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Los grandes medios gráficos y los derechos humanos en la Argentina 1976-1983

LOS GRANDES MEDIOS GRAFICOS
Y LOS DERECHOS HUMANOS
EN LA ARGENTINA
1976-1983

TESIS DOCTORAL DE

MARTIN MALHARRO

Director: Alfredo Alfonso

Co-Director: Jorge Bernetti

Doctorado en Comunicación

Facultad de Periodismo y Comunicación Social

Universidad Nacional de La Plata
Julio de 2008
INDICE

INTRODUCCIÓN……………………………………………………….....4
CAPÍTULO I

MARCO CONCEPTUAL Y METODOLÓGICO…………………………7
CARTA ABIERTA DE RODOLFO WALSH A LA JUNTA

MILITAR………………………………………………………………….10
CAPÍTULO II

RESPIRACIÓN DE LA MEMORIA…………………………………..... 19
CAPÍTULO III

VIAJE HACIA LA NOCHE…………………………………………....... 42
III. I. LA NACIÓN……………………………………………….... 90

III. I. I. 1976……..…………………………………………. 91

III. I. II. 1977…………………………….………………… 143

III. I. III. 1978…………………………………………..…...176

III. I. IV. 1979……………………………………..………...248

III. I. V. 1980………………………………………………. 307

III. I. VI. 1981……………………………………...………..347

III. I. VII. 1982……………………………………………... 371

III. I. VIII. 1983……………………………………………..499
III. II. LA PRENSA ………………………………………………..550

III. II. I. 1976………………………………………………..551

III. II. II. 1977…………………………….………………....612

III. II. III. 1978………………………………………..…......676

III. II. IV. 1979…………………………………..…………..705

III. II. V. 1980…………………………………………….…766

III. II. VI. 1981…………………………………...…………804

III. II. VII. 1982……………………………………………..840

III. II. VIII. 1983…………………………………………….920


III. III. CLARÍN…………………………………………………..1031

III. III. I. 1976…………………………………….……….. 1032

III. III. II. 1977…………………………….………………..1082

III. III. III. 1978……………………………………………. 1132

III. III. IV. 1979…………………………………..…………1167

III. III. V. 1980……………………………………………. 1214

III. III. VI. 1981…………………………………...……..... 1253

III. III. VII. 1982………………………………………........ 1273

III. III. VIII. 1983………………………………………........1342
III. IV. LA OPINIÓN…………………………………………........1399

III. IV. I. 1976………………………………………….…… 1400

III. IV. II. 1977……………………………………………….1506
CONCLUSIONES…………………………………………………...........1545
BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………….........1570


INTRODUCCION

Este trabajo recorre la política editorial que cuatro grandes medios gráficos nacionales, Clarín, La Nación, La Opinión y La Prensa, mantuvieron sobre las violaciones a los Derechos Humanos ocurridos en Argentina, entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983.

Hemos partido del concepto de que la violencia represiva ejecutada por el Estado durante el período anteriormente mencionado alcanzó tal magnitud y virulencia que escapó a toda previsibilidad y teorización realizada previamente al golpe militar que derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón. La instauración de una modalidad represiva basada en el secuestro, desaparición, tortura y asesinato1 fue el instrumento idóneo del que se valió la dictadura militar para establecer un sistema de control a través del miedo, el exterminio de cualquier rasgo opositor y la ruptura del sistema o tejido social que permitía articular respuestas colectivas2. De esta manera, el gobierno militar entronizado el 24 de marzo de 1976 eliminó y silenció cualquier intento de oposición a su proyecto político-económico.

Este modelo represivo, regido por la rigurosidad, la planificación y la clandestinidad3 necesitó tanto del silencio como de la justificación; silencio ante los secuestros, desapariciones y asesinatos; y justificación ante las repetidas escenas de cuerpos masacrados, intentos de fugas fracasados, desapariciones públicas de miles de personas, encarcelamientos masivos. El empleo de este doble discurso: negar la violación de los Derechos Humanos y paralelamente justificar la política represiva del Estado, necesitó contar con una estructura no sólo represiva sino también comunicacional de vasto alcance que funcionara en sintonía y concordancia con los presupuestos ideológicos de este Estado y lo hiciera, en apariencias, de manera autónoma e independiente del poder represor, reproduciendo desde su órbita de influencia el mismo discurso, con la finalidad de amplificarlo e instalarlo en una sociedad de sujetos aislados como la versión única y definitiva. Un discurso que se implementó bajo el título de “lucha contra la subversión” y que funcionó como eje justificador de todas las prácticas y excesos represivos cometidos por las Fuerzas Armadas.

Esta tesis intenta analizar: la metodología informativa que cuatro grandes medios gráficos argentinos mantuvieron respecto a estas prácticas represivas como también el reflejo que ellas arrojaban casi cotidianamente sobre el imaginario social desde las páginas de estos medios; el discurso editorial que ellos sostuvieron en lo referido a las violaciones permanentes de los Derechos Humanos; el rol que desempeñaron en la campaña más vasta de desinformación y silencio que padeció Argentina a lo largo de su historia y, por último, los ejes informativos empleados para informar a sus lectores sobre el interminable raid de secuestros, asesinatos y persecuciones del que eran víctimas miles de argentinos. También recorre el tratamiento de la información, la elaboración del discurso y las conclusiones por ellos esgrimidas a la hora de enjuiciar el estado de indefensión y terror que se instaló en nuestro país a partir del golpe militar del 24 de marzo de 1976 y que se extendió a lo largo de casi 3000 días, hasta la finalización del régimen militar.

Hemos partido de la premisa que la información publicada por estos medios durante este período es la muestra acabada de cómo fue tratada la información referida a los Derechos Humanos en “aquellos tiempos”, donde es posible encontrar las pruebas tanto de la magnitud del drama vivido, como también la vasta campaña de silencio, ocultación, desinformación y presión que se ejecutó sin pausa y sin ambages sobre la sociedad argentina. A partir de esta premisa, hemos intentado desentrañar no sólo los mecanismos discursivos empleados por los medios citados sino también la construcción informativa que ellos utilizaron para informar sobre las violaciones de los Derechos Humanos, con el fin de poder visualizar cómo se reflejó desde lo mediático la política represiva del Estado y cuál fue el papel que estos medios jugaron al respecto, tanto desde lo político como desde lo periodístico.

También hemos abordado el modelo informativo que cada uno de estos medios empleó para abordar y reflejar en la crónica diaria tanto a la violencia empleada por el Estado como al discurso justificador de la misma que él utilizaba; la finalidad de este abordaje es detectar los mecanismos y construcciones informativas que se dieron en torno a un tema que marcaría a la sociedad argentina.

Si bien se ha recortado del espectro periodístico nacional de ese período un número singular de publicaciones, creemos que los cuatro diarios elegidos para esta tesis cubren con holgura y eficacia el panorama y la visión informativa que primaba en esa época, esto dado por la cantidad de lectores, la influencia en la opinión pública y la enorme potencia como líderes de la prensa escrita en lo referente a la formación de opinión, que estos medios tenían por entonces; sin olvidar que también eran dentro de este campo un espejo informativo de enorme importancia hacia el extranjero.

CAPITULO 1

MARCO CONCEPTUAL Y METODOLOGICO

El presente trabajo está basado en el relevamiento de los archivos de los diarios La Opinión, La Nación, Clarín y La Prensa, durante en el período comprendido entre marzo de 1976 y diciembre de 1983. En el caso de La Opinión el seguimiento abarca desde el 24 de marzo hasta el 24 de mayo de 1977, fecha en que este medio fue intervenido por el gobierno militar. En total se han analizado 8.778 diarios correspondientes a la cantidad de ejemplares que estos cuatro medios publicaron desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983, salvo la excepción señalada anteriormente respecto a La Opinión, fecha en que se da por terminado el período del terrorismo de Estado.

Este relevamiento supuso el análisis de contenido de los artículos periodísticos y las editoriales de los mencionados medios que aluden directa e indirectamente a la violación de los derechos humanos como también la política represiva ejercida por el Estado terrorista. Para ello fue importante evaluar tanto los contenidos de las notas que juntamente con los editoriales describen la política editorial que estos diarios sostuvieron con respecto a las violaciones de los derechos humanos

En la primera etapa de selección de la información se siguieron dos líneas:

La principal estuvo dirigida a identificar los artículos en los cuales la prensa reprodujo el discurso oficial justificador de las violaciones de los derechos humanos (la necesidad de exterminar a la subversión antepuesta a cualquier concepto), las notas destinadas a amplificar esos discursos, los artículos que fueron directamente generadores de discurso funcional al gobierno –editoriales y artículos firmados– y, dentro de este grupo, aquellos que eran abiertamente justificatorios de la acción represiva del Proceso.

A tal fin se seleccionaron cuatro vectores:
-Un vector reproductor.

-Un vector amplificador.

-Un vector generador.

-Un vector justificador.
Por VECTOR REPRODUCTOR se entiende a aquellas noticias o información que se limita a reproducir de manera mecánica el discurso oficial sin elaboración o profundización por parte del medio de la información aportada por el Estado.
Por VECTOR AMPLIFICADOR se entiende a aquella política editorial que amplifica el discurso oficial, dándole mayor trascendencia y aportando elementos nuevos de apoyatura y respaldo al mensaje y acciones del Estado.

Por VECTOR GENERADOR se comprende a aquellas editoriales y artículos firmados que publica el medio en el que se expone de manera directa su pensamiento y compromiso con el poder, a la vez que hace aportes ideológicos he intenta trazar nuevas líneas discursivas y de acción, siempre en consonancia con la ideología del poder.

Por VECTOR JUSTIFICADOR se comprende a aquellos artículos y editoriales que avalan y justifican explícitamente los argumentos y acciones del Estado.

La segunda etapa fue el seguimiento de noticias relacionadas con violaciones de los derechos humanos. La aparición de esas notas representan fisuras en el bloque informativo y su análisis permite inferir los signos del genocidio que se estaba llevando a cabo. Son escasas, porque se había prohibido la publicación de noticias sobre hallazgos de cadáveres, desapariciones, secuestros, detenidos y reclamos internacionales, pero el contenido de estas noticias revela las versiones falaces que se daban sobre los hechos y los indicios que existían a nivel de la opinión pública de los horrores que estaban ocurriendo en el país.

La segunda parte de este trabajo fue la de organización de la antología y análisis de contenido. Se utilizó el método inductivo porque el objetivo del trabajo no fue demostrar una teoría previa sobre el perfil de cada medio, sino al revés, partir del análisis del material para identificar las estrategias discursivas de cada uno de ellos.

La elección de esta metodología de abordaje se debe a que permite de manera clara visualizar de qué manera fue informada y manipulada la opinión pública de aquellos años. Tres décadas después, este material es interpretado a la luz de las investigaciones que se realizaron posteriormente en torno a la tragedia que significaron aquellos 2700 días que duró la dictadura, investigaciones que demostraron no sólo la extensión y profundidad de las violaciones de los derechos humanos perpetradas por el terrorismo de Estado, sino que también permitió abrir la puerta que dejaba al descubierto determinados aspectos políticos y económicos de aquellos años, como las alianzas y apoyos que recibió el gobierno militar por parte de sectores que posteriormente se auto excluyeron como socios y partícipes, directos e indirectos, en la construcción y sostenimiento del terrorismo de Estado.

La conclusión principal de este trabajo es la tremenda precisión de los hechos denunciados por Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar, fechada el 24 de marzo de 1977. Walsh la dirigió a la Junta, pero sus términos bien podrían aplicarse a la prensa: “lo que ustedes llaman ACIERTOS son ERRORES, los que reconocen como ERRORES son CRÍMENES y lo que omiten son CALAMIDADES”.

CARTA ABIERTA DE RODOLFO WALSH

A LA JUNTA MILITAR

1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un ba­lance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecuto­res de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elec­ciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martí­nez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo re­mediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo le­gitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohi­biendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la so­ciedad argentina.
2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, de­cenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.

Colmadas la cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principa­les guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límites y el fusilamiento sin juicio.1

Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desapari­ción el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de ante­mano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presen­tarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.

De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presen­tarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aun en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.

La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusie­ron los antiguos verdugos.

1 Desde enero de 1977 la Junta empezó a publicar nóminas incompletas de nuevos de­tenidos y de "liberados" que en su mayoría no son tales sino procesados que dejan de estar a su disposición pero siguen presos. Los nombres de millares de prisioneros son aún secreto militar y las condiciones para su tortura y posterior fusilamiento perma­necen intactas.

El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino", el soplete de las actuali­zaciones contemporáneas.2

Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de ex­terminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes per­turbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sus­tancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.
3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fra­guados combates e imaginarias tentativas de fuga.

Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereoti­pos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.

Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, cincuenta y cinco en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, treinta por el atentado en el Ministerio de Defensa, cuarenta en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Caste­llanos, diecinueve tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela, forman parte de 1.200 ejecuciones en trescientos supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.

Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civili­zadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los he­chos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son de­legados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de "cuenta-cadáveres" que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.

El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates rea­les es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circula­ción clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvie­ron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.3

Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentati­vas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y los partidos de que aun los pre­sos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los comba­tes, la conveniencia didáctica o el humor del momento.

Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplica­ciones de la ley de

2 El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida, el ex diputado radical Mario Amaya muerto a palos, el ex diputado Muñiz Bárrelo desnucado de un golpe. Testimonio de una sobreviviente: "Picana en los brazos, las manos, los muslos, cerca de la boca cada vez que lloraba o rezaba... Cada veinte minutos abrían la puerta y me decían que me iban a hacer fiambre con la máquina de sierra que se escuchaba".
5 Cadena Informativa, mensaje N° 4, febrero de 1977.
fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.4

El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, re­vela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alu­cinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe a las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.
4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en se­creto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de ca­dáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afec­tar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.5

Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Arma­da, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, inclu­yendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles" según su au­topsia.

Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.6

Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Lujan el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que api­laron treinta muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y diecisiete en Lomas de Zamora.

En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti.
4 Una versión exacta aparece en esta carta de los presos en la Cárcel de Encausados al obispo de Córdoba, monseñor Primatesta: "El 17 de mayo son retirados con el enga­ño de ir a la enfermería seis compañeros que luego son fusilados. Se trata de Miguel Ángel Mosse, José Svagusa, Diana Fidelman, Luis Verón, Ricardo Yung y Eduardo Hernández, de cuya muerte en un intento de fuga informó el Tercer Cuerpo de Ejérci­to. El 29 de mayo son retirados José Pucheta y Carlos Sgadurra. Este último había si­do castigado al punto de que no se podía mantener en pie, sufriendo varias fracturas de miembros. Luego aparecen también fusilados en un intento de fuga".
5 En los primeros 15 días de gobierno militar aparecieron 63 cadáveres, según los dia­rios. Una proyección anual da la cifra de 1.500. La presunción de que puede ascender al doble se funda en que desde enero de 1967 la información periodística era incom­pleta y en el aumento global de la represión después del golpe. Una estimación global verosímil de las muertes producidas por la Junta es la siguiente. Muertos en combate: 600. Fusilados: 1.300. Ejecutados en secreto: 2.000. Varios: 100. Total: 4.000.
6 Carta de Isaías Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina de Noticias.
7 "Programa" dirigido entre julio y diciembre de 1976 por el brigadier Mariani, jefe de la Primera Brigada Aérea del Palomar. Se usaron transportes Fokker F-27.
Las 3A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza en­tre "violencias de distintos signos" ni el arbitro justo entre "dos terro­rismos", sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y só­lo puede balbucear el discurso de la muerte.8

La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Car­los Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz y decenas de asilados, en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Bolivia y Uruguay.9

La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales be­cados de la CÍA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardner Hathaway, Station Chiefde, la CÍA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad inter­nacional, que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el pa­pel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el ge­neral Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.

Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo perso­nal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de Prensa Libre, Horacio Novillo, apuñalado y calcinado después que ese diario denunció las conexiones del minis­tro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.

A la luz de estos episodios cobra su significado final la defini­ción de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal".10
5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo ar­gentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que us­tedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscar­se no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.

En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajado­res al 40 por ciento, disminuido su participación en el ingreso nacio­nal al 30 por ciento, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar11, resucitando así for­mas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos co­loniales.

Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación co­lectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas,

8 El canciller vicealmirante Guzzeti en reportaje publicado por La Opinión el 3/10/76 admitió que "el terrorismo de derecha no es tal" sino "un anticuerpo".
9 El general Prats, último ministro de Ejército del presidente Allende, muerto por una bomba en setiembre de 1974. Los ex parlamentarios uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz aparecieron acribillados el 2/5/76.

El cadáver del general Torres, ex presidente de Bolivia, apareció el 2/6/76, después que el ministro del Interior y ex jefe de Policía de Isabel Martínez, general Harguindeguy, lo acusó de "simular" su secuestro.
10 Teniente coronel Hugo Ildebrando Pascarelli, según La Razón del 12/6/76.

Jefe del Grupo I de Artillería de Ciudadela, Pascarelli es el presunto responsable de treinta y tres fusilamientos entre el 5 de enero y el 3 de febrero de 1977.
11Unión de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976. Después la situa­ción se agravó aún más.
alargando, ho­rarios, elevando la desocupación al récord del 9 por ciento12 y prome­tiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuan­do los trabajadores han querido protestar los han calificado de subver­sivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos ca­sos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.13

Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este pri­mer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40 por ciento, el de ropa más del 50 por ciento, el de medicinas ha desapare­cido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30 por ciento, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enferme­dades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupues­to de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, su­primiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médi­cos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".

Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para compro­bar la rapidez con que semejante política la convierte en una villa mi­seria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios en­teros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus resi­duos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han to­mado es prohibir a la gente que se bañe.

Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que sue­len llamar "el país", han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3 por ciento, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400 por ciento, un aumento del circulante que en sólo una semana de diciem­bre llegó al 9 por ciento, una baja del 13 por ciento en la inversión ex­terna constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deli­beración y la cruda inepcia.

Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equiva­len a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios suel­dos militares a partir de febrero en un 120 por ciento, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.
6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o a Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como

beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internaciones encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.

12 Diario Clarín.
13 Entre los dirigentes nacionales secuestrados se cuentan Mario Aguirre de ATE, Jor­ge Di Pasquale de Farmacia, Oscar Smith de Luz y Fuerza. Los secuestros y asesina­tos de delegados han sido particularmente graves en metalúrgicos y navales.

Un aumento del 722 por ciento en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica em­prendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la So­ciedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".14
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