1. Contexto histórico, socio-cultural y filosófico. Biografía. Obra






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título1. Contexto histórico, socio-cultural y filosófico. Biografía. Obra
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participación o imitación. Desde el punto de vista de las Ideas es llamada presencia. O se dice que las Ideas son causa (aitía) de las cosas (no en cuanto que produzcan las cosas, sino en cuanto que son sus esencias: lo que Aristóteles (llamará más tarde “causa formal”), o modelo de ellas. De ahí la pérdida de realidad de las cosas, reducidas a simple reflejo o imitación de las Ideas.

* Las Ideas, por lo demás, están jerarquizadas. El primer rango le corresponde a la Idea de Bien, tal como nos lo presenta Platón en la "República", aunque en otros diálogos ocuparán su lugar lo Uno, (en el Parménides), la Belleza, (en el Banquete), o el Ser, (en el Sofista), que representan el máximo grado de realidad, siendo la causa de todo lo que existe. A continuación vendrían las Ideas de los objetos éticos y estéticos, seguida de las Ideas de los objetos matemáticos y finalmente de las Ideas de las cosas.

* Platón introduce entre los dos mundo dos tipos de intermediarios: el alma y las “cosas matemáticas”.

* Las ideas son el objeto del concepto o pensamiento (noema), y son ellas las que son designadas por medio de la palabra. Las Ideas son también el objeto de la definición y, por tanto de la ciencia. A partir de ese conocimiento es como las cosas se hacen inteligibles y reciben su denominación: por la Belleza, por ejemplo, es por lo que una cosa es bella, puede ser concebida como tal y denominada “bella”.

* Finalmente, la “intención” de la teoría parece ampliarse. La teoría tiene:

1. Una intención política (íntimamente ligada a la intención moral): los gobernantes han de ser filósofos que se guíen no por su ambición política, sino por ideales (las ideas) transcendentes y absolutos (así, en la República)

2. Una intención científica: el objeto de la ciencia (episteme) sólo pueden ser las ideas.



Evolución de la Teoría de las Ideas

Las dificultades a las que conduce la Teoría de las Ideas marcan el tránsito de Platón a su etapa crítica (período de vejez). El diálogo más importante de este período es Parménides, en el que aparece un joven e inseguro Sócrates, defensor de la Teoría de las Ideas, y un viejo Parménides crítico de la misma. Veamos algunas de estas dificultades:

1. Parménides pregunta a Sócrates si la cosa participa de la totalidad de la Idea o sólo de una parte de ella.

Sócrates no acierta a responder ni que la idea está toda en cada cosa (porque es una en el sentido de que es una sola), ni que está parcialmente en cada cosa (porque es una en el sentido de que no es divisible); y responde que la Idea es algo así como la luz del Sol, que, sin estar dividida y sin dejar de ser única, ilumina cada cosa. Parménides, por su parte, manifiesta que la Idea puede ser como un velo tendido sobre la multiplicidad, y así la unidad de la Idea se reparte sin por ello dejar de ser una.

2. Otra dificultad es el llamado “argumento del tercer hombre”: si, por ejemplo, se puede decir que esto es grande, es porque esto participa de la Idea de grandeza. Pero entonces haría falta suponer la existencia de algún otro “grande” que el alma perciba y que asegure la legitimidad de la comparación entre esto grande y la Idea de grandeza, pero esto nos lleva a un proceso ad infinitum.

3. Otra dificultad consiste en saber de qué cosas hay Ideas.

“¿Por qué no admitir también, pregunta Parménides, Ideas de cosas vulgares, como los pelos o el lodo?” Aquí Sócrates-Platón vacila, ya que, siguiendo la noción de participación, si una cosa sólo es en tanto que participa de una Idea, habrá tantas Ideas como clases de cosas; pero entonces el mundo se reduplica y las Ideas se multiplican hasta el vértigo. Y todavía se multiplican más si pensamos que a cada parte o característica de un objeto debe corresponder una Idea.

4. Teoría del conocimiento

4.1 Introducción



Platón no aborda el tema del conocimiento de forma sistemática. Como ocurre con otros aspectos de su pensamiento, plantea el tema en varios de sus diálogos, por lo general en el curso de la discusión de otras cuestiones no estrictamente epistemológicas. En el Teeteto, el objeto la discusión sí es específicamente el conocimiento.

A los planteamientos iniciales de la teoría de la reminiscencia, expuesta en el Menón y en el Fedón, con ocasión de la demostración de la existencia del alma, seguirá la explicación ofrecida en la República (libro VI), donde encontramos la exposición de una nueva teoría -la dialéctica- que será mantenida por Platón como la explicación definitiva del conocimiento.

El problema del conocimiento había sido abordado ya por los filósofos presocráticos. Recordemos la distinción hecha por Parménides entre la vía de la opinión y la vía de la verdad.

Según Platón, el verdadero conocimiento ha de versar sobre el ser, no sobre el devenir, y no puede estar sometido a error, ha de ser infalible. El conocimiento sensible, pues, no puede ser el verdadero conocimiento ya que no cumple estas características.

La teoría de las Ideas plantea un grave problema: ¿cómo es posible conocer las Ideas, si pertenecen a otro mundo, el “Mundo Inteligible”, distinto del mundo en que vivimos? La respuesta será que tal posibilidad se basa en tres aspectos esenciales:

1. Las cosas imitan o participan de las Ideas.

2. El alma es una realidad intermedia entre las cosas y las ideas.

3. Las Ideas están en comunicación entre si.

4.2. La Reminiscencia (anámnesis)

El tema aparece por primera vez en el Menón, donde, sin embargo, todavía no se hace alusión a la teoría de las Ideas. El diálogo es una búsqueda -inspirada en el método socrático— de la definición de la virtud, es decir, del carácter común (eidos) a todos los actos que podemos llamar “virtuosos”. Pero toda búsqueda se enfrenta con la siguiente dificultad (ya formulada por los sofistas): no se puede buscar lo que ya se conoce (sería inútil), ni lo que no se conoce (no sabríamos qué estamos buscando, ni cómo reconocer que se lo ha encontrado). La respuesta de Platón es que no buscamos lo que desconocemos, porque buscar es recordar lo que ya conocemos, conocer es recordar. Tal es la teoría de la reminiscencia, la cual vuelve a aparecer como forma de conocimiento en el Fedón y Fedro.

En estos dos últimos diálogos se añaden dos precisiones importantes. Primera, que el alma tuvo que conocer las Ideas en una existencia anterior “separada” del cuerpo; y que ese conocimiento fue posible gracias a su afinidad —“lo semejante conoce a lo semejante”— con las Ideas.

Segunda, que dado que las cosas “imitan” a las Ideas, el conocimiento sensible sirve como ocasión para el recuerdo —anámnesis—, el cual sirve, a su vez, para reducir a la unidad de la Ideas la multiplicidad de las sensaciones.

«De modo que el alma es inmortal y ha vuelto a nacer varias veces; y puesto que ha contemplado todas las cosas, tanto en este mundo como en el otro, no hay nada que no haya aprendido. No hay que asombrarse, entonces, de que pueda recobrar el recuerdo de lo que ha aprendido antes sobre la virtud, o sobre cualquiera de las restantes cosas. La naturaleza toda es semejante y el alma todo lo ha aprendido; nada hay, entonces, que impida a quien ha recordado –aprendido como se ha dado en llamarlo- una sola cosa, descubrir todo el resto por sí mismo, si es decidido y constante en su búsqueda. Indagar y aprender, en efecto, no son más que recordar»  (Menón 81 c-d.)    

4.3. La dialéctica

La teoría de la reminiscencia desaparece de los diálogos platónicos posteriores. ¿Fue abandonada por Platón? En cualquier caso, toda la atención se centra ahora en la dialéctica.

En la República, al final del libro VI, Platón nos ofrecerá una nueva explicación, la dialéctica, basada en la teoría de las Ideas. En ella se establecerá una correspondencia estricta entre los distintos niveles y grados de realidad y los distintos niveles de conocimiento. Fundamentalmente distinguirá Platón dos modos de conocimiento: la "doxa" (o conocimiento sensible) y la "episteme" (o conocimiento inteligible). A cada uno de ellos le corresponderá un tipo de realidad, la sensible y la inteligible, respectivamente. El verdadero conocimiento viene representado por la "episteme", dado que es el único conocimiento que versa sobre el ser y, por lo tanto, que es infalible. Efectivamente, el conocimiento verdadero ha de ser un conocimiento de lo universal, de la esencia, de aquello que no está sometido a la fluctuación de la realidad sensible; ha de ser, por lo tanto, conocimiento de las Ideas.

Platón nos lo explica mediante la conocida alegoría de la línea.

El primer gran tramo representa el conocimiento engañoso: la DOXA, que es el propio del mundo sensible, meramente aparente.

Este tramo se divide a su vez en otros dos: la primera correspondiente a las imágenes de los objetos materiales -sombras, reflejos en las aguas o sobre superficies pulidas-, la segunda correspondiente a los objetos materiales mismos, a las cosas -obras de la naturaleza o del arte-.

El primero es el conocimiento de imágenes y el tipo de conocimiento que le corresponde es la imaginación, (ejemplo: conocemos la escultura en mármol de un atleta).
El segundo el conocimiento de objetos materiales y el tipo de conocimiento que le corresponde es la Física, la cual no conoce todavía la verdadera realidad, su conocimiento es pura creencia y esto para Platón no es aún ciencia, (ejemplo: vemos al atleta en persona).

El segundo gran tramo representa el verdadero conocimiento: la EPISTEME, que es propio del que conoce el mundo inteligible, el verdaderamente real. Este segundo tramo se divide a su vez en otros dos:
En el primero se conocen entidades matemáticas, y el tipo de conocimiento que le corresponde es la razón discursiva. La ciencia que le corresponde es la matemática (ejemplo: conocemos el peso, la altura, todas las medidas cuantificables del atleta del que hablamos), pero éste es sólo un paso previo para conocer la verdadera realidad.
En el segundo y último segmento de la línea se capta la verdadera realidad: las Ideas, y el tipo de conocimiento que le corresponde es el conocimiento noético. La ciencia por la que se llega a conocer las Ideas es la dialéctica (ejemplo: conocemos las ideas de “hombre” y de “atleta”). Este es el verdadero conocimiento, el propio del filósofo.



Segmento A - D: Eikasía. Corresponde a las imágenes, sombras y reflejos de las cosas sensibles. Se trata de conjeturas, opiniones sin pruebas que interpretan las imágenes y las sombras. Es un conocimiento engañoso, no fiable, y el grado más ínfimo del conocimiento.

Segmento D – C: Pístis. Corresponde a los objetos materiales, sensibles: animales, plantas, cosas artificiales fabricadas... Un conocimiento de creencias que no puede llegar nunca a categoría de ciencia. Es el conocimiento sensible que conseguimos mediante los sentidos. Este grado de conocimiento correspondería a la Física, la cual no es ciencia para Platón.

Segmento C – E: Diánoia. Corresponde a objetos inteligibles. Pero todavía en su búsqueda el alma se sirve de imágenes, de objetos del mundo sensible, a modo de hipótesis para llegar a una conclusión (figuras que se dibujan en las demostraciones geométricas). Le corresponde la razón discursiva, propia de las Matemáticas -aritmética, geometría-. Se recurre a lo sensible para elevarse a lo inteligible, es un método discursivo descendente. Aquí ya estamos en el mundo de lo inteligible, ya es un grado mayor de conocimiento, ya es ciencia.

Segmento E-B: Nóesis. Es un método discursivo ascendente, dirigido a lo inteligible, que el alma aprende sin recurrir a lo sensible, pasando de Idea en Idea. Le corresponde la inteligencia pura, y la ciencia perfecta que es la Dialéctica, la cual conduce a lo absoluto, a la Idea de Bien.

Al grado supremo de Ser (Ideas) corresponde el grado supremo de conocimiento (Dialéctica).

Finalmente, el dialéctico emprende el camino inverso: desciende desde la Idea suprema encadenando con ella todas la demás Ideas. De esto modo consigue establecer la comunicación y trabazón entre las Ideas, adquiriendo una visión completa del Mundo Inteligible.

La Dialéctica se puede entender como un método científico racional, propio de los filósofos que aspiran a la demostración de la verdad, a diferencia de la retórica de los sofistas, que sólo pretendían la persuasión.

El intelecto, dejando de lado las sensaciones y todos los elementos ligados a lo sensible, capta las Ideas puras y sus vínculos de implicación y exclusión, elevándose de Idea en Idea hasta llegar a captar la Idea suprema. Este procedimiento mediante el cual el intelecto avanza de Idea en Idea, constituye la dialéctica y por eso el filósofo es un dialéctico.

Las nociones matemáticas, por una parte reflejan las Ideas puras, pero por otra sólo pueden traducirse con la ayuda de símbolos sensibles. Las matemáticas se fundan sobre hipótesis a las que consideran como principios a partir de los cuales deducen sus consecuencias, representando así la actividad del razonamiento discursivo.

¿En qué se diferencian la nóesis y la diánoia?

En que se dirigen a objetos de conocimiento distintos. También en cuanto a su naturaleza, pues la nóesis, aunque partiendo de las hipótesis de la diánoia, pretende rebasarlas remontándose hasta los primeros principios, las Ideas, mediante el recurso a una abstracción pura, descendiendo luego hasta las conclusiones que se derivan de esos primeros principios, pero sin valerse en ningún momento de imágenes sensibles. Esta distinción entre la diánoia y la nóesis ha dado lugar a numerosas disputas, tanto respecto a su naturaleza y funciones como en cuanto a la posibilidad misma de su distinción ¿cómo se justifica, en efecto, la afirmación de que existen dos tipos de razón? Platón tampoco da muchas indicaciones al respecto, ni en la República ni en otras obras posteriores; sí aporta, al comienzo del libro VII de la República, una interpretación figurada de la alegoría de la línea a través del conocido mito de la caverna. Pero, en la medida en que se recurre a un mito para explicar la alegoría de la línea, las dificultades de la interpretación permanecen.

La Alegoría de la caverna —también conocida por el nombre de Mito de la caverna— es el texto platónico más famoso. Se trata de una alegoría sobre el conocimiento y sobre la educación del filósofo.

Platón describió en su alegoría de la caverna un espacio cavernoso, en el cual se encuentra un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al exterior. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.

Estos hombres encadenados consideran como verdad las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados a tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas.



Continúa la narración contando lo que ocurriría si uno de estos hombres fuese liberado y obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplando, de este modo, una nueva realidad.

Una realidad más profunda y completa ya que ésta es causa y fundamento de la primera que está compuesta sólo de apariencias sensibles. Una vez que ha asumido el hombre esta nueva situación, es obligado nuevamente a encaminarse hacia fuera de la caverna a través de una áspera y escarpada subida, apreciando una nueva realidad exterior (hombres, árboles, lagos, astros, etc. identificados con el mundo inteligible) fundamento de las anteriores realidades, para que a continuación vuelva a ser obligado a ver directamente "el Sol y lo que le es propio", metáfora que encarna la
idea de Bien.



La alegoría acaba al hacer entrar, de nuevo, al prisionero al interior de la caverna para "liberar" a sus antiguos compañeros de cadenas, lo que haría que éstos se rieran de él. El motivo de la burla sería afirmar que sus ojos se han estropeado al verse ahora cegado por el paso de la claridad del Sol a la oscuridad de la cueva.

Cuando este prisionero intenta desatar y hacer subir a sus antiguos compañeros hacia la luz, Platón nos dice que éstos son capaces de matarlo y que efectivamente lo harán cuando tengan la oportunidad, con lo que se entrevé una alusión al esfuerzo de Sócrates por ayudar a los hombres a llegar a la verdad y a su fracaso al ser condenado a muerte.

En realidad, Platón no nos dice cómo se llega a conocer las Ideas. Únicamente dice que el alma tiene capacidad para ello, y que hay que mirar en la buena dirección. Y si hay que prepararse para una ascensión, las matemáticas son el “preludio del aire que hay que aprender”. En efecto, “dan un fuerte impulso hacia la región superior”, ya que arrancan del mundo del devenir e introducen en la contemplación de objetos inteligibles. Sin embargo, el matemático todavía está atado a imágenes sensibles. Abandonarlas y penetrar en el mundo de las Ideas, ésa es la tarea del dialéctico, es decir, del filósofo.

El mito de la Caverna ofrece las siguientes interpretaciones o dimensiones:

  1. Interpretación ontológica.



    En el mito aparecen distintos grados de realidad, desde los seres imaginados y sensibles (sombras dentro de la caverna y estatuas que se desplazan) hasta las cosas que están fuera de la caverna y el propio sol. La caverna representa el M.S., el exterior de la caverna, el M.I. El sol representa la máxima idea: la idea del Bien.


  2. Interpretación epistemológica. El mito también representa los distintos grados de conocimiento explicados a través de la alegoría de la línea.

  3. Interpretación educativa-política. El mito manifiesta la concepción educativa y política de Platón. El verdadero político no ama el mando ni el poder, sino que usa éstos como un servicio para llevar a cabo el Bien. Por eso, en el mito, el liberado de las cadenas, vuelve de nuevo a la caverna para liberar a sus compañeros, o sea, ayudar a éstos a darse cuenta del engaño, de la oscuridad en la que viven. Pero los prisioneros lo rechazarán, así que tendrá que arriesgarse para liberarlos. El liberado es el buen gobernante que ha adquirido el conocimiento de la realidad: el Bien y la Justicia. El buen gobernante (el rey-filósofo) es aquél que ha conseguido la máxima educación posible y que conoce el verdadero mundo, el mundo de las Ideas.

  4. Interpretación ascética-teológica. Los hombres amarrados dentro de la cueva se encuentran sujetos a la materia y a la impureza del M. S. Desde este mundo impuro y contaminado deben elevarse a través del camino de la purificación o catarsis, hasta llegar a la liberación de las cadenas, del ciclo de reencarnaciones y alcanzar el M.I., puro y perfecto.

  5. Interpretación ética. La felicidad y el bien no pueden conseguirse en el M. S. dentro de la cueva. La única forma de alcanzar la felicidad plena es alcanzando el M.I. al contemplar la idea de Bien. El M. S. es un camino preparatorio para alcanzar esa felicidad, camino orientado por una vida armoniosa y de areté4.



FASES DEL MITO

INTERPRETACIÓN

El engaño. Lo más profundo de la caverna con los encadenados mirando las sombras

¿No es nuestra vida, en cierto sentido, una existencia encadenada?. Nacemos en una sociedad no elegida, con unas ideologías y un lenguaje... La televisión, el cine, la publicidad ¿no son cómo las sombras de la caverna? Estos modelos de vida nos deslumbran, y a menudo, los confundimos con la realidad

La liberación Uno de los prisioneros consigue liberarse y descubrir el engaño

En el mito, los prisioneros no son conscientes del engaño. ¿no nos pasa lo mismo? ¿Somos capaces de descubrir la publicidad engañosa, la simulación, la información manipulada y distorsionada que nos ofrecen los medios o el poder político? ¿Es posible liberarse de las cadenas?

La ascensión y la salida de la cueva es pesada y dolorosa

¿Es el conocimiento algo “doloroso”? ¿Crees que es más cómodo dejarse engañar y manipular? Aquellos que intentan llegar al fondo de las cosas y encontrar su verdad, ¿lo tienen fácil?

El retorno. El iluminado por el Bien y la Verdad debe volver para compartir su conocimiento

¿Tenemos la obligación de “volver a la caverna para liberar a los prisioneros”? ¿Y si los demás no quieren ser “liberados”? ¿Se deben calcular los riesgos de una vuelta a la caverna


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