacional, pidiendo una oportuna rectificación de las "desviación" ideo­lógica".

Esta oportunidad se dio en la Convención Na­cional de octubre de 1959 llevada a cabo en Lima. Sin la presencia del Jefe ni la mía. Por que ambos, por diferentes motivos, nos econtrábamos en el exte­rior. En esta oportunidad se dejó al descubrimiento y quedó de manifiesto la imposibilidad de una mutua crítica, del debate y la discrepancia interna. Fue evidente la inconsecuencia de algunos dé los diri­gentes más calificados, con el carácter y espíritu democrático que predicábamos, No se trató de evitar esta desgarradura tan penosa sino por el contrario se optó por el canino más fácil: extirparla.
El epílogo de estas discrepancias fue la sus­pensión inesperada de la Plenaria de la Convención y luego la obligada salida de la sala del grupo dis­crepante. Volvió a reanudarse la reunión y el grupo insistió en exponer sus críticas, franea y since­ramente. A pedido de un líder, de conocida tenden­cia oportunista y fluctuante, se aprobó la expul­sión física del grupo disconforme de las filas del Partido.

Así insurge, se constituye y organiza por los muchachos del grupo opositor, la denominada APRA REBELDE. El error revolucionario de estos jóvenes, en la mayoría de los casos, fue equivocar la estrate­gia y el camino. Pero cualquiera que sea el juicio histórico, fue una actitud honrada y digna. Muchos de ellos pagaron más tarde con el sacrificio y la ofrenda de su vida,cuando sincera e ingenuamente tomaron el camino de la guerrilla y la insurrección armada sin contar con las condiciones objetivéis es­tratégicas, tácticas y en el terreno geográfico menos apropiado, tratando de imitar y/o siguiendo con entu­siasmo el ejemplo de los primeros mártires apristas de la revolución de Trujillo en 1932. De Ayacucho, Huancavelica y el centro del país en 1934, como de otros frentes del mundo, y en particular el de la atrayente leyenda cubana de la Sierra Maestra y El Escambray.

Entre ellos tampoco faltó el doble renegado de este grupo juvenil, que con conocido egocentrismo y ambición, abjuró de su posición revolucionaria y retornó a pedir perdón, rectificándose de sus "arrestos insurrecionales", para postular a un cargo edilicio electivo donde pudiera satisfacer sus ambi­ciones de notoriedad.
A mi regreso 'del XVIII Congreso General Ordi­nario Socialista de Chile» al que fui. especializante invitado j asistí cono representante del Partido, pude comprobar el impacto que había significado particularmente • entre la juventud-esta sincera pero equivocada actitud de los jóvenes del "Apra Rebelde".

Hice presente en esa oportunidad mi desacuerdo con la medida extrema cíe La expulsión, porque por ese camino o medio, el Partido se autocastraba y evitaba la formación de nuevos líderes que proyecta­sen nuestra acción y pensamiento .revolucionario en el futuro. Se había sentado un funesto precedente:

QUIEN DISCREPABA ERA EXPULSADO, vale decirs COMENZABA EL REINADO DE LA SANTA INQUISICIÓN, con su intoleran­cia» sus intrigas y venganzas. Queriendo evitar

este destino para los jóvenes cuyo extremismo es explicable, particularmente en política dediqué más tiempo a-estar cerca de ellos en cuanto requerían

una atención especial y una efectiva orientación política, señalándoles lo que se podía hacer, sin caer en el radicalismo revoluciorkirio en el "el extre­mismo" , enfertnedad da infancia .revolucionaria de la que trató Lenin.

Otra, situación dentro'del cuadro prevalecien­te, fue el apartamiento del líder c. Hámulo Meneses, fundador del Partido, exr,dipu.tado por Puno, autor de varias obras, que siendo Secretario Nacional -de Campesinado y Asuntes Indígenas, el 25 de Enero de 1962, se alejó del GEN y del PAP..por habérsele impe­dido publicar en "La Tribuna" un comunicado de su Secretariado protestando por la masacre de canpesi-nos muertos y.treinta y tres heridos de bala.
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