Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía






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Técnica y reconfiguración del hombre

Una aproximación a la antropotécnica

Manuel Fernando Dávila Sguerra

Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Filosofía

Maestría en Filosofía

Bogotá, 27 de junio de 2014

Técnica y reconfiguración del hombre

Una aproximación a la antropotécnica

Manuel Fernando Dávila Sguerra

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía

Director: Dr. Luis Fernando Cardona Suárez

Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Filosofía

Maestría en Filosofía

Bogotá, 27 de junio de 2014

Quiero agradecer a la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana por permitir que profesionales de otras carreras, como es mi caso, puedan entrar en su mundo y recibir de sus profesores tanta generosidad y entrega para ponerse a la orden de sus estudiantes. Debo mencionar mi admiración por los jóvenes compañeros de la maestría, casi todos formados en filosofía o en las ciencias sociales, que quieren salir adelante en un momento de sus vidas en que hacerlo consiste en dar un paso anhelado en sus proyectos de vida, aun por construir. Gracias a los profesores de los cursos y seminarios, tanto los de libre escogencia como los de la Maestría: Linda Zuluaga, Carmenza Neira QEPD, Padre Guillermo Zapata S.J., Manuel Lozada, Francisco Sierra, Alirio Vergara, Luis Cifuentes, Guillermo Hoyos QEPD, Angela Calvo, Juan Pablo Garavito y Fernando Cardona. De manera especial le debo un agradecimiento al profesor Fernando Cardona, porque fue un guía permanente desde el momento de comenzar la maestría; por los seminarios que tomé con él y por la dirección de este trabajo de grado, colaboraciones que constituyeron una formación casi personalizada. Debo reconocer en el profesor Cardona su sabiduría y especialmente la nobleza como conduce la relación con sus estudiantes actuando como profesor, amigo y consejero.

A mi familia agradezco la paciencia y el respeto por permitir manejar mi tiempo en tantas lecturas, preparación de relatorías y protocolos de los diferentes seminarios. De mi esposa María Fernanda aprecié como compartió conmigo sus estudios relacionados con Sigmund Freud y la visión del psicoanálisis vincular que mezclados con los planteamientos filosóficos enriquecieron mi trabajo, además de todo su apoyo moral para que mi dedicación a los estudios fuera posible. A mi hijo Rodrigo por mostrarme como la arquitectura y la fotografía están relacionadas con la visión del hombre, convirtiéndose, hablando fenomenológicamente, en un ejemplo de la cuaternidad en donde se muestra la tierra, que soporta las construcciones, el cielo con sus astros, la divinidad, la naturaleza en su fase del día y de la noche, los vivos que habitan y los muertos que son los mismos vivos en su finitud. De él rescaté el concepto de la educación hidropónica que nace de sus críticas al sistema educativo. A mi hija María Elisa, que en su preocupación por la igualdad y su deseo de aplanar los estratos de la sociedad me permitió, gracias a nuestras conversaciones y diferencias, reformular las inquietudes sobre la reconfiguración de nuestra existencia. Las diferencias son la sabía que hacen permanecer viva la filosofía. Ella no sabe el aporte que fueron sus ideas a mis trabajos dentro de la Maestría. A todos ellos gracias.

“¿Por qué habrá desaparecido el placer de la lentitud? Ay, ¿dónde están los paseantes de antaño? ¿Dónde estarán esos héroes holgazanes de las canciones populares, esos vagabundos que vagan de molino en molino y duermen en el raso? ¿Habrán desaparecido con los caminos rurales, los prados y los claros, junto con la naturaleza? Un proverbio checo define la dulce ociosidad mediante una metáfora: contemplar las ventanas de Dios. Los que contemplan las ventanas de Dios no se aburren; son felices. En nuestro mundo, la ociosidad se ha convertido en desocupación, lo cual es muy distinto: el desocupado está frustrado, se aburre, busca constantemente el movimiento que le falta [...] La velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre” (Kundera).

Tabla de contenido

Introducción 1

1. La consideración antropológica de la técnica 9

1.1 El juego de múltiples miradas 9

1.2 La intervención técnica de la naturaleza 14

1.3 La tensión entre lo natural y lo artificial 24

2. La pregunta por la técnica 31

2.1 El sentido de la pregunta por la técnica 31

2.2 La esencia de la técnica y los peligros de su no comprensión 40

2.3 El camino de la pregunta por la esencia de la técnica 48

2.4 El surgimiento de nuevos peligros 55

3. La reconfiguración moderna del hombre 60

3.1 La búsqueda de un sosiego 61

3.2 Los excesos del mundo ilustrado 70

3.3 Un actor detrás de bambalinas 76

3.4 Hidroponía humana 81

3.5 El ascenso continuo a las cumbres 89

3.6 La inmunología del escudo protector 93

Conclusiones 108

Bibliografía 119

Introducción

Los cursos impartidos por Heidegger en el semestre de invierno entre 1951 y 1952 en la Universidad de Friburgo en Brisgovia fueron titulados ¿Qué significa pensar? En ellos Heidegger se muestra pesimista sobre si en realidad pensamos o, si por lo menos, estamos dispuestos a hacerlo. Dice que no basta con que el hombre tenga la posibilidad de pensar, ya que eso solo es una eventualidad que se llevará a cabo, usando sus palabras, solo si algo nos interpela:

Lo cierto es que solo somos capaces de aquello que apetecemos. Y, en verdad, apetecemos solamente lo que, por su parte, nos anhela a nosotros mismos y nos anhela en nuestra esencia, en cuanto se adjudica a nuestra esencia como lo que nos mantiene en ella [...]. Solo si apetecemos lo que en si merece pensarse, somos capaces de pensamiento (2008, 15).

Deliberadamente no hemos utilizado la palabra interesante, que es la primera que se nos ocurre para definir aquello que nos apetece, pues el mismo Heidegger considera que la popularización de ese sentimiento, ha convertido dicha palabra en un término del lenguaje que ha perdido su sentido. Hoy en día, dice Heidegger, no hay nada en que el hombre no exprese interés1. De esta manera, Heidegger, comienza a recorrer un camino en sus lecciones no para hacer definiciones de lo que significa pensar, sino más bien para hacer claridad en que no sabemos pensar y que debemos aprender a hacerlo.

Tomando estas ideas iniciales, y utilizando el lenguaje de Heidegger, hemos decidido introducirnos en un tema que nos apetece para tratar de desarrollarlo en este proyecto de grado. Entonces es el momento de preguntarnos; ¿Qué es lo que nos atrae y por qué nos preocupamos de eso? Los Ingenieros, matemáticos, físicos, científicos y técnicos somos creadores de tecnologías, métodos y procedimientos que sirven a unos propósitos cuyos resultados, representados en productos tecnificados, se le entregan a la sociedad para su beneficio y para tratar que los seres humanos mejoren sus niveles de vida. Todos conocemos la gran influencia que tiene la técnica en la vida del hombre y cómo contribuye a crear un modus vivendi dentro de la sociedad en que estamos inmersos. A medida que la técnica tiene auge dentro de la nueva cultura se corre empero el peligro que los objetivos primigenios se transformen poniendo en riesgo la manera como se configuran los hombres alrededor de ella. No es ningún secreto que hoy en día nuestra sociedad está influenciada por nuevas tecnologías de las telecomunicaciones. La globalización, la ubicuidad2 y la velocidad con que se debe responder a todo lo que nos ocurre ocupan nuestro tiempo como simples articuladores de la información, restringiéndonos el tiempo para pensar. Los avances de las telecomunicaciones crean una cercanía entre nosotros que afecta la vida de las personas en su vida cotidiana. Mientras tanto, los hombres, deben cumplir a la sociedad, y a ellos mismos, como seres humanos. Los cambios que estas nuevas tecnologías trajeron son de tal magnitud que se está requiriendo la formulación de una nueva ética y una nueva cultura con el peso de un proceso histórico cuya transformación determina su evolución o su decadencia. Dentro de la evolución de la nueva sociedad es necesario que los técnicos, casi siempre más motivados por la ciencia, las matemáticas, la física y la técnica, sean llamados a ocuparse más por el ser humano como centro de la vida, para que su reflexión acoja una verdadera dimensión ética.

Todo esto nos ha motivado a hacer este proyecto para observar cómo es que nos estamos reconfigurando en la actualidad recurriendo a algunos pensadores para que, con su ayuda, recorramos el camino. En los estudio de la maestría en filosofía hemos confirmado que los filósofos entienden el papel que juega la técnica en la vida del hombre y que, además, aceptan que siempre estará presente en las actividades del ser humano. Por eso, se ocupan de ella, bien sea aceptándola, rechazándola, poniéndola en duda pero, ante todo, pensándola y buscando vislumbrar su esencia. Aunque las épocas de la antigüedad no son comparables en muchos aspectos con las épocas que nos atañen, y tampoco son tan lejanas como se nos presentan3, es frecuente recurrir a los antiguos griegos que han sido el fundamento de muchas de las ideas que prevalecen en la modernidad. Por esto, nos permitimos traer al escenario un concepto relacionado con el instrumento, pero en este caso, el instrumento humano que para los antiguos griegos era el esclavo. El esclavo era “un instrumento animado, y el instrumento un esclavo inanimado” (Ética Nicomáquea, XI, 161b1-5, en español 344). El término instrumento muestra al esclavo como una herramienta, como una extensión del cuerpo del amo, dispuesto para obedecer sus órdenes. Partiendo de esta apreciación, es más digno considerar que la extensión del cuerpo del hombre sean los instrumentos, las herramientas y las máquinas, que se diseñan usando la técnica, a que sean otros hombres quienes cumplan dicha tarea. En este sentido, podemos pues considerar un factor que la modernidad añade al concepto de cuerpo y que lo convierte en el centro de cuidado de los hombres. A saber, se trata del cuerpo nuevo y de la fabricación de hombres, como lo diría en el despliegue de la modernidad Comenio. Según Robert Redecker, este nuevo cuerpo “invade nuestras pantallas y nuestras calles [...], su divisa no se debe buscar en la estatuaria política sino en la publicidad, sus afiches, sus anuncios sus imperativos [...], es un cuerpo que se convirtió en ego [...]. Yo soy mi cuerpo (2014, 19-20). Como vemos, en esta nueva concepción del cuerpo también está presenta la técnica como un elemento que transforma la naturaleza humana:

Es importante tomar en serio el impacto de las nuevas tecnologías sobre la constitución de lo humano, tanto tecnologías mediáticas como tecnologías de la información. A lo largo de la historia, el ser humano ha sido el producto de los grandes dispositivos sociales que lo fabrican. Por ejemplo, la Iglesia católica y el Estado implementaron dispositivos semejantes, máquinas institucionales para fabricar hombres [...] El desarrollo de estas tecnologías es, a partir de los años 1960, históricamente tan importante como el descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Si el descubrimiento de este nuevo continente estuvo en el origen de otras formas de humanidad provocando por reflejo la pregunta “¿Qué es el hombre?”, el desarrollo exponencial de las tecnologías nos confronta a nuevas maneras del ser humano, volviendo a su vez a lanzar el interrogante sobre nuestra naturaleza (Redecker, 2014, 56).

Lo que queda en duda es si la sola visión de la técnica como medio es suficiente para la tarea que nos preocupa. Se hace más urgente hacer claridad de lo que significa la dependencia de los instrumentos debido a que ahora estos se pueden manipular de manera remota usando tecnologías, que son invisibles para los legos, motivados por ideas que involucran intereses humanos. Por ejemplo, el concepto llamado El Internet de las cosas4 hace aún más peligrosas las circunstancias por la proliferación irremediable de entidades conectadas a la red, incluidas dentro de ellas las ideas que también viajan, representadas en números binarios, por la red creando hechos de enorme trascendencia política, religiosa y ética. No es entonces extraño pensar que el ser humano de hoy se está reconfigurando de una manera muy propia y, por lo tanto, es legítima la pregunta: ¿La técnica debe considerarse como algo que va más allá que un medio para lograr fines? Esto nos conduce a pensar la antropología y metafísica que subyacen a la técnica, para ir más allá de lo simplemente objetual. Este es el problema que examinamos en los dos primeros capítulos del presente trabajo.

Dado que por detrás de la transformación técnica está el ser humano, al que Jünger lo asocia, metafísicamente hablando, con la figura del trabajador, queremos ahora retomar algunas metáforas utilizadas en su ensayo El trabajador. Dominio y figura. Jünger busca la manera de explicar la idea de dicha figura de la cual, en un intento de rescatarla entre la muchedumbre y tratando de perfilarla, afirma:

Detrás de la muchedumbre de las contiendas se esconde el perfil de una figura naciente [...] que no es posible describir en el sentido habitual. Nuestra mirada queda aquende el prisma que refracta en luces multicolores el rayo de color. Nosotros vemos, sí, las limaduras, pero lo que no vemos es el campo magnético que determina con su realidad hombres nuevos y con ellos cambia el escenario, como movido por una mágica dirección escénica (Jünger, 1993, 82-85. La cursiva es nuestra).

Complementemos esta metáfora con la idea de Jünger de salirse del plano horizontal en que vivimos, del cual somos parte de aquello que estamos observando, y subir a las alturas para poder observar el todo, como si lo viéramos desde la luna. En El trabajador Jünger propone subir a estas alturas para ver las ciudades en donde se aglutinan hoy los seres humanos y dice:

Imaginémonos ahora esa ciudad vista desde una distancia más grande que la que hasta el momento logramos alcanzar con nuestros medios – imaginémosla tal como aparecería, por ejemplo si se le viese con un telescopio desde la superficie de la Luna. Desde tales distancias se desvanece, y queda reducida a unidad la diversidad de los objetivos y de los fines. La participación del observador se torna en cierto modo más fría y más ardiente a la vez, pero, en todo caso, es diferente de la relación que la persona singular que está allá abajo mantiene, en cuanto parte, con el todo (1993, 67).

Estas metáforas vienen bien para usarlas y así explicar más las preocupaciones que nos motivan a emprender este proyecto. Al querer mirar al mundo desde la Luna, Ernst Jünger sugiere una manera de desinvolucrarse de lo que somos para mirar justamente lo que somos. Es decir, propone en términos de Blumenberg implementar un cierto arte de la distancia. Desde esta plataforma de observación los hombres se nos presentan, fotográficamente hablando, como pequeñas limaduras o virutas de acero puestas sobre un papel en blanco y esparcidas de tal manera que no es evidente conocer cuál es la lógica de dicha orientación. Si pusiéramos un imán de herradura debajo del papel, las pequeñas limaduras o virutas se moverían y tomarían unas direcciones regidas por unas leyes que James Clarck Maxwell (1831-1879) que se explican con las fórmulas del electromagnetismo. De cierta manera lo que queremos hacer en este trabajo es intentar descubrir cómo están constituidas esas fuerzas, no ya en un caso de electromagnetismo, sino de la configuración social y bajo los postulados de la filosofía.

El ser humano se mueve, aparentemente, con libertad e independencia, pero la realidad es que hay fuerzas que, como las del imán del ejemplo, lo direccionan y lo configuran para seguir un rumbo en donde la inautenticidad o la autenticidad heideggeriana son o una escogencia involuntaria o el resultado de una reacción, de una lucha por no dejarse direccionar sin su propio consentimiento. Esas fuerzas están representadas por la cultura, las normas y las desviaciones que sufre la sociedad, cuando determinan qué es lo correcto y lo incorrecto.

Históricamente, las épocas se configuran de manera diferente pero no como generación espontánea. Su reconstitución es parte de un proceso que, en algunos casos, es la continuación de lo anterior y, en otras, obedece al rompimiento con lo anteriormente establecido. Allí está la técnica en manos de los seres humanos para ser utilizada, a veces dejándola que conserve su esencia, pero la mayoría de las veces transformada por intereses ocultos.

El trabajo lo hemos organizado en tres capítulos. En el primero hemos considerado necesario estudiar múltiples miradas sobre la técnica para buscar un panorama en el que tanto las divergencias como las coincidencias nos permitan obtener una mejor idea sobre qué es propiamente la técnica; para ello, no le hemos querido reducir a un simple medio o una mera producción antropológica. Queremos entonces señalar su dimensión metafísica. En esto, los Ingenieros, como ejecutores de procesos técnicos, tienen responsabilidades de orden social siendo el objetivo central el respeto por la dignidad humana y por la idiosincrasia de los territorios en donde se llevan a cabo sus intervenciones. Se corre el peligro que estas sean indebidas por primar los intereses del mercado por encima de los sociales. Y es por eso que algunos pensadores, casi todos filósofos, resaltan la importancia de que exista una relación entre naturaleza, hombre y sociedad para evitar la presencia “diabólica” que algunos de ellos ven en la técnica y en el reinado de las máquinas. Otros, piden escuchar a los técnicos para que el discurso tenga la amplitud necesaria y no un único punto de vista. En los dos primeros capítulos se aborda también la relación de la técnica y del hombre con la naturaleza, ante las preocupaciones de la destrucción del medio ambiente por la necesidad impuesta de cumplir lo que pida el mercado y el mundo financiero.

Se abordaron los planteamientos de Heidegger relacionados con el emplazamiento de la verdad, la instantaneidad y la excitación de los hombres ante los juguetes tecnológicos que intervienen en todas las actividades de la vida sin pensar que los mismos hombres se pueden volver juguetes de la técnica como resultado del desconocimiento de su esencia. La presencia de la naturaleza y la lucha entre ella y el hombre por ganar el puesto del amo es otro factor que aparece por el ansia de poder que es parte de la naturaleza humana, así como la idea de creerse el inventor de las cosas, cuando la naturaleza nos las muestra en su estado primigenio sin ninguna prepotencia. Pero al mismo tiempo, ella es agresiva con los hombres cuando irrumpe con fenómenos naturales inmanejables por el propio hombre.

Partiendo de la idea heideggeriana de la deconstrucción de la metafísica, queremos señalar el peligro que implica el desconocimiento de la esencia de la técnica. Este asunto es abordado en el segundo capítulo del presente trabajo. El análisis que hace Ian Thomson de la deconstrucción heideggeriana de la metafísica nos permite comprender el qué y el para qué que atraviesa a la técnica como evento característico de la modernidad, es decir, la ontoteología de la técnica. Esta deconstrucción nos llevó a trabajar en las implicaciones de la conversión del hombre en objeto, a las consecuencias del eterno retorno, a la voluntad de poder que plantea Nietzsche y al nihilismo como elementos configuradores debido a la pérdida de los valores tradicionales.

Como anexo a la comprensión de estos planteamientos, hemos incluido dos mapas conceptuales, uno de ellos sobre el concepto de organismo de Heidegger y su diferencia con las máquinas y otro sobre la voluntad de poder de Nietzsche. Tanto Nietzsche como Heidegger, se adelantaron a su tiempo y predijeron el empaquetamiento del hombre, la aparición de metodologías formadoras que iban a contribuir en el nublamiento del entorno configurador y, por lo tanto, evitar que el hombre percibiera que él mismo es emplazado, como lo es la naturaleza, lo que no lo hace dueño de su devenir. La capacidad de ensimismamiento y la posesión de una vida interior se analizó desde varios puntos de vista, porque no queda duda que el ser humano habita en varios mundos: uno en el que tiene que vivir y otro que reside en su interior. Todo esto rodeado de la técnica convirtiéndose en dios prótesis, como lo plantea Freud, y dedicar así su vida al cumplimiento de tareas, como lo dice Ricoeur y Jünger, de tal manera que la convivencia con los demás se convierte solo en contactos, desapareciendo el concepto de prójimo, según el profesor Luiggi Zoja. El encuentro con Theodoro Adorno y Horkheimer en su Crítica a la Ilustración nos dio otro marco de referencia muy importante para observar como los postulados de la Ilustración sufrieron transformaciones a tal punto que lo conceptual de la vida perdió terreno al lado de la exactitud y el fetichismo. El temor de enfrentar lo desconocido incitó al hombre a modelarse para predeterminar su comportamiento según unos cánones que no permiten escaparse de las normas impuestas por el Estado. Otro fenómeno de la modernidad, que se constituye en un actor que configura a los seres humanos es la propaganda y los medios, a los que le dedicamos un esfuerzo de análisis, pues se comportan como seres amenazantes que incitan a la inautenticidad, educando a las masas de tal manera que somos espectadores de la conversión del hombre singular en público informe regulando en él hasta la manera de divertirse y el momento en que debe reír a carcajadas.

En el capítulo tres del presente trabajo abordamos la formulación de Sloterdijk de la transformación de la técnica como antropotécnica, cuya complejidad tratamos de deshilvanar de la manera más fina posible para construir un palco de honor que nos permitiera observar al sujeto actuando, no como un creyente sino como un ejercitante, que no dirige ahora sus plegarias a Dios sino a sí mismo, convirtiendo su cuerpo en un objeto y a él mismo como autor de su propia biografía o curriculum vitae, que sirva como libreto para presentarse competitivo ante la sociedad y el mercado. La vida se convierte, según Sloterdijk, en un monte de la improbabilidad al cual hay que ascender sin detenerse en las planicies que interrumpen el crecimiento; se debe ser virtuoso para ser alguien. La sutil comparación entre los seres incapacitados que se superan versus el artista del hambre de Kafka y el hombre común plantean el desequilibrio entre estas clases de hombres pero que, al mismo tiempo, hace notar las diferencias de sus potencialidades que se presentan inversamente proporcionales a los dones con que la naturaleza inicialmente los dotó. El hombre, al someterse a la ascesis desespiritualizada, como denomina Sloterdijk al trainning, al ejercicio, al fitness, se equipara con los deportistas entregados a sus entrenadores. Esta figura es la entrada para analizar los procesos educativos transformando al educador en entrenador, al alumno en ejercitante y a las metodologías como medios. Sloterdijk ha sido un gran aportante para las conclusiones de nuestro trabajo que con algunos aportes propios y al conocimiento de las nuevas tecnologías, nos ayudaron a vislumbrar la reconfiguración del ser humano en la actualidad. Esta procede, en algunos casos, de manera consciente, pero la mayoría de las veces sucede inconscientemente, pues los movimientos de las limaduras son provocados por el imán que obra debajo del papel, como ocurre en el ejemplo que hemos tomado de Jünger. La irrupción de las nuevas tecnologías, que han impactado hoy casi todos los aspectos de la vida humana, incluyendo la medicina y la biotecnología, se produjo sin previo aviso. Miremos cómo sucedieron las cosas. En 1970 el profesor Vinton Cerf (1943) se encontraba trabajando en la Universidad de Stanford en un proyecto para crear un software que permitiera que los computadores se comunicaran entre sí a través de diálogos informáticos para agilizar las decisiones en torno a la seguridad nacional. A este tipo de software se le llama un protocolo de comunicaciones y se codificó con el nombre de IPV4. Cuando el profesor Cerf había logrado que las máquinas hablaran entre sí, compartió el software con otras universidades para fortalecer y agilizar la búsqueda de resultados, pero más tarde se dio cuenta que el uso del protocolo había pasado a manos del público en general sin haber sido aún aprobado su uso público de manera explícito. Así la gente comenzó a comunicarse entre sí mientras los técnicos desarrollaban más funcionalidades. A este protocolo se le llamó más tarde Internet5.

De ahí en adelante las nuevas tecnologías fueron apropiadas por las personas, lo que hace que ellas mismas hayan sido los verdaderos cómplices de la penetración de este protocolo en la vida del hombre, llegando incluso, como ocurre hoy con el llamado popularmente Internet, a determinar la vida humana en su conjunto. Pero este salto hacia una nueva sociedad no es un camino hacia la autenticidad, pues pensamos que esta irrupción de la técnica simplemente fue un salto inconsciente de un statu quo a otro. Este nuevo mundo, al que nos transportó la tecnología, obliga a la reformulación de una nueva ética, unas nuevas normas de comportamiento que hagan prevalecer lo humano ante lo mecánico. El riesgo que se corre lo fuimos descubriendo en este proyecto puesto que no solo atañe a lo personal, sino también a lo político, lo religioso, lo moral, al ejercicio del poder y al fortalecimiento de un imperialismo entendido como la ejercitación del control de grandes masas en el universo. Esto va aún más allá del capitalismo rampante y de la aceleración de su globalización. Así como Heidegger llega a considerar que si bien la técnica no es la metafísica, pero la esencia de la técnica es la esencia de la metafísica, nos atrevemos a decir también que, debido a las circunstancias actuales en las que el ser humano se configura antropotécnicamente y está siendo abrumado por las nuevas tecnologías, la técnica no es la ética, pero en la esencia de la técnica y, por tanto, en el desocultamiento de la verdad, se mueve efectivamente la esencia de la ética y con ello se vislumbra la posibilidad de encarar también la esencia del hombre.
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