1. Contexto histórico, socio-cultural y filosófico. Biografía. Obra






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El amor (la ascensión hacia la belleza)

Eros, el amor, es un daimon, un ser intermedio entre dioses y hombres. Por su genealogía, Eros se halla en una situación parecida a la que tiene el hombre respecto al conocimiento, situado entre la ignorancia y la sabiduría.

De la misma manera que sólo ansía saber aquél que no es absolutamente ignorante (y por lo tanto no sabe de qué carece) ni absolutamente sabio (pues ya no tendría necesidad de saber nada más), el amor es aspiración al saber y apetito de belleza.

Hijo de la pobreza y de la riqueza, el amor es un impulso hacia aquello que le falta: es pobreza de todo lo bueno y bello que existe, y por ello impulso hacia aquello de lo que se carece.

¿Por qué Eros es amor a la belleza? Para un griego como Platón, lo bello no es "lo bonito". No es este un asunto meramente estético. La belleza es el resplandor de la idea en la cosa. Es «presencia», aparecer de la presencia misma de la idea en la cosa misma (mero reflejo de una idea). Esto es, precisamente, lo que la hace bella "estéticamente". Las cosas son bellas porque nos transportan fuera de lo inmediato y material, a través de ese resplandor de la idea en lo material. Por eso, Eros implica una ascensión desde las cosas materiales hasta las ideas mismas. Las cosas hacen de peldaños, de escalones hasta las ideas, ya que reflejan a las ideas mismas y nos permiten su contemplación y desocultación, mostrándonos la diferencia misma entre el mundo material y el mundo inteligible.

El amor une el mundo divino y el humano; comunica el "espacio", el vacío que media entre el mundo sensible y el inteligible, de tal manera que todo queda ligado.

En este sentido es un ser intermedio de la misma manera que lo es el alma: aquello que media entre el mundo inteligible y el mundo sensible. El alma comunica a los seres humanos con la región divina de las ideas. Con sus idas y venidas, lo eidético se hace visible a los ojos del alma. El amor (eros) platónico es también un proceso ascendente, una especie de dialéctica emocional. Platón le dedica dos bellos diálogos: Banquete y Fedro. Un fragmento del Banquete hace ver que si en la dialéctica la ascensión parece realizarse sólo de las Ideas inferiores hasta la Idea suprema, en el amor se trata de una ascensión desde las cosas hasta la Idea suprema (la Belleza o el Bien), sin que se hable de un tránsito a través de Ideas “intermedias”. En el amor, son las cosas la que sirven de “escalones” hasta la Idea, por el hecho de que participan según grados de la Idea.

El Fedro representa en un contexto mítico al alma como un carro alado. El alma que ha caído al mundo físico, ha olvidado todo y ha perdido sus alas; pero “viendo la hermosura de este mundo, y acordándose de la verdad, toma alas, y una vez alada, desea emprender el vuelo”. Nada tiene de extraño, entonces, que Platón diga que “el amor es filósofo”, o bien, que “es justo que sólo eche alas la mente del filósofo”. La razón de este amor por las Ideas es la afinidad del alma con las ideas.

Anexo I:

RELACIÓN DE LA FILOSOFÍA DE PLATÓN CON OTROS AUTORES

0. Introducción

El pensamiento platónico está presente de un modo u otro en todo el pensamiento occidental5. Señalar la importante influencia ejercida en numerosos filósofos posteriores escapa en este momento a nuestras posibilidades, por lo que vamos a centrarnos en la relación de la posición filosófica de nuestro autor, con la mantenida por su discípulo Aristóteles.

Aristóteles nació en el 384 a.n.e. en Estagira, hijo de un médico del rey de macedonia. A los 16 años fue a Atenas. Estudió en la Academia de Platón y recibió la influencia del maestro. Muerto Platón, Aristóteles viajó a Assos y a Mitilene, donde empezó a desarrollar puntos de vista independientes de los de su maestro. Posteriormente creó su propia escuela, el Liceo, en Atenas, que ejerció una enorme influencia en el desarrollo de la filosofía posterior y, de modo especial, en el desarrollo de la filosofía escolástica a lo largo de la Edad Media. En el 324 fue invitado por Filipo de Macedonia para encargarse de la educación de su hijo Alejandro (el futuro Alejandro Magno).

1. Física y Metafísica

Aristóteles afirma que el único mundo real es éste en el que vivimos, el mundo de lo material y sensible constituido por una pluralidad de seres o sustancias. Con esta afirmación se separa del dualismo platónico e intenta dar solución al problema de la unidad y multiplicidad de los seres del mundo.

El estagirita ha sido llamado, no en vano, “el continuador de la Teoría de las Ideas”, pero como pensador genial que fue, abordó los temas de su maestro desde nuevas perspectivas, alejándose de él en algunos aspectos y perfeccionándolo en otros.

“Sócrates no otorgaba una existencia separada ni a los universales ni a las definiciones. Pero los filósofos que vinieron después los separaron y dieron a esta clase de realidades el nombre de “Ideas”. Y de este modo llegaron a admitir como Ideas todo lo que se afirma universalmente” Aristóteles. Metafísica

“Han sido nuestros amigos los que han creado la Teoría de la Ideas. Pero hay que seguir el parecer de que para salvar la verdad es preciso sacrificar nuestras preferencias tanto más cuanto que también nosotros somos filósofos. Se puede amar a los amigos y a la verdad; pero lo más honesto es dar preferencia a la verdad” Aristóteles. Ética a Nicómaco.

Platón, como hemos visto, explicaba la realidad y sus principios aludiendo a las Ideas. Aristóteles insatisfecho con esta concepción, centra la mirada en el mundo de los fenómenos.

A partir de los sofistas la physis había quedado relegada como centro de atención de la filosofía. Con Platón se va aún más lejos, y la naturaleza (el mundo sensible) no sólo es relegada como objeto de conocimiento, sino que la hace ocupar un segundo plano en la realidad, por debajo del mundo de las ideas, en las que radica el ser, la realidad plena.

Para Platón, las Ideas o Formas son realidades que subsisten independientes del mundo físico. Esta separación entre lo inteligible y lo sensible presenta graves dificultades cuando se pretende explicar la relación entres los dos mundos: en cuanto se dice que los objetos físicos participan de las ideas, éstas parecen ser inmanentes al mundo sensible; pero, por otra parte, las Ideas deben ser transcendentes en cuanto se afirma que los objetos físicos son una mera imitación de las Ideas.

Es el carácter separado de las esencias, lo que Aristóteles no puede admitir. Sus críticas se centran en este punto. Veamos algunas de ellas:

  • Intentando explicar este mundo, Platón lo duplica (postula otro mundo, el de las Ideas) con lo cual las dificultades se duplican también: ahora hay que explicar dos mundos.

  • Además, el Mundo de las Ideas no permite explicar nada sobre el mundo de la physis. Si las esencias de las cosas están separadas de las cosas mismas, es que no son propiamente sus esencias. “Si fueran las esencias de las cosas estarían en las cosas”. Es cierto que Platón afirmó que las cosas participan de las Ideas. Pero según Aristóteles “Decir que las Ideas son paradigmas o modelos y que las cosas participan de ellas no es sino pronunciar palabras vacías y construir metáforas poéticas”.

  • Tampoco permiten las Ideas explicar el origen y el devenir o cambio de las cosas.

  • Podríamos decir como conclusión, que la crítica de Aristóteles se resume en esta frase: no es posible que las esencias de las cosas existan separadas de las cosas. No rechaza en su totalidad la teoría de las Ideas, sino su existencia separada. Aristóteles permanecerá pues fiel en lo fundamental a la herencia socrática y platónica: la ciencia versa sobre lo general y lo universal, es una búsqueda de la esencia común que se encuentra en las cosas mismas y no separadas de ellas.

Aristóteles para explicar la naturaleza (“aquello que tiene en sí mismo el principio del movimiento”), plantea que el principio de las cosas está no en otro mundo, sino integrado en las cosas mismas. Buscará una articulación real y no metafórica entre lo sensible y lo inteligible, entre lo concreto y lo universal.

La realidad de la que debemos partir es, según Aristóteles, la de las cosas concretas (sustancias o sustancias primeras) que nos rodean y que percibimos por los sentidos. Éste es el realismo aristotélico, en contraposición al idealismo platónico para el que las Ideas eran lo verdaderamente real. Las sustancias son un compuesto de materia prima y forma sustancial. La forma sustancial es llamada también por Aristóteles sustancias segundas. La forma sustancial o sustancia segunda son las esencias universales, pero éstas se hallan en las cosas mismas y no en un mundo aparte al estilo platónico.

Hay pues, según el estagirita, dos tipos de substancias:

  • substancias primeras: el individuo concreto: Andrónico, este árbol, aquel caballo…

  • substancia segunda o forma substancial: hombre, árbol... La substancia segunda es algo real, pero no separadamente de la substancia primera, sino sólo en ella. La Ciencia versa sobre la substancia segunda, porque la ciencia es conocimiento de lo universal, no de lo particular. Es fácil ver como estas formas sustanciales se convierten en el correlato de las Ideas platónicas en la filosofía aristotélica.

Aristóteles considera que todo ser (incluido el ser humano) es un compuesto de materia y forma. Ésta es la llamada Teoría Hilemórfica.

El hilemorfismo es la teoría filosófica ideada por Aristóteles y seguida por la mayoría de los filósofos escolásticos, según la cual todo cuerpo se halla constituido por dos principios esenciales, que son la materia (hile) y la forma (morfé). La materia prima o primera aristotélica es aquello que carece de forma. En el mundo material, la materia no puede darse sin forma y la forma no puede darse sin materia.

La forma, o forma substancial, la hemos visto arriba.

Respecto a la materia, distingue entre:

  • Materia primera: absolutamente indeterminada, carente de forma,

  • Material próxima: no es pura material, posee ya alguna forma determinada, es bronce, o huesos, o madera...

Como hemos visto, frente a la concepción platónica, Aristóteles sostiene que el ser de las cosas, su esencia, no está en las Ideas, en un mundo trascendente, sino en este mundo, en el mundo físico, sensible; y el ser por excelencia, la auténtica realidad, es concebido como la sustancia, que se va a convertir en clave de su filosofía.

El movimiento

La naturaleza del mundo sublunar6 es móvil, cambiante. Aristóteles intenta explicar el movimiento superando la polémica entre los seguidores de Heráclito y de Parménides.

El movimiento, afirma, no es un ser o ente, sino una cualidad de la sustancia, que adopta diversos estados: potencia (dínamis) y acto. El movimiento es el paso de uno a otro, es decir el paso de la potencia al acto. Según Aristóteles, todo está en acto respecto de algo y en potencia respecto de algo. Por ejemplo, una semilla de pino está en acto de ser semilla de pino, pero en potencia para ser pino y además no está ni en potencia ni en acto de ser castaño, o alcornoque; este tercer aspecto es la privación.

En resumen, el movimiento es el paso de la potencia al acto; un ser se mueve cuando cambia al pasar de la potencia en acto. Cuando la semilla comienza a enraizar y crecer, empieza a cambiar y sigue cambiando hasta que se convierte en un esbelto pino (y ya es un pino en acto).

2. Epistemología

Platón entiende (siguiendo a Sócrates) que hay conocimiento si es conocimiento de lo universal. A partir de ahí establece una distinción entre conocimiento sensible (que es conocimiento de lo particular, y por tanto un conocimiento de segundo orden que no es propiamente conocimiento) y conocimiento inteligible (que es conocimiento de lo universal y por lo tanto conocimiento pleno). Aristóteles añadirá que el conocimiento pleno ha de serlo no sólo de lo universal, sino también de lo necesario.

Al igual que ocurría con Platón tampoco en Aristóteles encontramos una teoría del conocimiento elaborada, aunque sí numerosos pasajes en varias de sus obras (Metafísica, Ética a Nicómaco, Tópicos, por ejemplo). De todos ellos podemos deducir algunas de las características básicas del conocimiento tal como parece haberlo concebido Aristóteles.

Distingue varios niveles o grados de conocimiento:

1. El conocimiento sensible deriva directamente de la sensación y es un tipo de conocimiento inmediato y fugaz, desapareciendo con la sensación que lo ha generado. El conocimiento sensible es propio de los animales inferiores. En los animales superiores, sin embargo, al mezclarse con la memoria sensitiva y con la imaginación puede dar lugar a un tipo de conocimiento más persistente. Ese proceso tiene lugar en el hombre, generando la experiencia como resultado de la actividad de la memoria, una forma de conocimiento que, sin que le permita a los hombres conocer el porqué y la causa de los objetos conocidos, les permite, sin embargo, saber que existen, es decir, la experiencia consiste en el conocimiento de las cosas particulares:

“Ninguna de las acciones sensibles constituye a nuestros ojos el verdadero saber, bien que sean el fundamento del conocimiento de las cosas particulares; pero no nos dicen el porqué de nada; por ejemplo, nos hacen ver que el fuego es caliente, pero sólo que es caliente." ("Metafísica", libro 1,1).

2. Conocimiento intelectual. El nivel más elevado de conocimiento vendría representado por la actividad del entendimiento, que nos permitiría conocer el porqué y la causa de los objetos; este saber ha de surgir necesariamente de la experiencia, pero en la medida en que es capaz de explicar la causa de lo que existe se constituye en el verdadero conocimiento.

Aristóteles comparte con Platón la idea de que el grado más elevado de conocimiento es el conocimiento de las esencias. Ahora bien, a diferencia de éste, como hemos visto arriba, Aristóteles considera que todo conocimiento debe partir de lo sensible. El primer paso en el conocimiento es captar lo particular en las realidades sensibles (conocimiento perceptivo o sensible), pero el entendimiento humano tiene una capacidad abstractiva que hace que sea capaz de elevarse por encima de lo sensible y sensorial y alcanzar el conocimiento de lo universal, de lo esencial (conocimiento intelectual).

Aristóteles, por tanto, piensa que nada puede haber en el entendimiento que no haya pasado antes por los sentidos, pero este conocimiento es muy limitado y para superarlo es preciso recurrir a una facultad superior: el entendimiento.

Aquí Aristóteles introduce la distinción entre entendimiento pasivo y entendimiento activo. El entendimiento pasivo tiene la capacidad (potencialidad) para conocer las formas universales, pero al no estar éstas dadas inmediatamente, necesita de un agente (entendimiento activo) que elabore esos universales y que, inevitablemente, tendrá que ser a partir del conocimiento sensitivo del particular. Gracias a los sentidos externos, al sentido común, a la imaginación y a la memoria este entendimiento puede abstraer o elaborar los conceptos universales, y ya el entendimiento pasivo podrá conocerlos (actualizando así esa capacidad que posee).

Como vemos, Aristóteles, adopta una postura empirista, mientras que Platón era puramente racionalista (recordad: es el alma la que conoce la verdad, los sentidos nos muestran sólo apariencias).

Las diferencias son, pues, considerables con Platón, tanto respecto al valor atribuido al conocimiento sensible, como respecto a la actividad misma del entendimiento que ha de ser necesariamente discursivo, siendo imposible llegar a conocer los universales a no ser mediante la inducción. Además, Aristóteles rechaza explícitamente el innatismo del conocimiento, y nos lo presenta como el resultado de un proceso en el que desempeña un papel fundamental el aprendizaje. Coinciden, sin embargo, en la consideración de que el verdadero conocimiento ha de serlo de lo universal, y no de los objetos singulares.
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