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STAVACINTÂMANI ( LA JOYA DE LA ALABANZA A SHIVA ) BHATTANARÂYÂNA _____________________________________________________________________________________________ _____________________________________________________________________________________________ PRESENTACION A - BHAKTI Y NO-DUALIDAD Es una constante tanto en los ambientes Cristianos, sean estos oficiales o alternativos, así como también en ciertos ambientes del pensamiento tradicional y, acercándonos más hacia la nueva-era, en los ambientes de lo que podríamos llamar neo-advaita, un cierto menosprecio, cuando no rechazo abierto, hacia toda actitud y camino de bhakti es decir, de devoción. Todo un "signo de los tiempos" en los que el camino más corto y eficaz para evocar e invocar a «Lo Sagrado», el camino más sencillo para situarse en presencia de Dios, el más adecuado para la mayor parte de las personas en este tiempo de sombras, ese es precisamente el más menospreciado. Se olvida a menudo que Shankara, el jñani supremo del hinduismo, compuso himnos a Shiva y que Hafiz o Rumi, quienes hablaron una y otra vez de dejar atrás las formas a favor de la esencia, nunca descuidaron sus oraciones diarias. Más modernamente Nisargadatta, aun siendo un jivan-mukta, no dejaba por ello de efectuar cada día las puyas rituales. Todos ellos trascendían la forma por arriba, no por abajo, y eran por tanto los primeros en reconocer la necesidad de formas externas para la preservación del equilibrio de la personalidad individual (inclusive el equilibrio de su personalidad...) y de la colectividad humana. Todos ellos tenían la comprensión y la evidencia de que el común de los hombres, no llegando a su nivel, con frecuencia (en realidad casi siempre...) malinterpretan las actitudes de transcendencia y de libertad de un gnóstico. No olvidaban además esa antigua máxima de la tradición hindú: "Que el sabio no turbe con su sabiduría la mente de aquellos que no son sabios". Ocurre también en estos ámbitos una cierta actitud de orgullo (algo muy habitual en los occidentales modernos), en la que se pretende llegar a lo más alto sin haber pasado por las estancias previas, y se pretende que gracias a nuestro "progreso" los occidentales ya no necesitamos trabajar, privarnos, buscar y disciplinarnos para alcanzar la Deificación: todo eso queda para los "antiguos" que debían ser bastante torpes según nuestra visión.... Así las cosas ocurre que por apuntar a las más altas cumbres de la más alta liberación en vida (Jivan-Mukti), con frecuencia ni siquiera se llega a una cierta vivencia de beatitud salvadora... Hay quién queriendo el diez.... ni siquiera llega al uno; y encima menosprecia a aquellas personas devotas que, al menos, han llegado al cinco y llevan una vida santa y sabia dentro de su humildad humana, pero a las que con mucha facilidad se las considera despectivamente beatas, o espiritualmente inferiores, comparadas con la "fantástica-realización-metafísica-no-dual" (las más de las veces apenas atisbada puntualmente, cuando no teórica o pensada). No olvidemos que el orgullo espiritual es considerado en todas las tradiciones como el más grave de los defectos. No olvidemos tampoco que aparte de la liberación en vida (Jivan-Mukti) la tradición hindú contempla otras dos formas de liberación: Videha-Mukti o liberación en el momento de la muerte y Krama-Mukti liberación en los estados póstumos tras la muerte (lo que en el cristianismo llamamos salvación). Es legítimo y noble aspirar a las alturas, incluso se podría decir que es obligado porque a fin de cuentas ahí esta nuestro origen y nuestro destino. Pero hay que apoyarse en la tierra para poder alcanzar el cielo. Uno tiene que saber humildemente donde está sin por ello perder la nobleza de mirar a lo más alto. Shankara, uno de los más brillantes intelectos que el mundo ha conocido, interprete de las Upanishads y creador del sistema del Vedanta, de la no-dualidad, aceptado por una mayoría de todos los hindúes, fue un devoto, venerador de imágenes, peregrino de lugares santos, un visitador de altares y un cantor y compositor de himnos devocionales. Ciertamente, en una famosa plegaria se disculpa por visualizar en la contemplación a Quien no está limitado por ninguna forma, por alabar en himnos a Quien está más allá del alcance de las palabras, y por visitar en altares sagrados a Quien es omnipresente. Pero si aún él, que "Conocía", no pudo resistir el impulso de amar, –y el amor requiere un objeto de adoración, y un objeto debe concebirse en palabra o forma–, ¡cuánto mayor debe ser la necesidad de esa mayoría para quienes es mucho más fácil adorar que conocer! Así el filósofo percibe la inevitabilidad del uso de la imaginería, verbal y visual, y ratifica el servicio de las imágenes. Dios mismo quiere hacer concesiones a nuestra naturaleza mortal, «tomando las formas imaginadas por sus adoradores», haciéndose a Sí mismo como nosotros somos para que nosotros podamos ser como Él es. Por regla general, en Occidente se supone que las doctrinas No-duales excluyen por completo los valores del culto, la relación Yo-Tu entre el hombre y Dios, y se hace entonces que el ideal espiritual supremo sea la absorción total y la desaparición de la persona humana en la unidad indiferenciada. Esta impresión resulta de una falta de comprensión de lo que es el conjunto de la estructura del ser humano con sus necesidades a diferentes niveles; una falta de comprensión también de lo que es el punto de vista religioso, y de ahí la dificultad de su integración en la No-dualidad; una falta de comprensión en definitiva de las complejidades del alma humana y también de sus bellezas. La doctrina de la No-dualidad es tan compatible con el culto, como expresión de amor y de relación, como lo es con la existencia de todo el orden finito y dual. Puesto que la razón, el sentimiento y la sensibilidad nunca pueden aprehender la verdad de la No-dualidad, deben de acercarse a ella por analogía con lo infinito. La comprensión metafísica, que tiene su lugar en el intelecto intuitivo (el espíritu), no desaloja a la razón, al sentimiento y a la sensibilidad, ni intenta elevarlas hasta su propio nivel. Como ser espiritual, el hombre puede reconocerse a sí mismo como el Atman, lo infinito que se imagina a sí mismo finito. Pero como ser de razón, sentimiento y sensibilidad, el hombre debe relacionarse con lo infinito como con un Dios diferente de él mismo. Así, toda la no-dualidad de Shankara no le impidió escribir un número considerable de himnos en el estilo bhakti o devoto que, con un mero cambio de nombres, podrían expresar perfectamente el culto de un teísta cristiano, judío o islámico; como tampoco le impidió quedar abrumado de dolor y tristeza, tras la muerte de su madre y celebrar los ritos funerarios infringiendo su regla de sannyâsin. Cada nivel tiene su funcionamiento y sus leyes, y el hecho de que en un ser se de la más alta realización metafísica no impide que su personalidad y sus sentimientos tengan su funcionamiento y sus peculiaridades, lo mismo que no impide que su cuerpo tenga sus particularidades, necesite alimento y padezca enfermedades. Asimismo Shankara imploraba a la Shakti (la energía mediadora) diciendo: «Yo te imploro oh, Lakshmi, que me mires con tus ojos de gracia, como al pasar, y ello me bastará para obtener tu ola de favores, oh mi Madre». Agreguemos que el culto de la Shakti fue instituido por Shankara en sus monasterios, lo cual es tanto más notable cuanto que el Advaita-Vedanta procede por eliminación, y el método sháktico, en cambio, por sublimación. Lakshmi es la diosa de la belleza y de la felicidad; en tanto que Mahalakshmi, la Lakshmi Suprema, es la fuente de todas las bendiciones (Su equivalente casi exacto cristiano sería la Virgen María). Según los advaitistas es solamente por la gracia de Mahashakti que el hombre puede superar la Maya cósmica y lograr así que se haga realidad el «Uno sin segundo» (el no-dualismo), precisamente el Advaita. Se vio por lo tanto la necesidad de la Bhakti dentro del ámbito Advaita; necesidad de una red salvadora en el caso de "caer" de los altos niveles no-duales; y necesidad de que esa red impulsara de nuevo hacia arriba a los buscadores entregados. Estamos entonces ante una Bhakti que podríamos denominar Marial en lenguaje cristiano; no es casualidad que justamente por aquella época San Bernardo instaurara y diera forma al culto a la Virgen María en los monasterios de Europa. Esta profunda comprensión de todos los niveles es lo que inspiró a Shankara a decir: «Domina tu alma, retén el aliento, distingue lo transitorio de lo Verdadero, repite el santo Nombre de Dios y calma así la mente agitada. A esta regla universal debes aplicarte con todo tu corazón y toda tu alma» (Maza contra la ilusión) y también: «Cantando Brahmâ, la palabra de la Liberación, meditando únicamente en "Yo soy Brahma", viviendo de limosnas y caminando libremente, bendito es en verdad el portador del hábito ocre» (Estancia sobre el hábito ocre). Dentro del Vedanta Advaita asimismo, se aconseja la Bhakti como el camino más rápido de acceso a lo Sagrado; en palabras de Shankara: "Entre todos los medios que concurren a la liberación, es a la devoción (bhakti) a la que le corresponde el lugar de honor", eso sí, para Shankara la Bhakti abarca "todo esfuerzo y toda investigación encaminados a la liberación" y también se incita a la inteligencia y al discernimiento para no entretenerse en las formas innecesariamente una vez que se toca Aquello que es innombrable, algo por otra parte también recomendado por nuestra doctora mística Santa Teresa de Avila. El supuesto "sentimiento" de identidad con el infinito no es nada más que una peligrosa inflación psíquica. Incapaz de aprehender el infinito, la facultad finita del sentimiento «estallará» si intenta hacerlo. Muchos occidentales están tan identificados con sus sentimientos y son tan poco objetivos con respecto a ellos, que encontrarán extraño este punto de vista. No pueden imaginar que pueda haber algo distinto de sus sentimientos que sea su centro más profundo, y por consiguiente, no pueden aceptar su condición estrictamente periférica y objetiva. Por tanto juzgarán que el culto, considerado desde el punto de vista metafísico, no es sincero, puesto que no pueden creer que un hombre sienta realmente cuando frente a sus sentimientos adopta una actitud objetiva y metafísica. Por la misma razón, las personas de este tipo son presa fácil de un desbordamiento psicológico cuando penetran en el misticismo o en la metafísica oriental. La mentalidad estrictamente religiosa (exotérica) sospecha necesariamente de las «pretensiones» metafísicas, porque parecen sugerir la existencia de un círculo exclusivo de «elegidos» esotéricos, más allá de la vida y de la disciplina normal de la Iglesia en cuestión. Los que a sí mismos se llaman illuminati han existido con bastante frecuencia dentro de la Iglesia Cristiana (lo mismo que dentro de todas las demás) y se han caracterizado sobre todo por su arrogante orgullo espiritual. Acaso el signo más notorio de ese orgullo sea la misma pretensión de estar libres de él. Pero la esencia de la comprensión metafísica es la de serle absolutamente extraña toda idea de pretender algo. Sencillamente, no se puede decir «yo he comprendido la Suprema Identidad» sin expresar una completa contradicción pues es el Si-mismo y no el ego quien comprende, y el Si no es propiedad de nadie. Debe repetirse de nuevo que mientras el ego existe de alguna manera, debe adorar. La razón, el sentimiento y la sensibilidad deben relacionarse siempre con el Si como con Dios, venerándolo como al algo diferente e infinitamente superior. Jesús, Dios encarnado, iba en soledad al templo a rendir culto, y no simplemente para dar un buen ejemplo a sus discípulos. Hasta los budistas a quienes se supone –erróneamente por otra parte– «impíos» tienen su culto, que de ningún modo se limita a las masas no iniciadas y exotéricas. La persona para quien la Suprema Identidad excluye el culto como algo innecesario e ilógico es un mero monista, pues la No-dualidad, el infinito, el Si-mismo, es lo que es precisamente porque puede aceptar e incluir la dualidad. En definitiva la supuesta incompatibilidad de jñana y bhakti o, en lenguaje occidental, de gnosis y fe no es más que una incomprensión de aquellos que no han profundizado ni en la una ni en la otra. En palabras de Frithjof Schuon: «Resulta que tanto la fe como la inteligencia pueden concebirse cada una en dos niveles diferentes: la fe como certidumbre cuasi ontológica y premental es superior a la inteligencia como pensamiento discerniente y especulativo; pero la inteligencia como pura intelección es superior a la fe como simple adhesión sentimental; de esta ambivalencia derivan numerosos malentendidos (...) Esta fe superior (en cuanto a certidumbre cuasi ontológica y premental) es algo totalmente distinto de la indulgencia irresponsable y arrogante de los improvisadores profanos de "Zen" o de "Jñana", que quieren quemar etapas privándose del contexto humano esencial de toda realización, mientras que en Oriente, y en las condiciones normales de ambiente ético y litúrgico, este contexto viene ampliamente dado de antemano. A la casa del rey no se entra por la puerta de servicio» B.- LA BEATITUD POR LA BHAKTI El hombre puede alcanzar la dicha suprema por la acción sacrificial (karma); puede hacerlo por el conocimiento (jñana); y puede hacerlo también por el dominio de la energía. Pero hablemos de una tercera posibilidad contemplada por la tradición: la bhakti, cuyo resultado directo es precisamente esa beatitud incomparable. Si bien podemos sin tergiversar, traducir jñana por «conocimiento» -una vez entendido que no se trata de un conocimiento empírico sino metafísico- tenemos dudas en traducir bhakti por el termino ambivalente de «amor», o más todavía por el insípido y algo lacrimoso de «devoción». La gran bhakti presenta un carácter menos pasivo, menos sentimental, más metódico también que lo que se entiende generalmente en occidente como «misticismo». La vía de la bhakti requiere como las otras vías ortodoxas, la presencia y el control de un maestro. No es más que en sus variedades recientes y populares que se ha podido volver insípida y desviar en religiosidad un poco endulcorada, llegando incluso a hacer creer a los Occidentales mal informados que el hinduismo todo él, se reducía a eso. «Participación» es el sentido primero de la palabra bhakti, cuya raíz bhaj expresa también las ideas de veneración, de adoración, de unión incondicional con una potencia superior. Todos estos sentimientos no pueden focalizarse más que en una divinidad única, personal, elegida o que ha elegido a su bhakta (jugando la gracia un papel esencial en esta vía). La afectividad humana, en efecto, no podría ponerse más que en una forma y no en un absoluto impersonal como Brahman o el Tao. Se puede concebir un principio pero no se le puede amar. Krishna, Shiva o cualquier otro aspecto de la divinidad, fascinan, inflaman y consumen el corazón del adorante, hasta la absorción suprema, la «inmersión en el océano de beatitud»; caso ciertamente raro puesto que, lo mismo que nuestros místicos cristianos, la mayor parte de los bhakta hindúes prefieren permanecer en una relación dual con su Señor para, de alguna manera, intensificar mejor su gozo. Este se nutre de la ilusión voluntaria de estar separado de su Bienamado, de buscarle sin descanso con el deseo insaciable de una amante (todas las almas son femeninas con relación a Dios que es el único Varón). Una muy rica escolástica, se ha desarrollado alrededor de esta vía que, sin embargo, tiene la reputación de ser la más fácil de todas las que ofrece la India, la más accesible al común de los hombres, la más adecuada para esta «Edad de las Sombras». Es esta vía la que, al menos intelectualmente, desorienta menos a un Occidental ya que tiene el equivalente en su propia tradición. Pero en la práctica, y he aquí la dificultad, no se puede amar y adorar más que a las formas divinas recibidas en la infancia y además grabadas profundamente en la estructura sutil de la raza. Es por esto por lo que el Occidental llamado por la bhakti deberá de remitirse a su propia tradición en la que encontrará todos los vehículos devocionales necesarios. Uno se acerca a la bhakti por temperamento y, repitámoslo, por la gracia. Sería una presunción el querer hacer un juicio de valor sobre la bhakti en relación a los otros medios de realización que propone el hinduismo. Si nos atenemos al plano de la dicha o de la beatitud, casi aseguraríamos que ninguna otra vía proporciona una beatitud más embriagante y deliciosa. El río encuentra al Océano, la sal se funde en el mar. ¿Pero donde está el cuerpo en todo esto, donde está el mundo?. A pesar de que se hable a menudo de «erotismo místico» dentro de la bhakti , esta, cuando no elude completamente el cuerpo o el mundo, está lejos de tratarlos con el vigor tántrico. La dicha del bhakta no es exactamente «de este mundo»; es mas bien que el otro mundo ha descendido para él en este. |
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![]() | ![]() | «Habla como un libro abierto», lo cual no es sin embargo una alabanza. Basta con pensar en los conferenciantes que leen el texto... |